Cómo perseguir la verdad (16) Parte 4
La gente que no sabe discernir el bien del mal puede aceptar algunas afirmaciones correctas y positivas o, de cara al exterior, seguir a otros en su gusto y anhelo por algunas cosas positivas. Sin embargo, una vez que pasa el tiempo y cambia el entorno, como también lo hacen las personas, los acontecimientos y las cosas, estas cosas positivas se convierten de inmediato en negativas en lo más profundo de su corazón, mientras que las negativas, las que de verdad les gustan, se vuelven entonces positivas y se convierten en el objeto de su búsqueda. Es decir, antes de que hayan visto ninguna de las cosas negativas que les gustan, las positivas no son para ellos más que una doctrina, y pueden dejarse llevar por la corriente y seguir al rebaño. Sin embargo, a medida que se hacen mayores y pasa el tiempo, las cosas que de verdad aman en su corazón y sus verdaderos puntos de vista afloran de manera natural. Por ejemplo, algunos suelen decir: “Creer en Dios es bueno; los que creen en Dios recorren la senda correcta y no hacen el mal; todos son buena gente”. Pero después de haber creído en Dios durante unos años y ver que todos los sermones y enseñanzas en la casa de Dios instan a las personas a ser honestas, a perseguir la verdad, a someterse a Dios y a hacer el deber de un ser creado, sienten aversión por ello, les parece que creer en Dios no tiene sentido y quieren abandonar la iglesia y regresar al mundo; su corazón no está en la iglesia. Así son los que no aman la verdad. En realidad, esta clase de personas no aman las cosas positivas y tienen en su corazón muchos razonamientos retorcidos y herejías. Para ellas, estos razonamientos retorcidos y herejías son cosas positivas, mientras que, en lo más profundo de su corazón, sienten aversión, detestan y desprecian las cosas verdaderamente positivas y nunca las aceptan. Precisamente porque nunca aceptan las cosas positivas y porque lo que les gusta son las negativas, la humanidad de esta clase de personas no posee la capacidad de discernir el bien del mal. Es como el caso de algunos que, cuando empiezan a creer en Dios, solo lo hacen para obtener bendiciones. Después de escuchar sermones durante muchos años, por fin entienden: “Creer en Dios significa que la gente debe ser honesta y devota, estar dispuesta a pagar un precio al hacer su deber y ser sincera con Dios, que no debe actuar de manera imprudente y obstinada y que ha de defender los intereses de la casa de Dios. En especial, cuando los intereses de la casa de Dios entren en conflicto con los suyos propios, deben defender los de la casa de Dios y renunciar a sus intereses personales”. Tras aprender sobre todos los distintos aspectos de la verdad, se arrepienten de creer en Dios y dicen: “Pensaba que creer en Dios significaba tener un gran grupo, una fuerza poderosa en la que apoyarse, y que, siempre y cuando la gente renunciara a mucho, sufriera y pagara un precio, podría entrar en el reino y tener un buen destino, avanzar con fuerza a la siguiente era, ser los señores de esta y reinar como reyes. Pero resulta que no es así. Creer en Dios consiste enteramente en enseñar a la gente a comportarse, a someterse a Dios y a evitar el mal. En particular, si la gente cree en Dios, siempre se le pide que sea honesta y hable con sinceridad, así como que practique la verdad; no se le permite tener la última palabra. ¿Qué sentido tiene entonces creer en Dios?”. Por tanto, desarrollan quejas en su corazón y quieren abandonar su fe. Pero luego piensan: “Llevo varios años creyendo en Dios; si lo dejo ahora, ¿no habré creído en vano?”. En ese momento, se sienten reacios a abandonar. Pero si siguen creyendo, no les interesa la verdad. En la casa de Dios siempre se habla de perseguir la verdad y entrar en la realidad, de someterse a Dios, de buscar la verdad y de actuar conforme a los principios. Están cansados de oír hablar de estas cosas y ya no quieren seguir escuchándolas. En especial, cuando la casa de Dios habla de practicar la verdad, se sienten angustiados y doloridos por dentro; cuando se mencionan cosas positivas, sienten aversión por ellas, las desprecian en su corazón y no están dispuestos a escuchar. Algunas personas, al darse cuenta de que, aunque crean hasta el final, no obtendrán la verdad ni un buen destino, simplemente dejan de creer. Algunas de ellas se van a buscar un trabajo o a hacer negocios, y otras vuelven a casa para casarse. Dejan de creer en Dios porque no aman la verdad. La casa de Dios siempre charla acerca de la verdad y habla sobre ella, algo por lo que sienten especial aversión. Esto demuestra que esta clase de personas no tienen conciencia ni razón y que no pueden discernir el bien del mal. El hecho de no poder discernir el bien del mal significa que, en su humanidad, no disponen del estándar ni de la capacidad para identificar las cosas positivas y las negativas; es algo de lo que carecen. Entonces, ¿tiene esta clase de personas una humanidad normal? (No). No son humanos. Si alguien de verdad tiene humanidad, hay algo que puede demostrarlo: ama y anhela las cosas positivas en su corazón. Incluso cuando no entiende la verdad, anhela una sociedad recta que esté libre de oscuridad, como también anhela las cosas positivas y que la verdad ostente el poder. Pero esta sociedad malvada no le proporciona ese entorno, y a las personas se las excluye y reprime si revelan algo positivo. En estas circunstancias, las personas con humanidad no pueden obtener las cosas positivas que les gustan y anhelan, por lo que se sienten afligidas en su corazón. Pero después de creer en Dios, al leer Sus palabras y escuchar los sermones, entienden muchas verdades, y estas verdades son coherentes y coinciden con las cosas positivas que su humanidad ama, lo que satisface a la perfección sus necesidades de cosas positivas. Por tanto, su corazón anhela las cosas positivas aún más. Aunque ahora no puedan poner la verdad en práctica por completo —ya sea por limitaciones del entorno, por su escasa estatura o porque ciertas actitudes corruptas las constriñen y atan—, tienen la determinación y el deseo de poder algún día practicar plenamente de acuerdo con la verdad y las palabras de Dios, para así lograr la sumisión a Sus palabras y satisfacer sus necesidades derivadas de su amor por las cosas positivas. Tales personas son aquellas cuya humanidad posee la cualidad de ser capaz de discernir el bien del mal; son personas con humanidad. Si solo afirmas que amas las cosas positivas y reconoces de palabra que todo lo que Dios hace es bueno, eso es simplemente recitar doctrinas y gritar consignas. Emitir palabras agradables y teorías correctas o soltar discursos altisonantes es algo que puede hacer cualquiera. Eso no demuestra que de verdad ames las cosas positivas. Pero si, cuando oyes la verdad, puedes amarla y anhelarla, y cuanto más la oyes, más la anhelas, mayor es tu impulso por buscarla y más firme se vuelve tu fe en seguir a Dios y alcanzar la salvación; y si, en el proceso de creer en Dios, obtienes ganancias en tus diversas búsquedas, te vas despojando gradualmente de tus actitudes corruptas y van disminuyendo cada vez más tus actos de resistencia a Dios y rebeldía contra Él, entonces eres alguien que ama las cosas positivas, alguien que posee la realidad-verdad. Tales personas dan fruto y obtienen ganancias en su fe en Dios. Puedes sentir que has cambiado y que tu actitud hacia Dios y la verdad es diferente a la que tenías antes. En el pasado te rebelabas contra Dios, no te sometías a Él y no podías practicar la verdad ni siquiera en asuntos insignificantes. Pero a lo largo de estos años de búsqueda, de estos años en los que has hecho tu deber y gracias a tus esfuerzos en todos los aspectos, has entendido algo de la verdad y, cuando te enfrentas a los asuntos, puedes buscar la verdad y rebelarte contra los deseos de tu carne. En algunos asuntos importantes relacionados con los principios, también puedes atenerte a estos y no actuar según tu propia voluntad, así como defender los intereses de la casa de Dios y el trabajo de la iglesia. Esto significa que tienes cierta estatura, que tienes algo de práctica y entrada en lo que respecta a rebelarte contra ti mismo y a aceptar la verdad y someterte a ella y que tus diversas actitudes corruptas también han cambiado en diversos grados. Esta es la manifestación de discernir el bien del mal en las personas que de verdad tienen humanidad.
Las personas que no saben discernir el bien del mal puede que también quieran aceptar la verdad y estén dispuestas a buscar la salvación, pero cuando se enfrentan a las cosas, no pueden poner la verdad en práctica. Siguen viviendo según sus actitudes corruptas y a menudo se rebelan contra Dios y se resisten a Él sin ser conscientes de ello. Se rebelaban contra Dios de esta manera hace diez años y, diez años después, todavía pueden hacerlo. Ni aceptan ni practican la verdad. Hay dos razones para ello: una es que no entienden en lo más mínimo qué es la verdad y se limitan a aferrarse a su propio razonamiento, a sus propios dichos y a sus propios puntos de vista. La otra es que no son en absoluto personas que acepten la verdad. Siguen rebelándose contra Dios de la misma manera en que lo hacían hace diez años, sin ningún cambio. Por muchos años que lleven creyendo en Dios, no tienen testimonio de aceptar la verdad ni de someterse a Dios, y mucho menos de rebelarse contra la carne y sus actitudes corruptas. Esto demuestra que no son personas que acepten la verdad. Tales personas no son de las que disciernen el bien del mal. También se puede decir que no son personas con humanidad; para decirlo sin rodeos, no son seres humanos. Algunas personas, tras oír estas palabras, sienten en su corazón que no están convencidas. Dicen: “Llevo más de diez años creyendo en Dios y siempre he estado haciendo mi deber. Es solo que de vez en cuando cometo algunos errores y me someto a alguna poda. ¿Acaso no es eso muy normal? Todo el mundo tiene actitudes corruptas; ¿quién no comete errores? En cualquier caso, soy un verdadero creyente. ¿Cómo puedes decir que no tengo humanidad?”. Es cierto que eres un verdadero creyente, pero ¿ser un verdadero creyente significa que puedes aceptar la verdad? ¿Significa que puedes rebelarte contra la carne y que no serás obstinado? ¿Significa que puedes someterte a Dios? No. Ser un verdadero creyente no lo es todo y no significa que puedas alcanzar la salvación. Alcanzar la salvación depende fundamentalmente de si tu humanidad puede aceptar la verdad y de si puedes discernir el bien del mal. Ser un verdadero creyente no es la condición más importante para que las personas alcancen finalmente la salvación, ni es una condición básica. Dices que eres un verdadero creyente, pero ¿cuánta verdad has entendido y obtenido? En lo que respecta a los intereses de la casa de Dios, ¿en cuántas ocasiones los has defendido? Si crees que eres un verdadero creyente, que tienes conciencia y humanidad y que eres una persona de verdad, entonces, en relación con el mismo asunto, si podías rebelarte contra Dios hace diez años, ¿puedes seguir rebelándote contra Él ahora? ¿Has cambiado? ¿Te has rebelado contra la carne? Si no te has rebelado contra la carne, ¿podrás hacerlo en los próximos diez años? Si sigues sin poder rebelarte contra la carne y aún puedes rebelarte contra Dios, eso demuestra que hay un problema con tu humanidad. No puedes practicar la verdad, así que, aunque digas que eres un verdadero creyente, es inútil. Dices que estás dispuesto a sufrir y a pagar un precio, así como a hacer tu deber devotamente, pero esta disposición no tiene valor. Es solo un requisito previo para que puedas practicar la verdad y someterte a Dios, pero el hecho de que finalmente puedas poner en práctica la verdad depende de si tienes humanidad. Si tu corazón es siempre incapaz de frenar y controlar tus actitudes corruptas, eliges defender tus propios intereses y escoges las cosas negativas en lugar de las positivas, eso demuestra que tu humanidad no ama la verdad ni tiene la capacidad de controlar tus actitudes corruptas. Que no tuvieras la capacidad de controlar las revelaciones de tus actitudes corruptas cuando no entendías la verdad es disculpable. Pero ahora es diferente. Llevas muchos años escuchando los sermones sobre la verdad y, aun así, sigues sin poder frenar tus actitudes corruptas para poder practicar de acuerdo con los principios-verdad y tomar las decisiones correctas cuando te enfrentas a las cosas. Ves claramente a personas malvadas que perturban el trabajo de la iglesia y, sin embargo, no eres capaz de ponerte en pie para defender los intereses de la casa de Dios. Pero cuando alguien perjudica tus propios intereses, puedes hacer todo lo que está en tu mano para defenderlos. Esto es suficiente para demostrar que en tu humanidad no hay conciencia ni razón que te regulen y frenen para que elijas la senda y los principios de práctica correctos. Si haces cosas tan irracionales y aun así afirmas que eres humano, eso demuestra que tu conciencia y tu razón ya no funcionan. Entonces no eres una persona normal, porque en tu humanidad no hay conciencia ni razón ni nada que pueda permitirte tomar las decisiones correctas. ¿Lo entiendes? Algunas personas dicen: “Mi estatura es pequeña ahora. Debido a mi entorno y educación familiares, soy obstinado, indulgente conmigo mismo y soberbio. Pero en la vida real sé qué son las cosas positivas y qué son las negativas, y sé lo que debo y no debo hacer. Es solo que, como mi estatura es pequeña y no he tenido a nadie que entienda la verdad para esclarecerme, supervisarme e instarme, no he puesto la verdad en práctica y he cometido algunas transgresiones, y estoy un poco arrepentido en mi interior”. En la vida real, tales personas pueden usar su conciencia para regular su conducta y frenarse a sí mismas a fin de recorrer la senda correcta. Son personas que pueden salvarse. Esto se debe a que son capaces de aceptar la verdad, pueden poner en práctica parte de ella y han experimentado algunos cambios. Es solo que su ritmo de progreso es un poco más lento que el promedio y su crecimiento es algo menor, pero están cambiando. Es lo mismo que sucede con algunas semillas que crecen rápidamente sobre un terreno que es bueno, mientras que otras lo hacen más despacio y con mayor dificultad en la arena o en las grietas de las rocas; pero mientras haya vida en ellas, crecerán. Lo mismo ocurre con las personas. Mientras su humanidad posea la conciencia y la razón que la gente debería tener, eso demuestra que tienen vida humana; después de que acepten la verdad, cambiarán. Incluso si el cambio es lento —otros progresan mucho en una década, mientras que ellas solo avanzan un poco en veinte o treinta años—, a pesar de la lentitud, se están desarrollando en una dirección positiva, están cambiando y su vida está en continuo crecimiento. No importa lo rápido o lento que crezcan, esta clase de personas posee la cualidad de la humanidad. Sin embargo, hay otra clase de personas que llevan muchos años creyendo en Dios, pero no han experimentado ningún crecimiento en su vida en absoluto. Independientemente de quien hable sobre la verdad, sienten aversión y no están dispuestas a escuchar. No importa qué entorno disponga Dios, no buscan la verdad ni pueden extraer lecciones de él, así como tampoco obtener guía positiva alguna ni ayuda a partir de tal entorno. Sienten aversión por las cosas positivas en su corazón. Su carácter y su estilo de vida, que consisten en hacer lo que les place, nunca han cambiado. Tales personas son las que no tienen conciencia ni razón. No son humanos, son no humanos. Al explicarlo de esta manera, ¿os resulta más claro y comprensible? (Sí).
Hay otra clase de personas: las que saben que creer en Dios es bueno, pero no entienden qué son las cosas positivas y las negativas; además, no usan en absoluto su conciencia para regular o frenar sus palabras y acciones. A tales personas es más fácil discernirlas. No aman las cosas positivas en lo más mínimo ni entienden para nada el sentido de las cosas. Todo esto les resulta confuso. Si les preguntas qué son las cosas positivas, hablarán en términos de doctrinas y dirán que todo lo que Dios dice y hace son cosas positivas. Lo que dicen suena bastante bien, pero cuando se enfrentan a las cosas, no pueden relacionarlas con las palabras de Dios ni discernirlas; su mente se hace papilla, se atolondran y no tienen claridad respecto a nada. Si les preguntas qué verdades han obtenido de su fe en Dios durante tantos años, dicen: “Dios tiene soberanía sobre todas las cosas, todo lo que Él hace por el hombre es bueno y Dios ama al hombre. Satanás se resiste a Dios y daña, persigue y abusa del hombre”. Si les preguntas qué más han obtenido, dicen: “Debemos hacer bien nuestro deber, sufrir más y pagar un precio mayor”. Si entonces les preguntas qué principios se deben seguir al hacer el deber, dicen: “Debemos escuchar lo que dicen los de arriba y hacer lo que se nos pide. Aunque el trabajo sea sucio y agotador, debemos hacerlo bien; no debemos trastornar, perturbar ni causar problemas. Debemos hacer cosas que sean beneficiosas para todos y para la casa de Dios”. Todas estas doctrinas que expresan son correctas; no hay ni una sola palabra equivocada en ellas. Sin embargo, cuando se enfrentan a las cosas, no revelan más que algunos puntos de vista distorsionados y necios, y por muchas veces que las corrijas, no pueden cambiar. ¿Qué clase de miserables son tales personas? (Son personas atolondradas). ¿Son humanos las personas atolondradas? (No). ¿Qué son las personas atolondradas? (Bestias). La palabra civilizada es “animales”, y el término coloquial es “bestias”. Por muchos sermones que escuchen, no entienden qué es la verdad, qué son las cosas positivas ni qué son las negativas. Por muchas cosas que hagan en rebeldía contra Dios, no son conscientes de ello en su corazón y siguen sintiendo que son bondadosas por naturaleza y que tienen un corazón compasivo. Cuando ven a alguien sufrir, sienten dolor en su corazón y desearían poder sufrir en su lugar. Cuando ven a alguien sin nada que comer o vestir, quieren darle su propia ropa y comida. Por muchas palabras de Dios que escuchen que dejen en evidencia la corrupción de la especie humana, siguen sintiendo que son muy buenas, mejores que nadie. Por muchas cosas incorrectas que hagan, no saben en qué se equivocaron y nunca admiten que tienen un carácter corrupto. Si les preguntas: “¿Eres un humano corrupto? ¿Tienes un carácter corrupto?”, responden: “Sí, lo tengo. Todo el mundo tiene corrupción, ¿cómo no iba a tenerla yo? ¡Estás diciendo necedades!”. Incluso te llaman necio. Pero cuando hacen algo mal, no lo admiten e incluso echan la culpa a otros. No importa qué hagan mal, no lo admiten, y por muy graves que sean las fechorías que cometan, siempre tienen excusas y razones para justificarse. ¿Tienen tales personas algo de razón? ¿Son personas que pueden discernir el bien del mal? (No tienen razón ni pueden discernir el bien del mal). Parecen esforzarse mucho cada día, escuchando sermones y leyendo las palabras de Dios desde el alba hasta el anochecer, pero no pueden entender ni una sola frase de la verdad, hacer ni una sola cosa de acuerdo con los principios-verdad ni decir ni una sola palabra que sea conforme a la verdad. Y, dejando a un lado las palabras que son conformes a la verdad, ni siquiera pueden decir una palabra que esté de acuerdo con la conciencia y la razón de la humanidad; solo dicen palabras atolondradas y absurdas, y solo sueltan argumentos retorcidos. Tales personas están muy lejos de tener conciencia y razón; son simplemente personas atolondradas, rebosantes de razonamientos retorcidos. Después de escuchar muchos sermones, pueden decir algunas palabras espirituales. Cuando las oyes pronunciar palabras espirituales, piensas que son bastante competentes y elocuentes, pero a la hora de manejar los asuntos, descubres que son a la vez atolondradas y absurdas. Cuando sueltan argumentos retorcidos, pueden dejarte sin palabras. ¿Qué significa “dejarte sin palabras”? Significa que no puedes imaginar que alguien pueda decir palabras tan absurdas o tener tal forma de pensar, que simplemente te resulta inconcebible y que, al final, solo puedes responder a tales personas con el silencio, que es la mejor manera de tratar con ellas.