Cómo perseguir la verdad (11) Parte 2
Todo el mundo quiere obtener bendiciones. Nadie quiere ser destruido y enviado al infierno, pero a su pesar, muchos hacen el mal repetidamente, avanzan a toda velocidad por la senda que lleva al infierno. Algunas personas ignoran una y otra vez las oportunidades que les da la casa de Dios para hacer su deber, ignoran cuando el Espíritu Santo las conmueve y les reprocha, así como ignoran la ayuda y las expectativas de la casa de Dios. Insisten en ser negligentes, hacer el mal con desenfreno, actuar de manera arbitraria e imprudente, así como en trastornar y perturbar el trabajo de la iglesia, sin reflexionar lo más mínimo sobre sí mismas. ¿Acaso no son simplemente personas incorregibles y desvergonzadas? Cometes el mal constantemente de esta manera. No es que otros te fuercen a hacerlo; obviamente es elección tuya, algo que te gusta personalmente y que te alegra hacer. Si alguien dice que la senda que estás recorriendo es la de resistirse a Dios y que lleva al infierno, te sientes molesto y negativo. ¿Respecto a qué te sientes negativo? ¿Acaso no te has causado esto a ti mismo y has recogido lo sembrado? ¿No te lo tienes merecido? Algunas personas dicen: “Cometo el mal sin poder evitarlo. Quiero hacer bien las cosas todo el tiempo, pero cuando he terminado de hacerlas me doy cuenta de que las consecuencias de mis acciones no son muy buenas”. Has cometido el mal, has causado trastornos y perturbaciones y provocado pérdidas al trabajo de la iglesia. Aunque no se te pidan cuentas por tus transgresiones, estas han dejado peligros latentes a su paso y podrías cometerlas de nuevo en el futuro. Esto es muy peligroso. Es igual que la senda que ha recorrido una persona; dondequiera que haya caminado, seguro que habrá dejado un rastro. ¿Reconoces las transgresiones que has cometido? ¿Sientes remordimientos por ellas? ¿Te sientes en deuda y triste? ¿Lloras amargamente a causa de ellas? ¿Has cambiado de rumbo? ¿De verdad odias tus acciones malvadas? ¿Te has desprendido de la maldad que está en tus manos y te has arrepentido sinceramente ante Dios? Algunas personas dicen: “Yo también me odio a mí mismo. Me he abofeteado innumerables veces en privado y además me he arrodillado ante Dios, llorando amargamente en oración”. Puede que hayas experimentado estos procesos, pero Dios no se fija en ellos. En lo que se fija Dios es en tus manifestaciones. Cuando la misma situación vuelve a surgir o el mismo deber recae de nuevo sobre ti, ¿cómo lo tratas? ¿Tienes sinceridad y lealtad? ¿Puedes pagar un precio? ¿Puedes actuar de acuerdo con las palabras de Dios? ¿Cuáles son las manifestaciones de tu cambio de rumbo? ¿Te has desprendido del mal que está en tus manos? ¿Continúas haciendo aún las cosas malvadas que hacías en el pasado? ¿Sigues mintiendo, sigues actuando arbitraria e imprudentemente, sigues yendo en contra de los arreglos del trabajo y de los principios-verdad, sigues comportándote de acuerdo con tus propias ambiciones y deseos y te sigues confabulando con las personas malvadas para trastornar y perturbar el trabajo de la iglesia? Si todavía te comportas así, entonces tu arrepentimiento y tu llanto amargo son falsos y superficiales. ¿Cómo se califica el arrepentimiento superficial y falso? (Como hipocresía). ¿Se califica como hipocresía? Se califica como engaño. ¿Es precisa esta afirmación? (Sí). A ojos de Dios, ese llanto amargo y tal arrepentimiento son engaños. Por ejemplo, Dios dice: “Ofréndame diez libras de arroz de la cosecha de este año”. Algunas personas no están dispuestas a ofrendarlo y se lo quieren quedar para comérselo ellas, así que toman diez libras de cáscara de arroz y las colocan en el altar. Cuando les pregunta qué es eso, dicen que es arroz en cáscara. Dios dice: “¿Acaso no te pedí arroz?”, a lo que ellas responden: “El arroz en cáscara es arroz”. ¿Esto es un engaño? (Sí). Es un flagrante engaño. Después de hacer el mal, confiesas tu pecado, dices repetidas veces que estás en deuda con Dios e incluso lloras amargamente, pero después de eso, te comportas como si nada hubiera sucedido y continúas haciendo las cosas igual que antes. Dios califica esta clase de comportamiento como engaño. A ojos de Dios, esta clase de comportamiento engañoso es equivalente a las acciones malvadas. Si de verdad tienes la determinación de cambiar y de actuar de acuerdo con los principios-verdad, no necesitas hacer resoluciones ni llorar amargamente. Primero hazlo: haz una promesa a Dios cuando puedas cumplirla. Si no puedes, entonces no debes hacer una promesa en ningún caso. Si haces una promesa, Dios se la tomará en serio y te requerirá resultados respecto a lo que has prometido. Si no puedes cumplirla, a ojos de Dios es un engaño; engañar a Dios se convierte en una nueva acción malvada que se te imputa. Por tanto, si no puedes arrepentirte de verdad y en su lugar engañas a Dios con tus promesas, entonces la senda que recorres lleva a la destrucción. Cada una de tus acciones malvadas equivale a un golpe en las puertas del infierno; tal vez acabe por abrirse con uno de esos golpes y entonces habrá llegado el momento de tu muerte. Se puede decir que, desde el momento en que empezaron a creer en Dios y hasta ahora, todas las acciones y comportamientos de algunas personas han consistido en acumular constantemente acciones malvadas y aporrear las puertas del infierno, al mismo tiempo que han hecho que se acumule la ira de Dios; están esperando que Su castigo descienda sobre ellas. Otras personas, sin embargo, están progresando en una dirección positiva y correcta en el proceso de creer en Dios. La senda que recorren es el camino al reino de los cielos. Durante este periodo, aunque son rebeldes y revelan actitudes corruptas, así como, por supuesto, también tienen nociones e imaginaciones respecto a Dios y hacen su deber según su propia voluntad, al tiempo que revelan estas manifestaciones o incurren en estos comportamientos, asimismo están continuamente aceptando la verdad, desechando sus actitudes corruptas y haciendo que se transformen; han cambiado de rumbo de manera auténtica y tienen las manifestaciones y la realidad de aceptar la verdad y someterse a ella. Aunque tales personas alguna vez cometieron muchas transgresiones e hicieron algunas cosas que Dios detesta y condena, desecharon poco a poco sus actitudes corruptas y ya no hacen el mal después de entender la verdad y cambiar de rumbo. Al cambiar de rumbo, así como con su determinación y su resolución para soportar la adversidad y pagar un precio por la verdad, conmueven a Dios. Al mismo tiempo, sus esfuerzos y acciones y las buenas obras que preparan van obteniendo poco a poco la aceptación y aprobación de Dios; Él también recuerda estas cosas. A juzgar por las manifestaciones generales de tales personas, estas son —como decís a menudo— básicamente personas correctas. La senda que recorren estas personas correctas es la que lleva al reino de los cielos, la senda que lleva a la salvación. Tales personas están recorriendo la senda de la salvación. Por supuesto, las manifestaciones de estas personas no son básicamente el resultado del empuje, la supervisión, la gestión ni la poda por parte de otras ni de la regulación de los decretos administrativos de la iglesia. En su lugar, cambian de rumbo proactivamente y, en su entrada en la vida, tienen sus propios planes y designios personales, así como su propia resolución proactiva. La senda que recorren estas personas es la correcta. Están preparando las buenas obras para su propio destino con estas manifestaciones positivas y proactivas. Su búsqueda personal y subjetiva es la que determina la senda que toman y la actitud de Dios hacia ellas. Al final, debido a su búsqueda personal y subjetiva, son capaces de recibir de Dios un veredicto y un destino apropiados.
Decidme, ¿cómo deberían realizar acciones rectas las personas y en qué estado y condición deben hacerlo para que se considere preparar buenas obras? Como poco, deben tener una actitud positiva y proactiva y deben ser leales mientras hacen su deber, ser capaces de actuar de acuerdo con los principios-verdad y salvaguardar los intereses de la casa de Dios. Ser positivo y proactivo es la clave. Si eres siempre pasivo, es problemático. Es como si no fueras un miembro de la casa de Dios; no estás haciendo tu deber, sino que no tienes más remedio que hacerlo a instancias de un empleador para obtener un salario: no lo haces voluntariamente. Incluso si haces un poco, lo haces porque tienes que hacerlo, y lo haces pasivamente. Si tus intereses no estuvieran involucrados, simplemente no lo harías, o si nadie te supervisara, no lo harías en absoluto. Tales acciones negativas y pasivas no son buenas obras. Por tanto, este tipo de persona es muy necia. Son muy pasivas al hacer cosas positivas y al hacer lo que les corresponde; no hacen las cosas que se les ocurren ni aquellas de las que son capaces que requieren tiempo y energía, simplemente esperan y observan desde un costado, pensando que es mejor si las hacen otros. Esto es problemático, y les resulta muy difícil hacer bien su deber. Para empezar, no es que tu calibre sea inadecuado; en segundo lugar, no es que tu experiencia sea insuficiente; en tercer lugar, no es que no tengas las condiciones adecuadas para hacerlo. Posees el calibre para llevar a cabo este trabajo y, si dedicas tiempo y energía, podrás hacerlo, pero no lo haces, no logras preparar buenas obras. Esto resulta muy lamentable. ¿Por qué lo digo? Porque, si echas la vista atrás después de muchos años, sentirás remordimientos y, si quieres retroceder a ese año, ese mes y ese día a desempeñar ese trabajo, las cosas habrán cambiado y ese momento ya habrá pasado. No tendrás una segunda oportunidad como aquella; cuando esa oportunidad pase, pasará; cuando se pierda, se perderá. Si te pierdes placeres carnales como consumir buena comida o llevar ropa buena, eso no importa mucho, porque se trata de cosas huecas y no tienen ningún impacto en tu entrada en la vida ni en tu preparación para las buenas obras o tu destino. Sin embargo, si algo guarda relación con la actitud de Dios hacia ti y la evaluación que te hace, o incluso con la senda que caminas y tu destino, entonces es muy lamentable perder la oportunidad de hacerlo. Esto es porque dejará atrás una mancha y provocará remordimientos en tu futura senda de existencia y no tendrás otra oportunidad de compensarlo en toda tu vida. ¿Acaso no es lamentable? Si tu calibre es demasiado escaso y no puedes emprender este trabajo, entonces eso no es algo que lamentar; la casa de Dios puede disponer que otro lo haga. Si eres capaz de hacerlo bien y, sin embargo, no lo haces, es algo que se ha de lamentar profundamente. Es una oportunidad que te concede Dios, pero no te la tomas en serio, no la aprovechas y permites que se te escurra entre los dedos; ¡esto es demasiado lamentable! Para ti, es lamentable; para Dios, es una decepción. Dios te ha concedido suficiente calibre y unas condiciones superiores, lo que te permite ver algunas cosas con claridad y ser competente para este trabajo. Sin embargo, no tienes la actitud correcta hacia tu deber; no tienes sinceridad ni mucho menos devoción y no quieres esforzarte al máximo para hacerlo bien. Esto decepciona mucho a Dios. Por tanto, si eres holgazán y siempre piensas que el trabajo que se te ha asignado es molesto y no quieres hacerlo, y refunfuñas en tu fuero interno: “¿Por qué me piden a mí que lo haga y no a otra persona?”, entonces este es un pensamiento necio. Cuando un deber recae sobre ti, no es un suceso desgraciado, es un honor y es la exaltación de Dios. Deberías aceptarlo felizmente y hacer el deber que te corresponde; no te llevará al agotamiento. Al contrario, si haces bien tu deber, entiendes la verdad y resuelves los problemas, te sentirás en paz y asentado en tu corazón y no habrás decepcionado a Dios. Ante Dios, tendrás fe y podrás comportarte con la cabeza bien alta. Si no has cumplido con tu deber y siempre eres negligente, esto es una transgresión y, aunque no hayas causado ninguna pérdida, esta transgresión dejará un pesar para toda la vida en tu corazón. Esta transgresión será como un agujero negro sin fondo; cada vez que pienses en ella, sentirás dolor e intranquilidad, una agonía que atraviesa el corazón. No solo no tendrás paz ni gozo, sino que, al contrario, el dolor del remordimiento y el tormento te acompañará durante toda tu vida y nunca podrá borrarse. ¿Acaso no es este un pesar eterno? ¿Y qué pasa desde la óptica de Dios? Dios se sirve de los principios-verdad para calificar este asunto, así que su naturaleza es bastante más grave de lo que a ti te parece. ¿Lo entiendes? (Sí). Por tanto, Dios considerará de manera integral tu desempeño habitual y tu actitud hacia la verdad y hacia tu deber para contemplar la senda por la que caminas. Supón que tu actitud hacia la verdad y hacia tu deber siempre es superficial y de cara a la galería haces promesas, pero entre bambalinas no las pones en práctica, holgazaneas y te demoras y no tienes una actitud positiva de ser considerado con las intenciones de Dios. Aunque por fuera no causes trastornos ni perturbaciones, no hagas el mal ni actúes de manera arbitraria e imprudente ni corras desbocado cometiendo fechorías y parezcas una persona respetuosa de las reglas y bastante educada, no haces de manera positiva ni proactiva lo que te pide Dios, sino que eres artero y holgazaneas y evitas hacer trabajo real. En ese caso, ¿qué senda caminas en realidad? Incluso aunque no sea la senda de un anticristo, como poco es la senda de un falso líder.
Hay quienes parecen tener sumisión al desempeñar su deber y hacen todo lo que dispone lo Alto. Pero, cuando les preguntan: “¿Haces tu deber de manera superficial? ¿Lo haces conforme a los principios?”, no pueden dar ninguna respuesta definida, solo dicen: “Hago lo que indica lo Alto y no me atrevo a correr desenfrenado cometiendo fechorías”. Cuando les preguntan si han cumplido con su responsabilidad, dicen: “Bueno, estoy haciendo lo que se supone que debo hacer”. Siempre tienen este tipo de actitud al hacer su deber, sin prisas e indiferentes. Aunque no han surgido problemas evidentes, si se mide según los principios-verdad, el desempeño de su deber es ineficiente y no es acorde al estándar. Pero no les importa. Siguen actuando de la misma manera negligente que en el pasado, y siguen siendo igual de pasivos en lo que respecta a las cosas que deberían tomar la iniciativa de hacer; no han cambiado en absoluto. ¿Acaso no son tozudos de una forma desvergonzada? Siempre mantienen esta actitud: “Puede que tengas mil planes brillantes, pero yo tengo mis propias reglas. Así es como soy. Veamos qué puedes hacerme. ¡Esta es mi actitud!”. No han hecho nada sumamente traicionero ni malvado, pero también han hecho pocas buenas obras. ¿Por qué senda dirías que caminan? ¿Es buena esta clase de actitud hacia la fe en Dios y el propio deber? (No). En el Libro del Apocalipsis de la Biblia, Dios dice esto: “Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3:16). ¿Es una buena actitud la de ser tibio, ni frío ni caliente? (No). Este tipo de persona también tiene su propio conjunto de cálculos en su mente: “Mientras no cometa maldad ni trastorne el trabajo de la iglesia en el desempeño de mi deber, no seré condenado. Si hacer bien mi deber es demasiado agotador y requiere demasiado sufrimiento, no lo haré. No me agotaré, pero tampoco cometeré errores graves. De esa manera, no me echarán ni me descartarán, y sigo siendo mucho mejor que aquellos que no hacen un deber. Así que permanezco tibio, ni frío ni caliente. Cualquier cosa que me pidas que haga, la haré. Sin embargo, si no me dices que haga algo, yo no voy a intervenir. De esta manera, no me cansaré y además la gente no podrá encontrarme defectos. ¡Este enfoque es genial!”. ¿Es buena esta manera de comportarse? (No). Sabes que no es buena, así que ¿cómo debería cambiar tu práctica? Si nunca buscas caminar por la senda de la búsqueda de la verdad y aún persistes en vivir según las filosofías de Satanás, entonces estás condenado a no tener ninguna esperanza de alcanzar la salvación. Si te comportas en el mundo de esta manera, sin duda tendrás una ventaja. Tu filosofía para los asuntos mundanos y tu actitud hacia ellos te protegerán y además no ofenderás a nadie. Además, esas personas de clase alta con prestigio y reputación no sentirán que eres una amenaza para ellas y todas te apreciarán mucho. Aquellas personas de clase baja sin estatus tampoco se atreverán a ofenderte. Por tanto, serás bastante popular, tanto para las personas de clase baja como para las de clase alta; serás alguien al que busquen ganarse, estarás muy cotizado y serás capaz de moverte con soltura por todos los círculos, tanto los altos como los bajos, tanto los buenos como los malos. Sin embargo, si todavía usas esta clase de actitud hacia los asuntos mundanos en la casa de Dios y ante Dios, eso no funcionará. Todos los diversos principios que involucran la verdad requieren de ti una actitud, la cual ha de ser buena o mala, blanca o negra o bien verdadera o falsa; está particularmente clara y tiene principios. Requieren de tu posición y tu punto de vista preciso, en lugar de tu enfoque a medio camino. Aquellos que adoptan un enfoque a medio camino no pueden mantenerse firmes ante la verdad. No pienses: “Fíjate en lo inteligente que es mi manera de vivir. Aprendí a protegerme a mí mismo usando este método desde que era niño y, echando la vista atrás a mi vida hasta ahora, siento que este método es muy práctico. Después de llegar a creer en Dios, todavía vivo según este método. En los años que he creído en Dios, no he sido podado, no he fallado de manera significativa al hacer mi deber, no he sido sometido a refinamientos ni pruebas importantes, así como Dios nunca me ha condenado o desdeñado. ¡Fíjate en lo exitoso que soy al comportarme, lo bien que se me da!”. ¡Te equivocas! No sabes cómo comportarte; te sirves de un método astuto para abordar cada asunto y abordar la verdad. Este método es completamente equivocado y no puedes mantenerte firme al hacer esto. No tengas una mentalidad de depender de la suerte, pensando: “Solía hacer esto y siempre tuve éxito. Nunca fracasé ni se vio dañada mi imagen ni mostré ignorancia. Ahora que creo en Dios, seguiré persistiendo en esta estrategia que es de lo más sofisticada para los asuntos mundanos”. ¡Digo que esto es una necedad por tu parte! ¿Por qué dice Dios tantas palabras para salvar a las personas? Es precisamente para permitirles, bajo la guía de estas palabras, entender cuál es la senda correcta en la vida y qué clase de senda deberían recorrer; es para permitirte elegir. No se trata de permitirte ir a la deriva de forma oportunista; si se permitiera que lo hicieras, entonces Dios no diría estas palabras ni haría esta obra. ¿Por qué todas las cosas que van en contra de la verdad quedan claras como el agua en nuestra charla sobre diversos asuntos? Es precisamente para decirte cuáles son las cosas positivas y cuáles son las negativas, de modo que puedas distinguirlas y verlas con claridad. Las cosas positivas y las negativas están del todo al descubierto, reveladas y transparentes ante Dios; no son turbias. Por tanto, Dios requiere de ti que seas claro al hacer cualquier cosa y al elegir tu senda; tu actitud debe ser clara y tus pensamientos y puntos de vista también; no debe haber nada ambiguo. Lo que implican la verdad y los principios-verdad no contiene nada ambiguo; el negro es negro, el blanco es blanco, sí es sí, no es no. Una mentira, aunque se diga mil veces, sigue siendo una mentira y nunca puede convertirse en verdad. La verdad, aunque pocos en el mundo la acepten o muchas naciones la rechacen y condenen, sigue siendo la verdad. La verdad es siempre la verdad y no se convertirá en absoluto en una falacia ni en una herejía. No importa cuántas personas sigan las cosas negativas que son propias de Satanás ni durante cuántos años se hayan convertido en una tendencia mundana, siguen siendo cosas negativas y siguen siendo propias de Satanás; nunca se convertirán en cosas positivas. Por el contrario, las cosas positivas, aunque sean atacadas, reprimidas y condenadas en este mundo, siguen siendo positivas y nunca se volverán cosas negativas. Dios siempre es Dios, siempre es la personificación de la rectitud y siempre es la representación de todas las cosas positivas. El estatus de Dios es inmutable y Su esencia es inmutable. Satanás, entretanto, es siempre Satanás, siempre es la personificación del mal, siempre es el representante del eje del mal, siempre es negativo y nunca se convertirá en algo positivo.
Algunas personas dicen: “Tienes que ser flexible al vivir en la iglesia. No te inclines demasiado en ninguna dirección. No aceptes la verdad, pero tampoco sientas aversión por ella; no ofendas a las figuras positivas ni a las negativas. Lo mejor es mantenerse al margen. No me opongo a las cosas positivas ni critico las negativas. No adulo ni intento ganarme el favor de quienes persiguen la verdad ni me acerco a ellos. Tampoco mantengo las distancias con los anticristos. ¿Qué me puedes hacer? ¡Mira lo claramente que entiendo la vida!”. ¿Es esto entender con claridad? Esto no es entender con claridad; esto es necedad. Es ser atolondrado e incapaz de distinguir el bien del mal. Una persona así es atolondrada. Os digo que este tipo de personas que están entre dos aguas simplemente no sirven para nada. ¿Cuál será el resultado final de vivir así? (No tendrán ningún desenlace ni ningún destino). Habrán echado a perder su propio destino. Aunque no se oponen a las cosas positivas, en esencia, tampoco las han aceptado. No oponerse no es lo mismo que aceptarlas, así como no criticar las cosas negativas no es lo mismo que desprenderse de ellas. ¿Crees que al no aceptar las cosas positivas ni criticar las cosas negativas te has desprendido de las cosas negativas y los puntos de vista negativos? No puedes desprenderte de ellos. Solo al aceptar las cosas positivas y aceptar la verdad pueden los pensamientos y puntos de vista negativos de las personas, así como los perversos pensamientos y puntos de vista que son propios de Satanás, desprenderse y desmoronarse gradualmente; solo entonces puede la gente aceptar los pensamientos y puntos de vista positivos, además de las prácticas, las percepciones, el entendimiento y los criterios que se conforman a los principios-verdad. En otras palabras, si deseas aceptar los pensamientos y puntos de vista positivos, si quieres aceptar la verdad, si quieres que la verdad entre en ti y se convierta en tu vida, primero debes vaciarte de lo que tienes dentro para luego aceptar la verdad y permitir que entre en ti y tenga poder en tu corazón. Esto es tener la verdad como vida; de esta manera se practica perseguir la verdad. El principal propósito de creer en Dios es obtener la verdad. Debes ser capaz de discernir diversos pensamientos y puntos de vista que van en contra de la verdad. Especialmente si eres la clase de persona que sigue la filosofía de Satanás, debes desprenderte de los pensamientos y puntos de vista astutos del enfoque a mitad de camino, así como rebelarte contra ellos de manera consciente. Cuando tales pensamientos y puntos de vista surgen en situaciones con las que te encuentras, debes darte cuenta de que son equivocados y debes pensar: “¿Qué dicen las palabras de Dios? ¿Qué requiere Dios? Sea cual sea la manera de actuar que se ajuste a los principios-verdad, tomaré la iniciativa y me esforzaré por actuar de manera acorde, sin permitir que los pensamientos y puntos de vista del enfoque a mitad de camino me gobiernen ni me impidan practicar la verdad. En su lugar, debo permitir que las palabras de Dios, la verdad, se conviertan en el criterio para mi comportamiento y acciones, así como para mi realización del deber”. Practicar de esta manera hará que surja un resultado diferente. Aunque sea un asunto muy pequeño y no sea digno de que Dios lo recuerde, al menos, Él no lo condenará. A medida que tus acciones se acumulen poco a poco de esta manera, tus buenas obras se prepararán poco a poco. Si tus acciones se pueden considerar buenas obras a ojos de Dios, entonces tendrás esperanza. Empezarás a tener una dirección y un objetivo correctos y positivos, así como empezarás a convertirte en una persona positiva, una persona correcta. De esta manera, te habrás distanciado de la senda de destrucción que lleva al infierno y poco a poco te habrás vuelto hacia la senda que lleva al reino de los cielos. Este es un buen resultado de una persona capaz de cambiar de rumbo. ¿Es fácil de lograr? Eso depende de en qué medida ame uno la verdad. Si cometes un error y solo dices: “¡Me odio mucho a mí mismo! ¿Cómo he podido hacer algo tan vulgar y vil? ¡Realmente tengo muchas ganas de darme un par de bofetadas en la cara!”, si solo te odias a ti mismo, eso no servirá de nada. La clave está en que, cuando cometes un error, debes ser capaz de discernir qué tiene de malo, qué te ha impulsado a hacerlo, por qué eres incapaz de practicar la verdad, cuál es la raíz y cuáles son la base y los principios de tus acciones. La clave también está en si, al enfrentarte a alguna cuestión, actúas de manera consciente de acuerdo con las palabras de Dios y te rebelas conscientemente contra tus pensamientos y puntos de vista satánicos, tus ambiciones y deseos y tus intenciones y planes. Si has hecho de manera consciente todas estas cosas, entonces has preparado buenas obras, lo cual es genial y has obtenido algo. ¿Es bueno un resultado de esta clase? ¿Es este el resultado que deseáis ver? ¿Es esto lo que queréis buscar? (Sí). ¿Qué clase de punto de vista tienen ahora la mayoría de personas? Es este: “No cometo maldad ni causo trastornos ni perturbaciones. Mientras no me echen de la iglesia con un deber a tiempo completo, todo está bien. Aunque no he preparado muchas buenas obras y no soy muy leal en mi deber, no tengo mucha sinceridad y no practico seriamente de acuerdo con los principios-verdad, mientras no haga el mal ni cause trastornos y perturbaciones, ¿no es eso suficiente?”. ¿Cómo es este punto de vista? Este es un pensamiento y punto de vista degenerado; no busca el progreso. No debes pensar en absoluto que, mientras no hagas maldad ni causes trastornos ni perturbaciones, eres una buena persona, una persona noble, que puedes mantenerte firme y que lo que haces se ajusta a la verdad. Te digo que eso es un error; ¡es una manera de pensar estúpida! No hacer el mal no equivale a preparar buenas obras. No hacer el mal y preparar buenas obras son dos conceptos diferentes. Hacer un deber sin hacer el mal es lo que se supone que debe hacer un ser creado; es una manifestación que deberían poseer aquellos que tienen la conciencia y la razón de la humanidad normal. Por ejemplo, hay quien dice: “Hay personas que cometen asesinato, pero yo no he hecho eso; esa persona robó cosas a otras personas, pero yo no lo he hecho. Eso significa que soy una buena persona”. ¿Merece la pena alardear sobre ello? ¿Es correcta esa aseveración? (No). A esto se le llama confundir conceptos. No ser un ladrón, no cometer asesinato, no provocar incendios y no mantener relaciones sexuales ilícitas no es lo mismo que ser una buena persona. No hacer el mal ni quebrantar la ley es un concepto diferente al de ser una buena persona. Ser una buena persona tiene sus propios estándares. No hacer el mal y preparar buenas obras también son dos conceptos distintos. Desempeñar tu deber sin hacer maldad es algo que deberías lograr como persona normal. Sin embargo, preparar buenas obras significa que debes practicar la verdad y cumplir tu deber de manera proactiva y positiva y de acuerdo con los requerimientos de Dios y los principios-verdad. Debes tener lealtad, estar dispuesto a sufrir dificultades y pagar un precio, a responsabilizarte y ser capaz de actuar de manera positiva y proactiva. Todas las acciones que se hacen conforme a estos principios son básicamente buenas obras. Con independencia de si se trata de cuestiones grandes o pequeñas, de si son dignas de que los demás las recuerden o no, ya las tengan en alta estima o las consideren insignificantes o bien piensen que son dignas de atención, a ojos de Dios, todas son buenas obras. Si has preparado buenas obras, eso al final te traerá bendiciones, no calamidades. Algunas personas no preparan en absoluto buenas obras y solo se contentan con lo siguiente: “Hago lo que me dicen que haga y voy donde me dicen que vaya. Nunca hablo ni actúo de manera arbitraria; jamás provoco problemas con malicia ni causo trastornos y perturbaciones. En realidad, soy obediente y me comporto bien”. Siempre albergan esta clase de actitud. No buscan activamente la verdad ni se atienen a los principios en la realización de su deber. Cuando descubren sus propias desviaciones y errores, no los corrigen ni los cambian enseguida. Cuando descubren que han sido rebeldes y han revelado actitudes corruptas, nunca reflexionan sobre sí mismas ni buscan la verdad activamente para resolver el problema; en su lugar, se limitan a hacer lo que quieren. Aunque no han cometido ninguna gran maldad que causara que los intereses de la casa de Dios sufrieran pérdidas, aun así han afectado al progreso del trabajo de la iglesia. Como mucho, su realización del deber es solo mano de obra y, por naturaleza, la mano de obra no es suficiente para ser una buena obra. Por tanto, ¿cómo se pueden definir las buenas obras en definitiva? Es cuando lo que haces es, como poco, de ayuda para tu propia entrada en la vida y la de los hermanos y hermanas, así como beneficioso para la obra de la casa de Dios. Si es beneficioso para ti mismo, para los demás y para la casa de Dios, entonces tu desempeño es eficaz ante Dios y Él lo aprueba. Dios te dará una puntuación. Por tanto, evaluad estas cosas: ¿cuántas buenas obras habéis preparado a lo largo de los años? ¿Pueden estas buenas obras contrarrestar tus transgresiones? Después de contrarrestarlas, ¿cuántas buenas obras quedan? Tienes que puntuarte a ti mismo y tenerlo bien claro; esta cuestión no debe atolondrarte.
Decidme, ¿es necesaria Mi charla sobre estos asuntos? (Sí). Debo deciros estas palabras y daros algunas pautas. El propósito de daros pautas no es disipar vuestro entusiasmo ni burlarme de vosotros ni mucho menos condenaros, sino ofreceros un recordatorio, dar la voz de alarma para que sepáis —ahora mismo, en el presente, actualmente— en qué situación os encontráis, cuál es vuestro estado y cuáles son los peligros potenciales. Debéis tener claras estas cosas en vuestro corazón. En su fe en Dios, las personas deben examinar constante y frecuentemente cuál es su estado ante Dios. Deben conocer de forma constante y clara cómo es su relación con Dios, si existen conflictos y barreras entre ellas y Dios, si tienen nociones y malentendidos sobre Dios, si le hacen exigencias irrazonables, y la forma en la que ve Dios sus manifestaciones generales. Las personas deben comprender y conocer estas cosas; esto es muy beneficioso para su entrada en la vida. El propósito de practicar de esta manera es asegurar que la gente pueda actuar de manera precisa de acuerdo con las intenciones de Dios. No toméis desvíos equivocados, no os sintáis satisfechos con vosotros mismos ni os engañéis a vosotros mismos ni a los demás. No tomar desvíos equivocados significa no seguir tu propia senda desviada. Piensas que este desempeño tuyo al creer en Dios es bastante bueno, por lo que sigues caminando por este camino. Sin embargo, resulta que te has desviado de la senda correcta; Dios te ha abandonado hace tiempo y el Espíritu Santo ha dejado de obrar en ti. Dios te detesta, pero tú sigues pensando que te va bien en tu fe: “He obtenido cosas al creer en Dios; ahora puedo soportar dificultades, ahora no hago el mal, sé la manera de evitar causar trastornos y ahora sé por qué son echados o aislados aquellos que causan trastornos y perturbaciones, así como por qué no se les permite hacer un deber”. No basta con saber estas cosas; debes saber cómo actuar para seguir el camino de Dios, cómo practicar para recorrer la senda correcta y cómo actuar para poder alcanzar la salvación. Todo esto es muy importante; debes hacer revisiones y sacar conclusiones con regularidad. Eso es todo respecto a este tema; continuemos con la charla sobre el asunto del que hemos estado compartiendo durante este periodo.