191 Cómo recobrar la salvación perdida

I

Preguntaste cuánto tiempo yo te seguiría.

Dije que te daría mi juventud y te acompañaría.

Un murmullo salió del fondo de mi corazón,

sacudió la tierra y meció las montañas.

Juré con lágrimas en las mejillas,

pero no sabía de mi hipocresía.

Con el tiempo, grandes cambios apagaron esos sentimientos,

y lo que te juré se convirtió en mentiras.

Al final comprendo lo poco que he dado.

Tratar de pagarte son palabras vacías.

Despierto de mi sueño y me preocupo por mí.

¿Cómo recobrar la salvación perdida?

Despierto de mi sueño y me preocupo por mí.

¿Cómo recobrar la salvación perdida?

II

Cuando nos encontramos, me rebelé contra Ti.

No quiero recordar esos tiempos pasados.

Mi dedicación sin lealtad te ha causado

incluso mucho más dolor, dolor.

Aquellos años se escaparon y obtuve poco.

¿A quién puedo contarle mi arrepentimiento?

En mi juventud, obraste mucho por mí,

pero sin ninguna gratitud a cambio.

Al final comprendo lo poco que he dado.

Tratar de pagarte son palabras vacías.

Despierto de mi sueño y me preocupo por mí.

¿Cómo recobrar la salvación perdida?

Despierto de mi sueño y me preocupo por mí.

¿Cómo recobrar la salvación perdida?

III

Corriendo de acá para allá,

incapaz de conectar con Tu corazón.

Nos encontramos por casualidad, pero no te reconocí,

dejándome incluso más arrepentido.

Al final comprendo lo poco que he dado.

Tratar de pagarte son palabras vacías.

Despierto de mi sueño y me preocupo por mí.

¿Cómo recobrar la salvación perdida?

Despierto de mi sueño y me preocupo por mí.

¿Cómo recobrar la salvación perdida?

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A través del esclarecimiento de las palabras de Dios, sólo entonces vi que mi conocimiento de mí mismo era tan poco profundo, estaba tratando de conocerme desde el interior de mis concepciones y de mi propio pensamiento, sin comparar de ninguna manera con las palabras de Dios para reconocer mi propia naturaleza corrupta desde el interior de Sus palabras.

34. ¿Por qué no he cambiado tras tantos años de fe?

Consideraba las doctrinas que sostenía como mi propio capital, pero no ponía atención en entenderme a mí misma, en buscar la entrada, en ganar la verdad. Y así, ¿cómo podía tener algún cambio en mi carácter de vida? La obra práctica y las palabras de Dios nos proveen de toda la verdad que necesitamos y Él desea que entendamos esa verdad y que, por medio de cumplir nuestro deber, traigamos la luz y el esclarecimiento que obtengamos en nuestras experiencias diarias y entrada, y proveer eso a nuestros hermanos y hermanas.

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