Palabras diarias de Dios | Fragmento 379 | "Solo puedes embarcarte en el camino correcto si entiendes tu propio estado"

Muchas personas han dicho esto antes: “Yo entiendo toda la verdad, es sólo que no puedo ponerla en práctica”. Esta frase revela el problema de fondo, que también es un problema en la naturaleza de las personas. Si la naturaleza de alguien detesta la verdad, nunca la pondrá en práctica. Los que detestan la verdad albergarán sin duda deseos extravagantes en su creencia en Dios; hagan lo que hagan, sus propios propósitos están siempre presentes. Por ejemplo, algunos que han sufrido persecución y no pueden volver a casa suspiran y dicen: “Ahora no puedo volver a casa. Pero un día Dios me dará un hogar mejor. No me hará sufrir en vano”. O piensan: “Dios me dará alimentos para comer allí donde viva. Dios no me llevará a un callejón sin salida. Si lo hiciera, se habría equivocado”. ¿Acaso no tienen las personas estos pensamientos en ellas? Hay algunas que piensan: “Me gasto mucho por Dios; por ello, Él no debería entregarme en las manos de las autoridades gobernantes. He renunciado a mucho y busco con sinceridad la verdad, por lo que es más que correcto que Dios me bendiga; deseamos enormemente que llegue el día de Dios, que debería ser pronto, y Él debería hacer que nuestros deseos se hagan realidad”. Las personas siempre le hacen peticiones extravagantes a Dios en su interior y piensan: “Hemos hecho esto, y lo correcto sería que Dios hiciera esto o aquello. Hemos logrado algunas cosas, así que Él debería concedernos alguna recompensa y darnos algunas bendiciones”. También hay algunas personas que, cuando ven a otros dejar a sus familias, y después dedicarse a Dios de una forma relajada, se sienten deprimidos y piensan: “Otros han dejado su hogar hace mucho tiempo. ¿Cómo pueden superarlo? ¿Por qué no puedo superarlo? ¿Por qué no puedo renunciar a mi familia y mis hijos? ¿Por qué es benigno Dios con ellos, pero no conmigo? ¿Por qué el Espíritu Santo no me concede gracia? ¿Por qué no está conmigo Dios?”. ¿Qué estado es este? ¡Las personas son tan irracionales! No ponen en práctica la verdad y, en su lugar, se quejan de Dios. No obtienen nada por sus esfuerzos subjetivos ni nada que debieran lograr de manera subjetiva. Se han rendido a la hora de tomar las decisiones que deberían tomar de un modo subjetivo y a la hora de escoger la senda por la que deberían caminar. Siempre exigen a Dios que haga esto o aquello, y quieren que Él sea benigno con ellas a ciegas y, de igual forma les conceda gracia, las guíe y les proporcione disfrute. Piensan: “He dejado mi hogar, he abandonado tanto, llevo a cabo mi obligación y he sufrido mucho. Por tanto, Dios debería concederme gracia, hacer que no eche de menos mi hogar, darme la determinación para abandonar a mi familia, y hacerme más fuerte. ¿Por qué soy tan débil? ¿Por qué los demás son tan fuertes? Dios debería hacerme fuerte”. “Otras personas pueden ir a casa; ¿por qué se me persigue a mí y no puedo ir a casa? Dios no me concede ninguna gracia”. Lo que dicen estas personas es completamente irracional, y menos aún tiene verdad alguna. ¿Cómo se producen las quejas de las personas? Hay cosas que se revelan dentro del hombre que representan por completo la naturaleza del hombre. Si este no se deshace de estas cosas dentro de él, por muy grande que sea tu estatura, por mucha verdad que entiendas, nunca tendrás ninguna garantía de permanecer firme. Te será posible blasfemar contra Dios y traicionarlo y abandonar el camino verdadero en cualquier momento y lugar. Esto es algo que puede ocurrir con mucha facilidad. ¿Lo veis ahora con claridad? Las personas deben entender y dominar lo que su naturaleza puede revelar en cualquier momento; deben abordar este problema de manera concienzuda. Aquellas personas que poseen un entendimiento comparativamente bueno de la verdad son conscientes en ocasiones de algo de esto. Cuando descubren un problema, se dedican a una reflexión e introspección profundas. A veces, sin embargo, no son conscientes del problema y, por tanto, no hay nada que puedan hacer. Solo pueden esperar que Dios les dé una información o les revele los hechos. Las personas irreflexivas son conscientes de estas cosas en ocasiones, pero se lo toman con calma, diciendo: “Todas las personas son así, por lo que esto no significa nada. Dios me perdonará y no lo recordará. Esto es normal”. No hacen ni logran lo que las personas deberían escoger y hacer. Están todas atolondradas, severamente inertes, son muy dependientes, e incluso dan rienda suelta a pensamientos desenfrenados. “Si Dios nos cambia totalmente un día, no estaremos inertes nunca más. Podremos continuar correctamente. Dios no necesitará molestarse tanto por nosotros”. Lo debes ver con claridad. Deberías tomar tus propias decisiones acerca de la senda por la que vas a caminar; las decisiones que toma cada persona son cruciales. Puedes detectarlo; ¿cómo eres de fuerte cuando se trata de ejercer tu propio dominio? ¿Cómo eres de fuerte cuando se trata de abandonarte? Esta es la condición previa para practicar la verdad y el elemento fundamental. Siempre que encuentras un asunto, si es una situación en la que eres consciente de cómo hacerlo conforme a la verdad, solo sabrás cómo proceder si tienes clara la decisión que debes tomar y qué debes poner en práctica. Si puedes detectar lo que es correcto y lo que es incorrecto en tu propio estado, pero no puedes tenerlo claro completamente y solo sigues adelante de forma atolondrada, nunca harás ningún progreso ni experimentarás avance alguno. Si no te tomas en serio tu entrada a la vida, te estás frenando a ti mismo, y esto solo puede demostrar que no amas la verdad.

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

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