647 Somos salvados porque Dios nos eligió

Aunque nacimos y vivimos en una tierra inmunda,

Dios nos guía y protege, nos ha conquistado a todos.

Nos libramos de la influencia de Satanás.

No obedecemos porque somos buenos

o amamos a Dios por naturaleza.

Es porque Dios nos eligió y predestinó

para que hoy seamos conquistados y atestigüemos,

para que demos testimonio de Él y podamos servirlo.

Hemos sido salvados porque Dios nos eligió y protegió,

y ahora hemos sido liberados del dominio de Satanás.

Él nos salvó, podemos dejar la inmundicia atrás

y ser purificados en la nación del gran dragón rojo.

Somos salvados, salvados, salvados porque Dios nos eligió.

Somos el pueblo más corrupto de todos.

Es cierto, Dios lo ha decretado, no se puede negar.

Pero escapamos de esa influencia, la abandonamos

y detestamos a nuestros ancestros, les damos la espalda.

Estamos dispuestos a obedecer todo lo que Dios dispone.

Nos encantaría complacerlo y actuar acorde a Su voluntad.

Estamos dispuestos a conseguir lo que Él requiera de nosotros.

Hemos sido salvados porque Dios nos eligió y protegió,

y ahora hemos sido liberados del dominio de Satanás.

Él nos salvó, podemos dejar la inmundicia atrás

y ser purificados en la nación del gran dragón rojo.

Somos salvados, salvados, salvados porque Dios nos eligió,

porque Dios nos eligió.

Adaptado de ‘La verdadera historia de la obra de conquista (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”

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China es la tierra donde reside el gran dragón rojo y es el lugar que se ha resistido y ha condenado a Dios más severamente a lo largo de la historia. China es como una fortaleza de demonios y una prisión impenetrable e impermeable controlada por el diablo. Además, el régimen del gran dragón rojo vigila todos los niveles y ha instalado defensas en cada casa. Como resultado, no hay lugar donde sea más difícil difundir el evangelio de Dios y llevar a cabo la obra de Dios. Cuando el Partido Comunista Chino llegó al poder en 1949, la creencia religiosa en China Continental fue totalmente suprimida y prohibida. Millones de cristianos sufrieron humillación pública, tortura y encarcelamiento. Todas las iglesias fueron completamente cerradas y vaciadas. Hasta las reuniones en las casas fueron prohibidas. Si sorprendían a alguien participando en una reunión, era encarcelado e incluso podía ser decapitado. En esos tiempos, las actividades religiosas desaparecieron casi sin dejar rastro. Solamente un pequeño número de cristianos continuó creyendo en Dios, pero sólo podían orar silenciosamente a Dios y cantarle himnos de alabanza en sus corazones, suplicando a Dios que reviviera la iglesia. Finalmente, en 1981, la iglesia fue verdaderamente revivida y el Espíritu Santo comenzó a obrar a gran escala en China. Las iglesias surgieron como brotes de bambú después de una lluvia de primavera y cada vez más personas comenzaron a creer en Dios. En 1983, cuando el renacimiento de la iglesia alcanzó su clímax, el Partido Comunista Chino comenzó una nueva ronda de cruel represión. Millones de personas fueron arrestadas, detenidas y educadas por medio del trabajo. El régimen del gran dragón rojo sólo permitía a los creyentes en Dios unirse a la iglesia del Movimiento Patriótico de Tres Autonomías creado y controlado por el gobierno. El gobierno del PCCh estableció el Movimiento Patriótico de Tres Autonomías en un intento por eliminar completamente la iglesia doméstica clandestina y tener a aquellos creyentes en el Señor bajo el firme control del gobierno. Creía que ésta era la única manera de lograr su objetivo de prohibir la fe y convertir a China en una tierra sin Dios. Pero el Espíritu Santo continuó realizando Su obra a gran escala en la iglesia doméstica y en aquellas personas que en verdad creían en Dios, lo cual el gobierno del PCCh no tenía manera de detener. En ese entonces, en la iglesia doméstica donde obraba el Espíritu Santo, Cristo de los últimos días aparecía en secreto para obrar; empezó a expresar la verdad y a realizar Su obra de juicio, comenzando con la casa de Dios.

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A través del sucesivo juicio y castigo de Dios Todopoderoso, mi carácter arrogante fue cambiando gradualmente. Pude convertirme en una persona discreta, pude escuchar pacientemente a los demás hablar, y pude tomar en cuenta las sugerencias de otros. Pude solicitar las opiniones de los hermanos y hermanas sobre algunos temas, y colaborar armoniosamente con ellos.

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