Palabras diarias de Dios | Fragmento 366 | "Las palabras de Dios al universo entero: Capítulo 14"

Yo estoy sobre el universo día tras día, observando, y me oculto humildemente en Mi morada para experimentar la vida humana, estudiando detenidamente cada hecho del hombre. Nadie se me ha ofrecido nunca sinceramente. Nadie ha buscado nunca la verdad. Nadie ha sido nunca meticuloso con respecto a Mí. Nadie ha tomado nunca determinaciones delante de Mí y se ha atenido a su deber. Nadie me ha permitido nunca morar en él. Nadie me ha valorado como valoraría su propia vida. Nadie ha visto nunca en la realidad práctica todo el ser de Mi divinidad. Nadie ha estado nunca dispuesto a estar en contacto con el Dios práctico mismo. Cuando las aguas se tragan totalmente al hombre, Yo lo salvo de las aguas estancadas y le doy una oportunidad de tener una nueva vida. Cuando los hombres pierden su confianza para vivir, Yo tiro de ellos desde el filo de la muerte, concediéndoles la valentía para vivir, para que me tomen como el fundamento de su existencia. Cuando los hombres me desobedecen, hago que me conozcan en su desobediencia. A la luz de la vieja naturaleza de la humanidad y de Mi misericordia, en lugar de dar muerte a los humanos, les permito arrepentirse y empezar de nuevo. Cuando los hombres sufren hambruna, los saco de la muerte mientras les queda aliento, evitando que caigan presas de las artimañas de Satanás. Cuántas veces han visto Mis manos las personas; cuántas veces han visto Mi rostro amable, Mi faz sonriente; y cuántas veces han visto Mi majestad, Mi ira. Aunque la humanidad nunca me ha conocido, no aprovecho su debilidad para crear problemas innecesarios. Experimentando las dificultades de la humanidad, simpatizo por tanto con la debilidad del hombre. Es sólo en respuesta a la desobediencia del hombre, a su ingratitud, que inflijo castigos en diversos grados.

Yo me oculto en los momentos en que los hombres están ocupados y me revelo en sus momentos de ocio. La humanidad imagina que soy omnisciente y el Dios mismo que concede todas las súplicas. La mayoría viene por tanto delante de Mí sólo para buscar la ayuda de Dios, no por un deseo de conocerme. Cuando se encuentran en la agonía de la enfermedad, los hombres suplican urgentemente Mi ayuda. Cuando están en la adversidad, me confían sus dificultades con toda su fuerza para derramar mejor su sufrimiento. Sin embargo, ni un solo ser humano ha sido capaz de amarme también estando en la comodidad. Ni una sola persona me ha contactado en su momento de paz y felicidad para que Yo participara de su gozo. Cuando su familia inmediata está feliz y bien, los hombres de una vez me echan a un lado o me cierran la puerta, prohibiéndome entrar y disfrutar de la bendita felicidad de la familia. La mente humana es demasiado limitada, incluso para tener un Dios tan amoroso, misericordioso y tangible como Yo. Cuántas veces fui rechazado por los hombres en su momento de risas gozosas; cuántas veces se apoyaron en Mí como en una muleta cuando se tambalearon; cuántas veces me vi obligado a adoptar el papel de un doctor cuando sufrían enfermedades. ¡Cuán cruel es la humanidad! Totalmente irracional e inmoral. Ni siquiera pueden percibirse en ellos los sentimientos con los que los humanos están supuestamente equipados. Están casi desprovistos de cualquier calidad humana. Ponderad el pasado y comparadlo con el presente. ¿Están teniendo lugar cambios dentro de vosotros? ¿Hay menos de ese pasado haciendo de las suyas en el presente? ¿O aún tiene que reemplazarse ese pasado?

He pasado por montes y valles, experimentando los altibajos del mundo. He viajado entre los hombres y entre ellos he vivido durante muchos años, pero parece que el carácter de la humanidad ha cambiado poco. Y es como si la vieja naturaleza del hombre se hubiera arraigado y brotado en él. Este nunca es capaz de cambiar la vieja naturaleza, sólo para mejorarla de alguna forma sobre el fundamento original. Como dicen las personas, la esencia no ha cambiado, pero la forma lo ha hecho mucho. Parece que todo el mundo está intentando engañarme, deslumbrarme, para poder deslizarse y ganar Mi aprobación. No admiro ni presto atención a las tretas de las personas. En lugar de entrar en cólera, adopto una actitud de mirar pero no ver. Planeo conceder a la humanidad cierto grado de laxitud y, después, ocuparme de todos los humanos como uno solo. Como estos son miserables indignos que no se respetan a sí mismos, que no se valoran a sí mismos, ¿por qué iban a necesitar que Yo mostrara misericordia y amor renovados? Los hombres, sin excepción, no se conocen a sí mismos ni saben cuál es su influencia. Deberían ponerse en una balanza para ser pesados. La humanidad no me presta atención, por lo que Yo tampoco la tomo en serio. Los humanos no me hacen caso, así que Yo tampoco haré ningún esfuerzo por ellos. ¿No es esto lo mejor de ambos mundos? ¿No os describe esto, pueblo mío? ¿Quién ha tomado determinaciones delante de Mí y no las ha descartado después? ¿Quién ha tomado decisiones a largo plazo, delante de Mí, en lugar de decidir con frecuencia sobre esto o aquello? Los hombres siempre toman resoluciones delante de Mí en tiempos de comodidad y las cancelan en los momentos de adversidad. Más adelante las retoman y las presentan delante de Mí. ¿Soy tan poco respetable que aceptaría como si nada la basura que el hombre ha recogido del montón de desechos? Pocos humanos se aferran a sus determinaciones, pocos son castos, y pocos ofrecen lo más valioso que tienen como sacrificio para Mí. ¿No sois todos así? Si, como miembros de Mi pueblo en el reino, sois incapaces de cumplir vuestro deber, ¡Yo os detestaré y rechazaré!

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

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