Cómo perseguir la verdad (1) Parte 2
Las personas están llenas de toda clase de nociones e imaginaciones acerca de la obra de Dios. Lo que acabamos de compartir ahora se refiere a las nociones que las personas tienen respecto a los días de la obra de Dios. Además de estas, hay otra clase de nociones e imaginaciones: cada vez que las personas se enfrentan a dificultades reales, a menudo esperan desde su voluntad subjetiva un destello de inspiración de Dios y tener luego una idea brillante, sin que les haga falta comer ni beber Sus palabras, equiparse con la verdad ni captar los principios-verdad en momentos normales; esperan que Dios pueda ayudarlas a resolver cualquier problema al que se enfrenten en su vida diaria, sea grande o pequeño. La comprensión y el entendimiento de las personas respecto a la obra de Dios son extremadamente fantasiosos y huecos y, además, estas rebosan de nociones e imaginaciones acerca de los métodos de Dios para salvar al hombre. No quieren buscar diversas verdades en la obra de Dios ni lidiar con todas las cuestiones de manera práctica conforme a los principios-verdad. En su lugar, esperan que, cada vez que se topen con cualquier clase de problema, Dios les aporte luz y revelaciones, igual que les hizo revelaciones a los profetas, de modo que, les suceda lo que les suceda en su vida real, contarán con sabiduría y capacidad, así como con maneras de lidiar con toda clase de problemas, sin que les haga falta orar a Dios, buscar la verdad ni comer y beber Sus palabras, como si estuvieran viviendo en un mundo mágico. De acuerdo con sus imaginaciones, las personas piensan que, una vez que empiecen a creer en Dios, se volverán listas e inteligentes. Hay quienes incluso piensan que, una vez que empiecen a creer en Él, se volverán hermosos y ya no tendrán ninguna de las dificultades y problemas de la carne ni el impedimento de las actitudes corruptas, así como tampoco dificultades reales en su vida diaria. Creen que, mientras tengan la voluntad de satisfacer a Dios, Él les dará fuerzas y creará circunstancias buenas y superiores para ellos, tornará todo esto en realidad y cumplirá todas sus aspiraciones y deseos, y que, en especial cuando se enfrenten a cosas que escapen a su calibre e instintos, Dios les echará una mano más si cabe para que puedan hacer aquello que deseen con inteligencia o facilidad. También hay quienes tienen escaso calibre y carecen de habilidades en cualquier clase de profesión que piensan que Dios solo tiene que obrar un milagro o prodigio para que, de repente, su calibre se convierta en bueno y ellos se vuelvan inteligentes. Asimismo, creen que para Dios no hay nada difícil de lograr y que Él puede ayudarlos a conseguir cosas de las que ellos no son capaces por su cuenta, así como a resolver los problemas complicados que no pueden superar por sí mismos y que escapan a sus capacidades. En resumen, en la obra de Dios, las personas tienen muchas nociones e imaginaciones. Por un lado, están llenas de diversas imaginaciones relativas a la duración de la obra de Dios y, además, han llevado a cabo diversas acciones y pagado distintos precios en este sentido. Al mismo tiempo, la gente rebosa de toda clase de nociones e imaginaciones relativas a diversas dificultades y problemas a los que se enfrentan e incluso a sus propias actitudes corruptas. La mayoría de estas nociones e imaginaciones son huecas, fantasiosas y nada realistas y, es más, escapan al calibre y la mente de las personas y exceden al ámbito de sus instintos. Las personas suelen tener la esperanza de que Dios no actúe basándose en sus dificultades reales o su calibre, su mente y sus instintos, sino que, en su lugar, les permita superar todo esto, así como su humanidad normal y su calibre y sus instintos para hacer ciertas cosas. La gente está llena de nociones e imaginaciones sobre la obra de Dios y el contenido de sus imaginaciones es extremadamente sobrenatural. Estas nociones e imaginaciones son totalmente contradictorias y hostiles a las verdades que expresa Dios. La gente no piensa para sus adentros: si Dios hace estas cosas sobrenaturales, ¿por qué sigue diciendo tantas palabras y aportando tantas verdades a las personas? No hay necesidad de que lo haga. La razón por la que la obra de Dios es tan práctica es porque Él espera proveer a las personas de todas Sus palabras y verdades y obrarlas en ellas, de modo que puedan vivir conforme a estas. Su intención no es permitir que las personas sobrepasen la humanidad normal o sus instintos, sino permitirles, partiendo de la base de la humanidad normal, aferrarse a los principios-verdad y a los deberes y comisiones que Él les ha encomendado. Sin embargo, las nociones e imaginaciones de las personas son el exacto opuesto a la obra de Dios y en absoluto son conformes a la manera en la que Él obra. Dios quiere obrar de manera práctica, mientras que las imaginaciones de las personas respecto a la obra de Dios se refieren a cosas sobrenaturales, huecas y nada realistas. Por supuesto, algunas personas esperan que Dios emplee algunos métodos incluso más especiales para hacerles revelaciones, proveerlas, apoyarlas y ayudarlas, así como para incluso cambiarlas y permitir que se salven. Por ejemplo, cuando algunas personas se enfrentan a un problema, muy a menudo no examinan las palabras de Dios en busca de respuestas o sendas de práctica, sino que, en vez de eso, se arrodillan, cierran los ojos y oran. No buscan la verdad relativa al problema cuando oran a fin de encontrar luego las palabras correspondientes de Dios para resolverlo. En su lugar, esperan que Él pueda decirles qué hacer en su corazón o que les esclarezca con una frase, una idea o una imagen, o bien que les permita obtener un poco de luz y les dé algo de motivación; quieren entender la verdad de esta manera. Por supuesto, los hay que adoptan un enfoque más extremo, el de que, cada vez que se enfrentan a un problema, esperan que Dios pueda revelarles un pasaje de Sus palabras en un sueño, decirles si deberían hacer tal o cual cosa y cómo hacerla, si deberían ir a este o aquel lugar, o predicarle el evangelio a fulano o mengano. Hay quienes, cuando se enfrentan a grandes dificultades, esperan recibir un sueño u obtener la respuesta en uno. Esperan incluso analizar e interpretar su sueño junto a sus hermanos y hermanas o los líderes de la iglesia y piensan: “¿Cuál es el significado del sueño que me ha mandado Dios? ¿Qué quiere que haga? ¿Me está diciendo que vaya o que no?”. Creen que la obra de Dios consiste en conceder revelaciones a la gente, en guiarla y proveerla usando estos métodos especiales, para así permitir que se salve. ¿Acaso no se trata de nociones e imaginaciones? (Sí). Hay otras personas que, cuando les ocurre un problema y no saben qué hacer ni reciben respuestas de Dios cuando oran, recurren a tomar decisiones tirando una moneda al aire. Por ejemplo, cuando se trata de ir a algún lugar a predicar el evangelio, oran a Dios respecto a si deberían ir o no, sin obtener respuesta. ¿Y qué hacen entonces? Simplemente lanzan una moneda al aire para decidir si van o no. Piensan que, si cae de cara, eso demuestra que Dios quiere que vayan, pero que, si sale cruz, es que no. Lanzan la moneda tres veces y sale cara una vez y cruz las otras dos veces, así que concluyen: “Dos a uno, eso significa que Dios no quiere que vaya”, así que no van. Incluso se sienten bastante tranquilas al no ir, pues piensan que es el deseo de Dios y se dicen: “Debo seguir la guía de Dios. Esta es Su decisión, no la mía. Debería someterme a la guía de Dios y no ir”. Por tanto, ¿realmente deberían ir o no? ¿Acaso buscar las intenciones de Dios de esta manera puede dar lugar a una respuesta precisa? La respuesta no puede ser de ningún modo precisa. Al enfrentarte a tal situación, deberías tomar una decisión basándote en los principios y si las circunstancias lo permiten; este es el único método correcto. Predicar el evangelio es tu deber, tu tarea y el trabajo que te corresponde hoy, así que deberías ir; lo correcto es que vayas. Sin embargo, las personas a menudo no comprenden ni lidian con tales asuntos basándose en estas realidades, sino que suelen abordarlos tomando como base algunas nociones e imaginaciones y juzgarlos mediante maneras y métodos inusuales, hasta llegar a tomar algunas decisiones absurdas y distorsionadas. ¿Acaso esto no se debe a sus nociones e imaginaciones? (Sí). En el marco de la obra de Dios, cuando Él no provee palabras claras para decirle a la gente cómo se debería hacer cada cosa o a qué principios atenerse al lidiar con cada tipo de problema, las personas han de seguir la dirección del Espíritu Santo y la guía que Dios les provee dentro de las circunstancias actuales. Por supuesto, además necesitan discutir u orar y buscar junto a sus hermanos y hermanas, hasta que al final decidan cómo lidiar con el problema en cuestión en función de la situación real. Sin embargo, en la obra de Dios, cuando Él dispone de palabras e instrucciones claras para expresarles a las personas los principios de práctica sobre diversos asuntos, se puede prescindir de estas formalidades previamente adoptadas y la gente ya no tiene que atenerse a ellas. Si continúan ateniéndose a ellas, eso solo demorará las cosas. Por ejemplo, supongamos que, cada vez que surge algo y es necesario ponerse en acción, las personas se siguen arrodillando para orar y preguntan: “Dios, ¿debería ir o no? Si no quieres que vaya, limítate a crear alguna circunstancia para impedírmelo o, si quieres que vaya, haz que todo transcurra con fluidez”. Esto es ceñirse con rigidez a las formalidades y no es lo que Dios requiere de las personas. Cuando Él dispone de palabras claras relativas a Sus requerimientos y criterios, las personas ya no tienen que cumplir ninguna formalidad como buscar, orar, sondear y demás. En su lugar, por un lado, deberían actuar de acuerdo con la situación real y las circunstancias actuales y, por otro, ante todo deberían actuar conforme a los principios-verdad; esto es lo correcto. Cada día, maneja las cosas en el orden adecuado, haz aquello que deberías hacer, sea lo que sea, y no hagas las cosas que no deberías; ocúpate de lo que sea urgente y requiera tu intervención, deja en espera lo que se pueda apartar a un lado de momento y atiende primero las cuestiones urgentes. ¿Acaso no se trata de principios? (Sí). Sin duda son principios. Debes recordar lo siguiente: cuando ores a Dios y busques captar Sus intenciones, debes hacerlo basándote en Sus palabras; en situaciones especiales, es decir, cuando no haya palabras claras de Dios que provean instrucciones, deberías saber que, pese a ello, Él cuenta con palabras claras y principios de práctica para todo tipo de cuestiones y, en tales casos, deberías actuar de acuerdo con los diversos principios-verdad con los que Dios amonestó a la gente en el pasado. Sin embargo, las personas han desarrollado en su mente muchas nociones e imaginaciones sobre la obra de Dios que son ridículas, extravagantes y guardan relación con cosas sobrenaturales, las cuales convierten las palabras de Dios y los diversos principios-verdad en adornos y doctrinas huecas, y lo hacen para que dichas palabras y principios-verdad no puedan ser los criterios de las personas para manejar las cosas ni tampoco sendas de práctica cuando les suceden problemas. Esto es algo lamentable y se debe por entero al hecho de que las personas han desarrollado gran cantidad de nociones e imaginaciones acerca de la obra de Dios.
Las personas tienen algunas otras nociones e imaginaciones ridículas, extravagantes y extrañas acerca de la obra de Dios que impregnan su vida diaria. Digamos, por ejemplo, que justo cuando alguien está a punto de hacer la tarea que más le correspondería hacer, sucede algo que le parece que no debería suceder, como que le roben el teléfono mientras va de camino a hacer la tarea, se le estropee el coche, sufra una caída durante el trayecto o cualquier otra cosa vaya mal. ¿Qué significa esto? ¿Significa que Dios le está poniendo impedimentos para hacer esa tarea? ¿Significa que hacerla no es conforme a las intenciones de Dios? ¿Significa que no se debería hacer? ¿Se debería entender e interpretar así? (No). Si se trata de la cosa más importante que deberías hacer ahora mismo en el cumplimiento de tu deber y vas y la haces, aunque te enfrentes a algunos reveses y dificultades a lo largo del camino o incluso a cosas que la gente cree que no deberían ocurrir, no se puede decir que este deber que haces ni este trabajo que desempeñas desagrade a Dios ni que Él te impida que los hagas; estas son nociones e imaginaciones humanas. Si Dios quiere impedírtelo, no se servirá de esos métodos, sino que dispondrá directamente una circunstancia para que, de manera natural, no tengas que ir a hacer esa tarea. Es decir, Dios te dejará muy claro en tu mente que hay algo más importante que deberías hacer hoy y, en consecuencia, esa tarea tendrá que pasar al segundo o tercer lugar de tu lista y quedar para más adelante. No importan los cálculos que hagas, te darás cuenta de que hoy no será posible cumplir esa tarea dada la situación real. Eso es que Dios te pone impedimentos. Sin embargo, no importa lo que creas ni qué reveses o dificultades surjan en el proceso de llevar a cabo esta tarea, sea como sea, si hay que hacerla hoy, entonces deberías ir a hacerla. Si Dios te pone impedimentos, hará uso del método más adecuado y conveniente para hacerte renunciar a esa tarea de manera natural; así obra Dios. Él obra de tal manera que permite a las personas hacer lo que les corresponde dentro del ámbito de los instintos de humanidad. Por un lado, esta es la actitud que las personas deberían tener. Por otro, está también el factor de las circunstancias objetivas: si las circunstancias permiten que la tarea se haga, entonces se debe hacer; si ese no es el caso, entonces se ha de esperar un tiempo para hacerla. ¿Cuál es el propósito de esperar? Aguardar el momento correcto y las circunstancias que Dios disponga. Si las circunstancias son siempre inadecuadas y las cosas siguen yendo mal mientras intentas desempeñar esa tarea, entonces no deberías hacerla. ¿Lo has entendido? (Sí). En la vida diaria de las personas, no hay necesidad de que intenten captar lo que sienten en su espíritu cuando desempeñan tareas, con independencia de qué tipo de tareas se trate, de si son grandes o pequeñas, o de si atañen a asuntos personales o de la iglesia. Si hoy te sientes con el espíritu decaído y en tu corazón no quieres hacer una tarea, pregunta a quienes la llevarán a cabo contigo si se sienten desanimados. Si los demás no se sienten desanimados y están dispuestos de corazón a hacer la tarea, pero tú concluyes en función de tus propios sentimientos que no se ha de hacer, ¿acaso no estás siendo demasiado subjetivo al respecto? (Sí). Por tanto, cada vez que las personas desempeñen una tarea, al menos deben entender que no deberían intentar captar sus sentimientos ni actuar según estos. Por ejemplo, digamos que tienes que desempeñar alguna tarea y estás un poco nervioso, tienes un insistente tic en el ojo y te zumban los oídos. Entonces dices: “Tengo un tic en el ojo derecho, ¿augura esto malas noticias? ¿Debo desempeñar esta tarea?”. Alguien dice entonces: “Si tienes un tic en el ojo izquierdo es señal de buena fortuna, pero si es en el ojo derecho es señal de desgracia”. Tras oír esto, no te atreves a ir a hacer la tarea. Da igual en qué ojo tengas un tic, si se trata de una tarea convenida de antemano y se dan todos los factores necesarios para desempeñarla y el momento y el lugar son los correctos, entonces debes ir a hacerla. Si decides no ir solo porque una persona diga que un tic en el ojo derecho es señal de desgracia, ¿acaso es lo apropiado? (No). ¿Por qué no? Si es tu responsabilidad y tu deber, y hoy todas las circunstancias objetivas y todas las condiciones permiten que se haga y, además, hay que llevar a cabo con urgencia esa tarea, entonces deberías ir a hacerla. ¿Qué más da si tienes un tic en el ojo derecho? Puede que hayan surgido algunos problemas menores y las cosas no transcurran con demasiada fluidez, pero la tarea se lleva a cabo pese a todo. Solo puedes no ir a hacer la tarea si Dios lo impide y las circunstancias no lo permiten. Alguien dice: “Si tienes un tic en el ojo derecho es que algo debe ir mal”, pero otro añade: “Esta es una tarea que se convino con antelación, así que deberíamos ir a hacerla”. Al final, todos os disponéis a hacerla de todas formas, pero el coche sufre una avería inesperada a medio camino. Decidme, si alguien tiene un tic en el ojo derecho cuando el grupo está saliendo hacia allí, en ese caso, ¿deberían ir? Quiero ver si de veras entendéis la verdad o no. ¿Qué pensáis? ¿Sería correcto ir a hacer esa tarea? (Sí). Eso seguro. No podéis juzgar si debéis ir o no en función de si tenéis un tic en el ojo derecho o en el izquierdo. Para empezar, ir a hacer esa tarea es lo correcto. Por tanto, ¿por qué se estropeó el coche de camino hacia allí? ¿Lo permitió Dios? Es difícil de explicar, ¿verdad? (Que el coche se estropee de camino hacia allí podría deberse a una negligencia humana, a cosas como no haberlo revisado con antelación para detectar cualquier problema). Esa es una posible razón. Si la descartamos, ¿es normal que un coche se estropee a medio camino? (Sí). Si compras un coche chino de segunda mano que, para empezar, no era de muy buena calidad y no le haces un mantenimiento adecuado ni lo arreglas bien y lo usas continuamente, el coche se estropeará a medio camino. Si eso sucede, ¿significa que la tarea sin duda no puede cumplirse? (No necesariamente). El coche se estropea y se tarda una o dos horas en arreglarlo. Cuando llegas al destino, los hermanos y hermanas de allí dicen: “Es una suerte que hayáis llegado a esta hora. Los agentes de vigilancia se acaban de ir. Si hubierais llegado dos horas antes, no cabe duda de que os habría atrapado el gran dragón rojo. ¡Ha faltado poco!”. Como ves, algo malo acabó siendo bueno. ¿Fue adecuado ir a hacer la tarea? (Sí). ¿Había puesto Dios Su buena intención en la avería del coche? (Sí). Por tanto, ¿el tic en el ojo derecho fue una señal de mala suerte o de buena? (Ni de una ni de otra). No sucedió nada como resultado de ello. Si interrumpiéramos la historia en el punto en el que el coche se estropea, entonces asegurar que “un tic en el ojo derecho es señal de desgracia” parecería acertado. La avería del coche fue un percance, ¿no? Sin embargo, a la vista del desenlace final, resultó ser algo bueno. Si el coche no se hubiera averiado, todos os habríais metido en problemas al llegar al destino. No solo no hubierais cumplido la tarea, sino que también os habrían arrestado. No obstante, resultó que el coche se averió de camino y se tardó dos horas en arreglarlo, así que, para cuando llegasteis, el peligro acababa de pasar y os librasteis. ¡Dios os estaba protegiendo! Pensadlo, si nos centramos en el hecho de que el coche se averió, parece que Dios os estaba impidiendo ir, pero, en realidad, solo os enterasteis de lo que había pasado después de arreglar el coche y llegar sin mayores incidentes. ¿Cómo interpretáis los principios y métodos de las acciones de Dios durante todo este proceso? ¿Qué clase de entendimiento deberían tener las personas respecto a la obra de Dios? Revisad estas cosas, pues se pueden buscar verdades en ello y así comprenderé si sois capaces de buscarlas o no. (Dios, mi entendimiento es que, no importa si les pasan cosas buenas o malas a las personas, Dios pone en ello Su buena intención). Este es un aspecto. (Hay otro y es que la obra de Dios no es sobrenatural ni fantasiosa, sino muy práctica). Sí, ese es un buen entendimiento. La obra de Dios es práctica y no es fantasiosa ni sobrenatural; cualquiera con una humanidad normal puede sentirla y llegar a conocerla por medio de la experiencia y, además, es algo que las personas son capaces de comprender. ¿Acaso no es este el entendimiento que las personas deberían tener respecto a la obra de Dios? (Sí). Aparte de esto, ¿qué más deberían entender? Deberían entender que Dios tiene soberanía sobre todo. En la obra de Dios, cada cosa concreta que Él hace permite a las personas comprender que Sus acciones son sumamente prácticas. Al principio, cuando vuestro grupo se disponía a salir, hubo quien discutió acerca de si ir o no. Dios no te lo impidió; Él no te hizo sentir náuseas, vomitar o tener diarrea. No te impidió ir ni tampoco te instó a hacerlo. ¿Acaso no es esto muy práctico? Permitió que los del grupo lo decidieran juntos. Algunos dijeron que tenían un tic en el ojo derecho, otros que se sentían incómodos en su fuero interno, pero, al margen de que confiaras en tus sentimientos y tu estado de ánimo o bien en imaginaciones relativas a cosas sobrenaturales, al final debías ir donde te correspondía y Dios no te lo impidió de ninguna manera. ¿No es muy práctica esta forma de obrar de Dios? (Sí). Las acciones de Dios no son para nada huecas; se permiten toda clase de manifestaciones humanas, incluidos los tics en el ojo de ciertas personas. Dime, ¿puede detener o controlar Dios el tic en el ojo de alguien? ¿Acaso a Dios no le habría resultado muy fácil controlarlo? Sin embargo, ¿lo hizo? (No). No lo hizo. No intervino, te dio libertad. Tenías un tic en el ojo, sin más, pero al final el grupo salió a pesar de ello; todo esto fue muy práctico. Sin embargo, había problemas en el destino y Dios no se deshizo de este peligro solo porque vosotros os dirigierais allí. Él no hizo tal cosa y el problema ocurrió igualmente como estaba previsto. No obstante, Dios hizo algo inteligente: averió vuestro coche a mitad de camino, de modo que para cuando se arregló la avería y todos llegasteis al destino, el peligro ya había pasado. Esta fue la protección de Dios hacia vosotros. Como ves, debido a esta demora, Él permitió de una manera inteligente que evitaras el peligro. Todo lo que hace Dios es muy práctico, ¿no? (Sí). Por tanto, esto te muestra que, de manera muy práctica, aquello que hace Dios no es hueco ni sobrenatural en absoluto y que cada cosa que sucede es natural e inevitable, pero en ello reside la omnipotencia de Dios. A lo largo de todo lo sucedido, con independencia de las imaginaciones, las dificultades, las debilidades y los problemas de las personas y de los puntos de vista correctos o incorrectos que estas debatieron juntas, nada de ello afectó a lo que ocurrió en última instancia ni al inevitable desenlace del acontecimiento. Todas y cada una de las cosas que se supone que debían ocurrir ocurrieron, el problema que se suponía que iba a suceder sucedió, el coche que se supone que se iba a averiar se averió, y los puntos de vista de las personas también quedaron al descubierto, pero igualmente el resultado final del acontecimiento se produjo de acuerdo con la manera que Dios había dispuesto y conforme a lo que Él había preordinado y el modo en que había ejercido soberanía respecto a este. Esta es Su omnipotencia, ¿no es así? (Sí). Todo esto sucedió de manera muy práctica y normal, igual que todo lo que les ocurre a las personas cada día en su vida cotidiana; ocurrió con naturalidad y no fue sobrenatural, fantasioso ni hueco. Por tanto, en este asunto la gente debería entender que la obra de Dios es práctica y que Él tiene soberanía sobre todo. ¿Cómo deberían practicar las personas? Para empezar, deben entender a qué principios deberían atenerse, sin importar lo que les pase. Si solo se guían por sentimientos humanos, eso no es fiable. No deberían guiarse por sentimientos sobrenaturales ni hacer suposiciones descabelladas basadas en imaginaciones huecas. En lugar de eso, deberían ir a hacer lo que deben hacer basándose en las circunstancias reales y los deberes que les corresponden. Asimismo, lo importante es que vayan y hagan lo que deberían hacer basándose en los principios-verdad. ¿Acaso no es esto mucho más fácil entonces? (Sí). Por tanto, no importa a qué problemas te enfrentes ni qué etapa haya alcanzado la obra de Dios, no necesitas guiarte según tus sentimientos ni comprobar si una fecha trae buenos augurios o no, al igual que, por supuesto y en especial, no hace falta que observes ningún fenómeno astronómico ni escuches ninguna profecía; limítate a hacer lo que te corresponde. A algunos les gusta observar los fenómenos astronómicos o comprobar si las fechas traen o no buenos augurios, y dicen: “Mañana no es un buen día, ¿irá todo mal si salgo? ¿Llevará a cabo arrestos el gran dragón rojo? ¿Cómo es que había un cuervo graznando junto a la puerta cuando me levanté temprano y salí esta mañana? He oído que alguien vio a un gato negro cuando salió anoche. ¡Son unas señales nefastas! ¿Qué debería hacer? ¿Está a punto de ocurrir algún peligro?”. Si cuentas con una humanidad y un pensamiento humano normales, deberías poder juzgar qué clase de circunstancias son peligrosas y cuáles son relativamente seguras, así como saber abordarlas y lidiar con ellas conforme a la situación real; no hace falta que te fijes en esas otras cosas. En cuanto a qué deberías hacer y qué no deberías hacer cada día, por un lado, existen palabras claras de Dios que sirven como principios-verdad y, por otro, tienes una humanidad normal, conciencia y razón y, mientras hagas lo que te corresponde cada día basándote en la disposición de las circunstancias reales y de la guía que estas proveen, de acuerdo con las necesidades reales de la humanidad normal y con tus propias responsabilidades y obligaciones, entonces lo que hagas estará bien. Si la gente aborda su vida diaria así, ¿acaso no será todo mucho más simple? (Sí).