Cómo perseguir la verdad (10) Parte 5
El gusto por la literatura, por la tecnología y por otras cosas
Hablemos sobre otra manifestación, el gusto por la literatura. ¿Qué clase de manifestación es esta? (Una condición innata). Es decir, a tales personas les gusta de manera inherente la literatura. Como les gusta la literatura, en lo que se refiere a temas, libros y asuntos relacionados con la literatura, manifiestan un cariño y una curiosidad especiales, o bien una postura especial; se trata de una condición innata. Entonces, ¿qué hay del gusto por la tecnología? (Es una condición innata). Es decir, en ausencia de la interferencia e intervención de cosas del mundo exterior, la gente está muy interesada en cierto tipo de cuestiones, les gusta leer esa clase de libros y además prestarle atención a esa clase de temas y discutir sobre ellos. Al mismo tiempo, también aspiran a dedicarse a una ocupación o campo relacionado con esa clase de cosas. Esto es innato; no requiere que otros intervengan ni hace falta que se enseñe y, por supuesto, no requiere que otros influyan en ellos o los adoctrinen intencionadamente a lo largo de su vida. Al nacer les gustan ciertas cosas. El gusto por la tecnología es una condición innata, ¿qué hay entonces del gusto por las plantas y los animales? (Eso también es una condición innata). El gusto por las plantas y los animales —preocuparse de los árboles, los insectos y los pájaros; la especial predilección por interactuar con animales pequeños, tener contacto cercano con ellos y ser especialmente amoroso y tolerante hacia ellos— es una condición innata. Fíjate, estas cosas incluidas en las condiciones innatas son muy normales, ¿verdad? (Sí). No implican cosas negativas dentro de las actitudes corruptas como la arrogancia y la perversidad. Entonces, cosas como el gusto por la aviación, por la historia, el gusto por la astronomía y la geografía, el gusto por la ciencia de la nutrición y la medicina, el gusto por el derecho, por la agricultura; ¿qué clase de manifestaciones son estas? (Son condiciones innatas). A algunas personas les gusta la agricultura; les gusta investigar el injerto, la mejora y el rendimiento de diversas plantas, les gusta investigar los efectos del clima y la temperatura sobre las plantas, les gusta plantar verduras, cultivos, árboles y flores. Tienen las manos enfangadas a diario y llenas de callos a causa del trabajo. A estas personas no les gustaría ser médicos, abogados o funcionarios; solo les gusta la agricultura y ocuparse de las plantas, y se sienten muy tranquilas viviendo así. ¿Tienen alguna relación con su humanidad aquello que les gusta, los intereses y aficiones que tienen? (No). ¿Afecta esto a su humanidad? (No). En lo básico, no le afecta. De los agricultores no se puede decir que sean muy nobles; también tienen actitudes corruptas. De igual modo, estos intelectuales de alto nivel, como las personas que se dedican a campos como la tecnología, la literatura, la medicina o el derecho, no tienen mayor humanidad que los agricultores. Después de adquirir tanto conocimiento, leer tantos libros y educarse durante tanto tiempo, al final, no tienen entendimiento de Dios en absoluto; meramente han aprendido un poco más de los libros y obtenido un poco más de conocimiento y perspicacia. Pero en lo que respecta a cómo comportarse, qué clase de senda de vida deberían seguir, cómo deberían creer en Dios y alabarlo, así como respecto a la manera de actuar de acuerdo con los principios de conducta propia en toda clase de asuntos en la vida, no saben nada sobre ninguna de estas cosas. La característica común de las personas que tienen intereses y aficiones en diversos campos es que, sea lo que sea que les guste, están dispuestas a hacerlo y a dedicarse al trabajo de ese campo; y entonces, se dedican a este con devoción. Sea cual sea el campo al que se hayan dedicado con devoción, mientras hayan estado dentro de esta sociedad, han sido condicionadas y corrompidas por Satanás. La humanidad de nadie se vuelve noble solo porque sus intereses y aficiones, o el campo al que se dedique, sean más nobles o respetables que los de los demás. De igual manera, nadie se vuelve de clase más baja o más corrupto que otros solo porque la ocupación a la que se dedique sea de baja categoría, humilde o menospreciada por otros. Al contrario, con independencia de cuáles sean los intereses y aficiones de una persona, al margen de a qué clase de campo se dedique haciendo uso de cualquier fortaleza o don, en última instancia, los pensamientos y puntos de vista que posee no se conforman a la verdad. Todas las personas tienen la misma actitud hacia la verdad y hacia Dios; todo lo que revelan son actitudes corruptas. Lo común a todas las personas es que viven con las actitudes corruptas como su vida. Por tanto, con independencia de qué intereses y aficiones tengas y de a qué ocupación te dediques, no significa que tu humanidad se vaya a ver afectada por ello ni que tu humanidad se vaya a elevar o erosionar hasta cierto grado. A partir de estos hechos, se puede ver que las condiciones innatas que Dios les da a las personas no afectan a su criterio para su conducta propia y actuaciones ni cambian la senda y la dirección de sus acciones. Como mucho, estos intereses y aficiones son meras herramientas o una especie de capital innato en el que confían para sobrevivir, de modo que, por medio del campo al que se dedican, puedan obtener ingresos y así mantener su subsistencia. Sin embargo, en el proceso de mantener su subsistencia, los diversos pensamientos y puntos de vista que la gente acepta entre los grupos de personas en diversos campos son los mismos. Por tanto, al final, con independencia de en qué campo esté una persona, en qué rincón de la sociedad se halle o a qué grupo o a qué raza pertenezca, la corrupción que recibe es la misma. No te vuelves más noble o menos profundamente corrupto que otros solo porque te dediques a un trabajo u ocupación de ligeramente mayor nivel ni te vuelves más profundamente corrupto que otros solo porque el campo al que te dediques sea de clase baja. En resumen, con independencia de cuáles sean tus intereses y aficiones innatos, al final, Satanás te corrompe de manera inevitable e irresistible en esta sociedad y entre las personas.
El gusto por el trabajo financiero y contable
A continuación, hablemos sobre otra manifestación. A algunas personas les gusta el trabajo financiero y contable; les gusta lidiar con los números y se pasan la vida entera dedicadas al trabajo financiero. Todos los días llevan cuentas, las saldan, manejan pagos y recibos de fondos; su mente está llena de datos todo el tiempo, pese a lo cual nunca se cansan de ellos. Les gusta el trabajo financiero y contable; ¿en qué aspecto se encuadra esto? (En las condiciones innatas). Esta es una fortaleza que Dios les da a las personas. Como se te da bien esto, asumes esta ocupación con naturalidad; te aseguras el sustento para toda la vida y así es como te mantienes. Es el equivalente a que Dios te envíe maná o codornices desde el cielo, de modo que tengas algo para comer. Este interés y afición es como un ganso que pone huevos de oro y te cae desde el cielo a las manos, con lo que te permite tener este interés y afición. Entonces, te dedicas con naturalidad a una ocupación relacionada con tu interés y afición, y con esto como tu sustento, te mantienes hasta ahora. Da igual que lo hagas bien o no, da igual cuántos años haga que te dedicas a ello, mientras sea algo con lo que naciste, entonces es lo que Dios ha destinado para ti; es una condición innata. En resumen, todo esto proviene de Dios; no hay nada aquí de lo que la gente pueda jactarse. ¿Estoy en lo cierto? (Sí).
La habilidad para hacer negocios
¿En qué aspecto se encuadra el gusto por hacer negocios y tener la habilidad de hacerlos? (En las condiciones innatas). Tener habilidad en los negocios significa llevar el propio negocio mejor que la mayoría de la gente. Otros podrían llevar un negocio durante dos o tres meses y conducirlo a la bancarrota, perder incluso el capital inicial, pero ellos llevan su negocio durante dos o tres años y lo hacen cada vez mejor. Paulatinamente, su vida se vuelve próspera; su familia come y viste mejor, sustituyen su casa pequeña por otra más grande, su coche pequeño por otro más grande, y su vida no para de mejorar; se convierten en empresarios ricos. Tener habilidad para hacer negocios; ¿es esta una condición innata? (Sí). Tener habilidad para los negocios, esta condición innata, es su fortaleza. Nunca estudiaron especialmente cómo hacer negocios ni tampoco tuvieron la influencia de sus padres, sin embargo, les resulta fácil tener éxito en la gestión de un negocio pequeño y hacer dinero. Les preguntas: “¿Te parece difícil hacer negocios?”. Contestan: “Para nada. Solo uso mi cerebro y pienso en cómo hacer las cosas de una manera que sea apropiada y pueda hacer dinero, luego doy el paso y lo hago de esta manera; al final, el dinero es mío”. Dices: “Parece que hacer negocios no te cuesta nada y te resulta fácil. ¿Por qué no puedo hacerlo yo?”. ¿Por qué? Como Dios no te dio esa fortaleza, simplemente no tienes madera para eso. Por tanto, aquellos que tienen una fortaleza no deberían ser soberbios y aquellos que no tienen una fortaleza no deberían estar celosos. Lo que Dios da, nadie puede quitarlo; aunque no lo quieras, no puedes rechazarlo. Dios simplemente te ha dado la habilidad para esto y, por medio de esta fortaleza, Él te proporciona un modo de ganarte la vida o una profesión para mantenerte. Es la gracia de Dios. Otros aprenden, se les enseña y practican, pero por mucho que lo intenten, no pueden lograr buenos resultados. Sin embargo, tú puedes hacerlo sin haberlo aprendido. Piensen como piensen, su mente no funciona tan rápido como la tuya y no pueden desempeñarse tan bien como tú. Así pues, ¿de dónde proviene esta fortaleza tuya? ¿Acaso no es innata? ¿Y acaso lo que es innato no lo concede Dios? Siempre dices lo que te gusta, aquello para lo que tienes habilidad; ¿pero es eso algo que pediste? Hay quienes dicen que lo heredaron de sus padres. Entonces, ¿por qué no heredaste algo más? Trata de encontrar una manera de transmitir esta fortaleza a tu próxima generación; ¿puedes hacerlo? ¿Tienes algo que decir en este asunto? (No). Desde luego que no. La fortaleza que posees la da Dios; no importa lo celosos que estén otros de ti, no pueden quitártela ni arrebatártela e, incluso si no la quieres, Dios te la da igualmente. Dado que Dios te ha mostrado gracia, deberías aceptarla de parte de Él. No seas soberbio y no te jactes. La soberbia y la jactancia son manifestaciones de la ignorancia humana.
Por tanto, ¿cómo deberías tratar correctamente la fortaleza que Dios te ha concedido? Si la casa de Dios necesita que hagas deber en este ámbito, entonces deberías usar tu fortaleza en tu deber, en el trabajo de la iglesia. No te contengas; empléala y hazlo en la mayor medida posible. De esta manera, la fortaleza que Dios te ha dado no habrá sido en vano; la gracia y el trato especial que has disfrutado por parte de Dios se le retribuirán a Él. Al hacer eso, eres una persona con conciencia; no solo estás buscando beneficios para ti misma, sino que estás retribuyendo a Dios. Esto es actuar correctamente. Aunque pienses: “Tengo esta fortaleza, este interés y afición; para mí hacer esto es pan comido”, mientras te lo tomes como un deber, no puedes confiar solo en tu fortaleza, tu interés y tu afición. Debes hacerlo de acuerdo con los principios que Dios te ha dicho y los requisitos de la casa de Dios y luego combinar esto con tu fortaleza. De esta manera, tu deber se llevará a cabo de manera apropiada y habrás ofrecido tu lealtad. Esto es igual que cuando Dios le otorgó un hijo a Abraham; Abraham se alegró mucho cuando Dios se lo concedió y, cuando Él quiso llevárselo, Abraham tuvo que ofrendárselo a Dios voluntariamente y por completo. No podía reservarse ni tratar de poner condiciones y, más si cabe, no podía quejarse ni insultar a Dios; tenía que ofrecer a su hijo de todo corazón y con sinceridad. Cuando Dios te concede gracia, estás muy feliz y contento, sientes que has obtenido una ventaja y que Dios te muestra amabilidad. Después de que disfrutas mucho de la gracia de Dios, ¿qué postura adoptas cuando Dios te pide que le ofrendes algo? ¿Puedes soportar separarte de ello? ¿Puedes ofrendárselo a Dios y devolvérselo sin reservas? Si puedes devolverle a Dios lo que Él te ha dado, sin concesiones, de acuerdo con los principios que Él requiere, sin quejas, sin reservas y sin guardártelo para ti, sino en su lugar ofrendándoselo a Dios, entonces eres acorde al estándar como un ser creado; el deber que has hecho también es acorde al estándar y Dios estará satisfecho. Las exigencias que te hace Dios no son altas, porque lo que Dios te ha dado excede por mucho a lo que puedas ofrendar. Aparte de darte la vida, Dios también te ha dado el capital y las condiciones en las que confías para la supervivencia. Dado que tienes esta fortaleza, interés y afición, ¿cuánto beneficio has obtenido? ¿Cuánta de la gracia de Dios has disfrutado? Hasta ahora, ¿cuánto le has retribuido a Dios? Si solo estás empezando ahora a retribuir a Dios, entonces eres un poco demasiado lento. Si no te fue bien en el pasado, a partir de ahora, deberías ofrendar a Dios sin ninguna reserva; usa tu fortaleza y las habilidades profesionales y los diversos principios de las profesiones que has dominado en tu deber, sin contenerte nada, porque lo que ofrendas pertenecía originalmente a Dios; Él te lo concedió. Cuando ofrendes estas cosas y las uses en tu deber, por un lado, Dios lo aceptará y, por otro, obtendrás la verdad, obtendrás la vida y obtendrás la aprobación de Dios; obtendrás tremendos beneficios y no sufrirás ninguna pérdida en absoluto. Al mismo tiempo, Dios no te ha arrebatado tu derecho a disfrutar de tu interés, afición y fortaleza. Dado que Dios te ha concedido a ti este interés y afición, Él nunca te los va a quitar. Por mucho que ofrendes, los seguirás teniendo; Dios garantiza que continuarán estando presentes dentro de ti incesantemente; son una parte de tu mismo ser. Si no ofrendas a Dios, entonces solo se puede decir que no tienes conciencia, que no eres acorde al estándar como un ser creado y que no tienes sinceridad hacia Dios. Si realmente tienes sinceridad, entonces deberías devolverle a Dios lo que has recibido de Él y lo que posees. Deberías tener esta postura. Por mucho que sea lo que Dios te ha concedido, lo que entiendes y lo que eres capaz de hacer, debes ofrendarle entonces a Dios sin reservas. ¿Crees que Dios te haría ofrendar en vano? Mira a Abraham; cuando Dios le pidió que le entregara a Isaac, él le ofrendó a su hijo en el altar. Pero después de ver la sinceridad de Abraham, ¿se llevó de veras Dios a Isaac? Dios no se lo llevó, Dios le devolvió a Isaac y preparó a un cordero cercano. Abraham no solo no tuvo que devolverle a Isaac a Dios, sino que además recibió un cordero que ya estaba preparado. Al final, la bendición que Dios le dio superó por mucho a cualquier cosa que él pudiera imaginar. Por supuesto, esto no fue algo que Abraham pudiera haber imaginado ni era algo que hubiera pedido. Sin embargo, Dios no trata a las personas de manera injusta, simplemente las bendice de este modo; esto es lo que desea Dios. Incluso cuando no le has retribuido nada a Dios, Él ya te ha concedido mucho. Por tanto, si de veras retribuyes a Dios, ¿crees que Él va a concederte menos? En absoluto; la bendición que Dios te dé excederá todo lo que podrías haber imaginado nunca. Así que decidme, ¿es fácil ofrendar todas las fortalezas que Dios te ha concedido y usarlas en tu deber? Supongamos que piensas: “Estas fortalezas, intereses y aficiones que yo poseo de manera inherente son algo con lo que nací, las heredé de mis padres. Debo agradecérselas a mis buenos genes y a mis antecedentes favorables. No sé si Dios me las concedió. De todos modos, simplemente gozo de buena fortuna; es mi propia suerte. En cuanto a si se las devolveré a Dios, lo decidiré más tarde. Ahora mismo, no tengo ningún plan de hacerlo”. Decidme, ¿significaría eso que tienes conciencia? (No). Aunque Dios no te quitara los intereses, las aficiones, las fortalezas y otras cosas que Él te concedió, no obtendrías la bendición de Dios. A Sus ojos, no serías acorde al estándar como ser creado; como mínimo, a Dios no le gustan las personas como esta. Dios concede a las personas ciertos intereses, aficiones y fortalezas, así como también tiene requisitos específicos para ellas. En cuanto a cómo tratan las personas estos intereses, aficiones y fortalezas, también deberían tener principios que se conformen a la verdad. Por una parte, no te tomes esto como tu capital; asimismo, si la obra de la casa de Dios requiere de ti que hagas deber relacionado con tus intereses, aficiones y fortalezas, entonces deberías sentirte moralmente obligado a tomarte este deber como un compromiso personal. Deberías ofrendar lo que Dios te ha concedido por completo y sin reservas, de modo que Dios pueda disfrutar de la sinceridad y la sumisión de un ser creado hacia Él. ¿Acaso esto no es algo digno y glorioso? (Sí). Si no puedes ofrendar a Dios los dones y fortalezas que Él te ha concedido, entonces estás en deuda con Dios; eso es algo vergonzoso. Cuando Dios te concedió estos dones y fortalezas, fuiste bastante feliz, pero cuando Dios te pide que se los ofrendes, te irritas, no quieres que Dios los use y solo los quieres para usarlos tú mismo. ¿Muestra esto razón? Esas no son tus posesiones privadas; las concedió Dios. Dado que las concedió Dios, cuando Él las requiera, deberías ofrendarlas. Ser capaz de ofrendarlas muestra que tienes sumisión y sinceridad hacia Dios. Si no quieres ofrendarlas, o lo haces con reticencia y a regañadientes, eso demuestra que no tienes sumisión ni sinceridad hacia Dios. Solo puede decirse que existe un problema con tu humanidad y tu calidad humana.
Muy bien, esto es todo en cuanto a nuestra charla de hoy. ¡Adiós!
23 de diciembre de 2023