Cómo perseguir la verdad (11) Parte 4

El amor por las artes

Ahora echemos un vistazo al amor por las artes. A aquellos que aman las artes, de manera innata, les encanta cantar, bailar y tocar instrumentos musicales, así como también disfrutan de la actuación. Mientras más gente haya, más se emocionan; quieren montar un pequeño espectáculo, hacer diálogos cómicos, sketches, cantar, bailar o tocar instrumentos para hacer felices a todos y ayudarlos a relajarse. ¿Qué clase de manifestación es el amor por las artes? Primero, tenemos que fijarnos en si las artes son algo positivo o negativo. Si no tenéis esto claro, entonces permitidme preguntaros: ¿creéis que cantar y bailar son necesidades legítimas de la humanidad? (Sí). Son necesidades legítimas de la humanidad. Es decir, la gente se sirve de sus voces al cantar, del lenguaje corporal o de una especie de método artístico para hacer que la vida sea divertida, para aumentar la alegría de vivir o expresar uno de sus estados de ánimo. ¿Esto puede considerarse legítimo? (Sí). Ahora, volvamos al tema original: el amor a las artes, el gusto por cantar y bailar, por tocar instrumentos y actuar; ¿a qué categoría pertenecen esta clase de manifestaciones? (A los intereses y las aficiones). Dado que son intereses y aficiones, ¿en qué concepto encajan? (En las condiciones innatas). A algunos niños les gusta escuchar música y ver bailes desde los cinco o seis años; cuando oyen el ritmo de la música empiezan a mover las manos y los pies y sienten el impulso de bailar. Esto es innato. Algunas personas oyen canciones y música de baile y quieren aprender, pero son incapaces de hacerlo, incluso en la adolescencia o a los veinte años. Intentar aprender a bailar les resulta muy dificultoso; además, son particularmente torpes. Esto también es innato. En cambio, aquellos que tienen un gusto innato por cantar y bailar pueden empezar a bailar alegremente cuando oyen sonar la música. Cuando oyen a alguien cantar una canción, son capaces de acompañarlo y aprender de él; tras practicar solo unas cuantas veces, ya saben cantarla ellos mismos. Esto demuestra que, para este tipo de personas, estas cosas son innatas, las llevan en los huesos; estas cosas les gustan de corazón y se les dan bien. Saben hacerlas sin que nadie les enseñe. Incluso hay algunos individuos particularmente reseñables que pueden cantar unos pocos versos de ópera regional con apenas siete u ocho años; su canto tiene ese aire auténtico, está en el tono adecuado y sigue el ritmo correcto: ¡es algo realmente extraordinario! Algunos niños pueden incluso cantar algunas canciones pop y otros pueden bailar estilos de danza indios, danza de Xinjiang o danza moderna. Cuando oyen canciones o música de baile, les gustan de forma instintiva y empiezan enseguida a mover el cuerpo al ritmo de la música. Si no les dejas cantar, lo harán en secreto en su interior o buscarán un lugar adecuado para cantar a plena voz. Simplemente quieren cantar y les encanta hacerlo; nadie puede contenerlos. No fue por influencia de sus padres y nadie les enseñó. Han poseído estas fortalezas o aficiones desde pequeños. Es obvio que se trata de una condición innata: poseen un interés innato por las artes. Si esos niños están interesados en las artes, ¿deben dedicarse a este trabajo?, ¿deben desempeñarlo toda su vida? No necesariamente. Depende de la ordenación de Dios, de cómo Él ejerza Su soberanía y organice las cosas. Si Dios dispone que trabajen en las artes, ellos estarán destinados a esta industria toda su vida. Sin embargo, si Dios no ha arreglado ni ordenado que trabajen en esta industria, se limitarán a tener este interés y esta afición y, aunque los disfruten, para ellos no será posible dedicarse a ello. Hay a quienes les gustan las artes desde la infancia. Sus padres, al ver que su hijo tiene este interés y esta afición, piensan: “Vamos a cultivarlo pues. Tal vez salga de nuestra familia un talento artístico. ¡Quizá nuestro hijo se convierta en alguien famoso y sea una estrella!”. Por tanto, empiezan a cultivar a su hijo en estudios de baile y canto y, con el tiempo, al niño lo admiten en una academia de arte. Aunque el interés y la afición del niño hacia las artes permanece fuerte después de graduarse, no está claro que pueda trabajar en esta industria. Es posible que, cuando esté a punto de ejercer este trabajo, su estado de ánimo cambie entonces, así como su actitud y sus puntos de vista hacia él, y además es posible que, debido a diversas razones en el entorno objetivo, no tenga la oportunidad de formar parte de esta industria. Todo ello es posible; depende de la preordinación de Dios. Pero al mirarlo a partir de la causa principal, el interés y la afición del niño es su condición innata; incluso desde antes de nacer, Dios ya había dispuesto esta fortaleza para él y añadió ciertos rasgos especiales a su humanidad, lo que de manera innata le hacía especialmente sensible a la música, el baile y otros aspectos de las artes, además de dotado para ello. Así pues, lo que revela en su vida diaria es un especial agrado por cantar y bailar. Con independencia de si su personalidad es alegre o tímida, de si le encanta hablar o no, en cualquier caso, en sus huesos hay algo profundo que no se puede eliminar; le gusta cantar, le gusta bailar y le gusta actuar. Algunas personas, aunque se vuelven extremadamente enérgicas y tienen una sensación de liberación en su alma cuando están cantando, son todavía muy tímidas cuando les hablas y no se les da bien expresarse ni interactuar con la gente. Al relacionarse con otros, están especialmente rígidas y tensas; incluso se ponen nerviosas y les entra miedo, no saben cómo manejar estas situaciones. Sin embargo, cuando suben al escenario a actuar, les resulta fácil; es como si se convirtieran en alguien diferente. Los no creyentes dicen que es la “deidad patrona” de su profesión la que les concede esta habilidad para ganarse la vida; ¿es esto correcto? En realidad, se trata de la ordenación de Dios. Las fortalezas, intereses y aficiones que una persona posee de forma innata están relacionados con la preordinación de Dios. Sean cuales sean las fortalezas y aficiones que tenga alguien, todas están preordinadas por Dios. Si Dios te da un interés y una afición, te gustan y los valoras en el fondo de tu corazón, sientes una especial pasión por ello. Cuando te dedicas a este trabajo o haces algo relacionado con él, te sientes especialmente tranquilo y calmado en tu interior; además, te interesa especialmente. Por tanto, si tienes alguna clase de fortaleza, cuando el trabajo de la casa de Dios la necesite, deberías realizar el deber correspondiente. Para ti, esta es la mejor oportunidad de hacer valer tu fortaleza. De igual manera, dado que Dios te dio esta fortaleza, no es tu posesión privada; no puedes hacer a tu antojo un mal uso de ella. Cuando la necesite el trabajo de la casa de Dios, deberías recurrir a ella y ofrecérsela a Dios, usándola en tu deber. Esta es una condición favorable para que alcances la salvación y es también una condición superior que Dios te ha dado: deberías recurrir a ella y aplicarla bien, sin guardarte nada. De esa manera, por un lado, puedes hacer valer tu fortaleza; por otro, también puedes cumplir con tu deber para corresponder a Dios Su amor. ¿No es estupendo? (Sí).

Dios ha otorgado a las personas cierta clase de fortalezas y una de ellas son las artes; tanto en la antigüedad como en los tiempos modernos, las artes nunca se han tomado en serio y siempre se han catalogado como algo propio de la clase baja. En particular, en algunos entornos sociales relativamente tradicionales y feudales, toda la gente ve las artes desde una perspectiva sesgada y estas siempre son objeto de discriminación por parte de algunos. Entre la gente, las artes se califican de esta manera y tienen este tipo de rango, estatus o definición debido a las nociones de la gente, sus ideas feudales o esos pensamientos y puntos de vista distorsionados y falaces que Satanás les inculca a las personas. Existe otro factor: se ha fomentado un mal clima en esta industria debido a la influencia de la sociedad malvada y las tendencias malignas, por lo que la evaluación que hace la gente del sector artístico es pobre. Algunas personas que participan en esta industria han usado sus intereses y fortalezas en las artes para hacer muchas cosas negativas y perversas, lo que ha empañado las artes y ha distorsionado su naturaleza. El resultado es que la gente ha desarrollado muchas opiniones negativas sobre el mundo de las artes y considera figuras negativas a quienes trabajan en ese mundo o tienen intereses y aficiones en este ámbito. Sin embargo, más allá de cómo contemplen esta sociedad y la especie humana esta clase de fortaleza, en pocas palabras, si cualquier persona —ya sea un miembro de la casa de Dios o una persona que está fuera de ella— tiene una fortaleza o algún interés y alguna afición en este ámbito, es innegable que esta fortaleza y esta afición son condiciones innatas. Precisamente al ser condiciones innatas, no son negativas ni perversas. Se ha calificado a las artes y a quienes se dedican a ellas como perversos y negativos debido exclusivamente a la dirección de ciertos pensamientos y teorías erróneos en épocas concretas. Esto es algo que ha ocurrido a menudo a lo largo de la historia. Es lo mismo que los granos de soja, que se pueden convertir en el tofu aromático que la gente come con agrado, pero también pueden fermentar con microorganismos como el moho y convertirse en tofu apestoso. No puedes decir que la soja sea mala solo porque no te guste comer tofu apestoso. ¿Es correcto este razonamiento lógico? (No). Es obviamente incorrecto; está distorsionado. Por tanto, aunque haya algunas cosas asquerosas y feas en los grupos artísticos de la sociedad, no puedes decir que las artes en sí mismas sean asquerosas, feas y negativas; menos aún puedes decir que aquellas personas a las que les gustan las artes y tienen habilidad para ellas sean todas figuras negativas perversas y feas. Este es un razonamiento defectuoso; no es una comprensión correcta. Si dices que las artes en las que son hábiles también son perversas solo porque algunas de esas personas lo sean, estás cometiendo un grave error. Las diversas fortalezas que Dios concede a las personas tienen como fin servir al mundo humano. Sería demasiado aburrido si la humanidad no tuviera vida cultural. No está mal que Dios disponga que las personas tengan una vida cultural. Todas estas cosas perversas son causadas por los diablos y Satanás que explotan las oportunidades para crear perturbaciones. Aunque en comparación con la especie humana perfecta —la que acabará por ser hecha completa—, esta especie humana que creó Dios ahora no es perfecta y tiene defectos, esto no significa que la especie humana que Dios creó sea perversa ni negativa; son dos conceptos diferentes. ¿Entiendes? (Sí). Con independencia de cómo esta era y este mundo malvados posicionen las artes, los intereses, las aficiones y las aptitudes para cantar y bailar; en cualquier caso resulta innegable que son necesidades de la humanidad e intereses y aficiones que poseen algunas personas especiales. Al ser intereses y aficiones, son innatos en las personas y algo con lo que estas nacen, lo que significa que vienen de Dios y Él los concede. Antes incluso de que nazcan las personas, Dios ya ha predestinado la profesión que desempeñará cada una de ellas: A algunas personas se las ubica en el comercio para hacer negocios; a otras, en fábricas para trabajar como obreras; a algunas se las ubica en la agricultura para hacer trabajo en el campo, a algunas se las ubica en la educación para ser profesoras y a algunas en las artes para ser intérpretes. Dios ya ha colocado diversas clases de fortalezas en las distintas personas antes de que nazcan. Es decir, en su vida carnal, los intereses, aficiones y fortalezas de cada persona son diferentes. Antes de que nacieras, Dios ya había añadido algunas cosas especiales y diferentes en ti. Si no tienes intereses y aficiones ni fortalezas, no debes quejarte de que Dios no las haya añadido en ti. Aun así puedes vivir y realizar tu deber sin ellos. Comparado con los demás, no te falta nada, ya que se te da la misma oportunidad que a los demás de realizar un deber. Tus actitudes corruptas son las mismas que las de los demás, lo único que sucede es que las condiciones innatas de las personas son diferentes: cada persona tiene sus propias fortalezas y debilidades. Entonces, ¿cuál es el punto clave? Las diferencias en la humanidad. Que una persona posea algunos intereses, aficiones y fortalezas especiales en sus condiciones innatas no la convierte en un talento especial; que una persona no tenga ningún interés, afición o fortaleza en sus condiciones innatas tampoco la convierte en una persona mediocre. Todo el mundo es más o menos igual. Es solo que Dios te exige lo que te da y debes usarlo en tu deber; lo que no te da, no te lo exige de más. Aunque puede que Dios no te haya otorgado intereses y aficiones ni fortalezas, las diversas cosas o condiciones que posees dentro de tu humanidad siguen siendo suficientes para que asumas un punto del trabajo o un deber. Si eres incapaz de asumirlo, entonces es posible que seas alguien ajeno a las filas de quienes realizan un deber; ese sería otro asunto totalmente diferente.

Vamos a terminar nuestra discusión sobre el tema del amor por las artes. Ahora deberíais tener clara la calificación de este tipo de fortaleza. No penséis que los que aman las artes son raros o perversos. Si pensáis así, entonces vuestra comprensión está muy distorsionada. Deberías tratar a tales personas de forma correcta, interactuar con ellas correctamente y animarlas a aplicar a sus deberes las técnicas profesionales que dominan y entienden. Si eres líder u obrero, debes aprender a usar el enfoque correcto para ayudar, guiar y dirigir a esas personas para que pongan en juego sus fortalezas, de modo que puedan tomar el camino correcto y asumir un deber relacionado con sus intereses y aficiones, con lo que se convierten en seres creados que son acordes al estándar, así como estar a la altura de los diversos intereses, aficiones y fortalezas que les ha concedido Dios. Si son incapaces de asumir un deber relacionado con sus intereses y aficiones, también está bien que hagan otro deber. Sin embargo, tampoco se les debería restringir el tener sus propios intereses y aficiones, porque esto es parte de la naturaleza humana.

A propósito de eso, me viene algo a la mente: justo ahora, algunos cantantes nuevos han grabado canciones en la casa de Dios. Estos cantantes nuevos, tras adquirir conocimientos profesionales y practicar el canto con esmero, finalmente han logrado grabar canciones completas, pasando de trabajar entre bastidores a actuar en el escenario principal. Aunque su canto no está a la altura de un estándar profesional y no alcance aún el nivel de los cantantes profesionales y haya margen de mejora —algunos cantan sin la madurez adecuada, las voces de algunos cantantes no son muy melodiosas y sus actuaciones no muy agradables a la vista—, su actitud al hacer su deber merece ser alentada. Pasar de ser un aficionado a aparecer en pantalla como un cantante novato, sin experiencia, es algo digno de aliento. Por tanto, ¿qué quiero deciros respecto a este asunto? Que cuando los vídeos de himnos grabados por estos nuevos cantantes se publiquen en internet, deberíais darles algo de aliento. También podéis ofrecerles algunas buenas sugerencias de las que puedan beneficiarse, pero no seáis quisquillosos, no los menospreciéis de manera desdeñosa ni seáis demasiado críticos. Esta actitud no es buena; cuanto menos no contiene amor ni tolerancia y no es la actitud que uno debería tener hacia sus hermanos y hermanas. ¿Cuál es la manera apropiada de tratarlos entonces? Deberíais alentarlos y animarlos un poco y luego ofrecer algunas sugerencias apropiadas; solo esto es beneficioso para ellos. Al menos, tienen el valor de subirse al escenario y cantar himnos para alabar a Dios, lo cual es beneficioso para el pueblo escogido de Dios. Por tanto, todo el mundo debería ayudarlos a hacer bien su deber y nadie debe hacer en ningún caso comentarios irresponsables ni tenerles celos. Deberíamos estar felices y contentos de que la casa de Dios tenga a más personas con talento para cantar; esto es algo bueno. Todos aquellos que tienen fortalezas en este campo deberían tener permitido darles uso; a todos se les debería dar la oportunidad. Ellos mismos no tienen mucha confianza y ni siquiera tienen un medio para desarrollar los pocos intereses y aficiones que poseen. Si tienen la voluntad de hacer bien este deber y han grabado vídeos de himnos, cuando los veas, deberías escucharlos al menos dos o tres veces, con atención y detenimiento, así como darles algo de ánimo. No los socaves a sus espaldas. Deberías decirles a los hermanos y hermanas que escuchen más a menudo las canciones que estos cantan y que les den más “me gusta”. Algunos cantan bastante bien, con auténtica emoción, vocalizan cada verso con mucha claridad; su atuendo y postura son dignos y adecuados, dan una buena impresión a los demás. Sin embargo, otros podrían tener algunas carencias en cuanto a su voz y madurez técnica. Si sabes un poco sobre música y puedes detectar deficiencias, no te burles de ellos; trátalos adecuadamente y anímalos y apóyalos aún. Esta es la actitud que deberías tener como miembro de la familia, como un hermano o hermana. No imites a las malas personas haciendo cosas que infravaloran a otros o los ningunean. Si tú mismo no puedes subirte al escenario, pero te pones celoso cuando cualquier otro lo hace, lo socavas y haces comentarios mezquinos a sus espaldas, eso es falta de humanidad. Comportarse de esta manera no es bueno; es despreciable. Aunque detectes sus fallos, deberías seguir alentándolos. Deberías hacer esto porque son hermanos y hermanas —no son profesionales ni han tenido formación profesional— y que sean capaces de cantar como lo hacen ahora es puramente resultado de su propia exploración, práctica y trabajo duro. Por tanto, ¿por qué no alentarlos? Si aprendes a ser alentador y tolerante y puedes tratarlos correctamente con amor y tolerancia incluso cuando notas algunos defectos en su canto, entonces esto muestra que tienes humanidad. Algunas personas siempre comparan a los cantantes en la casa de Dios con los profesionales del mundo no creyente y, por tanto, menosprecian a los cantantes en la casa de Dios y son quisquillosos con esto y aquello. Esto es falta de humanidad. Si siempre detectas los defectos de los demás y piensas que eres mejor y superior a ellos, ¿por qué no puedes cantar una canción que conmueva a las personas? No seas quisquilloso con los demás. Los cantantes en la iglesia no salen del ámbito profesional, pero hay algo especial respecto a ellos: al hacer este trabajo, no se están dedicando a una carrera profesional; están haciendo su deber. Su deber es usar sus voces para cantar las palabras de Dios y dar testimonio de ellas y propagarlas. Por tanto, deberías alentarlos. ¿Acaso no es bueno hacer esto? (Sí). Esto es tener humanidad. No seas quisquilloso cuando escuches cantar a un nuevo cantante, diciendo: “La voz de esta persona no es buena. No está pulida. El ritmo no está al compás y desafina, ¡no voy a escucharla! ¡Nadie debería hacerlo ni darle un ‘me gusta’!”. ¿Por qué eres tan meticuloso en este asunto? Cantar un poco fuera de tono, sin madurez o de manera no profesional, ¿va en contra de los principios-verdad? No. Está haciendo su deber, así que deberías valorar su canto a partir de los principios de hacer un deber, no basándote en tus propios gustos y perspectivas. Dicho sin rodeos, ¿tú qué sabes? Si sabes tanto sobre cantar, ¿por qué no has cantado ni una sola canción con un estándar ejemplar? Como no lo has hecho, no tienes derecho a criticar a otros. Por supuesto, aunque puedas cantar con un estándar ejemplar, no deberías criticar a los demás. Realizar este trabajo no es en sí mismo dedicarse a la industria artística ni trabajar en las artes; es hacer un deber y propagar las palabras de Dios, lo cual es de una naturaleza diferente. Con independencia de si canta bien o no, está poniendo el corazón en lo que hace; está haciendo su deber. En cuanto a su nivel profesional, ese es otro asunto. Un estándar profesional solo se puede lograr poco a poco por medio del aprendizaje y la práctica a largo plazo. Los nuevos cantantes en la casa de Dios tienen actualmente el nivel que tienen. La gente debería tratarlos correctamente; todo el mundo debería darles aliento y apoyo. No seas quisquilloso y no te pavonees. Si te pavoneas, las personas te encontrarán repulsivo. Si no te pavoneas y en su lugar escuchas unas cuantas veces más, la gente pensará que eres bastante buena persona, alguien que tiene un corazón temeroso de Dios, cuyo corazón está con la casa de Dios y que tiene tolerancia; esto es entonces un punto fuerte, un mérito de tu humanidad. Si haces esto, le agradarás a la gente y también a Dios. Si te pavoneas y buscas siempre defectos para demostrar que eres brillante y experto, estarás socavando y perturbando la obra de la casa de Dios. Si socavas la obra, ¿puedes agradarle a Dios? (No). No serás del agrado de Dios ni tampoco de los hermanos y hermanas. ¿En qué te han ofendido los cantantes? ¿Por qué tienes que pavonearte y socavarlos de esta manera? ¿Acaso estás socavando a una sola persona? No, estás socavando la obra de la casa de Dios, estás socavando a Dios. Si haces esto, ¿puedes gustarle a Dios? Aunque detectes defectos en las canciones que cantan, no deberías juzgarlos, porque alcanzar un nivel profesional en cualquier trabajo especializado no es algo que se consiga de la noche a la mañana. No es fácil: requiere perfeccionamiento, práctica y la guía de profesionales; además, cada uno tiene aptitudes distintas. Ni siquiera Dios les hace requerimientos según un estándar profesional, entonces, ¿qué cualificación tienes tú para requerir eso de ellos? Exigir siempre que los demás alcancen cierto nivel no es racional; eso es arrogancia y es alardear. Cuando otros destacan, te sientes mal por dentro y no paras de sentir celos; siempre quieres soltar algunas palabras sarcásticas e hirientes para satisfacer tu vanidad. ¡Qué vulgar es hacer eso! Es despreciable y vil, una persona así carece de conciencia y de razón. Deberías hacer cosas que sean beneficiosas para los demás, que sean dignas de su admiración y que Dios también las recuerde. No hagas cosas que socaven a otros. ¿Recordarás esto? (Sí). Si no puedes lograr ser tolerante, solidario y alentador ni puedes proteger y salvaguardar el trabajo de la iglesia, si te falta esta humanidad, entonces, al menos no hagas ni digas cosas que socaven a los demás. Es lo mínimo imprescindible que se debe hacer; este es el límite.