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Desde el principio hasta hoy, sólo el hombre ha sido capaz de conversar con Dios. Es decir, entre todas las cosas vivientes y criaturas de Dios, ninguna excepto el ser humano ha sido capaz de hacerlo. El hombre tiene oídos que le permiten oír, y ojos que le permiten ver, tiene lenguaje, sus propias ideas y libre albedrío. Posee todo lo necesario para oír hablar de Dios, entender Su voluntad y aceptar Su comisión, y así Dios confiere todos Sus deseos al hombre, queriendo hacer de él un compañero que piense como Él y pueda andar con Él. Desde que comenzó a gestionar, Dios ha estado esperando que el hombre le dé su corazón, le deje purificarlo y equiparlo, para que lo satisfaga a Él y Él lo ame; para que le venere y se aparte del mal. Dios siempre ha anhelado y esperado este desenlace. ¿Hay personas así entre los relatos de la Biblia? Es decir, ¿hay alguien en la Biblia capaz de dar su corazón a Dios? ¿Hay algún precedente antes de esta era? Hoy, continuemos leyendo los relatos de la Biblia y veamos si lo que hizo este personaje —Job— guarda alguna relación con el tema de “darle tu corazón a Dios” del que estamos hablando hoy. Veamos si Job satisfacía a Dios y era amado por Él.

¿Qué impresión os causa Job? Citando la escritura original, algunos afirman que Job era “temeroso de Dios y apartado del mal”. “Temeroso de Dios y apartado del mal”: esa es la valoración original de Job registrada en la Biblia. ¿Cómo identificaríais a Job con vuestras propias palabras? Para algunos, era un hombre bueno y razonable; otros aseguran que tenía una fe verdadera en Dios; y los hay que opinan que era un hombre justo y humano. Habéis visto la fe de Job, es decir, la atribuís una gran importancia en vuestros corazones y la envidiáis. Veamos, pues, hoy lo que poseía este hombre para que Dios estuviera tan complacido con él. Leamos, a continuación, las siguientes escrituras.

C. Job

1. Valoraciones que Dios y la Biblia hacen de Job

(Job 1:1) Hubo un hombre en la tierra de Uz, cuyo nombre era Job; y ese hombre fue perfecto y recto. Era uno que temía a Dios y se apartaba del mal.

(Job 1:5) Y fue así, cuando los días de fiesta habían terminado, que Job los enviaba y los santificaba, y se levantaba muy temprano en la mañana para dar ofrendas de acuerdo con el número de todos ellos; porque Job decía: Tal vez mis hijos han pecado y maldecido a Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días.

(Job 1:8) Y Jehová dijo a Satanás: ¿Has considerado a Mi siervo Job, no hay ningún otro como él en la tierra, un hombre perfecto y recto, que teme a Dios y se aparta del mal?

¿Qué idea fundamental veis en estos pasajes? Estas tres breves porciones de la escritura tienen relación con Job. Aunque cortas, declaran con claridad qué tipo de persona era. A través de su descripción del comportamiento y la conducta cotidianos de Job, les indican que, en lugar de carecer de fundamento, la valoración que Dios hace de Job era justificada. Nos señalan que tanto la opinión del hombre sobre Job (Job 1:1) como la de Dios (Job 1:8) son el resultado de los hechos de este delante de Dios y del hombre (Job 1:5).

Primero, leamos el pasaje número uno: “Hubo un hombre en la tierra de Uz, cuyo nombre era Job; y ese hombre fue perfecto y recto. Era uno que temía a Dios y se apartaba del mal”. La primera valoración de Job en la Biblia es esta frase, que es la opinión del autor respecto a él y, naturalmente, también representa la valoración de Job por parte del hombre: “ese hombre fue perfecto y recto. Era uno que temía a Dios y se apartaba del mal”. A continuación, leamos la valoración que Dios hace de Job: “no hay ningún otro como él en la tierra, un hombre perfecto y recto, que teme a Dios y se aparta del mal” (Job 1:8). De las dos, una procedía del hombre, y la otra se originó en Dios; son dos valoraciones con el mismo contenido. Puede verse, por tanto, que el hombre conocía el comportamiento y la conducta de Job, y también que Dios los elogiaba. En otras palabras, la conducta de Job delante del hombre y de Dios era la misma; ponía su comportamiento y su motivación delante de Dios en todo momento, para que Él pudiera observarlas, y era alguien temeroso de Dios, que se apartaba del mal. Así pues, a los ojos de Dios, sólo Job era perfecto y recto, alguien que temía a Dios y se apartaba del mal entre las personas de la tierra.

Manifestaciones específicas de que Job temía a Dios y se apartaba del mal en su vida cotidiana

Seguidamente, veamos cómo se manifiesta, de manera específica, que Job temía a Dios y se apartaba del mal. Además de los pasajes anteriores y posteriores, leamos también Job 1:5, una de las manifestaciones específicas mencionadas. Guarda relación con su forma de temerle a Dios y de apartarse del mal en su vida cotidiana; de forma destacada, no sólo hacía lo que debía por su propio temor de Dios y para apartarse del mal, sino que ofrecía holocaustos, con regularidad, delante de Dios por causa de sus hijos. Tenía miedo de que estos “han pecado y maldecido a Dios en sus corazones” en sus banquetes. ¿Y cómo se expresaba este temor en Job? El texto original proporciona el siguiente relato: “Y fue así, cuando los días de fiesta habían terminado, que Job los enviaba y los santificaba, y se levantaba muy temprano en la mañana para dar ofrendas de acuerdo con el número de todos ellos”. La conducta de Job nos muestra que, en lugar de manifestarse en su comportamiento exterior, su temor de Dios venía desde su corazón, y podía encontrarse en cada aspecto de su vida cotidiana, en todo momento, porque no sólo se apartaba del mal, sino que sacrificaba frecuentemente holocaustos por sus hijos. En otras palabras, Job no sólo temía profundamente pecar contra Dios y renunciar a Él en su corazón, sino que también se preocupaba de que sus hijos pudieran pecar contra Dios y renunciaran a Él en sus corazones. A partir de esto podemos ver que la verdad del temor de Job hacia Dios supera el escrutinio, y está más allá de la duda de cualquier hombre. ¿Lo hacía de manera ocasional o con frecuencia? La frase final del texto es: “De esta manera hacía todos los días”. Estas palabras significan que Job no pasaba ocasionalmente a ver a sus hijos, o cuando le placía ni se confesaba a Dios por medio de la oración. En su lugar, enviaba y santificaba a sus hijos con regularidad, y sacrificaba holocaustos por ellos. “Todos los días” no significa que lo hiciese durante uno o dos días, o por un momento. Está diciendo que la manifestación del temor de Dios por parte de Job no era temporal, y no se detenía en el conocimiento, o en palabras habladas, sino que el camino del temor a Dios y apartarse del mal guiaba su corazón, dictaba su comportamiento y era, en su corazón, la raíz de su existencia. Que lo hiciera continuamente muestra que, en su corazón, con frecuencia temía pecar él mismo contra Dios y también que lo hicieran sus hijos. Representa el peso que tenía en su corazón el camino del temor a Dios y apartarse del mal. Lo hacía continuamente porque, en su corazón, estaba aterrorizado y temeroso: temeroso de haber cometido alguna maldad y pecado contra Dios, de haberse desviado de Su camino y, por tanto, no poder satisfacer a Dios. Al mismo tiempo, también se preocupaba de sus hijos, temiendo que hubieran ofendido a Dios. Esa era la conducta normal de Job en su vida cotidiana. Es, precisamente, esta conducta normal la que demuestra que el temor de Job hacia Dios y el apartarse del mal no eran palabras vacías, que él vivía de verdad esa realidad. “De esta manera hacía todos los días”: estas palabras nos hablan de los hechos cotidianos de Job delante de Dios. ¿Llegaban hasta Dios su comportamiento y su corazón, al hacer estas cosas de un modo continuado? En otras palabras, ¿se agradaba Dios a menudo de su corazón y su comportamiento? Entonces, ¿en qué estado y en qué contexto hacía Job estas cosas continuamente? Algunas personas dicen que Job actuaba así porque Dios se le aparecía con frecuencia; otros afirman que actuaba así, porque estaba dispuesto a apartarse del mal; y otros que quizá él pensaba que su fortuna no había llegado fácilmente, sabía que Dios se la había concedido, y por tanto estaba profundamente temeroso de perder su propiedad como consecuencia de pecar contra Dios y ofenderle. ¿Son ciertas estas afirmaciones? Desde luego que no. Porque, a los ojos de Dios, lo que Él aceptaba y valoraba más de Job no era tan sólo su proceder continuo, sino su conducta delante de Él, del hombre y de Satanás cuando se le entregó a este para ser tentado. Las secciones siguientes ofrecen la prueba más convincente, que nos muestra la verdad de la valoración que Dios hizo de Job. A continuación, leamos los siguientes pasajes de la escritura.

2. Satanás tienta a Job por primera vez (le roban su ganado y la calamidad cae sobre sus hijos)

A. Las palabras que Dios habló

(Job 1:8) Y Jehová dijo a Satanás: ¿Has considerado a Mi siervo Job, no hay ningún otro como él en la tierra, un hombre perfecto y recto, que teme a Dios y se aparta del mal?

(Job 1:12) Y Jehová dijo a Satanás: Mira, todo lo que él posee está en tu poder, solo que no pongas tu mano sobre él. Entonces Satanás salió de la presencia de Jehová.

B. La respuesta de Satanás

(Job 1:9-11) Entonces Satanás respondió a Jehová, y dijo: ¿Teme Job a Dios en vano? ¿No has puesto una cerca alrededor de él, de su casa y de todo lo que tiene por doquier? Has bendecido el trabajo de sus manos y sus propiedades han crecido en la tierra. Pero estira Tu mano ahora, y toca todo lo que tiene, y él te maldecirá de frente.

Dios le permite a Satanás que tiente a Job para que su fe se perfeccione

Job 1:8 es el primer relato que vemos en la Biblia de un diálogo entre Jehová Dios y Satanás. ¿Y qué dijo Dios? El texto original provee el siguiente relato: “Y Jehová dijo a Satanás: ¿Has considerado a Mi siervo Job, no hay ningún otro como él en la tierra, un hombre perfecto y recto, que teme a Dios y se aparta del mal?” Esta fue la valoración que Dios hizo de Job delante de Satanás; lo catalogó como hombre perfecto y recto, que temía a Dios y se apartaba del mal. Antes de estas palabras entre Dios y Satanás, el primero había decidido usar a Satanás para tentar a Job: lo entregaría en manos de Satanás. Por un lado, esto demostraría que la observación y la evaluación que Dios hizo sobre Job eran precisas y sin error, y que provocaría que Satanás fuera avergonzado por medio del testimonio de Job; por otro, perfeccionaría la fe de este en Dios y su temor de Él. Por tanto, cuando Satanás vino delante de Dios, este no fue ambiguo. Fue directamente al grano y le preguntó a Satanás: “¿Has considerado a Mi siervo Job, no hay ningún otro como él en la tierra, un hombre perfecto y recto, que teme a Dios y se aparta del mal?”. La pregunta de Dios conlleva el siguiente significado: Dios sabía que Satanás había deambulado por todas partes, y había espiado con frecuencia a Job, Su siervo. Lo había tentado y atacado a menudo, tratando de encontrar una forma de traer la ruina sobre él para demostrar que su fe en Dios y su temor de Él no podrían mantenerse firmes. Satanás también buscó, flagrantemente, oportunidades para destruir a Job, para que renunciara a Dios y esto le permitiera arrebatarlo de Sus manos. Pero Dios miró dentro del corazón de Job y vio que era perfecto y recto, y que le temía y se apartaba del mal. Dios usó una pregunta para decirle a Satanás que Job era un hombre perfecto y recto que le temía y se apartaba del mal, que nunca renunciaría a Él para seguirle. Oyendo la valoración que Dios hacía de Job, se produjo en Satanás un enfurecimiento nacido de la humillación, se enojó aún más, y se impacientó más para arrebatar a Job, porque nunca creyó que alguien pudiera ser perfecto y recto, o que pudiera temer a Dios y apartarse del mal. Al mismo tiempo, Satanás también aborrecía la perfección y la rectitud en el hombre, y odiaba a las personas que podían temer a Dios y apartarse del mal. Así está escrito en Job 1:9-11: “Entonces Satanás respondió a Jehová, y dijo: ¿Teme Job a Dios en vano? ¿No has puesto una cerca alrededor de él, de su casa y de todo lo que tiene por doquier? Has bendecido el trabajo de sus manos y sus propiedades han crecido en la tierra. Pero estira Tu mano ahora, y toca todo lo que tiene, y él te maldecirá de frente”. Dios estaba íntimamente familiarizado con la naturaleza maliciosa de Satanás, y sabía muy bien que desde hacía mucho este había planeado traer la ruina sobre Job, y por tanto Dios deseaba decirle una vez más a Satanás que Job era perfecto y recto, que temía a Dios y que se había apartado del mal, y con ello obligarlo a revelar su verdadero rostro y que atacara y tentara a Job. En otras palabras, Dios deliberadamente enfatizó que Job era perfecto y recto, que temía a Dios y que se había apartado del mal, provocando con ello que Satanás atacara a Job por el odio y la ira que sentía de que este fuera un hombre perfecto y recto, uno que temía a Dios y que se había apartado del mal. Como consecuencia, Dios traería vergüenza sobre Satanás por medio del hecho de que Job era un hombre perfecto y recto, uno que temía a Dios y que se había apartado del mal, y Satanás quedaría totalmente humillado y derrotado. Después de esto, Satanás ya no dudaría más ni haría más acusaciones respecto a Job en cuanto a su perfección, justicia, temor de Dios o alejamiento del mal. De esta forma, la prueba de Dios y la tentación de Satanás eran casi inevitables. El único capaz de resistirlas era Job. Tras el diálogo, Satanás consiguió el permiso para tentar a Job. Así comenzó su primera ronda de ataques. El objetivo de los mismos fueron las propiedades de Job, porque Satanás hizo la siguiente acusación contra él: “¿Teme Job a Dios en vano? […] Has bendecido el trabajo de sus manos y sus propiedades han crecido en la tierra”. Por tanto, Dios le permitió a Satanás que tomara todos los bienes de Job: propósito de la conversación entre Dios y Satanás. Sin embargo, Dios le exigió una cosa a Satanás: “Mira, todo lo que él posee está en tu poder, solo que no pongas tu mano sobre él” (Job 1:12). Esta fue la condición de Dios tras permitirle a Satanás tentar a Job y dejar a este en sus manos. Fue el límite establecido: le ordenó no hacerle daño a Job. Dios reconoció que este era perfecto y recto, y tenía fe en que su perfección y rectitud estuvieran fuera de toda duda, y en que pudiera resistir la prueba. Así pues, permitió la tentación de Satanás, pero le impuso una restricción: podía tomar todas las propiedades de Job, pero no podía ponerle un dedo encima. ¿Qué quiere decir esto? Significa que Dios no entregó a Job del todo en manos de Satanás. Este podía tentarlo con los medios que quisiese, pero no podía hacerle daño, ni siquiera a un pelo de su cabeza, porque Dios controla la totalidad del hombre, decide si este vive o muere, y Satanás no tiene tal licencia. Después de que le dirigiera estas palabras a Satanás, este se sentía impaciente por empezar. Usó todos los medios para tentar a Job, y este no tardó en perder abundantes ovejas y bueyes, así como todas las propiedades que Dios le había dado… De este modo llegaron a él las pruebas de Dios.

Aunque la Biblia nos habla de los orígenes de la tentación de Job, ¿era Job, el objeto de las mismas, consciente de lo que estaba aconteciendo? Sólo era un hombre mortal; por supuesto, no sabía nada de la historia que se desarrollaba a sus espaldas. Sin embargo, su temor de Dios, su perfección y su rectitud, hicieron que tomara consciencia de que las pruebas de Dios habían venido sobre él. Desconocía lo que sucedió en el reino espiritual y cuáles eran los propósitos de Dios subyacentes a estas. No obstante, sabía que independientemente de lo que le ocurriese, debía mantenerse en su perfección y su rectitud, permanecer en el camino del temor a Dios y apartarse del mal. Dios observó claramente la actitud y la reacción de Job ante estos asuntos. ¿Y qué vio? Vio el corazón de Job, que le temía, porque desde el principio hasta que fue probado, su corazón permaneció abierto a Dios, expuesto delante de Él, y Job no renunció a su perfección o rectitud ni desechó, ni se alejó del camino del temor a Dios ni de apartarse del mal; nada era más gratificante para Dios. Seguidamente, vamos a ver las tentaciones por las que pasó Job y cómo trató estas pruebas. Leamos las escrituras.

C. La reacción de Job

(Job 1:20-21) Entonces Job se levantó y rasgó su ropa; se afeitó la cabeza y cayó al suelo en adoración diciendo: Salí desnudo del vientre de mi madre y desnudo regresaré a él; Jehová dio y Jehová quitó; bendito sea el nombre de Jehová.

Que Job asuma que debe devolver todo lo que posee brota de su temor de Dios

Después de que Dios dijera a Satanás: “Todo lo que él posee está en tu poder, solo que no pongas tu mano sobre él”, este partió, y pronto se sucedieron ataques repentinos y feroces contra Job: primero, le robaron sus bueyes y asnos, y mataron a sus siervos; después, sus ovejas y siervos se quemaron hasta la destrucción; a continuación, le robaron sus camellos y mataron a sus siervos; finalmente, sus hijos murieron. Esta cadena de ataques fue el tormento sufrido por Job durante la primera tentación. Tal como Dios ordenó, las posesiones de Job y sus hijos fueron el objetivo de estos ataques; él no sufrió daño alguno. Sin embargo, en un instante, Job pasó de ser un hombre poseedor de grandes riquezas a alguien que no tenía nada. Nadie podría haber resistido este asombroso golpe por sorpresa ni haber reaccionado adecuadamente frente al mismo, pero Job puso de manifiesto su lado extraordinario. Las Escrituras proveen el siguiente relato: “Entonces Job se levantó y rasgó su ropa; se afeitó la cabeza y cayó al suelo en adoración”. Esta fue la primera reacción de Job tras oír que había perdido a sus hijos y todas sus propiedades. Sobre todo, no pareció sorprendido ni asustado, ni mucho menos expresó ira u odio. Ves, por tanto, que en su corazón ya había reconocido que estos desastres no eran un accidente ni provenían de la mano del hombre, y mucho menos eran la llegada de la retribución o el castigo. En su lugar, las pruebas de Jehová habían venido sobre él; era Jehová quien quería tomar sus propiedades y sus hijos. Job estaba muy tranquilo y con las ideas muy claras. Su humanidad perfecta y recta le permitía emitir, de forma racional y natural, juicios y decisiones precisos sobre los desastres que habían caído sobre él y, en consecuencia, se comportó con una calma inusual: “Entonces Job se levantó y rasgó su ropa; se afeitó la cabeza y cayó al suelo en adoración”. “Rasgó su ropa” significa que estaba desnudo, y no tenía nada; “se afeitó la cabeza” significa que había vuelto delante de Dios como un bebé recién nacido; “cayó al suelo en adoración” significa que había venido al mundo desnudo, y en ese día, todavía sin nada, había regresado a Dios como un recién nacido. Ninguna criatura de Dios habría podido tener la actitud de Job frente a todo lo que le había sucedido. Su fe en Jehová superaba el ámbito de la creencia; ese era su temor de Dios, su obediencia a Él, y no sólo fue capaz de dar gracias a Dios por darle cosas, sino también por quitárselas. Además, fue capaz de asumir que tenía que devolver todo lo que poseía, incluida su vida.

El temor que Job tenía de Dios y su obediencia a Él son un ejemplo para la especie humana, y su perfección y rectitud fueron la cúspide de la humanidad que el hombre debería poseer. Aunque no veía a Dios, era consciente de que Él existía realmente, y esta consciencia hacía que le temiera; podía obedecerle por su temor de Él. Dio rienda suelta a Dios para que tomase todo lo que tenía, sin quejarse, y se postró delante de Él y manifestó que, incluso si Dios tomaba su carne en ese mismo momento, él le permitiría hacerlo con alegría, sin quejarse. Toda su conducta se debía a su humanidad perfecta y recta. Es decir, como consecuencia de su inocencia, su honestidad y su bondad Job no se tambaleó en su conciencia y experiencia de la existencia de Dios, y sobre este fundamento se impuso exigencias y estandarizó su pensamiento, su comportamiento, su conducta y sus principios de acción delante de Dios, según Él lo dirigiera y de acuerdo con Sus hechos, que él había visto entre todas las cosas. A lo largo del tiempo, sus experiencias provocaron en él un temor real y práctico, y le hicieron apartarse del mal. Esta era la fuente de la integridad a la que Job se aferraba con firmeza. Su humanidad era sincera, inocente y amable, y tenía una experiencia práctica de temor y obediencia a Dios, y de apartarse del mal, así como el conocimiento de que “Jehová dio y Jehová quitó”. Sólo por estas cosas fue capaz de permanecer firme y dar testimonio en medio de los ataques despiadados de Satanás; sólo por ellas fue capaz de no decepcionar a Dios y darle una respuesta satisfactoria cuando Sus pruebas cayeron sobre él. Aunque la conducta de Job durante la primera tentación fue muy recta, las generaciones posteriores no tenían asegurado lograr esa rectitud ni siquiera después de una vida de esfuerzos, ni poseerían necesariamente la conducta de Job descrita más arriba. Hoy, frente a la conducta recta de Job, y comparándola con el clamor y la determinación de “obediencia absoluta y lealtad hasta la muerte” que muestran quienes afirman creer en Dios y seguirle, ¿os sentís profundamente avergonzados o no?

Cuando lees en las escrituras todo lo que Job y su familia sufrieron, ¿cuál es tu reacción? ¿Te pierdes en tus pensamientos? ¿Estás sorprendido? ¿Podrían definirse como “terribles” las pruebas que cayeron sobre Job? En otras palabras, es suficientemente espantoso leer de las pruebas de Job descritas en las Escrituras, por no mencionar cómo habrían sido en realidad. Ves, pues, que lo que cayó sobre Job no fue un simulacro, sino una “batalla” real, con “pistolas” y “balas”. ¿Pero de quién era la mano que lo sometió a estas pruebas? Por supuesto, Satanás las ejecutó personalmente; pero fueron autorizadas por Dios. ¿Dijo Él a Satanás con qué medios tentar a Job? No. Simplemente puso una condición, tras la cual la tentación cayó sobre Job. Cuando esto ocurrió, las personas contemplaron un sentido de la maldad y la fealdad de Satanás, de su malicia y su desprecio del hombre, de su enemistad con Dios. En esto vemos que las palabras no pueden describir el grado de crueldad de esta tentación. Puede decirse que la naturaleza maliciosa con la que Satanás maltrató al hombre, y su feo rostro, se revelaron por completo en ese momento. Aprovechó la oportunidad que Dios le había permitido para someter a Job a un maltrato febril y despiadado, cuyo método y nivel de crueldad fueron inimaginables y completamente intolerables para las personas de hoy. En lugar de decir que Job fue tentado por Satanás, y que se mantuvo firme durante esta tentación, es mejor decir que en las pruebas establecidas por Dios para él, Job se embarcó en una competición con Satanás para proteger su perfección y rectitud, y defender su camino de temer a Dios y apartarse del mal. En esta pugna, Job perdió una montaña de ovejas y ganado, todas sus propiedades, sus hijos, pero no abandonó su perfección, su rectitud, su temor de Dios. Dicho de otro modo, en esta lucha contra Satanás prefirió verse privado de sus propiedades y de sus hijos antes que perder su perfección, su rectitud, y su temor de Dios. Prefirió aferrarse a la raíz de lo que significa ser un hombre. Las Escrituras proveen un relato conciso de todo el proceso por el cual Job perdió sus bienes, y también documentan la conducta y la actitud de Job. Estos relatos concisos y breves dan la sensación de que Job estaba casi relajado cuando afrontó esta tentación; pero si se tuviese que recrear lo que ocurrió en realidad, sumado a lo que es la naturaleza maliciosa de Satanás, las cosas no serían tan simples o fáciles como se describen en estas frases. La realidad fue mucho más cruel. Así es el nivel de devastación y odio con el que Satanás trata a la humanidad y a todos los que son aprobados por Dios. Si Él no le hubiera ordenado que no le hiciera daño a Job, sin duda lo habría matado sin el menor reparo. Satanás no quiere que se adore a Dios ni que quienes son justos, perfectos y rectos a Sus ojos puedan seguir temiendo a Dios y apartándose del mal, porque esto significa que se alejan de Satanás y lo abandonan. Por ello, se aprovechó del permiso de Dios para acumular sin misericordia toda su rabia y su odio sobre Job. Ves, pues, lo grande que fue el tormento sufrido por Job, desde la mente hasta la carne, desde el exterior hasta el interior. Hoy no vemos cómo fue en aquel momento, y en los relatos de la Biblia sólo podemos entrever las emociones de Job cuando se vio sometido al tormento en su día.

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