Cómo perseguir la verdad (17) Parte 3
B. Saber lo que es correcto y lo que es incorrecto
Ahora que hemos terminado de hablar sobre discernir el bien del mal, a continuación deberíamos hablar sobre saber lo que es correcto y lo que es incorrecto, ¿verdad? (Sí). Saber lo que es correcto y lo que es incorrecto es sin duda diferente de discernir el bien del mal; de lo contrario, no habría necesidad de discutir tales cuestiones por separado. Saber lo que es correcto y lo que es incorrecto significa que, desde la perspectiva de la humanidad, uno debe saber qué puntos de vista y palabras son correctos y cuáles son incorrectos. Lo que es correcto debe mantenerse y lo que es incorrecto debe desecharse. En la mente de las personas normales, hay algunos pensamientos, puntos de vista y bases para discernir lo que es correcto y lo que es incorrecto. Persistirán en lo que es correcto y se opondrán o incluso rechazarán lo que es incorrecto. Si uno ni siquiera puede hacer esto, se demuestra que a su humanidad le falta algo; también se puede afirmar con rotundidad que las personas así están desprovistas de humanidad. Como persona, si dices que tienes humanidad, pero ni siquiera sabes lo que es correcto y lo que es incorrecto, ¿cómo puedes comportarte? ¿Cómo puedes comportarte adecuadamente? ¿Cómo puedes pronunciar cada palabra y realizar cada acción dentro del marco de la humanidad? Si no sabes lo que es correcto y lo que es incorrecto, entonces cada una de tus palabras y acciones no se pronuncia ni se realiza dentro del marco de la humanidad. ¿Qué significa no actuar ni hablar dentro del marco de la humanidad? Significa que no dices estas palabras ni haces estas cosas racionalmente, basándote en los pensamientos y puntos de vista correctos que la humanidad debería tener; esto es lo que significa no hablar ni actuar dentro del marco de tu humanidad. Algunas personas dicen: “Si uno no habla ni actúa dentro del marco de su humanidad, entonces, ¿cuál es su base para hablar y actuar?”. A grandes rasgos, hay dos bases. Una es hablar y actuar en el marco de una naturaleza demoníaca, viviendo según un carácter satánico. Las personas que entienden la verdad pueden ver que los pensamientos, puntos de vista y actitudes de estas personas presentes en sus palabras y acciones son los mismos que los de los diablos, y que estas cosas desorientan, dañan, tientan y engañan a la gente y no son positivas. Esta es una base: hablar y actuar en el marco de la propia naturaleza demoníaca. La otra es hablar y actuar como una bestia, y las bestias están aún más desprovistas de humanidad. Estar desprovisto de humanidad significa hablar y actuar sin conciencia ni razón; es tan simple como eso. Las palabras que pronuncian las bestias son un cúmulo de palabras atolondradas, necias y retorcidas; todo lo que dicen son doctrinas distorsionadas. Como ves, las palabras que pronuncian son iguales que los pensamientos y puntos de vista de los animales: son retorcidas y necias, estúpidas y atolondradas. Después de escucharlas, no sabes si reír o llorar y dices: “¿Cómo puede decir eso? Es como si fuera un niño de entre tres y cinco años, que dice disparates y no sabe nada. ¡Estas no son palabras que un adulto deba decir! Sus palabras no se sostienen, son ridículas, ¡son demasiado embarazosas para decirlas delante de nadie!”. Es un animal, una bestia, quien está hablando. Hablan y actúan en el marco de la naturaleza de una bestia, sin sentido alguno ni racionalidad, y mucho menos conciencia y razón. Es decir, su discurso es altamente irracional, carente de toda lógica. No sabes de dónde vienen las cosas que dicen y, después de oírlas, estás completamente confundido y perdido. Cuanto más escuchas sus palabras y su narración de las cosas, más caótico te parece lo que oyes y no tienes forma de entenderlo. Cuando hablan, siempre dan vueltas en círculos, lo mezclan todo, se repiten y divagan una y otra vez sobre lo mismo y, al final, siguen sin saber cómo concluir. Es un animal, una bestia, quien está hablando. Tales personas tienen una característica, y es que, hagan lo que hagan, digan lo que digan, posean el pensamiento o punto de vista que posean o asimilen el pensamiento o punto de vista que asimilen, ni siquiera saben si es correcto o incorrecto. Esta es una característica de su humanidad. La característica de su humanidad se define en última instancia por el hecho de que tales personas no tienen humanidad, es decir, no tienen conciencia ni razón. Ni siquiera saben lo que es correcto y lo que es incorrecto, así que, ¿crees que pueden hablar y actuar con conciencia? ¿Pueden poseer la conciencia y la razón de una persona normal si no saben lo que es correcto y lo que es incorrecto? ¿Pueden tener el pensamiento de una persona normal si no pueden discernir lo que es correcto y lo que es incorrecto? Nunca lo tendrán. Las personas normales no pueden comunicarse con la gente que es así. ¿Por qué digo esto? ¿Es porque careces de amor? No, es porque no tienes puntos en común, no compartes ningún pensamiento o punto de vista con ellos. Comunicarse con ellos es como comunicarse con un animal, con un diablo; es imposible. Dime, si hablas con los diablos y los satanases sobre la verdad, ¿puedes hacerte entender? Si les dices a los diablos y satanases: “Deberías creer en Dios. Él creó a la especie humana. Como seres creados, es solo correcto y apropiado que la gente adore a Dios”, ¿qué dirán? “¿Adorar a dios? ¡Yo quiero que la gente me adore a mí! ¿Cuánto dinero me darán por adorar a dios? Lo haré si me pagan”. ¿Qué clase de palabras son estas? ¿Acaso puedes comunicarte con los diablos? (No). ¿Y con los animales? ¿Puedes comunicarte con ellos? (Tampoco). Como ves, algunos animales protegen extremadamente su comida cuando comen. Después de acabarse su propia comida, incluso intentarán arrebatar la de otros animales. Si les dices: “No peleéis por la comida, comeos solo la vuestra”, ¿pueden entenderlo? (No). Cuando es la hora de comer, seguirán arrebatándose la comida unos a otros, e incluso empezarán a pelear y a morderse. Simplemente no puedes comunicarte con ellos. Para protegerlos y evitar que peleen por la comida, tienes que tomar medidas y ocuparte de ellos estrictamente, alimentándolos por separado cuando sea la hora de comer. Solo esta es la forma adecuada de ocuparte de ellos. ¿Por qué? Porque son animales, no tienen racionalidad y menos aún autocontrol, ni pueden juzgar si lo que hacen es correcto o incorrecto, así que, por muy correcto que sea lo que digas y por mucho que se sostenga, y por muy beneficioso que sea para ellos, no lo entenderán. Las personas que son reencarnadas de animales también son así. Por muy claramente que se comparta la verdad, no la entienden, así que nunca actúan según los principios correctos. Aunque hagan algo mal, no creerán que esté mal y persistirán en ello, e incluso seguirán haciéndolo toda la vida. ¿Acaso no son animales? Tales personas que no pueden entender el lenguaje humano son como animales, apenas un poco mejores, si es que lo son.
Ahora no hablemos de la naturaleza animal y demoníaca, sino que centrémonos solo en el aspecto de la humanidad que consiste en saber lo que es correcto y lo que es incorrecto. Saber lo que es correcto y lo que es incorrecto es una manifestación que una persona con humanidad debería tener, pero, de hecho, muchas personas carecen de ella. Las personas a menudo expresan un razonamiento retorcido, dicen palabras retorcidas e incluso hacen cosas falaces, actuando con especial tenacidad, y hasta pueden difundir su razonamiento retorcido a otros, transmitiéndoselo. El razonamiento que expresan es profundamente retorcido y, aun así, se lo transmiten a otros, con lo que no solo se perjudican a sí mismas, sino también a los demás. Por ejemplo, si no les gusta comer arroz, dirán: “El arroz no es nutritivo. Deberíamos comer fideos, panecillos al vapor y pan”. Dicen que el arroz no es nutritivo. ¿Es correcta esta afirmación? (No). ¿Eres nutricionista? ¿Lo has analizado? ¿En qué te basas para decir que el arroz no es nutritivo? Por ejemplo, hay lugares donde solo se cultiva arroz y no trigo; la gente de allí come arroz toda su vida y vive bastante bien, llegando muchos de ellos a una edad avanzada. Pero, basándose en su propio gusto, las personas que expresan un razonamiento retorcido pueden decir que “el arroz no es nutritivo”, e incluso lo dicen como si fuera un razonamiento sólido. ¿Se trata realmente de un razonamiento sólido? (No). No entremos en si esta afirmación es conforme a la verdad; ni siquiera es un razonamiento sólido. ¿Cómo pueden llegar a expresar un razonamiento tan retorcido? ¿Son humanos? (No). Esta afirmación es obviamente errónea; es claramente una afirmación que nace de los deseos egoístas y los prejuicios, propia de alguien que habla de manera retorcida. Ellas mismas ni siquiera saben si es correcto o no y, sin embargo, lo afirman muy abiertamente y lo pregonan por todas partes. A algunas personas les gusta comer arroz y les disgustan los alimentos a base de trigo. Cuando ven a alguien comer alimentos a base de trigo, dicen: “Los alimentos a base de trigo no son nutritivos, el arroz sí. ¡Las personas que comen alimentos a base de trigo no valen nada, mientras que las que comen arroz son nobles!”. Usan esta teoría como base para medir a todo tipo de personas. Si a ti te gusta comer alimentos a base de trigo, te consideran inferior y no tan noble como ellas. Esta afirmación es obviamente incorrecta, pero por algún motivo ellas son incapaces de discernirlo e incluso la pregonan por todas partes. Decidme, ¿tienen humanidad tales personas? (No). Cuando ya no les gusta comer arroz y empiezan a gustarles los alimentos a base de trigo, dicen: “El arroz no es nutritivo, los alimentos a base de trigo sí. Mira qué robusta es la gente que come a menudo alimentos a base de trigo. ¡Deberíamos comer más fideos y panecillos al vapor! El arroz es un alimento de naturaleza fría[a], ¡no es bueno para el cuerpo!”. ¿Es correcta esta afirmación? (No). ¿Acaso no es esto un prejuicio? (Sí). Es un prejuicio; no es un hecho. ¿En qué se basan para decir esto? En sus propias preferencias y prejuicios, en sus pensamientos y puntos de vista falaces. Pero no saben que esto es incorrecto, e incluso lo dicen y lo proclaman como si fuera correcto. Si alguien plantea una opinión diferente, le rebatirán y seguirán insistiendo en su punto de vista falaz. ¿Acaso no es esto ignorancia sobre lo que es correcto y lo que es incorrecto? (Sí). Ni siquiera saben lo que es correcto y lo que es incorrecto en un asunto tan simple. Decidme, ¿puede funcionar su conciencia? ¿Pueden ser honradas? Una persona honrada debe saber lo que es correcto y lo que es incorrecto para poder defender la rectitud y los principios; solo entonces es correcto lo que defiende. Si una persona no sabe lo que es correcto y lo que es incorrecto y se aferra persistentemente a una afirmación errónea o a un pensamiento y punto de vista erróneos, ¿es auténtica su supuesta honradez? Eso no es honradez; es distorsión, absurdidad y razonamiento retorcido. Así que, decidme, ¿existe la conciencia de tales personas? (No). No tienen conciencia alguna. Algunas personas, cuando les sobreviene algo y surgen en ellas deseos egoístas, pueden darse cuenta de ello en su corazón y su racionalidad las frena. Saben que los deseos egoístas son incorrectos, por lo que pueden rebelarse contra la carne y desprenderse de ellos. Pero algunas personas son diferentes; en particular, aquellos que no saben lo que es correcto y lo que es incorrecto y que son propensos a expresar un razonamiento retorcido persistirán en sus puntos de vista erróneos de manera necia y obstinada. Por ejemplo, a algunas personas no se les da bien bailar; cuando bailan, están descoordinadas, no tienen sentido del equilibrio y no pueden seguir el ritmo, por lo que siempre hacen el ridículo. Así que dicen: “Las personas a las que no les gusta bailar son individuos estables. Todas las personas que adoran bailar son inestables, tienen mala personalidad y son disolutas. Si te casas con una persona así, tu vida será sin duda inestable”. ¿Es correcta esta afirmación? (No). ¿Por qué es incorrecta? (Que te encante bailar no tiene nada que ver con que seas o no estable). Sin entrar en si dicen esto por egoísmo, celos o un intento de calumniar, independientemente de cuál sea su intención, ¿son conformes sus palabras a los hechos objetivos? ¿Son necesariamente inestables las personas que saben bailar y se les da bien el baile? ¿Se basan tales palabras en la esencia de la humanidad de estas personas? ¿Es un hecho que sean inestables? (No). Además, ¿a qué se refiere ser estable? ¿Significa ser una buena persona? ¿Es ser estable una manifestación de ser honrado y bondadoso, de tener humanidad? Como mucho, es un mérito de la humanidad de uno o un punto fuerte; no puede indicar que alguien tenga una humanidad normal. Expresan su punto de vista como si fuera un razonamiento sólido, como si fuera una afirmación correcta. ¿Acaso no es esto expresar un razonamiento retorcido? (Sí). El hecho de que puedan pronunciar esas palabras demuestra que no saben si lo que dicen es correcto o no. Decidme, ¿tienen humanidad tales personas? (No). ¿Acaso no son muy problemáticas? (Sí). Si se tratara de alguien con una humanidad normal, aunque estuviera celoso de alguien que baila bien, como mucho diría: “Mira qué ágiles tiene las manos y los pies cuando baila. Yo también quiero bailar, pero no tengo ese don, ese punto fuerte; no se me da bien. ¡Qué envidia me da que sepa bailar tan bien! ¡Ojalá tuviera sus brazos y sus piernas!”. Dicho así, aún resulta medianamente aceptable; a esto se le llama decir la pura verdad. Como mucho, hay algo de carácter corrupto en ello, pero no es una manifestación de tener una humanidad deficiente. Sin embargo, el problema de expresar un razonamiento retorcido es grave. Estos individuos dicen: “Todas las personas que bailan son inestables y frívolas. Se nota a simple vista que no son personas que puedan hacer grandes cosas”. El hecho de que puedan decir estas palabras deja en evidencia que hay un gran problema con su humanidad. ¿Qué gran problema? Su humanidad carece de la condición básica de saber lo que es correcto y lo que es incorrecto. Pueden decir cosas incorrectas, distorsionadas y retorcidas como si fueran un razonamiento sólido y palabras correctas. Esto basta para demostrar que no tienen humanidad. Dicen lo que se les antoja, sin que su conciencia los regule. Son incluso capaces de expresar un razonamiento retorcido de una manera tan abierta, sintiéndose tan justificados, sin ni siquiera saber la naturaleza de estas palabras ni cuáles serán las consecuencias de decirlas. Esta es una manifestación de no tener humanidad. Las personas sin humanidad a menudo dicen abiertamente tales cosas erróneas y absurdas. Esta es su revelación natural. No solo dicen estas cosas en relación con uno o dos asuntos, sino que hablan así sea cual sea la cuestión, expresando algún tipo de pensamientos y puntos de vista falaces y creyendo en su corazón que las cosas son así. Nunca aceptan afirmaciones correctas o positivas ni las buscan jamás, sino que persisten en hablar de esta manera y en comportarse así. Por tanto, tales individuos son ciertamente personas sin humanidad. Insisten en hablar de esta manera, lo que deja totalmente en evidencia un problema, un hecho: no saben lo que es correcto y lo que es incorrecto y piensan que todas las herejías y falacias son correctas. Si les preguntas: “¿Qué es incorrecto?”, dirán: “Probablemente, todo lo que sea contrario a estas afirmaciones es incorrecto”. Y si luego les preguntas: “¿Y qué hay de esas palabras que se ajustan a los principios-verdad, que son conformes a los hechos objetivos? ¿Son correctas?”, dirán: “¿A quién le importa? ¿Quién sabe si son correctas o no? En cualquier caso, ¡las palabras que yo digo son correctas!”. No saber lo que es correcto y lo que es incorrecto; ¿es esta una manifestación que debería tener una persona que realmente posea conciencia y razón? (No). La respuesta es muy obvia: ciertamente no lo es.
Alguien a quien le gustaba hacer negocios solía comprar ropa en liquidación a los no creyentes para luego vendérsela a los hermanos y hermanas, a fin de sacar algo de provecho. Más tarde, otra persona compró rayón, gasa y otras telas similares para ropa de verano y las guardó en el almacén. Yo dije: “No es adecuado guardarlas ahí. Si se dejan mucho tiempo, podrían roerlas las ratas o enmohecerse por la humedad, lo que sería una lástima. No tendríamos que preocuparnos por eso si las convirtiéramos en ropa para que la usen los hermanos y hermanas, ¿verdad?”. Más tarde, empecé a organizarlo. Mientras lo hacíamos, la persona que vendía ropa se levantó para oponerse: “¡No, no podemos hacer eso! La tela negra absorbe el calor. Los hermanos y hermanas a menudo trabajan bajo el sol; pasarán demasiado calor si usan ropa negra. ¿Quién se responsabilizará si los hermanos y hermanas enferman por el calor o sufren una insolación?”. ¿Suena esto correcto? No lo sabéis, ¿verdad? Hay un hecho objetivo aquí: estas telas eran muy finas y transpirables y resultaban muy frescas al usarlas como ropa. Aunque la tela negra dé un poco más de calor, siempre que la ropa se hiciera un poco más holgada, no haría que la gente enfermara por el calor, como esta persona afirmaba. Además, no todas estas telas eran negras; algunas eran de colores claros. En realidad, la persona que dijo esto tenía segundas intenciones. ¿Por qué lo digo? Si no conoces el contexto, podrías pensar de verdad que mostraba consideración por los hermanos y hermanas. Pero si conocieras el contexto, sabrías que tenía intenciones ocultas al decir esto. Si los hermanos y hermanas usaran esa ropa fresca hecha de rayón, él no podría vender la ropa que había comprado; los hermanos y hermanas no se la comprarían. Toda la ropa que él compraba era de puestos callejeros y liquidaciones, de mala calidad; parecerías un mendigo con ella puesta. Y lo más importante, el precio al que la vendía no era barato. Ahora que conocéis el contexto, ¿podéis discernir si lo que dijo era correcto o no? (Sí). ¿Por qué dijo eso? (Tenía miedo de que su mercancía no se vendiera). No dijo que tuviera motivos egoístas; usó la fachada de preocuparse por los hermanos y hermanas y de temer que enfermaran por el calor para obstaculizar la confección de esa ropa, para entorpecer ese trabajo. Hay otro hecho objetivo, y es que él mismo llevaba vaqueros negros y ropa negra en pleno calor veraniego y nunca dijo que tuviera calor. ¿Qué pasaba? ¡Lo que decía no se correspondía con los hechos! Queríamos hacer algo de ropa para los hermanos y hermanas con tela de rayón y él dijo: “No, la tela negra da demasiado calor, hará que los hermanos y hermanas enfermen por el calor”. Los vaqueros negros que él llevaba eran mucho más gruesos que el rayón, así que, ¿cómo es que no tenía calor? Entonces, su afirmación de que la ropa negra daba demasiado calor y haría que los hermanos y hermanas enfermaran, ¿era correcta? ¿Fue sincero cuando dijo esto? No fue sincero; iba en contra de lo que realmente sentía. Así pues, ¿era correcto o no lo que dijo? ¿Se ajustaba a los hechos? (No se ajustaba a los hechos). Entonces, ¿por qué lo dijo? Precisamente porque este asunto entraba en conflicto con su negocio. Estaba ansioso por dentro, pero no podía decirlo abiertamente, así que solo pudo usar estas palabras para sabotear el asunto, para lograr su objetivo de proteger sus propios intereses. Fui Yo quien organizó esto, y él lo trastornó abiertamente así. Si tenía alguna objeción a lo que Yo organicé, podría habérmela presentado directamente, pero no lo hizo. De cara al exterior montó un gran teatro, aparentando no tener ninguna objeción, pero entre bastidores socavó el trabajo, sin contenerse en absoluto. ¿Qué dijo? “Todos los hermanos y hermanas ya tienen ropa que ponerse y visten bastante bien. ¿Es necesario emplear a tanta gente y dedicar tanto esfuerzo para hacer esa ropa?”. No dijo ni una palabra delante de Mí; simplemente socavó el trabajo así, entre bastidores. Cuando dijo estas palabras, ¿sabía en su corazón si eran correctas? Si le hubiera hecho esto a una persona corriente, supiera en su corazón si era correcto o no y solo lo hiciera porque estaba cegado por la codicia y movido por motivos y objetivos personales, se trataría solo de un problema de su calidad humana. Pero su acción iba dirigida contra Mí y, después de decir estas cosas para socavar el trabajo, no sabía si eran correctas o no, no tenía conciencia de ello en su corazón ni sentía ningún remordimiento y no conocía la naturaleza de sus acciones. ¿Qué clase de persona es esta? ¿Tiene humanidad? (No). Cometió un acto tan grave y, sin embargo, no sintió nada en su corazón. Decidme, ¿tenía conciencia? (No). No tenía conciencia, eso está claro. Incluso si se tratara de una persona corriente que se ocupara de asuntos apropiados, haciendo algo beneficioso para los hermanos y hermanas en la casa de Dios, deberías apoyarlo y no socavarlo; todos deberían cooperar en armonía para llevarlo a cabo. Y ni qué decir de ese trabajo que Yo inicié. Sin embargo, él se atrevió a socavarlo entre bastidores y a extender sus garras demoníacas. ¡La naturaleza de esto es demasiado grave! Después de socavar el trabajo, todavía fingía ser una buena persona, como si no hubiera pasado nada. Decidme, ¿tenía un ápice de conciencia? Aun así, incluso afirmaba que creía en Dios. ¿Es esa la semejanza que un creyente en Dios debería tener? ¿Es esa la conciencia y la humanidad que un creyente en Dios debería tener? Ni siquiera sabía en quién creía, y no podía discernir entre lo correcto y lo incorrecto. ¿Qué deber podía realizar? ¿Acaso no es una broma que una persona así todavía espere ser bendecida? Si me hubiera atacado personalmente con comentarios sobre Mí y Yo hubiese visto que no estaba trastornando ni perturbando intencionadamente el trabajo de la iglesia y que la realización de su deber era aceptable, lo habría tolerado por el momento y habría seguido observándolo. Pero Yo estaba haciendo algo que debía hacerse para la casa de Dios y para el pueblo escogido de Dios, algo que era beneficioso para todos, y él apareció para perturbarlo y socavarlo, con lo que me impidió continuar. Decidme, ¿debería ser indulgente con él? Si fuera alguien de escasa estatura que no supiera actuar con criterio, pero cuya realización del deber normalmente diera frutos, podría tolerarlo y darle una oportunidad para arrepentirse. Si estuviera dispuesto a arrepentirse y a rendir servicio a la casa de Dios, podría perdonarlo y no lidiar con él. Si no supiera lo que le conviene y continuara soltando herejías y falacias, así como perturbando y socavando las cosas, no le mostraría ninguna cortesía y lidiaría con él de acuerdo con los principios. Lo único que se puede hacer con las personas malvadas es lidiar con ellas de acuerdo con los principios. Cuando se depuren todas las diferentes clases de alimañas que perturban la iglesia, esta disfrutará de una paz mucho mayor. ¡Qué paz habrá cuando se lidie con estos no humanos! El ganado, como los cerdos, las vacas o los caballos, no es apto para tenerlo dentro de casa. Si se hace, ¿cuál será la consecuencia? Sin duda, convertirá la casa en un sitio inmundo, un lugar de caos. Si dices que podrías tolerar esto, me gustaría ver cuántos días aguantarías. Lo que no es apto para tenerlo en casa, hay que sacarlo. Tiene que estar donde le corresponde, y así se resuelve el problema. Tolerar no es una solución; solo resolver el problema lo es, ¿verdad? (Sí). Por muy claramente que compartas con estos no humanos, simplemente no pondrán nada de ello en práctica. Aunque lleven creyendo en Dios diez o veinte años, cuando les ocurren cosas, siguen siendo como los no creyentes; no aceptan ni practican la verdad en absoluto, no tienen entrada en la vida y, cuando les ocurre algo, se limitan a perturbar y sabotear las cosas. Cuando tales personas no han mostrado su verdadera naturaleza, rinden algún servicio a regañadientes, pero una vez que esta se revela, deben ser depuradas rápidamente; no les muestres ninguna cortesía. Si lo haces, estás siendo cruel con aquellos que verdaderamente tienen humanidad, persiguen la verdad y son devotos al hacer su deber.
Nota al pie:
a. La expresión “de naturaleza fría” se utiliza en el contexto de la medicina tradicional china. En este contexto, “de naturaleza fría” no se refiere a una temperatura baja, sino a una propiedad de ciertos alimentos que, según se cree, reducen el calor interno, refrenan la energía yang y afectan a las funciones del estómago y el bazo si se consumen en exceso.