Cómo perseguir la verdad (17) Parte 4

Las mayores expectativas que tienen los padres hacia sus hijos son, por una parte, que tengan una buena vida y, por otra, que permanezcan a su lado y los cuiden cuando sean mayores. Por ejemplo, si un padre o madre se pone enfermo o se topa con dificultades en la vida, espera que sus hijos puedan ayudarlo a disipar sus preocupaciones y dificultades, y a compartir su carga. Confía en que permanezcan a su lado cuando deje este mundo, para así poder volver a verlos una última vez. En general, estas son las dos expectativas principales que los padres tienen hacia sus hijos, y es difícil desprenderse de ellas. Si los padres de alguien se ponen enfermos o se encuentran en dificultades y esa persona no recibe noticias al respecto, es posible que todo se resuelva sin su intervención. Sin embargo, si es conocedor de esa circunstancia, lo normal es que le resulte muy difícil superarla, en especial si la enfermedad es grave. En esos momentos es incluso más complicado para la gente desprenderse. Cuando sientes en el fondo de tu corazón que tus padres siguen en las mismas condiciones físicas, vitales y laborales que hace diez o veinte años, que pueden cuidarse solos y llevar una vida normal, que siguen saludables, jóvenes y fuertes, y por tanto te da la impresión de que no te necesitan, no te preocuparás demasiado por ellos en tu corazón. Sin embargo, cuando te enteras de que tus padres son unos ancianos con el cuerpo debilitado y necesitan a alguien que cuide de ellos y los acompañe, si te hallas en otro lugar, lo más probable es que te afecte y te disguste saberlo. Algunas personas incluso abandonan sus deberes y quieren ir a casa a visitar a sus padres. Otros, más sentimentales, hacen elecciones incluso más irracionales, dicen: “Si pudiera, les daría diez años de mi vida a mis padres”. Hay quienes insisten en buscarles bendiciones. Les compran toda clase de productos saludables y suplementos nutricionales, y cuando se enteran de que están gravemente enfermos, no pueden evitar verse atrapados en sus sentimientos, desean apresurarse a acudir de inmediato a su lado. Hay quien dice: “Estaría incluso dispuesto a enfermar en lugar de mis padres”, sin considerar el deber que deberían cumplir e ignorando la comisión de Dios. Por tanto, en estas circunstancias, es muy probable que la gente se vuelva débil y caiga en la tentación. ¿Llorarías al enterarte de la noticia de que tus padres han caído gravemente enfermos? En concreto, algunas personas reciben cartas de casa diciendo que el médico les ha dado un último aviso. ¿Qué significa “un último aviso”? Esta frase es fácil de interpretar. Significa que los padres de esta gente morirán en pocos días. En un momento así, pensarías: “Mis padres solo tienen cincuenta y tantos años. Esto no debería estar pasando. ¿Qué enfermedad tienen?”. Y cuando la respuesta es “cáncer”, pensarás de inmediato: “¿Cómo lo han contraído? Me he pasado fuera todos estos años, me han echado de menos y sus vidas son muy duras, ¿por eso les ha entrado esa enfermedad?”. Te apresurarás a atribuirte a ti mismo toda la culpa: “La vida de mis padres es muy dura y yo no los he ayudado a compartir su carga. Me han echado de menos y se han preocupado por mí, y no he permanecido a su lado. Los he decepcionado y les he hecho sufrir el dolor de echarme de menos todo este tiempo. Mis padres pasaron mucho tiempo criándome, ¿y todo para qué? ¡Lo único que he conseguido es hacerlos sufrir!”. Mientras más lo pensaras, más te parecería que los has decepcionado y que estás en deuda con ellos. Entonces pensarías: “No, eso no está bien. Creo en Dios, cumplo con el deber de un ser creado y completo la comisión de Dios. No he decepcionado a nadie”. Pero luego considerarías: “Mis padres son muy mayores y no tienen a ningún hijo a su lado para que cuide de ellos. ¿Qué sentido tuvo criarme entonces?”. No pararías de darle vueltas, incapaz de superarlo por mucho que pensaras en ello. No solo llorarías, además te precipitarías en los enredos más profundos de tus sentimientos hacia tus padres. ¿Resulta fácil desprenderse en estas circunstancias? Dirías: “Mis padres me engendraron y me criaron. No esperaban de mí que me hiciera rico ni me pidieron nada excesivo. Lo único que requerían de mí es que permaneciera a su lado cuando enfermaran y me necesitaran, que los acompañara y aliviara su sufrimiento. ¡Ni siquiera he hecho eso!”. Llorarías desde que te enteraras del estado crítico de tus padres hasta el día de su muerte. ¿Os pondríais tristes si os vierais en esta clase de situación? ¿Lloraríais? ¿Derramaríais lágrimas? (Sí). En ese momento, ¿flaquearían tu determinación y tu afán? ¿Sentirías el impulso de acudir de manera precipitada e imprudente junto a tus padres? ¿Pensarías, en el fondo de tu corazón, que fuiste un ingrato indiferente y que tus padres te criaron para nada? ¿Seguirías sintiendo vergüenza al enfrentarte a tus padres? ¿Seguirías recordando la gentileza que te demostraron al criarte y lo buenos que fueron contigo? (Sí). ¿Renunciarías a tu deber? ¿Intentarías hacer todo lo posible para que tus amigos o tus hermanos y hermanas te informaran de las últimas novedades acerca de tus padres? Todo el mundo expresaría estas manifestaciones, ¿no es así? Entonces, ¿es un asunto fácil de resolver? ¿Cómo debes entender tales cuestiones? ¿Cómo deberías contemplar el asunto de la enfermedad o cualquier tipo de gran desgracia que les ocurra a tus padres? Si puedes desentrañar esto, serás capaz de desprenderte de ello. Si no, pues no podrás. Piensas siempre que todo lo que tus padres han sufrido y afrontado guarda relación contigo, y que deberías compartir tales cargas; siempre te echas la culpa, siempre crees que estas cosas tienen algo que ver contigo, siempre quieres involucrarte. ¿Es acertada esta idea? (No). ¿Por qué? ¿Cómo deberías contemplar estos temas? ¿Qué manifestaciones resultan normales? ¿Cuáles son anormales, irracionales y no están de acuerdo con la verdad? Hablemos primero de las manifestaciones normales. A la gente la engendran sus padres; son carne y poseen sentimientos. Los sentimientos forman parte de la humanidad y nadie puede evitarlos. Todo el mundo los tiene, incluso los animales pequeños, por no mencionar a las personas. Sin embargo, algunas poseen sentimientos un poco más fuertes y otras más débiles. No importa cuáles sean las circunstancias, todo el mundo los tiene. Ya provengan de sus sentimientos, de su humanidad o de su racionalidad, cualquiera se apenaría al oír que sus padres han caído enfermos, que se han encontrado con algún grave infortunio o un padecimiento. A todo el mundo le supondría un disgusto. Es muy normal que suceda, es el instinto humano, algo que la gente posee en su humanidad y sus sentimientos. Es muy natural que esto se manifieste en los individuos. Cuando sus padres caen gravemente enfermos o se encuentran con una gran desgracia, resulta muy común que una persona esté triste, llore o se sienta reprimida, que busque maneras de resolver los problemas y comparta la carga con sus padres. Para algunos, esto afectará incluso a su cuerpo, no podrán siquiera comer, sentirán un nudo en el estómago y se pasarán el día con el ánimo decaído. Se trata por entero de una manifestación de las emociones, y es muy normal. Nadie debería criticarte por ellas, no deberías tratar de evitarlas y desde luego tampoco aceptar que nadie te censure por dichas manifestaciones. Tenerlas es una evidencia de que tus sentimientos hacia tus padres son auténticos y que eres alguien que posee sentido de la conciencia, una persona normal y corriente. Nadie debería criticarte por albergar tales efusiones o necesidades emocionales. Todas estas manifestaciones quedan en el ámbito de la racionalidad y la conciencia. Entonces, ¿cuáles no son normales? Las manifestaciones anormales son aquellas que van más allá de la racionalidad. Se producen cuando las personas se vuelven impulsivas una vez que le suceden cosas semejantes, y desean abandonarlo todo de inmediato para regresar al lado de sus padres, se echan toda la culpa a sí mismas y abandonan los ideales, las aspiraciones y la determinación que poseían, e incluso los juramentos que hicieron ante Dios. Estas manifestaciones son anormales y exceden a la razón, ¡son demasiado impulsivas! Cuando la gente elige una senda, no puede elegir la correcta y adecuada en un ataque de impulsividad. El hecho de que elijas caminar por la senda de cumplir con un deber y de desempeñar el que corresponde a un ser creado no es un tema simple, y es algo que no se puede sustituir por nada. Desde luego no es una elección que se pueda hacer en un ataque de impulsividad. Además, esta es la senda correcta; no deberías cambiar tu decisión de caminar por la senda correcta en la vida a causa de los entornos, personas, acontecimientos y cosas que te rodean. Esta es la racionalidad que debes poseer. Ya se trate de tus padres o de cualquier tipo de cambio significativo no debería afectar a lo más importante, que es cumplir con el deber de un ser creado. Este es un aspecto. Otro es que, en lo que respecta a que tus padres contraigan una enfermedad, cuándo empiezan a sufrir a causa de ella y las consecuencias que acarrea, ¿estamos hablando de cosas sobre las que tengas capacidad de decisión? Es posible que digas: “Tal vez esto haya sucedido porque no fui un buen hijo. Si hubiera pasado estos años ganando dinero y trabajando con esmero, si me fuera bien económicamente, podrían haberse tratado antes de su enfermedad y no hubiera empeorado tanto. Esto sucede porque no he sido un buen hijo”. ¿Es un pensamiento adecuado? (No). Si alguien tiene dinero, ¿significa eso necesariamente que va a poder comprar salud y evitar caer enfermo? (No). ¿Acaso la gente rica del mundo nunca se pone enferma? Desde el momento en que una persona siente que está cayendo enferma hasta que sucede y acaba muriendo, todo lo predestina Dios. ¿Cómo iba a decidir nadie algo así? ¿Cómo iba a designarlo la cantidad de dinero que tengas? ¿Cómo podría decidirlo el entorno de alguien? Todo esto lo determinan la soberanía y los arreglos de Dios. Por tanto, no hace falta que analices o investigues más de lo necesario el asunto de que tus padres se pongan gravemente enfermos o sufran un serio infortunio, y desde luego no deberías dedicarle tus energías, pues no serviría de nada. Que la gente nazca, se haga mayor, enferme, muera y se encuentre con diversos asuntos grandes y pequeños en la vida es de lo más normal. Si eres adulto, tu manera de pensar ha de ser madura, y deberías abordar este tema con calma y corrección. “Mis padres están enfermos. Algunos dicen que es porque me echaban mucho de menos, ¿es eso posible? Desde luego que me han echado de menos, ¿cómo iba una persona a no echar de menos a su propio hijo? Yo también a ellos, ¿por qué no me he puesto enfermo entonces?”. ¿Enferma la gente por echar de menos a sus hijos? No. Entonces, ¿qué sucede cuando tus padres se encuentran con estas cuestiones tan significativas? Lo único que se puede decir es que Dios ha instrumentado esto en sus vidas. Ha sido la mano de Dios; no te puedes centrar en razones ni causas objetivas, tus padres se iban a encontrar con esta situación cuando llegaran a esta edad, la enfermedad iba a afectarles, así estaba previsto. ¿Lo habrían evitado si hubieras estado allí? Si Dios no hubiera dispuesto que enfermar fuera parte de su destino, entonces nada les habría ocurrido, aunque no hubieras estado con ellos. Si su destino era verse en esta clase de gran infortunio en sus vidas, ¿qué efecto habría tenido tu presencia junto a ellos? No hubieran podido evitarlo de todos modos, ¿verdad? (Cierto). Piensa en aquellos que no creen en Dios, ¿acaso no están esas familias siempre juntas, año tras año? Cuando los padres se topan con un gran infortunio, los miembros de su extensa familia y sus hijos están todos junto a ellos, ¿verdad? Cuando enferman o empeoran de sus dolencias, ¿se debe a que sus hijos los han abandonado? No, es algo que está destinado a ocurrir. Lo que sucede es que, al ser tú su hijo y tener este lazo sanguíneo con tus padres, te disgustas al enterarte de que están enfermos, mientras que a los demás no les afecta en absoluto. Todo esto es muy normal. Sin embargo, que tus padres se hayan topado con una gran desgracia de este tipo no significa que te haga falta analizar e investigar cómo deshacerte de ella o resolverla, ni que lo consideres. Tus padres son adultos, se han encontrado con esto unas cuantas veces en la sociedad. Si Dios dispone un entorno para que se deshagan de este asunto, tarde o temprano, desaparecerá por completo. Si supone un obstáculo para ellos en la vida y deben experimentarlo, entonces Dios decide cuánto tiempo deberán hacerlo. Es algo que deben experimentar y no pueden evitar. Si deseas resolver este asunto sin que nadie te ayude, si pretendes analizarlo e investigar su origen, sus causas y consecuencias, pensar de esa manera es una necedad. No sirve de nada y es superfluo. No deberías hacer cosas como analizar, investigar y llamar a tus compañeros de clase y amigos para que te ayuden, contactar con un hospital para tus padres, conseguirles los mejores médicos o la mejor cama posible en el hospital; no hace falta que te devanes los sesos en nada de eso. Si de verdad te sobra algo de energía, deberías aplicarla en hacer un buen trabajo en el deber que se prevé que ahora has de cumplir. Tus padres tienen su propio destino. Nadie puede escapar de la edad a la que se supone que debe morir. Tus padres no son los amos de tu destino, y del mismo modo tú no eres el amo del destino de tus padres. Si algo está destinado a ocurrirles, ¿qué puedes hacer tú al respecto? ¿Qué consigues poniéndote nervioso y buscando soluciones? Nada en absoluto, pues depende de las intenciones de Dios. Si Él quiere llevarse a tus padres y permitirte así cumplir con tu deber sin molestias, ¿puedes interferir en ello? ¿Puedes discutir las condiciones con Dios? ¿Qué debes hacer en ese momento? Devanarte los sesos para encontrar soluciones, investigar, analizar, culparte a ti mismo y avergonzarte a la hora de enfrentarte a tus padres: ¿son estos los pensamientos y las acciones que debe tener una persona? Todas ellas son manifestaciones de una falta de sumisión a Dios y a la verdad; son irracionales, imprudentes y una muestra de rebeldía contra Él. La gente no debería expresar tales manifestaciones. ¿Lo entendéis? (Sí).

Hay quien dice: “Sé que no debería analizar ni investigar la cuestión de que mis padres caigan enfermos o les suceda un gran infortunio, que hacerlo no vale de nada y que debería abordarlo conforme a los principios-verdad, pero no puedo contenerme y lo acabo por analizar e investigar”. Por tanto, resolvamos el problema de la contención, de modo que ya no tengas que refrenarte. ¿Cómo se consigue esto? En esta vida, aquellos que tienen un cuerpo saludable comienzan a experimentar síntomas de la vejez al llegar a los cincuenta o sesenta años. Sus huesos y músculos se deterioran, pierden fortaleza, no pueden dormir bien ni comer mucho, tampoco tienen energía suficiente para trabajar, leer o realizar cualquier tipo de tarea. En ellos afloran dolencias de todo tipo, como hipertensión, diabetes, enfermedades cardíacas, cardiovasculares, cerebrovasculares, etcétera. En cuanto a aquellos que están algo más sanos, aunque presenten síntomas de vejez, pueden hacer cuanto necesiten, y vivir y trabajar con normalidad. Eso está bastante bien. Respecto a aquellos que están menos sanos, los síntomas influyen en su trabajo y su vida normales, y a veces tienen que acudir al hospital para una cita médica. Algunos se resfrían o sufren dolores de cabeza; a otros les da enteritis o diarrea, y requieren reposo en cama durante dos días cada vez que sufren un brote. Hay gente con hipertensión que se marea tanto que no puede caminar, conducir o alejarse mucho de casa. Otros tienen además incontinencia urinaria, no les conviene salir, así que rara vez viajan con sus parientes y amigos. Cierta gente siempre tiene reacciones alérgicas cuando come. Otra no duerme bien y le resulta imposible hacerlo en lugares con ruido; en cuanto se muda a otro sitio, le cuesta todavía más conciliar el sueño. Todas estas cosas tienen un impacto muy profundo en las vidas y el trabajo de tales personas. Incluso hay algunas que no pueden trabajar más de tres o cuatro horas seguidas. Y existen también casos más graves, de personas que se convierten en enfermas terminales a los cincuenta o sesenta años, ya sea de cáncer, diabetes, cardiopatía reumática, demencia o párkinson, etcétera. Bien sea la causa de estas enfermedades aquello que comen o los entornos, el aire o el agua contaminados, la ley carnal del hombre sentencia que, una vez que las mujeres llegan a los cuarenta y cinco años y los hombres a los cincuenta, sus cuerpos se deterioran paulatinamente. Aseguran a diario que sienten molestias en una determinada zona y que aquella otra les duele, van a un chequeo médico y resulta ser cáncer terminal. El médico les acaba diciendo: “Vete a casa, esto no tiene cura”. Todo el mundo va a tener que afrontar estas enfermedades carnales. Hoy son ellos, mañana seréis vosotros y nosotros. Conforme a la edad y en orden secuencial, todo el mundo nace, envejece, cae enfermo y muere; de la juventud pasa a la vejez, de la vejez a la enfermedad, y de esta a la muerte. Es la ley. Es solo que cuando te enteras de que tus padres se han puesto enfermos, al tratarse de las personas más cercanas a ti, por las que más te preocupas y las que te criaron, serás incapaz de superar el obstáculo de tus sentimientos, y pensarás: “No siento nada cuando mueren los padres de los demás, pero los míos no pueden ponerse enfermos porque eso me entristecería. Soy incapaz de soportarlo, me duele en el corazón, ¡no puedo sobrellevar mis sentimientos!”. Por el mero hecho de ser tus padres, crees que no deberían envejecer ni ponerse enfermos, y que sin duda no deberían morir; ¿tiene eso algún sentido? Ninguno, y no es una verdad. ¿Lo entendéis? (Sí). Todo el mundo va a enfrentarse al envejecimiento y la enfermedad de sus padres y, en algunos casos graves, incluso a padres inmovilizados en la cama o a otros que se han sumido en estados vegetativos. Los padres de algunos tienen hipertensión, una parálisis parcial, ataques cerebrales o hasta contraen una enfermedad grave y mueren. Todo el mundo será testigo en primera persona o se enterará del proceso de envejecimiento de sus padres, de cómo se ponen enfermos y luego mueren, o verá cómo sucede todo esto. Es solo que alguna gente se entera antes, cuando sus padres andan por la cincuentena. Otros conocen esta noticia cuando sus padres tienen más de sesenta años, y en otros casos sucede cuando rondan los ochenta, noventa o cien. Sin embargo, no importa cuándo te enteres de esto, como hijo o hija, tarde o temprano aceptarás este hecho. Si eres adulto, deberías demostrar madurez de pensamiento y la actitud correcta respecto al hecho de que las personas nacen, envejecen, se ponen enfermas y mueren, y no ser impulsivo. Deberías ser capaz de soportar el descubrir que tus padres están enfermos o que han recibido el aviso del hospital de que están en estado crítico. Nacer, envejecer, enfermar y morir son cosas que cualquiera debe aceptar, ¿en qué te fundamentas para no ser capaz de soportarlo? Esta es la ley que Dios ha ordenado para el nacimiento y la muerte del hombre, ¿por qué quieres infringirla? ¿Por qué no la aceptas? ¿Qué intención tienes? No quieres dejar morir a tus padres, no quieres vivir según la ley de nacer, envejecer, enfermar y morir que ha establecido Dios, quieres impedir que enfermen y mueran, ¿en qué los convertiría eso? ¿No serían como de plástico? ¿Serían todavía personas? Por tanto, has de aceptar este hecho. Antes de oír la noticia de que tus padres están envejeciendo, que se han puesto enfermos y han muerto, debes prepararte para ello en tu corazón. Un día, tarde o temprano, toda persona se hace mayor, se debilita y muere. Dado que tus padres son gente normal, ¿por qué no van a experimentar este obstáculo? Han de hacerlo, y tú debes abordarlo correctamente. ¿Se ha resuelto este asunto? ¿Puedes ocuparte ahora de tales cosas de manera racional? (Sí). Entonces, cuando tus padres se pongan gravemente enfermos o les suceda un gran infortunio en el futuro, ¿cómo lo vas a abordar? También está mal ignorarlo y la gente dice: “¿Acaso eres una rana o una serpiente? ¿Cómo puedes tener la sangre tan fría?”. Como persona normal que eres, deberías reaccionar. Debería haber una reflexión: “Mis padres han tenido una vida dura y han contraído esta enfermedad a una edad temprana. No han disfrutado de ninguna bendición y no se han esmerado en su fe en Dios. Así ha sido su vida. No han entendido nada, no han caminado por la senda correcta ni perseguido la verdad. Solo han dejado que transcurran los días. No hay ninguna diferencia entre ellos y los animales; no se diferencian de las vacas o los caballos viejos. Ahora que están gravemente enfermos, tendrán que apañárselas solos, pero espero que Dios pueda disminuir algo su sufrimiento”. Ora por ellos en tu corazón, con eso basta. ¿Qué puede hacer una persona cualquiera? Si no estás con tus padres, nada; y aunque te encuentres a su lado, ¿qué puedes hacer? ¿Cuántos han visto en primera persona a sus padres pasar de la juventud a la vejez, de la vejez a contraer diversas enfermedades, de esto a que fracase el tratamiento médico, a que luego se certifique su muerte y los lleven a la morgue? No son pocos. Todos estos hijos se quedan con sus padres, pero ¿qué pueden hacer? Nada, solo observar. Te ahorrará algunos problemas no observar ahora este proceso; es mejor no hacerlo, ver cómo sucede no te hará bien. ¿No es así? (Sí). En lo que respecta a este asunto, debes por una parte desentrañar que el hecho de que las personas nazcan, envejezcan, caigan enfermas y mueran es una ley que estableció Dios. Por otra parte, debes entender con claridad las responsabilidades que la gente debe desempeñar y sus destinos, no debes ser irracional ni tampoco impulsivo o un necio. ¿Por qué no deberías cometer acciones impulsivas o necias? Porque aunque lo hagas, no servirá de nada, solo para revelar tu necedad. Lo más grave es que mientras haces cosas estúpidas te estás rebelando contra Dios, y a Él eso no le gusta. Lo detesta. Comprendes y tienes claras todas estas verdades desde el punto de vista de la doctrina, pero sigues aferrándote a tu propia senda, y haces algunas cosas de forma obstinada y deliberada, así que no le gustas a Dios, te aborrece. ¿Qué es lo que aborrece de ti? Tu terca necedad y tu rebeldía. Crees que posees algún sentimiento humano, pero Dios dice que eres testarudo y necio, además de ser obstinado, tonto, estúpido e intransigente, y de no aceptar la verdad ni someterte a las instrumentaciones y arreglos de Dios. Él te ha explicado claramente la esencia, el origen y los principios específicos de práctica que contiene este asunto, pero sigues queriendo valerte de tus sentimientos para manejarlo todo, de modo que no le agradas a Dios. En última instancia, si Él no cura la enfermedad de tus padres, entonces caerán gravemente enfermos y morirán, si es que está previsto que esto suceda. Nadie puede modificar este hecho. Si deseas hacerlo, esto solo prueba que quieres servirte de tus propias manos y de tus métodos para cambiar la soberanía de Dios. Esto supone la mayor rebeldía y te estás oponiendo a Dios. Si no quieres oponerte a Él, al enterarte de lo que les ha ocurrido a tus padres, deberías calmarte y encontrar un lugar para estar solo y llorar, pensar, orar o expresarle tus sentimientos de añoranza a los hermanos y hermanas que te rodean. Eso es lo único que hace falta que hagas. No debes pensar en cambiar nada y desde luego no debes hacer ninguna necedad. No le ores a Dios para pedirle que les quite la enfermedad a tus padres y les permita vivir unos cuantos años más, o para que te reste a ti dos años para dárselos a ellos, solo porque crees en Dios o partiendo de la base de que has renunciado a tu familia y abandonado tu carrera para cumplir con tu deber durante mucho tiempo. No hagas nada semejante. Dios aborrece y no escucha las oraciones de ese tipo, detesta tales pensamientos. No disgustes ni enfades a Dios. Por lo que Él siente mayor aversión es que se quiera manipular el destino de alguien, que se pretenda modificar tanto Su soberanía sobre el destino de una persona como ciertos hechos establecidos por Él hace mucho o las trayectorias del destino de las personas. Esto es lo que más detesta Dios.

He terminado de hablar acerca de la actitud, los pensamientos y el entendimiento que deberían tener las personas respecto al tema de que sus padres caigan enfermos. De la misma manera, también deberían poseer una actitud correcta y racional respecto a la muerte de sus padres. Algunas han pasado muchos años separadas de ellos, no han permanecido a su lado ni han compartido sus vidas, y cuando se enteran de la súbita muerte de sus padres, eso supone un gran golpe y todo les parece increíblemente repentino. Ya que estas personas no han estado con sus padres ni han vivido con ellos durante tantos años, siempre albergan una especie de concepto equivocado en sus pensamientos y nociones. ¿Qué clase de concepto equivocado? Cuando dejaste a tus padres, estaban vivos y sanos. Tras pasar tanto tiempo separados, para ti, en tu mente, ellos conservan la misma edad y continúan en la misma condición física y vital que recuerdas. Esto lo complica todo. Entonces crees que tus padres no van a envejecer nunca y van a celebrar muchos cumpleaños más. Es decir, en cuanto almacenas sus rostros en tu corazón, en cuanto sus vidas, sus palabras y su conducta dejan una impresión y una impronta en tu mente y en tu memoria, crees que tus padres van a permanecer siempre así, que no van a cambiar ni envejecer, y que desde luego no van a morir. ¿A qué se refiere eso de “no morir”? Por una parte, significa que su cuerpo físico no va a desaparecer. Por otra, que sus rostros, sus sentimientos hacia ti, etcétera, tampoco desaparecerán. Se trata de un concepto erróneo, y te causará muchos problemas. Por tanto, da igual la edad que tengan tus padres, si mueren de viejos o a causa de una enfermedad o porque haya tenido lugar algún incidente, te supondrá un golpe y te parecerá muy repentino. Dado que, en tu mente, tus padres siguen vivos y sanos, y ahora de repente se han ido, pensarás: “¿Cómo pueden haberse ido? ¿Cómo es posible que una persona viva se convierta en polvo así sin más? En mi corazón, siempre sentiré que mis padres siguen vivos, que mi madre continúa en la cocina, siempre muy atareada, y que mi padre se pasa el día trabajando fuera, hasta que llega por la noche”. Estas escenas de su vida han dejado una huella en tu mente. Por tanto, a causa de tus sentimientos, tu conciencia alberga algo que no debería: la creencia de que tus padres vivirán siempre en tu corazón. Como tal, crees que no deberían morir, y sean cuales sean las circunstancias en las que mueran, a ti te supondrá un enorme golpe y no serás capaz de aceptarlo. Te llevará tiempo superar este hecho, ¿verdad? La enfermedad de tus padres ya te ocasionaría un trauma, así que su muerte supondría otro aún mayor. Entonces, antes de que eso suceda, ¿cómo deberías solucionar el golpe inesperado que te provocará, de modo que no interfiera en el cumplimiento de tu deber o en la senda que caminas ni incida sobre esto o lo afecte? Primero, vamos a fijarnos exactamente en qué es la muerte y en qué consiste morir. ¿Acaso no significa que una persona deja este mundo? (Sí). Quiere decir que la vida que posee una persona, que tiene una presencia física, se desvincula del mundo material que pueden ver los humanos y desaparece. Esta persona se va entonces a vivir a otro mundo, con otra forma. El hecho de que la vida de tus padres desaparezca significa que la relación que tienes con ellos en este mundo se ha disuelto, se ha disipado y ha terminado. Viven en otro, con otras formas. En cuanto a cómo les irá la vida en ese otro mundo, si van a regresar a este, te los vas a encontrar de nuevo o si van a tener alguna clase de relación carnal o vínculos afectivos contigo, eso lo ordena Dios y no tiene nada que ver contigo. En resumen, el hecho de que mueran significa que sus misiones en este mundo han terminado y han alcanzado un punto final. Sus misiones en esta vida y en este mundo han terminado, así que tu relación con ellos también. Respecto a si en el futuro se van a reencarnar o a encontrarse alguna clase de sanción y restricción, o algún tipo de manejos y arreglos en el otro mundo, ¿tiene eso algo que ver contigo? ¿Es decisión tuya? No te incumbe en absoluto, no puedes decidirlo tú y es imposible que recibas noticias sobre eso. Tu relación con ellos en esta vida llega en ese momento a su conclusión. Es decir, el destino que os ligó mientras vivíais juntos durante diez, veinte, treinta o cuarenta años llega entonces a su fin. Después de eso, ellos son ellos, tú eres tú, y no existe en absoluto ninguna relación entre vosotros. Aunque todos creáis en Dios, ellos cumplieron con su deber y tú con el tuyo; cuando dejan de vivir en el mismo espacio, cesa de existir una relación entre vosotros. Simplemente ya han completado las misiones que Dios les ha encomendado. Entonces, en lo que respecta a las responsabilidades que cumplieron hacia ti, terminaron el día que empezaste a existir de manera independiente a ellos; ya no tienes nada que ver con tus padres. Si hoy mueren, solo echarás de menos algo a un nivel emocional, y tendrás a dos seres queridos menos a los que añorar. Nunca los volverás a ver ni oirás noticias sobre ellos. Lo que les suceda después y su futuro no te incumbe para nada, no habrá lazos de sangre entre vosotros, ya no serás siquiera la misma clase de ser. Es así. La última noticia que oirás en este mundo sobre tus padres será la de su muerte, y será el último obstáculo que verás o del que oirás hablar relacionado con sus experiencias de nacer, envejecer, enfermar y morir en su vida; eso es todo. Sus muertes no te quitarán ni te darán nada, simplemente habrán muerto, su viaje como personas habrá llegado a su final. Por tanto, en lo que respecta a su muerte, no importa que sea accidental, natural, por enfermedad, etcétera, ya que en cualquier caso, si no fuera por la soberanía y los arreglos de Dios, ninguna persona o fuerza podría quitarles la vida. Su muerte solo implica el fin de su vida física. Si los echas de menos y los añoras, o te avergüenzas de ti mismo por tus sentimientos, no deberías sentir nada de eso ni es necesario que tengas esos sentimientos. Han partido de este mundo, así que echarlos de menos resulta redundante, ¿verdad? Puede que pienses: “¿Me echaron de menos mis padres todos esos años? ¿Cuánto más sufrieron porque yo no estaba a su lado mostrándoles piedad filial durante tanto tiempo? A lo largo de ese periodo, siempre deseé poder pasar unos días con ellos, nunca esperé que murieran tan pronto. Me siento triste y culpable”. No es necesario que pienses así, su muerte no tiene nada que ver contigo. ¿Por qué? Aunque les mostraras piedad filial o los acompañaras, esta no es la obligación ni la tarea que Dios te ha encomendado, Él ha ordenado cuánta buena fortuna y cuánto sufrimiento les causarás a tus padres; esto no tiene nada que ver contigo en absoluto, y no van a tener una vida más larga porque estés con ellos, así como no van a tener una vida más corta porque estés lejos de ellos y no puedas estar a menudo a su lado. Dios ha ordenado cuánto vivirán, y no tiene nada que ver contigo. Por tanto, si a lo largo de tu vida te enteras de que tus padres han fallecido, no te tienes que sentir culpable. Deberías abordar este asunto de la manera adecuada y aceptarlo. Si ya has derramado muchas lágrimas mientras estaban gravemente enfermos, deberías sentirte feliz y libre cuando mueran; una vez que te has despedido, no hace falta llorar. Ya habrás cumplido con tus responsabilidades como hijo, habrás orado por ellos, te habrás sentido triste y vertido innumerables lágrimas por tus padres, y por supuesto, habrás pensado muchas soluciones posibles para tratar su enfermedad y habrás hecho todo lo que esté a tu alcance para disminuir su sufrimiento. Como hijo suyo, has hecho todo lo que podías. Cuando mueran, solo podrás decir: “Habéis tenido vidas bastante duras. Como vuestro hijo, espero que descanséis en paz. Si hicisteis muchas cosas para ofender a Dios en esta vida, entonces tendréis que recibir un castigo en el siguiente mundo. Si después de que hayáis recibido vuestro castigo, Dios os da la oportunidad de reencarnaros de nuevo como personas en este mundo, espero que os esforcéis al máximo por comportaros bien y caminar por la senda correcta. No hagáis nada más que ofenda a Dios y esforzaos por no recibir ningún castigo en vuestras próximas vidas”. Eso es todo. ¿Acaso no está bien expresado? Esto es lo único que puedes hacer, ya se trate de tus padres o de otro ser querido. Por supuesto, cuando tus padres acaben muriendo, si no puedes estar con ellos o aportarles algo de consuelo al final, no es necesario que te sientas triste. Eso es porque en realidad cada persona deja este mundo sola. Aunque sus hijos la acompañen, cuando un mensajero viene a por ella, solo ella puede verlo. Cuando se marcha, nadie puede acompañarla, sus hijos no pueden seguirla, ni tampoco su pareja. Cuando alguien deja este mundo, siempre está solo. En sus momentos finales, cada persona necesita afrontar esta situación, este proceso y este entorno. Por tanto, si estás a su lado y te están mirando directamente, seguirá sin valer de nada. Cuando tienen que marcharse, si quieren llamarte por tu nombre, no podrán y tú no serás capaz de oírlo; si quieren extender la mano y agarrarte, les faltarán fuerzas y tú no podrás sentirlo. Estarán solas. Esto se debe a que cada persona entra sola a este mundo y, al final, debe dejarlo de la misma manera. Eso lo ordena Dios. La existencia de tales cosas permite a las personas ver incluso con mayor claridad que sus vidas y sus destinos, el hecho de que nazcan, envejezcan, enfermen y mueran, está todo en manos de Dios, y que la vida de cada una es independiente. Aunque todo el mundo tiene padres, hermanos y seres queridos, desde la perspectiva de Dios y de la vida, la vida de cada persona es independiente, las vidas no se agrupan y ninguna tiene pareja. Desde la perspectiva de los seres humanos creados, cada vida es independiente, pero desde la de Dios, ninguna que Él haya creado está sola, porque Dios acompaña a cada una y la impulsa hacia delante. Lo que sucede es que naces de tus padres y crees que son las personas más cercanas a ti cuando te encuentras en este mundo, sin embargo, cuando ellos lo abandonan, te das cuenta de que en realidad ellos no son las personas más cercanas a ti. Cuando sus vidas terminan, tú sigues vivo, el fin de sus vidas no te priva a ti de la tuya, y desde luego no impacta en ella. Has estado alejado de tus padres todos estos años y sigues viviendo una buena vida. ¿Por qué es así? Porque Dios te cuida y te guía, vives bajo Su soberanía. Cuando tus padres partan de este mundo, eso te volverá aún más consciente de que sin que ellos te acompañen, se preocupen por ti, cuiden de ti o te críen, has pasado a lo largo de estos años de la infancia a la edad adulta, de esta a la mediana edad, luego a la vejez y, con la guía de Dios, has entendido cada vez más en tu vida, y tu dirección y senda a seguir se han vuelto cada vez más claras. Por tanto, la gente es capaz de dejar a sus padres. Su existencia solo es necesaria durante su infancia, pero una vez que crecen, es una mera formalidad. Solo son su sustento y su apoyo afectivo, y no son necesarios. Por supuesto, cuando tus padres dejen este mundo, todo esto te quedará cada vez más claro, y tendrás incluso una mayor sensación de que las vidas de la gente provienen de Dios y que las personas no pueden vivir sin apoyarse en Él, sin Dios como sustento mental, espiritual y vital. Cuando tus padres te dejen, solo los echarás de menos a un nivel afectivo, pero al mismo tiempo, se producirá una liberación a nivel emocional o en otros aspectos. ¿Por qué hablo de una liberación? Cuando tus padres andan cerca, son para ti una preocupación y una carga. Son personas con las que puedes ser obstinado, y te hacen sentir que no puedes liberarte de tus sentimientos. Cuando tus padres mueren, todo queda resuelto. Las personas que sentías más cercanas a ti habrán desaparecido y no tendrás que preocuparte por ellas ni añorarlas. Cuando rompas esta relación dependiente que tienes con tus padres, cuando se vayan de este mundo, cuando sientas plenamente en el fondo de tu corazón que ya se han ido, y que has trascendido tus lazos de sangre con ellos, llegarás a ser realmente maduro e independiente. Piénsalo: da igual lo viejo que sea alguien, si sus padres siguen vivos, cada vez que tenga un problema, pensará: “Le preguntaré a mi madre. Le preguntaré a mi padre”. Siempre cuenta con un sostén emocional. Cuando alguien dispone de semejante sostén, le parece que su existencia en este mundo rebosa calidez y felicidad. Cuando pierdes esa sensación de felicidad y calidez, si no sientes esa pérdida ni que estás solo, entonces eres maduro y realmente independiente en lo relativo a tus pensamientos y tus sentimientos. Es probable que la mayoría de vosotros aún no haya experimentado estas cosas. Cuando lo hagáis, lo entenderéis. Pensadlo: por muy vieja que sea la gente, ya sea que tenga cuarenta, cincuenta o sesenta años, cuando sus padres mueren, enseguida se vuelve mucho más madura. Es como si pasara de ser un niño ingenuo a un adulto sensato en un instante. De la noche a la mañana, empieza a entender cosas y a ser independiente. Por tanto, la muerte de los padres es un gran obstáculo para cualquier persona. Si puedes manejar y abordar tu relación con tus padres de manera correcta, y al mismo tiempo abordar, manejar y desprenderte de las diversas expectativas de tus padres respecto a ti, de las responsabilidades que deberías cumplir con ellos a un nivel emocional y ético de manera adecuada, entonces habrás madurado de verdad y como poco, serás un adulto ante Dios. Convertirte en adulto de ese modo no es fácil, debes sufrir algo de dolor en cuanto a tus sentimientos carnales. En particular, has de soportar cierta devastación y suplicio emocionales, así como el dolor de que las cosas no vayan bien, no salgan como esperabas o resulten desafortunadas, entre otras circunstancias. Cuando hayas experimentado todo este sufrimiento, obtendrás un poco más de comprensión respecto a estos temas. Si los relacionas con las verdades que hemos compartido respecto a estos asuntos, ganarás un poco más de entendimiento respecto a las vidas y los destinos de la gente, los cuales ha ordenado Dios, y respecto al afecto que existe entre las personas, de una manera muy concienzuda. Cuando obtengas conocimiento de estas cosas, te resultará fácil desprenderte de ellas. Cuando puedas desprenderte y manejarlas bien, podrás abordarlas correctamente. No lo harás en función de las doctrinas humanas o los estándares de la conciencia humana, sino de acuerdo con los principios-verdad. ¿Qué significa estar de acuerdo con los principios-verdad? Que puedes someterte a Dios. Si puedes someterte a Él y a Sus instrumentaciones, se trata de una buena señal y un buen augurio. ¿Un augurio de qué? De que tienes esperanzas de salvación. Por tanto, en lo que respecta al tema de las expectativas de tus padres, da igual que ahora seas joven, de mediana edad, mayor o que te encuentres en tus últimos años, y con independencia de que hayas experimentado esto, si lo estás haciendo ahora mismo o ya lo has hecho, lo que necesitáis no es meramente desprenderos de vuestros sentimientos o cortar lazos con vuestros padres y desconectaros de ellos, sino dedicar esfuerzo a la verdad y buscar entender estos aspectos de ella. Esto es lo más importante. Cuando entendáis estas relaciones diferentes y complejas, podréis liberaros de ellas, y ya no os limitarán. Cuando ya no te limiten, te resultará mucho más fácil someterte a las instrumentaciones de Dios y afrontarás menos obstáculos e impedimentos más pequeños al hacerlo. Entonces resultará menos probable que te rebeles contra Dios, ¿verdad?

¿Eres ahora capaz de desentrañar y resolver todos estos importantes asuntos relacionados con los padres? Cuando dispongáis de tiempo libre, reflexionad sobre la verdad. Si en el futuro o en las cosas que ahora experimentas, puedes vincular estos asuntos con la verdad y resolver estos problemas con base en ella, te enfrentarás a muchos menos problemas y dificultades, y llevarás una vida muy relajada y alegre. Si no abordas estas cosas de acuerdo con la verdad, tendrás muchos problemas y tu vida resultará muy sufrida. Este es el desenlace. Concluyo aquí por hoy Mi charla sobre el tema de las expectativas de los padres. ¡Adiós!

29 de abril de 2023

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