Cómo perseguir la verdad (1) Parte 5

¿Cuál es el estándar para tener una conciencia? ¿Cómo deberías evaluar si alguien tiene conciencia o no? (Depende de si tiene sentido de la rectitud en su corazón cuando ve a personas malvadas haciendo el mal o cosas que perjudican los intereses de la casa de Dios y de si es capaz de odiar tales cosas. Si no tiene percepción alguna en su corazón, entonces no tiene conciencia. Además, si en su corazón no tiene percepción de la maldad que ha causado o de aquello que ha hecho y que claramente vulnera los principios, es que tampoco tiene conciencia). Si no tienes conciencia, no eres humano. En ese caso, ¿te seguirá salvando Dios? Si Él no te salva, ¿te seguirá disciplinando? Disciplinar y reprender son una parte mínima de la obra de Dios. Cuando digo “mínima”, quiero decir que Dios solo usa estos métodos de vez en cuando, pero siguen formando parte de Su obra. Si ni siquiera posees conciencia o razón, ¿de qué sirve que Dios te discipline? Si no tienes sentido de la rectitud ni sientes nada respecto a todo lo que es perverso, todo lo que va en contra de la verdad y de la rectitud moral, así como ni siquiera hacia aquello que va en contra de tu conciencia y no odias tales cosas ni puedes ponerte del lado de Dios para defender los intereses de Su casa, como tampoco te alzas ni dices algo en defensa del trabajo de la iglesia —ni siquiera una sola afirmación justa—, entonces no eres humano. No lo eres y, sin embargo, tienes la esperanza extravagante de que Dios te discipline. ¡En realidad, te estás elevando a ti mismo y no te consideras un forastero! Hay quien dice: “Si alguien no es una oveja de Dios sino un lobo, entonces Él no lo disciplinará. Por tanto, si es una oveja de Dios, ¿acaso Él lo va a disciplinar?”. Bajo circunstancias especiales, Dios te disciplinará ocasionalmente y se responsabilizará de ti. Aunque seas insensible e inconsciente, Dios te indicará, te disciplinará y te reprochará. La obra de Dios se hace en la medida adecuada y se queda ahí. ¿Por qué obra Él de esta manera? Porque si tienes conciencia, cuando Dios te reprocha de este modo, tu conciencia rápidamente tendrá sentido, te culparás a ti mismo y te sentirás en deuda con Él; sentirás remordimientos, tristeza y angustia y serás capaz de volver sobre tus pasos y buscar en última instancia los principios-verdad y practicar de acuerdo con la verdad; este es el resultado que quiere Dios. Si tienes una conciencia sensible y entiendes muchas verdades y, aunque Dios no te discipline, reprenda o indique, todavía eres capaz de darte cuenta del problema y tu conciencia aún tiene percepción y se siente reprochada y reprendida, entonces mejor aún, y no es necesaria la disciplina de Dios. Aunque no te discipline, tu conciencia es extremadamente sensible y se siente reprendida, y sientes remordimientos, estás triste y en deuda con Dios y te parece que lo has agraviado, lo has decepcionado y lo has dejado insatisfecho. Además, puedes buscar los principios-verdad de manera proactiva y actuar de acuerdo con Sus requerimientos. Este es el efecto que la conciencia de la humanidad normal ejerce sobre las personas y es también el efecto que debería ejercer sobre ellas. Por tanto, que alguien sea o no una oveja de Dios y que pueda o no salvarse es algo que depende de si tiene humanidad normal y conciencia. Esto es fundamental e importante. Si dices que entiendes muchas verdades, entonces, cuando tú mismo eres rebelde o te encuentras con personas malvadas haciendo el mal, ¿empiezan a lograr un efecto las verdades que entiendes? ¿Logran el efecto de supervisarte, esclarecerte y de hacer que tu conciencia se sienta reprochada y entre en juego? Si no tienes sentido de la conciencia, entonces careces de conciencia y de humanidad normal y lo que entiendes es doctrina en lugar de la verdad. Si solo entiendes doctrina, entonces no puedes poner la verdad en práctica y no eres uno de aquellos que se salvarán. Entiendes esto, ¿verdad? (Sí). Por tanto, en la obra de Dios, en lo que respecta a algunas de las maneras más fundamentales en las que Él obra, las personas no deberían circunscribirlas en función de sus propias nociones e imaginaciones. Con independencia de si Dios te ha disciplinado, reprendido o castigado o de que nunca haya sido así, esto no es señal de cuántos principios-verdad has entendido ni indica que seas una persona que Dios haya escogido. Puede que hayas creído en Dios durante muchos años y se te haya disciplinado y reprendido innumerables veces, pero nunca has actuado de acuerdo con los principios-verdad. En ese caso, cuando al final no se te salve, será todo por tu culpa y justo lo que mereces. También puede ser que rara vez hayas sido disciplinado y castigado en tu fe en Dios, pero debido a tu conciencia, a menudo te sientes reprendido y reprochado y, cuando cometes transgresiones, sientes remordimientos y vuelves sobre tus pasos y eres capaz de buscar los principios-verdad, practicar la verdad y actuar de acuerdo con los principios-verdad. En este caso, eres uno de los que se va a salvar. ¿Lo has entendido? (Sí). He mencionado dos situaciones. ¿Cuáles son en concreto? (Una de ellas se da cuando se ha disciplinado y castigado mucho a las personas, pero al final siguen sin poder actuar conforme a los principios-verdad y no han obtenido la verdad, así que no se salvan y todo esto es culpa suya. Otra situación se da cuando algunas personas son capaces de usar su conciencia para restringirse a sí mismas sin necesidad de que Dios las discipline o reprenda en gran medida y, cada vez que vulneran los principios o revelan rebeldía, sienten las reprimendas de su conciencia, pueden buscar la verdad de forma proactiva, actuar de acuerdo con los principios-verdad y, como mínimo, hacer cosas positivas, así que se hallan entre aquellos que se van a salvar. Dios acaba de hablar sobre estas dos situaciones). Poder actuar de acuerdo con los principios-verdad o no es el estándar para evaluar a estos dos tipos de personas. Algunas son incapaces de actuar de acuerdo con los principios-verdad y, por mucha doctrina que entiendan o mucho que se las discipline y castigue, no son objeto de salvación. Entretanto, Dios rara vez disciplina y castiga a otras personas ni las reprende y reprocha, pero con frecuencia son capaces de reflexionar sobre sí mismas y, cada vez que actúan vulnerando los principios o revelan rebeldía, pueden sentir la reprimenda y el reproche de su conciencia y, después, sienten remordimientos y pueden practicar de manera proactiva de acuerdo con los principios-verdad. Aunque Dios rara vez las discipline o reprenda, las personas de este tipo son, sin embargo, objeto de salvación. La disciplina y el castigo a los que me refiero aquí no tienen nada que ver con el juicio y castigo de las palabras de Dios, son simplemente lo que las personas consideran disciplina y castigo en sus propias nociones e imaginaciones. Acorde a estas, creen que, si se las disciplina y castiga con frecuencia, esto significa que tienen testimonio vivencial y son personas espirituales. Asimismo, a menudo relacionan la disciplina y el castigo con la obra del Espíritu Santo y creen que están conectados a la corriente del Espíritu Santo. Hay algunas personas que dicen a menudo: “No hacía bien mi deber y se me volvió a podar. Ahora tengo llagas en la boca y he enfermado; esta es la disciplina de Dios”. Muchos comparten a menudo sobre estas experiencias, pero deberías fijarte en cuáles son sus manifestaciones cada vez que les ocurren problemas, observar si sienten la reprimenda de su conciencia cuando hacen algo mal y si son capaces de levantarse y defender los principios-verdad y los intereses de la casa de Dios cuando se enfrentan a personas malvadas que hacen el mal o a cosas perversas. ¡Si no, estas personas no tienen conciencia ni son humanas! Dicen palabras que suenan bien y hablan de manera muy consumada sobre los muchos testimonios vivenciales que poseen; es como si Dios les hubiera mostrado mucha gracia, obrado mucho en ellas y expresado muchas palabras y parece que esto sugiera que ya han logrado la salvación. Sin embargo, en su vida diaria, cada vez que se encuentran con problemas relacionados con los principios, nunca defienden los principios-verdad y siempre se esconden como una tortuga en su caparazón y evitan el problema. Cada vez que se les pide que hablen y expresen sus opiniones y puntos de vista, se abstienen, se hacen los tontos y guardan silencio. No defienden los principios-verdad en absoluto ni practican la verdad. ¿Qué personas son estas? Son hipócritas. Cuando riegan y ayudan a los demás, hablan sobre teorías espirituales de manera muy sistemática y lógica y durante horas seguidas, conmueven a algunas personas hasta las lágrimas y, sin embargo, nunca practican la verdad en sus propias acciones; son fariseos. Da igual de cuántas experiencias y doctrinas pseudoespirituales hablen o lo vacías y exageradas que sean sus palabras, su conciencia no se lo reprocha y, en lo que se refiere a los problemas fundamentales del bien y el mal o a cuestiones de principio, no permanecen del lado de la verdad ni defienden los principios-verdad y su conciencia no se lo reprocha en absoluto. Sin embargo, después pueden seguir jactándose con desvergüenza de cómo defienden los intereses de la casa de Dios y pueden seguir soltando muchas doctrinas que suenan bien. Esto es ser hipócrita y carecer de sentido de la conciencia. Muchísimas veces no logran practicar la verdad y la vulneran en muchísimas ocasiones, engañan y desorientan a las personas muchísimas veces, sin embargo, su conciencia no se lo reprocha en absoluto y siguen alardeando de manera flagrante; ¡esto es carecer de humanidad! Se pavonean y presumen de esta manera por todas partes sin sentir siquiera vergüenza; no practican la verdad y, sin embargo, presumen de ser espirituales, de que Dios los ha salvado y hecho perfectos y de que lo aman más que a nadie; esto es carecer de sentido de la conciencia y estas no son personas que se hayan salvado. ¿Pueden aquellos que se han salvado carecer de humanidad normal y sentido de la conciencia? Algunos sienten que no les gusta mucho la verdad y, cada vez que se enfrentan a problemas relativos a los principios-verdad o a cuestiones fundamentales de lo correcto y lo incorrecto, se vuelven complacientes, intentan salir del paso y nunca son capaces de defender los principios-verdad, por lo que se sienten reprochados en su fuero interno y, a menudo, oran ante Dios y se sienten en deuda con Él. Aunque con frecuencia son débiles e incapaces de atravesar esta barrera, en su fuero interno dicen que no han defendido la verdad o la rectitud, que no se han mantenido firmes en su testimonio de Dios y que solo son complacientes, así que les avergonzaría demasiado decir que poseen algún testimonio. Esto es porque no han defendido los principios-verdad ni tienen un auténtico testimonio vivencial, están empobrecidos y ciegos y no han cumplido los requerimientos de Dios; en su corazón lo saben y su conciencia se siente a menudo reprendida por ello, les parece que están en deuda con Dios y se entristecen. Todavía les quedan esperanzas y margen para lograr la salvación. A modo de contraste, los hay que en apariencia entienden muy bien la verdad y son capaces de regar, proveer y ayudar a las personas, pero cuando se enfrentan a problemas relacionados con los principios-verdad o fundamentales para el bien y el mal, nunca se ponen del lado de Dios ni defienden los principios-verdad, sin embargo, se jactan de ser espirituales, de que aman a Dios y le son leales. Los de esta clase están en grandes problemas. No se atreven a enfrentarse a la realidad, a resolver problemas reales, a declarar su posición en cuestiones importantes ni a defender los principios-verdad de una manera abierta y directa, pero después alardean con desvergüenza de que son espirituales y dicen que aman más a Dios y pueden captar mejor Sus intenciones. La gente de esta clase no tiene ningún sentido de la conciencia. ¿Puede alguien que carece de sentido de la conciencia defender los principios-verdad? ¿Se atreven a declarar abiertamente su posición y a ponerse del lado de Dios para lidiar con las personas malvadas? No hay ninguna posibilidad; para tales personas resulta muy difícil practicar la verdad.

Si una persona tiene la conciencia de la humanidad normal, regulará sus pensamientos, palabras y acciones. ¿Qué significa “regular”? Significa que, cuando tus pensamientos y comportamientos se aparten del estándar de humanidad normal, tu conciencia juzgará que es un error pensar de este modo y no es bueno hacerlo, de modo que te ruborizarás y te sentirás inquieto y reprochado. Después de tener estos sentimientos, tus pensamientos y comportamientos estarán restringidos hasta cierto punto y este grado de restricción regulará tu comportamiento y te permitirá evitar hacer cosas que vulneren claramente los principios-verdad y vayan en contra de tu conciencia y rectitud moral. Sin embargo, si no tienes estándar de conciencia al hacer las cosas, no tendrás ningún criterio según el cual regular y restringir tus pensamientos y comportamientos, así que te desbocarás, harás cualquier cosa que te venga a la cabeza, lo que te apetezca y sea beneficioso y ventajoso para ti. Bajo estas circunstancias de no tener restricciones de ningún tipo, tus pensamientos y comportamientos se amplificarán grandemente. ¿Qué significa que se “amplificarán grandemente”? No habrá regulación para ellos en absoluto. Será igual que cuando los no creyentes engañan a las personas; carecen de sentido de la conciencia y no se sentirán mal si te estafan mil pavos o si te embaucan hasta tal punto que arruinen a tu familia y, aunque te pongas de rodillas y les supliques, no te prestarán atención. En realidad, son personas inmensamente malvadas. ¿Por qué pueden hacer tal maldad? Porque no tienen sentido de la conciencia ni el freno que provee una conciencia, así que pueden ser muy malvadas y convertirse en pecadoras abyectas. Por tanto, es importante tener la conciencia de la humanidad normal. Las personas son capaces de defender los principios-verdad, primero bajo la condición de tener sentido de la conciencia. Tener sentido de la conciencia y de la vergüenza es lo que permite regular tu comportamiento y darte la oportunidad de embarcarte en la senda de buscar y practicar la verdad. Si no tienes sentido de la conciencia para regularte a ti mismo, entonces no tendrás la oportunidad de embarcarte en la senda de perseguir la verdad. Por tanto, solo a partir de la base de poseer sentido de la conciencia es posible que las personas tengan la oportunidad de que se las conduzca a la senda de practicar la verdad y defender los principios-verdad; pero, incluso entonces, solo disponen de esta oportunidad. Lo digo porque, incluso si el sentido de la conciencia regula los pensamientos y conductas de alguien, aún puede vulnerar los principios-verdad y no actuar de acuerdo con ellos, tomar la senda central, no defender los principios-verdad, pero también no asociarse con personas malvadas. Es decir, bajo el efecto de la conciencia, las personas que son lo bastante buenas pueden practicar la verdad y defender los principios-verdad, mientras que las de ligeramente peor calibre pueden al menos evitar que las malas personas las controlen o las coaccionen y evitar seguirlas en sus fechorías; esto es meramente alcanzar la referencia que proviene del estándar de conciencia. Aunque no hayas practicado la verdad, no has hecho el mal. Alguien así puede al menos considerar que tiene conciencia y, aunque no haya practicado la verdad, no cabe duda de que no hará el mal. Este es el efecto que la conciencia tiene en las personas. En cuanto a aquellos que aman la verdad, uno de los efectos más beneficiosos de la conciencia es que tiene la oportunidad de regular sus palabras y conductas y puede llevarlos a la senda de practicar la verdad y defender los principios-verdad. Por tanto, para las personas, la conciencia es una parte muy importante de su humanidad y no pueden estar sin ella. Por tanto, ¿qué significa “conciencia”? Hablaremos sobre eso en detalle después, cuando tengamos la oportunidad, pero hoy solo vamos a decir algo breve al respecto. La conciencia se refiere al buen corazón y al sentido de la rectitud de una persona, que son las dos cualidades más básicas. Si posees estas dos cualidades, eres una persona con conciencia; si no posees ninguna de estas dos cualidades, entonces careces de conciencia. Los que carecen de conciencia no tienen humanidad normal y eso significa que no tienen sentido de la rectitud ni buen corazón. ¿Qué significa “no tener sentido de la rectitud”? Ser torcido y perverso. ¿Qué significa “no tener buen corazón”? Ser malévolo, cruel y perverso. Los que poseen estas actitudes son personas sin humanidad y, en consecuencia, son capaces de hacer cualquier clase de maldad porque no tienen la conciencia de la humanidad normal ni las dos esencias que contiene la conciencia de la humanidad normal: el sentido de la rectitud y el buen corazón. Son desvergonzados, sumamente torcidos y especialmente crueles y malévolos, así que son capaces de hacer cualquier clase de maldad. Es decir, por muy perversas y malévolas que sean las cosas que hacen, no sienten nada; no se sienten mal ni reprochadas. ¿Por qué son capaces de hacer cualquier clase de maldad? Es porque no tienen buen corazón y carecen de la esencia de la humanidad; hagan la maldad que hagan, piensan que está justificada y no les parece que se trate de maldad. Por ejemplo, si eres una persona con sentido de la conciencia, cuando digas algo que insulta o ataca a otra persona, no serás capaz de soportarlo. Pensarás: “He dicho unas cuantas cosas para insultarla y con eso es suficiente. ¡Los insultos molestan mucho a los demás! Yo también me molestaría si alguien me insultara de ese modo, así que ahora que he dicho unas cuantas cosas insultantes para aliviar mi odio y soltar tensiones, no voy a seguir por ese camino”. Así que pararás. Sin embargo, las personas malvadas no piensan así. Creen: “Insultarte sería un castigo ligero. ¡Además voy a golpearte, llevaré a tu familia a la ruina y haré sufrir a tus descendientes! Sean cuales sean las cosas malvadas o malas que te haga, están justificadas. Mientras tú recibas tu merecido y yo libere mi odio, ¡estoy dispuesto a hacer cualquier cosa!”. Puede que ni siquiera te insulten, sino que directamente ejerzan sobre ti maldad y venganza; esto es ser malvado. Así son las personas sin sentido de la conciencia; son capaces de cometer todo tipo de maldades.

Dentro de las diversas nociones e imaginaciones que las personas tienen sobre la obra de Dios, sobre todo son conscientes de las nociones de las que suelen hablar, las relacionadas con la disciplina, la reprensión y el castigo. Por una parte, hemos hablado acerca de estas nociones e imaginaciones que surgen en las personas en el marco de la obra de Dios. Por otro lado, estas también deberían saber que Dios obra en ellas de muchas y variadas maneras. Depende de las distintas eras en las que obre y de los diferentes estándares que requiera de las personas y, por supuesto, depende de los diferentes resultados que quiera lograr en ellas por medio de Su obra y, también, dependiendo de los diferentes objetivos de Su obra y las distintas esencias-naturaleza de las personas, Dios adopta diferentes métodos y obra en ellas de muchas y variadas maneras. Disciplinar, reprender y castigar son solo una pequeña parte de Su obra y no son los métodos principales que usa en ella. Debido a que en la tercera etapa de Su obra Dios ha expresado gran cantidad de verdades con las que proveer a las personas y lograr el resultado de salvarlas, la cantidad de obra de disciplina, de reprensión e incluso de castigo que Él lleva a cabo en ellas es muy pequeña. Asimismo, dependiendo de los diferentes objetivos de Su obra, Dios también hace las cosas de acuerdo con los principios correspondientes y Sus acciones varían dependiendo de los objetivos y las diferentes circunstancias. Como tal, en términos relativos, rara vez disciplina, reprende y castiga a las personas. Por tanto, estas deberían dejar de aferrarse a sus diversas nociones e imaginaciones sobre la obra de Dios y, como Él ha expresado gran cantidad de palabras y verdades, no deben seguir dependiendo de que Dios las discipline, reprenda o castigue, con lo que permiten pasivamente que Él las empuje a practicar la verdad y a entrar en la realidad-verdad; esta es una idea que las personas no deberían tener. En cambio, la idea correcta sería no depender con pasividad de la disciplina, reprensión o castigo de Dios para que les haga entender Sus intenciones o acudir ante Él y, en su lugar, deben ser más positivos y proactivos al acudir ante Dios para buscar Sus intenciones y los principios-verdad. Da igual cuando, las palabras de Dios y los principios-verdad son la dirección para avanzar y los principios y sendas que más deberías defender y practicar en tu vida diaria o en tu senda de existencia, mientras que la disciplina, la reprensión o el castigo de Dios solo son maneras de obrar que Él exhibe en ciertas situaciones especiales y en circunstancias que considera necesarias. En cuanto a las personas, no deberían esperar ni pedir con pasividad que esto suceda, mientras piensan: “Que Dios me discipline, me reprenda y me castigue para que llegue a amar y practicar la verdad”. Este enfoque es incorrecto; Dios obra de acuerdo con las manifestaciones reales de las personas y las necesidades de su vida. Hay quienes oyen que aquellos que carecen de conciencia son bestias y no se pueden salvar, así que les entra ansiedad y piensan: “Si no me puedo salvar, menudo problema. Dado que no tengo sentido de la conciencia de la humanidad normal, preferiría que Dios me disciplinara y castigara para reemplazar la conciencia de humanidad normal”. ¿Es esta una buena idea? Como ser creado y un miembro corriente de la raza humana corrupta, si de veras crees que careces de humanidad normal y de conciencia de humanidad normal, sientes hondamente el dolor que esto causa y esperas que la disciplina, reprensión y castigo de Dios no te abandonen y que se te permita transformarte y, al final, sobrevivir; si de veras tienes esta clase de determinación, eso puede que sea algo bueno y un rayo de esperanza para tu supervivencia. Sin embargo, si no tienes esta clase de determinación, entonces te digo que te hallas en gran peligro si no tienes sentido de la conciencia de humanidad normal. Aunque hayas recibido ocasionalmente la disciplina, reprensión y castigo de Dios, eso es algo que Él te ha concedido. Dios hace estas cosas y se sirve de estos métodos para indicarte y advertirte, para que hagas menos maldad y recibas menos castigo. Dios ya ha sostenido suficiente tu orgullo; deberías estarle agradecido por haber hecho una excepción al mostrarte esta gracia, en lugar de no saber lo que es mejor para ti. En situaciones normales, Dios no hará obra alguna ni usará ninguna manera de obrar en alguien que carece de conciencia y razón de la humanidad. Si has recibido la disciplina, reprensión y castigo de Dios, fueran las que fueran, ya fueran leves o más severas, entonces deberías estarle agradecido a Dios por todo esto. Según las palabras coloquiales del hombre, esto es que Dios te tiene en consideración y te eleva. En absoluto te observa con hostilidad ni te condena, así que deberías aceptarlo de Dios. Si de veras tienes la ocasión de recibir la disciplina, reprensión y castigo de Dios más allá de la provisión de la verdad, eso prueba que Él todavía te trata como a un ser creado y un miembro de la raza humana corrupta. Deberías agradecérselo a Dios, entender esto correctamente y someterte a Su disciplina, reprensión o castigo. No deberías albergar una actitud hostil hacia Dios por ello ni rebelarte incluso más contra Él por este motivo. Sea cual sea la clase de disciplina que hayas recibido o lo severo que haya sido tu castigo, deberías someterte a Dios y agradecerle sin demora que te indicara y advirtiera, que te diera esta oportunidad y te permitiera recibir todo esto de Él. Esto también prueba que todavía tienes una relación con Dios y que este nexo no se ha roto por completo. En la obra de Dios de gestionar a la especie humana y en el proceso de que Él salve a las personas, Dios todavía te tiene en Su corazón; como mínimo, todavía te ve. Cuando observa tu rebeldía y corrupción, sigue dispuesto a disciplinarte, reprenderte y castigarte. Esto prueba que no ha renunciado por completo a ti; esto para ti es una suerte, además de una buena noticia. Por tanto, aunque estés sujeto a un poco de dolorosa disciplina o reprensión, deberías acudir ante Dios sin demora. El propósito de hacerlo no es para que te inclines ante Él ni para hacerte sentir que Dios es temible o aterrador. En cambio, deberías entender lo que habrías de hacer para complacer a Dios, para que no siga enfadado contigo y Su ira se disipe. Al menos, deberías hacerlo lo mejor posible, dentro del alcance de lo que puede lograr tu calibre, para practicar los principios-verdad que Él te ha expresado y no volver a enfadarlo. Si Dios se enfada contigo una y otra vez y continúas siendo sumamente insensible, si todavía eres testarudo y contemplas a Dios con hostilidad y luchas contra Él hasta el último momento, entonces, al final te vas a encontrar de manera inevitable con que Dios renuncia a ti. Cuando Dios ya no te discipline, reprenda ni castigue será cuando haya renunciado a ti. Y una vez que eso suceda, dejará de indicarte y te apartará de Su vista, te trasladará a un lugar externo a la iglesia, lejos del centro de Su obra. Como mínimo, lo hará para no verte durante Su periodo de obra; Dios no querrá verte más. Si cometes maldad hasta este extremo y alcanzas este punto, entonces no tienes esperanzas de salvarte. ¿Lo has entendido? (Sí).

La enseñanza de hoy ha tratado el tema de desprenderse de las barreras entre uno mismo y Dios y de la propia hostilidad hacia Él. Ya sea dejar en evidencia las nociones e imaginaciones de las personas acerca de Dios o sus actitudes hacia Él, así como compartir exactamente cómo y de qué maneras Dios desempeña Su obra en las personas, en cualquier caso, lo que esto acaba por decirles a las personas es que el punto de vista correcto hacia la obra de Dios al que deberían aferrarse es el de aceptar y someterse a Su juicio y castigo, así como aceptar Sus palabras y cada principio-verdad con los que las provee, en lugar de apartarse de Dios. Cada vez que hagan algo, deberían buscar los principios-verdad y practicar conforme a ellos, así como perseguir la entrada en la realidad-verdad, en lugar de dedicar esfuerzo a su comportamiento externo o a sufrir adversidades y pagar un precio de cara al exterior y, desde luego, en vez de verse atrapadas en sus nociones e imaginaciones y montar un escándalo respecto a ellas. En definitiva, da igual cuáles sean tus nociones e imaginaciones sobre Dios, el resultado que Su obra pretende lograr es el de obrar Sus palabras y la verdad en las personas, así como permitirles tener principios-verdad a los que atenerse y defenderlos ante todo lo que se enfrenten durante su vida diaria y en su senda de existencia; este es el resultado pretendido de la obra de Dios. El resultado final que logra Su obra es que la verdad se vuelve la realidad y la vida de las personas y no que Él consiga todo esto de acuerdo con las nociones e imaginaciones de dichas personas. Lo entiendes, ¿verdad? Hemos compartido más o menos lo suficiente sobre estos temas, ¿no es así? (Sí). Entonces, aquí termina nuestra enseñanza por hoy. ¡Adiós!

8 de julio de 2023