Cómo perseguir la verdad (1) Parte 4

Ahora que hemos compartido y diseccionado estas nociones e imaginaciones que tienen las personas acerca de la obra de Dios, ¿tenéis un poco más claro cómo contemplar conductas tales como el hecho de que las personas sufran o no adversidades, paguen un precio y se restrinjan en el cumplimiento de sus deberes, y de que muestren o no inclinación por comer y vestir bien, entre otras cosas, así como cuáles son los principios que Dios exige de ellas y cuál es exactamente el resultado que Él quiere obtener con Su obra en las personas? El resultado que Dios quiere lograr en las personas no es el de ver en todo momento tu pasión por tu trabajo. Es decir, lo que Dios quiere ver no es tu entusiasmo ni tu determinación de sufrir adversidades y pagar un precio. A ojos de Dios, si no entiendes la verdad, entonces estas manifestaciones solo son un impulso momentáneo. En otras palabras, solo son tu entusiasmo. ¿Qué es esencialmente el entusiasmo? Es tu impetuosidad o, para ser más específicos, es un enfoque emocional hacia las cosas. Lo que Dios quiere no es el entusiasmo de las personas, su enfoque emocional hacia las cosas, sus impulsos temporales o esta clase de condición apasionada. ¿Qué es lo que Dios quiere? (Quiere que las personas sean capaces de entender la verdad). Como mínimo, Él quiere que seas capaz de amar la verdad y de entenderla y que, al enfrentarte a diversas cuestiones, no te ciñas a un precepto, una formalidad o un comportamiento, sino que, en su lugar, te atengas a los principios-verdad. Él también quiere que, tanto en el deber que haces como en todo, seas capaz de buscar los principios-verdad y de practicar de acuerdo con ellos y de hacer de las palabras de Dios y de la verdad tu realidad; este es el resultado que la obra de Dios pretende conseguir. En cuanto a si, en tu vida personal, quieres irte a la cama temprano y levantarte pronto o bien acostarte y levantarte tarde, a qué clase de dones tienes o a cuán elocuente eres, nada de eso le importa a Dios. Con independencia de si tienes o no la determinación de sufrir adversidades o de cuánto precio pagues, Dios no valora estas cosas. Algunas personas dicen: “En aras de mi fe en Dios, no me he comprado ropa bonita desde hace años y ya hace más de diez que no voy a la peluquería”. ¿Y qué si no comes bien, no llevas ropa bonita y sufres muchas adversidades toda tu vida? ¿Es eso lo que Dios quiere? ¿Es el fin último de la predicación y la enseñanza de Dios proveer a las personas de gran cantidad de verdades solo para convertirte en un asceta? ¿Es solo para convertirte en un patético miserable, un mendigo o un joven irascible? No. Lo que quiere Dios es obrar Sus palabras y los principios-verdad en las personas. Por tanto, cuando muchos creen que a Dios le gusta ver a las personas sufrir más adversidades, pagar un mayor precio y llevar vidas sumamente frugales, difíciles y simples, poseer una determinación y unas aspiraciones enormes y ser extremadamente apasionadas, o tener máximo autocontrol y de veras mantenerse en su lugar y comportarse, se trata solo de sus nociones e imaginaciones sobre la obra de Dios. Supongamos que, durante muchos años de tu vida, solo comes una vez al día y duermes tres horas por la noche, no puedes comer nada bueno ni llevar ropa de calidad y, durante años, haces lo que crees que te corresponde hacer, además de haber sufrido incontables adversidades y tomado multitud de determinaciones. Dicho con vuestras propias palabras, “sois fieles a vuestra aspiración original” y sufrís adversidades y os entregáis por Dios y le dedicáis a Él toda vuestra vida. Sin embargo, a pesar de todo esto, si nunca dedicas esfuerzo a las palabras de Dios ni a la verdad ni buscas los principios-verdad en todo lo que haces, estás destinado al abandono. Quieres lograr la salvación mediante el padecimiento de adversidades y el pago de un precio, sin cambiar nunca tu aspiración original, y entregándote a Dios durante toda tu vida y ofreciéndole todo lo que tienes. Esto es solo un sueño, es un pensamiento ilusorio. Aunque comas harina de maíz y pan de maíz al vapor toda tu vida y nunca tomes buena comida ni disfrutes de cosas agradables, eso no servirá de nada. Dios nunca se fija en el comportamiento de una persona, en las reglas que sigue de cara al exterior o en si en apariencia lleva una vida simple y sencilla. Lo que Dios quiere ver es en qué senda te encuentras, qué principios sigues en cualquier asunto al que te enfrentas y si te atienes a los principios-verdad al lidiar con los problemas. Si no te atienes a los principios-verdad, entonces, con independencia de lo bien que sigas esas estipulaciones y reglas fijadas, no servirá de nada. Solo indicará que eres una persona que vive en las nociones e imaginaciones, que vive en el marco de unos deseos totalmente subjetivos y agradables, que no tiene nada que ver con la obra de Dios ni con ninguna de Sus maneras de desempeñar Su obra de salvación en las personas; alguien que está lejos de la obra de Dios. Por tanto, si quieres obtener algo de Su obra, primero debes trabajar con afán en la verdad; no debes trabajar ni aplicar esfuerzo alguno en tus propias nociones e imaginaciones, pues es inútil. Hay quienes me preguntan: “¿Crees que mi aspecto es más decente y apropiado con el pelo largo o corto?”. Mi respuesta es una pregunta: “¿Te gusta llevar el pelo largo o corto?”. Dicen: “Me gusta llevarlo largo. Sin embargo, creo que el pelo largo no es decente ni apropiado y que a Dios no le gusta”. Y respondo: “¿Cuándo ha dicho eso Dios? ¿Tiene esto algo que ver con la verdad?”. Otros me preguntan: “¿Puedo comer aperitivos?”. Y Yo respondo: “¿Comer aperitivos es una necesidad de la humanidad normal? ¿Estipula Dios que no se puedan comer? ¿Lo condena?”. Y dicen: “Creo que Dios lo condena, porque comer aperitivos es disoluto”. ¿Qué significa “disoluto”? Si piensas que comer aperitivos es disoluto, entonces ¿no comerlos significa que no eres disoluto? ¿Acaso no comer aperitivos significa que entiendas la verdad y la practiques? Eres capaz de entenderlo cuando lo explico así, ¿verdad? (Sí). Las nociones e imaginaciones no son la verdad ni tienen nada que ver con ella. Si eres inteligente, deberías apresurarte a examinar qué nociones e imaginaciones tienes aún, así como qué prácticas, pensamientos y puntos de vista de los fariseos aún conservas y desprenderte de ellos sin demora. El propósito de desprenderte de estas cosas no es volverte disoluto ni autoindulgente, sino hacerte acudir ante Dios para buscar los principios-verdad y obtener la verdad como tu vida. Dios no quiere verte ser un mendigo ni llevar una vida de asceta. Hay quien dice: “A Dios no le gusta que las personas sean mendigas, así que, ¿significa eso que le gusta que sean ricas?”. A Él tampoco le gusta que sean ricas. Los hay que dicen: “Es una noción e imaginación humana que a Dios le guste que las personas sufran dificultades físicas. Por tanto, si a Dios no le gusta que las personas sufran adversidades, ¿significa esto que le gusta que vivan con comodidad?”. Incorrecto, esta también es tu noción e imaginación. ¿Cuál es entonces la manera correcta de actuar? (A Dios le gustan las personas capaces de acudir ante Él y de buscar los principios-verdad, con independencia de lo que les suceda). Los principios-verdad no se pueden olvidar, da igual el momento. Hay quien dice: “A Dios le gusta que las personas se fijen propósitos ante Él y tengan la determinación de sufrir adversidades”. Otros dicen: “A Dios no le gustan aquellos que no están dispuestos a sufrir adversidades”. ¿Es correcto o incorrecto decir tales cosas? ¿Qué enunciado es correcto y cuál incorrecto? (Ambos son incorrectos). Los hay que siempre sufren adversidades en aras de su propio estatus, fama y provecho, que poseen la fuerte determinación de sufrirlas. ¿Agradan a Dios estas manifestaciones? (No). Hay quienes no están dispuestos a sufrir adversidades en lo que respecta a cuestiones personales, pero sí en aras de hacer su deber y de la verdad, además de estar dispuestos a sufrir ciertas dificultades a fin de actuar conforme a los principios-verdad. ¿Cuál de estas manifestaciones es mejor? (Sufrir adversidades en aras de los principios-verdad). ¿Qué se puede observar a partir de estas cosas? Que es adecuado actuar conforme a los principios-verdad y practicar la verdad. En cuestiones relacionadas tanto con el cumplimiento del deber como con la vida personal, el hecho de que una persona sufra o no adversidades no constituye un estándar ni un principio. ¿Cuáles son los principios? Los principios son los requerimientos de Dios, Sus palabras y la verdad. Si practicas de acuerdo con los principios-verdad, entonces, aunque no sufras adversidades al hacerlo, lo que haces es correcto y Dios lo aprueba; si no te comportas de acuerdo con los principios-verdad, entonces, aunque sufras grandes adversidades o experimentes mucha humillación durante el proceso, es en vano y Dios no aprueba tus acciones. Es como algunas personas que oyen una orden de un anticristo y entonces hacen lo que se les manda, ponen en marcha el trabajo de acuerdo con las preferencias del anticristo, hablan y sufren mucho y siempre se mantienen muy ocupadas, hasta el punto de que el cuerpo se les encorva y quiebra debido al agotamiento físico. ¿Aprueba esto Dios? ¿Lo recordará? (No lo aprueba ni lo recordará). Entonces, ¿cuál es la actitud de Dios? (Él detesta a tales personas). ¿Qué dijo Dios? “Apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad”. Esta es la actitud de Dios, ¿no es cierto? (Sí). No importa cuántas adversidades hayas sufrido ni cuánto precio hayas pagado, aunque hagas uso de ello para alardear de tus contribuciones, Dios no se fija en estas cosas. Él solo se fija en si las llevaste a cabo conforme a los principios-verdad y en si estabas siguiendo Sus palabras; se sirve de este principio para evaluarte. Si no sigues las palabras de Dios, sino que actúas de acuerdo con tus propias ideas, entonces no importa cuántas adversidades sufras o cuánto precio pagues, todo será inútil. Dios no solo no lo recordará, sino que además lo condenará. Eso supondría provocar tu propia destrucción, ¿no? (Sí). Al final, tales personas serán descartadas; se lo merecen, ¿verdad? (Sí). Dios ha dicho miles y miles de palabras y te ha transmitido los principios-verdad, pero tú sencillamente no escuchas. Siempre tienes tus propias ideas y esperas como un iluso sustituir la verdad por tus propias nociones e imaginaciones, de modo que obtengas la aprobación de Dios, entres en el reino y se te bendiga y recompense. ¿No es esto cortejar a la muerte? ¿Acaso no son estas personas de la misma calaña que Pablo? (Sí). Por tanto, si las personas quieren desprenderse de las barreras entre ellas y Dios y de su hostilidad hacia Él, deberían tener un entendimiento preciso de la obra de Dios. No deberían especular sobre Él ni evaluar Su obra o su propio comportamiento y prácticas según sus nociones e imaginaciones, para luego lidiar con todo según estas nociones e imaginaciones. El resultado final de este enfoque será que quedará en nada y, en casos graves, trastornarán y perturbarán el trabajo de la iglesia, ofenderán el carácter de Dios y serán castigadas. Por tanto, al abordar la obra de Dios, las personas deberían desprenderse de sus diversas nociones e imaginaciones sobre Él. Es decir, deberían examinar y diseccionar sus propias nociones e imaginaciones y luego desprenderse de ellas, buscar las intenciones de Dios y la verdad y servirse de los principios-verdad para sustituir sus nociones e imaginaciones, así como sus principios y prácticas equivocados. Solo de esta manera puedes embarcarte en la senda de la salvación. De otra manera, es imposible que te salves, ¡ni hablar del asunto! Este es un tipo de noción e imaginación que la gente tiene acerca de la obra de Dios. Acabemos aquí nuestra charla.

C. Las nociones e imaginaciones de la gente sobre cómo Dios purifica y salva al hombre

Las personas tienen otro tipo de noción e imaginación acerca de la obra de Dios: en su vida diaria, cuando son débiles, cuando surgen en ellas varios tipos de rebeldía hacia Dios o cuando han hecho cosas que se rebelan contra Dios y se oponen a Él, sus nociones e imaginaciones les hacen creer que se las debería disciplinar, reprender o incluso castigar, maldecir, etcétera. Por ejemplo, a veces dicen lo incorrecto, revelan algunas nociones o albergan ciertas opiniones y cierto desafío hacia algo y, pasado un tiempo, piensan: “He revelado esta rebeldía y traición, pero ¿por qué no se me ha disciplinado por ello? No tengo llagas en la lengua, no sufro pesadillas por las noches ni tengo el corazón inquieto. ¿Por qué? ¿Cómo es que no siento la obra del Espíritu Santo?”. En sus nociones e imaginaciones, creen que, dado que Dios ha venido a salvarlas y que Su obra no solo debe conquistarlas, sino también transformarlas y purificarlas, así como cambiar los pensamientos y puntos de vista de toda clase que albergan que no concuerdan con la verdad, entonces, si hay algunas cosas en su pensamiento que no concuerdan con la verdad o son inmundas, sucias o perversas, se las debería disciplinar, reprochar o incluso castigar por ellas, y piensan: “¿Cómo pueden cambiar las personas y cómo se las puede santificar si no se las disciplina con frecuencia?”. ¿Cuáles son las nociones e imaginaciones de las personas en este caso? A saber, con frecuencia se las debería disciplinar, reprochar, reprender, escarmentar e incluso castigar y juzgar; solo entonces podrán lograr el cambio de carácter. Sin embargo, en la vida diaria, cuando las personas revelan inmundicia, perversidad y corrupción, lo hacen con mucha naturalidad, pueden darse cuenta de ello e incluso se sienten en paz viviendo de esta manera, sin percibir que están siendo disciplinadas o castigadas; consideran que eso es anormal. Piensan que, si revelan corrupción, al menos deberían sentirse reprochadas o caer enfermas, salirles llagas en la boca, ahogarse o morderse la lengua mientras comen, y que se les deberían poner los ojos rojos e hinchados si ven algo que no deberían. Decidme, ¿hace Dios estas cosas? (No). ¿No las hace en ningún caso? (Cuando las personas no entienden la verdad, puede que Dios las discipline y se lo reproche un poco en función de su estatura, de modo que puedan reflexionar sobre sí mismas y entrar en la verdad. Sin embargo, cuando entienden la verdad y saben claramente en su corazón que lo que han hecho está mal, en tal caso no hay duda de que Dios no las disciplinará, ya que espera que sean capaces de buscar la verdad y de usar tanto esta como Sus palabras para evaluar sus propias acciones y su comportamiento). Eso se ha compartido muy bien. En sus nociones e imaginaciones, las personas creen que, cuando revelan corrupción y rebeldía, Dios debería disciplinarlas y que, en particular, cuando las personas malvadas hacen el mal, el castigo de Dios debería caer sobre estas de inmediato, de modo que sin duda se las castigue. Sin embargo, en la vida real rara vez observan que tengan lugar estos castigos. Por una parte, cuando las personas revelan diversas clases de corrupción y rebeldía, no se las disciplina ni reprende y, por otra, cuando las personas malvadas hacen el mal, no se las castiga. Esto da lugar a ciertas nociones sobre la obra de Dios en el fondo del corazón de las personas, y algunas llegarán incluso a perder la fe y a evaluar la obra de Dios según estas cosas externas y a emitir juicios sobre Su obra. Estas son las nociones e imaginaciones de las personas, ¿no? Cuando revelan corrupción y rebeldía, ¿debe Dios disciplinarlas o castigarlas y juzgarlas? (No). Hay quien dice: “Cuando Dios salva a las personas, debe salvarlas por completo. ¿Cuál es el propósito de la obra de Dios? ¿Acaso no es el de purificar a las personas? Por tanto, cuando revelan corrupción y rebeldía, Dios debería disciplinarlas y reprocharlas; esto es ser responsable hacia ellas. De lo contrario, no le importan las personas y en realidad no las ama ni tiene misericordia hacia ellas”. ¿No es así como piensa la gente? (Sí). ¿Cuáles son las verdades que se deberían entender aquí? ¿Ser disciplinadas, reprendidas y castigadas son procesos esenciales para que las personas entiendan la verdad y entren en la realidad-verdad? ¿Se trata de métodos y formas necesarios para que Dios salve a las personas y las transforme? Hay quienes no consiguen entenderlo y piensan: “Si de veras existe Dios y hace Su obra para salvar a las personas, entonces, ¿por qué no las disciplina cuando revelan corrupción o se rebelan contra Él? ¿Por qué no castiga Dios a las personas malvadas por hacer el mal?”. El hecho de que Él no discipline a la gente o no castigue a las personas malvadas por hacer el mal, ¿no hará que algunas personas cuestionen la existencia de Dios y los resultados de Su obra? Si una disciplina y castigo frecuentes pudieran sustituir el hecho de que las personas busquen la verdad o permitirles entrar en la realidad-verdad, entonces disciplinarlas y castigarlas sería la principal manera en la que Dios obraría para salvar a las personas y un método necesario para hacerlo. Sin embargo, dado el nivel actual de corrupción de las personas, ¿se podría transformar su naturaleza satánica de inmediato por medio de la disciplina y el castigo de Dios? ¿Podrían llegar enseguida a un verdadero arrepentimiento? ¿Podrían entrar acto seguido en la realidad-verdad? (No). Eso estaría fuera de su alcance. Por tanto, en esta etapa de la obra de Dios, al mismo tiempo que Él expresa verdades para proveer de vida a las personas, no hace nada sobrenatural —con la excepción de la obra del Espíritu Santo de esclarecer y guiar a las personas— y rara vez hace siquiera cosas como reprender, disciplinar o castigar a las personas. Reprenderlas, disciplinarlas y castigarlas no es una parte primordial de la obra de Dios, pero son cosas que sigue desempeñando. Es decir, en el caso de ciertas personas, cuestiones o entornos especiales, en aras de lograr determinados resultados especiales o debido a ciertas razones especiales, Dios desempeñará la obra de disciplinar, reprender o castigar a las personas. Sin embargo, en general, la manera predominante en la que Él obra en esta etapa de Su obra consiste en hablar y expresar la verdad para proveer a las personas de lo que necesiten en su senda de perseguir la verdad; esto tiene como propósito permitirles entender los principios-verdad y entrar en la realidad-verdad. Ahora que Dios ha expresado un gran número de verdades, rara vez hace esta obra de disciplina, reprensión e incluso castigo que hizo en el pasado. Por tanto, aquello en lo que las personas deberían centrarse más es en los diversos principios-verdad que deberían poner en práctica cuando se enfrenten a cuestiones de la vida diaria, en lugar de en si Dios las está disciplinando, les está poniendo impedimentos o está haciendo que las cosas transcurran con fluidez para ellas en una determinada cuestión, así como en otras maneras y prácticas tales. Dado que Dios rara vez usa métodos como disciplinar, reprender y castigar, no es que nunca los use, sino que lo hace en contadas ocasiones. ¿A qué me refiero con que “rara vez los usa”? De vez en cuando, en algunas circunstancias especiales, usará los métodos de disciplinar, reprender o castigar —de manera leve o representativa y simbólica— para hacer algo de obra que ayude a las personas a entender la verdad y a practicar de acuerdo con los principios-verdad. Es decir, se sirve de estos métodos para ayudar a las personas a entrar en la realidad-verdad, pero eso es todo. Entonces, ¿por qué Dios no usa mucho estos métodos en Su obra? ¿Por qué no es esta Su manera predominante de obrar? Por un lado, porque, en esta etapa de Su obra, Dios ya les ha expresado a las personas las diversas verdades que deberían entender y las ha provisto de ellas, y las personas ya las han oído, las han captado y tienen conocimiento de estas dentro del alcance de su comprensión. Esta es una razón. La otra guarda relación con los factores subjetivos de las personas. Estas tienen la conciencia de la humanidad normal y, bajo el efecto de esta, evaluarán si tanto las actitudes corruptas que revelan como sus propias acciones, pensamientos y puntos de vista son positivos o negativos. En el interior de las personas, como poco, existe el estándar de conciencia según el cual evalúan todo esto. Si haces uso de tu conciencia para evaluar algo y determinas que es positivo, entonces deberías seguir adelante y hacerlo, sin necesidad de reprocharte a ti mismo si eres un poco lento a la hora de llevarlo a cabo o lo haces tarde. Si usas tu conciencia para evaluar algo y determinas que es negativo y no deberías hacerlo, entonces deberías frenarte y no decirlo ni hacerlo. Sin embargo, si no tienes sentimientos motivados por tu conciencia y razón, no eres un ser humano. Si ni siquiera tienes conciencia y razón, entonces no es posible de ninguna manera que evalúes si algo está bien o mal o si es positivo o negativo y, por tanto, que Dios te discipline y castigue no tendría sentido alguno. En otras palabras, Dios no obra en aquellos que no están sujetos a los efectos de una conciencia ni salva a tales personas. ¿Qué implica el hecho de que “no las salve”? Que no quiere siquiera disciplinarlas; no las disciplina ni las reprende. Los hay que preguntan: “Si alguien hace el mal, ¿lo castigará Dios?”. Él no lo castigará directamente, porque la iglesia tiene decretos administrativos. Si es una persona malvada que está causando una perturbación o trastorno, entonces echarla o expulsarla solucionará el problema. Aunque dicha persona no cumpla con las condiciones para que la echen o expulsen, se la enviará al grupo B. Si alguien despilfarra las ofrendas de Dios, eso es más grave: debe devolver lo que corresponda y luego hay que ocuparse de ella de la manera apropiada. Este es el principio de la obra de Dios y el principio conforme al cual Él trata a las personas. Es simple, ¿verdad? (Sí). ¿Crees que el hecho de que Dios te elija significa que debe hacerte completo y no parará hasta conseguirlo? Eso solo es así en el caso de aquellos que tienen conciencia y razón y persiguen la verdad; solo es así para aquellos que pueden salvarse. En cuanto a aquellos que ni siquiera tienen sentido de la conciencia, solo hace falta tratarlos y ocuparse de ellos conforme a los decretos administrativos de la iglesia; Dios no los disciplinará. ¿Qué sentido tiene hacerlo? Disciplinar a personas que carecen de una humanidad normal y de conciencia equivale a intentar forzar a un pez a vivir sobre la tierra u obligar a un cerdo a volar, es igual que sacar de las piedras panes y darle miel a un asno; no cabe duda de que Dios no lo hace. Por tanto, en esta cuestión, la gente no debería pensar: “Dios me eligió, soy una de Sus ovejas y, aunque cometa errores y maldad, Dios no me abandonará”. Este enunciado no se sostiene; es difícil decir si eres una oveja o un lobo. ¿Cómo evalúas si eres una de las ovejas de Dios? Depende de si tienes conciencia de ello y de si tu conciencia se siente reprochada y reprendida cuando haces algo que va en contra de la humanidad y la conciencia. Si tu conciencia se siente reprendida, volverás sobre tus pasos y, aunque no entiendas la verdad, serás capaz de actuar de acuerdo con el estándar de conciencia. Como poco, serás capaz de actuar de acuerdo con la humanidad normal. Si tienes estas manifestaciones, entonces eres una de las ovejas de Dios. Si, cuando te encuentras con algo que va en contra de la conciencia de la humanidad normal y vulnera la rectitud moral, no tienes el menor sentido de la rectitud y no detestas ni odias el mal que has hecho ni la perturbación causada por las personas malvadas y, además, tu conciencia no se siente en absoluto reprendida, entonces no eres una de las ovejas de Dios, eres un lobo, una bestia y un diablo. Este es el estándar mediante el cual evaluar si eres una de las ovejas de Dios o un lobo. Si no eres una de las ovejas de Dios y, sin embargo, evalúas constantemente la obra de Dios usando ideas, nociones e imaginaciones como: “He revelado corrupción y rebeldía, pero Dios no me ha disciplinado; Él debería hacerlo”, entonces, eres estúpido. No eres en absoluto una oveja de Dios y Él no tiene intención de salvarte, así que, ¿estás cualificado para evaluar y juzgar la obra de Dios? Si esto no es estupidez, ¿qué es? Puedes evaluar esta cuestión, ¿verdad? (Ahora puedo).