510 El propósito que la fe del hombre en Dios debería tener

I

Creer en Dios es ver Su palabra como la realidad de tu vida

y conocer a Dios por Su palabra

para conseguir amarlo de verdad.

Para dejarlo más claro:

Creer en Dios es para que puedas obedecer y amar a Dios

haciendo el deber de las criaturas de Dios.

Este es el propósito de creer en Dios.

Lograr entender Su hermosura,

la reverencia que se merece

y cómo Él obra para salvar y perfeccionar a Sus criaturas;

esto es lo mínimo que debe tener tu fe en Dios.

Creer en Dios no debería ser algo que sólo haces

para ver los prodigios y señales,

ni sólo por el beneficio de tu carne.

Es buscar conocer a Dios

y ser capaz de obedecerlo hasta la muerte,

como hizo Pedro.

Esto es lo que se debe conseguir.

II

La fe en Dios es sobre todo cómo tu vida cambia

de la vida en la carne a una de amar a Dios,

de una vida en lo natural a una vida en el ser de Dios.

Es salir del campo de acción de Satanás

para que Dios te cuide y te proteja,

consiguiendo obedecer a Dios

y desobedeciendo a la carne.

Es dejar que Dios se gane tu corazón,

permitirle que te perfeccione

y librarte de la corrupción del carácter satánico.

La fe en Dios es sobre todo para que

Su poder y gloria se manifiesten en ti.

Creer en Dios no debería ser algo que sólo haces

para ver los prodigios y señales,

ni sólo por el beneficio de tu carne.

Es buscar conocer a Dios

y ser capaz de obedecerlo hasta la muerte,

como hizo Pedro.

Esto es lo que se debe conseguir.

Es para que el poder y la gloria de Dios se manifiesten en ti,

para que hagas Su voluntad

y que hagas cumplir el plan de Dios;

así podrás dar testimonio de Dios ante Satanás.


Adaptado de ‘Todo se realiza por la palabra de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

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China es la tierra donde reside el gran dragón rojo y es el lugar que se ha resistido y ha condenado a Dios más severamente a lo largo de la historia. China es como una fortaleza de demonios y una prisión impenetrable e impermeable controlada por el diablo. Además, el régimen del gran dragón rojo vigila todos los niveles y ha instalado defensas en cada casa. Como resultado, no hay lugar donde sea más difícil difundir el evangelio de Dios y llevar a cabo la obra de Dios. Cuando el Partido Comunista Chino llegó al poder en 1949, la creencia religiosa en China Continental fue totalmente suprimida y prohibida. Millones de cristianos sufrieron humillación pública, tortura y encarcelamiento. Todas las iglesias fueron completamente cerradas y vaciadas. Hasta las reuniones en las casas fueron prohibidas. Si sorprendían a alguien participando en una reunión, era encarcelado e incluso podía ser decapitado. En esos tiempos, las actividades religiosas desaparecieron casi sin dejar rastro. Solamente un pequeño número de cristianos continuó creyendo en Dios, pero sólo podían orar silenciosamente a Dios y cantarle himnos de alabanza en sus corazones, suplicando a Dios que reviviera la iglesia. Finalmente, en 1981, la iglesia fue verdaderamente revivida y el Espíritu Santo comenzó a obrar a gran escala en China. Las iglesias surgieron como brotes de bambú después de una lluvia de primavera y cada vez más personas comenzaron a creer en Dios. En 1983, cuando el renacimiento de la iglesia alcanzó su clímax, el Partido Comunista Chino comenzó una nueva ronda de cruel represión. Millones de personas fueron arrestadas, detenidas y educadas por medio del trabajo. El régimen del gran dragón rojo sólo permitía a los creyentes en Dios unirse a la iglesia del Movimiento Patriótico de Tres Autonomías creado y controlado por el gobierno. El gobierno del PCCh estableció el Movimiento Patriótico de Tres Autonomías en un intento por eliminar completamente la iglesia doméstica clandestina y tener a aquellos creyentes en el Señor bajo el firme control del gobierno. Creía que ésta era la única manera de lograr su objetivo de prohibir la fe y convertir a China en una tierra sin Dios. Pero el Espíritu Santo continuó realizando Su obra a gran escala en la iglesia doméstica y en aquellas personas que en verdad creían en Dios, lo cual el gobierno del PCCh no tenía manera de detener. En ese entonces, en la iglesia doméstica donde obraba el Espíritu Santo, Cristo de los últimos días aparecía en secreto para obrar; empezó a expresar la verdad y a realizar Su obra de juicio, comenzando con la casa de Dios.

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