Palabras sobre cómo decide Dios el resultado de la gente (Fragmento 78)

En la obra de Dios de los últimos días, Él determina los resultados de las personas según sus manifestaciones. ¿Sabéis a qué alude aquí “manifestaciones”? Podríais pensar que manifestaciones alude al carácter corrupto que revelan las personas al hacer las cosas, pero eso no es lo que esto significa en realidad. En este sentido, manifestaciones se refiere a si eres o no capaz de practicar la verdad; si eres o no capaz de ser fiel mientras desempeñas tu deber; tu perspectiva respecto a creer en Dios, tu actitud hacia Dios, tu determinación a sufrir adversidades; tu actitud respecto a aceptar el juicio, el castigo y la poda; la cantidad de transgresiones graves que hayas cometido; y el grado en que finalmente logres el arrepentimiento y la transformación. Todo esto combinado es lo que conforma tus manifestaciones. En este sentido, las manifestaciones no se refieren a cuántas actitudes corruptas hayas revelado o cuántas cosas malas hayas hecho, sino a los resultados que hayas obtenido y al nivel de cambio verdadero que hayas experimentado a partir de tu creencia en Dios. Si los desenlaces de las personas estuvieran determinados en función de cuánta corrupción ha revelado su naturaleza, nadie podría alcanzar la salvación, ya que los seres humanos son todos profundamente corruptos, poseen una naturaleza satánica y se resisten a Dios. Dios quiere salvar a aquellas personas que pueden aceptar la verdad y someterse a Su obra. No importa cuánta corrupción revelen, siempre y cuando puedan finalmente aceptar la verdad, lograr el arrepentimiento verdadero y experimentar el cambio real, son personas salvas por Dios. Hay quienes no logran ver esto con claridad y piensan que cualquiera que ejerza como líder revelará más actitudes corruptas y aquel que revele más corrupción será descartado definitivamente y no logrará sobrevivir. ¿Este punto de vista es correcto? Aunque los líderes revelen más corrupción, si son personas que persiguen la verdad, entonces están calificados para experimentar el juicio y el castigo de Dios. Pueden embarcarse en la senda de ser salvos y perfeccionados, y finalmente serán capaces de dar un testimonio hermoso para Dios. Estas son personas que verdaderamente han cambiado. Si los desenlaces de las personas se determinaran en función de cuánto se revela de su carácter corrupto, entonces mientras más sirvan como líderes y obreros, más rápidamente serían reveladas. Si ese fuera el caso, ¿quién se atrevería a ser líder u obrero? ¿Quién podría llegar al punto de ser usado y perfeccionado por Dios? ¿No es este punto de vista demasiado absurdo? Dios principalmente observa si las personas pueden aceptar y practicar la verdad, si son capaces de mantenerse firmes en su testimonio, y si verdaderamente han cambiado. Si tienen un testimonio verdadero y han experimentado el cambio real, esas son personas a las que Dios aprueba. Algunas personas parecen revelar poca corrupción en la superficie, pero carecen de un testimonio vivencial verdadero. No han cambiado realmente, y Dios no las aprueba.

Dios determina el desenlace de una persona en función de sus manifestaciones y de su esencia. Las manifestaciones aquí hacen referencia a si una persona es leal a Dios, si siente amor por Él, si practica la verdad y hasta qué punto ha cambiado su carácter. Es basándose en estas manifestaciones y en su esencia que Dios determina el desenlace de una persona, no a partir de cuánto revela su carácter corrupto. Si piensas que Dios determina el desenlace de una persona en función de cuánta corrupción revela, entonces has malinterpretado Sus intenciones. De hecho, todas las personas tienen la misma esencia corrupta, hay solo una diferencia respecto de si tienen o no humanidad buena o mala, y si pueden aceptar o no la verdad. No importa cuánto uno revele su carácter corrupto, Dios sabe bien qué yace en las profundidades de su corazón; no es necesario que lo ocultes. Dios observa las profundidades del corazón de las personas. Sin importar si se trata de algo que haces de frente o a espaldas de los demás, o qué quieres hacer en tu corazón, todo esto queda expuesto ante Dios. ¿Cómo sería posible que Dios no esté al tanto de lo que hacen las personas en secreto? ¿No es esto un autoengaño? En realidad, no importa cuán falsa sea la naturaleza de una persona, no importa cuántas mentiras diga, no importa cuán hábil sea para simular y engañar, Dios conoce todo como a la palma de Su mano. Dios conoce así de bien a los líderes y a los obreros. ¿No conoce entonces también así de bien a Sus seguidores comunes? Algunos piensan: “Cualquiera que lidere es tonto e ignorante y provoca su propia destrucción, porque actuar como líder inevitablemente hace que las personas revelen corrupción para que Dios la vea. ¿Se revelaría tanta corrupción si no hicieran ellos esta obra?”. ¡Qué idea tan absurda! Si no actúas como líder, ¿no revelarás corrupción? Si no eres un líder, incluso si demuestras menos corrupción, ¿significa esto que has logrado la salvación? De acuerdo con este argumento, ¿son todos aquellos que no sirven como líderes los que pueden sobrevivir y ser salvos? ¿No es esta afirmación demasiado ridícula? Las personas que sirven como líderes guían al pueblo escogido de Dios a comer y beber la palabra de Dios, y a experimentar la obra de Dios. Este requerimiento y estándar es elevado, por lo que es inevitable que los líderes revelen algunos estados corruptos cuando comienzan su formación. Esto es normal y Dios no lo condena. Dios no solo no lo condena, sino que además esclarece, ilumina y guía a esas personas, y les impone cargas adicionales. Siempre que logren someterse a la guía y obra de Dios, progresarán más rápido en la vida que la gente común. Si son personas que persiguen la verdad, pueden embarcarse en la senda de ser perfeccionadas por Dios. Esto es lo que Dios más bendice. Algunas personas no pueden verlo, y distorsionan los hechos. Según la interpretación humana, por mucho que cambie un líder, eso a Dios no le importará; Él solo observará cuánta corrupción revelan los líderes y obreros, y los condenará solo en función de eso. Y aquellos que no son líderes y obreros, al revelar poca corrupción, incluso si no cambian, Dios no los condenará. ¿No es esto absurdo? ¿No es una blasfemia contra Dios? Si te resistes tan seriamente a Dios en tu corazón, ¿puedes ser salvo? No puedes ser salvo. Dios determina los desenlaces de las personas sobre todo en función de si tienen la verdad y un testimonio verdadero, y eso depende principalmente de si son personas que persiguen la verdad. Si persiguen la verdad y pueden arrepentirse verdaderamente luego de ser juzgados y castigados por cometer una transgresión, entonces, mientras no digan palabras o hagan cosas que blasfemen a Dios, sin duda serán capaces de lograr la salvación. De acuerdo a vuestras elucubraciones, todos los creyentes comunes que siguen a Dios hasta el fin pueden obtener la salvación, y aquellos que sirven como líderes deben ser todos descartados. Si os pidieran a vosotros que fuerais líderes, pensaríais que no es correcto no hacerlo, pero que si fuerais a servir como líderes, involuntariamente revelaríais corrupción, y eso sería como enviaros a vosotros mismos a la guillotina. ¿Todo esto no lo causan vuestros malentendidos acerca de Dios? Si los desenlaces de las personas se determinaran en función de la corrupción que revelan, nadie podría ser salvo. En ese caso, ¿de qué valdría que Dios haga la obra de salvación? Si ese fuera el caso, ¿dónde radicaría la justicia de Dios? La humanidad no sería capaz de ver el carácter justo de Dios. Por lo tanto, todos vosotros habéis malinterpretado las intenciones de Dios, lo cual demuestra que no tenéis un conocimiento verdadero de Él.

Dios determina los desenlaces de las personas en función de sus manifestaciones, y las manifestaciones aquí hacen referencia a los resultados de la obra de Dios en ellas. Os pondré una analogía: en un huerto, el dueño riega y abona los árboles, y después espera recoger sus frutos. Los árboles que dan fruto son buenos y serán conservados; los que no, son definitivamente árboles malos y no pueden conservarse. Considerad esta situación: un árbol da fruto, pero a la vez contrae una enfermedad y es necesario cortar algunas de sus ramas malas. ¿Creéis que se debería conservar este árbol? Sí, se debería conservar, y será un buen árbol una vez podado y tratado. Considerad otra situación: un árbol no sufre ninguna enfermedad, pero no da fruto; un árbol así no debería conservarse. ¿Qué significa “dar fruto” aquí? Se refiere a la obra de Dios que logra resultados. Como las personas han sido corrompidas por Satanás, inevitablemente revelarán su corrupción en el transcurso de experimentar la obra de Dios, e inevitablemente cometerán algunas transgresiones. Sin embargo, al mismo tiempo, la obra de Dios logrará algunos resultados en ellas. Si a Dios no le importaran estos resultados y solo se fijara en el carácter corrupto que la gente revela, entonces no sería posible salvar a las personas. Los resultados de la salvación se manifiestan, principalmente, en el cumplimiento de los deberes de las personas y en su práctica de la verdad. Dios observa los resultados que la gente ha alcanzado en estas áreas, y luego se fija en la gravedad de sus transgresiones. Entonces, decide su desenlace y si permanecerán o no sobre la base de combinar estos factores. En tiempos pasados, por ejemplo, algunas personas revelaban mucha corrupción y demostraban tener una enorme consideración por la carne; no estaban dispuestas a esforzarse por Dios ni defendían los intereses de la iglesia. Sin embargo, después de escuchar sermones durante varios años, experimentaron un cambio verdadero. Ahora saben esforzarse por obtener los principios-verdad en el cumplimiento de sus deberes y logran cada vez más resultados en ellos. También son capaces de estar del lado de Dios en todas las cosas y hacer todo lo posible para mantener la obra de Su casa. Esto es lo que significa transformar el propio carácter-vida, y es esta transformación la que Dios desea. Asimismo, hay algunas personas que, cuando antes se les ocurrían nociones, siempre las difundían, y sus corazones solo quedaban satisfechos cuando dichas nociones se formaban en otras personas; pero ahora, cuando las tienen, son capaces de orar a Dios, buscar la verdad y ser sumisas, sin difundirlas ni hacer nada que se resista a Dios. ¿No se ha producido en ellas una transformación? Algunos se resistían de inmediato cuando alguien antes los podaba; sin embargo, cuando eso les sucede ahora, son capaces de aceptarlo y conocerse a sí mismos. Luego, experimentan una transformación real. ¿Acaso no es esto un resultado? No obstante, por mucho que cambies, es imposible estar completamente libre de transgresiones y tu naturaleza no se puede transformar totalmente en un instante. Si alguien se embarca en el camino correcto de la fe en Dios y sabe que debe buscar la verdad en todas las cosas, entonces, aunque muestre un poco de rebelión, se dará cuenta de ello en ese momento. Después de hacerlo, se apresurará a confesar y a arrepentirse ante Dios, así como también a cambiar, y su estado no hará más que mejorar. Es posible que cometa la misma transgresión una o dos veces más, pero no una tercera o cuarta vez. Eso es la transformación. No es que esa persona haya cambiado en algún aspecto, de modo que ya no revela corrupción ni comete ninguna transgresión. No es así. Este tipo de transformación implica que alguien es capaz de practicar más de la verdad tras experimentar la obra de Dios, y de poner en práctica algo de lo que Dios requiere. Tal persona cometerá cada vez menos transgresiones, revelará cada vez menos corrupción, y sus episodios de rebelión serán cada vez menos graves. A partir de esto resulta claro que la obra de Dios ha logrado resultados; lo que Él quiere es este tipo de manifestaciones en las personas, lo cual muestra que se han logrado resultados en ellas. Por tanto, la forma en la que Dios maneja el desenlace de las personas o cómo trata a cada una es completamente justa, razonable y equitativa. Solo tienes que dedicar todo el esfuerzo a gastarte para Dios, y practicar con audacia y seguridad las verdades que debes practicar, sin preocupación alguna, y Dios no te tratará mal. Piénsalo: ¿Puede castigar Dios a aquellos que aman y practican la verdad? Muchos sospechan siempre del carácter justo de Dios, temerosos de ser castigados incluso tras poner en práctica la verdad; temen que, aunque muestren lealtad a Dios, Él no la verá. Tales personas no tienen conocimiento del carácter justo de Dios.

Algunas personas se vuelven negativas después de ser podadas; pierden toda la energía para llevar a cabo sus deberes y también desaparece su lealtad. ¿Por qué ocurre esto? Este es un problema muy grave; se trata de la incapacidad de aceptar la verdad. No aceptan la verdad, en parte, debido a su falta de conocimiento de su carácter corrupto, lo que lleva a que sean incapaces de aceptar ser podadas. Esto lo determina su naturaleza, que es arrogante y engreída, y carece de amor por la verdad. También se debe, en parte, a que la gente no entiende la importancia de ser podada. Creen que ser podado significa que su resultado ha sido determinado. Como consecuencia, creen equivocadamente que, si renuncian a su familia para esforzarse por Dios y poseen cierta lealtad hacia Él, no deberían ser podados; y que si son podados, entonces eso no es el amor y la justicia de Dios. Este tipo de malentendido hace que muchas personas no se atrevan a ser leales a Dios. En realidad, al fin y al cabo se debe a que son demasiado falsas y no quieren sufrir dificultades. Simplemente quieren obtener bendiciones de una manera fácil. Las personas no comprenden en absoluto el carácter justo de Dios. Nunca creen que todas las acciones de Dios son justas, o que Su trato hacia cada persona es justo. Nunca buscan la verdad sobre este asunto, sino que siempre presentan sus propios argumentos. No importa qué cosas malas haya realizado una persona, qué grandes pecados haya cometido ni cuánto mal haya hecho, mientras le caiga el juicio y el castigo de Dios, pensará que el Cielo es injusto y que Dios no es justo. Ante los ojos del hombre, si las acciones de Dios no se ajustan a los propios deseos, o si Sus acciones son desconsideradas hacia los propios sentimientos, entonces Él no debe ser justo. Sin embargo, las personas jamás saben si sus acciones se ajustan a la verdad, ni se dan cuenta de que se rebelan contra Dios y se resisten a Él con todos sus actos. Si, más allá de las transgresiones de la gente, Dios nunca la podara ni le reprochara su rebelión, sino que fuera calmado y amable con ella, la tratara solo con amor y paciencia y le permitiera cenar y disfrutar de las cosas junto a Él para siempre, entonces esta nunca se quejaría de Dios ni lo consideraría injusto; en cambio, afirmaría de forma poco sincera que es muy justo. ¿Conocen tales personas a Dios? ¿Pueden sentir y pensar en total sintonía con Dios? No tienen ni idea de que cuando Él juzga y poda a los seres humanos, desea purificar y transformar su carácter-vida para que logren someterse a Él y amarle. Esa gente no cree que Dios sea un Dios justo. Mientras Dios reprenda, ponga en evidencia y pode a las personas, ellas se tornarán negativas y débiles, reclamarán siempre que Dios no es amoroso, se quejarán siempre de que el juicio y castigo de Dios al hombre es incorrecto, serán incapaces de ver que, así, Dios purifica y salva al hombre, y no creerán que Dios determina los desenlaces de las personas en función de sus muestras de arrepentimiento. Siempre dudan de Dios y se protegen de Él. Entonces, ¿cuál será el resultado de eso? ¿Podrán someterse a la obra de Dios? ¿Serán capaces de lograr un verdadero cambio? Eso es imposible. Si continúan con ese estado, eso se tornará muy peligroso, y les resultará imposible ser purificadas y perfeccionadas por Dios.

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