Cómo perseguir la verdad (1) Parte 3
B. Las nociones e imaginaciones de la gente sobre los resultados que Dios pretende lograr en Su obra
Aunque la obra de Dios es todopoderosa y maravillosa y Sus palabras son la verdad y la vida, no es posible hacer completas a las personas ni cambiarlas de la noche a la mañana. De acuerdo con sus nociones e imaginaciones, algunas dicen a menudo: “Llevo muchísimos años creyendo en Dios, ¿cómo es que no he cambiado aún? ¿Cómo es que todavía no he logrado la santificación? ¿Por qué todavía amo el mundo en mi corazón? ¿Por qué sigo siendo tan vano? ¿Por qué todavía tengo lujuria perversa? Solía gustarme ver algunos vídeos o programas de entretenimiento del mundo no creyente. ¿Por qué todavía me dan ganas de verlos de vez en cuando, a pesar del hecho de que hasta ahora he creído en Dios, he comido y bebido Sus palabras durante muchos años, he hecho mi deber, he renunciado a cosas y me he entregado desde hace mucho y siento que ya me he desprendido de tales cosas en mi corazón?”. Estas son algunas nociones que tiene la gente, ¿no? En particular, en su fe en Dios, algunas personas siempre persiguen cosas como someter su cuerpo, no codiciar los placeres de la carne, soportar más sufrimiento y esfuerzo, así como ser capaces de superar muchas dificultades físicas. Sin embargo, a pesar del hecho de que sigan persiguiendo de esta manera, todavía sienten que suelen estar controladas por los deseos extravagantes de la carne, su ansia de comodidad y la holgazanería, por lo que a menudo son negativas y pierden la fe en Dios, y piensan: “La obra de Dios ha llegado a este punto, entonces, ¿por qué soy una decepción tan grande y sigo siendo a menudo negativo?”. A veces, cuando han logrado algunos resultados en una tarea y se han ganado la aprobación de todo el mundo, se sienten tranquilas y piensan: “Todavía tengo esperanzas de salvarme. La obra de Dios y Sus palabras son muy buenas. Su obra puede cambiar de veras a las personas”. Sin embargo, pasado un tiempo, sienten que todavía echan de menos a sus seres queridos. En particular, a veces incluso recuerdan a aquellos a los que una vez adoraron y rememoran con nostalgia la vida mundana que tuvieron, y echan realmente de menos sus días de gloria cuando estaban en el mundo, así que se preguntan: “¿Cómo es que todavía echo de menos esas cosas? ¿Por qué no me he desprendido de los placeres de la carne ni me he distinguido del mundo por ser considerado santo? ¿Por qué no he cambiado todavía?”. Y se vuelven a sentir molestas. A menudo se demoran dentro de estos pensamientos y puntos de vista. Su estado a veces es bueno y otras malo, son débiles durante un tiempo y después fuertes durante otro, son negativas durante una época y luego positivas en otra. A menudo emiten veredictos sobre ellas mismas conforme a sus manifestaciones en la vida diaria. Si están en un buen estado, piensan que son objetivo de salvación; si están en uno malo, sienten que no hay esperanzas de salvarse y que están más allá de la redención. Se hallan en un extremo o en el otro. Cuando están en un buen estado, sienten que son como un santo y que se hallan muy cercanas a Dios, que no hay ninguna barrera entre ellas y Dios y que Él está justo a su lado. Cuando su estado es malo, les parece que han caído al nivel dieciocho del infierno y que ya no pueden ver ni tocar a Dios, lo perciben muy lejos de ellas. ¿Por qué es así? ¿Por qué tienen estos estados? ¿Son normales o anormales? (Anormales). Cuando están en un buen estado, hacen cualquier cosa que la iglesia disponga que hagan y pueden superar cualquier dificultad y adversidad y pagar cualquier precio. Sienten que son las más capaces de someterse a Dios, que persiguen la verdad en la casa de Dios y que ninguna dificultad puede vencerlas. Trabajan muy duro para hacer su deber y están dispuestas a esforzarse. No se sienten cansadas por mucho que hablen cuando comparten con los demás y no les importa saltarse una comida o perder dos o tres horas de sueño. Están dispuestas a entregarse por Dios y a dedicarle toda su vida. En consecuencia, sienten que han cambiado. Ya no piensan en su familia, ya no echan de menos a aquellos a los que una vez amaron ni rememoran con nostalgia la gloria y el honor que tenían en el mundo. Todo eso lo dejan a un lado y se entregan a Dios de todo corazón, se ciñen a los principios, podan a cualquiera que cause perturbaciones o trastornos, defienden la equidad en la casa de Dios, se ponen con firmeza del lado de la rectitud, defienden los intereses de la casa de Dios y establecen su propia imagen de “juez” estricto e imparcial. Se desempeñan muy bien durante un tiempo. Sin embargo, puede que llegue una época en la que revelen sus actitudes corruptas o hagan algo mal y, entonces, se volverán negativas y débiles y pensarán: “Dios me ha revelado. Ya no me ama”. A partir de entonces, no serán capaces de recuperarse. Sentirán que no son nada ni pueden hacer nada, que todavía tienen pensamientos egoístas y lujuria perversa, que suelen echar de menos a personas a las que una vez amaron y fueron de su gusto, que a menudo son negativas y débiles, que todavía se resisten a Dios, que son incapaces de practicar la verdad y que no han cambiado a pesar de haber creído en Dios durante muchos años, así que pensarán: “¿Acaso esto no significa que estoy acabado?”. Les parecerá que no tienen oportunidad de salvarse y que no hay esperanzas de ningún tipo para ellas. Cuando son felices, no caben en sí de alegría; cuando están afligidas, son increíblemente desdichadas. Siempre transitan por estos dos extremos, pasando del uno al otro. ¿Por qué es así? Con independencia de que estos estados y manifestaciones sean positivos o propios del abatimiento, en resumen, todo consiste en el mismo tipo de problema, que es que están llenas de nociones e imaginaciones sobre la obra de Dios y siempre emiten veredictos sobre sí mismas y se califican a sí mismas en función de sus propios estados de ánimo y de sus propias revelaciones y manifestaciones a lo largo de cierto periodo, mientras que, al mismo tiempo, emiten veredictos sobre la obra de Dios, sobre los resultados logrados por Su obra en las personas y sobre el propósito y el objetivo que logra Su obra en ellas. ¿Es esta la raíz del problema? (Sí). Cuando se sienten positivas, oran ante Dios, expresan su determinación mientras lloran con intensidad, dispuestas a dedicar su vida entera a Dios sin pedir nada a cambio, a seguirlo y entregarse por Él. Cuando oran y toman determinaciones como esta, sienten que todas las dificultades ya no son tales. Se conmueven hasta las lágrimas e incluso creen que es el Espíritu Santo el que las ha conmovido. Piensan: “El Espíritu Santo me ha conmovido. ¡Dios debe amarme mucho! ¡Dios no me ha abandonado!”. Oran entre llantos y dicen que el Espíritu Santo las ha conmovido, ¿acaso no es esto ilusorio? (Sí). En realidad, te conmovió lo bien que te sentiste contigo mismo; te conmovieron tu propia determinación, tus aspiraciones, tus deseos y tus propias acciones, no el Espíritu Santo. ¿Por qué digo que te conmoviste a ti mismo? Tienes muchísimas nociones e imaginaciones sobre la obra de Dios y están muy distorsionadas. ¿Crees que Dios te conmovería? Al encontrarte en ese estado extremo, ¿te conmovería Dios de tal modo que fueras incluso más extremo? Si Dios te conmoviera, eso solo te volvería más extremo y provocaría que te admiraras y conmovieras a ti mismo incluso más, y haría que quisieras más aún tomar la siguiente determinación: “Dormiré menos y sufriré más adversidades. Comeré sin importar si la comida está buena o mala, no me importa comer cualquier cosa ni si le hace bien o mal a mi cuerpo. Debo superar las preferencias de mi vieja carne, en concreto debo curar los defectos de esta, hacer que mi carne sufra más y no dejar que esté cómoda. Si la carne se siente cómoda, entonces no amaré a Dios; si se siente cómoda, entonces disfrutaré de las comodidades de la carne y no trabajaré duro para cumplir mi deber”. Si fuera que el Espíritu Santo te estuviera conmoviendo, simplemente permanecerías en ese extremo e incluso creerías de manera aún más equivocada que has triunfado sobre la carne y derrotado a Satanás, así como que ya te has salvado. Por eso digo que no fue el Espíritu Santo el que te conmovió, sino tú mismo. ¿Os conmovéis a menudo a vosotros mismos? (Sí). Os conmueve vuestra propia determinación para entregaros y padecer dificultades por Dios, y en vuestro corazón estáis muy dispuestos a padecer dificultades por Dios, a sufrir las adversidades que hagan falta o incluso a morir, así que os resbalan las lágrimas por el rostro. En realidad, Dios no se conmueve porque tú te conmuevas ni por tu determinación. Esta efusión tuya es un mero impulso momentáneo, una oleada fugaz de pasión intensa. En esta situación, puede que incluso ores a Dios y digas: “¡Dios, estoy dispuesto a morir por Ti! Dios, hoy estaba tan ocupado haciendo mi deber que me he saltado una comida. Aunque tuviera que saltarme diez comidas, ¡estaría dispuesto a hacerlo! No solo de pan vive el hombre, sino que vive de las palabras que salen de la boca de Dios. ¡Dios, estoy dispuesto a amarte toda la vida, para siempre, y mi amor por Ti nunca cambiará!”. Estas grandilocuentes palabras tuyas te conmueven hasta romper en un intenso llanto, pero la actitud de Dios hacia ti no cambia. ¿Por qué? Porque te conmueve un impulso momentáneo y tus lágrimas no se deben a remordimiento, a sentirte en deuda o a haber llegado de veras a conocerte a ti mismo, ni mucho menos son lágrimas de tristeza por tu incapacidad de practicar la verdad y defender los principios-verdad. Por tanto, esta emoción tuya solo puede conmoverte a ti mismo y tal vez también conmover a otros o a los que te rodean, pero a Dios no. Así pues, no es el Espíritu Santo el que te conmueve, sino que eres tú el que se conmueve a sí mismo. Tus lágrimas fluyen porque te has conmovido a ti mismo. Tus lágrimas, tus palabras emotivas y tu intensa pasión son solo un fenómeno superficial, un tipo de conducta. No son un cambio en tu esencia y vida ni una revelación de que la verdad sea tu vida. Cuando tienes la pasión y el impulso para entregarte y sufrir por Dios y eres particularmente proactivo, sientes que es el Espíritu Santo el que te conmueve, que has cambiado y que eres un objetivo para la salvación; esta es una clase de noción e imaginación que tienes respecto a la obra de Dios. Cuando te vuelves negativo por un fallo temporal y te caes, bien porque tu corrupción y tus defectos quedaron al descubierto o bien porque se te podó y reveló, te sientes triste y afligido y piensas que no has cambiado ni tienes esperanzas de salvarte; esta es otra clase de noción e imaginación que tienes acerca de la obra de Dios. De hecho, no importa lo que Él vea —si estás en un estado negativo o uno positivo, o hasta qué punto se ha deteriorado y hundido tu estado—, ¿cómo te contempla Dios todo el tiempo? Tu estatura es la que es. Dios determinará cuánto has cambiado y en cuántas realidades-verdad has entrado según tu situación, tus manifestaciones y tu estatura reales. Tu incapacidad actual para recuperarte y tu actual caída en picado hacia el abatimiento no son el estándar según el cual Dios te contempla o determina tu estatura real. Por tanto, da igual que te halles en un estado positivo o negativo o que estés lleno de una intensa pasión o sientas abatimiento. Eso no afectará a tu evaluación y calificación por parte de Dios. Tú eres el único que se califica a sí mismo incorrectamente según tus revelaciones y manifestaciones temporales —bien sea como alguien que ya es como Pedro o como alguien que está más allá de la redención— porque tienes un gran número de nociones e imaginaciones sobre la obra de Dios. Sin embargo, no importa cómo emitas veredictos, da igual lo buenos o malos que sean los sentimientos que experimentes, todo lo causan las nociones e imaginaciones que has desarrollado respecto a la obra de Dios y estas no se conforman a la definición precisa y práctica que da Dios de una persona ni al veredicto preciso y práctico que Él emite sobre ella. ¿No es así? (Sí). Por tanto, ya se trate de sus propias manifestaciones, de su propia esencia o de la calificación definitiva de sí mismas, las personas no pueden emitir veredictos sobre estas cosas según sus propias nociones e imaginaciones. En su lugar, deberían evaluar estos aspectos según las leyes normales de la obra de Dios y los resultados reales que Él quiere lograr en Su obra o en función de las maneras en las que Dios obra y de Sus definiciones precisas de las personas. ¿Cuáles son aquí las principales nociones e imaginaciones de las personas respecto a la obra de Dios? Las personas creen que su estatura real se determina según sus manifestaciones temporales o las que exhiben durante cierto periodo: si están en un buen estado durante ese periodo, entonces el Espíritu Santo obrará en ellas y habrán cambiado, poseerán la vida, habrán crecido en estatura y serán capaces de lograr la salvación; si se hallan en un mal estado y no poseen auténtica fe en Dios durante ese periodo, esto significa que no tienen ninguna estatura. ¿Acaso no son estas las nociones e imaginaciones de las personas? (Sí). Una noción e imaginación que tienen sobre la obra de Dios es que esta no se realiza en la gente a largo plazo y de manera continua, sino que más bien les aporta un poco de esclarecimiento fugaz, lo que hace que manifiesten un estallido de energía y un impulso momentáneo. Otro tipo es que creen que la obra de Dios es sobrenatural, que Dios conmueve a las personas para que tengan una actitud positiva, para que posean la determinación de sufrir dificultades y entregarse para Él y, entonces, obtengan estatura y se conviertan en personas para las que la verdad de Dios sea su vida. Creen que, si se vuelven débiles debido a un problema, Dios determinará que han fracasado y han sido reveladas, y entonces las condenará, descartará y abandonará. ¿Acaso no son estas sus nociones e imaginaciones? (Sí).
¿Cuáles son las nociones e imaginaciones de las personas que acabamos de compartir? (Las personas tienen varias clases de nociones e imaginaciones acerca de la obra de Dios. Creen que la estatura real de una persona se decide según sus manifestaciones durante un cierto periodo o según sus manifestaciones temporales y piensan que la obra de Dios en ellas tiene lugar en un momento, en vez de ser algo a largo plazo y continuo. También creen que la obra de Dios es muy sobrenatural y que Él a menudo las conmueve. Cuando el Espíritu Santo las conmueve momentáneamente, sienten que están a punto de ser hechas perfectas o más cerca de lograr el estándar de Pedro y, cuando fallan y se vuelven débiles, determinan que han sido descartadas). ¿Cuáles son las nociones e imaginaciones de las personas sobre la obra de Dios a este respecto? Creen que sus manifestaciones temporales representan su estatura real y que Dios emite veredictos sobre las personas según sus manifestaciones temporales. Piensan que a Dios le gusta verlas sufrir adversidades y pagar un precio, que a Él le gusta verlas a menudo orar y tomar determinaciones y conmoverse hasta el punto de llorar a lágrima viva. Asimismo, piensan que a Él le gustan aquellas personas que son capaces de renunciar a las cosas, entregarse, trabajar con diligencia y superar las diversas dificultades de la carne. Creen que, con independencia de si actúan o no de acuerdo con los principios o conforme a la verdad, mientras sean capaces de pagar un precio con frecuencia y, en el cumplimiento de su deber, a menudo se pierdan comidas y horas de sueño, se levanten temprano y se vayan tarde a la cama y trabajen día y noche, eso será del agrado de Dios. Esto implica que, sea cual sea la obra que haga Dios o por muchas palabras que diga, lo único que espera es que todas las personas sean capaces de sufrir dificultades y pagar un precio por Él, que no coman bien ni vistan ropa buena, que no tengan tiempo libre y se pasen el día a día haciendo sus deberes u orando y que, a menudo, tomen decisiones, expresen su determinación, sean resolutivas y hagan juramentos. Hay quienes piensan que a Dios le gusta limitar el corazón y las extremidades de las personas, que no les concede libertad ni liberación y que, en su lugar, hace que se sientan reprimidas para que no puedan liberarse y las priva de la libertad de una vida de humanidad normal. Esto es lo que piensan, ¿verdad? (Sí). ¿Qué más piensan? Que Dios no les permite fallar, revelar debilidad o corrupción ni mostrar sus defectos. Creen también que, si quieren lograr la salvación y ser hechas perfectas, durante el proceso de llevar a cabo su deber no pueden en absoluto ser débiles ni tener ninguna de las necesidades, defectos o fallos de la humanidad normal y no deben revelar actitudes corruptas. ¿Acaso no son estas nociones e imaginaciones de las personas? (Sí). En sus nociones e imaginaciones, las personas creen que, bajo la obra y la guía de Dios, deben mantenerse jóvenes en su interior, permanecer fervorosas y rebosar pasión por su trabajo y mostrar una actitud seria hacia este, además de estar constantemente en tensión y no relajarse nunca. ¿No es esto lo que piensan? ¿Es esto una noción e imaginación que tienen o es el auténtico requerimiento de Dios hacia las personas? (Es una noción y una imaginación que ellas tienen). Piensan que, si son un poco negativas y débiles, tienen una pequeña dificultad carnal o algunos defectos o fallos en su humanidad o revelan actitudes corruptas y, en ocasiones, codician la comodidad carnal, entonces Dios no las querrá, no hablará con ellas ni obrará en ellas y serán descartadas y perderán la esperanza de salvarse. ¿Es realmente así? (No). ¿Acaso no se trata de nociones e imaginaciones que tienen las personas? (Sí). En sus nociones e imaginaciones, las personas creen, por una parte, que a Dios le gusta la gente que siempre rebosa entusiasmo y una intensa pasión hacia su trabajo y, por otra, que a Dios no le gusta la negatividad de las personas y que no les permite a estas mostrar su debilidad. En otras palabras, creen que a Dios le gustan los ascetas, ¿verdad? Creen que es necesario vivir toda su vida en la pobreza, no prestar atención en absoluto a las cuestiones externas y leer las palabras de Dios día tras día bajo la luz tenue de una fría lámpara de aceite; creen que tanto las oraciones de la mañana como las de la noche son obligatorias, que deben dar gracias a Dios antes de cada comida y que no pueden tener ninguna de las diversas necesidades de la humanidad normal. Creen que solo entonces pueden considerarse absolutamente leales a Dios y absolutamente fieles a su trabajo y que, solo si mantienen esta clase de fervor, pueden gustarle a Dios y ser personas a las que Él quiera salvar y hacer perfectas. Como tienen estas nociones e imaginaciones, algunas se sienten especialmente reprochadas en su fuero interno cuando en alguna ocasión echan de menos a su familia, y además se inquietan cada vez que a veces charlan un rato, pues creen que Dios se lo reprochará. Cuando algunas mujeres jóvenes se visten y de vez en cuando llevan ropa que es un poco llamativa y muy a la moda, se sienten sumamente incómodas y piensan: “¿Acaso no es un poco indecente que me vista así? ¿No es un poco disoluto?”. De hecho, no llevan ropa estrafalaria ni que deje ver su cuerpo, pero se sienten disolutas y piensan: “Dios me reprocha en mi fuero interno. No le gusta que haga esto”. Si piensas que a Dios no le gusta, ¿por qué no te pones la túnica de un monje budista o la de un taoísta? ¡Qué “elegante” y “decente” sería! Eso no resultaría disoluto, ¿verdad? Algunas personas disfrutan a veces de un poco de vanidad o alardean y luego se sienten reprochadas e inquietas en su fuero interno y piensan: “Ya no le gusto a Dios. Ya no me quiere”. Hay quienes incluso se ponen reglas como no tener permitido cepillarse el pelo, ponerse maquillaje ni mirarse al espejo, solo pueden bañarse una vez al mes o cada seis meses y creen que, si se bañaran con mayor frecuencia que esa, Dios lo detestaría y sin duda no se salvarían. Se imponen la regla de levantarse antes de las cinco de la mañana y creen que, si se levantaran media hora más tarde, estarían disfrutando de la comodidad y no amarían a Dios. Se imponen la regla de irse a la cama después de medianoche y creen que, si se acostaran antes, no harían su deber con lealtad. Establecen muchas reglas rigurosas para su propio comportamiento, su vida diaria y sus necesidades vitales. No buscan qué son los requerimientos de Dios ni intentan entender cuáles son Sus puntos de vista y actitudes en relación con estos asuntos. En su lugar, creen de una manera completamente subjetiva que, en la obra de Dios, Él no permite a las personas tener estas manifestaciones y que, si alguna vez las tienen, están siendo totalmente rebeldes y Dios las detesta, así que no se pueden salvar. A menudo, debido solo a algunas cuestiones triviales que no son dignas de mención, como decir algo incorrecto, usar la palabra equivocada, comer unos pocos aperitivos de más o ver vídeos de entretenimiento de vez en cuando, piensan: “¡Estoy acabado, esto es sumamente rebelde por mi parte! No sabía que podía tener tales comportamientos e inclinaciones; no sabía que todavía tenía estos problemas. Esto es terrible. Debo reflexionar hondamente sobre mí mismo, diseccionarme en lo más profundo de mi alma y emprender una revolución. ¡No puedo dejar pasar esto!”. La gente le da gran importancia a estos asuntos que no tienen conexión con los principios-verdad. Todas estas son nociones e imaginaciones de las personas y Dios las detesta. Él no quiere ver a la gente revelar estas manifestaciones. Por tanto, ¿cuáles son las verdades que las personas deberían entender a este respecto? ¿Cuáles son los principios a los que deberían ceñirse? Dado que estas cosas son las nociones e imaginaciones de las personas, sin duda no son los principios que Dios requiere para ellas y, desde luego, no tienen nada que ver con los requerimientos de Dios para las personas. Y, dado que son nociones e imaginaciones, esto significa que se han concebido y montado en la mente humana; en resumen, provienen de la mente de las personas y no tienen nada que ver en absoluto con las realidades-verdad que Dios requiere que estas posean. No importa cómo se ciñan a estas nociones e imaginaciones, mientras no tengan nada que ver con la verdad, ceñirse a ellas es inútil. Aunque te ciñas a ellas, no te estás ciñendo a los principios-verdad y Dios no lo recordará. En particular, algunas personas sienten una honda inquietud y un gran reproche en su fuero interno cuando en ocasiones revelan sus propias preferencias o hábitos carnales. ¿Cómo surge esta inquietud y autorreproche? ¿Es el resultado de que el Espíritu Santo las conmueva? (No, tienen nociones e imaginaciones acerca de Dios, por eso se sienten inquietas). La base de estos sentimientos son sus nociones e imaginaciones, no la verdad. Hay quienes a la mínima se sienten reprochados e inquietos en su fuero interno y se apresuran a orar y confesar sus pecados y se arrepienten a toda prisa. ¿De qué te tienes que arrepentir? Estas cosas que has hecho son comportamientos comunes en la vida diaria. No son pecados y, desde luego, no son transgresiones importantes. ¡No les des tanta importancia a cosas tan insignificantes! Si piensas que esas cosas están mal, puedes elegir no hacerlas. Sin embargo, no hacerlas no significa que te atengas a los principios-verdad y estar inquieto no significa que hayas vulnerado los principios-verdad. ¿Por qué te arrepientes? ¿Por qué das media vuelta? ¿Es porque tus nociones e imaginaciones te están haciendo creer erróneamente que se trata de comportamientos en los que no debes involucrarte o es porque piensas que tus comportamientos van en contra de las palabras de Dios y de los principios-verdad? Si van en contra de los principios-verdad y de veras te sientes inquieto, entonces deberías apresurarte a retroceder sobre tus pasos y arrepentirte ante Dios. Esta inquietud es, como poco, el reproche de la conciencia de humanidad. Si te sientes inquieto solo porque has ido en contra de tus propias nociones e imaginaciones, ¿acaso no te estás dejando llevar por sentimientos innecesarios? (Sí). Esto es sencillamente dejarse llevar por sentimientos innecesarios y resulta redundante. ¿Cómo es que no te sientes inquieto cuando sigues a los anticristos? ¿Cómo es que no te sientes reprochado por ello? Cuando ves a personas malvadas trastornar y perturbar el trabajo de la iglesia y dañar los intereses de la casa de Dios y no te alzas para detenerlas, ¿te sientes inquieto? Cuando hablas y actúas vulnerando los principios-verdad y según tu propia voluntad, ¿te sientes inquieto? Si has vulnerado los principios-verdad en estos asuntos y, sin embargo, nunca te sientes inquieto al respecto, entonces ni siquiera tienes humanidad ni conciencia. Y si no tienes conciencia, ¿qué cosas te harán sentirte inquieto? Tu inquietud se debe puramente a que te dejas llevar por sentimientos innecesarios. Son tus propias nociones e imaginaciones las que te atormentan y te causan inquietud; eso no sirve de nada. ¿Cuál será el resultado final de que creas en Dios en el marco de tus propias nociones e imaginaciones? Simplemente que cada vez serás más hipócrita y cada vez te parecerás más a los fariseos. Solo te apartarás cada vez más de las palabras de Dios y de los principios-verdad, y será imposible que entres en la realidad-verdad. Siempre te sientes bien contigo mismo, pero ¿qué hay de bueno en ti exactamente? Estás muy lleno de nociones e imaginaciones y nada de lo que sientes tiene que ver con la verdad. Tus sentimientos de estar conmovido y ser reprochado, la deuda y el remordimiento que sientes, el arrepentimiento que piensas que deberías tener y los juramentos y determinaciones que realizas están relacionados con tus nociones e imaginaciones. Estas cosas solo se basan en tus nociones e imaginaciones y no tienen nada que ver con la verdad. Por tanto, cualquier cosa que hagas —ya sea sufrir adversidades y pagar un precio u ofrendar cosas y entregarte, y con independencia de cuánto te hayas entregado— es en vano si no tiene nada que ver con la verdad. ¿Lo has entendido? (Sí).