Cómo perseguir la verdad (15) Parte 1
Las tres categorías de personas según su origen
Las características de las personas reencarnadas de diablos
II. La segunda característica: la depravación
B. Entregarse a los deseos sexuales de la carne
La vez anterior, compartimos sobre tres manifestaciones específicas de depravación en aquellos reencarnados de diablos: la lascivia, la provocación sexual y la licenciosidad; es decir, manifestaciones depravadas que tiene la gente en lo relativo al deseo sexual. El principal problema con tales personas es que su postura hacia el deseo sexual es particularmente disoluta; transgreden los límites de la conciencia y la razón de la humanidad normal y no restringen ni controlan sus deseos sexuales en ninguna circunstancia, sino que en su lugar les dan rienda suelta. Hay además cierto número de personas que son especialmente disolutas; es decir, partiendo de la base de que son disolutas, pierden los escrúpulos, van de mal en peor. Algunas de ellas incluso buscan e ingenian toda clase de oportunidades para satisfacer sus deseos sexuales mientras predican el evangelio. Predican el evangelio especialmente a miembros del sexo opuesto y, una vez que encuentran un objetivo adecuado, lanzan su ofensiva, usan diversos métodos y medios a fin de engatusar a la otra parte para que muerda el anzuelo, llegando incluso a usar trucos despreciables para lograr sus objetivos. Mientras predican el evangelio, estas personas no solo se comportan de esta manera, sino que además hacen cosas que causan gran vergüenza al nombre de Dios. No es solo que tengan pensamientos lujuriosos, sino que también aprovechan la oportunidad de predicar el evangelio como un pretexto para satisfacer sus deseos sexuales. Asimismo, cometen el mismo error una y otra vez, hacen lo mismo con personas de edades y circunstancias diferentes. Decidme, cuando se descubre a tales personas, ¿cómo se las debería manejar? ¿Se les debería permitir continuar haciendo el deber de predicar el evangelio o se las debería apartar e impedir que hagan este deber? (Se las debería apartar). ¿Es una lástima apartarlas? ¿Y si pudieran ganar a otra persona? (Si se las mantiene cerca y se les permite continuar predicando el evangelio, las consecuencias serán incluso más graves. Una vez que participan en actividades licenciosas, se causa vergüenza al nombre de Dios). Decidme, ¿pueden tales personas cuya mente está constantemente obsesionada con el deseo sexual ganar a personas cuando predican el evangelio? (No). Aunque en ocasiones ganen a unas pocas personas por medio de la predicación del evangelio, también son capaces de hacer cosas que causan vergüenza al nombre de Dios. ¿Acaso el uso de tales personas no hace más mal que bien? (Sí). Entonces, ¿sigue siendo una pena apartarlas? (No). ¿Puede cambiar este tipo de persona? ¿Es fácil resolver su problema? (No. Este es un problema de su esencia-naturaleza; no puede cambiar). Las personas que están llenas de lujuria no son humanas; un diablo habita dentro de ellas, usa su carne para decir lo que quiere decir y hacer lo que quiere hacer. Si otros usan exhortaciones y advertencias que son acordes con la conciencia y la razón, ¿pueden estas cosas cambiar su esencia-naturaleza? (No). Entonces, ¿se puede resolver este problema suyo compartiendo la verdad para ayudarlas? (No). Aunque se las pode, se asigne a alguien para supervisarlas o se las traslade a un entorno diferente, de modo que no tengan oportunidad de entregarse a sus deseos sexuales, ¿se puede resolver la naturaleza endiablada que hay dentro de ellas? (No). Las personas reencarnadas de diablos carecen de humanidad en cualquier cosa que hacen. Esto viene determinado por su esencia-naturaleza. Por tanto, da igual cómo compartas la verdad para exhortarlas o ayudarlas, no puede resolver el problema de su esencia-naturaleza. Por una parte, esto es porque la esencia-naturaleza de los diablos es que odian la verdad y no pueden aceptarla en lo más mínimo. Por otra, aquellos reencarnados de diablos carecen de conciencia y razón y no tienen ni un ápice de conciencia en lo que se refiere a la maldad que cometen ni sienten vergüenza, remordimiento o angustia. Así, no poseen el sentido del pudor o de la vergüenza que deberían tener las personas normales. No entienden la moralidad ni la ética humanas ni la dignidad ni el sentido de la vergüenza que uno debería poseer al comportarse. No entienden ninguna de estas cosas. Aunque puedan expresar algunas doctrinas que suenan bien, eso no prueba que posean humanidad normal; son meramente personas hipócritas y engañosas. Por tanto, no importa qué verdades se les compartan a tales personas, su esencia-naturaleza no se puede cambiar. Entonces, solo hay una solución: no uses a tales personas para el deber. Depúralas. Esto resuelve el problema. Hay quien dice: “Si se las descarta o se las echa y ya no se entregan a su deseo sexual ni perturban el trabajo dentro de la casa de Dios, entonces, ¿acaso no seguirán haciendo daño a las personas si hacen estas cosas entre los no creyentes? ¿Acaso no se las debería mantener en la casa de Dios, con alguien asignado para supervisarlas, para impedir que dañen a las personas en la sociedad?”. ¿Es correcta esta afirmación? (No). ¿Por qué es incorrecta? (Mantenerlas en la casa de Dios perjudica a los hermanos y hermanas, perturba el trabajo de la iglesia y trastorna la obra de Dios. Esto es inapropiado. Deja que regresen al mundo. Hay muchos diablos y satanases en el mundo y, sea cual sea la clase de perturbaciones que causen, no se puede considerar como dañar a los diablos. Como todos son diablos, lo que hacen no se puede considerar hacer daño). ¿Acaso esta opinión no es acorde con la realidad? (Sí). Esta opinión es correcta. Aquellos que se entregan a los deseos sexuales son diablos y no se les puede permitir quedarse en la casa de Dios para dañar a los hermanos y hermanas. Hagan lo que hagan fuera, en la sociedad, no tiene nada que ver con la casa de Dios, porque aquellos que no creen en Dios carecen de humanidad y son todos diablos. Por mucho que luchen los diablos entre sí, eso no perturbará el trabajo de la casa de Dios. Todos son propios de Satanás y están confabulados con Satanás desde el primer momento. Han estado luchando entre sí y perjudicándose mutuamente durante miles de años. ¿Qué tiene que ver este asunto con nosotros? Se infligen daño mutuamente, lo cual es algo en lo que participan voluntariamente. Todos son de la misma clase asquerosa; son tal para cual. En resumen, la casa de Dios no quiere a este tipo de persona. Como las personas que son diablos no se ocupan de las tareas que les corresponden y no tienen conciencia ni razón, estén dondequiera que estén, solo causan perturbaciones y solo se dedican al sabotaje y la destrucción. No pueden hacer nada beneficioso para las personas. Solo pueden perjudicarlas. Aunque pueden rendir algún servicio, las pérdidas que causan no lo compensan. Puede que parezca que tales personas se comportan bastante bien y que no han hecho nada malo, pero una vez que se les brinda la oportunidad, son capaces de hacer cosas realmente malas. Por tanto, la manera en la que se debería lidiar enseguida con tales personas es echarlas. Aunque podrían rendir algo de servicio y hacer algunas cosas correctas, esto no significa que se hayan arrepentido de veras, mucho menos que su esencia-naturaleza haya cambiado. Con independencia de su condición actual, uno no debería dejarse desorientar por su falsa apariencia, mucho menos confiar en ellas o creer que puedan hacer algo de trabajo. Como su esencia-naturaleza es la de un diablo, dondequiera que vivan una vida de iglesia, son una bomba de relojería y suponen una amenaza para todos. Aunque se abstengan temporalmente de hacer cosas malas, cada palabra y acción, todos sus movimientos, seguirán interfiriendo en tu estado de ánimo y emociones e incluso pueden influir en tus opiniones. Esta es la consecuencia de tener un diablo cerca. Por ejemplo, supongamos que has estado recientemente en mal estado o un poco negativo; o has oído alguna propaganda negativa y rumores infundados, lo que ha causado que desarrolles nociones acerca de Dios. Si hay un diablo cerca de ti, podría suceder que tengas pesadillas constantes cuando duermes. Podría ser que, incluso después de conversar con él, no solo tu estado no logre volverse positivo ni se te levante el ánimo, sino que te sientas cada vez más decaído y oscuro en tu espíritu. Mientras más te acercas a él, menos puedes sentir la presencia de Dios. Mientras más estás en contacto con él, más se aleja tu corazón de Dios, más sientes que creer en Dios no tiene ningún sentido e incluso cada palabra y acción suyas afectan tus pensamientos e influyen en tus opiniones y posturas respecto a las personas, acontecimientos y cosas a tu alrededor. Sin embargo, cuando interactúas y te relacionas con humanos corruptos corrientes, es diferente y no tienes estas reacciones adversas. Por tanto, aunque la gente no pueda sentir de manera evidente el daño que causan tales personas que son diablos cuando están cerca, el daño y la amenaza que suponen para los demás son constantes. Aunque parezcan bastante amistosas contigo, no parezca que te odien y no te hayan juzgado ni atacado, mientras sean diablos y no sean humanas, sus palabras y acciones, su discurso y su comportamiento seguirán causando un impacto en ti. Este impacto surge sin que te des cuenta y aquellos que no entienden la verdad puede que no lo perciban. Por tanto, si se descubre a personas reencarnadas de diablos en los equipos evangélicos, en especial a personas que se entregan desenfrenadamente a sus deseos sexuales, se debe lidiar con ellas y echarlas con prontitud. A las personas malvadas no se las debe consentir ni tolerar. La gente siempre piensa que tener a una persona más en los equipos evangélicos añade una cuota de fortaleza a los esfuerzos evangélicos. Tener a una persona más es aceptable, pero añadir a un diablo implica problemas. Si es una persona más, aunque su calibre sea un poco pobre y solo pueda hacer tareas simples, como poco no perturbará ni dañará el trabajo de la iglesia como haría un diablo. Pero un diablo es diferente. Tal vez sea en apariencia persuasivo y elocuente y, según su calibre, podría ser competente como supervisor para cierto ámbito de trabajo. Sin embargo, dada su esencia-naturaleza, es absolutamente imposible que haga bien el trabajo. Solo puede crear un caos absoluto al respecto, porque cualquier cosa que hacen los diablos causa trastorno, perturbación y daño. Por tanto, las acciones malvadas de tales personas se deberían dejar en evidencia y discernir con prontitud, de modo que el pueblo escogido de Dios pueda identificar y discernir las acciones malvadas de los diablos. A menos que no hayas descubierto ni te hayas dado cuenta de que son diablos y te parezca que son personas normales que solo revelan ocasionalmente algo de lujuria perversa; eso apenas justificaría permitirles quedarse para una observación adicional. Si descubres que no solo revelan una lujuria perversa ocasional, sino que les causa placer, como a aquellas personas lascivas que, vayan donde vayan, convierten en su prioridad buscar a miembros del sexo opuesto que les gusten para disfrutar de sus deseos sexuales —como diablos que buscan almas que pueden devorar, que desorientan, atrapan y hacen daño a la gente por todas partes— y quienquiera que entre en contacto con ellas sufre su acoso, así como ocasionan constantemente tales problemas a su paso, entonces este no es el comportamiento de un humano; es claramente el de un diablo. Se debería echar a los diablos lo antes posible para impedir problemas futuros. Todo el mundo puede cometer errores en ocasiones, perder el control e incluso hacer cosas que crucen los límites de la humanidad, pero este comportamiento no es persistente, no disfrutan de ello y, después de hacer el mal y transgredir, sienten remordimiento, culpa y vergüenza. Cuando de nuevo se encuentran en la misma situación o el mismo asunto, pueden evitar la tentación y muestran señales de dar marcha atrás y arrepentirse. Pero los diablos nunca dan marcha atrás porque no pueden arrepentirse ni se arrepienten. ¿Has visto alguna vez que cambie la naturaleza de los diablos de resistirse a Dios, blasfemar contra Dios y atacarlo? No. Da igual cuánto tiempo haya tenido Él la soberanía sobre la especie humana y haya gestionado a esta especie y da igual cuánto de Su omnipotencia, sabiduría y autoridad haya revelado Dios, Satanás permanece desafiante y continúa clamando contra Dios. Aunque siempre haya sido el enemigo derrotado de Dios, todavía clama contra Él y todavía lo ataca y se resiste a Él. Por tanto, si la esencia-naturaleza de una persona es la de un diablo, su esencia-naturaleza depravada nunca jamás puede cambiar. La depravación es su verdadera cara, es su preferencia y además es su naturaleza, por tanto, no cambiará. Da igual en qué iglesia veas a este tipo de personas, deberías dejarlas en evidencia y discernirlas lo más rápido posible y luego echarlas. No les des a los diablos la ocasión de arrepentirse. Adoptar este enfoque beneficia al trabajo de la iglesia y al pueblo escogido de Dios. Entonces, ¿a qué clase de persona se le debería dar la ocasión de arrepentirse? Debes tener la certeza de que tal persona es normal, no un diablo, y que transgredió solo debido a una debilidad temporal o bajo circunstancias especiales, pero después sintió remordimiento, incluso se odió a sí misma y se abofeteó su propio rostro. Debes tener la certeza de que su conciencia puede funcionar. A tales personas se les puede dar una oportunidad de arrepentirse. Pero los diablos disfrutan de sus deseos sexuales cada vez que tienen ocasión. Esto lo determina su naturaleza. Por tanto, a los diablos no se les puede dar la ocasión de arrepentirse y habría que ocuparse de ellos lo antes posible, echándolos o expulsándolos. Este es el principio para tratar a este tipo de personas y la mejor manera de lidiar con ellas. ¿Está ahora claro este asunto? (Sí).
Algunas personas no pueden desentrañar las cosas. Ven que algunos de aquellos que son diablos son bastante viejos, sin embargo, participan constantemente en el juego del deseo sexual. Compartan como compartan otros la verdad, ellos no le dan importancia. Aunque admitan cara a cara que han actuado mal, después siguen haciendo lo que les viene en gana. Las personas que no pueden desentrañar las cosas se quedan desconcertadas: “¿Cómo pueden los diablos tener un deseo sexual tan fuerte? ¿Cómo pueden seguir siendo tan depravados a su edad? Esta persona es reincidente en estos asuntos, se comporta de manera consistente. ¿Cómo puede no tener sentido de la vergüenza? ¿Cómo es que no es capaz de restringirse?”. ¿Acaso no es esto incapacidad para desentrañar las cosas? Después de creer en Dios durante tantos años, todavía no sabe cómo tratar a las personas según su esencia-naturaleza ni entiende que la esencia-naturaleza de diablo nunca cambia. ¿No es esto muy estúpido e ignorante? Los diablos nacen de esa manera; ya sean masculinos o femeninos, sea cual sea su edad, son esa clase exacta de criatura. Su esencia-naturaleza es la de un diablo. Una manifestación de la lascivia, la provocación sexual y la licenciosidad de los diablos es que disfrutan especialmente del juego del deseo sexual y lo hacen hasta que su carne perece. Por tanto, da igual a qué edad lleguen, siguen siendo este tipo de persona y no cambiarán; esto no es nada extraño. Ves que no son jóvenes y, desde fuera, no parecen del tipo que participa en el juego del deseo sexual, pero como un diablo habita en su interior, participan en el juego del deseo sexual sin que los limite la edad o el género de su carne ni tampoco su entorno. No está relacionado necesariamente con su familia ni con sus padres; no es una cuestión de genética, sino un problema de su esencia-naturaleza interior. Tienen una esencia-naturaleza depravada y eso determina que su cualidad sea la de un diablo. Como su esencia-naturaleza ya se ha dejado en evidencia y su esencia-naturaleza determina su cualidad, para las personas de este tipo, con independencia de en qué ocupación hayan participado con anterioridad, de qué edad tengan ahora y de cuáles sean sus habilidades para hablar o cómo sean sus condiciones innatas; nada de esto afecta a su cualidad. Si solo te fijas en su apariencia exterior, te desorientará con facilidad, dirás: “Esta persona parece muy refinada y culta, habla con bastante elegancia; seguro que es alguien que entiende lo que es el decoro, la justicia, la integridad y la vergüenza. ¿Cómo pudo hacer tales cosas perversas? ¡No parece del tipo de los que participan en el juego del deseo sexual!”. No puedes desentrañar este asunto; te parece un poco inconcebible y un tanto difícil de creer. ¡Es muy estúpido por tu parte sostener este punto de vista! Un diablo puede hacer cosas endiabladas con independencia de la carne que vista. Da igual cuál sea el aspecto exterior de esta persona, la edad que tenga o cómo sea su personalidad, hará cualquier cosa que se conforme a su naturaleza. No tiene nada que ver con su apariencia, edad o educación ni tampoco con su trasfondo religioso, mucho menos con su etnia y, por supuesto, tampoco tiene nada que ver con su entorno familiar. Su esencia y su naturaleza determinan que pueda hacer estas cosas y que tenga estas manifestaciones. Por tanto, por una parte, que no te parezca extraño ni inconcebible; y por otra, no hagas cosas estúpidas. No quieras siempre tolerarla, ser paciente con ella y darle oportunidades para arrepentirse, queriendo salvarla para que cambie, intentando hacer que ame la verdad para que pueda regresar al camino de la humanidad normal. Si todavía pretendes ayudar y salvar a estas personas que son diablos, entonces eres demasiado estúpido; no entiendes la esencia de este tipo de personas, no entiendes los principios para tratarlas, no entiendes la verdad y no entiendes las intenciones de Dios. Si ves que tienen una esencia-naturaleza depravada y todavía pretendes ayudarlas a arrepentirse, eso muestra que no crees las palabras de Dios; no estás contemplando ni juzgando a las personas, acontecimientos y cosas según las palabras de Dios y no tienes auténtica sumisión a las palabras de Dios ni aceptación de ellas. Solo quieres contemplar y juzgar a diversas personas, acontecimientos y cosas en función de lo que ves y de los fenómenos externos y solo quieres actuar según tu propio entusiasmo y tus buenas intenciones. Este es un pensamiento y un punto de vista falaces y también una manifestación de rebeldía. La solución para lidiar con este tipo de personas que participan en el juego del deseo sexual es muy simple: trátalas de acuerdo con su esencia. Mientras tengas la certeza de que pertenecen a este tipo de personas, echarlas es la manera de lidiar con ellas; no hay necesidad de darles otra oportunidad de arrepentirse. No estés limitado, aunque otros no lo entiendan. La esencia de los diablos no cambiará. Son esta clase de criatura en su juventud, siguen siendo este tipo de persona en la mediana edad y en la vejez —a pesar de su avanzada edad— todavía son esta clase de criatura; no cambiarán. Dime, ¿hay viejos de setenta u ochenta años que engatusan a chicas jóvenes o mujeres de sesenta o setenta años que buscan jovencitos? (Sí). Hay muchas de esas cosas extrañas y depravadas en la sociedad. ¿Empezaron a participar en el juego del deseo sexual solo cuando se hicieron mayores? (No). Ya eran así de jóvenes; han sido esta clase de criatura toda su vida. ¿Qué términos usan los no creyentes para describir esto? Esto es lo que se llama “asaltar cunas”; a esto le llaman ser un seductor. Mira lo eufemísticas que son sus palabras. Usan términos o dichos como “seductor”, “espíritu libre”, “saber vivir” o “ser capaz de romper las convenciones mundanas” para describir a este tipo de cosa y este tipo de persona. Los términos y dichos que usan los no creyentes para definir tales asuntos son asquerosos. No pueden aplicar la terminología correcta para calificar estos asuntos desde la raíz, desde la esencia porque, por una parte, el mundo no creyente y esta especie humana misma son depravados y, por otra parte, nadie puede desentrañar la raíz de tales problemas. Por tanto, sus puntos de vista al definir estos asuntos son muy superficiales, así como también muy absurdos y perversos; están desligados de la esencia de estas cuestiones.