896 Dios siempre espera que el hombre regrese a Él

Dios suele llamar al hombre con Su Espíritu,

pero el hombre actúa como si lo hubiese herido.

Tiende a observar a Dios desde lejos,

temiendo que Él lo guíe hacia otro mundo.

Dios suele indagar en el espíritu del hombre,

pero él sigue completamente ajeno,

con miedo a que Dios le quite sus posesiones.

Le cierra su puerta con frialdad.

Dios no obliga al hombre, tan solo hace Su obra.

Un día el hombre nadará hacia Él a través del océano

para disfrutar de todas las riquezas de la tierra,

sin posibilidad de ahogarse en el mar.

Cuando el hombre se cae, Dios lo salva,

pero él lo abandona al despertarse;

sin sentir Su amor, lo mira receloso.

Nunca Dios conmovió su corazón.

Dios no obliga al hombre, tan solo hace Su obra.

Un día el hombre nadará hacia Él a través del océano

para disfrutar de todas las riquezas de la tierra,

sin posibilidad de ahogarse en el mar.

El hombre es una criatura insensible,

es un animal de sangre fría.

Aunque Dios lo cobija con Su abrazo,

nunca lo ha conmovido de verdad.

El hombre es como un ser salvaje,

nunca ha valorado cómo Dios lo aprecia.

Prefiere vivir en las colinas con las bestias;

no quiere refugiarse en Dios.

Dios no obliga al hombre, tan solo hace Su obra.

Un día el hombre nadará hacia Él a través del océano

para disfrutar de todas las riquezas de la tierra,

sin posibilidad de ahogarse en el mar.

Adaptado de ‘Capítulo 20’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”

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