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434 Las personas consideran a Cristo como un hombre común

1 Todos los hombres desean ver el verdadero rostro de Jesús y todos desean estar con Él. Creo que ninguno de los hermanos o hermanas diría que no está dispuesto a ver a Jesús o a estar con Él. Antes de que hayáis visto a Jesús, es decir, antes de que hayáis visto al Dios encarnado, es probable que tengáis todo tipo de ideas, como por ejemplo, sobre la apariencia de Jesús, Su forma de hablar, Su forma de vida, etcétera. Sin embargo, una vez que realmente lo hayáis visto, vuestras ideas cambiarán rápidamente.

2 Aunque es cierto que no puede pasarse por alto el pensamiento del hombre, resulta aún más intolerable que el hombre altere la esencia de Cristo. Consideráis que Cristo es un inmortal o un sabio, pero nadie considera a Cristo como un hombre normal con esencia divina. Por tanto, muchos de los que día y noche anhelan ver a Dios son, en realidad, enemigos de Dios y son incompatibles con Él. ¿Acaso no es esto un error por parte del hombre? Esto se debe a que, en el pasado, en el presente y en el futuro, muchos de los que han entrado en contacto con Cristo han fracasado o fracasarán; todos ellos juegan el papel de los fariseos. ¿Cuál es la razón de vuestro fracaso? Se debe, precisamente, a que tenéis el concepto de un Dios alto y merecedor de admiración.

3 Sin embargo, la verdad no es como el hombre desea. Cristo no sólo no es alto, sino que es particularmente pequeño; no sólo es un hombre, sino que es un hombre común; no sólo no puede ascender al cielo, sino que ni siquiera puede transitar libremente por la tierra. Y siendo así las cosas, las personas lo tratan como un hombre común; lo tratan con indiferencia cuando están con Él y le hablan a la ligera, al tiempo que siguen esperando la venida del “verdadero Cristo”. Tomáis al Cristo que ya ha venido por un hombre común y a Su palabra como la de un hombre común. Por esta razón no habéis recibido nada de Cristo y, en cambio, habéis expuesto plenamente vuestra propia fealdad a la luz.

Adaptado de ‘Quienes son incompatibles con Cristo indudablemente se oponen a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

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