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297 Qué dura es la obra de Dios

I

La obra de Dios en la tierra sufre grandes adversidades.

Los defectos, la inmadurez, la debilidad

e ignorancia del hombre, y todo lo que es suyo

fueron planeados y calculados por Dios.

El hombre es como un tigre de papel,

nadie se atreve a provocarlo.

O muerde, se pierde, recae, ignora a Dios,

o corre a sus padres, “unos cerdos y perros”, a entregarse a

las impurezas de sus cuerpos. ¡Qué óbice tan grande!

II

En cada paso, Dios está a prueba y en peligro.

Sus palabras son sinceras, honestas y sin malicia.

Le rompe el corazón que

nadie acepte o se entregue por completo.

Él se esfuerza día y noche, se preocupa por el hombre.

Él se compadece de la debilidad del hombre.

Él sufre inesperados giros con cada palabra y obra.

Sabiendo cuán débil, rebelde, inmaduro, y frágil es el hombre,

Él sopesa todo esto en Su cabeza, día y noche.

¿Quién supo alguna vez esto?

¿En quién puede Él confiar?

¿Quién puede entenderlo?

¡Oh, qué difícil es la obra de Dios!

III

Dios siempre odia los pecados y la endeblez del hombre,

su flaqueza y lo que le espera preocupan a Dios.

Y mientras ve las palabras y los actos del hombre,

lo llenan de piedad, enfado y pena.

Ahora los inocentes son tan insensibles,

¿por qué Dios se lo pone tan difícil a ellos?

Ahora el hombre débil no puede perseverar.

¿Por qué Dios está siempre enfadado con él?

El hombre es débil, impotente, sin vitalidad.

¿Por qué reñir su rebeldía?

¿Quién puede resistir la amenaza de Dios?

IV

El hombre es frágil, y por eso en la desesperación,

Dios escondió Su enfado en lo profundo de Su corazón

para que el frágil hombre reflexione sobre él mismo.

Pero el hombre afligido no valora la voluntad de Dios.

Sin saber que el rey diablo lo ha pisoteado,

él siempre se pone en contra de Dios,

o es ambivalente hacia su Dios.

¿Quién ha tomado en serio las palabras de Dios?

Adaptado de ‘Obra y entrada (8)’ en “La Palabra manifestada en carne”

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