Palabras diarias de Dios: La entrada en la vida | Fragmento 385

La única actitud que un ser creado debe tener hacia su Creador es la obediencia, una obediencia incondicional. Esto es algo que algunas personas de hoy en día tal vez no puedan aceptar. Dicen: “¿Cómo puede ser incondicional? Las palabras de Dios siempre tienen que ser razonables y Él siempre ha de tener un motivo para hacer las cosas. Dios siempre tiene que dar a la gente una vía de supervivencia, siempre tiene que actuar de forma razonable y justa y no puede ignorar los sentimientos humanos”. Si eres capaz de proferir estas palabras y realmente piensas así, bueno, estás lejos de poder obedecer a Dios. El hombre, mientras lo provee y riega la palabra de Dios, se está preparando, de hecho, para una sola cosa. ¿Cuál podría ser? Es, en última instancia, la capacidad de alcanzar la sumisión incondicional y absoluta a Dios, momento en el cual tú, esta creación, habrás llegado al nivel requerido. En ocasiones, Dios hace deliberadamente cosas contrarias a tus nociones, a lo que quieres, o incluso aparentemente contrarias a los principios o a los sentimientos, la humanidad o las opiniones del ser humano, con lo que te resulta imposible aceptarlas y entenderlas. Lo mires por donde lo mires, no parece correcto, simplemente no puedes aceptarlo y lo que ha hecho te parece sencillamente irracional. Entonces, ¿cuál es el propósito de Dios al hacer estas cosas? Probarte. No tienes que cuestionar los cómos y los porqués de lo que Dios ha hecho; únicamente has de mantener la fe en que Él es la verdad y reconocer que es tu Creador, tu Dios. Esto es superior a toda la verdad, a toda la sabiduría mundana, a la presunta moralidad, a la ética, a lo que el hombre llama conocimiento, educación, filosofía o cultura tradicional, e incluso superior al afecto, la camaradería o el supuesto amor entre las personas: superior a absolutamente todo lo demás. Si no entiendes esto, tarde o temprano, cuando te suceda algo, es probable que te rebeles contra Dios y te extravíes, para finalmente arrepentirte y reconocer la hermosura de Dios y el sentido de la obra que lleva a cabo en ti; o, peor aún, podrías tropezar y caer por ello… Sin importar el tiempo que una persona lleve creyendo en Dios, cuánto camino haya recorrido, cuánto haya trabajado y cuántos deberes haya llevado a cabo, todo este tiempo ha sido preparación para una sola cosa: para que finalmente puedas alcanzar la sumisión incondicional y absoluta a Dios. Entonces, ¿qué significa “incondicional”? Significa ignorar tus justificaciones personales, tu razonamiento objetivo, y no discutir por nada: eres un ser creado y no eres digno. Cuando discutes con Dios, estás en la posición equivocada; cuando intentas justificarte ante Dios, estás de nuevo en la posición equivocada; cuando le porfías a Dios, cuando quieres preguntarle por qué, averiguar qué está sucediendo realmente, si no eres capaz de obedecer sin antes comprender y no te vas a someter hasta no tenerlo todo claro, estás de nuevo en la posición equivocada. Cuando la posición en la que te encuentras es la equivocada, ¿tu obediencia a Dios es absoluta? ¿Eres o no eres un ser creado en el pensamiento de Dios? ¿Tratas a Dios como es debido? ¿Como Señor de toda la creación? No, no lo haces, en cuyo caso Dios no te reconoce. ¿Qué cosas pueden permitirte alcanzar una obediencia absoluta e incondicional a Dios? ¿De qué forma se puede experimentar esto? Por un lado, se requiere un poco de conciencia y un sentido de la humanidad normal; por otro, a medida que cumplas con el deber has de entender todos y cada uno de los aspectos de la verdad para que puedas comprender la voluntad de Dios. En ocasiones, la aptitud del hombre no es suficiente y él no tiene fortaleza ni energía para entender todas las verdades. No obstante, sucede una cosa: independientemente del entorno, la gente, los acontecimientos y las cosas que te encuentres y Dios haya dispuesto, siempre debes tener una actitud obediente. No preguntes por qué: debes tenerla. Si hasta esta actitud te desborda y estás siempre listo para decir “tengo que pensar si lo que Dios está haciendo es verdaderamente justo. Dicen que Dios es amor; bueno, a ver si hay amor en lo que hace conmigo y si esto es amor en realidad”; si siempre estás analizando si lo que Dios hace cumple todas las normas, fijándote en si es lo que te gusta, o incluso en si se ajusta a lo que consideras la verdad, estás en una posición equivocada, lo que te acarreará problemas.

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

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