Cómo perseguir la verdad (17) Parte 3

¿Qué clase de personas son las que más respeto merecen en este mundo? ¿Acaso no son aquellas que caminan por la senda correcta? ¿Qué significa aquí la “senda correcta”? ¿No significa eso perseguir la verdad y aceptar la salvación de Dios? ¿No son aquellos que caminan por la senda correcta personas que siguen y se someten a Dios? (Lo son). Si perteneces a esta clase de persona o te empeñas en serlo, y tus padres no te entienden e incluso te maldicen; si cuando estás débil, deprimido y perdido, no solo no te apoyan, te consuelan ni te animan, sino que a menudo te exigen que vuelvas para mostrarles piedad filial, ganar mucho dinero y para que los cuides, no los defraudes, les permitas compartir contigo el centro de atención y vivir una buena vida junto a ti, ¿acaso no se debería desechar a estos padres? (Sí). ¿Son dignos de tu respeto los padres así? ¿Merecen tu piedad filial? ¿Son dignos de que cumplas con tu responsabilidad hacia ellos? (No). ¿Por qué no? Porque sienten aversión por las cosas positivas, ¿no es ese un hecho? (Sí). Porque odian a Dios, ¿no es eso un hecho? (Sí). Porque desdeñan que camines por la senda correcta, ¿no es eso un hecho? (Sí). Desdeñan a la gente que participa en causas justas; se mofan de ti y te menosprecian porque sigues a Dios y cumples con tu deber. ¿Qué clase de padres son? ¿Acaso no se trata de unos padres despreciables y viles? ¿De unos padres egoístas y perversos? (Sí). El gran dragón rojo te ha perseguido y cazado por tu fe en Dios, has estado huyendo, sin poder regresar a casa, e incluso hay quienes han tenido que marcharse al extranjero. Todos tus parientes, amigos y compañeros de clase dicen que eres un fugitivo, y a causa de estos rumores y chismes externos, tus padres creen que los has hecho sufrir injustamente y los has avergonzado. No solo no te entienden, no te apoyan ni empatizan contigo, no solo no les reprochan nada a aquellos que difunden esos rumores ni a los que te desprecian y discriminan, sino que tus padres también te odian, dicen las mismas cosas sobre ti que los que no creen en Dios y ostentan el poder. ¿Qué piensas de estos padres? ¿Son buenos? (No). Entonces, ¿os sigue pareciendo que estáis en deuda con ellos? (No). Si llamas de vez en cuando a tu familia, les parecerá lo mismo que recibir la llamada de un fugitivo. Pensarán que es una gran humillación y que no te atreves siquiera a regresar a casa, como una rata a la que están cazando. Les parecerá vergonzoso tenerte como hijo. ¿Son los padres así merecedores de respeto? (No). No son merecedores de respeto. Entonces, ¿cuál es la naturaleza de sus expectativas hacia ti? ¿Merece la pena que las tengáis en mente? (No). ¿Qué objetivo fundamental tienen esas expectativas? ¿De verdad quieren que camines por la senda correcta y acabes por obtener la salvación? Esperan que sigas las tendencias de la sociedad y progreses en la vida, anotarse tantos a su favor, que les brindes la oportunidad de afrontar el mundo con dignidad y que te conviertas en su orgullo y alegría. ¿Qué más? Quieren que compartas con ellos el centro de atención, comer y beber bien, llevar marcas buenas y colmarse de oro y plata. Quieren hacer cruceros de lujo y viajar a todos los países del globo. Si ascendieras en el mundo, tuvieras fama y dinero en este y compartieras con ellos el centro de atención, mencionarían tu nombre en todas partes y dirían: “Mi hijo es tal, mi hija es cual”. ¿Te mencionan ahora? (No). Caminas por la senda correcta, pero no te nombran para nada. Creen que no tienes nada de dinero y que estás en la miseria, que eres una vergüenza, y que mencionarte supondría avergonzarse a ellos mismos, así que ni te nombran. Por tanto, ¿qué objetivo albergan las expectativas de tus padres? Que compartas con ellos el centro de atención; no es simplemente por tu propio bien. Lo único que les hace felices es poder compartir contigo el centro de atención. Ahora que has regresado ante el Señor de la creación y has aceptado a Dios, Su salvación y Sus palabras, ahora que has asumido el deber de un ser creado y has emprendido la senda correcta en la vida, no ganan nada ni se benefician de ti, y sienten que han salido perdiendo al criarte. Es como si hubieran invertido en un negocio y registraran pérdidas. Por consiguiente, les invaden los remordimientos. Algunos padres afirman a menudo: “Criarte a ti es peor que criar a un perro, este al menos es muy amigable y menea la cola cuando ve a su amo. ¿De ti qué se puede esperar? Te pasas todo el día creyendo en Dios y cumpliendo con tu deber, no haces negocios, no te pones a trabajar, ni siquiera buscas un sustento seguro, y al final todos los vecinos han empezado a reírse de nosotros. ¿Qué he ganado contigo? No he obtenido ni una sola cosa buena de ti ni he compartido contigo el centro de atención”. Si siguieras las tendencias malvadas del mundo secular y te esforzaras por triunfar en él, probablemente tus padres te apoyarían, animarían y consolarían si sufrieras, enfermaras o te sintieras triste. Y sin embargo, no se sienten felices ni se alegran por el hecho de que creas en Dios y tengas una oportunidad de salvarte. Al contrario, te odian y te maldicen. Según su esencia, estos padres son tus enemigos y tus acérrimos adversarios, no pertenecen al mismo tipo de persona que tú ni caminan por la misma senda. Aunque en apariencia parecéis una familia, según tus esencias, tus búsquedas, tus preferencias, las sendas que sigues y las diversas actitudes con las que afrontas a las cosas positivas, a Dios y a la verdad, ellos no son la misma clase de persona que tú. Por tanto, por mucho que digas: “Tengo esperanzas de salvación. He emprendido la senda correcta en la vida”, permanecerán inamovibles y no estarán contentos ni se alegrarán por ti. En su lugar, se sentirán avergonzados. A nivel emocional, estos padres son tu familia, pero en base a tu esencia-naturaleza no lo son, sino que son tus enemigos. Piénsalo, si los hijos llevan regalos y dinero cuando van a casa y permiten a sus padres comer bien y vivir en un lugar bonito, estos van a estar encantados, tan contentos que no sabrán ni qué decir. En su corazón, no pararán de afirmar: “Mi hijo es tan maravilloso, mi hija es tan estupenda. Criarlo y amarlo no ha sido en vano. Es sensato, sabe mostrarnos piedad filial y ocupamos un lugar en su corazón. Es un buen hijo o hija”. Digamos que te presentas en casa con las manos vacías, sin comprar nada, porque crees en Dios y cumples con tu deber. Supongamos que compartes la verdad con tus padres, les hablas de las palabras de Dios y les dices que has emprendido la senda de perseguir la verdad. Su pensamiento más inmediato será: “¿De qué estás hablando? No te entiendo. Te he criado todos estos años y no has cumplido ninguna de mis expectativas. Ya que al fin vienes a visitarnos, al menos podrías habernos regalado un par de calcetines o algo de fruta. No has traído nada, vienes con las manos vacías”. Lo que tus padres no van a decir es: “Al oírte hablar de estas cosas, me doy cuenta de que has cambiado mucho. Antes eras joven y arrogante, pero ahora estás muy diferente. Soy consciente de que todo eso de lo que hablas es importante. Has hecho progresos. Eres prometedor y hay esperanzas; eres capaz de caminar por la senda correcta, de seguir a Dios y ganar la salvación. Eres un buen chico. Lo has pasado mal ahí fuera, debería prepararte algo rico para comer. Tenemos unos cuantos pollos y normalmente no queremos matarlos, preferimos comernos los huevos. Pero ahora que estás en casa, mataré uno y te prepararé un poco de sopa de pollo. Acertaste al elegir esta senda, podrás obtener la salvación. ¡Me alegro tanto por ti! Te he echado mucho de menos estos años. Aunque no hemos hablado, ahora has venido a visitarnos y eso me tranquiliza. Has crecido. Eres más maduro y sensato que antes. Todo lo que dices y haces es apropiado”. Al ver a su hijo caminar por la senda correcta y poseer los pensamientos y puntos de vista adecuados, los padres también se pueden beneficiar y ampliar su conocimiento. Ya que su hijo es capaz de cumplir con un deber y perseguir la verdad, estos padres deberían apoyarlo. Si en el futuro su hijo obtiene la salvación y entra en el reino, si sus actitudes satánicas y corruptas ya no le perjudican, eso sería maravilloso. Aunque sus padres son viejos, lentos a la hora de comprender la verdad y no entienden del todo tales asuntos, les parece que: “Mi hijo sabe caminar por la senda correcta, eso está bien. Es un buen hijo. ¡Ningún alto cargo público ni ninguna suma de dinero son tan buenos ni tan valiosos como esto!”. Decidme, ¿son buenos padres? (Sí). ¿Merecen respeto? (Sí). Son dignos de tu respeto. Entonces, ¿cómo puedes mostrárselo? Deberías orar por ellos en tu corazón. Si creen en Dios, deberías orar para que Él los guíe y los conserve, para que puedan mantenerse firmes en su testimonio durante las pruebas y la tentación. Si no creen en Dios, deberías respetar su decisión y esperar que lleven una vida estable, que no hagan nada malo y que cometan menos acciones malvadas. Entonces, en el mejor de los casos, sufrirán un castigo más pequeño cuando mueran. Además, deberías hacer todo lo posible por hablar sobre algunas cosas y pensamientos y puntos de vista positivos. A esto se le llama respeto, y también se la puede considerar la mejor clase de piedad filial y el mejor cumplimiento de tus responsabilidades. ¿Puedes lograrlo? (Sí). En los ámbitos espiritual y psicológico, anímalos y apóyalos. En el plano físico, mientras los acompañes en casa, haz todo lo posible para ayudarlos a realizar un poco de trabajo y a compartir algunas cosas que entiendas y que tus padres sean capaces de comprender. Ayúdalos a que se lo tomen con calma, a que no se cansen demasiado, a que no se preocupen en exceso por las finanzas ni otros asuntos, y a que dejen que todo siga su curso. A esto se le llama respeto. Trata a tus padres como personas buenas y decentes, cumple un poco con tus responsabilidades hacia ellos, muéstrales un poco de piedad filial y encárgate de algunas de las obligaciones que tienes para con ellos. A esto se le llama respeto. Solo aquellos padres que entienden y apoyan tu fe en Dios de esta manera son dignos de él. Salvo estos, ningunos otros son dignos de respeto. Además de querer que ganes dinero, desean que progreses en el mundo, que te labres un nombre y hagas esto o aquello. Se trata de padres que no se ocupan de sus propios asuntos y no merecen respeto.

Ahora todos entendéis qué es desprenderse de las expectativas de los padres y sois capaces de conseguirlo. ¿De qué otras cosas no podéis desprenderos? En lo que respecta a las vidas de tus padres o a ellos mismos, ¿qué cosas te importan más? Es decir, ¿de cuáles os resulta más complicado separaros o desprenderos a un nivel emocional? “Tus padres no son tus acreedores; tus padres no son los amos de tu vida ni de tu destino”; ¿acaso básicamente no hemos terminado ya de hablar sobre este tema? ¿Lo entendéis? (Sí). Tus padres no son tus acreedores, es decir, no deberías andar siempre considerando cómo retribuirlos solo porque pasaran tanto tiempo criándote. Si no puedes retribuirles, si no surge la oportunidad o las circunstancias adecuadas para hacerlo, siempre te sentirás triste y culpable, hasta tal punto que incluso te entristecerá ver a alguien que tenga piedad filial con sus padres, que los cuide o se la demuestre con hechos. Dios ordenó que tus padres te criaran, que te capacitaran para convertirte en adulto, no para que tuvieras que pasarte la vida retribuyéndoles. Cuentas con responsabilidades y obligaciones que debes cumplir en esta vida, con una senda que debes tomar, y tienes tu propia vida, durante la cual no debes dedicar todas tus energías a retribuir la gentileza de tus padres. Se trata de algo que te acompaña en la vida y en la senda de esta. En cuanto a la humanidad y a las relaciones afectivas, es algo que resulta inevitable. Sin embargo, en cuanto a qué clase de relación estáis destinados a tener tú y tus padres, si vais a ser capaces de vivir juntos lo que quede de vida, o si os vais a separar y el destino no os ha unido, eso depende de las instrumentaciones y arreglos de Dios. Si Él ha instrumentado y arreglado que te halles en un lugar diferente a tus padres durante esta vida, que estés muy lejos de ellos y a menudo no podáis vivir juntos, entonces desempeñar tus responsabilidades hacia ellos es, para ti, una especie de aspiración. Si Dios ha dispuesto que vivas muy cerca de tus padres en esta vida y puedas permanecer a su lado, entonces te corresponde en esta vida cumplir un poco con tus responsabilidades hacia ellos y mostrarles algo de piedad filial; nada de esto es criticable. Sin embargo, si te encuentras en un lugar diferente a tus padres y no se te presenta la oportunidad o las circunstancias adecuadas para mostrarles piedad filial, no debes considerarlo algo vergonzoso. No debes avergonzarte de enfrentarte a tus padres porque seas incapaz de mostrarles piedad filial, es solo que tus circunstancias no lo permiten. Como hijo, deberías entender que tus padres no son tus acreedores. Hay muchas cosas que has de hacer en esta vida, y todas ellas le corresponden a un ser creado, el Señor de la creación te las ha encomendado y no tienen nada que ver con retribuirles a tus padres su gentileza. Mostrarles piedad filial, retribuirles y devolverles su gentileza son cosas que no tienen nada que ver con tu misión en la vida. También se puede decir que no es necesario mostrarles piedad filial a tus padres, retribuirles o cumplir con ninguna de tus responsabilidades hacia ellos. En palabras sencillas, puedes dedicarte un poco a eso y al mismo tiempo desempeñar alguna de tus responsabilidades si las circunstancias lo permiten. Cuando no sea así, no hace falta que te empeñes en ello. Si no puedes desempeñar tu responsabilidad de mostrarle piedad filial a tus padres, tampoco es una calamidad, solo contradice levemente tu conciencia, tu moral y tus nociones humanas. Pero al menos no va en contra de la verdad y Dios no te condenará por ello. Cuando entiendas la verdad, tu conciencia no recibirá ningún reproche por este motivo. ¿No gana en estabilidad vuestro corazón ahora que habéis entendido este aspecto de la verdad? (Sí). Hay quien dice: “Aunque Dios no me va a condenar, sigo sin superar esto en mi conciencia y me siento inestable”. Si este es tu caso, entonces tu estatura es demasiado pequeña y no has entendido ni desentrañado la esencia de este asunto. No entiendes el destino del hombre ni la soberanía de Dios y no estás dispuesto a aceptar Su soberanía ni tampoco Sus arreglos. Siempre posees voluntad humana y sentimientos propios, y estas cosas te impulsan y dominan: se han convertido en tu vida. Si eliges la voluntad humana y tus sentimientos, entonces no has elegido la verdad y no estás practicándola ni sometiéndote a ella. Si esa es tu elección, estás traicionando la verdad. Está claro que tanto tus circunstancias como el entorno no permiten que muestres piedad filial hacia tus padres, pero siempre piensas: “Tengo una deuda con ellos. No les he mostrado piedad filial. Llevan muchos años sin verme. Me han criado para nada”. En el fondo de tu corazón, no eres nunca capaz de desprenderte de tales cosas. Esto evidencia que no aceptas la verdad. En lo relativo a la doctrina, reconoces que las palabras de Dios son correctas, pero no las aceptas como la verdad ni las tomas como los principios de tus acciones. Así que, cuanto menos, en lo que respecta a cómo tratas a tus padres, no eres alguien que persigue la verdad. Esto se debe a que no actúas con base en ella en este asunto, no practicas según las palabras de Dios, en su lugar solo satisfaces tus necesidades emocionales y las de tu conciencia, quieres mostrar piedad filial a tus padres y retribuir su gentileza. Aunque Dios no te condena por hacer esta elección y es solo tuya, al final el que pierde, sobre todo en lo referente a la vida, eres tú. Siempre permaneces ligado a este asunto, siempre piensas que te avergüenza demasiado enfrentarte a tus padres, que no has retribuido su gentileza. Un día, cuando Dios perciba que tu deseo de devolver la gentileza de tus padres es demasiado grande, Él dará un paso adelante, instrumentará un entorno para ti y entonces podrás irte a casa. ¿No crees que tus padres están por encima de todo lo demás, incluida la verdad? A fin de mostrarles piedad filial y satisfacer las necesidades de tu conciencia y tus sentimientos, prefieres perder a Dios, abandonar la verdad y la oportunidad de obtener la salvación. Bueno, está bien, esa es tu elección. Dios no te condenará por ello. Él instrumentará un entorno para ti, te tachará de Su lista y te abandonará. Si eliges volver a casa para mostrarle piedad filial a tus padres en lugar de cumplir con tu deber, estás escapando y huyendo del deber que Dios te ha encomendado, estás renunciando a Su comisión y a las expectativas que Dios tiene hacia ti, al deber que Él te ha confiado, y estás abandonando tu oportunidad de cumplirlo. Si te vas a casa para reunirte con tus padres, para satisfacer las necesidades de tu conciencia y sus expectativas, muy bien, esa es una elección posible. Si de verdad no puedes desprenderte de tus padres, puedes tomar la iniciativa de alzar la mano y decir: “Los echo demasiado de menos. Me remuerde la conciencia a diario, soy incapaz de satisfacer mis sentimientos y me duele en el corazón. Los extraño y no paro de pensar en ellos. Si no vuelvo para mostrarles piedad filial a mis padres en esta vida, temo que ya no vaya a tener otra oportunidad. Me da miedo arrepentirme después”. Entonces te puedes ir a casa. Si tus padres son para ti el cielo y la tierra, si son más grandes que tu propia vida, si lo son todo para ti, entonces puedes elegir no desprenderte de ellos. Nadie va a obligarte. Puedes elegir irte a casa para mostrar piedad filial y acompañarlos, para permitirles vivir una buena vida y retribuir su gentileza. Sin embargo, tienes que pensarlo bien. Si hoy tomas esta decisión y al final pierdes la ocasión de alcanzar la salvación, luego solo te quedará asumir el desenlace. Nadie puede cargar con semejante consecuencia en tu nombre, debes acarrearla tú solo. ¿Lo entiendes? (Sí). Si prefieres renunciar a la oportunidad de cumplir con tu deber y de alcanzar la salvación, solo para que tus padres sean tus acreedores y poder saldar tu deuda con ellos, eso es elección tuya. Nadie te obliga. Supongamos que alguien en la iglesia hace una petición, dice: “Es muy duro vivir lejos de casa. Echo demasiado de menos a mis padres. No puedo desprenderme de ellos en mi corazón. Sueño con ellos a menudo. En mi mente y mi corazón solo soy capaz de pensar en sus sombras y me siento cada vez más culpable por todo lo que han hecho por mí. Ahora que se hacen mayores, soy más consciente de lo difícil que es para los padres criar a un hijo, y de que debería retribuírselo, brindarles algo de alegría y consuelo estando presente durante lo que les queda de vida. Prefiero renunciar a mi ocasión de salvarme para poder ir a casa y mostrarles piedad filial”. Dado el caso, pueden remitir una solicitud que diga: “Informo de que tengo la intención de irme a casa para mostrarles piedad filial a mis padres. No quiero cumplir con mi deber”. La iglesia debería aprobarla, y no hace falta que nadie obre en ellos ni hable con ellos. Decirles cualquier cosa más sería una necedad. Cuando la gente no entiende nada de nada, puedes hablarles un poco más y compartirles la verdad hasta que quede clara. Si no has hablado con claridad sobre ello y terminan tomando una elección incorrecta, entonces tú eres el responsable. Sin embargo, si entienden todo en términos de doctrina, entonces no hace falta que nadie obre en ellos. Es como dicen algunos: “Lo entiendo todo, no hace falta que me digas nada”. Perfecto, no hace falta que malgastes saliva en eso, puedes ahorrarte problemas. Deberías permitir a la gente así regresar a casa de inmediato. En primer lugar, no los detengas, en segundo, apóyalos; y en tercero, ofréceles algo de consuelo y ánimo, diles: “Vete a casa y muestra a tus padres algo de piedad filial. No los enfades ni los disgustes. Si quieres mostrarles piedad filial y retribuirles, debes ser un hijo filial. Sin embargo, que no te invadan los remordimientos si al final no puedes alcanzar la salvación. Que tengas buen viaje, ¡espero que todo vaya bien!”. ¿De acuerdo? (Sí). Si alguien quiere irse a casa a mostrar piedad filial a sus padres, eso está bien, no deberían contenerse. Cumplir con el deber es voluntario y nadie puede insistir en que lo hagas. No se te va a condenar por no cumplir con el deber. Si lo cumples, ¿es seguro que vayas a lograr la salvación? No necesariamente. Se trata solo de una cuestión de la actitud que tengas hacia el cumplimiento del deber. Entonces, ¿se te destruirá si no cumples con el deber? Nadie ha dicho eso. En cualquier caso, tus esperanzas de salvación probablemente desaparezcan. Hay quien dice: “¿Es algo bueno o malo mostrarles piedad filial a tus padres?”. No lo sé. Si quieres mostrarles piedad filial, entonces hazlo. No vamos a valorarlo, no serviría de nada. Es una cuestión de humanidad y sentimientos. El tema es elegir tu método de existencia. No tiene nada que ver con la verdad. Quien quiera ir a casa y mostrar piedad filial a sus padres puede decidir hacerlo libremente. La casa de Dios no va a insistirles para que se queden ni tampoco va a interferir. Ni los líderes de la iglesia ni los que los rodean deberían impedirles volver a casa. Lo mejor sería no obrar en esta clase de personas ni compartir la verdad con ellas. Si quieres irte a casa, vete. Todo el mundo se va a despedir de ti, se comerán contigo unas bolas de masa hervida y te desearán un buen viaje.

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