268 Deseo someterme a la obra de Dios

¡Oh Dios! Ojalá que obres en mí,

que me perfecciones y me cambies,

para que pueda obedecerte y saber lo que deseas.

Hay un gran amor y voluntad en Tu salvación.

Aunque el hombre se resiste y se rebela,

aunque su naturaleza es traicionera,

hoy entiendo Tu voluntad de salvar a la humanidad.

Voy a cooperar, a cooperar contigo.

Te ruego que me proveas acorde a mi talla,

para que entienda Tu voluntad no importa cuánto sufra.

No me voy a quejar o rebelar, te complaceré.

Te obedeceré totalmente.

¡Oh Dios! Ojalá que me des aún más

situaciones, pruebas y sufrimiento;

me permiten contemplar Tu mano cuando estoy dolido,

me permiten ver Tus actos cuando estoy mal.

Te ruego que me proveas acorde a mi talla,

para que entienda Tu voluntad no importa cuánto sufra.

No me voy a quejar o rebelar, te complaceré.

Te obedeceré totalmente.

Aunque me pones grandes pruebas,

sé que mi talla es pequeña.

Aunque me pones grandes pruebas,

sé que mi talla es pequeña.

(No me voy a quejar o rebelar, te complaceré.

Te obedeceré totalmente). Totalmente.

(No me voy a quejar o rebelar, te complaceré.

Te obedeceré totalmente). Totalmente.

Anterior: 267 El juicio de Dios hizo más puro a mi corazón que ama a Dios

Siguiente: 269 La oración de Pedro durante Su crucifixión

El fin de todas las cosas se está acercando, ¿quieres saber cómo el Señor recompensará el bien, castigará el mal y determinará el fin de cada uno? Bienvenido a contactarnos para descubrir la respuesta.

Contenido relacionado

2. Una Breve Introducción a los Antecedentes de la Aparición y Obra de Cristo de los Últimos Días en China

China es la tierra donde reside el gran dragón rojo y es el lugar que se ha resistido y ha condenado a Dios más severamente a lo largo de la historia. China es como una fortaleza de demonios y una prisión impenetrable e impermeable controlada por el diablo. Además, el régimen del gran dragón rojo vigila todos los niveles y ha instalado defensas en cada casa. Como resultado, no hay lugar donde sea más difícil difundir el evangelio de Dios y llevar a cabo la obra de Dios. Cuando el Partido Comunista Chino llegó al poder en 1949, la creencia religiosa en China Continental fue totalmente suprimida y prohibida. Millones de cristianos sufrieron humillación pública, tortura y encarcelamiento. Todas las iglesias fueron completamente cerradas y vaciadas. Hasta las reuniones en las casas fueron prohibidas. Si sorprendían a alguien participando en una reunión, era encarcelado e incluso podía ser decapitado. En esos tiempos, las actividades religiosas desaparecieron casi sin dejar rastro. Solamente un pequeño número de cristianos continuó creyendo en Dios, pero sólo podían orar silenciosamente a Dios y cantarle himnos de alabanza en sus corazones, suplicando a Dios que reviviera la iglesia. Finalmente, en 1981, la iglesia fue verdaderamente revivida y el Espíritu Santo comenzó a obrar a gran escala en China. Las iglesias surgieron como brotes de bambú después de una lluvia de primavera y cada vez más personas comenzaron a creer en Dios. En 1983, cuando el renacimiento de la iglesia alcanzó su clímax, el Partido Comunista Chino comenzó una nueva ronda de cruel represión. Millones de personas fueron arrestadas, detenidas y educadas por medio del trabajo. El régimen del gran dragón rojo sólo permitía a los creyentes en Dios unirse a la iglesia del Movimiento Patriótico de Tres Autonomías creado y controlado por el gobierno. El gobierno del PCCh estableció el Movimiento Patriótico de Tres Autonomías en un intento por eliminar completamente la iglesia doméstica clandestina y tener a aquellos creyentes en el Señor bajo el firme control del gobierno. Creía que ésta era la única manera de lograr su objetivo de prohibir la fe y convertir a China en una tierra sin Dios. Pero el Espíritu Santo continuó realizando Su obra a gran escala en la iglesia doméstica y en aquellas personas que en verdad creían en Dios, lo cual el gobierno del PCCh no tenía manera de detener. En ese entonces, en la iglesia doméstica donde obraba el Espíritu Santo, Cristo de los últimos días aparecía en secreto para obrar; empezó a expresar la verdad y a realizar Su obra de juicio, comenzando con la casa de Dios.

15. Esta es una persona verdaderamente buena

No sólo los que las personas ordinarias describen como ‘hombre sumiso’ no tienen ningún sentido de justicia, tampoco tienen metas en la vida. Son meramente personas que nunca quieren ofender a nadie, así que, ¿qué valen? Una persona verdaderamente buena es indicio de alguien que ama las cosas positivas, alguien que busca la verdad y anhela la luz, alguien que puede discernir el bien del mal y que tiene las metas correctas en la vida; sólo a esta clase de persona ama Dios.

Ajustes

  • Texto
  • Temas

Colores lisos

Temas

Fuente

Tamaño de fuente

Interlineado

Interlineado

Ancho de página

Índice

Buscar

  • Buscar en este texto
  • Buscar en este libro

Contacta con nosotros por WhatsApp