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La Palabra manifestada en carne (Continuación)

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Palabras Clásicas de Dios (Pasajes)

Dios es la fuente de vida para todas las cosas (IV)

Parte 3

1. Cómo gobierna y administra Dios el mundo espiritual

3) El ciclo de la vida y la muerte de las personas que siguen a Dios

Seguidamente, hablemos del ciclo de la vida y de la muerte de los que siguen a Dios. Esto os concierne, así que prestad atención. Primero, pensad en qué categorías pueden dividirse las personas que creen en Dios. Hay dos: las personas escogidas por Dios y los hacedores de servicio. En primer lugar, hablaremos de las personas escogidas por Dios, de las que sólo hay unas pocas. ¿A qué se refiere “persona escogida por Dios”? Después de que Él creara todas las cosas y existiera la humanidad, Él seleccionó a un grupo de personas que lo siguieron, y simplemente las llamó “el pueblo escogido por Dios”. La elección de estas personas por Su parte tiene un ámbito y un sentido especiales. El ámbito es que deben venir cada vez que Dios hace una obra importante: la primera de las cosas que las hace especiales. ¿Y cuál es su sentido? Su selección por Dios significa que tienen un gran significado. Es decir, Dios desea hacer completas a estas personas, y perfectas, y después de que haya terminado Su obra de gestión, Él ganará a estas personas. ¿No es grande este significado? Así pues, estas personas escogidas son de gran importancia para Dios, porque son las que Dios pretende ganar. En cuanto a los hacedores de servicio, partamos desde la predestinación de Dios, y hablemos primero de sus orígenes. El significado literal de “los hacedores de servicio” es alguien que sirve. Los que sirven son transitorios; no lo hacen a largo plazo ni eternamente, sino que son contratados o reclutados de forma temporal. La mayoría de ellos son escogidos de entre los incrédulos. Cuando vienen a la tierra se decreta que asumirán el papel de prestar servicio en la obra de Dios. Pueden haber sido un animal en su vida anterior, pero también uno de los incrédulos. Esos son los orígenes de los hacedores de servicio.

Volvamos a las personas escogidas por Dios. Cuando mueren, van a un lugar completamente diferente al de los incrédulos y las diversas personas de fe. Es un lugar en el que están acompañados por ángeles y mensajeros de Dios, administrado personalmente por Él. Aunque, en este lugar, las personas escogidas por Dios no son capaces de mirarlo con sus propios ojos, es diferente a cualquier otro sitio en el reino espiritual; es un lugar al que este grupo de personas va después de morir. Cuando fallecen, ellas también se someten a una investigación por parte de los mensajeros de Dios. ¿Y qué se investiga? Los mensajeros de Dios investigan las sendas que toman estas personas a lo largo de sus vidas en su creencia en Dios, se hayan opuesto o no a Él durante ese tiempo, lo hayan maldecido o no, y hayan cometido o no pecados o maldades graves. Esta investigación plantea la pregunta de si la persona se va o se queda. ¿A qué se refiere “irse”? ¿Y “quedarse”? “Irse” se refiere a si se quedan o no en las filas de los escogidos por Dios en base a su conducta. “Quedarse” se refiere a que pueden permanecer entre las personas que Dios hace completas durante los últimos días. Él tiene disposiciones especiales para los que se quedan. Durante cada período de Su obra, Dios enviará personas para que actúen como apóstoles o hagan la obra de reavivar las iglesias, o cuidarlas. Pero las personas que son capaces de realizar tal obra no se reencarnan con tanta frecuencia como los incrédulos, que vuelven a nacer una y otra vez; en su lugar, vuelven a la tierra de acuerdo con las necesidades y los pasos de la obra de Dios, y no son los que se reencarnan con frecuencia. ¿Existen, pues, reglas que dicten cuándo se reencarnan? ¿Vienen una vez cada pocos años? ¿Vienen con esa frecuencia? No lo hacen. ¿En qué se basa esto? Se basa en la obra de Dios, en los pasos de Su obra y Sus necesidades, y no hay reglas. ¿Cuál es la única regla? Es que cuando Dios lleve a cabo la etapa final de Su obra durante los últimos días, estas personas escogidas vendrán en medio del hombre. Cuando vengan todas, esta será la última vez que se reencarnarán. ¿Y por qué ocurre esto? Esto se basa en el resultado que debe lograrse durante la última etapa de la obra de Dios, porque durante esta última etapa de la obra, Él hará totalmente completas a estas personas. ¿Qué significa esto? Si, durante esta fase final, estas personas son hechas completas y perfectas, no se reencarnarán como antes; el proceso de ser humano llegará a un final completo, así como también lo hará el proceso de reencarnación. Esto tiene relación con aquellos que permanecerán. ¿Adónde van entonces los que no pueden quedarse? Los que no pueden quedarse tienen un lugar apropiado al que ir. Primeramente —como con los otros—, como consecuencia de sus fechorías, los errores y pecados cometidos, ellos también son castigados. Después de castigarlos, Dios los envía con los incrédulos; según las circunstancias, Él dispondrá que estén entre los incrédulos o entre las diversas personas de fe. Es decir, tienen dos opciones: una es vivir quizás entre las personas de una cierta religión después del castigo, y la otra es pasar a ser un incrédulo. Si ocurre esto último, perderán toda oportunidad. Mientras que si pasan a ser una persona de fe, si, por ejemplo, se convierten en cristianos, seguirán teniendo la opción de volver a las filas de los escogidos por Dios; existen relaciones muy complejas en esto. En pocas palabras, si una de las personas escogidas por Dios hace algo que lo ofende, será castigada como cualquier otra. Veamos a Pablo, por ejemplo, del que hablamos anteriormente. Pablo es un ejemplo de los que son castigados. ¿Estáis captando una idea de lo que estoy hablando? ¿Es fijo el ámbito de las personas escogidas por Dios? (En su mayor parte sí.) Su mayor parte es fija, pero una pequeña parte no lo es. ¿Por qué? Porque han cometido maldades. Aquí, me he referido al ejemplo más obvio: cometer maldades. Cuando las personas lo hacen, Dios no las quiere, y cuando Dios no las quiere, las echa en medio de diversas razas y tipos de personas, lo que las deja sin esperanza, y dificulta su regreso. Todo esto tiene relación con el ciclo de la vida y la muerte del pueblo escogido por Dios.

Después está el ciclo de la vida y de la muerte de los hacedores de servicio. Acabamos de hablar de ellos; ¿cuáles son sus orígenes? (Algunos eran incrédulos, otros eran animales.) Quienes prestan servicio se reencarnaron de los incrédulos y los animales. Con la llegada de la última etapa de la obra, Dios ha seleccionado de los incrédulos un grupo de tales personas, y es un grupo especial. El objetivo de Dios al escoger a estas personas es que sirvan a Su obra. “Servicio” no es una palabra que suene muy elegante ni es algo que una persona esté dispuesta a hacer, pero debemos mirar a quién va dirigido. Hay un sentido especial en la existencia de los hacedores de servicio para Dios. Nadie más podría desempeñar su papel, porque Dios los escogió, y ahí es donde reside el significado de su existencia. ¿Y cuál es el papel de estos que prestan servicio? Servir a las personas escogidas por Dios. Principalmente, su papel es servir a la obra de Dios, cooperar con esta y con la terminación de aquellas por Su parte. Independientemente de si están trabajando, desempeñando alguna obra o acometiendo ciertas tareas, ¿cuáles son los requisitos de Dios para estas personas? ¿Es muy exigente con ellas? (Él les pide que sean leales.) Los hacedores de servicio también deben ser leales. Independientemente de tus orígenes, o de por qué te escogió Dios, debes ser leal: debes ser leal a Dios, a lo que Él te comisiona, así como a la obra de la que eres responsable y las obligaciones que cumples. Si los hacedores de servicio son capaces de ser leales, y satisfacer a Dios, ¿cuál será entonces su fin? Podrán permanecer. ¿Es una bendición ser alguien que presta servicio y que permanece? ¿Qué significa permanecer? ¿Qué significa esta bendición? En estatus parecen diferentes a las personas escogidas por Dios, parecen distintas. En realidad, sin embargo, ¿no es lo que disfrutan en esta vida lo mismo que las personas escogidas por Dios? Como mínimo, en esta vida es lo mismo. No niegas esto, ¿verdad? Las declaraciones de Dios, Su gracia, Su provisión, Sus bendiciones; ¿quién no disfruta estas cosas? Todos disfrutan de tal abundancia. La identidad de quien presta servicio es servir, pero para Dios, están entre todas las cosas que Él creó, sólo que su papel es prestar servicio. Por tanto, ¿qué dices tú? Como una de las criaturas de Dios, ¿existe diferencia entre quien presta servicio y las personas escogidas por Dios? En efecto, no la hay. Hablando nominalmente, hay una diferencia, en esencia también, en términos del papel que desempeñan también, pero Dios no discrimina a estas personas. ¿Por qué se las define entonces como quienes prestan servicio? Deberíais entender esto. Los hacedores de servicio provienen de los incrédulos. La mención de estos nos dice que su pasado es malo: son todos ateos, en su pasado lo fueron, no creían en Dios y eran hostiles hacia Él, la verdad y las cosas positivas. No creían en Dios y no creían que hubiera un Dios, ¿pueden entender por tanto las palabras de Dios? Es justo decir que, en gran medida, no pueden hacerlo. Del mismo modo que los animales son incapaces de entender las palabras humanas, los que prestan servicio no entienden lo que Dios está diciendo, lo que Él requiere, por qué pone semejantes exigencias; estas cosas son incomprensibles para ellos, que permanecen en la ignorancia. Y, por esta razón, estas personas no poseen la vida de la que hemos hablado. Sin vida, ¿pueden entender las personas la verdad? ¿Están equipadas con la verdad? ¿Están equipadas con la experiencia y el conocimiento de las palabras de Dios? Sin duda no. Tales son los orígenes de los hacedores de servicio. Pero como Dios hace que estas personas presten servicio, sigue habiendo estándares para Sus exigencias hacia ellas; Él no las mira con desdén ni es indiferente con ellas. Aunque no entiendan Sus palabras y no tengan vida, Dios sigue siendo bueno con ellas, y sigue habiendo estándares de Sus exigencias para ellas. Acabáis de hablar de los mismos: ser leal a Dios, y hacer lo que Él dice. En tu servicio debes servir donde seas necesario, y debes hacerlo hasta el final. Si puedes servir hasta el final, si puedes prestar servicio con lealtad y eres capaz de hacerlo hasta el final, de completar perfectamente la comisión que Dios te ha dado, vivirás una vida de valor, y podrás permanecer. Si pones un poco más de esfuerzo, si lo intentas con más fuerza, eres capaz de doblar tus esfuerzos para conocer a Dios, puedes hablar un poco del conocimiento de Él, puedes dar testimonio de Él y si, además, puedes entender algo de Su voluntad, puedes cooperar en Su obra y ser de alguna forma consciente de Su voluntad, tú, el que presta servicio, tendrás un cambio de fortuna. ¿Y cuál será este cambio de fortuna? Dejarás de ser capaz de permanecer sencillamente. Basándose en tu conducta y en tus aspiraciones y tus búsquedas personales, Dios te convertirá en uno de los escogidos. Este será tu cambio de fortuna. Para los que prestan servicio, ¿qué es lo mejor de esto? Es que puedan llegar a ser una de las personas escogidas por Dios. ¿Y qué significa que se conviertan en una de las personas escogidas por Dios? Significa que ya no se reencarnan más como animal tal como ocurre con el incrédulo. ¿Eso es bueno? Lo es, y son buenas noticias. Es decir, los hacedores de servicio pueden moldearse. No es el caso de que, para quien presta servicio, cuando Dios te destina a servir, lo harás eternamente; eso no es necesariamente así. Basándose en tu conducta individual, Dios te tratará y te contestará de forma diferente.

Sin embargo, algunos de los hacedores de servicio son incapaces de servir hasta el final; durante su servicio, algunos se rinden a mitad de camino y abandonan a Dios, algunos hacen muchas cosas malas, y otros incluso causan un daño y un deterioro tremendos a la obra de Dios; algunos hasta llegan a maldecir a Dios, y así sucesivamente; ¿y qué significan estas consecuencias irremediables? Cualquiera de tales actos malvados significa la finalización de su servicio. Es decir, como tu conducta durante tu servicio ha sido demasiado deficiente, como te has excedido, cuando Dios vea que tu servicio no cumple los requisitos te despojará de tu elegibilidad para servir, no te dejará hacerlo, te quitará de delante de Sus ojos y de la casa de Dios. ¿Acaso no es que no quieres servir? ¿No deseas siempre hacer el mal? ¿No eres siempre infiel? Bien, entonces hay una solución fácil: se te despojará de tu elegibilidad para servir. Para Dios, despojar a quien presta servicio de su elegibilidad para servir significa que se ha proclamado el final de esta persona, y de esta forma, ya no se le podrá elegir más para servir a Dios, Él ya no necesita más su servicio, y por muchas cosas agradables que diga sus palabras serán en vano. Cuando las cosas han llegado a este punto, la situación se ha vuelto irremediable; los que prestan servicio así no tienen vuelta atrás. ¿Y cómo trata Dios a estas personas? ¿Hace simplemente que dejen de servir? No. ¿Impide simplemente que permanezcan? ¿O los pone a un lado, y espera que rectifiquen? No lo hace. Dios no es tan amoroso con los hacedores de servicio, de verdad. Por tanto, si una persona tiene este tipo de actitud en su servicio a Dios, como consecuencia de esta actitud Él la despojará de su elegibilidad para servir, y la echará de nuevo con los incrédulos. ¿Y cuál es el destino de quien presta servicio y ha sido echado con los incrédulos? Es el mismo que el de estos: reencarnarse como un animal y recibir el castigo de los incrédulos en el mundo espiritual. Y Dios no tendrá ningún interés personal en su castigo, porque ya no tendrán ninguna relevancia para Su obra. Este no es sólo el final de su vida de fe en Dios, sino también el de su propio destino, la proclamación de este y, por tanto, si los que prestan servicio lo hacen deficientemente, tendrán que cargar con las consecuencias. Si uno de ellos es incapaz de servir hasta el final o es despojado de su elegibilidad para servir a mitad de camino, será echado entre los incrédulos; y, si esto ocurre, será tratado como el ganado, y de la misma forma como las personas sin intelecto o racionalidad. Cuando lo expreso así, lo entendéis, ¿verdad?

Así es la gestión de Dios del ciclo de la vida y de la muerte de Sus personas escogidas y los hacedores de servicio. ¿Cómo os sentís después de haber oído esto? ¿He hablado alguna vez del tema que acabo de mencionar, el de las personas escogidas por Dios y los hacedores de servicio? Lo he hecho realmente, pero no lo recordáis. Dios es justo con Sus personas escogidas y los hacedores de servicio. Es justo en todos los aspectos; de esto no hay duda. Quizás haya personas que dirán: “Bien, ¿entonces por qué es Dios tan tolerante con los escogidos? ¿Y por qué sólo es un poco paciente con los que prestan servicio?”. ¿Desea alguien defender a los hacedores de servicio? “¿Puede Dios dar más tiempo a los hacedores servicio, y ser más paciente y tolerante con ellos?”. ¿Son correctas estas palabras? (No, no lo son.) ¿Y por qué no lo son? (Porque realmente se nos ha demostrado favor simplemente haciéndonos uno de los que prestan servicio.) ¡Ya se les ha demostrado favor simplemente permitiéndoles servir! Sin el calificativo “los hacedores de servicio”, y sin su obra, ¿dónde estarían estos? Entre los incrédulos, viviendo y muriendo con el ganado. ¡Qué grandes gracias disfrutan hoy, permitiéndoseles venir delante de Dios, y a Su casa! ¡Esta es una gracia tremenda! Si Dios no te hubiera dado la oportunidad de servir, nunca habrías tenido la oportunidad de venir delante de Él. Por decir algo, aunque alguien sea budista y haya conseguido la inmortalidad, como mucho eres un recadero en el mundo espiritual; nunca te encontrarás con Dios ni oirás Su voz, ni Sus palabras, ni sentirás Su amor y bendiciones para ti, y sin duda no podrás estar nunca cara a cara con Él. La única cosa delante de los budistas son las tareas simples. No pueden conocer a Dios en absoluto, y simplemente pueden cumplir y obedecer, ¡mientras los hacedores de servicio ganan mucho durante esta etapa de la obra! Primeramente, pueden venir cara a cara con Dios, oír Su voz, Sus palabras, y experimentar las gracias y bendiciones que Él da a las personas. Además, pueden disfrutar las palabras y verdades dadas por Él. ¡Realmente ganan mucho! ¡Muchísimo! Por tanto, si como alguien que presta servicio, ni siquiera puedes hacer el esfuerzo correcto, ¿seguiría Dios manteniéndote? ¡Él no pide mucho de ti! Dios no puede mantenerte. No haces nada de lo que Él te pide de la forma adecuada, no has cumplido con tu obligación; por tanto, sin duda, Dios no puede mantenerte. Así es Su carácter justo. Él no te sobreprotege, pero tampoco te discrimina. Así son los principios por los cuales actúa Dios. Él actúa de esta forma con todas las personas y las criaturas.

Cuando se trata del mundo espiritual, si los diversos seres que se encuentran en él hacen algo incorrecto, si no cumplen como es debido con su tarea, Dios tiene edictos y decretos celestiales correspondientes para ocuparse de ellos; esto es irrefutable. Por tanto, durante la obra de varios miles de años de gestión de Dios, algunos alguaciles que hicieron lo incorrecto fueron exterminados; algunos siguen hoy estando retenidos y siendo castigados. Esto es a lo que debe enfrentarse cada ser en el mundo espiritual. Si hacen algo erróneo o cometen maldades, se les castiga, que es exactamente lo mismo que la estrategia de Dios con Sus personas escogidas y los hacedores de servicio. Y así, tanto en el mundo espiritual como en el material, los principios por los que Dios actúa no cambian. Independientemente de si puedes ver o no las acciones de Dios, Sus principios no cambian. En todo momento, Él ha tenido los mismos principios en Su estrategia con todas las cosas y en Su gestión de estas. Esto es inmutable. Dios será benevolente con aquellos de entre los incrédulos que vivan de una manera relativamente adecuada, y guardará oportunidades con las personas de cada religión que se comporten bien y no hagan el mal, permitiéndoles desempeñar su papel en todas las cosas gestionadas por Él, y llevar a cabo lo que deberían hacer. De forma parecida, entre los que siguen a Dios, Sus personas escogidas, Él no discrimina a nadie según estos principios Suyos. Él es benevolente con todos los que son capaces de seguirlo sinceramente, y ama a todos los que lo hacen de forma sincera. Sencillamente, lo que Él concede a estos varios tipos de personas —los incrédulos, las diversas personas de fe y las escogidas por Él— es diferente. Veamos el caso de los incrédulos: aunque no creen en Dios, y Él los ve como ganado, entre todas las cosas cada uno de ellos tiene alimentos para comer, un lugar propio y un ciclo normal de vida y muerte. Los que hacen el mal son castigados, y los que hacen el bien son bendecidos y reciben la bondad de Dios. Así son las cosas. Para las personas de fe, si son capaces de regirse estrictamente por los preceptos religiosos cada vez que vuelven a nacer, después de todos esos nuevos renacimientos Dios les hará finalmente Su proclamación. De manera similar, en el caso de todos los que están sentados aquí hoy, ya sean personas escogidas por Él o los hacedores de servicio, Dios también los regularizará y determinará su final de acuerdo con las normativas y decretos administrativos que ha establecido. Mirad, entre estos diversos tipos de personas, los diversos tipos de personas de fe que pertenecen a las distintas religiones, ¿les ha proporcionado Dios un espacio para vivir? ¿Dónde está el judaísmo? ¿Ha interferido Dios en su fe? En absoluto. ¿Y qué ocurre con el cristianismo? Él no ha interferido en lo más mínimo. Él les permite ceñirse a sus propios procedimientos, y no habla con ellos ni les da ilustración alguna; tampoco les revela nada: “Si piensas que es correcto, ¡cree entonces de esta manera!”. Los católicos creen en María, y que por medio de ella se transmitieron las nuevas a Jesús; esta es su forma de creencia. ¿Y ha corregido Dios su fe alguna vez? Él les da rienda suelta, no les presta atención y les proporciona cierto espacio en el cual vivir. ¿Ocurre lo mismo con los musulmanes y los budistas? Él también ha establecido límites para ellos, y les permite vivir dentro de su propio espacio vital, sin interferir en su respectiva fe. Todo está bien ordenado. ¿Qué percibís en todo esto? Que Dios posee autoridad, pero que no abusa de ella. Él dispone todas las cosas en un orden perfecto, y es metódico; en esto reside Su sabiduría y omnipotencia.

Hoy hablamos de un tema nuevo y especial, concerniente a asuntos del mundo espiritual: es un aspecto de la administración de Dios del mundo espiritual y de Su dominio del mismo. Cuando no entendíais estas cosas, podíais haber dicho: “Todo lo que tiene que ver con esto es un misterio, y no tiene nada que ver con nuestra entrada en la vida; estas cosas están separadas de cómo viven realmente las personas, y no necesitamos entenderlas ni deseamos oír de ellas. No tienen relación en absoluto con conocer a Dios”. Ahora bien, ¿pensáis que pensar así supone algún problema? ¿Es un pensamiento correcto? No, no lo es, y plantea graves problemas. Esto se debe a que si deseas entender cómo gobierna Dios sobre todas las cosas, no puedes limitarte a entender únicamente lo que puedes ver y obtener por medio de tu pensamiento. También debes entender algo del otro mundo que es invisible para ti, pero que está inextricablemente vinculado a este que puedes ver. Esto concierne a la soberanía de Dios, al tema de “Dios es la fuente de vida para todas las cosas”; es información al respecto. Sin ella habría defectos y deficiencias en el conocimiento que las personas tienen de cómo Dios es la fuente de vida para todas las cosas. Así pues, se puede decir que lo que hemos hablado hoy ha redondeado lo que dijimos con anterioridad, así como el contenido de “Dios es la fuente de vida para todas las cosas”. Una vez entendido esto, ¿puedes conocer ahora a Dios por medio de este contenido? ¿Y qué es más importante? Hoy os he transmitido una información sumamente importante: el secreto de los hacedores de servicio. Sé que os gusta de verdad escuchar hablar de temas como este, que os preocupáis realmente por estas cosas; ¿os sentís, pues, satisfechos con lo que he hablado hoy? (Sí, nos sentimos satisfechos.) Puede que no tengáis una fuerte impresión de otras cosas, pero sí tenéis una impresión particularmente fuerte de lo que se ha dicho sobre los hacedores de servicio, porque este tema toca el alma de cada uno de vosotros.

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