Cómo perseguir la verdad (12) Parte 3

Acabo de compartir sobre la cuestión de desprenderse de la identidad que heredas de tu familia. ¿Es fácil hacerlo? (Sí, es fácil hacerlo). ¿Es fácil de hacer? ¿En qué circunstancias te afectará y perturbará esta cuestión? Si no tienes un entendimiento correcto y puro al respecto, cuando te encuentres en un tipo determinado de entorno, dicha cuestión te influirá, afectará a tu capacidad para cumplir bien con tu deber y repercutirá en tus métodos a la hora de gestionar las cosas y en los desenlaces. Por lo tanto, el tema de la identidad que heredas de la familia es algo que debes tratar correctamente, y que no debe influirte ni controlarte; en lugar de eso, has de considerar a las personas y las cosas, comportarte y actuar con normalidad de acuerdo con los métodos que Dios confiere a la gente. De ese modo, tendrás la actitud y los principios que un ser creado aceptable debe tener a este respecto. A continuación, hablaremos acerca de desprenderse de los efectos condicionantes que la familia ejerce sobre ti. En esta sociedad, los principios de las personas para enfrentarse al mundo, sus métodos para vivir y existir, e incluso sus actitudes y nociones con respecto a la religión y la creencia, así como sus diversas nociones y puntos de vista sobre las personas y las cosas, están condicionados inevitablemente por la familia. Cuando la gente todavía no ha alcanzado a comprender la verdad —independientemente de su edad, su género, la ocupación que desempeñen o la clase de postura que adopten respecto a todo, ya sea esta extrema o racional—, su familia influye enormemente en sus pensamientos, puntos de vista y la postura que adoptan hacia todo tipo de cosas. Es decir, los distintos efectos condicionantes que la familia ejerce sobre una persona determinan, en gran medida, la actitud de esta ante las cosas y su método para afrontarlas, así como su perspectiva sobre la existencia, e incluso repercuten en su fe. Dado que la familia condiciona a las personas e influye en ellas de manera tan significativa, es inevitable que se encuentre en la raíz de los métodos y principios de estas a la hora de afrontar las cosas, así como en su perspectiva sobre la existencia y en sus puntos de vista sobre la fe. Debido a que el hogar familiar no es propiamente el lugar donde surge la verdad ni tampoco el origen de esta, a efectos prácticos solo hay una fuerza motivadora o un objetivo que impulsa a tu familia a condicionarte sobre cualquier idea, punto de vista o método de existencia, y es el de actuar en tu mejor beneficio. Todo aquello que resulta en tu mejor beneficio, sin importar de quién provenga, ya sea de tus padres, abuelos o de tus antepasados, resumiendo, tiene como fin permitirte defender tus propios intereses en la sociedad y entre los demás, evitar que te intimiden y permitirte vivir entre la gente de manera más libre y diplomática, y su meta es proteger tus propios intereses en la mayor medida posible. El objetivo del condicionamiento que recibes de tu familia es protegerte, evitar que te intimiden o sufras humillaciones, y convertirte en alguien superior, aunque eso signifique intimidar o hacer daño a terceros, siempre y cuando no seas tú el que salga perjudicado. Estas son algunas de las cosas más destacables con las que tu familia te condiciona, y también son la esencia y el objetivo principal que subyacen a todas las ideas sobre las que te condicionan. ¿Me equivoco? (No). Si analizas el objetivo y la esencia de todas las cosas sobre las que tu familia te ha condicionado, ¿hay algo que esté de acuerdo con la verdad? Incluso si esas cosas son conformes con la ética o los derechos e intereses legítimos de la humanidad, ¿guardan alguna relación con la verdad? ¿Son la verdad? (No). Se puede afirmar con toda certeza que, sin lugar a dudas, no son la verdad. Por muy positivas, legítimas, humanas y éticas que sean las cosas con las que tu familia te condiciona, no son la verdad, no pueden ser representativas de ella y, por supuesto, no pueden sustituirla. Por lo tanto, en lo que respecta al tema de la familia, esas cosas constituyen otro aspecto del que la gente debería desprenderse. ¿Cuál es ese aspecto en concreto? Se trata de los efectos condicionantes que la familia ejerce sobre ti; ese es el segundo aspecto del que debes desprenderte en relación con el tema de la familia. Ya que estamos analizando los efectos condicionantes que la familia ejerce sobre ti, hablemos primero de cuáles son exactamente esos efectos condicionantes. Si los diferenciamos según el concepto que la gente tiene del bien y del mal, algunos son relativamente correctos, positivos y aceptables, y se pueden poner sobre la mesa, mientras que otros son relativamente egoístas, despreciables, viles, negativos y nada más. En cualquier caso, esos efectos condicionantes de la familia son como una capa protectora que salvaguarda colectivamente los intereses carnales de una persona, preserva su dignidad ante los demás y evita que la intimiden. ¿Es así? (Sí). Vamos a hablar pues de qué efectos condicionantes ejerce tu familia sobre ti. Por ejemplo, cuando los ancianos de la familia te dicen que “El orgullo es tan necesario para la gente como respirar”, lo hacen para que otorgues importancia al hecho de tener una buena reputación, vivir con orgullo y no hacer nada que te haga caer en desgracia. Entonces, ¿guía este dicho a la gente de un modo positivo o negativo? ¿Puede conducirte a la verdad? ¿Puede llevarte a entenderla? (No). Te es posible aseverar con total certeza que no es así. Piénsalo, Dios dice que la gente debe comportarse con honestidad. Cuando has cometido una transgresión, has hecho algo malo o has llevado a cabo alguna acción que se rebela contra Dios y va en contra de la verdad, debes admitir tu error, lograr entenderte y analizarte a ti mismo para llegar al verdadero arrepentimiento, y de ahí en adelante actuar de acuerdo con las palabras de Dios. Así que, si las personas deben comportarse con honestidad, ¿se contradice eso con el dicho “El orgullo es tan necesario para la gente como respirar”? (Sí). ¿De qué manera se contradice? El objetivo de ese dicho es que las personas concedan importancia al hecho de llevar una vida alegre y colorida y de hacer cosas que las dejen en buen lugar —en vez de otras que sean malas o deshonrosas o de poner al descubierto su lado más desagradable— e impedir que vivan sin orgullo o dignidad. Por el bien de su propia reputación, orgullo y honor, uno no puede tirarse piedras en su propio tejado, y menos aún hablarle a los demás sobre su lado oscuro o sus aspectos más vergonzosos, ya que una persona debe vivir con orgullo y dignidad. Para tener dignidad se necesita una buena reputación, y para tener una buena reputación hay que aparentar y engalanarse. ¿Acaso no se contradice eso con comportarse como una persona honesta? (Sí). Cuando te comportas como una persona honesta, lo que haces se opone por completo al dicho “El orgullo es tan necesario para la gente como respirar”. Si quieres comportarte como una persona honesta, no le des importancia al orgullo; el orgullo de una persona no vale un céntimo. Ante la verdad, uno debe desenmascararse, no aparentar ni crear una imagen falsa. Uno debe revelar a Dios sus verdaderos pensamientos, los errores que ha cometido, los aspectos que vulneran los principios-verdad, etc., y también dejar al descubierto esas cosas ante sus hermanos y hermanas. No se trata de vivir por el bien de la propia reputación, sino más bien en aras de comportarse como una persona honesta, perseguir la verdad, ser un verdadero ser creado, satisfacer a Dios y ser salvado. No obstante, cuando no entiendes esta verdad ni las intenciones de Dios, las cosas con las que tu familia te condiciona tienden a prevalecer. Así que cuando haces algo malo, lo encubres y pones un pretexto, pensando, “No puedo decir nada acerca de esto, y tampoco permitiré que nadie que lo sepa diga nada. Si alguno de vosotros dice algo, no dejaré que se vaya de rositas. Mi reputación es lo primero. Vivir no sirve para nada si no es por el bien de la propia reputación, ya que esta es más importante que cualquier otra cosa. Si una persona pierde su reputación, se queda sin dignidad. Así que no puedes decir las cosas como son, has de fingir y encubrirlas, de lo contrario te quedarás sin reputación ni dignidad, y tu vida carecerá de cualquier valor. Si nadie te respeta, no vales nada; eres basura sin valor”. ¿Resulta posible comportarse como una persona honesta si se practica de esta manera? ¿Es posible ser completamente franco y analizarse a uno mismo? (No). Obviamente, al hacerlo estás defendiendo el dicho “El orgullo es tan necesario para la gente como respirar” con el que tu familia te ha condicionado. Sin embargo, si te desprendes de ese dicho para perseguir y practicar la verdad, dejará de afectarte y ya no volverá a ser el lema o principio conforme al cual hagas las cosas, y en lugar de eso harás justo lo contrario al dicho “El orgullo es tan necesario para la gente como respirar”. No vivirás por el bien de tu reputación ni de tu dignidad, sino en aras de perseguir la verdad, comportarte como una persona honesta, buscar satisfacer a Dios y vivir como un auténtico ser creado. Si te atienes a este principio, te habrás desprendido de los efectos condicionantes que tu familia ejerce sobre ti.

La familia no solo condiciona a la gente con uno o dos dichos, sino con una sarta completa de citas y aforismos bien conocidos. En tu familia, por ejemplo, ¿mencionan los ancianos y padres a menudo el dicho “El hombre deja su reputación allá por donde va, de la misma manera que un ganso grazna allá por donde vuela”? (Sí). Lo que quieren decir es: “La gente debe vivir por el bien de su reputación. Las personas no buscan otra cosa en la vida que forjarse una buena reputación entre los demás y causar una buena impresión. Dondequiera que vayas, muéstrate más generoso en las felicitaciones, las cortesías y los cumplidos, y pronuncia más palabras amables. No ofendas a nadie, y en lugar de eso realiza más buenas obras y actos amables”. Este particular efecto condicionante ejercido por la familia tiene cierto impacto en el comportamiento o los principios de conducta de las personas, lo que da lugar de manera inevitable a que concedan gran importancia a la fama y el beneficio. Es decir, otorgan gran importancia a su propia reputación, a su prestigio, a la impresión que crean en la mente de los demás y a cómo valoran estos todo lo que hacen y todas las opiniones que expresan. Al conceder gran importancia a la fama y el beneficio, sin darte cuenta le otorgas muy poca al hecho de si el deber que llevas a cabo es conforme con la verdad y los principios, y si estás satisfaciendo a Dios y cumpliendo con tu deber adecuadamente. Consideras que esas cosas tienen poca importancia y no son prioritarias, mientras que el dicho “El hombre deja su reputación allá por donde va, de la misma manera que un ganso grazna allá por donde vuela”, con el que tu familia te ha condicionado, se vuelve extremadamente importante para ti. Te obliga a prestar mucha atención al modo en que los demás perciben en su mente cada detalle sobre ti. En particular, hay quienes prestan especial atención a lo que los demás piensan realmente de ellos a sus espaldas, hasta el punto de poner la oreja en las paredes, escuchar a través de puertas entreabiertas e incluso mirar de reojo lo que los demás escriben sobre ellos. En cuanto alguien menciona su nombre, piensan: “Tengo que darme prisa para escuchar lo que dicen sobre mí y saber si su opinión es buena. ¡Oh, cielos! Han dicho que soy vago y que me gusta la buena comida. Entonces debo cambiar, no puedo seguir siendo vago, he de ser diligente”. Después de obrar con diligencia durante un tiempo, piensan para sí: “He estado atento para comprobar si todo el mundo dice que soy vago, y parece que nadie lo ha dicho últimamente”. Sin embargo, permanecen inquietos, así que dejan caer el tema de manera casual en las conversaciones que mantienen con quienes les rodean, diciendo: “Soy un poco vago”. A lo que otros responden: “No eres vago, ahora eres mucho más diligente que antes”. Al oír eso, enseguida se sienten aliviados, encantados y reconfortados. “Fíjate, ha cambiado la opinión que todos tenían de mí. Parece que se han dado cuenta de la mejora en mi conducta”. Nada de lo que haces es en aras de practicar la verdad ni para satisfacer a Dios, sino por el bien de tu propia reputación. Así pues, en la práctica, ¿en qué se ha convertido todo lo que haces? En un acto religioso. ¿Qué ha sido de tu esencia? Te has convertido en el arquetipo de un fariseo. ¿En qué se ha convertido tu senda? En la senda de los anticristos. Así es como Dios la define. Por lo tanto, se ha manchado la esencia de todo lo que haces, ya no es la misma; no practicas ni persigues la verdad, sino que buscas la fama y el beneficio. En última instancia, en lo que respecta a Dios, el cumplimiento de tu deber es, en una palabra, inadecuado. ¿Por qué? Porque te dedicas solo a tu propia reputación, en lugar de a lo que Dios te ha encomendado o a tu deber como ser creado. ¿Qué sientes en tu corazón cuando Dios plantea semejante definición? ¿Que tu creencia en Dios durante todos estos años ha sido en vano? Entonces, ¿significa eso que no has estado persiguiendo la verdad en absoluto? No has estado persiguiendo la verdad, sino que tu atención se ha dirigido sobre todo a tu propia reputación, y la causa de ello radica en los efectos condicionantes provenientes de tu familia. ¿Qué dicho es con el que más te ha condicionado? El dicho “El hombre deja su reputación allá por donde va, de la misma manera que un ganso grazna allá por donde vuela” se ha arraigado profundamente en tu corazón y se ha convertido en tu lema. Este dicho te ha influido y condicionado desde que eras joven, e incluso siendo ya mayor lo sigues repitiendo a menudo para influir en la siguiente generación de tu familia y en los que te rodean. Por supuesto, lo que es aún más grave es que lo has adoptado como tu método y principio para comportarte y afrontar las cosas, e incluso como el objetivo y el rumbo que persigues en la vida. Debido a lo equivocado de este objetivo y rumbo, el resultado final será seguramente negativo. Porque la esencia de todo lo que haces es solo por el bien de tu reputación, y su único fin es poner en práctica el dicho “El hombre deja su reputación allá por donde va, de la misma manera que un ganso grazna allá por donde vuela”. No persigues la verdad, y ni tú mismo te das cuenta de ello. Crees que ese dicho no tiene nada de malo, ¿por qué no debería la gente vivir por el bien de su reputación? Ese dicho tan común asegura que “El hombre deja su reputación allá por donde va, de la misma manera que un ganso grazna allá por donde vuela”. Parece algo muy positivo y legítimo, así que de manera inconsciente aceptas su efecto condicionante y lo consideras algo positivo. Una vez que consideras este dicho como algo positivo, inconscientemente lo estás persiguiendo y poniendo en práctica. Al mismo tiempo, sin saberlo y de forma confusa, lo interpretas erróneamente como la verdad y como un criterio de esta. Cuando lo consideras un criterio de la verdad, ya no escuchas lo que Dios dice ni eres capaz de entenderlo. Pones en práctica a ciegas el lema “El hombre deja su reputación allá por donde va, de la misma manera que un ganso grazna allá por donde vuela”, y obras de acuerdo con él, y lo que al final obtienes de ello es una buena reputación. Has conseguido lo que querías, pero al hacerlo has vulnerado y abandonado la verdad, y has perdido la oportunidad de salvarte. Dado que ese es el resultado final, debes desprenderte y abandonar la idea de que “El hombre deja su reputación allá por donde va, de la misma manera que un ganso grazna allá por donde vuela”, con la que tu familia te condicionó. No es algo a lo que debas aferrarte, ni es un dicho o idea al que debas dedicar los esfuerzos y energías de toda una vida. Esta idea y punto de vista que te han inculcado y condicionado son equivocados, por lo que debes desprenderte de ellos. El motivo por el que debes desprenderte de ese dicho no es solo porque no es la verdad, sino también porque te llevará por el mal camino y, finalmente, a tu destrucción, así que las consecuencias son muy graves. Para ti, no es un simple dicho, sino un cáncer, un medio y un método que corrompen a la gente. Porque, según las palabras de Dios, entre todos los requerimientos que impone a las personas, nunca les ha exigido perseguir una buena reputación, buscar prestigio, causar buena impresión a los demás, ganarse la aprobación del resto u obtener su visto bueno, ni tampoco les ha exigido que vivan por la fama o con el fin de dejar tras de sí una buena reputación. Dios solo quiere que cumplan bien con su deber, y que se sometan a Él y a la verdad. Por consiguiente, en lo que a ti respecta, ese dicho es un tipo de condicionamiento que proviene de tu familia y del que deberías desprenderte.

Existe otro efecto condicionante que tu familia ejerce sobre ti. Por ejemplo, para animarte, los padres o ancianos te dicen: “Para llegar a la cima, hay que soportar un gran sufrimiento”. Con esto pretenden enseñarte a aguantar el sufrimiento, ser diligente y perseverar, y a no temer al sufrimiento en ninguna cosa que hagas, pues solo aquellos capaces de soportarlo, los que tienen resistencia ante las adversidades, trabajan duro y poseen espíritu de lucha pueden llegar a la cima. ¿Qué significa “llegar a la cima”? Que no te intimiden, te menosprecien o discriminen; significa tener gran prestigio y alto estatus entre la gente, ostentar autoridad para hablar y que te oigan, y potestad para tomar decisiones; significa ser capaz de llevar una vida mejor y de mayor calidad que los demás, y que la gente te tenga en consideración, te admire y envidie. En esencia, significa que ocupes el escalón superior de toda la raza humana. ¿Qué significa el “escalón superior”? Significa que haya muchas personas a tus pies y no tengas que soportar ningún maltrato por parte de ellas; en eso consiste “llegar a la cima”. Pero, para llegar a la cima, hay que “soportar un gran sufrimiento”, lo que significa que has de ser capaz de tener un nivel de aguante del que otros carecen. Así pues, para llegar a la cima, debes ser capaz de soportar miradas desdeñosas, burlas, sarcasmos, calumnias, así como la falta de comprensión de los demás e incluso su escarnio y otras cosas. Además del sufrimiento físico, debes ser capaz de soportar el sarcasmo y la ridiculización de la opinión pública. Solo si aprendes a ser esa clase de persona podrás destacar entre el resto y hacerte un sitio en la sociedad. El objetivo de ese dicho es que la gente se convierta en el líder de la manada y no en un subordinado, ya que ser esto último es muy duro, porque has de aguantar que te traten mal, te sientes inútil y careces de dignidad y prestigio. Esto es también un efecto condicionante que tu familia ejerce sobre ti, con el objetivo de obrar en tus mejores intereses. Tu familia lo hace para que no tengas que aguantar los malos tratos de los demás, poseas fama y autoridad, comas bien y disfrutes, así como para que, vayas donde vayas, nadie se atreva a intimidarte, sino que puedas actuar como un tirano que lleva la voz cantante, y todo el mundo se incline y doblegue ante ti. En cierto sentido, al buscar destacar, lo haces en tu propio beneficio, y por otra parte, también para elevar el estatus social de la familia y honrar a tus antepasados, a fin de que tus padres y familiares también se beneficien de la relación que os une y nadie los someta a malos tratos. Si has soportado un gran sufrimiento y has llegado a la cima al convertirte en un funcionario superior con un buen coche, una casa lujosa y un séquito de gente pululando a tu alrededor, de igual modo tu familia se beneficiará del vínculo que os une, y sus miembros también podrán conducir buenos coches, comer bien y vivir la gran vida. Si quieres, podrás comer los manjares más caros, ir donde te apetezca, tener a todo el mundo a tu entera disposición, hacer lo que te venga en gana, vivir de manera obstinada y arrogante sin necesidad de pasar desapercibido ni de esconder el rabo entre las patas, y hacer lo que te plazca, aunque esté por encima de la ley, y llevar una vida audaz y osada. Ese es el objetivo de tu familia al condicionarte de tal manera, evitar que te agravien y hacer que llegues a la cima. Hablando sin rodeos, su objetivo es convertirte en alguien que lidere a los demás, que los dirija y les dé órdenes, que siempre sea el que intimide, nunca el intimidado, y que esté en lo más alto, en lugar de ser un subordinado. ¿No es así? (Sí). ¿Te beneficia este efecto condicionante de tu familia? (No). ¿Por qué dices que no te beneficia? Si todas las familias educaran de ese modo a la siguiente generación, ¿no aumentaría el conflicto social y la sociedad sería más competitiva e injusta? Todo el mundo querría situarse en lo más alto, nadie querría estar en el escalón inferior ni ser una persona corriente, todos querrían ser el que domina e intimida a los demás. ¿Crees que la sociedad podría seguir siendo buena si así fuera? Está claro que el rumbo de la sociedad no apuntaría hacia una dirección positiva, y no haría más que intensificar los conflictos sociales, aumentar la competitividad entre las personas y agudizar las disputas entre ellas. Tomemos como ejemplo la escuela. Los estudiantes intentan superarse entre ellos, y se esfuerzan una barbaridad por estudiar cuando están a solas, sin embargo, cuando se encuentran unos con otros, afirman: “Oh, otra vez no he estudiado este fin de semana. En vez de eso, estuve en un sitio estupendo y me pasé el día disfrutando. ¿Dónde fuiste tú?”. Otro dice: “Yo me he pasado todo el fin de semana durmiendo y tampoco he estudiado”. En realidad, ambos saben perfectamente que el otro se ha pasado todo el fin de semana estudiando hasta quedar exhausto, pero ninguno lo admite, ni tampoco que ha dedicado mucho esfuerzo cuando nadie lo observa, porque todos quieren llegar a la cima y no quieren que nadie los supere. Dicen que no han estudiado porque no quieren que los demás sepan que en realidad sí lo han hecho. ¿Qué sentido tiene mentir de esa manera? Estudias en tu propio beneficio, no en el de los demás. Si ya eres capaz de mentir a tan temprana edad, ¿podrás caminar por la senda correcta después de entrar en la sociedad? (No). La entrada en la sociedad conlleva intereses personales, dinero y estatus, por lo que la competencia sería cada vez más feroz. La gente no se detendría ante nada y utilizaría todos los medios a su alcance para lograr sus objetivos. Estarían dispuestos a hacer lo que fuera para alcanzar su meta, a cualquier precio, aunque eso supusiera sufrir humillaciones para llegar hasta allí. Si las cosas funcionaran así, ¿cómo podría la sociedad acabar bien? Si todo el mundo hiciera eso, ¿cómo podría avanzar la raza humana? (No podría). La raíz de todo tipo de costumbres sociales impropias y de las tendencias malvadas proviene del condicionamiento que la familia ejerce sobre las personas. Entonces, ¿qué requiere Dios a este respecto? ¿Requiere que las personas lleguen a la cima y no sean mediocres, mundanas, corrientes u ordinarias, sino excepcionales, famosas e ilustres? ¿Es eso lo que Dios requiere de las personas? (No). Está muy claro que el dicho con el que tu familia te ha condicionado —“Para llegar a la cima, hay que soportar un gran sufrimiento”— no te conduce por una dirección positiva y, por supuesto, tampoco guarda relación con la verdad. Los objetivos de tu familia al hacerte padecer sufrimiento resultan muy poco inocentes, se basan en maquinaciones y son muy despreciables y subrepticios. Dios hace que las personas padezcan sufrimientos porque poseen actitudes corruptas. Si alguien desea purificar sus actitudes corruptas, debe sobrellevar el sufrimiento; eso es un hecho objetivo. Además, Dios exige a las personas padecer sufrimientos. Es algo que debe hacer un ser creado, lo que una persona normal debería soportar y la postura que debería adoptar. Sin embargo, Dios no te exige que llegues a la cima. Solo te pide que seas una persona normal y corriente que entienda la verdad, escuche Sus palabras y se someta a Él, con eso basta. Dios nunca exige que le sorprendas ni que hagas nada trascendental, ni tampoco necesita que seas una celebridad o una persona destacada. Solo quiere que seas una persona normal, corriente y real, sin importar cuánto sufrimiento puedas soportar o si ni siquiera toleras el más mínimo; siempre y cuando al final seas capaz de temer a Dios y evitar el mal, serás la mejor persona posible. Dios no quiere de ti que llegues a la cima, sino que seas un auténtico ser creado, una persona que pueda cumplir con su deber como tal. Alguien así es común y corriente, posee humanidad, conciencia y razón normales, no es ilustre o maravilloso a ojos de los no creyentes o de los humanos corruptos. Hemos hablado mucho sobre este aspecto, así que ya no vamos a discutirlo más. Este dicho de “Para llegar a la cima, hay que soportar un gran sufrimiento” es algo de lo que claramente debes desprenderte. ¿De qué tienes que desprenderte exactamente? Del rumbo de búsqueda con el que tu familia te ha condicionado. Es decir, debes cambiar el rumbo de tu búsqueda. No hagas nada solo en aras de llegar a la cima, destacar, ser digno de atención o admirado por los demás. En lugar de eso, debes desprenderte de dichas intenciones, objetivos y motivaciones y hacer todo con los pies en el suelo, para así poder ser un auténtico ser creado. ¿Qué quiero decir “con los pies en el suelo”? El principio más básico es hacer todo de acuerdo con los modos y principios que Dios les ha enseñado a las personas. Supongamos que lo que haces no entusiasma ni impresiona a nadie, o que ni siquiera es objeto de elogio o estima por persona alguna. A pesar de ello, si se trata de algo que debes hacer, debes persistir y seguir haciéndolo, considerándolo como el deber que un ser creado debe cumplir. Si lo haces, serás un ser creado aceptable a ojos de Dios; es tan simple como eso. Lo que necesitas cambiar es tu búsqueda en lo que respecta a tu comportamiento y a tu perspectiva de vida.

La familia te condiciona e influye de otras maneras, por ejemplo, con el dicho “La armonía es un tesoro y la paciencia, una virtud”. Los miembros de la familia te enseñan a menudo: “Sé amable y no discutas con nadie ni te crees enemigos, porque si te creas demasiados, no serás capaz de hacerte un sitio en la sociedad, y si hay demasiada gente que te odia y va a por ti, no estarás a salvo en ella. Siempre estarás amenazado, y tu supervivencia, estatus, familia, seguridad personal e incluso tus expectativas de desarrollo profesional correrán peligro y se verán obstaculizados por gente desagradable. Por lo tanto, debes aprender que ‘La armonía es un tesoro y la paciencia, una virtud’. Sé amable con todo el mundo, no perjudiques las buenas relaciones, no digas nada de lo que no puedas retractarte luego, evita herir el orgullo de los demás y no pongas al descubierto sus defectos. Evita o deja de decir cosas que la gente no quiere escuchar. Limítate a hacer cumplidos, porque halagar a alguien nunca hace daño. Debes aprender a mostrar paciencia y a ceder en asuntos tanto grandes como pequeños, porque ‘Ceder facilita mucho la resolución de un conflicto’”. Piénsalo: al decirte esto, tu familia te inculca dos ideas y puntos de vista a la vez. Por una parte, te dice que seas amable con los demás; por otra, te pide paciencia, que no hables cuando no te toque y que, si tienes algo que decir, cierres la boca hasta que llegues a casa y se lo cuentes a tu familia. O mejor aún, que ni siquiera se lo cuentes a ellos, porque las paredes son delgadas; si el secreto llegara a salir a la luz, no te irían bien las cosas. Para hacerse un sitio y sobrevivir en esta sociedad, la gente ha de aprender a nadar entre dos aguas. En términos coloquiales, debes ser evasivo y astuto. No puedes decir sin más lo que tienes en la cabeza. El hecho de decir simplemente lo que se piensa, es propio de un estúpido, no de alguien inteligente. Algunas personas dicen lo que les viene en gana, son como bombas de relojería. Imagina a un tipo que hace eso y acaba ofendiendo a su jefe. Entonces el jefe le complica las cosas, cancela su bonificación y siempre está buscando tener una trifulca con él. Al final, ya no aguanta más en ese trabajo. Si lo deja, no tiene otro medio para ganarse la vida, pero si sigue en él, lo único que puede hacer es aguantar más tiempo en un trabajo que ya no soporta. ¿Cómo se le llama a eso, cuando estás entre la espada y la pared? Estar “atrapado”, en un aprieto. Su familia entonces le regaña, le dice: “Mereces que te traten así de mal, deberías haber recordado que ‘La armonía es un tesoro y la paciencia, una virtud’. Te lo mereces por ser una bomba de relojería y darle tanto a la lengua. Te dijimos que tuvieras tacto y pensaras con cautela lo que dices, pero no quisiste hacerlo, tenías que ser directo. ¿Creías que te saldría tan barato meterte con tu jefe? ¿Pensabas que resultaría tan fácil sobrevivir en la sociedad? Siempre dices que eres muy franco. Pues bueno, ahora debes atenerte a las dolorosas consecuencias. ¡Aprende la lección! En el futuro, harás bien en recordar el dicho ‘La armonía es un tesoro y la paciencia, una virtud’”. Una vez que le han enseñado esta lección, la recuerda y piensa: “No hay duda de que mis padres acertaron al educarme. Se trata de una perspicaz muestra de experiencia de vida, un tesoro de sabiduría, no puedo seguir ignorándola. Ignoro a mis mayores bajo mi propio riesgo, así que lo recordaré en el futuro”. Después de empezar a creer en Dios y de unirse a la casa de Dios, sigue recordando el dicho: “La armonía es un tesoro y la paciencia, una virtud”, así que siempre saluda a sus hermanos y hermanas cuando los ve, y hace todo lo posible por brindarles palabras amables. El líder afirma: “Llevo tiempo siendo líder, pero no tengo suficiente experiencia en el trabajo”. Entonces él interviene con un cumplido: “Estás haciendo un gran trabajo. Si no fueras nuestro líder, creeríamos estar perdidos”. Otra persona dice: “He adquirido comprensión sobre mí mismo, y creo que soy bastante falso”. Así que él responde: “No eres falso, eres realmente honesto, yo soy el falso”. Alguien le hace un comentario desagradable y él piensa para sí: “No hay que temer los comentarios desagradables como este, puedo aguantar cosas mucho peores. No importa lo desagradables que sean tus comentarios, lo que haré será fingir que no los he oído, y seguiré haciéndote cumplidos y esforzándome por ganarme tu favor, porque hacer cumplidos nunca hace daño”. Cuando alguien le pide que dé su opinión o que se abra durante una charla, no habla con franqueza, sino que mantiene esa fachada alegre y jovial delante de todos. Alguien le pregunta: “¿Cómo es que siempre estás tan alegre y jovial? ¿Acaso eres un hipócrita?”. Y piensa para sí: “Llevo años siendo un hipócrita, y en todo este tiempo no se han aprovechado de mí, así que ese se ha convertido en mi principio fundamental para desenvolverme en el mundo”. ¿No es ese un comportamiento esquivo? (Sí). Algunos llevan deambulando así por la sociedad desde hace muchos años, y lo siguen haciendo tras llegar a la casa de Dios. Nunca dicen una palabra honesta, no hablan desde el corazón ni sobre su propia comprensión. Incluso cuando un hermano o hermana les abre su corazón, ellos no se expresan con franqueza y nadie puede figurarse qué se les está pasando realmente por la cabeza. Nunca revelan lo que piensan o cuáles son sus puntos de vista, mantienen una muy buena relación con todo el mundo y no sabes qué clase de persona o qué tipo de personalidad les gusta en realidad, o lo que piensan realmente de los demás. Si alguien les pregunta qué clase de persona es este o el otro, responden: “Lleva siendo creyente más de diez años y lo veo bien”. Por cualquiera que les preguntes, siempre dicen que lo ven bien o bastante bien. Si alguien le pregunta: “¿Has descubierto algún defecto o fallo en él?”, responden: “De momento no. Me fijaré más a partir de ahora”, pero muy en el fondo piensan: “Me estás pidiendo que ofenda a esa persona, y desde luego no voy a hacerlo. Si te digo la verdad y él se entera, ¿acaso no se convertirá en mi enemigo? Mi familia me lleva diciendo desde hace mucho que no me cree enemigos, y no he olvidado esas palabras. ¿Crees que soy estúpido? ¿Crees que olvidaría la educación y el condicionamiento que he recibido de mi familia solo porque tú hayas compartido dos frases de la verdad? Eso no va a ocurrir. Esos dichos —‘La armonía es un tesoro y la paciencia, una virtud’ y ‘Ceder facilita mucho la resolución de un conflicto’— nunca me han abandonado hasta ahora y son mis talismanes. No hablo de los defectos de nadie, y si alguien me provoca, muestro paciencia. ¿Es que no has visto ese símbolo grabado en mi frente? Es el carácter chino de ‘paciencia’, que consiste en el símbolo de un cuchillo encima del de un corazón. A quienquiera que me haga comentarios desagradables, le muestro paciencia. A cualquiera que me pode, le muestro paciencia. Mi objetivo es llevarme bien con todo el mundo y mantener las relaciones en ese nivel. No te atengas a los principios, no seas tan estúpido, no seas inflexible, debes aprender a ceder según las circunstancias. ¿Por qué crees que viven tanto las tortugas? Porque se esconden dentro de su caparazón cuando las cosas vienen mal dadas, ¿no es así? De ese modo pueden protegerse y vivir miles de años. Así es como se llega a tener una larga vida, y también como se afronta el mundo”. No oyes a tales personas pronunciar nada sincero o genuino, y nunca revelan sus auténticos puntos de vista y el motivo de su comportamiento. Solo piensan en esas cosas y las consideran en su interior, pero nadie más las conoce. Esa clase de persona se muestra en apariencia amable con todo el mundo, parece tener buen carácter y no hace daño ni ofende a nadie. Sin embargo, lo que en realidad hace es nadar entre dos aguas y ser esquivo. Esa clase de personas siempre es del agrado de algunos en la iglesia, porque nunca cometen grandes errores, nunca se delatan y, según la opinión de los líderes de la iglesia y de los hermanos y hermanas, se llevan bien con todo el mundo. Su actitud hacia su deber es tibia, hacen solamente aquello que se les pide. Son particularmente obedientes y educados, nunca hacen daño a nadie al hablar o al gestionar asuntos, y nunca se aprovechan injustamente de nadie. Jamás hablan mal de ninguna persona y tampoco juzgan a otros a sus espaldas. Sin embargo, nadie sabe si son sinceros cuando cumplen con su deber, lo que piensan de los demás o qué opinión tienen sobre ellos. Tras considerarlo con detenimiento, hasta te parece que esa clase de persona es en realidad un poco rara y difícil de entender, y que puede causar problemas si permanece en la iglesia. ¿Qué deberías hacer? Es una decisión difícil, ¿verdad? Cuando están cumpliendo con su deber, puedes observar que se ocupan de sus asuntos, pero nunca les preocupan los principios que la casa de Dios les ha comunicado. Hacen las cosas como les apetece, actúan por inercia y así les vale, limitándose únicamente a evitar cometer errores graves. En consecuencia, no les hallas ninguna falta ni identificas ningún defecto. Hacen las cosas de manera impecable, pero ¿qué piensan en su interior? ¿Quieren cumplir con su deber? Si la iglesia no contara con decretos administrativos o no existiera la supervisión por parte del líder o de los hermanos y hermanas, ¿podría la gente así llegar a asociarse con personas malvadas? ¿Podrían hacer cosas malas y cometer maldades en colaboración con personas malvadas? Es muy posible, y son capaces de hacerlo, pero eso aún no ha ocurrido. Esa clase de persona es la más problemática, y son el arquetipo de la persona esquiva o del viejo zorro astuto. No le guardan rencor a nadie. Si alguien dice algo para hacerles daño o revela un carácter corrupto que atenta contra su dignidad, ¿qué es lo que piensan? “Mostraré paciencia, no te lo tendré en cuenta, pero un día quedarás en ridículo”. Cuando llega el día en que esa persona es tratada o queda en ridículo, se ríen para sus adentros. Se burlan fácilmente de los demás, de los líderes y de la casa de Dios, pero nunca de sí mismos. Lo que pasa es que no saben qué problemas o defectos propios tienen. Esa clase de personas se cuidan de no revelar nada que pueda dañar a otros, o cualquier cosa que permita que los demás los desentrañen, aunque piensen en ello en su interior. En cambio, cuando se trata de cosas que pueden entorpecer o confundir a los demás, las expresan libremente y permiten que la gente las conozca. Las personas así son las más traicioneras y difíciles de tratar. Entonces, ¿qué postura adopta la casa de Dios ante quienes son así? Si se puede, las utiliza, y si no, hay que deshacerse de ellas; ese es el principio. ¿Por qué? La razón es que las personas así están destinadas a no perseguir la verdad. Son incrédulos que se mofan de la casa de Dios, de los hermanos y hermanas, y de los líderes cuando las cosas van mal. ¿Qué papel desempeñan? ¿Es el papel de Satanás y los diablos? (Sí). Cuando muestran paciencia hacia sus hermanos y hermanas, no están expresando tolerancia ni amor genuinos. Lo hacen para protegerse y evitar atraer enemigos o peligros hacia sí. No toleran que sus hermanos y hermanas los protejan, y tampoco lo hacen por amor, y menos aún porque estén persiguiendo la verdad y practicando de acuerdo con los principios-verdad. La suya es una postura que se centra en ir a la deriva y desorientar a los demás. Tales personas nadan entre dos aguas y son evasivas. No les gusta la verdad y no la persiguen, sino que simplemente van a la deriva. Está claro que el condicionante que reciben de su familia afecta enormemente a los métodos conforme a los cuales se comportan y gestionan las cosas. Por supuesto, debe mencionarse que esos métodos y principios para afrontar el mundo son inseparables de su esencia-humanidad. Por si fuera poco, los efectos condicionantes de su familia solo sirven para que sus acciones sean incluso más pronunciadas y sólidas, y revelan su esencia-naturaleza incluso más a fondo. Por lo tanto, al enfrentarse a cuestiones fundamentales en relación con lo correcto y lo incorrecto, y a aquellas que afectan a los intereses de la casa de Dios, si tales personas pueden tomar decisiones apropiadas y desprenderse de las filosofías para los asuntos mundanos que albergan en sus corazones, como “La armonía es un tesoro y la paciencia, una virtud”, a fin de defender los intereses de la casa de Dios, reducir sus transgresiones y disminuir sus acciones malvadas ante Dios, ¿qué beneficio obtendrán de ello? Como poco, cuando en el futuro Dios decida el desenlace de cada persona, conseguirán aliviar su castigo y disminuir la reprensión de Dios hacia ellos. Al practicar de esa manera, tales personas no tienen nada que perder y todo que ganar, ¿no es cierto? Que les hagan desprenderse íntegramente de sus filosofías para los asuntos mundanos no les resulta fácil, ya que es algo que atañe a su esencia-humanidad, y estas personas esquivas y que nadan entre dos aguas no aceptan la verdad en absoluto. Para ellas, no es tan simple y fácil desprenderse de las filosofías satánicas con las que su familia las ha condicionado, ya que, incluso dejando de lado esos efectos condicionantes de sus familias, creen de manera obsesiva en las filosofías satánicas, y les gusta este enfoque para afrontar el mundo, el cual constituye una visión muy individual y subjetiva. Sin embargo, si lo miran desde un punto de vista inteligente —si se desprenden de algunas de estas prácticas para así defender adecuadamente los intereses de la casa de Dios, siempre y cuando los suyos propios no se vean amenazados ni perjudicados—, verán que en realidad es algo bueno para ellas, porque como poco podría aliviar su culpa, disminuir la reprensión de Dios hacia ellas e incluso darle la vuelta a la tortilla de modo que, en lugar de reprenderlas, Dios las recompensaría y las recordaría. Qué maravilloso sería eso. ¿Acaso no sería algo bueno? (Sí). Con esto concluye nuestra enseñanza sobre este aspecto.

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