67 Canta y baila en alabanza a Dios

Cristo de los últimos días ha aparecido para obrar y salvar al hombre.

Él revela el amor de Dios regando, nutriendo y guiando al hombre.

Las palabras de Dios poseen calidez y poder; conquistan nuestro corazón.

Comemos, bebemos y disfrutamos las palabras de Dios; asistimos al banquete.

Al comer y beber las palabras de Dios, y al reflexionar y compartir sobre ellas,

el Espíritu Santo nos esclarece y entendemos la verdad.

Desechamos los lazos mundanos y llevamos a cabo nuestro deber.

¡Qué bendición es entrar en el reino de Dios!


Las palabras de Dios son como una espada afilada que revela nuestra naturaleza.

Nuestra arrogancia, santurronería y engaño son expuestos a la luz.

Al experimentar el juicio y el castigo, llegamos a conocernos.

Nuestro carácter corrupto se purifica y nos convertimos en nuevas personas.

Al trabajar en armonía con los demás, llevamos a cabo nuestro deber.

Fracasamos y caemos y buscamos la verdad.

La palabra de Dios y la verdad son tan preciosas; nos purifican.

Liberados de la influencia de Satanás, ganamos el elogio de Dios.


Seguros de que Cristo es la verdad, lo seguimos con una resolución inquebrantable.

Emprendemos nuestra misión de dar testimonio de Dios y somos totalmente leales a Él.

Ninguna burla o calumnia puede hacernos regresar.

Cumplimos con nuestro deber de satisfacer a Dios; la gloria de Dios es lo primero.

No nos acobardaremos cuando nos enfrentemos con la captura por parte de Satanás.

Aunque enormemente perseguidos, siempre seremos leales.

A través de pruebas y tribulaciones, nuestro amor por Dios se fortalece.

Abandonamos totalmente al gran dragón rojo y damos un testimonio rotundo.

Canta y baila en alabanza a Dios, en alabanza a Dios,

Da gracias a Dios por guiarnos en la senda de vida.

Disfrutamos las palabras de Dios todos los días y vivimos en Su presencia.

¡Nunca dejaremos de alabar la justicia de Dios y de dar testimonio de ella!

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