Palabras diarias de Dios | Fragmento 125 | "La humanidad corrupta necesita más que nadie la salvación del Dios encarnado"

Cada etapa de la obra de Dios es por el bien de toda la humanidad y se dirige a toda la humanidad. Aunque es Su obra en la carne, todavía se dirige a toda la humanidad; Él es el Dios de toda la humanidad y es el Dios de todos los seres creados y no creados. Aunque Su obra en la carne está dentro de una esfera limitada, y el objeto de esta obra también es limitado, cada vez que se hace carne para hacer Su obra, escoge un objeto de Su obra que sea supremamente representativo; no selecciona un grupo de gente simple y ordinario en el cual obrar, sino que escoge como el objeto de Su obra a un grupo de personas capaces de ser el representativo de Su obra en la carne. Este grupo de personas se escoge porque la esfera de Su obra en la carne es limitada y porque está preparado especialmente para Su carne encarnada y se escoge especialmente para Su obra en la carne. La selección que Dios hace de los objetos de Su obra no es infundada sino de acuerdo al principio: el objeto de la obra debe ser de beneficio a la obra de Dios en la carne y debe ser capaz de representar a toda la humanidad. Por ejemplo, los judíos pudieron representar a toda la humanidad al aceptar la redención personal de Jesús y los chinos pueden representar a toda la humanidad al aceptar la conquista personal del Dios encarnado. Hay una base para que los judíos representen a toda la humanidad y también hay una base para que las personas chinas representen a toda la humanidad al aceptar la conquista personal de Dios. Nada revela más el significado de la redención que la obra de redención que se hizo entre los judíos y nada revela más la minuciosidad y el éxito de la obra de conquista que la obra de conquista entre las personas chinas. La obra y la palabra del Dios encarnado parece que sólo se dirigen a un pequeño grupo de personas pero, de hecho, Su obra entre este pequeño grupo es la obra de todo el universo y Su palabra se dirige a toda la humanidad. Después de que Su obra en la carne llegue a su fin, los que lo sigan van a comenzar a esparcir la obra que Él ha hecho entre ellos. Lo mejor de Su obra en la carne es que Él puede dejar palabras y exhortaciones exactas y Su voluntad precisa para la humanidad para los que lo siguen, para que después Sus seguidores puedan, de una manera más exacta y más concreta, transmitir toda Su obra en la carne y Su voluntad a toda la humanidad para los que aceptan este camino. Sólo la obra de Dios en la carne entre los hombres logra realmente el hecho de que Dios esté y viva junto con el hombre. Sólo esta obra cumple el deseo del hombre de contemplar el rostro de Dios, de ser testigo de la obra de Dios, y de escuchar la palabra personal de Dios. El Dios encarnado da fin a la época cuando sólo la espalda de Jehová aparecía a la humanidad y también concluye la época en que la humanidad tenía la creencia en el Dios ambiguo. En particular, la obra del último Dios encarnado trae a toda la humanidad a una época más realista, más práctica y más agradable. Él no sólo concluye la época de la ley y la doctrina; de mayor importancia aún, revela a la humanidad un Dios que es real y normal, que es justo y santo, que abre la obra del plan de gestión y demuestra los misterios y el destino de la humanidad, que creó a la humanidad y da fin a la obra de gestión y que ha permanecido oculto por miles de años. Da fin por completo a la época de ambigüedad y concluye la época en la que toda la humanidad deseaba buscar el rostro de Dios pero no era capaz de hacerlo, termina la época en la que toda la humanidad servía a Satanás y guía a toda la humanidad hasta el final a una era completamente nueva. Todo esto es el resultado de la obra de Dios en la carne en vez de la del Espíritu de Dios. Cuando Dios obra en Su carne, los que lo siguen ya no buscan y andan a tientas por esas cosas vagas y ambiguas y dejan de adivinar la voluntad del Dios ambiguo. Cuando Dios esparce Su obra en la carne, los que lo siguen transmitirán la obra que ha hecho en la carne a todas las denominaciones, y van a comunicar todas Sus palabras a oídos de toda la humanidad. Todo lo que escuchen los que reciban Su evangelio van a ser los hechos de Su obra, van a ser las cosas que el hombre personalmente haya visto y escuchado y van a ser hechos y no rumores. Estos hechos son la evidencia con los cuales Él esparce la obra y también son las herramientas que usa para esparcir la obra. Sin la existencia de los hechos, Su evangelio no se esparciría a todos los países y a todos los lugares; sin los hechos sino sólo con las imaginaciones del hombre, Él nunca podría hacer la obra de conquistar todo el universo. El Espíritu no es palpable para el hombre y es invisible para el hombre, y la obra del Espíritu es incapaz de dejarle al hombre cualquier otra prueba o hechos de la obra de Dios. El hombre nunca contemplará el verdadero rostro de Dios y siempre creerá en un Dios ambiguo que no existe. El hombre nunca contemplará el rostro de Dios ni nunca escuchará las palabras que Dios habló personalmente. Las imaginaciones del hombre son, después de todo, huecas y no pueden reemplazar el verdadero rostro de Dios; el carácter inherente de Dios y la obra de Dios mismo el hombre no los puede imitar. El Dios invisible en el cielo y Su obra sólo pueden ser traídos a la tierra por el Dios encarnado que personalmente hace Su obra entre los hombres. Esta es la manera más ideal en la que Dios se aparece al hombre, en la que el hombre ve a Dios y llega a conocer el verdadero rostro de Dios, y esto no lo puede lograr un Dios no encarnado. Habiendo Dios llevado a cabo Su obra hasta esta etapa, Su obra ya ha logrado el efecto óptimo y ha sido un éxito completo. La obra personal de Dios en la carne ya ha completado el noventa por ciento de la obra de toda la gestión de Dios. La carne ha provisto un mejor comienzo a toda Su obra y un resumen para toda Su obra, y ha promulgado toda Su obra y hecho la última reposición a fondo a toda esta obra. De ahora en adelante, no habrá otro Dios encarnado para hacer la cuarta etapa de la obra de Dios y ya no habrá más obra maravillosa de la tercera encarnación de Dios.

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

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