Cómo perseguir la verdad (13) Parte 5
¿Sois todos capaces de discernir, hasta cierto punto, una manifestación de la característica “depravación” de los que son reencarnados de diablos, concretamente, el retorcimiento? (Sí). Este tipo de personas son particularmente falsas, retorcidas, insidiosas y taimadas. Si todavía tratas sus manifestaciones como revelaciones normales de corrupción y sigues ayudándolas y apoyándolas como a hermanos y hermanas, ¿no es esto una manifestación de necedad? (Sí). No debes volver a cometer estas necedades en el futuro; no son humanos, sino diablos, y no son personas a las que debas ayudar y apoyar. Saben en su corazón qué es la verdad y que es bueno ser una persona honesta. Pero saberlo es una cosa; no se exigen tal cosa a sí mismos y nunca practican ser una persona honesta. No es que quieran practicarlo y no puedan, sino que nunca tienen la intención de practicar de esa manera. Piénsalo: ¿qué intrigan y planean en su corazón? Ni una sola cosa está relacionada con las cosas positivas, y ni un solo pensamiento está relacionado con pensamientos y opiniones positivos. No tienen la intención de practicar la verdad ni de caminar por la senda correcta, por lo que nunca buscan los principios-verdad en su corazón ni cómo actuar conforme a las intenciones de Dios. Tampoco tienen la intención de cumplir con el deber de un ser creado ni de ser devotos y ofrecer su sinceridad. Todo lo que calculan son cosas retorcidas. Hay quien dice: “Lo que calculan es un asunto de su mundo interior; no es fácil de discernir. ¿Cómo pueden saber los demás lo que están pensando si no se abren y hablan sobre ello? Se comportan bastante bien de cara al exterior y también se mantienen ocupados con las tareas que tienen entre manos. ¿Por qué dices que son retorcidos y los calificas de diablos?”. Otros dicen: “Solo revelan un atisbo de mirada perversa, una leve sonrisa ladina; seguimos sin poder desentrañar lo que están pensando en su mundo interior”. Entonces, ¿cómo se puede discernir que son diablos? Los pensamientos de una persona son intangibles; si no los expresa, no puedes verlos ni descubrirlos y no serás capaz de discernirlos. Sin embargo, no importa qué pensamientos y opiniones tenga una persona ni lo que anhele o calcule en su mundo interior, sin duda actuará para lograr sus propósitos y, por lo tanto, siempre tendrá algunas cosas conforme a las que viva, algunas manifestaciones. Mientras viva entre la gente, los demás podrán ver las cosas que hace o entrar en contacto con ellas. Puede que no sepas qué está calculando, tramando y planeando en lo más profundo de su corazón, pero llegará un día en que revelará y manifestará las cosas que trama, planea y calcula; las convertirá en una realidad y emprenderá algunas acciones entre la gente. Cuando estas cosas ocurran ante tus ojos, ¿no serás capaz de verlas? ¿No serás capaz de discernir a esa persona? Hay quien dice: “Aunque vea sus manifestaciones, sigo sin saber cómo discernir o calificar a este tipo de persona”. Eso es fácil de solucionar; este tipo de personas tienen varias características y puedes discernirlas a través de ellas. La primera característica es que siempre actúan según su propia voluntad y nunca buscan los principios-verdad. Hagan lo que hagan, lo planean ellas mismas con antelación y actúan enteramente según sus propios planes, líneas de pensamiento e intenciones, según su propia voluntad únicamente. No piden la opinión de nadie y, por supuesto, menos aún buscan los principios-verdad ni actúan de acuerdo con los arreglos del trabajo. Si puedes ver estas manifestaciones, ¿acaso no quedan los diablos completamente al descubierto? (Sí). Hay quien dice: “Quizás entienden la verdad y conocen los principios-verdad, por lo que saben qué hacer sin tener que discutirlo con los demás”. Esta afirmación vuelve a ser errónea; refleja una incapacidad para desentrañar las cosas. Para vosotros, las cosas que los diablos dicen y hacen son una serie de obstáculos difíciles. Con independencia de si han buscado la opinión de los hermanos y hermanas, deberías ver con claridad si el propósito, el motivo, el punto de partida y el principio de sus acciones son salvaguardar su propia reputación, estatus y prestigio o salvaguardar el trabajo de la iglesia, y si el efecto final logrado salvaguarda los intereses de la casa de Dios, así como si acarrea pérdidas, perjuicios y sabotaje o beneficios para la mayoría de la gente. Hagan lo que hagan los que son reencarnados de diablos, siempre es para salvaguardar sus propios intereses; esta es otra característica de ellos. A sus ojos, sus intereses están por encima de todo, igual que un mercader que hace negocios: los intereses son lo primordial. ¿Los intereses de quién son lo primordial? Los de los diablos. Si hacer algo puede salvaguardar sus intereses, prestigio, estatus, reputación o sus posesiones materiales y su dinero, no se contendrán en absoluto, sino que irán a por ello hasta el final, llevándolo completamente a término. Incluso si se encuentran con la oposición de los líderes de nivel superior o los hermanos y hermanas, no se puede seguir adelante y se topan con un muro, aun así utilizarán tácticas indirectas, intentando por todos los medios acabar con todos los oponentes y eliminar todos los obstáculos para continuar con lo que quieren hacer. No se contendrán en absoluto; lo único que salvaguardan son sus propios intereses. Ahora podéis verlo con claridad: ya se trate de los planes, los medios, las medidas o los pasos que tramen, planeen e ideen, todo ello ha sido calculado en su mente; solo piensan en los intereses, y su mente está llena de pensamientos acerca de estos; a quién usar, a quién acercarse, de quién alejarse, a quién apoyar, a quién oponerse, a quién destituir; elaboran estrategias para todo esto en función de sus intereses. Si, al hacer el trabajo y realizar su deber, llegan a este punto, entonces son anticristos, diablos que revelan su verdadera cara. Tales personas son extremadamente inescrutables y calculadoras; reflexionan sobre estas cosas todos los días. Si tuvieran que llegar a comprender por completo a todos en la iglesia, ¿cuánto tiempo les llevaría? Solo después de tener una comprensión clara como el agua de la situación de todos los miembros de la iglesia y de los problemas y dificultades reales de cada persona, y cuando el momento es propicio, empiezan a actuar, haciendo lo que quieren; no muestran indulgencia con nadie y nadie puede obstaculizarlas. Emprenden su propio proyecto bajo el pretexto de hacer el trabajo de la iglesia, esforzándose por obtener beneficios para sí mismas. En última instancia, el trabajo de la iglesia y la entrada en la vida de los hermanos y hermanas son los que sufren las pérdidas. Logran su objetivo de hacer que la satisfacción de sus intereses personales sea lo primordial a costa de sacrificar la entrada en la vida de todos los hermanos y hermanas y los intereses de la casa de Dios. Llegados a este punto, ¿no puedes verlas con claridad? A juzgar por su manera de hacer las cosas y los resultados finales, son diablos; no son humanos. Durante todo el día, parece que dicen muy poco y rara vez expresan sus opiniones, pero en realidad se pasan todos los días calculando cómo actuar para poder obtener beneficios. Aunque de cara al exterior parezcan bastante tranquilos, refinados, delicados y bien educados y no muy habladores, por dentro tienen el corazón agitado, como un mar embravecido. Obtienen una comprensión completa de estas cosas y luego implementan los planes que han ideado, y el resultado final es que tienen éxito tal y como lo tramaron. ¿No es esta la obra de un diablo? (Sí). Esta es la obra de un diablo. Llegados a este punto, ¿no puedes desentrañarlos?
El grave problema que surgió el año pasado en el trabajo evangélico estuvo directamente relacionado con unos cuantos diablos y con las acciones de los diablos. Esos diablos nunca buscaron los principios-verdad al actuar. Después de que lo Alto les asignara el trabajo, lo aceptaron de buena gana en persona, pero cuando fueron a trabajar a las iglesias, simplemente camparon a sus anchas haciendo cosas malas. No salvaguardaron los intereses de la casa de Dios y, como resultado, las ofrendas de Dios, el trabajo evangélico y la vida de iglesia sufrieron pérdidas; se produjeron pérdidas en varios ámbitos y, además, causaron el caos en el trabajo de la iglesia. Puede que no desentrañes lo que un diablo está pensando ni sepas si ha buscado los principios, pero cuando actúe y tú veas los primeros indicios, sabrás que el método y el origen de sus acciones son incorrectos, que se está exhibiendo por completo a sí mismo, que hace las cosas según su propia voluntad y actúa de forma arbitraria y deliberada, y que está estableciendo un reino independiente. Además, las bandas de diablos se protegen entre sí; ninguno de ellos salvaguarda los intereses de la casa de Dios. Hagan lo que hagan los diablos principales, los seguidores y los pequeños diablos se desviven por halagarlos y adularlos. Los diablos principales actúan de forma temeraria y deliberada, y los pequeños diablos los imitan y les lamen las botas; se confabulan entre ellos. Hay quien dice que sigue sin poder desentrañar que la esencia de alguien es la de un diablo. En ese caso, fíjate en la naturaleza de algo que haga y en sus consecuencias. Si la naturaleza y las consecuencias son muy graves, entonces se puede estar seguro de que es obra de un diablo. Por ejemplo, respecto al asunto de informar de cifras falsas de personas ganadas al predicar el evangelio, hay quien dijo: “¿Acaso informar de cifras falsas no va en contra de los principios? Debemos informar de las cifras reales; cuantas personas se ganen, tantas debemos informar. ¿Cómo podemos mentir en nuestros informes? ¿Cómo podemos informar de mil cuando se ganaron cien, o de diez mil cuando se ganaron mil?”. ¿Qué dijo uno de esos falsos líderes? “Debéis informar de esta manera; todo el mundo lo hace. ¡Esta es la corriente del Espíritu Santo!”. ¿Podéis discernir esta afirmación? Informar de cifras falsas e inventadas es claramente un intento de engañar a Dios. ¿Cómo podría ser la corriente del Espíritu Santo? Es una corriente malvada. El Espíritu Santo nunca le ha dicho a la gente que mienta o informe de cifras falsas; solo los diablos pueden decir tales cosas. ¿Podéis discernir esto? Como ese falso líder fue capaz de pronunciar palabras tan absurdas, no es una persona normal; ese falso líder también pertenece a la categoría de los diablos. ¿Podéis desentrañar este asunto? ¿Podéis discernir que tales palabras las dicen los diablos? Solo los diablos y los satanases pueden decir tales cosas. Si no podéis desentrañar este asunto, entonces estáis demasiado faltos de discernimiento. Si los reencarnados de animales no pueden desentrañarlo, es en cierto modo disculpable, porque no son humanos; no tienen un espíritu humano. Si tú de verdad tienes discernimiento y puedes desentrañar este asunto, ¿has cumplido con tu responsabilidad? ¿Te has puesto en pie para detener y desenmascarar este asunto? Supón que dices: “Lo he desentrañado, pero mis palabras tienen poco peso debido a mi estatus humilde, y soy débil y estoy solo. ¡No me atrevo a detenerlo ni a desenmascararlo!”. ¡En ese caso, eres un cobarde inútil! No has permanecido en tu posición ni te has mantenido firme en tu testimonio; no eres un siervo leal de Dios, no has cumplido con la responsabilidad de una persona. Solo eres una persona atolondrada, un cobarde inútil. Dime, ¿le gustan a Dios los cobardes inútiles? (No). Dios te concede la vida, te provee de la verdad y te protege del daño de Satanás en tu vida diaria. Pero resulta que no aceptas la verdad y, en lugar de eso, sigues a Satanás para hacer el mal, vives entre diablos y permites que Satanás te haga daño. Ves con claridad la verdadera cara de los satanases y, sin embargo, no los desenmascaras. Eso es buscarse problemas; mereces que Satanás te embauque. Dios te provee de la verdad para permitir que crezcas en discernimiento. Si tienes discernimiento, pero aun así te haces el sordomudo y no te pones en pie para desenmascarar a los falsos líderes y anticristos, ¡entonces eres un cobarde inútil! No has cumplido con la responsabilidad que le corresponde a una persona; eres negligente en tu responsabilidad, eres basura, un cobarde inútil, un gorrón, ¡no sirves para nada! La práctica por parte de los diablos de obligar a la gente a informar de cifras falsas al predicar el evangelio debería ser bastante obvia y no tendría que ser difícil de discernir. Supón que alguien te da una patada o un puñetazo. No sabes por qué te trata así y no puedes discernir qué quiere decir con ello. Luego te apuñala en el cuello con un cuchillo y solo entonces te das cuenta: “¡Intenta matarme!”. Dime, ¿hasta qué punto eres necio? Te da una patada con intención malévola y, sin embargo, ni siquiera puedes darte cuenta de que es una persona malvada, y todavía intentas razonar con ella: “Yo no te he ofendido, ¿por qué me das una patada? ¿Tienes algo de humanidad?”. Si te da una patada sin motivo, ¿acaso no es una persona malvada? ¿Sirve de algo razonar con una persona malvada? Si fuera a por ti con un cuchillo, sería demasiado tarde para arrepentirse. Para cuando grites pidiendo ayuda, ya será demasiado tarde; tu vida se habrá acabado. ¡Mira qué pequeña es tu estatura, qué necio eres! Al encontrarte con satanases, debes tomar la iniciativa de atacar, no seas pasivo. Si siempre eres pasivo y solo reaccionas y clamas a Dios para que te salve cuando los satanases están a punto de quitarte la vida, ¡eso es ser demasiado pasivo, demasiado obtuso! A Dios no le gusta la gente así.
Hay quienes informan de los problemas relativos a los falsos líderes y los anticristos con muchos rodeos. No se atreven a denunciarlos en su iglesia local y, en lugar de eso, acuden a iglesias de otras zonas para hacerlo, por miedo a que alguien de su zona corra la voz, se enteren las personas malvadas y los atormenten. Estas personas tienen una estatura así de pequeña. Crees en Dios, ¿y aun así tienes tanto miedo de las personas malvadas y los diablos? ¿Acaso tienen los diablos tanto poder? ¿Pueden los diablos quitarte la vida? ¿Está tu porvenir en manos de los diablos? ¿Por qué les tienes tanto miedo? Solo son personas malvadas, ¿qué pueden hacerte? Poniéndonos en lo peor, este país tiene leyes, ¿de qué tienes miedo? Esto no es China, donde los diablos campan a sus anchas; este es un país democrático que se rige por la ley. Y eso sin contar que tienes hermanos y hermanas en la iglesia, ¿qué pueden hacerte esas personas malvadas? Algunos individuos se asustan así solo por denunciar problemas de los líderes y obreros. No se trata de un problema debido a que tengan poca fe; ¡son unos cobardes inútiles y unos gallinas que ni merecen vivir! El aliento que Dios te dio se desperdicia en ti; habría sido mejor dárselo a un animal. Hasta un animal, cuando se ve acorralado, puede morder a una persona. Tú estás vivo y, sin embargo, careces hasta de esta pizca de entereza; ¡eres demasiado cobarde! Aunque algunas personas no se atreven a luchar de frente contra las personas malvadas cuando se las encuentran, emplean la sabiduría para salvaguardar la obra de la iglesia. Denuncian los problemas de las personas malvadas a los superiores y unen fuerzas con los que aman la verdad para apartar a esas personas malvadas de sus puestos. Tienen esta clase de determinación: “Eres una persona malvada, pero no te tengo miedo. No dejaré que cometas maldades para perturbar y sabotear la obra de la casa de Dios. No dejaré que te salgas con la tuya. Arriesgaré mi vida para luchar contra ti. ¿Qué puedes hacerme? En el peor de los casos, me quitarás la vida, pero mientras me quede un aliento, ¡lucharé contra ti hasta el final!”. ¿Tenéis vosotros esta fe? Esos cobardes inútiles no tienen esa fe. Cuando ven a los diablos perturbar la obra de la iglesia, saben en su corazón que está mal, que son diablos y anticristos haciendo el mal. Pero piensan: “No puedo desenmascararlos ni denunciarlos; no debería buscarme problemas. Cuantos menos problemas, mejor; es fundamental que me proteja a mí mismo. Si las personas malvadas me expulsan de la iglesia por desenmascararlas y me despojan incluso de la oportunidad de creer en Dios y alcanzar la salvación, y ni siquiera puedo hacer mi deber, ¿acaso no habré sido completamente descartado?”. No se atreven a desenmascarar a las personas malvadas, pues temen enormemente sus represalias. Así que, cuando el gran dragón rojo reprime y persigue frenéticamente al pueblo escogido de Dios, sin duda también tienen miedo y, si los arrestan, seguro que se convertirán en unos judas y traicionarán a Dios. Por tanto, si tienes miedo de las personas malvadas en la iglesia y no te atreves a desenmascararlas cuando las ves hacer el mal, ¿no es eso rendirse a Satanás? Dios te provee de la verdad, te da fe y te ha protegido y mantenido con vida hasta ahora. Respiras el aliento que Dios te dio y disfrutas de la verdad que Él te provee y de Su gracia. Tienes esas buenas condiciones de vida de iglesia y vives con bastante comodidad. Sin embargo, cuando hay personas malvadas causando perturbaciones en la casa de Dios, tú lo ves y lo disciernes, pero no te atreves a decir ni una sola palabra, ni siquiera te atreves a respirar fuerte. ¿Qué clase de criatura eres? ¡Ni siquiera mereces vivir! No denuncias los problemas de la iglesia de tu zona a los líderes locales, sino que vas a iglesias de otras zonas para denunciarlos. Con ese tipo de mentalidad mezquina y cobarde, ¿puedes lograr grandes cosas? Y aun así dices que quieres dar testimonio de Dios y ser un vencedor. ¡No eres nada, eres peor que una bestia! Hasta un perro sabe proteger a su amo. Si llega un extraño, el perro ladra con todas sus fuerzas, por miedo a que la seguridad de su amo esté amenazada. Algunos perros no son grandes y se los puede derribar de una sola patada, pero no tienen miedo y siguen ladrando con todas sus fuerzas; lo hacen para proteger a sus amos. Algunos perros incluso arriesgan su vida para protegerlos. A estas personas les falta hasta esta pizca de fe y son menos leales a su amo que un perro guardián. ¡Son todos unos desgraciados inútiles! Disfrutan de la gracia y la provisión de Dios sin coste alguno, sin dar nada a cambio, e incluso dan por sentado que Dios debe amar a las personas y mostrarles misericordia. Cuando ven que se perturba y sabotea la obra de la iglesia, no sienten malestar en el corazón. Esto significa que son peores que una bestia, mucho peores que un perro guardián. ¿Qué debes hacer cuando te vuelvas a encontrar con diablos en el futuro? Si no puedes desentrañarlos y no sabes qué maldades planean hacer cuando sonríen o qué intenciones perversas se ocultan en su mirada, primero puedes observarlos. Busca a una persona de confianza para que los supervise y mira qué dicen y hacen en secreto y qué traman con sus cómplices. Debes cortar de raíz todas sus conspiraciones e intrigas, no dejar que tengan éxito y no permitir que los intereses de la casa de Dios sufran pérdidas. Hay quienes tienen esta clase de determinación: “Debo custodiar bien la puerta de la casa de Dios, debo ser un buen perro guardián. No sé cómo tratarían otros este asunto, pero, en lo que a mí respecta, es algo que no dejaré pasar; ¡lucharé contra los diablos hasta el final!”. A esto se le llama lealtad a Dios; no es que intenten demostrar lo capaces que son. “Confiaré en Dios para hacer esto; ¡no existe posibilidad alguna de que ningún diablo se salga con la suya ni tenga éxito mientras yo esté aquí! Custodiaré la puerta de la casa de Dios, protegeré a los hermanos y hermanas y los intereses de la casa de Dios y salvaguardaré la obra de la casa de Dios. No hay forma alguna de que nadie cause perturbaciones ni cometa sabotaje; si veo a alguien haciendo esas cosas, no seré indulgente con él. Si debe ser destituido, será destituido; si debe ser expulsado, será expulsado, y si debe ser echado, será echado. ¡No me contendré en absoluto!”. ¿Tenéis vosotros esta fe? (Sí). Si eres bastante capaz en lo que respecta a luchar contra humanos o animales, pero cuando tienes que luchar contra diablos te vuelves asustadizo y temeroso y te metes en tu caparazón como una tortuga, entonces Dios dice que estás acabado, que no sirves para nada, que no podrás obtener la verdad y que no puedes alcanzar la salvación. Luchar contra los diablos es una verdadera batalla; es una batalla para dar testimonio de Dios. Es una batalla en la que los vencedores, los santos y los seguidores de Dios deben participar, la postura que deben adoptar y la determinación y resolución que deben poseer. “¡Luchar contra los diablos hasta el final! ¡O ellos o yo! ¡No tendré miedo en absoluto, no retrocederé en lo más mínimo y no me desanimaré de ningún modo!”. ¿Tenéis vosotros esta determinación? (Ahora sí).
Algunos individuos tienen una estatura demasiado pequeña. Cuando se encuentran con personas con poder y estatus, especialmente con aquellos de aspecto feroz, que son viejos zorros y sumamente astutos, así como insidiosos y taimados, sienten miedo en el corazón. A pesar de saber perfectamente que son diablos, insisten en halagarlos, engatusarlos y ser complacientes con ellos, y no se atreven a ofenderlos en lo más mínimo, y mucho menos a desenmascararlos. Cuando ven a diablos y satanases, no se atreven a defender ningún principio ni tienen el decoro de un santo. Algunos incluso dicen: “Debemos encajar con esta gente y forjar buenas relaciones con ellos; de lo contrario, la obra de la iglesia no podrá progresar”. Está claro que esas personas no sirven para nada bueno en la casa de Dios, que son aquellas a quienes se las califica de diablos y anticristos y que deberían ser expulsadas o echadas; sin embargo, algunos individuos las toleran. Piensan que no pueden vencer a esas personas; sienten temor y terror en el corazón, y les preocupa su propia situación y el hecho de que tales personas los aíslen o acosen. Carecen de la sabiduría para lidiar con ellas, de la estatura suficiente para luchar contra ellas, y retroceden repetidamente, y ceden y hacen concesiones una y otra vez. Como resultado, pasan tres meses, luego seis, y la obra de la iglesia termina en un estado de parálisis, y la vida de iglesia acaba siendo un caos. Ven claramente a estas personas malvadas y a estos diablos causando perturbaciones, ven a estos matones locales campando a sus anchas en la iglesia, pero no se atreven a desenmascararlos ni a ocuparse de ellos, por miedo a poner en riesgo su propia seguridad, estatus, reputación e intereses. ¿Cómo pueden ser tan importantes tu estatus, tu reputación y tu seguridad personal? ¿Acaso no es cualquier aspecto de la obra de la casa de Dios más importante que tu insignificante vida? Poniéndonos en lo peor, si corres algunos riesgos por lealtad a Dios, ¿no te protegerá Él? Si usas la sabiduría y actúas según los principios para salvaguardar los intereses de la casa de Dios, ¿te entregará Él a los satanases para que abusen de ti y te hieran gravemente a su antojo? (No). Dios aprecia enormemente a esta clase de persona, nunca se cansa de apreciarla; ¿cómo podría entregarte a los satanases? Tu fe es demasiado pequeña. Eres igual que Pedro aquella vez: el Señor Jesús lo llamó desde el mar, diciendo: “Ven”, lo que significaba que Pedro debía caminar sobre el mar como si fuera tierra firme, pero cuanto más caminaba, más miedo tenía, y perdió la fe en Dios. Si Dios te pide que vengas, es que te ha hecho una promesa y sin duda puede protegerte; no dejará que te enfrentes al peligro. Incluso si tu vida corre peligro, ¿cómo deberías afrontarlo? ¿No deberías simplemente confiar tu vida a Dios de buen grado? ¿Cuál es el gran problema? ¿De verdad son los diablos tan aterradores? El gran dragón rojo reprime y arresta a los creyentes y, aun así, eres capaz de persistir en tu fe; un entorno tan duro no te amedrenta. Sin embargo, cuando aparecen unos pocos diablillos en la iglesia, te asustas tanto que te metes de nuevo en tu caparazón y te sientes obligado a seguirlos para hacer el mal. ¿No es esto perder tu testimonio? (Sí). Se puede decir que el hecho de que los diablos se salgan con la suya en algunas iglesias y en ciertos entornos de trabajo, lo que hace que la obra de la iglesia se suma en semejante caos y quede hecha un desastre, tal y como ellos deseaban, y provoca que los hermanos y hermanas carezcan de un entorno adecuado para hacer sus deberes, está relacionado con que algunas personas desentrañen a estos diablos pero no se pongan en pie para luchar contra ellos, sino que hagan concesiones a estos diablos y satanases para protegerse a sí mismas. Se puede decir que estas personas permiten deliberadamente que los diablos hagan el mal y perturben la obra de la iglesia. Si desentrañas a los diablos que perturban la obra de la iglesia, pero no luchas contra ellos ni los desenmascaras, ¿no es eso permitir que los diablos hagan el mal? Si, al descubrir a los diablos haciendo el mal, los desenmascaras, lidias con ellos y los detienes sin demora, las pérdidas podrán reducirse y el caos mitigarse en cierta medida. ¿No es esto beneficioso tanto para la obra de la casa de Dios como para la entrada en la vida de los hermanos y hermanas? Entonces, ¿por qué no lo haces? Si no lo haces, no tienes lealtad a Dios. Con independencia de si eres un líder u obrero de cualquier nivel o un seguidor corriente, mientras desentrañes a los diablos haciendo el mal y perturbando la obra de la iglesia, pero no los desenmascares para salvaguardar los intereses de la casa de Dios, significa que no te has mantenido firme en tu testimonio, eres una persona atolondrada y ¡no mereces vivir! No has cumplido la responsabilidad de un ser humano, así que no mereces respirar el aliento que Dios te ha dado. ¿Lo entendéis? (Lo entendemos). ¿Qué deberían hacer las personas en relación con este asunto? Con independencia de a qué clase de diablo te enfrentes —ya sea depravado, malvado, insidioso, implacable o astuto— y sin importar su propósito, mientras lo veas perturbar la obra de la iglesia y lo disciernas, deberías ponerte en pie para desenmascararlo y detenerlo. Ahí es donde reside tu responsabilidad. Algunos dicen: “No sé qué decir para detenerlo”. Entonces, ora a Dios y trátalo con métodos sabios. Por el momento, no lo provoques; no lo provoques desenmascarándolo directamente. En lugar de eso, intenta por todos los medios impedir que sus intrigas y propósitos tengan éxito. Primero, salvaguarda la obra de la iglesia en la mayor medida posible y asegúrate de que los intereses de la casa de Dios estén protegidos. Luego, encuentra una oportunidad para consultar con quienes entienden la verdad, o con los líderes y obreros, sobre la manera más apropiada de ocuparse del diablo. Este trabajo debe hacerse con sabiduría. Por un lado, debes luchar contra Satanás, detener las acciones malvadas de los satanases y diablos, ayudar a los hermanos y hermanas a obtener discernimiento y proteger a estos, así como la obra de la casa de Dios. Por otro lado, también debes protegerte a ti mismo en la mayor medida posible. Si es verdaderamente necesario que te enfrentes al peligro o la adversidad, entonces deberías hacerlo como tu deber ineludible, sin pensar en tu propia escapatoria ni en tu seguridad. Esto se debe a las necesidades de la obra de la iglesia y es donde reside tu responsabilidad. Debes hacerlo y deberías hacerlo; de lo contrario, serás indigno de la vida que Dios te ha dado y de la provisión que Él te ha suministrado durante tantos años. ¿No es así? (Sí). Todos deberían tener esa postura en lo que respecta al trato con los diablos. Eres un ser creado hecho por la mano de Dios. Con independencia de si perteneces a la categoría de los humanos o a otra categoría de criaturas vivientes, mientras tu identidad actual sea humana, un ser humano creado, deberías asumir las responsabilidades de un ser humano creado, no puedes eludirlas. Supongamos que sabes que alguien está robando ofrendas, pero no te importa ni preguntas al respecto, y dices: “Tengo miedo de ofenderlo. Si lo desenmascaro y lo ofendo, no solo me pondrá las cosas difíciles a mis espaldas, sino que además nunca lo dejará pasar. ¡Es una persona malvada! ¡No me atrevo a desenmascararlo ni a denunciarlo!”. En ese caso, estás acabado, eres un cobarde inútil y no has logrado cumplir tu responsabilidad. Entonces, ¿qué deberías hacer si quieres cumplir tu responsabilidad? Encuentra una oportunidad para escribirle una nota a tu líder, no la firmes con tu nombre y expón claramente los hechos para que el líder lo sepa y pueda ocuparse de ello y detenerlo sin demora, para así proteger las ofrendas de cualquier pérdida. El líder no necesita saber quién lo ha denunciado; basta con que Dios lo sepa. Entonces, ¿cuál es el principio que se debe defender en el asunto de proteger las ofrendas? ¿Cuál es la mentalidad correcta? Es proteger las ofrendas de las pérdidas y no dejar que las personas malvadas tengan éxito. Esta es tu responsabilidad. La casa de Dios no les pide a todos que corran riesgos para proteger sus intereses, para proteger a los hermanos y hermanas, para salvaguardar su obra y para proteger las ofrendas de Dios; no os pide a todos que ofendáis a otras personas o que os pongáis en situaciones difíciles por el bien de tales cosas. Eso no es lo que la casa de Dios quiere decir. Si tienes miedo de las personas malvadas o de ofender a la gente, puedes denunciar los problemas anónimamente; también puedes desenmascarar a las personas malvadas y a los diablos de forma anónima. De esa manera, aunque no hayas firmado con tu nombre, habrás cumplido igualmente con tu responsabilidad y obligación, y no habrás eludido tu responsabilidad. Si puedes hacer esto, entonces no habrás sido negligente en tu responsabilidad. Esto es porque tienes este corazón, sientes que ahí es donde reside tu responsabilidad y que deberías cumplirla, salvaguardando la obra de la casa de Dios y protegiendo sus intereses. Esto es una buena obra y Dios la recordará. Aquí tenéis la pura verdad: no hay una forma establecida para luchar contra los diablos; ser capaz de vencerlos, salvaguardar los intereses de la casa de Dios, proteger los diversos aspectos de la obra de la iglesia, proteger la vida de iglesia y salvaguardar la entrada en la vida de los hermanos y hermanas; este es el principio supremo. ¿Lo entendéis? (Lo entendemos). No hay una forma establecida para luchar contra los diablos; puedes usar el método de podarlos, el de desenmascararlos y, por supuesto, también el de destituirlos y reasignar sus deberes, así como el de hablar con ellos y consolarlos para mantenerlos a raya; usando diversos métodos sabios para restringir a los diablos y, al mismo tiempo, salvaguardando los diferentes aspectos de la obra de la iglesia. Esto es ser sabio. En tu fuero interno sabes que esas personas son diablos y que, los trates como los trates, no está mal, porque no son verdaderos hermanos o hermanas, no son auténticos seres humanos y no han sido escogidos por Dios. Han venido a la casa de Dios como sirvientes de Satanás para perturbar la iglesia. Deberías tener esta actitud hacia los diablos: “Si has venido aquí a causar perturbaciones, no seré indulgente contigo. Si has venido aquí a cometer sabotaje, ¡eso no se permite en absoluto! Si no causas perturbaciones ni cometes sabotaje y te quedas tranquilamente en la iglesia, te ignoraré. Pero en cuanto hagas un movimiento o digas algo con la intención de hacer el mal, ¡no seré indulgente contigo! Sean cuales sean las maldades que quieras hacer, sean cuales sean las falacias que quieras difundir, primero tendrás que pasar por encima de mí; ya veremos si te perdono o no. De lo contrario, ¡ni se te ocurra pensar en perturbar la obra de la iglesia!”. Esta es la actitud y el principio que las personas deberían tener en su trato con los diablos, y es también el testimonio que deberían dar.
¿Por qué Dios expresa la verdad y provee de ella a las personas? Es para que los creyentes en Dios puedan obtener la verdad como su vida y para que las personas puedan discernir a los diablos, eliminarlos y rebelarse por completo contra Satanás, el diablo malvado. Las personas han oído muchas verdades y han recibido abundante provisión de la verdad; sin embargo, al final, cuando se encuentran con diablos haciendo el mal y causando perturbaciones, no logran discernirlos. Algunas tienen cierto discernimiento de los diablos, pero no se atreven a desenmascararlos y mucho menos a ocuparse de ellos; las personas de este tipo son unas inútiles. No tienes testimonio y no te has puesto del lado de Dios; le has roto el corazón. El propósito de que las personas persigan y entiendan la verdad es que eviten a los diablos, los rechacen y sean capaces de lograr una verdadera sumisión a Dios, ponerse de Su lado y cumplir Su comisión. En lo que respecta a los diablos, cada vez que se descubra uno, echadlo, y cada vez que se descubra a dos, echad a los dos, para que la iglesia permanezca pura. De esta manera, Satanás y los diablos quedarán completamente avergonzados y ya no podrán perturbar la obra de la iglesia. Cómo causen perturbaciones en el mundo secular no es asunto nuestro; qué actos ilegales cometan, qué maldades hagan y con quién luchen en el mundo secular no tiene nada que ver con nosotros. No interferimos en ello ni preguntamos al respecto, y tampoco nos importa. Pero una cosa solamente: no se permite que causen tales perturbaciones en la casa de Dios, y hay que ocuparse de ellos, detenerlos y echarlos. En primer lugar, los líderes y obreros deben tomar la iniciativa al llevar a cabo este trabajo; deben asumirlo como su responsabilidad ineludible. En segundo lugar, todos los supervisores, líderes de equipo y hermanos y hermanas corrientes deben poseer esta estatura y también tener este testimonio. Algunos dicen: “¿Está la casa de Dios poniendo en marcha algún tipo de movimiento? ¿Es esto atormentar a las personas?”. Esto no es atormentar a las personas; es atormentar a los diablos. Atormentar a los diablos es lo que se debe hacer; nosotros no atormentamos a las personas. Los hermanos y hermanas tienen revelaciones de corrupción, pero son personas normales, tienen conciencia y razón, así como unos estándares mínimos en sus acciones y su conducta propia. Incluso si su búsqueda de la verdad y su entrada en la vida son algo deficientes, y tienen una estatura pequeña y no poseen mucha realidad-verdad, debemos ser tolerantes y pacientes con ellos, tratarlos correctamente y ocuparnos de ellos según los principios. Pero el principio sobre cómo tratar a los diablos es diferente. Si están dispuestos a rendir servicio, podemos usarlos para que lo hagan. Si no están dispuestos a rendir servicio, debemos ocuparnos de ellos echándolos; ¡no debemos ser indulgentes con ellos en absoluto! Este es el principio para el trato con los diablos. Cuando los hermanos y hermanas tienen debilidades o revelaciones de un carácter corrupto, se les puede perdonar y disculpar, y se los puede tratar con tolerancia y comprensión. Pero los diablos no son hermanos y hermanas. Si solo dicen algunas cosas negativas o irresponsables, pero no difunden herejías ni falacias para desorientar a la gente y no han causado ninguna perturbación ni trastorno, entonces se les puede perdonar y se puede hacer la vista gorda con ellos. Si ves que están a punto de causar algunos problemas y hacer el mal y que esto está alcanzando cierto punto, entonces se les debe desenmascarar y restringir. Si no se les puede restringir, échalos directamente. Los diablos creen que la iglesia es un lugar fácil por donde deambular; creen que cualquiera puede armar revuelo en la iglesia, igual que en la sociedad. Se equivocan al pensar así. La iglesia es un lugar para que el pueblo escogido de Dios persiga la verdad y alcance la salvación, no un sitio para que los diablos armen revuelo, emprendan sus propios proyectos, hagan realidad sus propios sueños o satisfagan sus ambiciones y deseos. Una vez que los diablos se delatan y están a punto de llevar a cabo sus propios proyectos, establecer sus propios reinos independientes y perturbar y sabotear la obra de la iglesia —una vez que se les ve la pezuña hendida—, ¿qué debes hacer en ese momento? Actuar según los principios; los hermanos y hermanas deben ponerse en pie y luchar contra estos diablos, y no deben en absoluto mostrar misericordia ni ser indulgentes. Si siempre eres indulgente con los diablos, estás siendo cruel contigo mismo. Ellos siempre están desorientando y perturbando a la gente en la iglesia, y saboteando la obra de la iglesia. En tales circunstancias, la fe y el conocimiento de Dios que has obtenido a lo largo de muchos años de creencia se consumirán en solo unos pocos días por la desorientación y la perturbación de estos diablos. Por tanto, si quieres obtener la verdad, debes ponerte en pie de manera proactiva para luchar y contender contra los diablos. Cuando su pezuña hendida quede totalmente al descubierto y su espantoso semblante se haya revelado, debes desenmascararlos, calificar su esencia y luego depurarlos. ¿No es esto lo que el pueblo escogido de Dios debería hacer y la responsabilidad que debería cumplir? (Sí). Este es precisamente el testimonio que los vencedores deberían tener. Todos deberían entender esto y no olvidarlo nunca. No temer a los satanases y diablos no significa distanciarse de ellos como una formalidad, sino ponerse en pie para luchar contra los diablos ante asuntos cruciales sobre lo que está bien y lo que está mal, ante las cuestiones de principio, en el tema de elegir la propia senda y en los asuntos relacionados con los intereses de la casa de Dios, para así detener sus acciones malvadas, proteger los intereses de la casa de Dios y salvaguardar el entorno normal para que los hermanos y hermanas hagan sus deberes. Esta es la obligación de cada miembro del pueblo escogido de Dios.
¿No hemos terminado más o menos nuestra enseñanza sobre estas dos manifestaciones —la mentira empedernida y la depravación— de aquellos con la esencia de un diablo? El punto de vista y la postura que la gente debe adoptar con respecto a esta clase de persona han quedado claros, y las responsabilidades que deben cumplir también han quedado claras. Entonces, ¿qué cuestión afrontáis a continuación? La de cómo tomar las manifestaciones y revelaciones sobre las que hemos hablado y compararlas con estas personas, para luego discernirlas y desentrañar la esencia de esta clase de individuos. Una vez que tengáis discernimiento, tendréis claro en vuestro corazón cuáles son realmente los atributos de las diversas clases de personas, vuestros principios para tratar a la gente serán más acertados y no haréis cosas necias o estúpidas, o no las haréis en tan gran medida. Nuestra enseñanza de hoy termina aquí. Adiós.
27 de enero de 2024