El misterio de la encarnación (4) (Parte 1)

Deberíais conocer la historia detrás de la Biblia y su creación. Quienes no han aceptado la nueva obra de Dios no poseen este conocimiento. No conocen. Si les hablaras claramente sobre estas cuestiones esenciales, ellos no serían insistentes contigo en relación con la Biblia. Constantemente están indagando sobre lo que se ha profetizado: ¿ha llegado a ocurrir esta afirmación? ¿Ha sucedido la otra? Su aceptación del evangelio es acorde con la Biblia y predican el evangelio según la Biblia. Su creencia en Dios se basa en las palabras de la Biblia; sin la Biblia, no creerán en Dios. Así es como viven, sometiendo a la Biblia a un escrutinio mezquino. Cuando vuelvan a escudriñar la Biblia y te pidan explicaciones, diles: “Primero, no verifiquemos cada afirmación, sino miremos cómo obra el Espíritu Santo. Comparemos con la verdad para ver si la senda por la que transitamos es ciertamente la obra del Espíritu Santo, y usemos Su obra para comprobar si ese camino es correcto. En cuanto a si esta o aquella afirmación ha llegado a ocurrir como se predijo, nosotros, los humanos, no deberíamos inmiscuirnos. Es mejor que, en su lugar, hablemos de la obra del Espíritu Santo y de la obra más reciente que Dios ha estado llevando a cabo”. Las profecías en la Biblia son palabras de Dios transmitidas en aquel tiempo por los profetas y que escribieron hombres a los que Dios usó, que obtuvieron inspiración; sólo Dios mismo puede explicar esas palabras, sólo el Espíritu Santo puede dar a conocer el sentido de ellas, y sólo Dios mismo puede romper los siete sellos y abrir el rollo. Diles: “Tú no eres Dios y yo tampoco; así pues, ¿quién se atreve a explicar a la ligera las palabras de Dios? ¿Te atreves a explicar esas palabras? Aunque los profetas Jeremías, Juan y Elías vinieran, no se atreverían a intentarlo, porque ellos no son el Cordero. Sólo el Cordero puede romper los siete sellos y abrir el rollo y nadie más puede explicar Sus palabras. Yo no me atrevo a usurpar el nombre de Dios, y, menos aún, a intentar explicar las palabras de Dios. Yo sólo puedo ser alguien que obedece a Dios. ¿Eres tú Dios? Ninguna de las criaturas de Dios se atreve a abrir el rollo ni explicar esas palabras y, por tanto, yo no me atrevo a explicarlas tampoco. Será mejor que no intentes explicarlas. Ninguno de nosotros debe intentarlo. Hablemos de la obra del Espíritu Santo; esto es lo que el hombre puede hacer. Yo conozco un poco de la obra de Jehová y de Jesús, pero como no tengo experiencia personal en relación con esa obra, sólo puedo hablar de ella hasta cierto punto. En cuanto al significado de las palabras pronunciadas por Isaías o Jesús en su época, no daré explicación alguna. Yo no estudio la Biblia, sino que sigo la obra presente de Dios. En realidad, tú consideras la Biblia como el pequeño rollo, pero ¿acaso no es algo que sólo puede abrir el Cordero? Además de Él, ¿quién más puede abrirlo? Tú no eres el Cordero, y yo me atrevo menos aún a declarar que soy Dios mismo, así que no analicemos la Biblia ni la sometamos a un escrutinio mezquino. Es mejor comentar la obra realizada por el Espíritu Santo; es decir, la obra actual que lleva a cabo Dios mismo. Veamos cuáles son los principios a través de los cuales Dios obra y cuál es la esencia de Su obra, y utilicémoslos para verificar si la senda por la que transitamos hoy es correcta, y, de esta forma, nos aseguramos de ello”. Si deseáis predicar el evangelio, en particular, a quienes están en el mundo religioso, debéis entender la Biblia y dominar su historia interna; de lo contrario, no habrá forma de que prediquéis el evangelio. Una vez que domines el panorama general y dejes de escudriñar las palabras muertas de la Biblia de una manera mezquina y sólo hables de la obra de Dios y de la verdad de la vida; entonces serás capaz de ganar a quienes buscan con un corazón sincero.

La obra de Jehová, las leyes que Él estableció y los principios por los cuales Él guió a los hombres para que vivieran su vida, el contenido de la obra que Él llevó a cabo en la Era de la Ley, la importancia de que Él estableciera Sus leyes, la relevancia de Su obra para la Era de la Gracia y la obra que Dios realiza en esta etapa final, esas son las cosas que debéis comprender. La primera etapa es la obra de la Era de la Ley, la segunda etapa es la obra de la Era de la Gracia y, la tercera, es la obra de los últimos días. Debéis entender claramente estas etapas de la obra de Dios. De principio a fin, hay tres etapas en total. ¿Cuál es la esencia de cada etapa de la obra? ¿Cuántas etapas se llevan a cabo en la obra del plan de gestión de seis mil años? ¿Cómo se llevan a cabo estas etapas, y por qué se realiza cada una a su manera? Todas estas preguntas son cruciales. La obra de cada era tiene un valor representativo. ¿Qué obra llevó a cabo Jehová? ¿Por qué la llevó a cabo de esa forma particular? ¿Por qué se le llamó Jehová? Una vez más, ¿qué obra llevó a cabo Jesús en la Era de la Gracia, y cómo la realizó? ¿Qué aspectos del carácter de Dios representan cada etapa de la obra y cada era? ¿Qué aspectos de Su carácter se expresaron en la Era de la Ley? ¿Y en la Era de la Gracia? ¿Y, después, en la era final? Estas cuestiones esenciales son las que debéis entender con claridad. La totalidad del carácter de Dios se ha revelado a lo largo del plan de gestión de seis mil años. No se ha revelado únicamente en la Era de la Gracia, ni únicamente en la Era de la Ley, y, menos aún, únicamente en este período de los últimos días. La obra realizada en los últimos días representa el juicio, la ira y el castigo. No puede reemplazar la obra de la Era de la Ley o la de la Era de la Gracia. Sin embargo, las tres etapas, que se interconectan, forman una sola entidad y son la obra de un solo Dios. Naturalmente, la ejecución de esta obra se divide en eras independientes. La obra realizada en los últimos días lo concluye todo; la obra que se llevó a cabo en la Era de la Ley fue la obra inicial, y la obra realizada en la Era de la Gracia fue la obra de la redención. En cuanto a las visiones de la obra en todo este plan de gestión de seis mil años, nadie puede obtener perspectiva o entendimiento. Tales visiones siempre han sido enigmas. En los últimos días, sólo la obra de la palabra se lleva a cabo para dar paso a la Era del Reino, pero no representa a todas las eras. Los últimos días no son más que los últimos días y no más que la Era del Reino, y no representan a la Era de la Gracia o la Era de la Ley. Es sólo que, durante los últimos días, la totalidad de la obra en el plan de gestión de seis mil años se os revela. Es la revelación del misterio. Este tipo de misterio es algo que ningún hombre puede desvelar. Por mucho entendimiento que el hombre tenga de la Biblia, sigue sin ser nada más que palabras, porque el hombre no entiende la esencia de la Biblia. Cuando el hombre lee la Biblia, puede comprender algunas verdades, explicar algunas palabras o someter algunos pasajes y capítulos famosos a su escrutinio mezquino, pero nunca podrá extraer el significado contenido en esas palabras, porque todo lo que el hombre ve son palabras muertas, no las escenas de la obra de Jehová y de Jesús, y el hombre es incapaz de descifrar el misterio de esa obra. Por tanto, el misterio del plan de gestión de seis mil años es el más grande de los misterios, el más profundamente oculto y totalmente insondable para el hombre. Nadie puede entender directamente la voluntad de Dios, a no ser que Él mismo la explique y la revele al hombre, porque, de lo contrario, estas cosas seguirán siendo por siempre un acertijo, un misterio sellado para el hombre. Que no se preocupen los del mundo religioso; si no se os hubiese dicho hoy, tampoco lo habríais comprendido. Esta obra de seis mil años es más misteriosa que todas las profecías de los profetas. Es el mayor misterio desde la creación, y ningún profeta a lo largo de las eras ha sido nunca capaz de comprenderlo, porque este misterio sólo se desentraña en la era final y no se ha revelado nunca. Si podéis entender este misterio y sois capaces de recibirlo en su totalidad, todas las personas religiosas serán derrotadas por este misterio. Sólo esta es la mayor de las visiones; es lo que el hombre más profundamente anhela entender, pero también lo que le resulta más confuso. Cuando estabais en la Era de la Gracia, no sabíais en qué consistía la obra hecha por Jesús ni la realizada por Jehová. Las personas no entendían por qué Jehová estableció leyes, por qué pidió a la multitud que las observaran ni por qué debía edificarse el templo, y, menos aún, por qué fueron conducidos los israelitas desde Egipto hasta el desierto y, seguidamente, a Canaán. No fue sino hasta hoy que se revelaron estos asuntos.

La obra en los últimos días es la última etapa de las tres. Es la obra de otra nueva era y no representa toda la obra de gestión. El plan de gestión de seis mil años se divide en tres etapas de la obra. Ninguna etapa por sí sola puede representar la obra de las tres eras, sino solo una parte de un todo. El nombre “Jehová” no puede representar la totalidad del carácter de Dios. El hecho de que Él llevara a cabo Su obra en la Era de la Ley no demuestra que Dios solo pueda ser Dios bajo la ley. Jehová estableció leyes para el hombre, le entregó mandamientos, y le pidió a este que edificase el templo y los altares; la obra que Él hizo solo representa la Era de la Ley. La obra que realizó no demuestra que Dios es solo un Dios que pide al hombre guardar la ley, o que Él es el Dios en el templo, o el Dios delante del altar. Decir esto sería falso. La obra realizada bajo la ley solo puede representar una era. Por tanto, si Dios solo llevó a cabo la obra en la Era de la Ley, el hombre limitaría a Dios dentro de la siguiente definición y diría: “Dios es el Dios en el templo, y, para servirle, debemos ponernos túnicas sacerdotales y entrar en el templo”. Si la obra de la Era de la Gracia nunca se hubiera llevado a cabo y la Era de la Ley hubiera continuado hasta el presente, el hombre no sabría que Dios también es misericordioso y amoroso. Si la obra en la Era de la Ley no se hubiera realizado y en vez de ello solo se hubiera llevado a cabo la obra en la Era de la Gracia, entonces todo lo que el hombre sabría es que Dios solo puede redimir al hombre y perdonar sus pecados. El hombre solo sabría que Él es santo e inocente, y que puede sacrificarse y ser crucificado en aras del hombre. El hombre solo sabría esto, pero no tendría entendimiento de nada más. Por tanto, cada era representa una parte del carácter de Dios. En cuanto a qué aspectos del carácter de Dios están representados en la Era de la Ley, cuáles en la Era de la Gracia y cuáles en la etapa actual, solo cuando las tres etapas se han integrado en un todo pueden revelar la totalidad del carácter de Dios. Solo cuando el hombre ha llegado a conocer las tres etapas puede comprenderlo plenamente. Ninguna de las tres etapas puede omitirse. Solo verás el carácter de Dios en su totalidad después de que llegues a conocer estas tres etapas de la obra. El hecho de que Dios haya completado Su obra en la Era de la Ley no demuestra que Él es solamente el Dios bajo la ley, y el hecho de que Él haya completado Su obra de redención no significa que Dios redimirá para siempre a la humanidad. Todas estas son conclusiones que el hombre saca. Una vez que la Era de la Gracia ha llegado a su fin, no puedes decir entonces que Dios solo pertenece a la cruz y que la cruz por sí sola representa la salvación de Dios. Hacerlo sería definir a Dios. En la etapa actual, Él está llevando a cabo, principalmente, la obra de la palabra, pero no puedes decir que Dios nunca ha sido misericordioso con el hombre y que todo lo que ha traído es castigo y juicio. La obra en los últimos días pone al descubierto la obra de Jehová y la de Jesús, así como todos los misterios no entendidos por el hombre, con el fin de revelar el destino y el final de la humanidad, y concluye toda la obra de salvación en medio de la humanidad. Esta etapa de la obra en los últimos días pone fin a todo. Todos los misterios no comprendidos por el hombre necesitan descifrarse para permitirle al hombre llegar a lo más profundo de los mismos y tener un entendimiento claro en su corazón. Solo entonces puede la raza humana ser clasificada según su especie. Hasta que el plan de gestión de seis mil años se haya completado, llegará el hombre a entender el carácter de Dios en su totalidad, porque Su gestión habrá llegado entonces a su fin. Ahora que habéis experimentado la obra de Dios en la era final, ¿cuál es el carácter de Dios? ¿Te atreves a decir que Dios es el Dios que solo pronuncia palabras, y nada más? No os atreveríais a llegar a semejante conclusión. Algunos dicen que Dios es el Dios que revela misterios, que Dios es el Cordero y quien rompe los siete sellos. Pero nadie se atreve a llegar a esta conclusión. Otros podrían decir que Dios es la carne encarnada, pero esto seguiría siendo incorrecto. Otros más podrían decir que Dios encarnado solo pronuncia palabras y que no obra señales ni maravillas, pero tú te atreverías aún menos a hablar de esta forma, porque Jesús se hizo carne y obró señales y maravillas, así que no te atreverías a definir a Dios tan a la ligera. Toda la obra llevada a cabo a lo largo del plan de gestión de seis mil años ha llegado a su fin apenas ahora. Solo después de que toda esta obra le haya sido revelada al hombre y se haya llevado a cabo en medio de la humanidad, esta conocerá la totalidad del carácter de Dios y lo que Él tiene y es. Cuando la obra de esta etapa se haya completado plenamente, todos los misterios no entendidos por el hombre se habrán revelado, todas las verdades no entendidas anteriormente habrán quedado claras, y se le habrá comunicado a la raza humana su senda y su destino futuros. Esta es la totalidad de la obra que debe realizarse en la etapa actual. Aunque la senda que el hombre recorre hoy es también la senda de la cruz y del sufrimiento, lo que el hombre hoy practica, y lo que come, bebe y disfruta, es muy distinto a lo que le correspondió al hombre bajo la ley y en la Era de la Gracia. Lo que se le pide al hombre hoy es diferente de lo que se le pidió en el pasado y más diferente aún de lo que se le requería en la Era de la Ley. Ahora bien, ¿qué se le pedía al hombre bajo la ley cuando Dios llevaba a cabo Su obra en Israel? Tan solo que guardara el Sabbat y las leyes de Jehová. Nadie debía trabajar en el Sabbat ni transgredir las leyes de Jehová. Pero ahora no es así. En el Sabbat, el hombre trabaja, se reúne y ora como de costumbre, y no se le imponen restricciones. Quienes vivían en la Era de la Gracia debían ser bautizados y, además, se les pedía que ayunaran, partieran el pan, bebieran vino, se cubrieran la cabeza y lavaran los pies de otros. Ahora, estas reglas se han abolido, pero se le han impuesto al hombre unas exigencias más elevadas, porque la obra de Dios cada vez es más profunda y la entrada del hombre llega incluso más alto. En el pasado, Jesús imponía Sus manos sobre la persona y oraba, pero ahora que se ha dicho todo, ¿de qué sirve la imposición de manos? Las palabras pueden lograr resultados por sí solas. Cuando, en el pasado, Él imponía las manos sobre las personas, lo hacía para bendecirlas y también para curarlas de sus enfermedades. Así es como obraba el Espíritu Santo en aquel entonces, pero ahora no es así. Actualmente, el Espíritu Santo utiliza palabras para obrar y obtener resultados. Sus palabras os han quedado claras y deberíais ponerlas en práctica, tal y como se os ha dicho que hagáis. Sus palabras son Su voluntad; son la obra que Él desea llevar a cabo. Por medio de Sus palabras, entenderás Su voluntad y lo que Él te pide que logres, y simplemente puedes poner Sus palabras en práctica de manera directa, sin necesidad de la imposición de manos. Algunos pueden decir: “¡Impón Tus manos sobre mí! Impón Tus manos sobre mí de forma que pueda recibir Tu bendición y participar de Ti”. Todas estas son prácticas caducas del pasado que ahora están obsoletas, porque la era ha cambiado. El Espíritu Santo obra de acuerdo con la era, no al azar ni según normas establecidas. La era ha cambiado, y una nueva era necesariamente trae con ella obra nueva. Esto es así en cada etapa de la obra, y, así, Su obra nunca se repite. En la Era de la Gracia, Jesús llevó a cabo mucho de ese tipo de obra, como curar enfermedades, expulsar demonios, imponer Sus manos sobre el hombre para orar por él y bendecirlo. Sin embargo, hacerlo nuevamente no respondería a ningún propósito en el presente. El Espíritu Santo obraba de esa forma en ese momento, porque era la Era de la Gracia, y hubo suficiente gracia para que el hombre disfrutara de ella. Este no tenía que pagar ningún precio y recibiría la gracia mientras tuviera fe. Todos recibían un trato muy misericordioso. Ahora, la era ha cambiado, y la obra de Dios ha progresado más; a través de Su castigo y Su juicio, la rebeldía del hombre y las cosas inmundas en su interior se echarán fuera. Como era la etapa de la redención, Dios tenía que obrar de esa manera, mostrando al hombre suficiente gracia que disfrutar, de forma que el hombre pudiera ser redimido del pecado y, por medio de la gracia, sus pecados le fueran perdonados. La etapa actual tiene como objetivo exponer la injusticia dentro del hombre por medio del castigo, el juicio, el golpe de las palabras, la disciplina y la revelación de las mismas, de modo que la humanidad pueda ser salva después. Esta obra es más profunda que la redención. La gracia que había en la Era de la Gracia, era suficiente para el disfrute del hombre; ahora que ya la ha experimentado, ya no habrá de disfrutar más de ella. Esa obra ha quedado obsoleta y ya no se hará más. Ahora, el hombre será salvo por medio del juicio de la palabra. Después de que el hombre es juzgado, castigado y refinado, su carácter, por ende, cambia. ¿No se debe esto a las palabras que he hablado? Cada etapa de la obra se lleva a cabo de acuerdo con el progreso de toda la raza humana y de acuerdo con la era. La obra es sumamente importante; se lleva a cabo en aras de la salvación final, para que la humanidad pueda tener un buen destino en el futuro, y para que sea clasificada según su tipo al final.

La obra de los últimos días consiste en pronunciar palabras. A través de las palabras se pueden llevar a cabo grandes cambios en el hombre. Los cambios efectuados ahora en estas personas al aceptar estas palabras son mucho mayores que los llevados a cabo en las personas al aceptar las señales y maravillas de la Era de la Gracia. Porque, en la Era de la Gracia, los demonios eran arrojados fuera del hombre con la imposición de manos y la oración, pero las actitudes corruptas del hombre permanecían. El hombre fue curado de su enfermedad y se le perdonaron sus pecados, pero en lo que se refiere a cómo el hombre sería despojado de las actitudes satánicas corruptas que había en su interior, esa obra todavía tenía que realizarse. El hombre sólo fue salvo y se le perdonaron sus pecados por su fe, pero su naturaleza pecaminosa no le fue quitada y permaneció en él. Los pecados del hombre fueron perdonados a través del Dios encarnado, pero eso no significó que el hombre ya no tuviera pecado en él. Los pecados del hombre podían ser perdonados por medio de la ofrenda por el pecado, pero en lo que se refiere a cómo puede lograrse que el hombre no peque más y cómo puede extirparse por completo y transformarse su naturaleza pecaminosa, él no tiene forma de resolver este problema. Los pecados del hombre fueron perdonados, y esto es gracias a la obra de crucifixión de Dios, pero el hombre siguió viviendo en su viejo carácter satánico corrupto del pasado. Así pues, el hombre debe ser completamente salvado de su carácter satánico corrupto para que su naturaleza pecadora le sea completamente extirpada y no se desarrolle más, permitiendo, así, que el carácter del hombre se transforme. Esto requeriría que el hombre entendiera la senda del crecimiento en la vida, el camino de la vida, y el camino del cambio de su carácter. También requeriría que el hombre actuara de acuerdo con esa senda, de forma que su carácter pueda ser cambiado gradualmente y él pueda vivir bajo el brillo de la luz y pueda ser conforme a la voluntad de Dios, despojarse de su carácter satánico corrupto, y liberarse de la influencia satánica de las tinieblas, emergiendo, así, totalmente del pecado. Sólo entonces recibirá el hombre la salvación completa. En la época en la que Jesús estaba llevando a cabo Su obra, el conocimiento que el hombre tenía de Él seguía siendo vago y poco claro. El hombre siempre creyó que Él era el hijo de David y proclamó que era un gran profeta y el Señor bondadoso que redimía los pecados del hombre. Algunos, por la fuerza de su fe, fueron sanados simplemente al tocar el borde de Su manto; los ciegos pudieron ver e incluso los muertos pudieron ser devueltos a la vida. Sin embargo, el hombre fue incapaz de descubrir el carácter satánico corrupto profundamente arraigado en su interior y tampoco sabía cómo desecharlo. El hombre recibió mucha gracia, como la paz y la felicidad de la carne, bendiciones sobre toda la familia por la fe de uno solo de sus miembros, la curación de las enfermedades, etc. El resto fueron las buenas obras del hombre y su apariencia piadosa; si alguien podía vivir con base en eso, se le consideraba un buen creyente. Sólo ese tipo de creyentes podían entrar en el cielo tras su muerte, lo que significaba que eran salvos. Pero durante su vida, estas personas no entendieron en absoluto el camino de la vida. Simplemente cometían pecados y después los confesaban, en un ciclo constante sin una senda para cambiar su carácter. Esa era la condición del hombre en la Era de la Gracia. ¿Ha recibido el hombre la salvación completa? ¡No! Por tanto, después de completarse esa etapa de la obra, aún quedaba la obra de juicio y castigo. Esta etapa tiene como objetivo hacer al hombre puro por medio de la palabra y, así, darle una senda que seguir. Esta etapa no sería fructífera ni tendría sentido si continuase con la expulsión de demonios, porque la naturaleza pecaminosa del hombre no sería extirpada y el hombre se detendría tras el perdón de los pecados. A través de la ofrenda por el pecado, al hombre se le han perdonado sus pecados, porque la obra de la crucifixión ya ha llegado a su fin y Dios ha vencido a Satanás. Pero el carácter corrupto del hombre sigue en él y este todavía puede pecar y resistirse a Dios y Dios no ha ganado a la humanidad. Esa es la razón por la que en esta etapa de la obra Dios usa la palabra para revelar el carácter corrupto del hombre y hace que este practique según la senda correcta. Esta etapa es más significativa que la anterior y también más fructífera, porque, ahora, la palabra es la que provee directamente la vida del hombre y permite que su carácter sea completamente renovado; es una etapa de obra mucho más concienzuda. Así pues, la encarnación en los últimos días ha completado el sentido de la encarnación de Dios y ha finalizado plenamente el plan de gestión de Dios para la salvación del hombre.

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