Cómo perseguir la verdad (17) Parte 1

En nuestra última reunión hablamos sobre desprenderse de las cargas que provienen de la propia familia y tratamos el tema de desprenderse de las expectativas de los padres. Dichas expectativas ejercen una especie de presión invisible sobre todas las personas, ¿no es así? (Sí). Son una de las cargas que provienen de la familia. Desprenderse de las expectativas de tus padres implica desprenderse de la presión y las cargas que ellos colocan sobre tu vida, tu existencia y la senda que tomas. Es decir, cuando las expectativas de tus padres afectan la senda que eliges en la vida, el cumplimiento de tu deber, tu camino por la senda correcta y tu libertad, tus derechos e instintos, tales expectativas colocan una especie de presión y carga sobre ti. Estas cargas son cosas de las que la gente debería desprenderse a lo largo de su vida, su existencia y su fe en Dios. ¿No hemos hablado antes de este contenido? (Sí). Desde luego, las expectativas de los padres afectan a gran cantidad de ámbitos como los estudios, el trabajo, el matrimonio, la familia e incluso la propia carrera, las perspectivas, el futuro y demás cuestiones. Desde el punto de vista de un padre, todo aquello que espera de su hijo es lógico, justo y razonable. No existe ningún padre que no tenga expectativas sobre su hijo. Puede tener más o menos, más grandes o más modestas, o bien puede tener expectativas distintas sobre su hijo en determinados momentos. Espera que su hijo obtenga buenas calificaciones, que le vaya bien en su trabajo, que tenga buenos ingresos, y que, cuando se case, todo marche bien y sea feliz. Los padres incluso tienen diferentes expectativas respecto a la familia de su hijo, su carrera, sus perspectivas y demás cuestiones. Desde el punto de vista de un padre, tales expectativas son sumamente legítimas, pero, en el caso del hijo, interfieren en gran medida al momento de tomar las decisiones correctas, e incluso obstaculizan su libertad y sus derechos o intereses como una persona común. A su vez, también entorpecen la posibilidad de hacer uso de su aptitud de manera normal. En síntesis, sin importar desde qué punto de vista lo analicemos, ya sea desde el del padre o el del hijo, si las expectativas paternas superan el ámbito de lo que una persona con humanidad normal puede soportar, si van más allá del alcance de lo que pueden lograr los instintos de tal persona, o si sobrepasan los derechos humanos que dicha persona debe poseer, o los deberes y las obligaciones que Dios asigna a las personas, etcétera, son inapropiadas e irrazonables. Por supuesto, también puede afirmarse que los padres no deberían tener tales expectativas y que estas no deberían existir. En función de esto, los hijos deben desprenderse de ellas. Es decir, cuando los padres adoptan la perspectiva o posición de tales, les parece que tienen derecho a esperar que su hijo haga esto o aquello, que tome cierta senda y elija determinada clase de vida, entorno de aprendizaje o empleo, matrimonio, familia y demás. No obstante, como seres humanos normales, los padres no deberían adoptar la perspectiva o posición de tales, ni utilizar su condición de progenitores para exigir que su hijo haga nada fuera del ámbito de sus obligaciones filiales o que vaya más allá del rango de las capacidades humanas. Tampoco deberían interferir en las diversas elecciones que haga su hijo, ni imponerle sus expectativas, preferencias, defectos e insatisfacciones, ni ninguno de sus intereses. Los padres no deberían hacer tales cosas. Cuando los padres albergan expectativas que no deberían tener, el hijo debe abordarlas adecuadamente. Más importante aún, el hijo debe ser capaz de discernir la naturaleza de tales expectativas. Si puedes ver con claridad que las expectativas de tus padres te privan de tus derechos humanos y que son una especie de interferencia o perturbación cuando se trata de que elijas cosas positivas y la senda correcta, debes desprenderte de esas expectativas e ignorarlas. Debes hacerlo porque ese es tu derecho, es el derecho que Dios ha concedido a cada ser humano creado, y tus padres no deberían pensar que tienen derecho a interferir en tu senda vital y tus derechos humanos solo porque te trajeron al mundo y son tus padres. Por lo tanto, todo ser creado tiene el derecho de decir “no” a cualquier expectativa paterna irrazonable, inapropiada o incluso indebida. Puedes negarte totalmente a cargar con cualquier expectativa de tus padres. Negarte a aceptar o a cargar con cualquiera de tales expectativas es la manera de practicar cómo desprenderte de sus expectativas indebidas.

Cuando se trata de desprenderse de las expectativas paternas, ¿qué verdades debe entender la gente? Es decir, ¿sabes en qué verdades se basa el desprenderse de las expectativas de los padres, o a qué principios-verdad se atiene? Si crees que tus padres son las personas más cercanas a ti en el mundo, que son tus jefes y líderes, que son quienes te dieron la vida y te criaron, quienes te alimentaron, te vistieron, te dieron un hogar, transporte, te educaron, y que son tus benefactores, ¿te resultará fácil desprenderte de sus expectativas? (No). Si crees en tales cosas, es muy probable que abordes sus expectativas desde una perspectiva carnal, y te será difícil desprenderte de cualquiera de sus expectativas inapropiadas e irrazonables. Sus expectativas te atarán y reprimirán. Aunque por dentro te sientas insatisfecho y renuente, no tendrás el poder de liberarte de ellas, y no tendrás más alternativa que dejar que tomen su rumbo natural. ¿Por qué tendrás que hacer eso? Porque, si te desprendieras de las expectativas de tus padres e ignoraras o rechazaras alguna de ellas, sentirías que fuiste un mal hijo, un ingrato, que los decepcionarías y que no fuiste una buena persona. Si adoptas una perspectiva carnal, harás todo lo posible por utilizar tu conciencia, para retribuir la amabilidad de tus padres, para asegurarte de que el sufrimiento que ellos soportaron por tu causa no fue en vano, y también querrás concretar sus expectativas. Te esforzarás por cumplir todo lo que te pidan, por evitar decepcionarlos, por ser justo con ellos, y tomarás la decisión de cuidarlos en la vejez, para garantizar que sus últimos años sean felices. Incluso llegarás un poco más lejos, y pensarás en cómo organizar sus funerales, con lo cual los complacerás, al tiempo que también satisfarás tu propio deseo de ser un buen hijo. Mientras vive en este mundo, la gente se ve influenciada por diversos tipos de opinión pública y clima social, así como por diferentes pensamientos y puntos de vista que son populares en la sociedad. Si las personas no entienden la verdad, solo pueden contemplar estas cosas desde la perspectiva de los sentimientos carnales y, a su vez, solo pueden lidiar con estas cosas desde tal perspectiva. En ese momento, pensarás que tus padres hacen muchas cosas que un padre no debería hacer, hasta el punto de que en el fondo del corazón incluso sentirás desprecio y aversión hacia algunas acciones y comportamientos de tus padres, así como hacia su humanidad, su temperamento y sus métodos y formas de hacer las cosas, pero seguirás deseando ser un buen hijo para honrarlos y complacerlos, y no te atreverás a ignorarlos de modo alguno. En un sentido, harás esto para evitar que la sociedad te rechace y, en otro, para satisfacer las necesidades de tu conciencia. La humanidad y la sociedad te grabaron todos estos puntos de vista, de modo que te resultará muy difícil lidiar con las expectativas de tus padres y tu relación con ellos de manera racional. Estarás obligado a abordarlos como un buen hijo, a no protestar contra ninguno de sus actos; no tendrás otra alternativa, no serás capaz de hacer otra cosa y, así, te será aún más difícil desprenderte de sus expectativas. Si de verdad te desprendes de ellas en tu corazón, igualmente tendrás que soportar otra carga o presión, que es la condena de la sociedad, tu familia extendida y tus familiares cercanos. Incluso tendrás que soportar la condena, la denuncia, los insultos y el rechazo que provienen de lo más hondo de tu corazón y dicen que no vales nada, que no eres un buen hijo, que eres un ingrato, o incluso aquello que dice la gente en la sociedad secular, como: “Eres un ingrato indiferente, un desobediente, tu madre no te crio bien”. En otras palabras, toda clase de cosas desagradables. Si no entiendes la verdad, caerás en esta clase de aprieto. Es decir, cuando te desprendes de forma racional de las expectativas de tus padres en lo profundo de tu corazón, o cuando lo haces con reticencia, surge otra clase de carga o presión muy dentro de ti. Esta presión proviene de la sociedad y es producto de tu conciencia. Así pues, ¿cómo puedes desprenderte de las expectativas de tus padres? Existe una senda para resolver este problema. No es difícil, la gente tiene que esforzarse por la verdad y presentarse ante Dios para buscarla y entenderla, y así se resolverá el problema. Entonces, ¿qué aspecto de la verdad necesitas entender a fin de no tener miedo de cargar con la condena de la opinión pública, la de tu conciencia en lo profundo del corazón o con la denuncia y las agresiones verbales de tus padres cuando te desprendes de sus expectativas? (Que no somos más que seres creados ante Dios. En este mundo, no debemos limitarnos a cumplir con nuestras responsabilidades frente a nuestros padres, sino que, lo que es aún más importante, debemos cumplir con nuestros deberes adecuadamente y llevar a cabo nuestras obligaciones. Si logramos entender esto con claridad, tal vez no estemos tan influenciados por nuestros padres o por la condena de la opinión pública cuando en lo sucesivo nos desprendamos de sus expectativas). ¿Quién más quiere hablar al respecto? (La vez pasada, Dios habló sobre que, cuando abandonamos el hogar para cumplir con nuestros deberes, en un sentido se debe a circunstancias objetivas: debemos dejar a nuestros padres para cumplir con los deberes, por lo que no podemos cuidarlos; no se trata de que elijamos abandonarlos porque eludimos nuestras responsabilidades. En otro sentido, abandonamos el hogar porque Dios nos ha llamado a llevar a cabo nuestro deber, así que no podemos acompañar a nuestros padres, pero igualmente nos preocupamos por ellos, que no es lo mismo que no querer cumplir con las responsabilidades frente a ellos y no ser buenos hijos). Estas dos razones son verdades y hechos que la gente debe entender. Si entiende estas cosas, cuando se desprenda de las expectativas de sus padres, se sentirá un poco más tranquila y más en paz en lo profundo del corazón, pero ¿puede esto resolver este problema de raíz? De no ser por la influencia de las circunstancias externas más importantes, ¿estaría tu destino vinculado al de tus padres? Si no creyeras en Dios y trabajaras y pasaras los días de forma normal, ¿es seguro que podrías acompañarlos? ¿Podrías con seguridad ser un buen hijo? ¿Podrías con seguridad permanecer a su lado y devolver su amabilidad? (No necesariamente). ¿Hay alguna persona que actúe solo a fin de retribuir la amabilidad de los padres a lo largo de toda su vida? (No). No existe nadie así. Por lo tanto, debes llegar a conocer este asunto y a desentrañar su esencia desde una perspectiva distinta. Esta es la verdad más profunda que has de comprender en este asunto. También es un hecho y, además, es la esencia de estas cosas. ¿Cuáles son las verdades que debes entender en cuanto a desprenderte de las expectativas de tus padres? Por un lado, debes entender que tus padres no son tus acreedores; por el otro, que tampoco son los amos de tu vida ni de tu destino. ¿Acaso no es esta la verdad? (Sí). Si entiendes estas dos verdades, ¿no te resultará más sencillo desprenderte de sus expectativas? (Sí).

En primer lugar, hablaremos de este aspecto de la verdad: “Tus padres no son tus acreedores”. ¿Qué quiere decir que tus padres no son tus acreedores? ¿Se refiere a la amabilidad que ellos te dispensaron al criarte? (Sí). Fueron amables contigo al criarte, por eso te resulta muy difícil desprenderte de la relación que mantienes con ellos. Crees que tienes que retribuir su amabilidad, de lo contrario, no serías un buen hijo; piensas que debes demostrarles amor filial, que debes obedecer cada una de sus palabras, que debes satisfacer cada uno de sus deseos y exigencias y, además, no decepcionarlos; según crees, esto es lo que implica retribuir su amabilidad. Por supuesto, algunas personas tienen un buen empleo y ganan un buen salario, y ofrecen a sus padres ciertos placeres materiales y una gran vida material, lo que les permite pasarlo bien y tener una vida mejor. Por ejemplo, supongamos que les compras a tus padres una casa y un auto, los llevas a restaurantes elegantes a comer toda clase de manjares, y los llevas de viaje a destinos turísticos y les reservas hoteles de lujo con el objeto de hacerlos felices y posibilitar que disfruten de tales cosas. Haces todo esto para retribuir la amabilidad de tus padres, para que sientan que recibieron algo por haberte criado y amado, y que no los has decepcionado. En un sentido, lo haces para que ellos lo vean y, en otro, lo haces para que lo vea la gente que te rodea, la sociedad, a la vez que haces todo lo posible por satisfacer las necesidades de tu conciencia. Sin importar cómo lo analices, sea lo que sea que intentes satisfacer, en cualquier caso, todos estos actos en gran medida se realizan para devolver la amabilidad que tuvieron tus padres contigo y la esencia de estas acciones es recompensar la bondad que tus padres mostraron al criarte. Así pues, ¿por qué tienes esta idea sobre retribuir la amabilidad de tus padres? Porque crees que tus padres te dieron la vida y que no les resultó fácil criarte; de este modo, tus padres se convierten imperceptiblemente en tus acreedores. Crees que estás en deuda con ellos y que debes compensarlos. Piensas que solo así tendrás humanidad y serás realmente un buen hijo, y que retribuirlos es el estándar moral que debe poseer una persona. Por lo tanto, estas ideas, opiniones y acciones surgen, en esencia, porque te sientes en deuda con ellos y que debes retribuirlos. En gran medida, tus padres son tus acreedores, es decir, crees que estás en deuda con ellos por la amabilidad que han tenido contigo. Ahora que tienes la capacidad de retribuirlos y recompensarlos, así lo haces: en la medida de tus posibilidades, utilizas el dinero y el cariño para recompensarlos. Y, hacer esto, ¿es una muestra de verdadera humanidad? ¿Es un principio de práctica genuino? (No). ¿Por qué digo que tus padres no son tus acreedores? Dado que tal afirmación es la verdad, si los consideras tus benefactores y acreedores, y si todo lo que haces está orientado a recompensarlos por su amabilidad, ¿es correcta esta idea y opinión? (No). ¿No se pronunció ese “no” con mucha reticencia? ¿Cuál de los siguientes enunciados es la verdad: “Tus padres no son tus acreedores” o “Tus padres son tus benefactores y debes recompensarlos”? (“Tus padres no son tus acreedores” es la verdad). Dado que “Tus padres no son tus acreedores” es la verdad, ¿lo es el enunciado “Tus padres son tus benefactores y debes recompensarlos”? (No). ¿No contradice el enunciado anterior? (Sí). No importa cuál de estos enunciados haga que te condene tu conciencia; ¿qué es lo que importa? Lo que importa es cuál de ellos es la verdad. Debes aceptar el enunciado que sea la verdad, aunque incomode y acuse a tu conciencia, porque es la verdad. Si bien el enunciado “Tus padres son tus benefactores y debes recompensarlos” concuerda con los estándares morales de humanidad del hombre y con el conocimiento de su conciencia, no es la verdad. A pesar de que este enunciado hace que tu conciencia se sienta satisfecha y a gusto, debes desprenderte de él. Esta es la actitud que debes tener cuando se trata de aceptar la verdad. Así pues, entre “Tus padres no son tus acreedores” y “Tus padres son tus benefactores y debes recompensarlos”, ¿qué enunciado suena más agradable, más acorde a la humanidad y a tu sentido de conciencia, y concuerda más con los estándares morales de humanidad? (El segundo). ¿Por qué el segundo? Porque complace y satisface las necesidades emocionales del hombre. Sin embargo, no es la verdad y Dios lo aborrece. Entonces, el enunciado “Tus padres no son tus acreedores”, ¿hace que la gente se sienta incómoda? (Sí). ¿Qué siente y percibe la gente tras escucharlo? (Que en cierta medida carece de conciencia). Siente que le falta un poco de sentimiento humano, ¿no es así? (Sí). Algunos dicen: “Si una persona no tiene sentimientos humanos, ¿sigue siendo humana?”. Si las personas no tienen sentimientos humanos, ¿son humanas? El enunciado “Tus padres no son tus acreedores” suena carente de sentimiento humano, pero es un hecho. Si abordas tu relación con tus padres de manera racional, descubrirás que dicho enunciado ha explicado claramente el vínculo que toda persona tiene con sus padres desde la mismísima raíz, y la esencia y el origen de las relaciones interpersonales. Aunque incomode a tu conciencia y no satisfaga tus necesidades emocionales, sigue siendo un hecho y una verdad. Esta verdad puede permitirte abordar de manera racional y correcta la amabilidad que tus padres te dispensaron al criarte. También puede permitirte hacer lo mismo respecto a cualquiera de sus expectativas. Desde luego, es aún más capaz de permitirte abordar tu relación con ellos de la misma manera. Si puedes abordarla de ese modo, puedes manejarla de forma racional. Hay quien dice: “Estas verdades están muy bien expresadas y suenan muy vehementes, pero ¿por qué, cuando la gente las escucha, les parece que son un poco imposibles de lograr? En particular, ‘Tus padres no son tus acreedores’, ¿por qué, tras escuchar esta verdad, la gente siente que su relación con los padres es cada vez más distante y lejana? ¿Por qué siente que no hay afecto entre ella y sus padres?”. ¿Será que la verdad intenta deliberadamente distanciar a las personas? ¿Que trata intencionalmente de cortar los lazos entre las personas y sus padres? (No). Entonces, ¿qué resultados se logran entendiendo esta verdad? (Entender esta verdad puede permitirnos ver la relación con nuestros padres tal como realmente es; esta verdad nos revela la auténtica naturaleza de este asunto). Correcto, te permite ver la auténtica naturaleza de este asunto, abordar y lidiar con estas cosas de manera racional y no vivir inmerso en tus afectos ni en las relaciones interpersonales carnales, ¿verdad?

Hablemos de cómo debe interpretarse “Tus padres no son tus acreedores”. ¿Acaso no es un hecho que “Tus padres no son tus acreedores”? (Sí). Dado que es un hecho, nos corresponde explicar las cuestiones que abarca. Analicemos el asunto de que tus padres te trajeran al mundo. ¿Quién eligió que te trajeran al mundo, tú o tus padres? ¿Quién eligió a quién? Si lo analizas desde la perspectiva de Dios, la respuesta es: ninguno de los dos. Ni tú ni tus padres elegisteis que ellos te trajeran al mundo. Si analizas de raíz esta cuestión, esto lo dispuso Dios. Dejaremos este tema de lado por ahora, ya que es algo fácil de entender. Desde tu punto de vista, naciste pasivamente de tus padres, sin tener otra opción al respecto. Desde la perspectiva de tus padres, te trajeron al mundo por su propia voluntad independiente, ¿verdad? En otras palabras, dejando de lado la disposición divina, en lo relativo a tu nacimiento, fueron tus padres quienes detentaron todo el poder. Eligieron traerte al mundo y lo decidieron todo. Tú no elegiste que ellos te dieran la vida, naciste de ellos pasivamente y no tuviste elección alguna al respecto. Así pues, dado que tus padres tuvieron todo el poder y optaron por hacer que nacieras, tienen la obligación y la responsabilidad de educarte, criarte hasta la vida adulta, proveerte de educación, alimento, vestimenta y dinero; esta es su responsabilidad y obligación, y es lo que les corresponde hacer. En tanto que tu postura fue siempre pasiva durante el tiempo que te criaron, no tuviste derecho a elegir: debían criarte ellos. Como eras pequeño, no tenías la capacidad de criarte solo, no te quedó más alternativa que recibir pasivamente la crianza de tus padres. Ellos te criaron tal como quisieron; si te daban buena comida y bebida, tú comías y bebías bien. Si te ofrecían un entorno vital en el que sobrevivías alimentándote de cizaña y plantas silvestres, así es como sobrevivías. En cualquier caso, durante tu crianza, tú eras pasivo y tus padres cumplían con su responsabilidad. Es igual que si tus padres cuidaran una flor. Si quieren cuidarla, deben fertilizarla, regarla y asegurarse de que reciba la luz del sol. Así pues, en cuanto a la gente, no importa si tus padres te cuidaron de manera meticulosa o si te dispensaron mucha atención, de todos modos, solo cumplían con su responsabilidad y obligación. Independientemente de la razón por la cual te criaron, era su responsabilidad; como te trajeron al mundo, debían hacerse responsables de ti. Sobre esta base, ¿se puede considerar como amabilidad todo lo que tus padres hicieron por ti? No, ¿verdad? (Así es). Que tus padres cumplieran con su responsabilidad contigo no constituye un acto de amabilidad. Si cumplen con su responsabilidad respecto a una flor o una planta, regándola y fertilizándola, ¿es eso amabilidad? (No). Eso dista aún más de ser amabilidad. Las flores y las plantas crecen mejor en el exterior; si se las planta en la tierra, con viento, sol y agua de lluvia, prosperan. No crecen tan bien cuando se las planta en macetas de interior, comparado con el exterior, pero, estén donde estén, igualmente viven, ¿no es así? Sin importar dónde estén, eso lo ha predestinado Dios. Eres una persona viva, y Dios se responsabiliza de cada vida, le permite sobrevivir y observar la ley que rige a todos los seres creados. Pero, como eres una persona, tú vives en el entorno en el que te crían tus padres, de manera que debes crecer y existir en él. Que vivas en ese entorno, en mayor medida, se debe a que Dios lo ha predestinado; en menor medida, se debe a la crianza de tus padres, ¿verdad? En cualquier caso, al criarte, tus padres cumplen con una responsabilidad y una obligación. Criarte hasta la vida adulta es su obligación y responsabilidad, y eso no se puede considerar amabilidad. Siendo así, ¿no se trata de algo que deberías disfrutar? (Sí). Es una especie de derecho del que deberías gozar. Te deben criar tus padres porque, hasta alcanzar la vida adulta, el papel que desempeñas es el de un niño que está siendo educado. Por lo tanto, ellos no hacen más que cumplir con una clase de responsabilidad contigo y tú solo la recibes, pero sin duda no recibes cortesía ni amabilidad de su parte. Para cualquier criatura viviente, tener hijos y cuidarlos, reproducirse y criar a la siguiente generación es un tipo de responsabilidad. Por ejemplo, las aves, las vacas, las ovejas e incluso los tigres tienen que cuidar de sus crías tras reproducirse. No hay criaturas vivientes que no críen a sus cachorros. Tal vez existan ciertas excepciones, pero no muchas. Es un fenómeno natural de la existencia de las criaturas vivientes, es su instinto, y no se puede atribuir a la amabilidad. Lo único que hacen es respetar una ley que el Creador dispuso para los animales y para la humanidad. En consecuencia, que tus padres te críen no es una especie de amabilidad. En función de esto, puede afirmarse que tus padres no son tus acreedores. Cumplen con su responsabilidad frente a ti. Independientemente de cuánto esfuerzo y dinero te dediquen, no deben pedirte que los recompenses, porque esa es su responsabilidad como padres. Dado que es una responsabilidad y una obligación, debe ser libre y no deben pedir una retribución. Al criarte, tus padres solo cumplían con su responsabilidad y obligación, y no corresponde remunerarla, no debe ser una transacción. Así pues, no es necesario que abordes a tus padres ni que manejes tu relación con ellos con la idea de recompensarlos. Si efectivamente tratas a tus padres, les retribuyes y abordas tu vínculo con ellos en función de esta idea, eso es inhumano. A su vez, es probable que eso haga que tus sentimientos carnales te limiten y te aten, y te resultará dificultoso salir de ese enredo, hasta el punto de que incluso podrías perder el camino. Tus padres no son tus acreedores, así que no tienes la obligación de concretar todas sus expectativas. No tienes la obligación de correr con los gastos de sus expectativas. Es decir, ellos pueden tener expectativas; tú cuentas con tus elecciones y con la senda vital y el destino que Dios ha dispuesto para ti, lo cual no tiene nada que ver con tus padres. Por lo tanto, cuando uno de ellos dice: “No eres un buen hijo. No has venido a verme durante muchos años y han pasado muchos días desde la última vez que me llamaste. Estoy enfermo y no tengo quien me cuide. Realmente te crie en vano. ¡Sin duda eres un ingrato indiferente, y un hijo desagradecido!”, si no entiendes la verdad “Tus padres no son tus acreedores”, escuchar esas palabras será tan doloroso como un cuchillo que te atraviesa el corazón, y te condenará la conciencia. Cada una de estas palabras se grabará en tu corazón y hará que te avergüences de enfrentar a tu padre, que te sientas en deuda con él y te invada la culpa. Cuando tu padre diga que eres un ingrato indiferente, realmente pensarás: “Tiene toda la razón. Me crio hasta esta edad y no ha podido pasarlo bien debido a mí. Ahora está enfermo y esperaba que yo pudiera quedarme a cuidarlo, que lo sirviera y lo acompañara. Necesitaba que retribuyera su amabilidad y yo no estuve ahí. ¡De verdad soy un ingrato indiferente!”. Te catalogarás de ingrato indiferente; ¿es eso razonable? ¿Eres un ingrato indiferente? Si no hubieras dejado el hogar para cumplir con el deber en otro lugar y te hubieras quedado al lado de tu padre, ¿podrías haber evitado que enfermara? (No). ¿Puedes controlar si tus padres viven o mueren? ¿Si son ricos o pobres? (No). Sea cual sea la enfermedad que contraigan, no será porque estaban agotados de criarte ni porque te extrañaban; ciertamente, no contraerán ninguna enfermedad importante, grave y posiblemente mortal por tu causa. Ese es su destino, y no tiene nada que ver contigo. Por muy buen hijo que seas, lo que puedes lograr, a lo sumo, es reducir un poco su sufrimiento carnal y sus cargas, pero en cuanto a en qué momento enfermen, qué enfermedad contraigan, cuándo y dónde mueran: ¿tienen estas cosas algo que ver contigo? No. Si eres un buen hijo, si no eres un ingrato indiferente y te pasas todo el día con ellos, cuidándolos, ¿acaso no se enfermarán? ¿No morirán? Si se van a enfermar, ¿no se enfermarán de todos modos? Si van a morir, ¿no morirán igualmente? ¿No es así? Si tus padres hubieran dicho que eres un ingrato indiferente, que no tienes conciencia y que eres un hijo desagradecido, ¿te habrías sentido mal? (Sí). ¿Y ahora? (Ahora no me sentiría mal). Así pues, ¿cómo se resolvió este problema? (Porque Dios enseñó que el hecho de que nuestros padres enfermen o no y que vivan o mueran no tiene nada que ver con nosotros, todo está dispuesto por Dios. Si nos quedamos a su lado, no podríamos hacer nada; entonces, si dicen que somos unos ingratos indiferentes, eso no tiene nada que ver con nosotros). Independientemente de si tus padres dicen que eres un ingrato indiferente, al menos desempeñas el deber de un ser creado ante el Creador. Siempre y cuando no seas un ingrato indiferente a los ojos de Dios, con eso basta. No importa lo que diga la gente. Lo que tus padres dicen sobre ti no es necesariamente cierto ni es útil. Tienes que tomar las palabras de Dios como tu fundamento. Si Él dice que eres un ser creado idóneo, no importa si la gente te considera un ingrato desinteresado, esta no puede conseguir nada. Lo que sucede es que a la gente la afectan estos insultos por efecto de su conciencia, o cuando no entiende la verdad y tiene escasa estatura; estará un poco de mal humor y se sentirá un tanto deprimida, pero, cuando regrese ante Dios, todo eso quedará subsanado y ya no le supondrá un problema. ¿No se ha resuelto el problema de devolver la amabilidad de los padres? ¿Entendéis este asunto? (Sí). ¿Cuál es el hecho que la gente tiene que entender al respecto? Criarte es la responsabilidad de tus padres. Ellos eligieron traerte al mundo, así que tienen la responsabilidad y la obligación de educarte. Al criarte hasta la vida adulta, cumplen con su responsabilidad y obligación. No les debes nada, así que no tienes que recompensarlos. No tienes que recompensarlos: esto muestra claramente que tus padres no son tus acreedores, y que no tienes que hacer nada por ellos en retribución de su amabilidad. Si tus circunstancias te permiten cumplir con algo de tu responsabilidad hacia ellos, pues hazlo. Si tu situación y tus circunstancias objetivas no te permiten cumplir con tu obligación hacia ellos, no es necesario que lo pienses demasiado, y no debes sentirte en deuda con ellos, porque tus padres no son tus acreedores. Sin importar si demuestras o no amor filial por tus padres o si cumples con tu responsabilidad frente a ellos, simplemente estás asumiendo la perspectiva de un hijo y cumpliendo con parte de tu responsabilidad hacia las personas que alguna vez te trajeron al mundo y te criaron. Pero, sin duda, no puedes hacerlo desde la perspectiva de retribuirlos ni la de “Tus padres son tus benefactores y debes recompensarlos, debes devolver su amabilidad”.

En el mundo de los no creyentes existe este dicho: “Los cuervos retribuyen a sus madres dándoles alimento, y los corderos se arrodillan para recibir la leche de sus madres”. También este otro: “Una persona no filial es peor que un animal”. ¡Qué grandilocuentes suenan estos dichos! En realidad, el fenómeno que se menciona en el primero se da en la realidad, es un hecho, los cuervos retribuyen a sus madres dándoles alimento y los corderos se arrodillan para recibir la leche de sus madres. Sin embargo, son simplemente fenómenos dentro del mundo animal. Forman parte de una especie de ley que Dios ha establecido para las diversas criaturas vivientes, y a la que se atienen todo tipo de seres vivos, incluidos los humanos. El hecho de que toda clase de criaturas vivientes acaten esta ley demuestra que Dios las creó. Ninguna puede infringir la ley ni tampoco trascenderla. Incluso carnívoros relativamente feroces como los leones y los tigres alimentan a sus crías y no las muerden antes de que alcancen la edad adulta. Es el instinto animal. Da igual la especie a la que pertenezcan, ya sean feroces o amables y mansos, todos los animales poseen este instinto. La única manera que tienen todas estas criaturas de multiplicarse y sobrevivir es acatar este instinto y esta ley, y eso incluye a los seres humanos. Si no acataran o no tuvieran esta ley y este instinto, se extinguirían. No existiría la cadena biológica ni tampoco este mundo. ¿No es así? (Sí). El hecho de que los cuervos retribuyan a sus madres dándoles alimento, y los corderos se arrodillen para recibir la leche de ellas, evidencia justamente que el mundo animal acata esta clase de ley. Este instinto lo poseen todo tipo de criaturas vivientes. Una vez que nace su descendencia, las hembras o los machos de la especie la cuidan y alimentan hasta que se hace adulta. Todas estas criaturas son capaces de cumplir con sus responsabilidades y obligaciones hacia sus retoños, y crían de forma concienzuda y dedicada a la nueva generación. Esto debería ser más patente si cabe en los seres humanos. La humanidad los considera animales superiores, pero, si no pueden acatar esta ley y carecen de tal instinto, entonces son inferiores a los animales, ¿verdad? Por tanto, más allá de cuánto te alimentaron tus padres durante tu crianza y cuánto cumplieron con sus responsabilidades hacia ti, solo estaban haciendo lo que les correspondía en el ámbito de las capacidades de un ser humano creado: era por instinto. Fijaos en los pájaros. Más de un mes antes de la época de apareamiento buscan sin cesar un lugar seguro para hacer sus nidos. Los machos y las hembras salen por turnos, cargados de diferentes tipos de plantas, plumas y ramitas para comenzar a construirlos en árboles relativamente densos. Los pequeños nidos que elaboran las distintas clases de pájaros son todos increíblemente resistentes e intrincados. Por el bien de sus crías, los pájaros se esfuerzan mucho para construir estos nidos y refugios. Una vez que lo han hecho y llega el momento de la incubación, siempre hay un pájaro presente en ellos; los machos y las hembras hacen turnos alternos durante veinticuatro horas al día y se muestran increíblemente atentos. Cuando uno de ellos vuelve, poco después el otro echa a volar. No pasa mucho tiempo hasta que algunos polluelos rompen el cascarón, asoman la cabeza y se los oye empezar a piar sobre los árboles. Los adultos vuelan de aquí para allá, traen gusanos para alimentar a sus polluelos, se marchan y al poco rato regresan con más, y muestran así un gran cuidado. Transcurridos un par de meses, algunos pajaritos han crecido un poco y pueden ponerse de pie al borde de los nidos y aletear. Sus padres vuelan de aquí para allá y se turnan para alimentar y proteger a sus polluelos. En una ocasión vi en el cielo a un cuervo que llevaba a un polluelo en el pico. La cría gritaba con mucha desesperación, como si pidiera ayuda o algo parecido. El cuervo con el polluelo iba delante, y una pareja de pájaros adultos lo perseguía. Ambos piaban desesperados, y al final el cuervo se alejó volando. Lo más probable es que, aunque los padres hubieran alcanzado al cuervo, su cría hubiera muerto igualmente. Los pájaros adultos que perseguían al cuervo piaban y chillaban tan fuerte que alarmaron a las personas que había en suelo firme, imaginad lo tristes que debían de ser esos sonidos. De hecho, seguro que esa no era su única cría. Debían de tener al menos a otros tres o cuatro polluelos en el nido, pero, cuando se llevaron a uno de ellos, emprendieron una persecución, entre chillidos y gritos. Así es el mundo animal y biológico; las criaturas vivientes son capaces de criar sin descanso a su descendencia. Cada año, los pájaros regresan y construyen nidos nuevos, siempre hacen lo mismo: incuban a sus polluelos, los alimentan y los enseñan a volar. Cuando las crías practican su vuelo, no se elevan mucho en el aire y a veces se precipitan hacia el suelo. A menudo los hemos rescatado y nos hemos apresurado a devolverlos a sus nidos. Sus padres los enseñan día tras día hasta que poco a poco todos los polluelos acaban por marcharse, salen volando y dejan atrás los nidos vacíos. Al año siguiente aparecerán nuevas parejas de pájaros para construir nuevos nidos, incubar los huevos y criar a sus polluelos. Criaturas vivientes y animales de toda índole poseen estos instintos y leyes, las acatan muy bien y los desempeñan a la perfección. Ninguna persona puede destruir tal cosa. También existen algunos animales especiales, como los tigres y los leones. Al alcanzar la edad adulta, estos felinos abandonan a sus padres y algunos machos se convierten incluso en rivales que llegan a morderse, enfrentarse y luchar si es necesario. Esto es normal, es una ley. No son muy afectivos ni viven enfrascados en sus sentimientos como las personas, que dicen: “Tengo que retribuir su gentileza, debo recompensarlos; he de obedecer a mis padres. Los demás me condenarán si no les muestro piedad filial, me reprenderán y me criticarán por la espalda. ¡No podría soportarlo!”. En el mundo animal no se tienen esas consideraciones. ¿Por qué dicen tales cosas las personas? Porque en la sociedad y entre los grupos de gente existen diversas ideas y consensos incorrectos. Una vez que la gente se ha visto influida, corroída y podrida por estas cosas, surgen en ella diferentes maneras de interpretar y lidiar con esta relación paternofilial, y acaba por tratar a sus padres como unos acreedores a los que nunca podrá retribuir. Cuando sus padres mueren, algunos hijos incluso se sienten culpables durante toda su vida y se creen indignos de la gentileza con la que sus padres los trataron, a causa de algo que hicieron y les causó infelicidad a estos o no resultó de la manera que ellos hubieran querido. Decidme, ¿no es esto excesivo? Viven enfrascados en sus sentimientos, de tal modo que no queda otro remedio que los invadan y perturben diversas ideas que proceden de estos. La gente vive en un entorno caracterizado por la ideología de la humanidad corrupta; por tanto, se ve invadida y perturbada por diversas ideas falaces, lo cual vuelve sus vidas más agotadoras y menos simples que las de otras criaturas vivientes. Sin embargo, dado que ahora mismo Dios está obrando y expresando la verdad a fin de contarle a la gente la auténtica naturaleza de todos esos hechos y ayudarla a conocer la verdad; una vez que alcances a entenderla, estas ideas y puntos de vista falaces ya no te supondrán una carga ni te servirán de guía para manejar la relación con tus padres. Llegado este punto, tu vida se volverá más relajada. Eso no significa que desconozcas cuáles son tus responsabilidades y obligaciones, eso lo seguirás sabiendo. Todo depende de qué perspectiva y métodos elijas para abordarlas. Una senda es seguir la ruta de los sentimientos y lidiar con estas cosas a partir de los recursos emocionales y los métodos, ideas y puntos de vista hacia los cuales Satanás guía al hombre. La otra senda es lidiar con estos aspectos en función de las palabras que le ha enseñado Dios. Cuando la gente se ocupa de estos asuntos a partir de las ideas y puntos de vista falaces de Satanás, solo puede vivir entre los enredos de sus sentimientos y nunca es capaz de distinguir lo correcto de lo incorrecto. En estas circunstancias, no le queda elección que vivir atrapada, enredada siempre en asuntos como: “Tienes razón. Yo estoy equivocado. Tú me has dado más; yo te he dado menos. Eres un desagradecido. Te has pasado de la raya”. Por consiguiente, tales personas no hablan claro en ningún momento. Sin embargo, cuando entienden la verdad y escapan de las ideas y puntos de vista erróneos y de la maraña de sentimientos, estas cuestiones se tornan simples para ellos. Si acatas un principio-verdad, una idea o un punto de vista correctos y provenientes de Dios, tu vida se volverá muy relajada. Ni la opinión pública ni el estado de tu conciencia ni la carga de tus sentimientos dificultarán ya la forma en que manejes la relación con tus padres. En cambio, tales cosas te permitirán afrontar esta relación de forma correcta y racional. Si actúas de acuerdo con los principios-verdad que Dios le ha otorgado al hombre, aunque la gente te critique a la espalda, sentirás paz y calma en lo más profundo de tu corazón y no te afectará de ningún modo. Al menos no te reprocharás a ti mismo por ser un ingrato insensible y dejarás de sentir la acusación de tu conciencia en el fondo de tu corazón. Esto se debe a que sabrás que todas tus acciones se llevan a cabo de acuerdo con los métodos que te ha enseñado Dios, y que estás escuchando y sometiéndote a Sus palabras y siguiendo Su camino. Escuchar las palabras de Dios y seguir Su camino es el sentido de la conciencia que más debe poseer la gente. Solo serás una persona auténtica cuando seas capaz de ambas cosas. Si no lo has logrado, entonces eres un ingrato insensible. ¿No es así? (Sí). ¿Ves ahora con claridad esta cuestión? Si es así, cumples con un aspecto; el otro es que la gente pueda desentrañar poco a poco ese asunto y poner la verdad en práctica. Para poder ver este tema con claridad, la gente debe experimentar las cosas durante un tiempo. Si desea observar este hecho y esta esencia claramente y llegar a un punto en el que se ocupe de los asuntos con principios, eso es algo que no se puede lograr en un corto espacio de tiempo, porque la gente debe primero desechar la influencia de toda clase de ideas y puntos de vista falaces y perversos. Otro aspecto más importante de esto es que puede ser capaz de resolver las limitaciones y la influencia de su propia conciencia y sus sentimientos. En particular, estas personas deben sobrepasar el obstáculo de sus propios sentimientos. Digamos que reconoces en teoría que la palabra de Dios es la verdad y es correcta, y que sabes, en teoría, que las ideas y puntos de vista falaces que Satanás inculca en la gente son erróneos, pero no puedes superar el obstáculo de tus sentimientos y siempre te sientes mal por tus padres, piensas que te han mostrado demasiada gentileza, que se han entregado y sufrido en exceso y han hecho demasiadas cosas por ti, que la sombra de todo lo que han hecho por ti, de todo lo que han dicho e incluso de todos los precios que han pagado permanece vívida en tu mente. Cada uno de estos obstáculos será una encrucijada muy importante para ti, y no te resultará fácil superarlos. De hecho, el obstáculo más difícil de superar serás tú mismo. Si eres capaz de superarlos uno tras otro, te podrás desprender a conciencia desde tu propio corazón de los sentimientos que tienes hacia tus padres. No estoy hablando sobre esto para que los traiciones, y desde luego tampoco lo hago para que marques límites entre ellos y tú; no hace falta hacerlo, no estamos iniciando un movimiento. Solo comparto esto para transmitirte un correcto entendimiento acerca de estas cuestiones y ayudarte a aceptar una idea y un punto de vista correctos. Además, hablo sobre esto para que no te sientas atribulado ni te sientas atado de pies y manos cuando te sucedan estas cosas y, lo que es más importante, para que, cuando te encuentres con cosas semejantes, no impacten en tu desempeño del deber de un ser creado. De esta manera, Mi enseñanza logrará su objetivo. Por supuesto, ¿puede la gente que vive en la carne alcanzar un punto en el que no albergue ninguna de estas cosas en su mente, en el que no haya ningún enredo emocional entre ellos y sus padres? Eso sería imposible. En este mundo, aparte de a sus padres, la gente tiene además a sus hijos; estas son las dos relaciones carnales más cercanas entre las personas. Es imposible cercenar ese vínculo entre un padre y un hijo. No intento hacerte pasar por la formalidad de declarar que vas a cortar lazos con tus padres, y que nunca te vas a relacionar de nuevo con ellos. Intento ayudarte a lidiar con vuestra relación de la manera correcta. Todo esto es difícil, ¿verdad? A medida que tu entendimiento de la verdad se vuelve más profundo y te haces mayor, la dificultad de tales cosas se reducirá y decaerá paulatinamente. Cuando la gente está en la veintena, siente un nivel de apego diferente hacia sus padres comparado al que tienen con treinta o cuarenta años. Este apego disminuye aún más cuando cumplen los cincuenta, y no hace falta hablar de cuando llegan a los sesenta o setenta. Para entonces el apego es incluso más leve, pues cambia a medida que la gente se hace mayor.

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