Cómo perseguir la verdad (12) Parte 2
Muchas personas tienen intereses y aficiones en un ámbito determinado. También hay algunas que no tienen ningún interés ni afición en absoluto. Es decir, no tienen interés ni pasión particulares en lo que respecta a ninguna de las ocupaciones o tipos de actividades especializadas, ni a las diversas personas, acontecimientos y cosas con las que la gente entra en contacto con frecuencia en el mundo; son simplemente personas corrientes. Por ejemplo, si alguien les pregunta si les apasiona la literatura, si suelen llevar un diario o escribir artículos, dicen: “No me apasiona ni soy diestro en ello. En cuanto me pongo a leer o a escribir, me da dolor de cabeza”. Si se les dan algunas obras maestras de la literatura para que las lean, les resulta abrumador y en su corazón no están en absoluto dispuestos a ello. Algunas incluso dicen: “Mirar un texto todo el tiempo me cansa la vista y me envejece, así que no me gusta la literatura”. Si les preguntas si les gusta bailar, dicen: “Bailar no es un asunto apropiado, es algo que hace la gente cuando se encuentra ociosa y no tiene nada mejor que hacer. No me gusta bailar”. Como ves, no les gusta e incluso encuentran una razón para ello, diciendo que no es un asunto apropiado. Otros bailan para alabar a Dios, ¡qué cosa tan positiva! Cantar, bailar, tocar el arpa y la lira para alabar a Dios, esto se ha hecho desde la antigüedad; es algo que Dios aprueba, así que, ¿cómo puede no ser un asunto apropiado? Pero en su caso, menosprecian y hablan de todo lo que no les gusta como si fuera algo negativo. Cuando se les pregunta: “No te gusta bailar, ¿entonces te gusta cantar?”, responden: “¿Qué me va a gustar cantar? En cuanto empiezo a cantar, desentono. Incluso a mí me resulta insoportable oírlo. No me gusta cantar. Solo ahora, como creyente en Dios, he empezado a aprender algunos himnos de las palabras de Dios e himnos vivenciales. Antes de creer en Dios, nunca cantaba; cuando otros cantaban, ni siquiera estaba dispuesto a escuchar”. “Entonces, ¿cómo te expresas cuando estás de buen humor?”. “Cuando estoy de buen humor, simplemente me echo una siesta”. “Y, ¿qué haces cuando te enfrentas a asuntos dolorosos y estás de mal humor?”. “Entonces como algunos aperitivos o simplemente me echo una siesta”. “No te gusta cantar, ¿entonces te gusta escuchar música?”. “No tengo ese interés y no entiendo lo que se expresa en la música. Todos vosotros decís que la música expresa las diversas emociones de las personas, que expresa sus pensamientos y sentimientos, pero yo no entiendo esas cosas ni me identifico con ellas. La música es un arte elevado; una persona vulgar como yo no puede identificarse con la música y no me gusta”. “¿Te gusta la buena comida?”. “Tampoco me gusta la buena comida. Puedo comer cualquier cosa. Nací como una persona tosca. Puedo comer harina de maíz, puedo comer pastel, puedo comer comida china u occidental, cualquier cosa. Y si me muero de hambre y no tengo nada que comer, hasta puedo comer comida para perros”. Tales personas son así de toscas. Pregúntales a algunas mujeres: “¿Te gustan los cosméticos?”. Dicen: “No me interesan. Tal como nací, así soy; ¡quien quiera mirarme que me mire y quien no, que mire para otro lado!”. Pregúntales a algunos hombres: “¿Te gustan la electrónica o las cosas mecánicas como los coches?”. Dicen: “¿De qué sirve que te gusten esas cosas? Agotan la mente y cansan el cerebro. Si tengo tiempo, ¡más vale echar una siesta o charlar un rato!”. No les gusta nada y no tienen ningún interés ni afición en absoluto. Ya sea algo biológico, tecnológico, de gama alta o baja, no les gusta nada de eso. Cuando se les pregunta: “No te gusta ninguna de estas cosas que están relacionadas con la humanidad, ya sean refinadas o de gusto popular. Entonces, ¿te gustan los animalitos, como los gatos, los perros y los pájaros?”, responden: “Menos todavía. Los animales no pueden hablar con la gente, ¿de qué sirve que te gusten?”. A algunas personas les interesan los perros. A menudo hablan con ellos, y los perros pueden incluso entender el habla humana. Algunas personas no tienen ninguna afición en absoluto y no se interesan por nada; hay muchas personas así. Hay quien dice: “Nacemos con algunos intereses y aficiones; nos los da Dios. Especialmente aquellos de nosotros que tienen un punto fuerte en un ámbito determinado, los que nacen con un talento excepcional y sobresaliente en esa área; todo eso es la gracia de Dios, Su enaltecimiento, el favor que nos muestra. Sobre todo hoy en día, asumir un deber relacionado con nuestros intereses, aficiones o puntos fuertes en la casa de Dios hace todavía más que nuestra identidad y valía sean incomparablemente honorables y extraordinarias. Aquellos que no tienen aficiones ni puntos fuertes solo pueden hacer algunos trabajos básicos y tareas que no son exigentes desde el punto de vista técnico, como el deber de acogida, cocinar, limpiar o cultivar verdura, criar cerdos y alimentar a las gallinas. Entonces, desde la perspectiva de los intereses, las aficiones y los puntos fuertes de las personas, ¿acaso no se distingue entre las personas que son de alto y bajo nivel, nobles y vulgares? ¿No existe una diferencia jerárquica entre ellas?”. ¿Es correcto este punto de vista? (No). Como ves, Dios ha dado puntos fuertes a algunas personas, ha dispuesto para ellas que algunas tengan ciertos intereses y aficiones, mientras que para otras no ha dispuesto nada; no tienen ningún punto fuerte en absoluto, no saben cantar ni bailar, no entienden de literatura y son completamente ignorantes de todo tipo de habilidades profesionales. Puede darse la casualidad de que haya una familia de acogida que tenga dos perros, de modo que poner a una persona así, sin puntos fuertes, para que les dé de comer debería ser adecuado; es la tarea más sencilla. Pero, aparte de dar de comer a los perros, ese individuo no los saca a pasear y no sabe cómo cuidarlos. Después de alimentarlos durante uno o dos años, los perros ni siquiera lo reconocen como su amo y no le tienen apego. Dime, ¿qué clase de persona es esta? En comparación con los que tienen intereses y aficiones o puntos fuertes en un ámbito determinado, ¿no hay una diferencia? Claramente, se trata de dos tipos de personas que tienen diferencias en sus condiciones innatas: un tipo vive con un fuerte sentimiento de superioridad y lleva una vida rica y plena, mientras que el otro lleva una vida vacía, sin ningún sentimiento de superioridad. Entonces, si se distingue a las personas por diferencias de estatus y valía basándose en este principio, ¿es eso apropiado? (No). Entonces, ¿según qué principio es apropiado distinguirlas? Decidme, ¿hay diferencias entre las personas? (Sí). ¿Dónde radican las diferencias? ¿Cómo se debe distinguir a las personas? Como mínimo, hay que fijarse en si aman la verdad; distinguir su esencia, su grandeza y bajeza, su nobleza y vulgaridad y su categoría en función de su actitud hacia la verdad. En teoría, ¿no se las puede distinguir de esta manera muy fácilmente? (Sí). ¿Es buena esta forma de distinguir a las personas? (Sí). Pero, ¿no es demasiado simple distinguirlas así? Algunas personas no tienen ningún punto fuerte innato ni tampoco intereses o aficiones; son personas muy mediocres, muy sencillas. Sin embargo, aman la verdad, la entienden, tienen experiencia y entendimiento al respecto y, cuando hablan sobre la verdad, pueden compartir su comprensión de las palabras de Dios; en la entrada en la vida, son mejores que la persona media. Pueden ayudar a mucha gente. Entonces, ¿puedes decir que tales personas son vulgares e insignificantes? (No). En teoría, la esencia de las personas, su grandeza y bajeza, su nobleza y vulgaridad y su categoría deberían distinguirse en función de su actitud hacia la verdad, pero ¿cómo exactamente deberían distinguirse? De eso es de lo que vamos a hablar hoy.
Las tres categorías de personas según su origen
El hecho de que una persona tenga de manera inherente algún interés, afición o punto fuerte está preordinado por Dios. Si Dios te los da, los tienes; si no, no los tienes. No puedes aprenderlos ni obtenerlos por imitación. Sin embargo, si posees un punto fuerte en un ámbito determinado y dices: “Realizar el deber relacionado con este punto fuerte es demasiado agotador; no quiero este punto fuerte”, aunque no lo quieras, no puedes quitártelo ni otros pueden arrebatártelo. Lo que tienes, otros no pueden quitártelo; lo que no tienes, no puedes tomarlo ni obtenerlo compitiendo por ello. Todo esto está relacionado con la preordinación de Dios. No obstante, dicho esto, el hecho de que Dios te dé un determinado interés, afición o punto fuerte no significa que Él deba hacer que realices algún deber o trabajo relacionado con tu interés, afición o punto fuerte. Hay quien dice: “Ya que no se me pide que realice un deber en este ámbito ni que me dedique a un trabajo relacionado con esto, entonces, ¿por qué se me dio tal interés, afición o punto fuerte?”. Dios ha dado a la gran mayoría de las personas ciertos intereses y aficiones basándose en las diversas condiciones de cada una. Por supuesto, se toman en consideración varias cosas: por un lado, son para el sustento y la supervivencia de las personas; por otro, son para enriquecer sus vidas. A veces, la vida de una persona requiere ciertos intereses y aficiones, ya sea para el entretenimiento y la diversión o para que pueda dedicarse a algunas tareas apropiadas, de modo que su vida humana sea plena. Por supuesto, no importa desde qué aspecto se mire, hay una razón detrás de lo que Dios da, y Él también tiene Sus razones y fundamentos para no dar. Puede que tu vida humana o tu supervivencia no requieran que Dios te dé intereses, aficiones y puntos fuertes, y que puedas mantener tu sustento o enriquecer y hacer plena tu vida humana por otros medios. En resumen, independientemente de si Dios ha dado o no a las personas intereses, aficiones y puntos fuertes, esto no es un problema de las personas en sí mismas. Incluso si alguien no tiene puntos fuertes, esto no es un defecto de su humanidad. La gente debería comprender esto correctamente y tratarlo correctamente. Si uno posee ciertos intereses, aficiones y puntos fuertes, debería apreciarlos y aplicarlos correctamente; si no los tiene, no debería quejarse. Desde la perspectiva de los intereses, las aficiones y los puntos fuertes, esta es la situación real. Sin embargo, el hecho de que uno tenga estas cosas no refleja la valía, el estatus o la identidad de una persona. Entonces, ¿qué le dice esto a la gente? Incluso si Dios te ha dado intereses, aficiones y puntos fuertes refinados —estos son tus posesiones privadas, son tus condiciones ventajosas—, el hecho de que los tengas no significa que seas más noble que nadie, que tengas más ventajas o privilegios que nadie para hacer cualquier cosa. Esto se debe a que, a los ojos de Dios, independientemente de las condiciones innatas que tenga alguien, esa persona es un miembro de la humanidad corrupta. Aunque las condiciones innatas no contengan elementos de corrupción, todas las personas, quienes poseen condiciones innatas, han sido corrompidas por Satanás y viven según su carácter satánico. Su esencia-vida es su carácter satánico corrupto. Por tanto, independientemente de cuáles sean tus condiciones innatas y de si tienes o no intereses, aficiones y puntos fuertes, a los ojos de Dios, dado que la esencia-vida de todas las personas es la misma, tu valía es igual a la de los demás. La gente debería ver con claridad que, aunque tengan ciertas condiciones ventajosas o ciertas ventajas, en términos de esencia humana y de carácter corrupto, la esencia de todas las personas es la misma y todas las personas son iguales. Deben someterse al castigo y al juicio de Dios, y todas son aquellas a quienes Dios desea salvar. En lo que se refiere a la esencia-vida de la carne de las personas, estas son iguales. Sin embargo, desde otra perspectiva, existen algunas distinciones entre las personas, y necesitamos hablar en detalle sobre estas distinciones. ¿Cómo deben identificarse estas distinciones? Deben examinarse a partir del origen de las personas. ¿A qué se refiere “el origen”? Se refiere a aquello de lo que una persona se ha reencarnado; las distinciones se hacen en función de cómo surgió y de dónde provino esa persona. En términos generales, esta humanidad se divide en tres categorías. La primera categoría son los reencarnados de animales, la segunda son los reencarnados de diversos diablos y la tercera son los reencarnados de seres humanos. Estas tres categorías distinguen a las personas desde la raíz. La razón por la que pueden distinguir a las personas es que el origen de las diferentes categorías de personas no es el mismo. Entonces, ¿cómo se puede saber quién se ha reencarnado de animales, quién de diablos y quién de seres humanos? Esto debe determinarse en función de lo que viven y de las características que muestran. ¿Habéis oído alguna vez tal información, ya sea en la tradición popular o a través de otros canales? (Sí). Entonces, este tema no es del todo desconocido para vosotros, ¿verdad? (No, no lo es). Los reencarnados de animales, los reencarnados de diablos, los reencarnados de seres humanos… ¿de cuál queréis oír hablar primero? (De la primera categoría). La primera categoría son los reencarnados de animales. Si de verdad llegáis a conocer la verdad sobre este asunto, ¿tendrá un impacto en vuestras vidas? ¿Generará problemas u obstáculos? (Podría empezar a preguntarme de qué me he reencarnado). En el caso de algunas personas, una vez que saben de verdad a qué categoría pertenecen y encajan con una en particular, si de hecho son reencarnadas de seres humanos, se sienten afortunadas y bastante bien al respecto. Pero si no son reencarnadas de seres humanos, ¿no les resultaría eso perturbador? (Sí). Provocaría ciertas dificultades y también algo de inquietud, ¿no? (Sí). Dado que puede provocar inquietud y algunas dificultades, ¿es mejor que la gente lo sepa o que no lo sepa? (Me parece que sería mejor saberlo). ¿En qué sentido sería mejor? (Al saberlo, uno puede entender la verdad a este respecto y, además, será capaz de discernir a algunas de las personas, acontecimientos y cosas a su alrededor). Entonces, hablemos de esto.
Las características de las personas reencarnadas de animales
Primero, vamos a compartir una enseñanza sobre aquellos que se han reencarnado de animales. La reencarnación de animales, como su nombre indica, significa que tal persona se reencarnó de un animal. El ámbito de los animales es bastante amplio; en lo que respecta a cuántos tipos de animales exactamente pueden reencarnarse en humanos, eso no se encuadra en el ámbito de nuestra enseñanza. En resumen, existe una categoría de personas cuya existencia pasada fue la de un animal, lo que significa que la identidad original o categoría de creación de tal persona no se encontraba entre la de la especie humana creada. Su categoría biológica inicial y primigenia era la de un animal. Así que, a ojos de Dios, su identidad en el reino biológico es la de un animal. En esta reencarnación, se ha convertido en humano, lo que significa que este animal ya no renace entre los animales, sino que se ha reencarnado en un ser humano, nacido en un momento determinado, en una familia, un linaje y un país concretos. Que un animal se reencarne en un ser humano significa que nace como humano, pero su existencia previa no fue la de un ser humano, sino la de un animal. Antes existía en el reino animal y renacía entre los animales; ahora, en este renacimiento, ya no está en el reino animal. Su identidad ha cambiado y se ha convertido en miembro de la especie humana. A esto se le llama la reencarnación de animales en seres humanos. Cuando un animal se reencarna en un ser humano, su apariencia y sus instintos son esencialmente los mismos que los de cualquier persona de la especie humana. Es decir, posee plenamente las características de un ser humano: puede caminar erguido, tiene rasgos faciales y apariencia humanos, posee pensamiento humano, instintos humanos y una vida humana normal, y también tiene la capacidad lingüística única del ser humano. Esto es lo que se conoce como un animal que se reencarna en un ser humano. Es decir, a partir de su forma física, su apariencia externa y las características de su vida física, solo puedes ver rasgos humanos; no se aprecian rasgos animales. Entonces, ¿cómo puedes saber que se han reencarnado de un animal? Esto es lo que más preocupa a la gente. Por supuesto, es posible darse cuenta de que se han reencarnado de un animal. Si no hubiera diferencias entre los que se han reencarnado de animales y los que se han reencarnado de seres humanos, entonces esta categoría de personas no tendría ninguna característica evidente. Precisamente porque existen diferencias evidentes entre los que se han reencarnado de animales y los que lo han hecho de auténticos seres humanos, estas dos categorías de personas pueden distinguirse fácilmente en función de sus características. Entonces, ¿cuáles son las características de las personas reencarnadas de animales? La primera característica es que tienen una comprensión distorsionada. La segunda es que son especialmente insensibles. La tercera es que son especialmente atolondradas. La cuarta es que son necias. Estas cuatro características por sí solas bastan para hacer evidente la diferencia entre una persona reencarnada de un animal y una reencarnada de un auténtico ser humano.
I. La primera característica: la comprensión distorsionada
La primera característica de las personas reencarnadas de animales es que tienen una comprensión distorsionada. En primer lugar, ¿qué implica la distorsión? Implica problemas con sus pensamientos y puntos de vista; también está relacionada con sus capacidades cognitivas para contemplar, comprender y asimilar las cosas. Esta categoría de personas no puede comprender nada correctamente ni puede contemplar nada de forma adecuada. Su manera de contemplar a las personas y las cosas, así como su conducta y sus acciones, son especialmente absurdas, obstinadas y ridículas, completamente incompatibles con el pensamiento de la humanidad normal y con los pensamientos y puntos de vista de la humanidad normal sobre las cosas. Por supuesto, las personas con una comprensión distorsionada no están ni cerca de entender o llegar a conocer la verdad. La verdad está totalmente fuera de su alcance, y mucho menos entienden los principios-verdad. Sus puntos de vista están completamente distorsionados en lo que respecta a cómo tratan cualquier cosa o individuo. Después de que hayas compartido con ellas, entienden lo expresado en términos de doctrina, pero su comprensión sigue siendo igual de distorsionada después. Cuando luego les explicas las cosas de manera más clara y específica, poniendo ejemplos, puede que en ese momento lo entiendan, pero más tarde, cuando se encuentran con el mismo tipo de situación, su punto de vista sigue siendo igual de distorsionado y, sea cual sea el modo en que se comparta con ellas, eso no corrige su punto de vista. Además, este estado suyo —esta manera de comprender las cosas— persistirá indefinidamente sin cambios. A estas personas nadie las puede cambiar por mucho que comparta la verdad con ellas; aunque Yo comparta y dé sermones, aun así no puedo cambiar sus pensamientos y puntos de vista distorsionados ni su manera distorsionada de comprender las cosas. Tales personas son muy problemáticas. Por ejemplo, cuando hacen algo mal y les dices: “Lo que hiciste fue incorrecto, no es conforme a los principios; había adulteración personal en ello”, dirán: “No lo hice a propósito. No pretendía que saliera así. Ya que todos vosotros sois tan buenos, tenéis la verdad y sabéis cómo hacer las cosas, ¿por qué no lo hacéis vosotros en lugar de encargármelo a mí? Decís que lo hice mal, ¿no es simplemente porque no os caigo bien? Ya que todos vosotros tenéis humanidad y yo soy el único que no la tiene, ¡pues yo me iré al infierno y vosotros podéis iros todos al cielo!”. Puede que incluso intenten defenderse y justificarse con razonamientos y busquen excusas para eludir su responsabilidad. Se niegan a reconocer que han obrado mal, no tienen la actitud correcta y no se comprometen a corregirse en el futuro ni dicen que entienden cómo deberían actuar la próxima vez. Nunca lo comprenderán de este modo y nunca entenderán el asunto de una manera pura desde la perspectiva de la humanidad. Hay incluso algunas personas que, cuando les señalas problemas en su trabajo y compartes la verdad con ellas, dicen: “¿No estás simplemente menospreciándome? ¿No es solo porque no tengo estudios y soy de campo? ¿No es solo porque mi estatus es bajo? Ni siquiera Dios me desdeña, así que, ¿qué derecho tienes tú a hacerlo?”. Nunca admitirán que han obrado mal ni luego buscarán la verdad, reflexionarán sobre sí mismas para ver en qué se equivocaron y buscarán la senda correcta de práctica para resolverlo. ¿Por qué no harán esto nunca? Porque no son humanos. No tienen el pensamiento humano normal y no pueden abordar los errores que surgen de la manera en que lo haría un ser humano normal. No tienen la actitud que un ser humano normal debería tener hacia los errores. ¿Os habéis encontrado alguna vez con tales personas? Sería mejor que también reflexionaras sobre ti mismo, para ver si tu razón es normal o no. Por ejemplo, después de que alguien haya fregado el suelo, la superficie todavía está bastante húmeda. Otra persona, sin darse cuenta, pasa por allí y resbala. Esa persona se levanta y le dice a la otra: “No has secado bien el suelo después de fregar. ¡Deberías haber puesto un cartel para avisar a la gente! Menos mal que soy joven y, si me caigo, me puedo levantar. Pero si hubiera sido una persona mayor, ¿no se habría roto un hueso? ¡De verdad que no has sido lo bastante considerado!”. ¿Son estas palabras apropiadas y normales? (Sí, son normales). La persona que fregaba no fue lo bastante considerada al hacer esa tarea, así que la próxima vez debería serlo más. Como alguien se ha caído debido a ello, está claro que ha cometido un error en este asunto. Ha sido un descuido y nadie lo ha condenado; solo tiene que corregirlo. Pero es incapaz de considerar o abordar este asunto de manera correcta y racional, desde la perspectiva o con el pensamiento de un ser humano. En lugar de eso, contraargumenta y dice: “¿No veías que el suelo estaba mojado? ¿Estás ciego? Te has resbalado y te has caído, ¡bien merecido lo tienes! ¿No usas tus propios ojos y la culpa es mía? Cuando se acaba de fregar el suelo, claro que está mojado. ¿Por qué has pasado por ahí? No es como si yo te hubiera dicho que pasaras. Reconoce que has tenido mala suerte al caerte y ya está. ¡No tiene nada que ver conmigo!”. ¿Son racionales estas palabras? (No). No son racionales. ¿Cómo se dice esto en lenguaje coloquial? Que son irrazonables. Has fregado el suelo, pero no lo has secado, lo que ha provocado que alguien resbale; aunque no es absolutamente necesario que expreses culpa y te disculpes, al menos deberías aceptar los recordatorios y las indicaciones de los demás sobre tu error. Deberías preguntar: “¿Te has hecho daño? ¿Necesitas ir al hospital para una revisión o un tratamiento? Asumo toda la responsabilidad”. Esta es la actitud correcta. Así es como una persona debería tratar y reflexionar racionalmente sobre algo que ha hecho mal, desde la perspectiva de la humanidad. Sin embargo, las personas reencarnadas de animales no tienen humanidad y su comprensión es distorsionada. Nunca hablan de esta manera ni consideran ningún asunto así. En lugar de eso, son deliberadamente irrazonables. No secaron el suelo después de fregar, lo que provocó que alguien resbalara; entonces, la próxima vez solo tienen que hacerlo de otra manera, prestar más atención y corregir el error; sin más. El asunto quedaría resuelto. Es una cuestión muy simple: nadie ha dicho nada al respecto y nadie las ha condenado por ello. Tampoco se les ha exigido que asuman ninguna responsabilidad legal. Pero se niegan a aceptar los hechos y en su lugar dicen: “¡Ah, así que vosotros sois todos buenas personas, vosotros sois los únicos con humanidad! ¡Yo debo de ser una persona malvada! ¡Hago daño a los demás deliberadamente! ¡Tengo malas intenciones! ¡Vosotros iréis todos al cielo y yo me iré al infierno!”. Dime, ¿podría una persona normal pronunciar semejantes sandeces? (No). Solo el tipo de personas reencarnadas de animales comprenden todo y contemplan todo desde una perspectiva particularmente extrema, obstinada y ridícula. Por el asunto más insignificante —algo completamente legítimo—, pueden soltar toda una sarta de argumentos irrazonables y falaces, que dejan a los demás sin saber si reír o llorar. Si se las poda, ¿cómo se comportan? Hacen todo lo posible por justificarse y defenderse, explican por qué actuaron de esa manera y cuánto sufrieron por ello y contraargumentan con toda clase de razones. Cuando compartes con ellas sobre por qué se las ha podado, cómo deberían rectificar y buscar los principios-verdad después de cometer errores y cuáles son los principios para manejar esa situación, se niegan a asimilar una sola palabra. En lugar de eso, contienen su rabia y su ira y se sienten agraviadas y humilladas. Por detrás, incluso se quejan a otros. Les dicen: “¡Bah! Yo no había considerado esos problemas y no lo hice de esa manera a propósito. Y aun así me condenan y dicen que estaba trastornando y perturbando. ¿Tan malvado soy? ¿Soy una persona malvada?”. En lo que respecta a los principios-verdad, nunca estarán a la altura de ellos y nunca los entenderán; su comprensión es siempre especialmente distorsionada y particularmente ridícula. No importa qué principios-verdad se compartan, cuando les llegan a ellas, se convierten en una sola frase, una sola manera de actuar; se convierten en una formalidad, un ritual, un precepto. No se trata solo de que tengan una comprensión unilateral de los principios-verdad; más bien, su comprensión es especialmente ridícula y absurda. La manera en que este tipo de personas comprenden la verdad parece especialmente torpe e idiota. ¿Hasta qué punto es idiota? Hasta el punto de que la gente ni siquiera siente lástima por ellas, sino que siente un asco rotundo, sin saber si reír o llorar, y se queda completamente sin palabras. Ya se han explicado las cosas hasta tal punto que decir algo más es redundante; cualquier palabra de más solo sería una necedad. No tiene sentido seguir hablando de los principios-verdad con estas personas. No importa de qué se ocupen, incluso si se trata del asunto más insignificante de la vida diaria, lo hacen de esa manera tan anormal, ridícula y distorsionada. Son incapaces de contemplar y manejar los asuntos dentro de los límites de la razón humana. Su perspectiva acerca de todo es así de obstinada y ridícula; las opiniones que podrían expresar sobre cualquier asunto te harían sentir asco durante toda la vida después de oírlas. Si estuvieras comiendo mientras las oyes, podrías vomitar en el acto. Dime, ¿cómo de distorsionadas tienen que estar? Esta es una de las características principales de las personas reencarnadas de animales: son obstinadas y ridículas. Desde la perspectiva de la humanidad, esta obstinación y ridiculez es principalmente una falta del pensamiento normal de la humanidad. Son incapaces de considerar cualquier problema según el pensamiento normal de la humanidad; son extremistas, propensas a las distorsiones y obstinadas. Sin importar cómo compartas sobre la verdad, los hechos objetivos o las situaciones específicas, se aferran con fuerza a su razonamiento y se niegan a soltarlo. Piensan: “La razón está de mi parte y no te he dado nada que puedas usar en mi contra. Voy a aferrarme a este razonamiento y se convertirá en la verdad. ¡Nada de lo que digas servirá en lo más mínimo!”. Esta es una de las características de las personas reencarnadas de animales: su comprensión es distorsionada.