Cómo perseguir la verdad (19) Parte 2

¿Dónde nos quedamos en nuestra charla de la reunión anterior? (En la última reunión, Dios compartió sobre “desprenderse de las cargas que provienen de la propia familia”. Uno de los aspectos de este tema se relaciona con desprenderte de las expectativas hacia tu descendencia. Dios nos lo explicó en dos fases, una relacionada con la conducta de los padres mientras sus hijos todavía son menores y la otra con la manera en que lo abordan cuando los hijos ya son adultos. Al margen de la edad de sus hijos, sean adultos o no, la conducta y las acciones de los padres, en realidad, van contra la soberanía y los arreglos de Dios. Siempre quieren controlar el destino de sus hijos e interferir en sus vidas, pero la senda que elijan y las búsquedas que realicen no las pueden determinar los padres. No pueden controlar los destinos de nadie. Dios también señaló el punto de vista correcto desde el que contemplar estos asuntos. Sea cual sea la etapa de la vida del hijo, basta con que los padres cumplan con sus responsabilidades y, por lo demás, se sometan a la soberanía, los arreglos y la predestinación de Dios). La última vez compartimos que las personas deberían desprenderse de las expectativas de los padres hacia su descendencia. Por supuesto, están impulsadas por la voluntad y la imaginación humanas y no coinciden con el hecho de que Dios dispone el destino humano. Tales expectativas no forman parte de la responsabilidad humana, la gente debería desprenderse de ellas. Independientemente de lo maravillosas que sean y por muy correctas y adecuadas que los padres las consideren, si van en contra de la verdad de que Dios es soberano sobre el destino humano, es necesario desprenderse de ellas. Esta actitud dista de ser apropiada o positiva, por lo que se podría decir que tiene un matiz negativo. Va en contra de las responsabilidades parentales, excede su ámbito y se compone de expectativas y exigencias irreales que van en contra de la humanidad. La última vez compartimos sobre algunas acciones y conductas anormales, y sobre ciertos comportamientos extremos que muestran los padres hacia los hijos que no han alcanzado la edad adulta, que conducen a toda clase de influencias negativas y presiones que arruinan el bienestar físico, mental y espiritual de los niños pequeños. Esto indica que el comportamiento de los padres no es apropiado ni adecuado. Son pensamientos y acciones de los que la gente que persigue la verdad debería desprenderse porque, desde la perspectiva de la humanidad, son una manera cruel e inhumana de destruir el bienestar físico y mental de un niño. Por tanto, en lugar de planear, controlar, instrumentar o determinar el futuro y el destino de los hijos que no han llegado a la adultez, los padres deberían cumplir con sus responsabilidades hacia ellos. La vez anterior planteamos dos aspectos importantes relacionados con las responsabilidades de los padres hacia sus hijos menores de edad, ¿verdad? (Sí). Si estos dos aspectos se llevan a buen término, habrás cumplido con tu responsabilidad. Si no, aunque críes a tu hijo para que sea una especie de artista o una persona talentosa, sigues sin cumplirla. Con independencia de los esfuerzos que dediquen los padres a sus hijos, incluso si eso implica que les salgan canas de la preocupación y lleguen al punto de enfermarse debido al cansancio; por muy alto que sea el precio que paguen, por mucho que vuelquen el corazón o grande que sea la fortuna que desembolsen, nada de eso puede considerarse cumplir con sus responsabilidades. Entonces, cuando digo que los padres deberían desempeñar sus responsabilidades hacia sus hijos, ¿qué significa? ¿Cuáles son los dos principales aspectos? ¿Quién los recuerda? (En la reunión anterior, Dios compartió acerca de dos responsabilidades. Una es cuidar de la salud física de los hijos y otra la de guiarlos, educarlos y ayudarlos en lo que respecta a su salud mental). Es bastante simple. En realidad, cuidar de la salud física de un niño es fácil. Simplemente, evita que se golpee o que le salgan moretones y que coma lo que no debe, no hagas nada que afecte negativamente a su crecimiento. Además, en la medida de lo posible, asegúrate de que disponga de suficiente comida, que coma bien y de manera saludable, que descanse adecuadamente, que no se enferme, o que solo se enferme ocasionalmente, y, en ese caso, que sea tratado a tiempo. ¿Puede la mayoría de los padres cumplir esos estándares? (Sí). Es factible, pues Dios le encarga a la gente tareas sencillas. Los animales también pueden cumplirlos, por tanto, ¿aquella persona que es incapaz de alcanzarlos, no es peor que un animal? (Sí). Si los humanos no pueden lograr, lo que incluso los animales pueden hacer, significa que son realmente deplorables. Esta es la responsabilidad que los padres tienen hacia la salud física de sus hijos. En cuanto a su bienestar mental, también es otra responsabilidad que los padres deberían cumplir mientras educan a sus hijos pequeños. Cuando están saludables físicamente, los padres deberían asimismo promover su salud mental y la de sus pensamientos, y asegurarse de que reflexionen acerca de los problemas de maneras y en direcciones positivas, activas y optimistas, para que puedan llevar una vida mejor y eviten las actitudes extremas, propensas a la distorsión u hostiles. ¿Qué más? Deberían ser capaces de crecer para ser normales, saludables y felices. Por ejemplo, cuando los niños empiezan a entender lo que sus padres están diciendo y pueden entablar con ellos conversaciones simples y normales, al tiempo que empiezan a mostrar interés en cosas nuevas, les pueden contar relatos bíblicos o compartir con ellos narraciones simples sobre el comportamiento propio para guiarlos. De este modo, serán capaces de entender qué significa comportarse y de qué manera conducirse para ser un buen hijo y una buena persona. Sería una especie de guía mental para sus hijos. Los padres no deberían solo decirles que cuando sean mayores deben ganar mucho dinero o convertirse en funcionarios superiores, que esto les generará una riqueza infinita e impedirá que sufran o tengan que esforzarse en trabajos manuales y les dará poder y prestigio para mandonear a los demás. No deberían inculcarles tales aspectos negativos, sino compartirles aquello que es positivo. O, deberían contarles historias que sean apropiadas para su edad y que transmitan un mensaje positivo y educativo. Por ejemplo, enseñarles a no mentir y a no ser mentirosos, hacerles entender que uno debe asumir las consecuencias de ello, explicarles su propia actitud hacia la mentira y hacer hincapié en que los niños que mienten son malos y no le gustan a nadie. Como poco, deberían hacerles saber que deben ser honestos. Además, los padres deben impedir que los hijos desarrollen ideas radicales o extremas. ¿Cómo se puede prevenir esto? Los padres han de enseñarles a ser tolerantes con los demás, a ejercer la paciencia y el perdón, a no ser obstinados ni egoístas cuando surge algo, a aprender a ser amables y equilibrados en sus relaciones con los demás. Si se encuentran con personas malvadas o malas que intentan hacerles daño, en lugar de a abordar las situaciones por medio de la confrontación y la violencia deberían aprender a alejarse. Los padres deberían evitar cultivar aquellas semillas o pensamientos que generan tendencias violentas en sus jóvenes mentes. Deberían dejar claro que los padres no aprecian la violencia y que los hijos propensos a ella no son buenos. Aquellas personas que poseen tendencias violentas pueden acabar cometiendo crímenes y enfrentándose a la represión social y al castigo de la ley. No son buenas personas, no son bien vistas. Por otra parte, los padres deberían educar a sus hijos para que sean autosuficientes. No deberían limitarse a esperar recibir ropa y comida, sino aprender a desenvolverse por su cuenta cada vez que puedan o sepan cómo hacerlo, para así evitar una actitud de pereza constante. Los padres deberían guiar a los hijos para que entiendan estos aspectos positivos y correctos de diversas maneras. Por supuesto, cuando ven que suceden o surgen asuntos negativos, deberían simplemente informar a sus hijos de que tal comportamiento no es correcto, de que eso no es lo que hacen los buenos hijos, que a ellos mismos no les gusta semejante comportamiento y que los hijos que hacen eso puede que se enfrenten en el futuro al castigo de la ley, a multas y represalias. En resumen, los padres deberían transmitirles a sus hijos los principios más simples y fundamentales acerca de cómo comportarse y actuar. Al menos, mientras no sean todavía adultos, deben aprender a practicar el discernimiento, a distinguir entre el bien y el mal, a diferenciar qué acciones definen a una buena persona respecto de una mala, qué actitudes ponen de manifiesto que una persona tiene buena conducta y qué comportamientos se consideran malvados y evidencian la conducta de aquellos que son malos. Estos son los principios fundamentales que se les han de enseñar. Además, los hijos deberían entender que los demás detestan ciertas conductas, como robar o tomar las pertenencias ajenas sin permiso, usar artículos de su propiedad sin su aprobación, difundir chismes y sembrar la discordia entre la gente. Todas estas acciones, al igual que otras similares, son indicativas de la conducta de una mala persona, son negativas y no le resultan agradables a Dios. A medida que se hacen un poco mayores, se les debería enseñar a no ser obstinados en nada de lo que hacen, a no perder el interés enseguida ni ser impulsivos ni imprudentes. Deberían tener en cuenta las consecuencias de cualquier acción que realicen y que, si saben que pueden ser desfavorables o desastrosas, deberían abstenerse y no permitir que se les suban a la cabeza los beneficios ni los deseos. Los padres también deberían educar a sus hijos en lo referente a las palabras y las acciones características de las malas personas, ofrecerles un conocimiento básico acerca de ellas y de los estándares que nos permiten evaluarlas. Deberían aprender a no confiar en los extraños o en sus promesas con demasiada facilidad y a no aceptar nada de ellos sin la debida precaución. Debido a que el mundo y la sociedad son malvados y están llenos de trampas, es necesario que sepan todo esto. Los niños no deberían confiar a la ligera en cualquiera, deberían aprender a reconocer a las personas malvadas y a las malas personas, a ser cautos y distanciarse de ellos, a fin de que sean capaces de evitar que los calumnien o engañen. En cuanto a estas lecciones fundamentales, los padres deberían guiar y dirigir a sus hijos desde una perspectiva positiva durante sus años formativos. Por una parte, deberían esforzarse por asegurar que sus hijos crezcan saludables y fuertes durante la crianza, y por otra, deberían fomentar el desarrollo de su salud mental. ¿Qué señales definen a una mente sana? Que es una persona que posee la perspectiva de vida adecuada y la capacidad de tomar la senda correcta. Aunque no crea en Dios, evita seguir las tendencias malvadas durante sus años de formación. Si los padres notan alguna alteración en la conducta de sus hijos, deberían examinarla enseguida y corregirla, y guiarlos adecuadamente. Por ejemplo, si están expuestos a algunos asuntos que ocurren en el marco de ciertas tendencias malvadas o a razones o pensamientos y puntos de vista particularmente incorrectos durante sus primeros años, en casos donde no tienen discernimiento, puede que los sigan o imiten. Los padres deben detectarlo en etapas tempranas y proporcionar una inmediata corrección y una guía acertada. Esta es además su responsabilidad. En resumen, el objetivo es asegurar que los hijos cuenten con un rumbo esencial, positivo y correcto para el desarrollo en sus pensamientos, su comportamiento propio, su trato con los demás y la percepción de diversas personas, acontecimientos y cosas, de modo que puedan madurar en una dirección constructiva en lugar de una perversa. Por ejemplo, los incrédulos dicen: “La vida y la muerte están predestinadas; la riqueza y el honor los decide el Cielo”. Dios determina la cantidad de sufrimiento y de disfrute que debe experimentar una persona en su vida y los humanos no la pueden cambiar. Por una parte, los padres deberían comunicarles estos hechos objetivos a sus hijos, y por otra, enseñarles que la vida no se limita únicamente a las necesidades físicas y, sin duda, no se reduce al placer. Hay cosas más importantes que hacer en esta vida que comer, beber y buscar entretenimiento; deberían creer en Dios, perseguir la verdad y la salvación de Dios. Si solo viven para el placer, para comer, beber y buscar entretenimiento en la carne, entonces son como zombis y sus vidas no tienen absolutamente ningún valor. No crean valores positivos ni significativos, y no merecen vivir ni ser siquiera humanos. Aunque un hijo no crea en Dios, al menos permite que sea una buena persona y que se ocupe del deber que le corresponde. Por supuesto, si Dios lo escoge y está dispuesto a participar en la vida de iglesia y a cumplir con su propio deber a medida que se hace mayor, mejor todavía. Si sus hijos son así, estos padres deberían cumplir incluso más con sus responsabilidades hacia los menores en función de los principios que Dios ha advertido a las personas. Si no sabes si van a creer en Dios o si Él los va a escoger, al menos deberías cumplir con las responsabilidades que tienes hacia tus hijos durante sus años formativos. Aun si no sabes ni eres capaz de comprenderlo, de todas maneras, es necesario que cumplas con tus responsabilidades. En la mayor medida posible, deberías llevar a cabo las obligaciones y responsabilidades que has de cumplir, y compartir con ellos los pensamientos y las cosas positivas que ya conoces. Como mínimo, asegúrate de que su crecimiento espiritual siga una dirección constructiva y de que sus mentes estén limpias y sanas. No les hagas estudiar toda clase de destrezas y conocimientos desde pequeños bajo la presión de tus expectativas, tu formación o incluso tu opresión. Incluso más grave, algunos padres acompañan a sus hijos cuando participan en diversos concursos de talentos y en competiciones académicas o atléticas, de modo que siguen toda clase de tendencias sociales y acuden a eventos como ruedas de prensa, firmas de autógrafos y sesiones de estudio, y asisten a cualquier tipo de competencia y discurso de aceptación en ceremonias de premios, etcétera. Como padres, al menos deberían evitar que sus hijos sigan sus pasos y que hagan lo mismo. Si llevan a los hijos a realizar tales actividades, por una parte, está claro que no han cumplido con sus responsabilidades como padres. Por otra, guían abiertamente a sus hijos por una senda de no retorno, les impiden un desarrollo mental constructivo. ¿Hacia dónde han conducido estos padres a sus hijos? Hacia las tendencias malvadas. Los padres no deberían hacer eso. Además, en cuanto a la senda que van a tomar sus hijos en el futuro y la carrera profesional que van a desarrollar, los padres no deberían inculcarles cosas como: “Mira a tal o cual, es pianista y empezó a tocar a los cuatro o cinco años. No perdió el tiempo jugando, no tenía amigos ni juguetes y practicaba piano a diario. Sus padres lo acompañaron a las lecciones, consultaron a varios maestros y lo apuntaron a competiciones. Mira lo famoso que es ahora, qué bien alimentado, qué bien vestido, el aura de luz y respeto que lo rodea allá donde va”. ¿Es esta la clase de educación que promueve el desarrollo saludable de la mente de un niño? (No). ¿De qué clase de educación se trata entonces? De la del diablo. Este tipo de formación resulta dañino para cualquier mente joven. Los anima a aspirar a la fama, a codiciar diversas auras, honores, posiciones y disfrutes. Los hace anhelar y perseguir todo esto desde pequeños, los lleva a la ansiedad, a un intenso temor y a la preocupación. Incluso, provoca que paguen todo tipo de precios para conseguirlo, que se despierten pronto y trabajen hasta tarde para repasar los deberes y perfeccionar diferentes destrezas, que pierdan su infancia, que cambien todos esos preciados años a cambio de cosas semejantes. En cuanto a aquello que promueven las tendencias malvadas, los menores de edad no tienen la capacidad de resistirse o discernirlo. Por tanto, como guardianes de estos hijos menores, los padres deberían cumplir con esta responsabilidad ayudándoles a discernir y resistirse a los diversos puntos de vista que provienen de las tendencias malvadas del mundo y de todo aquello que resulta negativo. Deberían aportarles guía y educación positivas. Por supuesto, todo el mundo tiene sus propias aspiraciones y a algunos niños pequeños, aunque sus padres los desanimen a emprender ciertas búsquedas, puede que aun así las anhelen. Déjalos desear lo que quieran; los padres deben cumplir con sus responsabilidades. Como padre, tienes la obligación y la responsabilidad de regular los pensamientos de tus hijos y guiarlos en una dirección positiva y constructiva. Es su elección personal elegir escucharte o querer poner en práctica tus enseñanzas cuando crezcan, no puedes interferir ni controlarlo. En resumen, durante estos años formativos, los padres tienen la responsabilidad y la obligación de inculcar en las mentes de sus hijos diversos pensamientos y puntos de vista saludables, apropiados y positivos, además de objetivos de vida. Es la responsabilidad de los padres.

Algunos padres dicen: “No tengo idea cómo educar a mis hijos. He estado confundido desde niño, solo hacía lo que me decían mis padres, sin distinguir lo correcto de lo incorrecto. Incluso ahora, sigo sin saber cómo educar a mis hijos”. No te preocupes si no lo sabes, no es necesariamente malo. Peor es saberlo y no ponerlo en práctica, seguir educando a tus hijos exclusivamente en la excelencia, mientras dices: “Ya no soy bueno, pero quiero que mis hijos me superen. La generación más joven se beneficia de la luz de sus mayores y debe superarlos. En estos momentos soy jefe de sección; por tanto, mi hijo debe ser alcalde, gobernador, o incluso ascender a altos cargos del gobierno o convertirse en presidente”. No hace falta decirles nada más a esas personas. No nos relacionamos con gente así. La responsabilidad paterna de la que hablamos es positiva, proactiva y está relacionada con la verdad. En cuanto a aquellos que persiguen la verdad, si deseas cumplir con tu responsabilidad hacia tus hijos, pero no estás seguro de cómo hacerlo, empieza a aprender desde el principio, es fácil. Enseñar a los adultos no resulta sencillo, pero a los niños sí, ¿verdad? Aprende y enseña simultáneamente, al tiempo que enseñas lo que acabas de aprender. ¿No es sencillo? Educar a tus hijos es fácil. Mejor aún es cumplir con tu responsabilidad respecto a su salud mental. Aunque no lo hagas a la perfección, es mejor que no educarlos. Los niños son jóvenes e ingenuos; si les permites informarse a través de la televisión y otras fuentes, perseguir lo que quieran y pensar y actuar como les venga en gana sin educación ni normas, no has cumplido con tu responsabilidad como padre. Has fracasado en tu deber, y no has finalizado tu responsabilidad y obligación. Para que los padres cumplan con su responsabilidad hacia su descendencia, no pueden mostrarse pasivos, sino que deben estudiar activamente algunos conocimientos y aprendizajes que puedan ayudar a nutrir la salud mental de sus hijos, o algunos principios básicos relacionados con la verdad, y para ello han de comenzar desde el principio. Es todo lo que los padres deberían hacer, se le llama cumplir con su responsabilidad. Por supuesto, tu aprendizaje no será en vano. Mientras aprendes y les enseñas a tus hijos, tú también obtendrás algo, porque al enseñarles a tus hijos a desarrollar su salud mental en una dirección constructiva, como adulto, entrarás inevitablemente en contacto con ciertas ideas positivas y aprenderás sobre ellas. Cuando abordes estas ideas o principios y criterios positivos para comportarte y actuar de manera meticulosa y seria, ganarás algo inconscientemente; no será en vano. Cumplir con tu responsabilidad hacia tus propios hijos no es algo que hagas en beneficio de los demás; debes hacerlo motivado por vuestra relación, tanto emocional como de sangre. Incluso si después de hacerlo, tus hijos actúan o se comportan de una manera que no cumple con tus expectativas, habrás, al menos, ganado algo. Sabes lo que significa educar a tus hijos y cumplir con tu responsabilidad hacia ellos. Ya has cumplido con tu deber. Respecto a la senda que tus hijos decidan seguir luego, cómo eligen comportarse y los destinos que les aguardan en la vida, eso ya no te incumbe. Cuando lleguen a la edad adulta, solo puedes esperar y observar cómo se desarrollan paulatinamente sus vidas y su destino. Ya no tienes la obligación ni la responsabilidad de participar. Si no les aportaste a tiempo, guía, educación y límites respecto a ciertos asuntos cuando eran menores, probablemente te arrepentirás de ello cuando, ya adultos, digan o hagan cosas inesperadas o muestren pensamientos o conductas que no tenías previsto. Por ejemplo, cuando eran jóvenes, los educabas constantemente, decías: “Estudia mucho, ve a la universidad, realiza estudios de posgrado o un doctorado, encuentra un buen trabajo, un buen partido para casarte y formar una familia, y entonces tendrás una buena vida”. Por medio de tu educación, tus ánimos y diversas formas de presión, vivieron y persiguieron el rumbo que les fijaste y lograron lo que esperabas, solamente conforme a tus deseos, y ahora son incapaces de volver atrás. Si después de haber llegado a entender ciertas verdades y las intenciones de Dios mediante tu fe, y de haber adquirido los pensamientos y los puntos de vista correctos, ahora les pides que no sigan persiguiendo esas cosas, es probable que respondan diciendo: “¿Acaso no estoy haciendo exactamente lo que querías? ¿No me enseñaste esto cuando era más pequeño? ¿Acaso no me lo exigías? ¿Por qué me lo impides ahora? ¿Estoy cometiendo un error? Me lo he ganado y ahora lo puedo disfrutar, deberías estar contento, satisfecho y orgulloso de mí, ¿no?”. ¿Cómo te sentirías al oír esto? ¿Deberías ponerte contento o echarte a llorar? ¿No sentirías remordimientos? (Sí). Ya no puedes volver a ganártelos. Si no los hubieras educado de esa manera cuando eran jóvenes, si les hubieras dado una infancia feliz sin presiones, sin enseñarles a ser mejores que el resto, a ostentar un alto cargo o a hacer mucho dinero, o a perseguir la fama, los privilegios y el estatus, si les hubieras permitido limitarse a ser personas buenas, corrientes, sin exigirles que ganen grandes sumas de dinero, que disfruten tanto o te retribuyan mucho, si solo les hubieras pedido que estuvieran sanos y contentos, que sean personas simples y felices, tal vez habrían estado dispuestos a escuchar alguno de los pensamientos y puntos de vista que sostienes ahora que crees en Dios. Entonces, ahora, su existencia podría ser feliz y se sentirían menos presionados por la vida y la sociedad. Aunque no ganaran fama y privilegios, al menos tendrían el corazón contento, tranquilo y en paz. Sin embargo, durante sus años de crecimiento, debido a tu constante instigación e insistencia, presionados por ti, persiguieron sin descanso el conocimiento, el dinero, la fama y los privilegios. Acabaron obteniendo fama, privilegios y estatus, sus vidas mejoraron, la disfrutaron aún más y ganaron más dinero, pero su vida resulta agotadora. Cada vez que los ves, se les nota el cansancio en el rostro. Solo cuando vuelven a casa, cuando vuelven a verte, se atreven a quitarse la máscara y a admitir que están cansados y quieren descansar. Pero en cuanto ponen un pie fuera, ya no son los mismos, se vuelven a colocar la máscara. Observas su expresión cansada y penosa, y te provocan lástima, pero careces del poder para hacerlos retroceder. Ya les resulta imposible. ¿Cómo ha ocurrido esto? ¿Acaso no tiene que ver con la manera en la que los criaste? (Sí). No sabían nada de esto ni lo perseguían de un modo natural desde una edad temprana, está definitivamente relacionado con la crianza que les proporcionaste. Cuando les ves la cara, cuando ves su vida en semejante estado, ¿no te sientes molesto? (Sí). No obstante, te sientes indefenso; solo persisten el pesar y la pena. Puede que te parezca que Satanás se ha apoderado completamente de tu hijo, que es incapaz de dar un paso atrás, y careces del poder para rescatarlo. Esto se debe a que no has cumplido con tu responsabilidad como padre. Fuiste tú el que les provocó el daño, el que los descarrió con tu fallida educación ideológica y guía. Nunca podrán volver y, al final, a ti solo te quedan remordimientos. Observas impotente mientras tu hijo sufre, corrompido por esta sociedad malvada, abrumado por las presiones de la vida, y no tienes forma de ayudarlo. Lo único que puedes decirle es: “Ven a casa más a menudo y te cocinaré algo rico”. ¿Qué problema puede resolver una comida? Ninguno. Sus pensamientos ya han madurado y cobrado forma, y no están dispuestos a desprenderse de la fama y el estatus que han adquirido. Solo les queda seguir adelante y no volver atrás. Este es el pernicioso resultado de que los padres orienten mal e inculquen ideas equivocadas en sus hijos durante sus años de formación. Por tanto, durante ese periodo, los padres deben cumplir con su responsabilidad, guiar la salud mental de sus hijos y orientar sus pensamientos y acciones hacia una dirección constructiva. Es un asunto muy importante. Puede que digas: “No sé mucho sobre educar hijos”, pero ¿no puedes, al menos, cumplir con tu responsabilidad? Si de verdad comprendes el mundo y esta sociedad, captas qué son la fama y los privilegios, si eres capaz de abandonar la vertiente mundana de ambas, deberías proteger a tus hijos y no permitirles que durante sus años de formación acepten prematuramente estas ideas incorrectas de la sociedad. Por ejemplo, al ingresar en la escuela secundaria, algunos niños empiezan a fijarse en cosas como los miles de millones de dólares en bienes que tiene un determinado magnate de los negocios, el tipo de coches de lujo que posee la persona más rica de su localidad, el cargo que ocupa otra, a cuánto asciende su fortuna, cuántos coches tiene estacionados en su casa y todo aquello de lo que disfruta. Sus mentes empiezan a preguntarse: “Ahora estoy en la secundaria. ¿Y si no encuentro un buen trabajo después de la universidad? Sin un trabajo, ¿qué haré si no puedo permitirme una mansión y coches de lujo? Sin dinero, ¿cómo podré ser superior a los demás?”. Se empiezan a preocupar y a envidiar a aquellos que poseen prestigio en la sociedad y cuyas vidas son extravagantes y lujosas. Cuando los hijos toman conciencia de tales cosas, empiezan a asimilar información, acontecimientos y fenómenos varios de la sociedad, y en sus jóvenes mentes empiezan a sentirse presionados y ansiosos y comienzan a preocuparse y a planear su futuro. En esa situación, ¿no deberían los padres cumplir con su responsabilidad y proporcionar consuelo y guía, ayudar a entender cómo contemplar y encargarse de estos asuntos de un modo adecuado? Deberían asegurarse de que sus hijos no se vean atrapados en tales situaciones desde una edad temprana, para que puedan desarrollar el punto de vista correcto hacia ellas. Decidme, ¿cómo deberían abordar los padres esos asuntos con sus hijos? ¿Acaso no están expuestos hoy en día a varios aspectos de la sociedad desde muy pequeños? (Sí). En estos tiempos, saben mucho sobre cantantes, estrellas de cine, deportistas, así como de famosos de internet, magnates de los negocios, gente rica y multimillonaria, ¿verdad? ¿Saben cuánto dinero ganan, qué visten, qué les gusta, cuántos coches de lujo tienen, etcétera? (Sí). Por tanto, en esta sociedad compleja, los padres deberían cumplir con su responsabilidad paterna, proteger a sus hijos y procurarles una mente sana. Cuando los hijos toman conciencia de estos asuntos u oyen y reciben información dañina, los padres deberían enseñarles a desarrollar los pensamientos y puntos de vista adecuados para que sean capaces de apartarse a tiempo de esos temas. Como mínimo, deberían impartirles una simple doctrina: “Todavía eres joven y tu responsabilidad a esta edad es estudiar mucho y aprender lo necesario. No has de pensar en otras cosas. Respecto a cuánto dinero vas a ganar o qué vas a comprar, no tienes que ocuparte de nada de eso, ya tocará cuando te hagas mayor. Por ahora, céntrate en hacer los deberes, completar las tareas que te mandan tus maestros y encargarte de los asuntos de tu propia vida. No hace falta que pienses demasiado sobre nada más. Después de que empieces a formar parte de la sociedad y te pongas en contacto con ellos, no será demasiado tarde para considerar estos asuntos. Lo que acontece en la sociedad en este momento es asunto de los adultos. Tú no eres adulto, así que no son cuestiones en las que debas pensar o participar. Ahora mismo, céntrate en hacer bien tus tareas y en escuchar lo que te decimos. Somos adultos y sabemos más que tú, así que deberías atender a cualquier cosa que digamos. Si te enteras de estos temas de la sociedad y los sigues e imitas, no será beneficioso para tus estudios y tus deberes, y puede afectar tu aprendizaje. La clase de persona en la que te convertirás después o el tipo de profesión que tengas en el futuro, son temas que considerar más adelante. Ahora mismo, tu deber es ocuparte de tus estudios. Si no destacas en ellos, tu educación fracasará y no serás un buen hijo. No pienses en otros temas, no son relevantes para ti. Los entenderás cuando seas mayor”. ¿No es esta la doctrina más fundamental que la gente debe entender? (Sí). Hazles saber a los hijos: “Tu tarea ahora es estudiar, no preocuparte por comer, beber y divertirte. Si no estudias, malgastarás tu tiempo y descuidarás tu educación. Aquello relacionado con comer, beber, buscar entretenimiento y otras diversas cuestiones en la sociedad son asuntos de adultos. Los que todavía no son adultos no deben ocuparse de tales actividades”. ¿Aceptan los hijos con facilidad estas palabras? (Sí). No los estás privando del derecho a conocer estos temas ni a que sientan envidia. Al mismo tiempo, les señalas lo que deberían hacer. ¿Es esta una buena manera de educar a los hijos? (Sí). ¿Es un modo de proceder sencillo? (Sí). Mientras les sea posible, los padres deberían aprender y estudiar cómo educar y ocuparse de sus hijos menores en función de su propia capacidad, condiciones y calibres. Deberían cumplir con su responsabilidad hacia ellos y hacer todo esto de la mejor manera posible. No hay estándares estrictos o rígidos para esto; varía entre una persona y otra. Las circunstancias familiares de cada uno son diferentes, al igual que sus calibres. Por tanto, en lo que respecta a cumplir con la responsabilidad de educar a un hijo propio, cada persona tiene sus métodos. Deberías hacer lo que sea más efectivo, lo que dé lugar a los resultados deseados. Lo ideal sería que te adaptaras a la personalidad, la edad y el género de tus hijos. Alguno puede que necesite más severidad, mientras que otro requiera un planteamiento más amable. Algunos podrían beneficiarse de un estilo más exigente, mientras que otros podrían prosperar en un entorno más relajado. Los padres deben ajustar sus métodos en función de la situación individual de sus hijos. En cualquier caso, el objetivo final es garantizar su salud mental, guiarlos en una dirección constructiva tanto en relación con sus pensamientos como a los criterios para su comportamiento. No les impongas nada que pueda ir en contra de la naturaleza humana, nada que contradiga las leyes del desarrollo natural o que sobrepase lo que son capaces de conseguir en su franja de edad actual o el alcance de sus calibres. Cuando los padres logran todo esto, ya han cumplido con su responsabilidad. ¿Es difícil lograrlo? Es sencillo.

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