266 Debes atesorar las bendiciones de hoy

I

Cuando las manos de Dios alzan al mundo, la gente danza feliz.

Ya no están llenos de pena, dependen de Él.

Sus manos cubren Su rostro, la gente presionada,

rápido se queda sin aliento, apenas puede vivir.

Aterrados, lloran a Dios, con miedo a morir.

Porque desean ver el día en que Él es glorificado.

Dios envió a muchos al mundo, y envió a muchos lejos.

Y muchos pasaron por Sus manos.

Muchos espíritus fueron arrojados al Hades,

muchos han vivido en la carne, muchos han nacido de nuevo.

Pero ninguno nunca disfrutó las bendiciones del reino de hoy.

II

El día de Dios es capital para que el hombre sobreviva.

Ellos añoran Su glorioso día, por eso viven hasta ahora.

La bendición que decretó la boca de Dios es que en los últimos días

la gente podrá contemplar toda la gloria de Dios.

Muchos han abandonado el mundo reacios, desesperados,

y muchos han venido al mundo con esperanza y con fe.

Dios envió a muchos al mundo, y envió a muchos lejos.

Y muchos pasaron por Sus manos.

Muchos espíritus fueron arrojados al Hades,

muchos han vivido en la carne, muchos han nacido de nuevo.

Pero ninguno nunca disfrutó las bendiciones del reino de hoy.


Adaptado de ‘Capítulo 20’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”

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