Cómo perseguir la verdad (13) Parte 4

II. La segunda característica: la depravación

La segunda característica de los que son reencarnados de diablos es la “depravación”. Puesto que es una característica, no es una manifestación temporal, sino algo que a menudo se revela a partir de su naturaleza y puede representar por completo sus pensamientos y opiniones, así como su carácter y su esencia. Entonces, ¿cuáles son las manifestaciones concretas de la característica de “depravación” de aquellos que son diablos? ¿Qué es la depravación? ¿Con qué palabra se suele asociar la depravación? (Con la perversidad). ¿Con qué más? (Con la naturaleza depravada). Naturaleza depravada, lujuria perversa. ¿Qué otras manifestaciones son depravadas? Ser retorcido y anormal, ¿verdad? (Sí). Además de ser retorcido y anormal, ¿qué más? (También ser extremadamente calculador e inescrutable, un experto maquinador, y dar la sensación de ser algo insondable). Básicamente, engloba todo eso. Ser retorcido, insidioso, artero, calculador e inescrutable y un experto maquinador; todas estas son manifestaciones y características concretas de la depravación. Entonces, ¿en qué asuntos manifiestan los diablos estas características? En esencia, además de lo que la gente piensa —el retorcimiento, la insidia, la artería, etc., relacionados con el carácter o manifestados en los métodos de comportarse y lidiar con los asuntos—, ¿cuál es otra clase de depravación? Es la lujuria perversa de las personas; esta clase de depravación debería llamarse lascivia. Puesto que se ha usado la palabra “depravación”, no estamos hablando de las necesidades o reacciones fisiológicas normales de la carne, sino de lascivia; a esto también se le llama depravación. El retorcimiento, la insidia, etc., que se acaban de mencionar se relacionan con el carácter; la lascivia es una depravación relacionada con la carne. ¿No es la palabra “lascivia” bastante apropiada? (Sí). He aquí otro término que es aún más apropiado: provocación sexual. Los no creyentes suelen decir que alguien es un lujurioso en secreto, un promiscuo; todos estos términos se refieren al aspecto de la lujuria perversa. Además de la lascivia y la provocación sexual, ¿hay otros? (¿Es la bajeza uno de ellos?). No; la bajeza es diferente de la lascivia. La bajeza se relaciona con la dignidad y la integridad de una persona, mientras que la lascivia y la provocación sexual se relacionan principalmente con cuestiones de la conducta interpersonal de alguien. Lo que acabamos de mencionar son dos aspectos de la depravación: uno relacionado con el carácter, y el otro con la lujuria carnal. Hay otro aspecto, que es que esta clase de personas suelen experimentar alucinaciones auditivas y otras de tipo sensorial; siempre tienen algunas manifestaciones anormales. Por ejemplo, a menudo dicen: “Dios me reveló que hoy a las seis de la mañana debo ir al este; un destinatario potencial del evangelio quiere reunirse conmigo allí”. “Anoche tuve un sueño; tal vez dos hermanos o hermanas vengan hoy a mi casa”. Frecuentemente tienen alucinaciones auditivas y de tipo sensorial, siempre dirigen su vida basándose en fenómenos como sueños inusuales, visiones o destellos repentinos de palabras y, cuando sucede algo fuera de lo común, actúan de manera anormal; son particularmente extremas. A veces se levantan a las tres o cuatro de la madrugada para orar y leer las palabras de Dios; a veces, por la noche, cuando todos los demás descansan, se pasan despiertas media noche, insistiendo en leer las palabras de Dios o aprender himnos. Duermen cuando los demás comen o trabajan, y están activas cuando el resto descansa; siempre son anormales, siempre diferentes de la gente normal. ¿Puede considerarse esto también una manifestación de depravación? (Sí). ¿Existe una palabra adecuada para describir esta anormalidad? Supongamos que alguien parece normal de cara al exterior, pero siempre hace y comprende las cosas de una manera particularmente distorsionada y extrema; sin importar cómo compartas con esa persona, no es capaz de entender. A veces experimenta alucinaciones auditivas y de tipo sensorial; otras veces, aunque no haya una voz o una declaración claras, tiene pensamientos extraños en su interior que le dicen que haga esto o aquello. Pero, haga lo que haga, no tiene nada que ver con la verdad y ni siquiera llega al nivel de atenerse a los preceptos. No se os ocurre una palabra adecuada para describir a este tipo de individuo, ¿verdad? (No). ¿Creéis que la palabra “extraño” es adecuada? Su comportamiento externo parece particularmente extraño y anormal, y siempre se muestra volátil y nervioso. Sin embargo, si lo condenas, no puedes señalar ningún problema importante que tenga y, si lo consideras una buena persona, sigue pareciendo algo excéntrico; eres en cierto modo incapaz de desentrañarlo. Cuando solo lo oyes hablar de vez en cuando, parece que está bien, pero si lo observas en secreto, descubrirás que sus acciones son muy excéntricas, muy anómalas. Esto no es una buena señal; es imposible saber qué podría hacer. Más tarde, se descubre que puede hablar en lenguas durante la oración; por lo general, también habla solo constantemente, como si estuviera charlando con alguien, incluso riéndose mientras lo hace, lo que resulta bastante espeluznante. Esta es también una manifestación de depravación. Por ahora, usemos la palabra “extraño” para describir este aspecto. En resumen, hemos sintetizado las manifestaciones de depravación de aquellos que son diablos. Hay tres aspectos en total: uno es la lujuria perversa de la carne; otro es tener siempre algunas manifestaciones anormales, ser particularmente extraño; y otro aspecto se relaciona con el carácter: ser muy retorcido. Ser retorcido significa que este tipo de persona es traicionera y astuta hasta cierto punto, insondable para la gente corriente. Cuando las personas se relacionan con este tipo de individuos, a menudo sienten preocupación, inquietud y temor; suelen tener miedo a que tales individuos las vendan y encima ellas los ayuden a contar el dinero; temen caer en sus trampas. Este tipo de persona es particularmente insidiosa y artera. Puede que te hable a la cara de una manera muy educada y refinada, pero a tus espaldas ha estado intrigando y luchando contra ti durante mucho tiempo sin que lo supieras. Cuando lo descubres, te entra un sudor frío y piensas: “¡Por fortuna, Dios me protegió! Si no creyera en Dios, me habría hecho daño; ¡incluso podría haber perdido la vida!”. Esta es la perversidad de este tipo de diablo. ¿Por qué digo que tales personas son depravadas? Ciertamente no es fácil discernirlo a partir de su apariencia externa; debes empezar por las cosas que planean hacer y las palabras que revelan cada día; eso es suficiente para que veas con claridad la esencia y la naturaleza depravadas de este tipo de persona.

A. Retorcimiento

¿En qué piensan cada día aquellos que son reencarnados de diablos? Por ejemplo, supongamos que una hermana es ascendida a líder. Entonces, reflexionan: “Esa chica ha sido ascendida a líder a una edad tan temprana. ¿En qué es mejor que yo? Solía menospreciarla, nunca la adulé ni tuve una buena relación con ella. Ahora es líder, mi superiora inmediata, así que debo adularla. Debo ver si necesita ayuda en su vida diaria, en lo material o en lo espiritual. Si no cae en esa trampa, si no puedo ganármela, entonces probaré otros enfoques sutiles: diré algunas palabras bonitas, algunas palabras sumisas, algunas palabras halagadoras delante de ella. Primero debo ver qué enfoque funciona con ella. ¿Cae en la adulación o en las tácticas ruines de las personas malvadas? ¿Le gusta la comida o la diversión? ¿Le gusta la ropa o las joyas? ¿Qué le gusta? Debo indagar sobre ella, acercarme a ella, adularla, establecer una buena relación con ella y tratar de sondearla”. No importa quién se convierta en líder, reflexionan sobre cómo acercarse a ese líder y establecer una buena relación con él. Antes, cuando esta hermana no era líder, se mostraban desafiantes ante cualquier cosa que ella dijera. Por ejemplo, si decía: “A partir de ahora, reunámonos una vez por semana”, después de oírlo, reflexionaban: “Otras iglesias se reúnen dos veces por semana, pero nosotros vamos a reunirnos una. ¿Por qué deberíamos hacer lo que tú dices? ¿Quién te crees que eres?”. Ahora que esta hermana es líder, su reacción cuando ella habla es diferente; ya no pronuncian palabras de refutación como antes, sino que dicen: “¡Lo que dice esa hermana es la verdad!”. De cara al exterior, actúan de manera muy servil, como si fueran alguien que puede obedecer, pero por dentro dicen: “¿Qué sabrás tú? ¡Solo llevas unos días de líder! Yo solía hacer este trabajo, pero ahora tú eres la líder. Bien, la líder tiene la última palabra. Primero estaré de acuerdo contigo, pero cómo actúe a tus espaldas es decisión mía. ¡Simplemente jugaré contigo!”. Algunas personas son elegidas líderes y, cuando se les pregunta: “¿Se llevó a cabo la elección de líderes en vuestra iglesia de acuerdo con los principios?”, reflexionan: “Si se hubiera llevado a cabo de acuerdo con los principios, ¿podría aun así haberme convertido en líder? Pero no puedo decirte la verdad”. Así que dicen: “Se llevó a cabo de acuerdo con los principios. He servido dos mandatos como líder de la iglesia. Al principio, no quería volver a hacerlo; temía que los hermanos y hermanas se opusieran si lo hacía, así que retiré mi candidatura. Pero al final, los hermanos y hermanas aun así me eligieron, así que lo he estado haciendo a regañadientes. En cuanto haya un nuevo candidato a líder, cederé el puesto”. Esto suena bien, pero ¿realmente tienen la intención de hacerlo? No tienen ninguna intención de hacerlo en absoluto. Simplemente están mintiendo y jugando contigo, diciendo solo cosas que suenan bien, que te satisfacen, que pueden engañarte y desorientarte. En lo que respecta a los líderes de nivel superior, reflexionan sobre cómo adularlos y granjearse su favor, y cómo desorientarlos para que estos líderes las valoren y las asciendan. Si no pueden conseguir el ascenso, entonces reflexionan sobre cómo es posible ocultar a los líderes los fallos, las desviaciones y los errores que causaron anteriormente durante el trabajo, así como las transgresiones y las conductas engañosas que llevaron a cabo entre bastidores, para que dichos líderes no se enteren, cómo pueden salir airosos de tales cosas sin asumir ninguna responsabilidad. ¿Son estas manifestaciones que la humanidad debería poseer? ¿Son positivas o negativas? (Negativas). ¿Hasta qué punto son negativas? Hasta el punto de que, incluso antes de que nadie realice seguimiento de su trabajo o lo inspeccione, ya han premeditado estas cosas en su mente, llevan mucho tiempo preparadas mentalmente; su mente está repleta de tales cosas desde hace mucho tiempo. Dime, ¿no es esto retorcido? (Sí). Este tipo de personas hablan astutamente para adaptarse a su público, diciendo cosas diferentes a distintos líderes. Si la líder es mujer, la alaban como si fuera una diosa; si el líder es hombre, lo alaban como si fuera un tipo guapo, un galán. ¿No es esto retorcido? (Sí). Esta es una característica principal de la depravación. Su actitud y sus manifestaciones hacia los líderes son así: muy retorcidas y muy insidiosas. Su mundo interior es extremadamente complejo; contiene multitud de pensamientos, pero ninguno de ellos es positivo. No reflexionan sobre la humanidad, la verdad ni la senda correcta, sino solo sobre cómo adular y granjearse el favor de los líderes, cómo preservar su propio estatus, cómo salirse con la suya, cómo seguir holgazaneando, cómo seguir viviendo a costa de la iglesia, comiendo y bebiendo sin dar nada a cambio y sin que las descubran, sin asumir ninguna responsabilidad. En su mente, solo planean, maquinan y piensan en estos asuntos; recurren a todo tipo de trucos y su conciencia nunca siente ningún reproche o acusación. Cuando llegan a un grupo de personas, las escudriñan con la mirada: “Esas pocas amas de casa carecen de perspicacia; es imposible que tengan ningún discernimiento sobre mí. No entenderían ni jota de los trucos que uso. Incluso si pudieran, no podrían derribarme. Unos pececillos no pueden levantar grandes olas; no serán un problema. No hay necesidad de hacerles caso. En cuanto a los pocos que quedan, uno es líder de la iglesia, otra es una hermana de edad avanzada que lleva muchos años creyendo en Dios, y otra es una hermana joven que, al parecer, estudió psicología en la universidad. Estos pocos suponen una pequeña amenaza para mí. ¿De quién debo ocuparme primero? ¿Con quién debo asociarme y a quién debo ganarme primero? ¿Cómo puedo convertirme en uno de ellos? ¿Cómo puedo ganar prestigio? ¿Quién será mi ayudante y quién mi oponente? ¿De quién debería hacerme amigo, de quién debería alejarme y de quién debería guardarme? Estos asuntos requieren una planificación a largo plazo; debo reflexionar sobre ellos”. Después de observar durante unos días, averiguan con quién deben asociarse y conspirar, a quién pueden atraer, de quién pueden aprovecharse, quién constituye su fuerza opositora, y quién entiende la verdad, defiende los principios y, por lo tanto, deben guardarse de tal persona; averiguan todas estas cosas. Reflexionan en su corazón: “Debo guardarme de aquellos que tienen discernimiento sobre mí. No puedo ofenderlos ni debo acercarme a ellos. Debo mantenerme absolutamente alejado de ellos, no sea que cometa un desliz y me desentrañen. En su presencia, no debo hablar descuidadamente en absoluto, para evitar que encuentren algo que puedan usar en mi contra para dejarme en evidencia y diseccionarme en la iglesia. Si los hermanos y hermanas obtienen discernimiento, me depurarán. ¡Eso no puede ser!”. Cada día, solo piensan en estas cosas. Contra quién luchar y cómo hacerlo para ganar fama y quedar bien, con quién asociarse para poder obtener ventajas sin sufrir pérdidas, cómo remediar las pérdidas que han sufrido en ciertos asuntos; solo reflexionan sobre estas cosas todo el día. Incluso podrían pasarse medio día reflexionando sobre una mirada que alguien les dirige: “Ayer, fulano de tal me miró de forma bastante penetrante. ¿Qué significaba eso? ¿Tiene discernimiento sobre mí? Esto no es una buena señal. ¿Qué problema mío ha visto? Debo tener cuidado estos próximos días y no dejar que se me escape nada. Además, tengo que aprender a interpretar las cosas a partir de la mirada de la gente y no debo ser descuidado. El párpado me ha estado temblando estos dos últimos días; parece que algo malo está a punto de suceder. Debo tener cuidado, espero de verdad que no pase nada malo; podrían depurarme si no tengo cuidado”. Desde fuera, no pueden percibirse problemas en cómo interactúan con la gente. Sus comidas, su sueño y su trabajo parecen normales. Pero lo que hay en su corazón y en su mente no es normal. ¿Cuáles son las manifestaciones de esta anormalidad? Que todas las cosas en las que piensan son muy retorcidas, incomprensibles para los demás.

Los que son reencarnados de diablos viven de una manera muy sombría. Todo lo que hay en sus pensamientos solo puede ser meditado, calculado, planeado y premeditado en rincones oscuros. Tienen el corazón completamente lleno de cosas como la lucha por la fama y el provecho, las maquinaciones, las comparaciones, los celos, la contienda, las represalias, etcétera. Nunca buscan la verdad en lo más mínimo. Independientemente del asunto que estén tratando, no lo ponen sobre la mesa para hablar acerca de él y tomar una decisión al respecto de manera abierta y franca; en lugar de eso, buscan en secreto a unas pocas personas y toman la decisión con ellas. En cada iglesia hay algunas personas de este tipo. Son taciturnas y no muestran ninguna emoción; no importa a qué se enfrenten, eligen permanecer en silencio y nunca expresan su postura sin reparos. De cara al exterior, hablan educadamente a la gente, pero nunca dicen la verdad ni revelan lo que realmente hay en su corazón; no tienen palabras sinceras para nadie. Por ejemplo, algunas personas nunca revelan sus pensamientos más íntimos sin importar con quién se relacionen; ni siquiera los miembros más cercanos de su familia saben en qué piensan cada día. Si ni su familia las entiende, menos aún los que no forman parte de ella. Incluso si eres su mejor amigo, un amigo de la infancia, un viejo amigo de hace muchos años o un buen colega de trabajo, sigues sin saber lo que están calculando; nadie puede entenderlas. No importa cómo hablen o actúen, nadie puede desentrañarlas. Pero, ocasionalmente, puede que se les escapen unas pocas palabras: “Fulano de tal es mejor que yo, ¡y qué! Un día lo superaré, ¡tú espera y verás!”. Hay un significado más profundo detrás de las palabras “¡tú espera y verás!”; significa que están cavilando y reflexionando en su corazón y en su mente cada día. Por fuera, parecen tranquilas y apacibles, pero dentro de su corazón hay una tempestad embravecida y agitación. ¿En qué cosas piensan? Si fueran asuntos francos y transparentes, cosas positivas como la senda correcta en la vida, practicar la verdad, actuar de acuerdo con la conciencia, cómo comportarse, cómo amar a Dios y cómo hacer su deber devotamente; si con frecuencia pensaran, buscaran, meditaran, examinaran e intentaran entender estas cosas en su corazón, entonces su fuero interno estaría muy tranquilo y poseería paz y alegría, y vivirían de forma cada vez más normal, no retorcida. Las personas que viven en estos estados positivos tendrán, de vez en cuando, resonancia espiritual y comunicación con quienes las rodean y con aquellos con quienes guardan una relativa cercanía. Pero todas las cosas sobre las que los diablos meditan y piensan en el corazón son retorcidas. El retorcimiento se refiere a cosas intangibles que la gente normal no puede ver, cosas bastante anómalas, cosas ocultas en rincones oscuros que a la gente le cuesta descubrir y percibir, cosas que las personas normales no necesitan. Estos rincones oscuros son los mundos interiores de los diablos. Tienen el corazón lleno de estas cosas retorcidas. Cada día, se comparan con otros, contienden con los demás, usan intrigas y trucos con ellos, compiten por el estatus, por el prestigio y por tener la última palabra; solo piensan en estos asuntos. Si les preguntas si ahora tienen una senda para ser una persona honesta, no te responderán, no te harán caso y no querrán mencionarlo. Esto se debe a que su corazón está lleno de estos asuntos negativos y retorcidos; solo piensan en estas cosas. Cuando ocasionalmente tienen que pensar un poco en cuestiones relacionadas con aspectos técnicos o profesionales, solo lo hacen temporalmente, debido a las necesidades de su trabajo o de su vida. Una vez que su trabajo en este aspecto ha terminado, inmediatamente comienzan a pensar de nuevo en esos asuntos retorcidos, reflexionando: “¿Los dones de quién son mayores que los míos? ¿En qué aspecto soy más fuerte que ellos? ¿En qué aspecto son inferiores a mí? ¿No parecía que fulano de tal me estaba menospreciando intencionadamente la última vez que me habló? Esas dos personas parece que no se han comunicado con normalidad desde hace mucho tiempo, ¿qué pasó entre ellas? Si ha surgido un conflicto o un problema entre ellas, ¿puedo sacar algún beneficio de ello? Una de ellas me resulta beneficiosa y puede ayudarme, y de verdad quiero relacionarme con esa persona, pero nunca me hace caso. Si hay un conflicto entre las dos, ¿podría aprovechar ese distanciamiento y usar esa buena oportunidad para entablar una relación con esa persona?”. Todo lo que meditan y piensan en el corazón no tiene nada que ver con cosas positivas ni con creer en Dios y perseguir la verdad. ¿Son aterradoras este tipo de personas? (Sí). Si te relacionas con ellas, es equivalente a relacionarse con un diablo. Tú no maquinas contra ellas, pero ellas están maquinando contra ti y observándote cada día, reflexionando sobre ti y estudiándote a tus espaldas: “¿Qué quiso decir con eso? ¿Va dirigido a mí? ¿Cómo puedo responder para que no me desentrañe? ¿Cómo puedo responder de una manera que me beneficie? Si no respondo, ¿pensará que soy estúpido, fácil de intimidar o que no creo de verdad en Dios? ¿Podría pensar eso? Tengo que averiguar qué se le pasa realmente por la cabeza”. Cuando vives constantemente en medio de sus maquinaciones, ¿te sientes a gusto en el corazón? (No). Es como tener un demonio invisible a tu lado; no puedes sentir paz ni alegría. Cuando te relacionas con ellas, solo tienes un sentimiento: una constante sensación de inquietud. Esta inquietud es muy normal, porque la intuición o el sexto sentido de la gente normal hace que se sientan inquietos ante los diablos, ante los seres anómalos que están a su alrededor. Incluso si no los conoces muy bien y no puedes explicar exactamente qué es lo que está mal, siempre sientes inquietud cuando estás con ellos, como si algo malo estuviera a punto de suceder. Esto es suficiente para demostrar que albergan malas intenciones, que están maquinando contra ti y que tienen pretensiones con respecto a ti. Vives bajo su mirada de espionaje y te estudian cada día; esto te hace sentir más inquietud que tener un tigre o un león a tu lado. Si tú hubieras criado al tigre o al león, aunque sea un animal feroz, nunca sentirías inquietud. Pero si hay un diablo a tu lado, como tiene una esencia-naturaleza depravada, te sientes inquieto. Esta inquietud es un sentimiento en el espíritu; se debe a que un diablo está obrando. Quizás el diablo no tenga la intención subjetiva de hacerte un daño grave en ninguna medida, pero el simple hecho de que maquine constantemente contra ti y te espíe hará que tu espíritu se sienta inquieto. Con un diablo a tu lado, no vivirás en absoluto con paz y alegría, a menos que no sea un diablo, que tu estatura y fe en Dios sean suficientes o que tengas la verdad como tu vida; a menos que se cumpla una de estas condiciones, en cuyo caso no supondrá ninguna amenaza para ti ni tendrá ningún impacto sobre ti, y no sentirás inquietud. Si no se cumple ninguna de estas condiciones, cuando un diablo te espíe constantemente, sentirás inquietud. ¿Hasta qué punto se desarrollará esto gradualmente? Sentirás repulsión hacia él y te guardarás de él, te sentirás perturbado interiormente y estarás afligido, constreñido y atado en muchos asuntos. Si está cerca, cuando hagas cosas o hables, siempre tendrás que tener en cuenta su mirada, su semblante o sus opiniones. Incluso podrías intentar averiguar constantemente: “¿Qué pensará de mí? ¿Cómo es que no puedo desentrañarlo? ¿Por qué siento que es calculador e inescrutable? ¿Por qué esa sonrisa parece no ser de aprobación? ¿Por qué tengo tanto miedo? ¿Por qué me influye tanto?”. Si no entiendes la verdad y no tienes discernimiento, entonces, después de relacionarte con este tipo de persona durante un tiempo, te verás naturalmente influenciado por ella y acabarás en tal condición, lo cual es muy aterrador.

A juzgar por lo que revelan de forma natural en su vida diaria y por lo que piensan en su corazón, se puede calificar a los que son reencarnados de diablos como poseedores de una esencia depravada. Si no has tenido un contacto más profundo y prolongado con ellos, quizás no entiendas su mundo interior, pero la forma más directa y sencilla de discernir a este tipo de personas es una característica de su apariencia externa: a menudo revelan una mirada perversa y una sonrisa ladina. Esa mirada perversa significa una mirada esquiva, una mirada que no es tan limpia y transparente, ni tan honesta y sincera, sino que parece insondable. Sientes que hay un significado oculto en esa mirada, pero simplemente no te dirán cuál es. Además, al insinuar cosas sutilmente cuando hablan, te llevan a especular, usando palabras para dar a entender cosas y hacerte creer erróneamente que piensan de cierta manera, pero en realidad es una maniobra de distracción. Lo que tú comprendes no es en absoluto su verdadero significado; solo quieren tomarte el pelo y ridiculizarte. No puedes encontrar ningún atisbo de sinceridad en su mirada; esa mirada es esquiva y errante, y transmite una sensación vaga y elusiva. En el momento en que ves su mirada, surgen dudas de repente en tu corazón y sospechas que lo que dijiste o hiciste estuvo mal. Si no ves su mirada, sientes que tu opinión es correcta, que tu propia comprensión es pura, que estas cosas son conformes a los principios-verdad y que deberías actuar de cierta manera, y tienes la firme convicción de hacerlo así. Pero en cuanto te encuentras con su mirada o te clavan esa mirada perversa, sientes de manera inconsciente que un escalofrío te recorre la espalda. Aunque no se pronuncien palabras explícitas, esa mirada perversa te produce sugestión psicológica, te desorienta, con lo que hace que dudes de ti mismo al instante: “¿Dije algo mal? ¿Hice algo erróneo? ¿En qué me equivoqué?”. El asunto y el principio en cuestión son obviamente muy claros e inequívocos, y estabas seguro de que debía hacerse de esa manera y que era lo correcto, pero después de encontrarte con su mirada, te entraron dudas. Este tipo de mirada es la mirada de un diablo. Eso por un lado: su mirada perversa te hace dudar. Por otro lado, a veces, en esa mirada perversa hay un cierto significado: el desprecio. Tú eres joven, tienes poca experiencia, careces de experiencia vital e incluso puedes tener algunos defectos de humanidad, así que, cuando sus ojos se encuentran con los tuyos, inmediatamente pierdes la confianza en ti mismo, te desmoronas e inmediatamente dudas de ti mismo, por lo que te sientes muy insignificante e inferior a ellos y te haces pequeño ante ellos. Esta es la mirada de un diablo. Esta mirada perversa a veces ofusca los pensamientos de la gente, a veces perturba la confianza de la gente en sí misma y a veces también la hace sentir negativa y abatida.

A la hora de discernir a aquellos que son reencarnados de diablos, si todavía te falta experiencia para discernirlos observando su mirada, fíjate en qué piensan cada día, en qué conversan con los demás a diario y si existe una comunicación normal. Si no hay una comunicación normal, la mayoría de la gente no los entiende y su principio al relacionarse con casi todo el mundo es mantener la boca cerrada, hasta el punto de que ni sus más allegados saben en qué piensan a diario y no pueden captar fácilmente sus pensamientos y opiniones exactos ni entender lo que de verdad están pensando, entonces está claro que esas personas son muy calculadoras e inescrutables. Su silencio no significa que no tengan pensamientos ni opiniones; en realidad, sus verdaderos pensamientos están ocultos en su mente, solo que no los expresan. Si no los expresan, ¿cómo puedes descubrir que son astutos? Tienen una especie de sonrisa ladina; a menudo esbozan una sonrisa falsa. Cuando están frente a ti, muestran una sonrisa falsa, pero en cuanto se dan la vuelta, su rostro se vuelve inexpresivo, desprovisto de cualquier sonrisa. Este tipo de persona es aterradora, temible; es un diablo. ¿Entendido? (Entendido). Por ejemplo, supón que hablas de algo con una de estas personas. Después de que hayas expuesto tu punto de vista, ella no expresa su postura, sino que revela una sonrisa ladina. ¿Sabes lo que significa una sonrisa ladina? Significa que no sabes si esa sonrisa es de aprobación o de desaprobación, y desconoces si de verdad entiende lo que quieres decir. Simplemente suelta una risita tipo “je, je”. Respecto a lo que has dicho, no dice que esté bien ni que esté mal, no dice que lo entienda ni que no lo entienda, por lo que no puedes comprender qué significa realmente esa risa. Te ha respondido, pero con esa respuesta es como si no lo hubiera hecho. Si no te hubiera respondido, supondrías que tal vez no lo ha entendido; en cambio, el que te responda de esa manera hace que te quedes perplejo. No sabes si esa risa significa ridiculización, desprecio, burla o acuerdo y aprobación. Si le pides su opinión, vuelve a soltar una risita tipo “je, je”, dice: “Vale, vale”, y, tras hablar, su expresión se ensombrece de repente. Esto ejerce de forma imperceptible una presión inmensa sobre ti. Si tu estatura es pequeña y no tienes una postura real ni pensamientos y opiniones correctos, puedes sentirte intimidado por esa persona. Por eso esta sonrisa suya se llama sonrisa ladina; ser retorcido y astuto se llama ser ladino. Este tipo de personas no revelan sus opiniones con facilidad. Creen que decir una palabra es demasiado poco, y dos, demasiado, y que, en cuanto una opinión se expresa con claridad o se refiere a algo concreto, es un fallo, un error. Así que, para ellas, el mejor método es sonreír y dejar que tú especules; puedes especular el significado que quieras, puedes especular como te plazca, pero al menos sientes que no son hostiles hacia ti, y con eso logran su objetivo. Observad a esos viejos zorros que son intrigantes y sumamente astutos, y a esa gente que es insidiosa y taimada y emplea tácticas implacables: no hablan mucho ni su rostro es muy expresivo, pero su mirada y su sonrisa son depravadas. Todos los seres humanos corruptos normales y aquellos reencarnados de animales huyen de los que son reencarnados de diablos; no están dispuestos a relacionarse con gente así y, al estar con ellos, se sienten atemorizados, les dan escalofríos. ¿Por qué les dan escalofríos? Porque tales personas no son humanas, son diablos, y los diablos son capaces de cualquier cosa. Cuando los humanos normales interactúan con alguien, no hacen que a esa persona le dé escalofríos. La gente normal tiene conciencia y razón, actúa con moderación y restricción y tiene unos estándares mínimos. A lo sumo, cuando se enfadan, puede que te insulten un poco y digan algunas cosas desagradables que hieran en cierta medida tu autoestima. Pero los diablos son diferentes; no te insultan ni hieren tu autoestima, pero sí te hacen daño. A tus espaldas, piensan en cómo desorientarte; cavan un hoyo y consiguen que saltes tú mismo dentro. Después de que hayas saltado, te observan desde arriba, regodeándose de tu desgracia, mientras que al mismo tiempo fingen ser buenas personas, diciendo: “¡Te salvaré! ¿Cómo te has caído ahí? Pensaba que la mayoría de la gente sabía que aquí había un hoyo”. Incluso quieren hacerse los buenos, con lo que consiguen que te tragues su actuación. ¿No es aterradora esta clase de personas? Ese hoyo lo cavaron ellas y lo hicieron a tu medida; si no saltas tú, ¿quién lo hará? Después de que hayas saltado al hoyo, te tienden una mano para salvarte y, mientras te salvan, te dicen: “¿Por qué saltaste?”. Al tiempo que se regodean de tu desgracia, también se las arreglan para que no te des cuenta de que el hoyo lo cavaron ellas. Está claro que fueron ellas quienes te hicieron daño y, sin embargo, hacen que les estés profundamente agradecido. ¿No es esto depravación? (Sí). ¡Esto es depravación en estado puro!

Hay algo que los que son reencarnados de diablos hacen a menudo y que todo el mundo ha visto: los diablos son expertos en decir cosas que suenan bien para granjearse el favor de la gente. Por ejemplo, cuando una de estas personas te ve trabajando, se esconde dentro y observa. Cuando has terminado el trabajo, sale y dice: “¡Ah, estabas trabajando! ¿Por qué no me avisaste? Podría haberte ayudado y habríamos compartido la carga. Si la tarea es agotadora, podemos afrontarla juntos. La próxima vez que trabajes, avísame; es una tarea sencilla. ¡No te cortes en pedirme ayuda!”. Al oír esto, sientes calidez en el corazón y piensas que, aunque no te ha ayudado, tenía la intención de hacerlo y que con sus palabras basta. Te embauca con sus palabras bonitas. Fíjate, en verdad es capaz de decir tales cosas y no siente vergüenza al decirlas. Entonces, ¿cómo puedes saber que sus palabras son falsas? La siguiente vez que terminas tus tareas, aparece y vuelve a decir palabras bonitas: “¿Por qué no me avisaste de que estabas trabajando? Nunca me pides ayuda; de verdad que me tratas como a un extraño. ¿Por qué eres tan formal conmigo?”. Después de que esto ocurra dos o tres veces, sabes que en realidad no quiere ayudarte con el trabajo y que solo está diciendo algunas cosas que suenan bien para engañarte y granjearse tu favor. Cuando de verdad hay algo en lo que se necesita su ayuda, no aparece por ninguna parte. ¿Qué clase de persona es esta? Es un diablo, definitivamente no es un humano. Los que son reencarnados de diablos le dirán cosas bonitas a cualquiera con quien se encuentren para engañarlo y lograr sus propios propósitos. Están llenos de intrigas taimadas; no son humanos, sino diablos. ¿Tiene algún valor relacionarse con gente así? Ni siquiera deberías prestarles atención. ¿Hay gente así en tu vida diaria? (Sí). Así es como se comportan las personas de este tipo en relación con este asunto y, en lo referente a otros, se comportan de la misma manera: siempre engañan a la gente. Así de depravadas son; no son sinceras con la gente.