774 La misericordia de Dios ha permitido al hombre sobrevivir hasta ahora

1 El hombre nunca ha visto uno solo de Mis actos, nunca ha oído una sola de Mis declaraciones. Aunque hubiera visto, ¿qué habría descubierto? Y si me hubiera oído hablar, ¿qué habría entendido? A lo largo del mundo, toda la humanidad se encuentra bajo Mi amor, Mi compasión, pero también toda la humanidad se encuentra bajo Mi juicio, e igualmente bajo Mi prueba. He sido misericordioso y amoroso con la humanidad, incluso cuando todos los hombres han sido corrompidos hasta cierto grado; he impuesto castigo a la humanidad, incluso cuando todos los hombres se han inclinado en sumisión delante de Mi trono. No obstante, ¿hay algún ser humano que no esté en medio del sufrimiento y el refinamiento que he enviado?

2 ¿Cuántas personas andan a tientas en la oscuridad buscando la luz? ¿Cuántas están luchando con amargura a lo largo de su prueba? Job tenía fe, y aun así, con todo eso, ¿no estaba él buscando una salida para sí mismo? Aunque Mi pueblo puede mantenerse firme en la prueba, ¿hay alguien que, sin decirlo en voz alta, lo crea en su corazón? ¿No es más bien que articula su creencia mientras duda en su corazón? No hay seres humanos que se hayan mantenido firmes y mostrado verdadera obediencia en la prueba. Si no cubriera Mi rostro para evitar mirar este mundo, toda la raza humana se derrumbaría ante Mi ardiente mirada, porque no pido nada a la humanidad.

Adaptado de ‘Capítulo 10’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”

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Como cientos de millones de otros seguidores del Señor Jesucristo, nosotros acatamos las leyes y los mandamientos de la Biblia, gozamos la abundante gracia del Señor Jesucristo y nos reunimos, oramos, alabamos y servimos en el nombre del Señor Jesucristo, y todo esto lo hacemos bajo el cuidado y la protección del Señor. Muchas veces somos débiles y muchas veces fuertes. Creemos que todas nuestras acciones están en conformidad con las enseñanzas del Señor. Se sobreentiende, entonces, que también creemos que caminamos el camino de la obediencia a la voluntad del Padre que está en el cielo. Anhelamos el regreso del Señor Jesús, la gloriosa llegada del Señor Jesús, el fin de nuestra vida en la tierra, la aparición del reino, y todo lo que se predijo en el Libro de Apocalipsis: el Señor llega y trae el desastre, y recompensa a los buenos y castiga a los malvados, y se lleva en los aires a los que lo siguen y acogen Su regreso para que se encuentren con Él. Cada vez que pensamos en esto, no podemos evitar que la emoción nos embargue. Estamos agradecidos de haber nacido en los últimos días y somos lo suficientemente afortunados de ser testigos de la venida del Señor. Aunque hayamos sufrido persecución, es a cambio de “un peso de gloria que sobrepasa todo y que es eterno”; ¡qué bendición que así sea! Todo este anhelo y la gracia que otorga el Señor muchas veces nos vuelven más formales en la oración y nos reúnen con más frecuencia. Tal vez el año que entra, tal vez mañana o tal vez incluso antes, cuando el hombre no se lo espere, el Señor de repente llegará y aparecerá entre un grupo de personas que han estado esperándolo atentamente.

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