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La Palabra manifestada en carne (Continuación)

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Palabras Clásicas de Dios (Pasajes)

Hoy estamos comunicando un tema importante que se viene debatiendo desde el comienzo de la obra de Dios hasta ahora, y que es de vital importancia para cada persona. En otras palabras, es un asunto con el que todos entrarán en contacto a lo largo del proceso de su creencia en Dios y debe tratarse. Es crucial e inevitable, y la humanidad no puede apartarse del mismo. Hablando de importancia, ¿qué es lo más importante para cada creyente en Dios? Algunas personas piensan que es entender la voluntad de Dios; algunos creen que es comer y beber más de las palabras de Dios; otros opinan que es conocerse a uno mismo; otros son de la opinión de que lo más importante es saber cómo encontrar la salvación por medio de Dios, cómo seguirle, y cómo cumplir Su voluntad. Hoy dejaremos a un lado todas estas cuestiones. Entonces, ¿de qué hablaremos? Estamos exponiendo un tema sobre Dios. ¿Es esta la cuestión más importante para cada persona? ¿Cuál es el contenido de un asunto sobre Dios? Por supuesto, este tema no puede en modo alguno separarse del carácter de Dios, de Su esencia y Su obra. De manera que hoy hablaremos de “la obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo”.

Desde el momento en que el hombre empezó a creer en Dios, ha estado en contacto con temas como la obra de Dios, Su carácter y Dios mismo. En cuanto a la obra de Dios, algunas personas afirmarán: “La obra de Dios se ha hecho en nosotros; la experimentamos cada día, así que estamos familiarizados con ella”. En alusión al carácter de Dios, algunas personas declararán: “El carácter de Dios es un tema que estudiamos, exploramos, y en el que nos centramos toda nuestra vida, por lo que deberíamos estar familiarizados con él”. En cuanto a Dios mismo, algunos explicarán: “Dios mismo es Aquel a quien seguimos, en quien tenemos fe, y a quien buscamos, así que tampoco estamos desinformados sobre Él”. Desde la creación, Dios no ha detenido nunca Su obra, a lo largo de la cual ha continuado expresando Su carácter y ha usado diversas formas para expresar Su palabra. Asimismo, Él nunca ha dejado de expresarse a sí mismo y de expresar Su esencia a la humanidad, manifestando Su voluntad para el hombre y lo que exige de él. Por tanto, desde una perspectiva literal, estos temas no deberían ser extraños para nadie. Sin embargo, los que siguen a Dios en la actualidad, desconocen casi por completo la obra de Dios, Su carácter y a Él mismo. ¿Por qué sucede eso? Cuando el hombre experimenta la obra de Dios, también entra en contacto con Él y esto le hace sentir como si entendiera Su carácter o conociera una parte de cómo este es. En consecuencia, el hombre no se siente un extraño para la obra o el carácter de Dios. Más bien piensa que está muy familiarizado con Él y que comprende mucho de Él. Pero, basándose en la situación actual, el entendimiento que mucha gente posee sobre Dios está restringido a lo que han leído en libros, se limita al ámbito de las experiencias personales, está refrenado por sus imaginaciones y, sobre todo, se confina a hechos que pueden ver con sus propios ojos. Todo esto está muy lejos del verdadero Dios mismo. ¿Cómo de lejos es este “lejos”? Quizás el hombre no esté seguro, o tal vez tenga un poco de sentido, cierta idea; pero cuando se trata de Dios mismo, el entendimiento que el ser humano tiene de Él está demasiado lejos de la esencia del verdadero Dios mismo. Por esta razón tenemos que usar, necesariamente, un tema como “La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo” para comunicar sistemática y específicamente esta información.

En realidad, el carácter de Dios está abierto a todos y no se oculta, porque Él nunca ha evitado conscientemente a nadie ni ha buscado esconderse a propósito para que las personas no sean capaces de conocerle o entenderle. El carácter de Dios siempre ha estado abierto y delante de cada persona, de una manera directa. Durante la gestión de Dios, Él hace Su obra frente a todos; y esta se lleva a cabo en cada persona. Cuando realiza Su obra, está revelando Su carácter de un modo continuado, usando Su esencia, lo que Él tiene y es para guiar a cada persona y proveer para ella. En toda era y en toda etapa, fueran las circunstancias buenas o malas, el carácter de Dios siempre ha estado abierto a cada individuo; Sus posesiones y Su ser siempre están abiertos a cada ser humano, como también Su vida provee constantemente y sin cesar para la humanidad y la sustenta. A pesar de todo esto, el carácter de Dios sigue escondido para algunos. ¿Por qué? Se debe a que, aunque estos vivan en la obra de Dios y le sigan, nunca han procurado entenderle ni han querido llegar a conocerle; y mucho menos acercarse a Él. Para estas personas, entender el carácter de Dios significa que su final está llegando; que están a punto de ser juzgados y condenados por el carácter de Dios. Por tanto, estas personas nunca han deseado entender a Dios o Su carácter, y no codician una comprensión o conocimiento más profundo de Su voluntad. No pretenden comprender Su voluntad por medio de una colaboración consciente; sencillamente disfrutan siempre, y nunca se cansan de hacer lo que quieren hacer; creer en el Dios en quien quieren creer, en ese que sólo existe en sus imaginaciones, el que sólo existe en sus conceptos; y creer en un Dios que no puede separarse de ellos en sus vidas cotidianas. Cuando se trata del verdadero Dios mismo, son completamente despectivos, sin deseo de entenderle ni de prestarle atención, y con menos intención aún de acercarse más cerca de Él. Sólo usan las palabras que Dios expresa para disimular, para presentarse. Para ellos, esto los convierte en creyentes exitosos y en personas que tienen fe en Dios en sus corazones, donde son guiados por sus imaginaciones, sus conceptos, y hasta por sus definiciones personales de Dios. Por el contrario, el verdadero Dios mismo, no tiene absolutamente nada que ver con ellos. Y es que una vez que entienden al verdadero Dios mismo, Su verdadero carácter, y entienden lo que Él tiene y es, esto significa que sus actos, su fe, y sus búsquedas serán condenados. Esta es la razón por la que no están dispuestos a entender la esencia de Dios, y por la que son reticentes y no quieren buscar activamente ni orar para entender mejor al Dios, conocer mejor Su voluntad y entender mejor Su carácter. Preferirían que Él fuera algo inventado, vacío e impreciso; alguien exactamente igual a como lo imaginaron, que puede estar a su entera disposición, que provea de forma inagotable y esté siempre disponible. Cuando quieren disfrutar la gracia de Dios, le piden a Él que sea esa gracia. Cuando necesitan la bendición de Dios, solicitan que Él sea esa bendición. Cuando se enfrentan a la adversidad, le piden a Dios que los envalentone, que sea su red de seguridad. El conocimiento que estas personas tienen de Dios está atascado en el ámbito de la gracia y la bendición. Su entendimiento de la obra de Dios, de Su carácter y de Él también se limita simplemente a sus imaginaciones y a letras y doctrinas. Pero algunas personas están deseosas de entender el carácter de Dios, quieren genuinamente ver a Dios mismo, y entender de verdad Su carácter y lo que Él tiene y es. Estas personas están buscando la realidad de la verdad y la salvación de Dios, y buscan recibir Su conquista, Su salvación y Su perfección. Ellas usan su corazón para leer la palabra de Dios, para apreciar cada situación y a cada persona, acontecimiento o cosa que Dios ha dispuesto para ellas, y oran y buscan con sinceridad. Lo que más quieren es conocer la voluntad de Dios y entender Su verdadero carácter y esencia. De esta forma no le ofenderán más, y por medio de sus experiencias serán capaces de ver más de Su hermosura y Su lado verdadero. Así, el Dios genuinamente real también existirá en sus corazones, y tendrá un lugar en ellos; dejarán de vivir entre imaginaciones, conceptos, o imprecisiones. La razón por la cual estas personas tienen un deseo apremiante de entender el carácter de Dios y Su esencia es que son cosas que la humanidad podría necesitar en cualquier momento de sus experiencias, cosas que proveen vida a lo largo de sus existencias. Una vez que entiendan el carácter de Dios, serán capaces de venerarle mejor, de cooperar mejor con Su obra, de ser más consideradas hacia Su voluntad y de cumplir sus deberes con la mejor de sus capacidades. Estos son los dos tipos de personas cuando se trata de las actitudes hacia el carácter de Dios. Las primeras no quieren entenderlo. Aunque afirman desear comprenderlo, llegar a conocer a Dios mismo, ver lo que Él tiene y lo que Él es, y apreciar genuinamente Su voluntad, en lo más profundo preferirían que Él no existiese. Esto se debe a que este tipo de personas desobedecen continuamente a Dios y se resisten a Él; luchan con Él por la posición en sus propios corazones y a menudo dudan de Su existencia o incluso la niegan. No quieren dejar que el carácter de Dios o el Dios mismo real ocupe sus corazones. Sólo quieren satisfacer sus propios deseos, imaginaciones y ambiciones. Así pues, estas personas pueden creer en Dios, seguirle, y también abandonar a sus familias y sus trabajos por Él, pero no ponen fin a sus caminos malvados. Algunos incluso roban o despilfarran ofrendas, o maldicen a Dios en privado, mientras otros podrían usar sus posiciones para testificar repetidamente sobre sí mismos, enaltecerse, y competir con Dios por personas y estatus. Usan diversos métodos y medidas para hacer que las personas los adoren, intentando constantemente ganar a otros y controlarlos; algunos hasta engañan a propósito a las personas para que piensen que son Dios y que pueden ser tratados como tal. Nunca les dirían que han sido corrompidas, que también son corruptos y arrogantes, y que no los adoren; y que por muy bien que lo hagan, todo se debe a la exaltación de Dios y que es lo que deberían estar haciendo en cualquier caso. ¿Por qué no dicen estas cosas? Porque temen profundamente perder su lugar en los corazones de las personas. Por esta razón, estas personas no exaltan nunca a Dios ni dan testimonio de Él, ya que nunca han intentado entenderle. ¿Pueden conocer a Dios sin entenderlo? ¡Imposible! Por tanto, aunque las palabras del tema “La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo” puedan ser simples, su significado es diferente para cada uno. Para quien desobedece con frecuencia a Dios, le resiste, y es hostil hacia Él, significan condenación, mientras que para aquel que busca la realidad de la verdad y viene delante de Dios a menudo en busca de Su voluntad, será como pez al agua. También entre vosotros, cuando algunos oyen hablar del carácter y de la obra de Dios, empieza a dolerles la cabeza, sus corazones se llenan más y más de oposición y se sienten extremadamente incómodos. Sin embargo, otros piensan: Este tema es justo lo que necesito, porque es muy beneficioso para mí. Es una parte que no puede faltar en mi experiencia vital; es el meollo del meollo, el fundamento de la fe en Dios, y algo que la humanidad no puede permitirse abandonar. A todos vosotros, este tema puede pareceros cercano o lejano a la vez, desconocido pero familiar. No obstante y en cualquier caso, es un tema que todos los aquí presentes deben escuchar, conocer, y entender. No importa cómo lidies con él ni cómo lo consideres o recibas, no se puede ignorar su importancia.

Dios ha estado haciendo Su obra desde que creó a la humanidad. Al principio, esta era muy simple, pero aun así seguía conteniendo expresiones de Su esencia y de Su carácter. Aunque la obra de Dios se ha elevado ahora, al poner Él una enorme cantidad de trabajo concreto en cada persona que lo sigue y expresar una cantidad significativa de Su palabra, desde el principio hasta el presente, la persona de Dios ha sido escondida para la humanidad. Aunque Él se ha encarnado dos veces, desde la época de los relatos bíblicos hasta los días modernos, ¿quién ha visto nunca la persona real de Dios? Basándoos en vuestro entendimiento, ¿ha visto alguien alguna vez la persona real de Dios? No. Nadie ha visto la persona real de Dios, lo que significa que nadie ha visto nunca el verdadero ser de Dios. Esto es algo con lo que todos están de acuerdo. Es decir, la persona real de Dios, o Su Espíritu, está oculto de toda la humanidad, incluidos Adán y Eva, a quienes creó, y también al justo Job, a quien aceptó. Ni siquiera ellos vieron la persona real de Dios. ¿Pero por qué enmascara Dios voluntariamente Su persona real? Algunos responden: “Dios teme asustar a la gente”. Otros dicen: “Dios esconde Su persona real, porque el hombre es demasiado pequeño y Él demasiado grande; no permite que los humanos le vean, o de lo contrario morirán”. Están también aquellos que afirman: “Dios está ocupado gestionando Su obra cada día; podría no tener tiempo para aparecerse y que las personas lo vean”. Independientemente de lo que creáis, tengo Mi conclusión sobre esto. ¿Cuál es esa conclusión? Que Dios ni siquiera quiere que las personas vean Su persona real. Esconderse de la humanidad es algo que Él hace con deliberación. En otras palabras, es el propósito de Dios que la gente no vea Su persona real. Esto ya debería estar claro para todos. Si Dios nunca le ha mostrado Su persona a nadie, ¿creéis que esta existe? (Existe.) Por supuesto que sí. La existencia de la persona de Dios es indiscutible. Pero en cuanto a Su grandeza o Su aspecto, ¿debería investigar la humanidad estas cuestiones? No. La respuesta es negativa. Si la persona de Dios no es un tema que deberíamos explorar, ¿cuál es, pues, la cuestión que debemos analizar? (El carácter de Dios.) (La obra de Dios.) Sin embargo, antes de comenzar a comunicar el tema oficial, volvamos a lo que estábamos debatiendo hace un momento: ¿por qué no ha mostrado Dios nunca Su persona a la humanidad? ¿Por qué esconde Dios intencionadamente Su persona de la humanidad? Sólo hay una razón, y es esta: aunque el hombre creado ha existido durante miles de años de la obra de Dios, no hay una sola persona que conozca dicha obra, Su carácter, y Su esencia. A los ojos de Dios, estas personas se oponen a Él, y Él nunca se mostraría a personas que le son hostiles. Esta es la única razón por la que Dios nunca ha mostrado Su persona a la humanidad y por la que la protege deliberadamente de ellos. ¿Tenéis clara ahora la importancia de conocer el carácter de Dios?

Desde la existencia de la gestión de Dios, Él siempre ha estado totalmente dedicado a llevar a cabo Su obra. A pesar de ocultar Su persona del hombre, siempre ha estado a su lado, obrando en él, expresando Su carácter, guiando a toda la humanidad con Su esencia, y haciendo Su obra en cada persona por medio de Su poder, Su sabiduría, y Su autoridad, dando así lugar a la Era de la Ley, la Era de la Gracia, y ahora la Era del Reino. Aunque Dios oculte Su persona del hombre, Su carácter, Su ser y posesiones, así como Su voluntad hacia la humanidad, se le revelan sin reservas para que los vea y experimente; en otras palabras, aunque los seres humanos no puedan ver ni tocar a Dios, Su carácter y Su esencia con las que la humanidad ha estado en contacto son absolutamente expresiones de Dios mismo. ¿Acaso no es verdad? Independientemente del método o del ángulo que Dios use para llevar a cabo Su obra, Él siempre trata a las personas con Su identidad verdadera, haciendo lo que se supone que debe hacer, y diciendo lo que se supone que debe decir. No importa desde dónde hable Dios —podría estar en el tercer cielo, o en la carne, o incluso bajo el aspecto de una persona ordinaria—, Él siempre le habla al hombre con todo Su corazón y toda Su mente, sin ningún engaño ni ocultación. Cuando lleva a cabo Su obra, Dios expresa Su palabra y Su carácter, lo que tiene y lo que es, sin ninguna reserva en absoluto. Él dirige a la humanidad con Su vida, Su ser y Sus posesiones. Así vivía el hombre en la Era de la Ley —la era de la cuna de la humanidad—, bajo la dirección del Dios invisible e intocable.

Dios se hizo carne, por primera vez, después de la Era de la Ley, una encarnación que duró treinta y tres años y medio. Para un ser humano, ¿es esto un largo tiempo? (No es largo.) Dado que la duración de la vida de un ser humano suele ser mucho más extensa que treinta y tantos años, no es mucho tiempo para el hombre. Sin embargo, estos treinta y tres años y medio son muy largos para el Dios encarnado. Él pasó a ser una persona, una persona corriente que cargaba con la obra y la comisión de Dios. Esto significaba que tenía que asumir el trabajo que una persona ordinaria no podía manejar y, a la vez, soportar un sufrimiento que las personas ordinarias no pueden resistir. Por mucho que las personas de hoy no hayan presenciado la cantidad de sufrimiento que el Señor Jesús soportó durante la Era de la Gracia, desde el comienzo de Su obra hasta que fue clavado en la cruz, ¿no podéis al menos percibir un poco de este a través de las historias de la Biblia? Independientemente de cuántos detalles existan en esos hechos recogidos, la obra de Dios durante este período estuvo, en general, llena de dificultades y sufrimiento. Para un ser humano corrupto, treinta y tres años y medio no es mucho tiempo; un poco de sufrimiento no es un gran problema. Pero para el Dios santo, inmaculado, que tiene que cargar con todos los pecados de la humanidad, comer, dormir y vivir con pecadores, este dolor es demasiado grande. Él es el Creador, el Señor de todas las cosas y el Gobernador de todo; pero cuando vino al mundo tuvo que soportar la opresión y la crueldad de hombres corruptos. A fin de completar Su obra y rescatar a la humanidad de la miseria, tuvo que ser condenado por el hombre, y cargar con los pecados de toda la humanidad. Las personas ordinarias no pueden comprender ni apreciar el grado de sufrimiento por el que pasó. ¿Qué representa este sufrimiento? Representa la devoción de Dios por la humanidad. Representa la humillación que sufrió y el precio que pagó por la salvación del hombre, para redimir sus pecados y completar esta etapa de Su obra. También quiere decir que el hombre sería redimido por Dios desde la cruz. Este es un precio pagado en sangre, en vida, un precio que los seres creados no se pueden permitir. Al tener la esencia de Dios y estar equipado con lo que Dios tiene y es, puede soportar esa clase de sufrimiento y este tipo de obra. Esto es algo que ningún ser creado puede hacer en Su lugar. Esta es la obra de Dios durante la Era de la Gracia y una revelación de Su carácter. ¿Revela esto algo acerca de lo que Dios tiene y es? ¿Le merece la pena a la humanidad llegar a conocerlo?

En aquella era, aunque el hombre no vio la persona de Dios, recibió Su ofrenda por el pecado y fue redimido por Él desde la cruz. Puede que la humanidad esté familiarizada con la obra que Dios hizo durante la Era de la Gracia, ¿pero lo está alguien con el carácter y la voluntad expresados por Dios durante este período? El hombre meramente conoce el contenido de la obra de Dios durante distintas eras por medio de diversos canales, o sabe de historias relativas a Dios que tuvieron lugar al mismo tiempo que Él estaba llevando a cabo Su obra. Estos detalles e historias son, como mucho, tan sólo un poco de información o leyendas sobre Dios, y no tienen nada que ver con Su carácter y Su esencia. De modo que, sin importar cuántas historias conozcan las personas sobre Dios, eso no significa que tengan un entendimiento y un conocimiento profundos de Su carácter o Su esencia. Como ocurrió en la Era de la Ley, aunque las personas de la Era de la Gracia habían experimentado un contacto cercano e íntimo con Dios en la carne, su conocimiento del carácter y la esencia divinos era prácticamente inexistente.

En la Era del Reino, Dios volvió a hacerse carne, del mismo modo en que lo hizo la primera vez. Durante este período de obra, Dios sigue expresando Su palabra sin reservas, lleva a cabo la obra que debería hacer, y expresa lo que tiene y es. Al mismo tiempo, Él sigue soportando y tolerando la desobediencia y la ignorancia del hombre. ¿Acaso no revela Dios también, continuamente, Su carácter y expresa Su voluntad durante este período de obra? Así pues, desde la creación del hombre hasta ahora, el carácter de Dios, Su ser y posesiones, y Su voluntad, siempre han estado abiertos a cada persona. Él nunca ha escondido deliberadamente Su esencia, Su carácter, o Su voluntad. Lo que ocurre es que a la humanidad no le importa lo que Dios está haciendo ni lo que es Su voluntad; por eso es que el entendimiento que el hombre tiene de Dios es tan patéticamente escaso. En otras palabras, aunque Dios oculte Su persona, también está junto a la humanidad en todo momento, proyectando abiertamente Su voluntad, carácter y esencia a todas horas. En cierto sentido, la persona de Dios también está abierta a las personas, pero su ceguera y desobediencia, impiden que el hombre sea alguna vez capaz de ver la aparición de Dios. Así que si este es el caso, entonces ¿no debería ser fácil para todos entender el carácter de Dios y a Dios mismo? Esta pregunta es muy difícil de responder, ¿verdad? Puedes decir que es fácil, pero aunque algunas personas busquen conocer a Dios, no pueden conseguirlo realmente ni obtener un entendimiento claro de Él; siempre es confuso y vago. Pero si dices que no es fácil, tampoco es correcto. Habiendo sido el objeto de la obra de Dios durante tanto tiempo, todo el mundo debería tener tratos genuinos con Él por medio de sus experiencias. Al menos deberían haber sentido a Dios hasta cierto punto en sus corazones, o haber chocado previamente con Él en un nivel espiritual y, por tanto, deberían tener al menos cierta conciencia emocional del carácter de Dios o haber obtenido algún entendimiento de Él. Desde el momento en que el hombre comenzó a seguir a Dios hasta ahora, la humanidad ha recibido mucho; sin embargo, por todo tipo de razones —el calibre inadecuado del hombre, su ignorancia, su rebeldía, e intenciones varias—, también ha perdido mucho de ello. ¿No le ha dado Dios ya suficiente a la humanidad? Aunque Él esconda Su persona de los humanos, les provee todo lo que Él tiene y es, e incluso Su vida; el conocimiento que la humanidad tiene de Dios no debería ser tan sólo aquello que es ahora. Por ello pienso que es necesario comunicar más con vosotros sobre el tema de la obra de Dios, Su carácter y Dios mismo. El propósito es que los miles de años de cuidados y pensamientos que Él ha derramado en el hombre no pasen en vano, y que la humanidad pueda por tanto entender y apreciar genuinamente la voluntad de Dios hacia ella. Esto es para que las personas puedan ir hacia delante en un nuevo paso en su conocimiento de Dios. También devolverá a Dios a Su lugar legítimo en los corazones de las personas, es decir, le hará justicia.

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