139 Oh Dios, ¿sabes cuánto te anhelo?

1 Te anhelo en mi corazón, espero Tu regreso. No puedo ver Tu rostro, y mi corazón está tan lleno de preocupación. Una noche tan larga y oscura, ¿cuándo veré la luz? Espero ansiosamente verte de nuevo pronto. ¡Oh, Dios! ¿Sabes que estoy esperando Tu regreso? ¡Te ruego que no me abandones, no puedo estar sin Ti!

2 Escucho Tu voz, y mi corazón se regocija. Asisto al banquete contigo, y saboreo Tus palabras. En silencio, resuelvo ofrecer todo lo que tengo. Difundo y doy testimonio de Tus palabras sólo para satisfacer Tu voluntad. ¡Oh, Dios! Espera por mi amor. ¡Entrego todo mi corazón y mente para satisfacerte; no puedo estar sin Ti!

3 Al experimentar Tu juicio, hay dolor y tristeza. Aunque la carne es débil, no te he olvidado. Desprecio la carne y odio a Satanás aún más. Estoy feliz de aceptar el juicio para liberarme cuanto antes de la corrupción. No puedo aceptar morir sin satisfacer el deseo de Tu corazón. ¡Cuando pueda ver Tu sonrisa, me sentiré muy satisfecho!

4 La compañía de Tus palabras me da fe y fortaleza. Ya no seré negativo. Realmente te amo. He sufrido tanto dolor en los juicios, y mi corrupción ha sido purificada. No importa cuántas dificultades enfrente, te amaré y daré testimonio de Ti. Espero convertirme en una nueva persona y obteniendo Tu aprobación. Te ofrezco amor puro, y nunca estaré separado de Ti jamás.

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2. La fuerza vital que nunca puede extinguirse

Tal como Él dijo: “Él hace que el hombre vuelva a nacer y le permite vivir con constancia en cada función de su vida. Gracias a Su poder y Su fuerza de vida inextinguible, el hombre ha vivido generación tras generación, a través de las cuales el poder de la vida de Dios ha sido el pilar de la existencia del hombre, […]La fuerza de vida de Dios puede prevalecer sobre cualquier poder; además, excede cualquier poder. Su vida es eterna, Su poder extraordinario, y Su fuerza de vida ningún ser creado o fuerza enemiga la puede aplastar fácilmente” (“Sólo el Cristo de los últimos días le puede dar al hombre el camino de la vida eterna” en La Palabra manifestada en carne).

88. La adversidad de la prisión

¡Gracias al castigo y al juicio de Dios por salvarme y permitirme renacer! En mi camino futuro de creer en Dios no voy a escatimar ningún esfuerzo en ir tras la verdad, en recibir más castigo y juicio de Dios, y en despojarme por completo de las toxinas de Satanás para lograr la purificación, obtener un verdadero conocimiento de Dios y convertirme en una persona que ama a Dios genuinamente.

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