El correcto cumplimiento del deber requiere de una cooperación armoniosa (Parte 2)

Es necesario aprender a manejarlo cuando las personas tienen problemas para cooperar con otros durante su deber. ¿Cuál es el principio para manejarlas? ¿Qué efecto se debería lograr? Aprende a trabajar en armonía con todos y a relacionarte con los demás por la verdad, la palabra de Dios y los principios, no por los sentimientos o la impetuosidad. De esta manera, ¿no reinará la verdad en la iglesia? Mientras que reine la verdad, ¿no se gestionarán las cosas de una manera justa y razonable? ¿No creéis que la cooperación en armonía es beneficiosa para todos? (Sí, lo es). Hacer las cosas de esta manera es beneficioso para vosotros. En primer lugar, os resulta positivamente edificante y valioso en el cumplimiento de vuestro deber. Además, evita que cometáis errores, causéis trastornos y perturbaciones, y toméis la senda de los anticristos. ¿Os da miedo seguir la senda de los anticristos? (Sí). ¿Es útil el miedo por sí solo? No, el miedo, por sí solo, no soluciona el problema. Es normal tener miedo de caminar por la senda de los anticristos. Esto indica que alguien es amante de la verdad, gente dispuesta a esforzarse por ella y a perseguirla. Si sois temerosos en vuestro corazón, debéis perseguir la verdad y hallar la senda de práctica. Debéis empezar por aprender a cooperar con los demás en armonía. Si hay un problema, resolvedlo hablándolo en comunión y debate para que todos conozcan los principios, además del razonamiento y el programa concretos de la solución. ¿Esto no te impide tomar decisiones solo? Además, si tienes un corazón temeroso de Dios, serás naturalmente capaz de recibir el escrutinio de Dios, pero también debes aprender a aceptar la supervisión del pueblo escogido de Dios, lo que requiere que tengas tolerancia y aceptación. Si ves a alguien que te supervisa, que inspecciona tu trabajo o que te vigila sin que lo sepas, y si te vuelves impulsivo, tratas a esa persona como a un enemigo y la desprecias, e incluso la atacas y la tratas como a un traidor, deseando que desaparezca, eso supone un problema. ¿Acaso no es extremadamente vil? ¿Qué diferencia hay entre esto y un rey demonio? ¿Es esto tratar a la gente de manera justa? Si caminas por la senda correcta y actúas de forma adecuada, ¿qué tienes que temer de que la gente te investigue? Si estás asustado, eso demuestra que hay algo que acecha en tu corazón. Si sabes dentro de tu corazón que tienes un problema, entonces debes aceptar el juicio y el castigo de Dios. Eso es razonable. Si sabes que tienes un problema, pero no permites que nadie te supervise, que inspeccione tu trabajo o investigue tal problema, entonces estás siendo muy poco razonable, te estás rebelando y oponiendo a Dios, y en este caso tu problema es aún más grave. Si el pueblo escogido de Dios discierne que eres una persona malvada o un incrédulo, entonces las consecuencias serán aún más problemáticas. Por tanto, los que son capaces de aceptar la supervisión, el examen y la inspección de los demás son los más razonables de todos, tienen tolerancia y una humanidad normal. Cuando descubras que estás haciendo algo incorrecto o tengas la revelación de un carácter corrupto, si eres capaz de abrirte y comunicarte con la gente, esto ayudará a los que te rodean a vigilarte. Ciertamente, es necesario aceptar la supervisión, pero lo principal es orar a Dios y ampararte en Él sometiéndote a un examen constante. Especialmente cuando te hayas equivocado o hecho algo mal, o cuando estés a punto de actuar o decidir por tu cuenta y alguien cercano te lo comente y te alerte, es preciso que lo aceptes y te apresures a hacer introspección, que admitas el error y lo corrijas. Esto puede evitar que entres en la senda de los anticristos. Si hay alguien que te ayuda y alerta de esta manera, ¿no estás siendo protegido sin saberlo? Sí, esa es tu protección. Por lo tanto, no deberías estar siempre cuidándote de tus hermanos y hermanas, ni de la gente que te rodea. No estés constantemente disfrazándote ni cubriéndote para evitar que otros te conozcan o vean quién eres. Si tu corazón siempre se está protegiendo de los demás, tu búsqueda de la verdad se verá afectada y será fácil que te pierdas la obra del Espíritu Santo, así como muchas oportunidades de ser hecho perfecto. Si siempre te proteges de los demás, albergarás secretos en tu corazón y no podrás cooperar con la gente. Será fácil que hagas cosas equivocadas y que camines por la senda incorrecta, y te horrorizarás cuando cometas errores. ¿Qué pensarás en ese momento?: “Si lo hubiera sabido, habría colaborado con mis hermanos y hermanas para cumplir bien mi deber desde el principio y seguramente no habría tenido ningún problema. Pero como siempre tenía miedo de que los demás vieran mi interior, me protegí de ellos. Al final, nadie más incurrió en un error, fui yo quien cometió el primero. ¡Qué vergonzoso y necio!”. Si puedes concentrarte en buscar la verdad y sincerarte al hablar con tus hermanos y hermanas cuando tengas dificultades, estos podrán ayudarte y permitirte entender la senda correcta de práctica y los principios de práctica. Eso puede protegerte de caminar por la senda incorrecta cuando cumplas tu deber y así no fracasarás ni caerás, ni serás desdeñado y descartado por Dios. En lugar de eso, recibirás protección, cumplirás tu deber adecuadamente y obtendrás la aprobación de Dios. ¡Cuán vastos son los beneficios que gana la gente gracias a una cooperación armoniosa!

Las palabras “cooperación armoniosa” resultan fáciles de entender literalmente, pero son difíciles de poner en práctica. No es nada fácil vivir el lado práctico de estas palabras. ¿Por qué no es fácil? (La gente tiene actitudes corruptas). Exacto. El hombre tiene actitudes corruptas como la arrogancia, la perversidad, la intransigencia, etc., y estas obstruyen la práctica de la verdad. Cuando cooperas con otros, revelas todo tipo de actitudes corruptas. Por ejemplo, piensas: “Tú quieres que coopere con tal persona, pero ¿está a la altura? ¿Acaso la gente no me mirará mal si coopero con alguien que carece de calibre?”. Incluso, a veces, puedes llegar a pensar: “Esa persona es tan descerebrada que no entiende lo que digo” o “Lo que tengo para decir es reflexivo y perspicaz. Si lo comunico y permito que lo entiendan por sí mismos, ¿podría seguir destacando yo? Mi propuesta es la mejor. Si me limito a explicarla y dejo que la lleven a cabo, ¿quién sabrá que ha sido aportación mía?”. Tales pensamientos y opiniones —tales palabras diabólicas— suelen oírse y observarse a menudo. Si tienes esos pensamientos y opiniones, ¿estás dispuesto a cooperar con los demás? ¿Eres capaz de lograr una cooperación armoniosa? No es fácil, ya que supone un cierto desafío. Las palabras “cooperación armoniosa” son fáciles de pronunciar: basta con abrir la boca para que salgan sin más. Pero cuando llega el momento de ponerlas en práctica, los obstáculos que hay en tu interior se ciernen sobre ti. Tus pensamientos van de un lado a otro. A veces, cuando estás de buen humor, puede que seas capaz de comunicar un poco con los demás; pero si estás de mal humor y obstruido por un carácter corrupto, no serás capaz de practicarlo en absoluto. Hay personas que, como líderes, no pueden cooperar con nadie. Siempre están despreciando y siendo exigentes con los demás, y cuando ven defectos en otras personas, las juzgan y atacan. Esto hace que tales líderes se conviertan en manzanas podridas, y que sean reemplazados. ¿No entienden lo que significan las palabras “cooperación armoniosa”? En realidad, las entienden bastante bien, pero simplemente son incapaces de ponerlas en práctica. ¿Por qué no pueden ponerlas en práctica? Porque aprecian demasiado el estatus y su carácter es demasiado arrogante. Quieren alardear, y una vez que se han apoderado del estatus, no lo sueltan, por miedo a que caiga en manos de otro y se queden ellos mismos sin poder real. Temen que los demás los dejen de lado y que no los tengan en alta estima, temen que sus palabras no tengan poder ni autoridad. Eso es lo que temen. ¿Hasta dónde llega su arrogancia? Pierden la razón y adoptan medidas arbitrarias y precipitadas. ¿Y a qué conduce esto? No solo cumplen mal con su deber, sino que sus acciones constituyen una perturbación y un trastorno, y son reubicados y reemplazados. Dime, ¿hay algún lugar en el que una persona así, con semejante carácter, sea apta para desempeñar un deber? Mucho me temo que, en cualquier lugar en el que se les coloque, no cumplirán con su deber adecuadamente. Les resulta imposible cooperar con los demás; ¿significa eso que serán capaces de desempeñar bien un deber por sí mismos? Por supuesto que no. Si realizan un deber por su cuenta, serán aún menos comedidos, todavía más capaces de actuar de forma arbitraria y precipitada. Que puedas cumplir bien con tu deber no es algo que dependa de tus aptitudes, de lo grande que sea tu calibre, de tu humanidad, de tus capacidades o de tus habilidades; todo se reduce a si eres alguien que acepta la verdad y a si eres capaz de ponerla en práctica. Si eres capaz de poner en práctica la verdad y tratar a los demás con justicia, podrás lograr una cooperación armoniosa con ellos. La clave para que una persona pueda cumplir bien con su deber y lograr una cooperación armoniosa con los demás reside en que pueda aceptar y someterse a la verdad. El calibre, los dones, la aptitud, la edad u otras circunstancias de las personas no son lo principal, son cosas secundarias. Lo más importante es observar si una persona ama la verdad, y si puede practicarla. Después de escuchar un sermón, los que aman la verdad y pueden practicarla admitirán que es lo correcto. En la vida real, cuando se encuentren con personas, acontecimientos y cosas, pondrán en práctica estas verdades. Pondrán la verdad en práctica, se transformará en su propia realidad, y en una parte de su propia vida. Se convertirá en los criterios y los principios por los que se conducen y hacen las cosas; pasará a ser aquello que viven y revelan. Al escuchar un sermón, los que no aman la verdad también admitirán que es lo correcto, y pensarán que lo entienden todo. Han grabado las doctrinas en su corazón, pero ¿cuáles son los principios y los criterios que utilizan para considerar algo cuando lo hacen? Siempre consideran las cosas según sus propios intereses; no lo hacen utilizando la verdad. Tienen miedo de que la práctica de la verdad les haga perder, y temen ser juzgados y despreciados por los demás, perder su imagen. Van de un lado a otro en sus consideraciones, y finalmente piensan: “Me limitaré a proteger mi estatus, mi reputación y mis intereses, eso es lo principal. Cuando estas cosas queden satisfechas, estaré contento. Si esto no se satisface, no seré feliz practicando la verdad ni la encontraré agradable”. ¿Es esta una persona que ama la verdad? En absoluto. Algunas personas son muy serias al escuchar sermones, e incluso toman notas. Cada vez que oyen una palabra clave o una frase importante, la anotan en un cuaderno, pero después no la usan ni la aplican. No se produce ningún cambio real visible, no importa cuánto tiempo haya pasado. ¿Parece eso propio de alguien que ame la verdad? Alguien que ama y comprende la verdad es capaz de ponerla en práctica, mientras que alguien que la comprende, pero que no la ama, no lo hace. El mayor indicador de si alguien ama la verdad es que pueda ponerla en práctica. ¿Creéis que alguien que no ama la verdad puede distinguir el bien del mal? (No puede). De hecho, puede. Por ejemplo, si en el pasado una persona así fuese gentil con alguien, pero luego ese alguien ofendiera sus intereses, dicha persona diría: “Esa persona no tiene conciencia. La ayudé en el pasado, ¡y ahora me trata así!”. Ves, habla de conciencia, pero ¿qué criterio usa para medir la conciencia de una persona, o el bien y el mal? Cualquiera que le resulte útil, así como cualesquiera palabras o actos que le beneficien; esas cosas son positivas, mientras que cualquier cosa que no le beneficie es negativa. Así de egoísta es su perspectiva. ¿Creéis que ese tipo de persona puede ganar la verdad? (No puede). ¿Por qué no? (No puede ganar la verdad porque sus acciones no siguen los principios y porque no practica de acuerdo con la verdad, sino que actúa para su propio beneficio y maquina por su cuenta en todos los aspectos). Exacto. No puede ganar la verdad. ¿Para qué clase de persona está preparada la verdad? Para personas que aman la verdad y que son capaces de abandonar todo por ella. Esas son las personas que pueden ganar la verdad, y a quienes, en definitiva, esta pertenece y les es otorgada. Significa ser capaz de poner la verdad en práctica y vivir de acuerdo con esta a cualquier precio, incluso si ello implica renunciar a los propios intereses personales o a las cosas que uno más ama, y sacrificarlos. Así se puede ganar la verdad.

¿Qué creéis que aprecian más las personas? ¿La vida humana? (Sí). De hecho, no es eso. Imagina que te piden que des tu vida por Dios. ¿Podrías darla? Imagina que te piden que te sacrifiques por Dios y mueras inmediatamente, ¿podrías hacerlo? Hay algunos que pueden hacerlo. Por lo tanto, la vida no es lo más importante para las personas, ya que están dispuestas a sacrificarse por Dios o a entregar sus vidas por Él, en cualquier momento y lugar. Sin embargo, cuando están en juego sus propios intereses o reputación y estatus, sobre todo cuando interviene su futuro y destino, ¿pueden poner en práctica la verdad y rebelarse contra su propia carne? Eso es lo más difícil de hacer. ¿Qué es lo más importante para una persona en esa situación? (Sus intereses, su futuro y su destino). Correcto. No es la vida, sino sus intereses, su estatus, su futuro y su destino; esas son las cosas que la gente más valora y aprecia. Alguien que puede entregar su propia vida por Dios no es necesariamente una persona que ame la verdad y que la ponga en práctica. Ser capaz de dar la vida por Dios podría ser solamente un eslogan. Dices que puedes sacrificarte por Dios, pero ¿eres capaz de abandonar los beneficios del estatus? ¿Puedes desprenderte del orgullo? ¿Qué es más fácil de sacrificar? (Es más fácil sacrificar la vida propia). Sí. Cuando algunas personas se enfrentan a dicha elección, aunque puedan sacrificar sus propias vidas, son incapaces de desprenderse de los beneficios del estatus o de renunciar a su propia senda equivocada. Supón que tuvieras que elegir entre dos caminos. Uno es el camino de ser una persona honesta, decir la verdad y lo que piensas, compartir tu corazón con los demás o admitir tus errores y contar las cosas como son, mostrando a los demás tu fealdad corrupta y humillándote como persona. El otro es el camino en el que decides dar la vida en martirio por Dios y entrar en el reino de los cielos cuando mueras. ¿Cuál eliges? Puede que algunos digan: “Decido dar la vida por Dios. Estoy dispuesto a morir por Él; tras la muerte, tendré premio y entraré en el reino de los cielos”. Aquellos con determinación pueden dar la vida por Dios con un único y vigoroso esfuerzo. Sin embargo, ¿es posible practicar la verdad y ser una persona honesta con ese solo esfuerzo? No, ni siquiera con dos. Si tienes voluntad cuando haces una cosa, puedes hacerla bien con un único esfuerzo; pero decir una sola vez la verdad sin mentir ya no te vuelve una persona honesta para siempre. Ser una persona honesta involucra cambiar tu carácter, y esto requiere diez o veinte años de experiencia. Debes despojarte de tu carácter falso de mentira y duplicidad para poder cumplir el estándar básico para ser una persona honesta. ¿Acaso esto no le resulta difícil a todo el mundo? Es un reto enorme. Ahora Dios quiere perfeccionar y ganarse a un grupo de personas, y todos los que persiguen la verdad deben aceptar el juicio y el castigo, las pruebas y el refinamiento, cuyo propósito es corregir su carácter falso y convertirlos en personas honestas, personas que se sometan a Dios. Esto no es algo que pueda lograrse con un único esfuerzo; exige fe sincera y hay que padecer muchas pruebas y refinaciones para lograrlo. Si Dios te pidiera ahora que fueras una persona honesta y dijeras la verdad, algo que afectara a los hechos y a tu futuro y tu destino, cuyas consecuencias podrían no resultar en tu beneficio, sino en que los demás ya no te tengan en alta estima y te parezca que tu reputación ha sido destruida… en tales circunstancias, ¿podrías ser franco y decir la verdad? ¿Podrías ser igualmente honesto? Esto es lo más difícil de hacer, mucho más que entregar tu vida. Podrías decir: “No voy a decir la verdad. Prefiero morir por Dios a decir la verdad. No quiero ser para nada una persona honesta. Prefiero morir a que todo el mundo me desprecie y piense que soy una persona corriente”. ¿Qué es lo que más aprecia la gente según esto? Lo que más aprecia la gente es su estatus y su reputación, cosas controladas por sus actitudes satánicas. La vida es secundaria. Si la situación la obligara a ello, reuniría la fortaleza necesaria para dar su vida, pero no es fácil renunciar al estatus y la reputación. Para quienes creen en Dios, dar la vida no es lo más importante; Dios exige a la gente que acepte la verdad, y que sea realmente gente honesta que dice lo que hay en su corazón, se abre y se expone ante todos. ¿Es esto fácil de hacer? (No). Dios, a decir verdad, no te pide que des la vida. ¿Acaso no te la ha dado Dios? ¿De qué le serviría a Él tu vida? Dios no la quiere. Quiere que hables con sinceridad, que muestres a los demás quién eres y lo que piensas en tu corazón. ¿Puedes mostrar tales cosas? Aquí, esta empresa se vuelve difícil, y puedes decir: “Hazme trabajar duro, y tendría fuerzas para hacerlo. Pídeme que sacrifique todos mis bienes, y podría hacerlo. Podría abandonar fácilmente a mis padres y a mis hijos, mi matrimonio y mi carrera. Sin embargo, decir lo que pienso, hablar con honestidad, eso es lo único que no puedo hacer”. ¿Por qué no puedes? Porque una vez que lo hagas, cualquiera que te conozca o esté familiarizado contigo te verá de manera diferente. Ya no te admirarán. Habrás perdido tu imagen y habrás sido humillado totalmente, y tu integridad y dignidad habrán desaparecido. Ya no existirá tu elevado estatus y prestigio en el corazón de los demás. Por eso, en esas circunstancias, no dirás la verdad pase lo que pase. Cuando la gente se encuentra con esto, se produce una batalla en sus corazones, y cuando esta termina, algunos finalmente superan sus dificultades, mientras que otros no lo hacen y siguen controlados por su corrupto carácter satánico y por su estatus, su reputación y lo que ellos llaman dignidad. Esto es una dificultad, ¿verdad? El mero hecho de hablar con honestidad y decir la verdad no es una gran gesta y, sin embargo, a muchos héroes valientes, a muchas personas que han jurado dedicarse, entregarse y gastar su vida por Dios, a muchos que le han dicho cosas grandiosas a Dios, les resulta imposible hacerlo. ¿Qué quiero decir con esto? Cuando Dios requiere que las personas cumplan bien con su deber, no les está pidiendo completar cierto número de tareas o realizar alguna gran empresa, ni desempeñar ningún gran proyecto. Lo que Dios quiere es que la gente sea capaz de hacer todo lo que esté a su alcance de manera práctica y que viva según Sus palabras. Dios no necesita que seas grande o noble ni que hagas ningún milagro, ni tampoco quiere ver ninguna sorpresa agradable en ti. Dios no necesita estas cosas. Lo único que Dios necesita es que practiques con constancia según Sus palabras. Cuando escuches las palabras de Dios, haz lo que has entendido, lleva a cabo lo que has comprendido, recuerda bien lo que has oído y entonces, cuando llegue el momento de practicar, hazlo según las palabras de Dios. Deja que se conviertan en tu vida, tus realidades y en lo que vives. Así Dios estará satisfecho. Tú siempre buscas la grandeza, la nobleza y el estatus; siempre buscas la exaltación. ¿Cómo se siente Dios cuando ve esto? Lo detesta y se distanciará de ti. Cuanto más busques cosas como la grandeza, la nobleza y la superioridad sobre los demás; ser distinguido, destacado y notable, más repugnante serás para Dios. Si no reflexionas sobre ti mismo y te arrepientes, entonces Dios te detestará y te abandonará. Evita convertirte en alguien a quien Dios encuentra repugnante, de ser una persona a la que Dios ama. Entonces, ¿cómo se puede alcanzar el amor de Dios? Aceptando la verdad en obediencia, colocándote en la posición de un ser creado, actuando con los pies en el suelo por las palabras de Dios, cumpliendo correctamente con el deber, siendo una persona honesta y viviendo con una semejanza humana. Con eso es suficiente; Dios estará satisfecho. La gente debe asegurarse de no tener ambiciones ni sueños vanos, no buscar la fama, el beneficio y el estatus ni destacar entre la multitud. Es más, no deben intentar ser una persona con grandeza o sobrehumana, superior entre los hombres y haciendo que los demás la adoren. Ese es el deseo de la humanidad corrupta, y es la senda de Satanás; Dios no salva a tales personas. Si las personas buscan sin cesar la fama, el beneficio y el estatus sin arrepentirse, entonces no existe cura para ellas, y solo hay un desenlace posible: ser descartadas. Hoy, si sois raudos para arrepentiros, aún os queda tiempo; pero cuando llegue el día en que Dios complete Su obra y las catástrofes empeoren, entonces ya no tendréis la oportunidad. Cuando llegue ese momento, los que buscan la fama, el beneficio y el estatus y, sin embargo, se niegan a arrepentirse serán descartados. Debéis tener todos claro a qué clase de personas salva la obra de Dios, y cuál es el significado de Su salvación. Dios le pide a la gente que se presente ante Él, que escuche Sus palabras, acepte la verdad, descarte su carácter corrupto y practique lo que Dios dice y ordena. Esto significa vivir según Sus palabras, en vez de según sus propias nociones, imaginaciones y filosofías satánicas o buscar la “felicidad” humana. Quienquiera que no escucha las palabras de Dios ni acepta la verdad, pero sigue viviendo, sin arrepentirse, según las filosofías de Satanás y con un carácter satánico, entonces es de la clase de persona que no puede ser salvada por Dios. Sigues a Dios, pero por supuesto, esto se debe también a que Dios te ha escogido. Sin embargo, ¿cuál es el significado de que Dios te haya escogido? Implica que te conviertes en alguien que confía en Él, que sigue verdaderamente a Dios, que puede dejarlo todo por Dios, y que es capaz de seguir Su camino; alguien que se ha despojado de su carácter satánico y ya no sigue a Satanás ni vive bajo su poder. Si sigues a Dios y cumples con un deber en la casa de Dios, y sin embargo infringes la verdad en todos los aspectos y no practicas ni experimentas de acuerdo con Sus palabras, e incluso tal vez te opones a Él, ¿podría aceptarte Dios? Desde luego que no. ¿Qué quiero decir con esto? Cumplir con tu deber no es realmente difícil, ni tampoco lo es hacerlo tan lealmente y con un estándar aceptable. No tienes que sacrificar tu vida ni hacer nada especial ni difícil, simplemente tienes que seguir las palabras e instrucciones de Dios con honestidad y firmeza, sin añadir tus propias ideas u ocuparte de tus propios asuntos: solo has de caminar por la senda de perseguir la verdad. Si la gente puede hacer esto, básicamente tendrán una semejanza humana. Cuando tiene verdadera sumisión a Dios, y se ha convertido en una persona honesta, poseerá la semejanza de un auténtico ser humano.

25 de junio de 2019

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