Cómo perseguir la verdad (10) Parte 4

Ahora que hemos terminado de hablar sobre el problema de los entendimientos y las prácticas distorsionados de las personas casadas, hablemos sobre este otro tema: “Tu misión no es perseguir la felicidad conyugal”. El hecho de que las personas se desprendan de sus diversas fantasías sobre el matrimonio solo significa que alcanzan a tener algunas ideas y entendimientos correctos que se ajustan relativamente a la verdad en lo que se refiere al concepto y la definición de matrimonio. Sin embargo, eso no significa que puedan desprenderse del todo de sus búsquedas, ideales y deseos relacionados con el matrimonio. En el caso de aquellos que se han casado, ¿cómo mantienen su felicidad conyugal? Se puede decir que muchas personas son incapaces de adoptar una visión correcta de la felicidad conyugal o de la relación entre esta y la misión del hombre. ¿No supone eso también un problema? (Sí). Las personas casadas siempre consideran que el matrimonio es un acontecimiento importante en la vida y le otorgan gran relevancia. Por consiguiente, confían la felicidad de toda su existencia a su vida marital y a su pareja, con la creencia de que la búsqueda de la felicidad conyugal es el único objetivo que perseguir en esta vida. Por eso muchos realizan grandes esfuerzos, pagan un alto precio y hacen enormes sacrificios en aras de garantizarla. Por ejemplo, cuando alguien se casa, hace muchas cosas para atraer a su pareja y mantener “como nuevo” su matrimonio y su amor. Una mujer dice: “El camino al corazón de un hombre pasa por su estómago”, así que aprende a cocinar de su madre o de sus mayores, a elaborar buenos platos de comida y repostería. Prepara todo tipo de cosas que a su esposo le gusta comer y se esfuerza por proporcionarle manjares deliciosos y agradables. Cuando el marido tiene hambre, piensa en la exquisita comida que ella le prepara, a continuación piensa en casa, luego en su mujer, y entonces se da prisa en regresar al hogar. De esta manera, ella casi nunca se queda sola en casa, sino que suele tener a su esposo a su lado, y por tanto le parece que es muy importante aprender a hacer ciertos platos deliciosos para llegar al corazón de su hombre a través del estómago. Dado que esa es una forma de mantener la felicidad conyugal y es el precio que una mujer debe pagar y la responsabilidad que debe cumplir para lograrla, trabaja arduamente para sostener su matrimonio de esa manera. También hay algunas mujeres que se sienten inseguras acerca de su matrimonio y a menudo se sirven de diversos métodos para complacer, atraer y provocar a sus esposos. Por ejemplo, una mujer semejante le preguntará a menudo a su marido si recuerda cuándo fue su primera cita, cuándo se conocieron, cuándo es su aniversario de boda y otras fechas del estilo. Si su esposo lo recuerda, ella pensará que la ama, que la lleva en el corazón. Si no lo recuerda, se molestará y se quejará: “No eres capaz siquiera de recordar una fecha tan importante como esa. ¿Es que ya no me amas?”. Ya ves, en un intento continuo de atraer a su pareja, llamar su atención y mantener la felicidad conyugal, tanto hombres como mujeres utilizan formas mundanas para provocar a su pareja, y todos hacen cosas sin sentido e infantiles. También hay mujeres que gastarían lo que fuera en procedimientos dañinos para su propia salud. Por ejemplo, las mayores de treinta años, al ver que su piel ya no es tan bonita y clara, y que su rostro ya no es tan resplandeciente y hermoso, optan por un estiramiento facial o infiltraciones de ácido hialurónico. Para lucir más bellas, otras se someten a una cirugía de doble párpado y se tatúan las cejas, visten de manera especialmente atractiva y provocativa para atraer a sus esposos, e incluso aprenden a hacer las cosas románticas que otros hacen en aras de su propia felicidad conyugal. Por ejemplo, en un día especial, puede que una mujer así prepare una magnífica cena acompañada de velas y vino tinto. Luego apaga las luces y, cuando su esposo llega a casa, le obliga a cerrar los ojos y le pregunta: “¿Qué día es hoy?”. El marido intenta adivinar durante un buen rato, pero no se le ocurre qué día es. Ella enciende las velas y cuando su esposo abre los ojos y mira, resulta ser su propio cumpleaños, y le dice: “¡Oh, qué maravilla! ¡Te quiero tanto! Ni siquiera recordaba mi propio cumpleaños. Te has acordado. ¡Eres tan adorable!”. Entonces la mujer se siente feliz y complacida. Con solo esas pocas palabras de su marido, se siente satisfecha y a gusto. Tanto hombres como mujeres se devanan los sesos para urdir maneras de mantener su felicidad conyugal. La esposa hace grandes cambios y sacrificios, invierte mucho tiempo y esfuerzo, y el marido hace lo propio, trabaja arduamente y se gana su sueldo en el mundo, llena la cartera, trae constantemente dinero a casa y hace que su esposa disfrute de una vida cada vez mejor. A fin de mantener su felicidad conyugal, también tiene que aprender de lo que hacen los demás y compra rosas, regalos de cumpleaños, de Navidad, bombones en el Día de San Valentín y cosas del estilo. Se rompe la cabeza pensando en maneras de complacer a su esposa y se esfuerza todo lo posible por hacer ese tipo de tonterías. Y luego un día pierde su trabajo y no se atreve a decírselo a su mujer, por miedo a que ella quiera el divorcio o su matrimonio ya no sea tan feliz como antes. Así que mantiene la farsa de ir a trabajar y terminar a su hora todos los días, mientras al mismo tiempo va por todas partes solicitando empleo y buscando trabajo. ¿Qué hace cuando llega el día de cobrar y no recibe dinero? Pide prestado a todo el mundo para hacer feliz a su esposa, y le dice: “Mira, he recibido una paga extra de 2000 yuanes este mes. Cómprate algo bonito”. Su mujer no tiene idea de lo que de verdad está sucediendo y va a comprarse algunos artículos de lujo. Él tiene la cabeza llena de preocupaciones, le parece que no hay solución y su ansiedad aumenta. Tanto los hombres como las mujeres realizan muchas acciones y gastan mucho tiempo y esfuerzo para sostener su felicidad conyugal, llegando incluso a hacer cosas contrarias a su mejor criterio. A pesar de desperdiciar tanto tiempo y esfuerzo, los involucrados aún no tienen idea de cómo afrontar o manejar correctamente esas cosas, e incluso se devanan los sesos para aprender de los demás, observarlos y consultar con ellos con el fin de mantener su felicidad conyugal. Incluso hay algunos que, después de empezar a creer en Dios y de aceptar su deber y la comisión que les ha encomendado la casa de Dios, a fin de mantener la felicidad y satisfacción de su matrimonio, se quedan cortos en el desempeño de su deber. Se supone que en principio iban a ir a un lugar lejano a predicar el evangelio y que regresarían a casa una vez a la semana o muy de vez en cuando, o incluso que dejarían su hogar para realizar su deber a tiempo completo según sus diferentes calibres y condiciones. Sin embargo, temen que a su pareja le desagrade esa idea, que su matrimonio no sea feliz, o que lo pierdan por completo, así que, con el objetivo de mantener la felicidad conyugal, desperdician gran parte del tiempo que deberían invertir en el desempeño de su deber. En especial, cuando escuchan a su pareja quejarse o perciben que esta se disgusta o se lamenta de algo, se vuelven aún más cautos para conservar su matrimonio. Se empeñan todo lo posible por satisfacer a su pareja y trabajan duro para hacer que su matrimonio sea feliz, a fin de que no se desmorone. Por supuesto, aún más grave que esto es que algunas personas rechacen la llamada de la casa de Dios y se nieguen a llevar a cabo su deber para mantener su felicidad conyugal. Como les resulta insoportable la idea de separarse de su cónyuge, o debido a que sus suegros se oponen a su fe en Dios y a que abandonen su trabajo y su hogar para cumplir con su deber, cuando llega la hora de hacerlo, asumen compromisos y renuncian a su deber, y eligen en su lugar conservar la felicidad conyugal y la integridad de su matrimonio. Con este fin, y para evitar que su matrimonio se desmorone y se termine, eligen solo cumplir con sus responsabilidades y obligaciones en la vida marital y abandonar la misión de un ser creado. No te das cuenta de que, con independencia de tu rol en la familia o en la sociedad —ya sea el de esposa, esposo, hijo, padre, empleado o cualquier otro— y tanto si tu papel en la vida matrimonial es importante como si no, solo tienes una identidad ante Dios y esa es la de un ser creado. No tienes una segunda identidad ante Dios. Por lo tanto, cuando la casa de Dios te llama, debes cumplir tu misión en ese momento. Es decir, como ser creado, no es que debas cumplir tu misión solo cuando se satisfaga la condición de mantener tu felicidad conyugal y la integridad de tu matrimonio, sino que la misión que Dios te otorga y te encomienda como ser creado ha de cumplirse incondicionalmente. Al margen de las circunstancias, siempre es tu deber priorizar la misión encomendada por Dios, mientras que la misión y las responsabilidades que se te confieren por medio del matrimonio son secundarias. La misión que debes cumplir como ser creado y aquella que Dios te ha otorgado siempre debe ser tu máxima prioridad bajo cualquier condición y en cualquier circunstancia. Por consiguiente, no importa cuánto desees mantener la felicidad de tu matrimonio o cómo sea tu situación marital, o lo alto que sea el precio que pague tu pareja por estar casada contigo, nada de eso es razón para rechazar la misión que Dios te ha encomendado. Es decir, no importa lo feliz que sea tu matrimonio o lo fuerte que sea su integridad, tu identidad como ser creado no cambia y, como tal, la misión que Dios te encomienda es de obligado cumplimiento y tu máxima prioridad, y no es algo condicional. Entonces, cuando Dios te encomiende tu misión, cuando alcances a tener el deber y la misión de un ser creado, deberás desprenderte de tu búsqueda de un matrimonio feliz, abandonar tu afán por mantener una unión intacta, hacer de Dios y de la misión que te ha encomendado la casa de Dios tu principal prioridad, y no actuar como un necio. Mantener la felicidad conyugal es solo una responsabilidad que asumes como marido o mujer dentro del marco del matrimonio; no es la responsabilidad ni la misión de un ser creado ante el Creador. Por consiguiente, no debes abandonar la misión encomendada por el Creador a cambio de mantener tu felicidad conyugal, ni debes hacer tantas cosas necias, infantiles e inmaduras que no tengan nada que ver con las responsabilidades que conlleva ser marido o mujer. Lo único que has de hacer es cumplir con tus responsabilidades y obligaciones como cónyuge de acuerdo con las palabras de Dios y Sus requisitos, es decir, conforme a las primeras instrucciones de Dios. Al menos, debes cumplir con las responsabilidades de un esposo o esposa con la conciencia y razón de la humanidad normal, y eso es suficiente. En cuanto al dicho “El camino al corazón de un hombre pasa por su estómago”, o al romanticismo, a celebrar constantemente todo tipo de aniversarios, a eso de que el mundo es solo de los dos, a esa aspiración de “tomarse de la mano y envejecer juntos”, al “te amaré siempre como te amo hoy”, y a otras cosas sin sentido similares, no son las responsabilidades de un hombre y una mujer normales. Por supuesto, para ser más precisos, no se trata de las responsabilidades y obligaciones dentro del contexto del matrimonio de alguien que persigue la verdad. Esas formas de vivir y búsquedas de la vida no son las que debería adoptar alguien que persigue la verdad, y por lo tanto debes primero desprenderte de esos dichos, puntos de vista y prácticas insípidos, necios, infantiles, superficiales, nauseabundos y repugnantes presentes en las profundidades de tu mente. No permitas que tu matrimonio se deteriore ni que tu búsqueda de la felicidad conyugal te ate las manos y los pies ni limite tus pensamientos y tus pasos, que te vuelva infantil, necio, vulgar e incluso perverso. Esas búsquedas mundanas de un matrimonio feliz no son las obligaciones y responsabilidades que alguien con una razón normal debería cumplir, sino que simplemente han evolucionado a partir de este mundo perverso y de la humanidad corrupta, y generan un efecto corrosivo en la humanidad y los pensamientos de todas las personas. Provocarán que tu mente se degenere, distorsionarán tu humanidad y harán que tus pensamientos se vuelvan perversos, complejos, caóticos e incluso extremos. Por ejemplo, algunas mujeres observan que otros hombres son románticos, regalan rosas a sus esposas en su aniversario de bodas, o se las llevan de compras o las abrazan o les hacen regalos especiales cuando están enfadadas o se sienten infelices, o incluso las sorprenden para intentar que se pongan contentas y cosas del estilo. Una vez que aceptes esos dichos y prácticas en tu interior, también querrás que tu pareja haga tales cosas, querrás ese tipo de vida y semejante trato, y de ese modo tu sentido de la razón se volverá anormal y quedará perturbado y corrompido por esos dichos, ideas y prácticas. Si tu pareja no te compra rosas, no trata de hacerte feliz, o no hace nada romántico por ti, sientes rabia, resentimiento e insatisfacción; una mezcla de sentimientos de todo tipo. Cuando tu vida está llena de tales cosas, se desordenan todas las obligaciones que debes cumplir como mujer, así como el deber y las responsabilidades que has de desempeñar en la casa de Dios como un ser creado. Vivirás en un estado de insatisfacción, y tu vida normal y tu rutina se trastornarán debido a los sentimientos y pensamientos propios de ese estado. Por lo tanto, tus búsquedas influirán en el pensamiento lógico de tu humanidad y tu juicio normales y, por supuesto, en las responsabilidades y obligaciones que debes cumplir como una persona corriente. Si persigues cosas mundanas y la felicidad conyugal, inevitablemente te “secularizarás”. Si solo persigues la felicidad conyugal, sin duda siempre necesitarás que tu cónyuge diga cosas como “te amo”, y si nunca te lo dice, pensarás, “Oh, mi matrimonio es muy infeliz. Mi esposo es tan insensible como un mueble, una especie de idiota. A lo sumo, trae algo de dinero a casa, se esfuerza un poco y hace algún trabajo manual. Cuando toca comer dice ‘comamos’, y cuando toca dormir dice ‘hora de dormir, dulces sueños, buenas noches’; eso es todo. ¿Por qué nunca puede pronunciar un ‘te amo’? ¿Es que no puede decir ni eso romántico?”. ¿Puedes ser una persona normal cuando tu corazón está lleno de tales cosas? ¿No te hallas siempre en un estado anormal y emocional? (Sí). Hay quienes no tienen discernimiento sobre estas tendencias perversas del mundo, ni tampoco resistencia ni inmunidad. Una mujer así considera esta cuestión, este fenómeno de decir cosas románticas, como una señal de felicidad conyugal, y luego quiere perseguirlo, imitarlo, alcanzarlo, y se enfada cuando no es capaz de lograrlo, y a menudo le pregunta a su esposo: “Dime, ¿me amas o no?”. Ante la insistencia de la pregunta, su esposo se molesta y, ruborizado, le suelta: “Te amo, cariño”. Y ella dice: “Oh, dilo otra vez”. Su esposo se contiene tanto que se le enrojecen la cara y el cuello y, mientras se lo piensa, le dice: “Cariño, te amo”. Fíjate, este hombre decente le dice esa cosa repugnante, pero no le sale del corazón, así que se siente incómodo. Cuando su esposa se lo oye decir, se alegra mucho y afirma: “¡Me conformaré con eso!”. ¿Y qué replica su esposo? “Mírate. ¿Ya estás contenta? Solo buscas problemas”. Decidme, cuando una mujer y un hombre viven este tipo de vida de casados, ¿es eso felicidad? (No). ¿Eres feliz al oír las palabras “te amo”? ¿Se resume así la felicidad conyugal? ¿Es tan simple? (No). Cierta mujer siempre le pregunta a su esposo: “Oye, ¿crees que se me ve vieja?”. Su esposo es honesto, así que le contesta con sinceridad: “Sí, un poco. ¿Quién no envejece después de los cuarenta?”. Ella responde: “Oh, ¿no me amas? ¿Por qué no dices que se me ve joven? ¿Te disgusta que envejezca? ¿Quieres buscarte una amante?”. Su marido replica: “¡Qué fastidio! Ni siquiera puedo decirte la verdad. ¿Qué te pasa? Solo estaba siendo honesto. ¿Quién no envejece? ¿Quieres ser una especie de monstruo?”. Las mujeres así son irracionales. ¿Cómo llamamos a aquellas que persiguen este tipo de supuesta felicidad conyugal? Hablando en términos vulgares, son basura. ¿Y cómo podemos llamarlas sin resultar vulgares? Están mentalmente enfermas. ¿A qué me refiero con “mentalmente enfermas”? Quiero decir que carecen del pensamiento de la humanidad normal. A los cuarenta o cincuenta años, se acercan a la vejez y aún no pueden ver claramente qué es la vida, qué es el matrimonio, y siempre disfrutan con cosas inútiles y nauseabundas. Creen que eso es la felicidad conyugal, que se trata de su libertad y su derecho, y que se supone que eso es lo que deben perseguir y el modo en el que deben vivir y enfocar el matrimonio. ¿Acaso no supone eso actuar incorrectamente? (Sí). ¿Lo hace mucha gente? (Sí). Así son muchas personas en el mundo de los incrédulos, pero ¿hay alguna en la casa de Dios? ¿Son muchas? El romanticismo, los regalos, los abrazos, las sorpresas, los “te amo” y las demás cosas de ese tipo son señales de la felicidad conyugal que dichas personas persiguen y los objetivos de su búsqueda. Las personas que no creen en Dios son así, y resulta inevitable que haya multitud de creyentes que ahora tengan tal aspiración y esos puntos de vista. Así pues, hay muchos que llevan diez años o más creyendo en Dios, que han escuchado algunos sermones y entendido algunas verdades, pero que, por conservar su felicidad conyugal, acompañar a su cónyuge y mantener las promesas que realizaron con respecto a su matrimonio y ese objetivo de felicidad conyugal que se comprometieron a perseguir, nunca han cumplido con sus responsabilidades y deberes ante el Creador. En cambio, no pondrán un pie fuera de su hogar, no lo dejarán por mucho trabajo que haya en la casa de Dios y no abandonarán a su cónyuge para cumplir con su deber, sino que consideran la búsqueda y el mantenimiento de la felicidad conyugal un objetivo por el que luchan y hacen esfuerzos incesantes durante toda su vida. Al dedicarse a dicha búsqueda, ¿persiguen la verdad? Está claro que no. Porque en sus mentes, en lo más profundo de sus corazones, e incluso en sus acciones, no se han desprendido de la búsqueda de la felicidad conyugal ni de la idea, el punto de vista y la perspectiva de que “la misión de uno en la vida es la búsqueda de la felicidad conyugal”. Por lo tanto, son absolutamente incapaces de obtener la verdad. Aún no estáis casados ni habéis contraído matrimonio. Si seguís manteniendo ese punto de vista cuando os hayáis casado, tampoco podréis obtener la verdad. Será imposible que la obtengas una vez que hayas alcanzado la felicidad conyugal. Dado que consideras que tu misión en la vida es la búsqueda de esa felicidad, resulta inevitable que renuncies y rechaces la oportunidad de cumplir con tu misión ante el Creador. Si rechazas la oportunidad y el derecho de cumplir con la misión de un ser creado ante el Creador, estarás renunciando a la búsqueda de la verdad y, por supuesto, también a alcanzar la salvación. Esa es tu decisión.

Estamos compartiendo acerca de desprenderse de la búsqueda de la felicidad conyugal con el fin de que renuncies a esas aspiraciones relacionadas con dicha felicidad, no para que abandones la formalidad del matrimonio ni tampoco para incitarte al divorcio. Antes de nada, has de desprenderte de esos puntos de vista que te dominan en tu búsqueda de la felicidad conyugal, y luego, de la práctica de tal búsqueda, para así dedicar la mayor parte de tu tiempo y energía a cumplir con el deber de un ser creado y a perseguir la verdad. En cuanto al matrimonio, siempre que no choque ni entre en conflicto con tu búsqueda de la verdad, no cambiarán las obligaciones que debes cumplir, la misión que debes lograr y el papel que debes desempeñar en dicho contexto. Por consiguiente, pedir que te desprendas de la búsqueda de la felicidad conyugal no significa pedirte que renuncies al matrimonio o que te divorcies formalmente, sino que cumplas con tu misión como ser creado y realices de manera adecuada el deber que te corresponde, con la premisa de cumplir también con las responsabilidades propias del matrimonio. Por supuesto, si tu búsqueda de la felicidad conyugal afecta, obstaculiza o incluso arruina tu desempeño del deber de un ser creado, deberías renunciar no solo a dicha búsqueda, sino también a todo tu matrimonio. En última instancia, ¿cuál es el propósito y sentido de la charla sobre estos temas? Conseguir que la felicidad conyugal no obstaculice tus pasos, te ate las manos, te ciegue, distorsione tu visión ni perturbe y ocupe tu mente; que no invada tu senda vital ni inunde tu vida, y que puedas abordar correctamente las responsabilidades y obligaciones que debes cumplir en el matrimonio, así como tomar las decisiones correctas con respecto a estas. La mejor manera de practicar es dedicar más tiempo y energía a cumplir con tu deber, desempeñar aquel que te corresponde y llevar a cabo la misión que Dios te ha encomendado. No debes olvidar nunca que eres un ser creado, que Dios te ha conducido por la vida hasta este momento, que Él es quien te ha concedido el matrimonio, te ha dado una familia y te ha conferido las responsabilidades que debes cumplir en el marco de este, y que no fuiste tú quien eligió el matrimonio, que no es que te acabaras casando como por arte de magia o que puedas mantener tu felicidad conyugal gracias a tus propias habilidades y fortaleza. ¿Lo he explicado ahora con claridad? (Sí). ¿Entiendes lo que se supone que debes hacer? ¿Tienes clara ahora la senda? (Sí). Si no existe ningún conflicto ni contradicción entre las responsabilidades y obligaciones que debes cumplir en el matrimonio y tu deber y misión como ser creado, entonces, bajo tales circunstancias, debes cumplir con tus responsabilidades en el contexto del matrimonio como corresponda, y debes hacerlo bien, asumir aquellas que te competan y no tratar de eludirlas. Debes hacerte cargo de tu pareja, de su vida, de sus sentimientos y de todo lo relacionado con ella. Sin embargo, cuando exista conflicto entre las responsabilidades y obligaciones que asumes en el contexto del matrimonio y tu misión y deber como ser creado, de lo que debes desprenderte no es de tu deber ni de tu misión, sino de las responsabilidades en el marco del matrimonio. Eso es lo que Dios espera de ti, es la comisión que Él te encarga y, por supuesto, lo que le exige a cualquier hombre o mujer. Solo cuando seas capaz de ello estarás persiguiendo la verdad y siguiendo a Dios. Si no eres capaz y no puedes practicar de esa manera, solo eres creyente de palabra, no sigues a Dios con un corazón sincero y no persigues la verdad. Imagina que se te presentan la oportunidad y las condiciones para dejar China a fin de cumplir con tu deber. Algunos dirían: “Si me marcho de China para cumplir con mi deber, tendré que dejar a mi pareja en casa. ¿Nunca más volveremos a vernos? ¿Tendremos que vivir separados? ¿Se acabará nuestro matrimonio?”. Hay quienes piensan: “Oh, ¿cómo vivirá mi pareja sin mí? ¿No se desmoronará nuestro matrimonio si no estoy? ¿No se terminará? ¿Qué haré en el futuro?”. ¿Deberías pensar en el futuro? ¿En qué deberías pensar realmente? Si quieres ser alguien que persiga la verdad, en lo que deberías pensar es en cómo desprenderte de lo que Dios te pide que te desprendas y en cómo lograr lo que Él te pide que logres. Si en el futuro te quedas sin matrimonio y sin una pareja a tu lado, en los días venideros podrás seguir viviendo hasta la vejez y te irá bien igualmente. Sin embargo, si renuncias a esa oportunidad, será como abandonar tu deber y la misión que Dios te ha encomendado. Para Él no serás alguien que persigue la verdad, que realmente quiere a Dios o que busca la salvación. Si deseas activamente renunciar a tu oportunidad y tu derecho de alcanzar la salvación y llevar a cabo tu misión, y en lugar de eso eliges el matrimonio, escoges permanecer unidos como marido y mujer, quedarte con tu cónyuge y satisfacerlo, y mantener intacto tu matrimonio, al final ganarás algunas cosas y perderás otras. Entiendes lo que perderás, ¿verdad? El matrimonio no lo es todo para ti, ni tampoco lo es la felicidad conyugal; no pueden decidir tu suerte, tu futuro y mucho menos tu destino. Por lo tanto, son las personas quienes deciden qué elegir y si deben o no desprenderse de la búsqueda de la felicidad conyugal y de cumplir con el deber de un ser creado. ¿Hemos compartido ahora claramente sobre el tema de “tu misión no es perseguir la felicidad conyugal”? (Sí). ¿Hay algún tema que encontréis difícil y que, después de escuchar Mi enseñanza, no sepáis cómo practicar? (No). Después de escuchar esta charla, ¿pensáis que os queda más claro, que contáis con una senda precisa de práctica y que tenéis un objetivo correcto hacia el cual practicar? ¿Sabéis ya cómo debéis practicar de ahora en adelante? (Sí). Entonces terminemos aquí esta enseñanza. ¡Adiós!

14 de enero de 2023

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