Cómo perseguir la verdad (2) Parte 1

La primera práctica para perseguir la verdad: desprenderse

Desprenderse de las barreras entre uno mismo y Dios y de la propia hostilidad hacia Él

I. Desprenderse de las nociones e imaginaciones sobre Dios: desprenderse de las nociones e imaginaciones sobre la obra de Dios

Ya hace tiempo que estamos debatiendo el primer aspecto importante en la práctica de cómo perseguir la verdad, el cual es “desprenderse”. En la ocasión anterior compartimos un contenido totalmente nuevo, el tercer punto relativo a “desprenderse”: desprenderse de las barreras entre uno mismo y Dios y de la propia hostilidad hacia Él. Este contenido no tiene solo un aspecto, sino que incluye muchos puntos y mucho contenido. Estos contenidos son los que las personas experimentan en el proceso de la obra de Dios y están relacionados directamente con sus vidas y sus búsquedas, así que el primer aspecto sobre el que realmente debemos hablar es el de las nociones y figuraciones sobre Dios que tienen las personas. Este es un tema que las personas no pueden evitar durante el proceso de recorrer la senda de creer en Dios. Compartí parte de este contenido la vez anterior. Que diga alguien qué fue lo que compartí en concreto. (En la ocasión anterior, Dios habló sobre desprenderse de las barreras entre uno mismo y Dios y de la propia hostilidad hacia Él. Para empezar, Él dejó en evidencia nuestras nociones y figuraciones sobre la obra de Dios. Por ejemplo, tenemos nociones y figuraciones sobre el día de Dios y además creemos que Su obra es muy sobrenatural y que, mientras obre el Espíritu Santo y conmueva a las personas, estas podrán solucionar cualquier problema y sus actitudes corruptas se transformarán. Al tiempo que dejaba en evidencia estas nociones y figuraciones, Dios nos contó que el resultado que Él pretende lograr en Su obra es el de obrar en nosotros Sus palabras, de modo que, cuando nos sucedan cosas en nuestra vida diaria, seamos capaces de practicar de acuerdo con las palabras de Dios y los principios-verdad; este es Su requisito para cada uno de nosotros). ¿Alguien más puede añadir algo? (En la reunión anterior, Dios también compartió el hecho de que las personas creen que Él emite un veredicto sobre ellas en función de sus manifestaciones temporales y además piensan que, al atenerse a los preceptos externos y a las buenas conductas externas están satisfaciendo a Dios y pueden lograr la salvación; todas estas son nociones y figuraciones de las personas. Además, cuando son débiles o revelan rebeldía y corrupción, creen que Dios las va a disciplinar y castigar; esto es también una noción y figuración. A partir de la exposición de Dios de estas nociones y figuraciones de las personas, hemos entendido que lo que Dios quiere no son nuestras buenas conductas externas ni que nos atengamos a ciertas prácticas y preceptos externos. En cambio, espera que, cuando nos sucedan cosas, seamos capaces de buscar los principios-verdad y entrar en la realidad-verdad). Todo el mundo tiene estas nociones y figuraciones a diversos niveles, ¿verdad? (Sí). Antes de que las personas empiecen a perseguir la verdad o cuando no la entienden y todavía no la han obtenido, tienden a usar estas nociones y figuraciones para hacer conjeturas sobre cómo obra Dios o a alcanzar conclusiones sobre cómo obrará. Al mismo tiempo, también tienden a usar estas conjeturas para emitir veredictos sobre sí mismas, sobre su propio desenlace y sobre si van a ser bendecidas o sufrirán desgracias en el futuro. Por tanto, en el proceso de la búsqueda de la verdad de las personas, estas nociones y figuraciones se han convertido en gran medida en obstáculos para que acepten la obra de Dios, para su búsqueda de la verdad y para obtenerla. Es decir, si la gente no puede desprenderse de estas nociones y figuraciones y siempre las consideran su motivación y causa raíz para creer y seguir a Dios, entonces estas nociones y figuraciones obstaculizarán en gran medida que persigan y obtengan la verdad. Y al final solo pueden usar sus nociones y figuraciones para determinar su propia valía, identidad y estatus ante Dios, para determinar qué clase de trato podrán recibir en Su casa, cuál será su destino y qué bendiciones ganarán en el futuro, cuánta autoridad tendrán y cuántas ciudades gobernarán y si serán un pilar o una piedra angular en el cielo o cuánto pueden obtener en esta vida y cuánto en el mundo venidero. Como estas nociones y figuraciones conciernen a la vida y la búsqueda de las personas, influyen en las sendas que toman y, por supuesto, también influyen en su desenlace y destino finales. La gente vive y busca en medio de sus nociones y figuraciones; así, de manera inevitable, ven, juzgan y hacen determinaciones sobre todo según esas nociones y figuraciones. Por tanto, con independencia de cómo Dios provea la verdad y les diga a las personas qué puntos de vista deberían tener y qué senda tomar, mientras que estas no se desprendan de sus nociones y figuraciones, continuarán viviendo de acuerdo con ellas, y dichas nociones y figuraciones se convertirán de manera natural en su vida y en las leyes conforme a las cuales sobreviven, e inevitablemente se tornarán en las maneras y los métodos mediante los que la gente lidia con toda clase de acontecimientos y cosas. Una vez que sus nociones y figuraciones se convierten en los principios y criterios según los que contemplan a las personas y las cosas, y se comportan y actúan, entonces, al margen de cómo crean en Dios o cómo busquen, y por muchas dificultades que sufran o por muy alto precio que paguen, todo será inútil. Si alguien vive según sus nociones y figuraciones, entonces esa persona se está resistiendo a Dios y es antagonista hacia Él; no tiene una verdadera sumisión a los entornos que ha dispuesto Dios ni a Sus requerimientos. Entonces, al final su desenlace será muy trágico. Si llevas muchos años creyendo en Dios y te has entregado para Él, has corrido de un lado a otro y has pagado un gran precio, pero el punto de partida y el origen de todo lo que haces son tus propias nociones y figuraciones, entonces no aceptas a Dios ni te sometes a Él de veras. Da igual si estas nociones y figuraciones provienen de los libros, de la sociedad o de tus deseos e intereses personales; a modo de resumen, mientras sean nociones y figuraciones, no son la verdad y, al no serlo, la antagonizan, suponen un impedimento para la aceptación de la verdad por parte de las personas y son enemigas de Dios y de la verdad. Por tanto, mientras vivas de acuerdo con tus nociones y figuraciones, medirás y contemplarás todo de acuerdo con estas, ya que, debido a ellas, al final tienes la certeza de rebelarte contra los entornos que Dios dispone para ti y te rebelas contra la guía que Él te da o contra Su soberanía sobre ti. Resumiendo, aquí no hay aceptación ni sumisión verdaderas. ¿Por qué? Porque, por muchas adversidades que sufras o sea cual sea el precio que pagues, mientras vivas conforme a tus nociones y figuraciones, las adversidades que sufres y el precio que pagas no concuerdan con los principios-verdad y no tienen nada que ver con la verdad; se podría decir que las adversidades que sufres y el precio que pagas se basan en las nociones y figuraciones humanas y en tus preferencias, así como que sirven el propósito de gratificar tus deseos carnales y satisfacer ciertos objetivos que tienes. Es igual que lo que manifestó Pablo: él hizo mucho trabajo y corrió mucho de un lado a otro, predicó el evangelio por la mayor parte de Europa, pero, por muchas dificultades que sufriera, por alto que fuera el precio que pagara o por mucho que corriera de un lado a otro, sus pensamientos y puntos de vista nunca fueron conformes a la verdad, nunca la aceptó ni tuvo la actitud ni la experiencia real de sumisión a Dios; siempre vivió dentro de sus propias nociones y figuraciones. ¿Cuál era su noción e imaginación en concreto? Que, cuando acabara de correr por el camino y de pelear la buena batalla, le esperaba una corona de justicia; esta era la noción y figuración de Pablo. ¿Cuál era la base teórica concreta de esta noción y figuración? Que Dios determinaría el desenlace de una persona en función de cuánto hubiera corrido, el precio que hubiera pagado y cuántas dificultades hubiera sufrido. Pablo se embarcó sin saberlo en la senda de los anticristos al seguir tal base teórica de su noción y figuración. En consecuencia, cuando alcanzó el final del camino, no tenía comprensión de ningún tipo sobre su conducta y sus manifestaciones de resistirse a Dios o su esencia de resistirse a Él, ni mucho menos tenía ningún arrepentimiento. Todavía se aferraba a su noción y figuración originales al creer en Dios y, no solo no tenía la menor sumisión verdadera a Dios, sino que, al contrario, creía que tenía incluso más derecho a que Dios le diera a cambio un buen desenlace y un buen destino. “A cambio” es una manera de decirlo que suena bien y es civilizada, pero en realidad no se trataba de un intercambio o ni siquiera de una transacción: estaba pidiéndole estas cosas a Dios directamente, exigiéndoselas rotundamente. ¿Cómo se las exigió a Dios? Tal como dijo: “He llegado al final del camino, he peleado la buena batalla; ahora es mía la corona de la gloria. Esto es lo que merezco y lo que dios debería darme justamente”. La senda que tomó Pablo era la de resistirse a Dios, lo que le llevó a la destrucción, y el desenlace definitivo que le aconteció fue que se le castigara. Esto no se podía separar de su noción y figuración respecto a Dios. Siempre se aferraba con insistencia a su propia noción y figuración; dejó de lado e ignoró lo que decía Dios, las verdades —el camino de la vida— que Dios provee a las personas, incluso adoptó una actitud de desdén y desprecio y ni siquiera reconocía o aceptaba el hecho de que Jesucristo era la encarnación de Dios. Cuando había alcanzado el fin del camino, todavía se aferraba con insistencia a su noción y figuración como antes y continuaba enfrentándose a Él, hasta que al final se dirigió hacia el inevitable desenlace de la destrucción. Por tanto, en el proceso de creer en Dios, si las personas son capaces de desprenderse de todas sus diversas emociones negativas y de algunos elementos de la vida real que les impiden perseguir la verdad, pero no pueden desprenderse de las barreras entre sí mismas y Dios ni de su hostilidad hacia Él, entonces será muy lamentable y trágico y, al final, la gente cosechará el mismo resultado, el de que la castiguen como a Pablo. Desde luego, esto es indudable. Por tanto, en la práctica de “desprenderse”, el punto de “desprenderse de las barreras entre uno mismo y Dios y de la propia hostilidad hacia Él” es lo más crucial e importante y no se puede pasar por alto. Esto es lo que debes examinar a menudo: en tu relación con Dios y en el proceso de experimentar Su obra, qué nociones y figuraciones sigues teniendo que no concuerdan con la verdad, los deseos de Dios o Sus requerimientos y se interponen entre tú y Dios. Deberías examinarlas, compararlas con Sus palabras y luego desprenderte de ellas. El propósito de desprenderse no es pasar por un proceso, sino aceptar la verdad, aceptar los principios-verdad a este respecto que Dios les ha planteado a las personas y usar estos principios-verdad para sustituir tus nociones y figuraciones y cambiar la perspectiva detrás de tu búsqueda y del rumbo de esta, de modo que puedas ser compatible con Dios en tu vida y en el proceso de seguirlo, en lugar de ser compatible con tus nociones y figuraciones. La obra de Dios consiste en resolver las nociones y figuraciones de las personas y Él también aporta a la gente la verdad para hacerlo. Al resolver las nociones y figuraciones, Dios permite a las personas tener pensamientos, opiniones, perspectivas y ángulos correctos para abordar todos los entornos que Él dispone y todas las cuestiones que afrontan en la vida. Dios lleva a cabo Su obra y aporta a las personas la verdad por medio de Sus palabras, no para cumplir sus nociones y figuraciones, sino para contrarrestarlas y, al final, permitirles desprenderse de sus nociones y figuraciones y lograr el conocimiento de Dios.

D. La creencia de la gente de que la obra de Dios puede cambiar su calibre, sus instintos, su personalidad, etc.

Hemos hablado con anterioridad sobre algunas de las nociones y figuraciones de la gente respecto a la obra de Dios. Además de estas, las personas también tienen algunas otras nociones y figuraciones respecto a la obra de Dios de las que deberían desprenderse en el proceso de perseguir la verdad. Por ejemplo, la gente cree que, después de haber aceptado la obra de Dios, si son capaces de perseguir la verdad, acabarán por renovarse por completo y, una vez que tengan las palabras de Dios como su vida, esta será completamente nueva y renacerán en una persona nueva. Creen que su calibre habrá mejorado y sus instintos habrán cambiado hasta cierto punto, así que, a menudo, les sucederán cosas que nunca esperarían. Es decir, no solo serán capaces de hacer cosas que están más allá de su propio calibre e instintos, sino que también podrán hacerlas con suma facilidad y sin esfuerzo alguno. Es más, en el proceso de creer en Dios, algunas personas incluso suelen sentir que, desde que han empezado a perseguir la verdad, su personalidad y temperamento han mejorado, que hay más brillo en sus ojos y su oído es mejor de lo que era. De tanto en cuanto, estos individuos se miran al espejo y les parece estar volviéndose más parecidos a los ángeles; sienten que son cada vez más hermosos y mucho más vivarachos que nunca. Incluso hay quienes sienten que algunos de sus hábitos de vida han cambiado y sus patrones de vida se han vuelto diferentes. En el pasado, si se iban a la cama muy tarde, no paraban de bostezar, pero desde que empezaron a perseguir la verdad, estas reacciones han desaparecido y consideran esto particularmente milagroso. En sus nociones y figuraciones, las personas creen que, en cuanto empiecen a perseguir la verdad, Dios desempeñará algo de obra en ellas, de modo que experimenten transformaciones inesperadas. Esto incluye una mejora repentina en su calibre; pasarán de ser mediocres o de muy pobre calibre a ser sumamente astutas, capaces y experimentadas, a convertirse en una persona de calibre y sabiduría, y el ámbito de su pensamiento también se elevará. Cuando empiezan a creer en Dios y deciden perseguir la verdad, tienen figuraciones exageradas de manera extravagante y nada realista sobre la búsqueda de la verdad; en resumen, ninguna se conforma de veras a la realidad. La gente cree que, mientras persigan la verdad, muchos aspectos relativos a ellas se elevarán y darán un salto hacia delante y que, en algunos ámbitos llegarán incluso a sobrepasar a las personas corrientes. Por tanto, algunos se llaman a sí mismos Lyu Chao, otros Ma Chao y otros más Niu Chao. Estos nombres significan, respectivamente, que son mejores que los burros, los caballos y los bueyes, es decir, que son capaces de correr más rápido que un caballo y tener más fuerza que un burro o un buey. En general, los burros tienen mucha fuerza para tirar de las cosas, los caballos cuentan con unas patas muy potentes y los bueyes con una enorme resistencia, de modo que estas personas se llaman a sí mismas Lyu Chao, Ma Chao, y Niu Chao. Como ves, le dan una consideración especial a los nombres que eligen. A partir de estos nombres que las personas escogen para sí mismas, es posible comprender su propio entendimiento de la obra de Dios. Por desgracia, este entendimiento no concuerda con la verdad y no es positivo; es una noción y figuración de las personas. Con independencia de si tal noción y figuración está distorsionada o es extrema, en pocas palabras, no coincide con los hechos ni con la verdad; es muy hueca y es de índole sobrenatural. Este es el principio según el que obra Dios en las personas: sea cual sea el calibre que tengan las personas o el tipo de capacidad de trabajo o de habilidad para tratar con las cosas con la que cuenten, no importa cuáles sean sus instintos innatos y, sea cual sea su personalidad, hábitos, patrones de vida, intereses y aficiones o, incluso, a qué género pertenezcan, en pocas palabras, la obra de Dios es lograr el resultado de permitir a las personas entender la verdad, aceptarla, someterse a ella y luego entrar en la realidad-verdad, en función de su calibre, instintos, personalidad y hábitos inherentes, de sus patrones de vida correctos y también de sus intereses y aficiones legítimos, entre otras cosas. Por tanto, ¿sobre qué base se logra este resultado? Se logra sobre la base de que las personas tengan la capacidad de entender y comprender la verdad y la de que tengan humanidad normal. No se logra a partir de la base de una supuesta humanidad elevada ni se logra sobre la base de una humanidad sobrenatural. Por tanto, no importa qué aspectos de la verdad compartamos, es todo para permitirte entrar en ellos sobre la base de que posees humanidad normal y la capacidad de comprender la verdad. Sin embargo, las nociones y figuraciones de las personas son lo exacto opuesto a esto. La gente cree que el resultado que logra en ella la obra de Dios y Su expresión de la verdad va en contra de su calibre e instintos inherentes y, también, va en contra de su personalidad, hábitos, intereses y aficiones. A menudo, esperan que les ocurra algún milagro o algo sobrenatural o inesperado que sobrepase su propio calibre e instintos, en lugar de dedicar el esfuerzo a buscar la verdad de manera sensata. ¿Qué prueba este hecho? ¿No es que las personas contemplan la búsqueda de la verdad como algo particularmente sobrenatural y hueco? ¿Acaso no contemplan las maneras en las que Dios obra en las personas como particularmente sobrenaturales y huecas? (Sí). Las personas a menudo esperan que, mientras más persigan la verdad, mayor será su calibre, o que después de escuchar muchos sermones y aceptar y entender mucho de la verdad, su calibre será más elevado que antes. Esta es una noción y figuración, ¿verdad? (Sí). Por ejemplo, consideremos el aprendizaje de una profesión. Cuando estabas estudiando en la universidad, si querías dominar alguna profesión, tenías que aprender de memoria el conocimiento de esta profesión y estudiar de la mañana a la noche, emplear tu tiempo libre dedicando esfuerzo para aprenderlo. Desde que empezaste a creer en Dios, crees que, mientras obre el Espíritu Santo, el calibre de las personas mejorará, estas se transformarán y serán diferentes que antes. Por tanto, determinas que, da igual cómo obre Dios, uno solo tiene que cooperar y no hay necesidad de dedicar esfuerzo a perseguir la verdad y aprender conocimiento profesional; es suficiente con que uno cumpla su deber; uno todavía habrá hecho progresos al creer en Dios de esta manera. ¿No es esta la manera en la que las personas lo imaginan? (Sí). Decidme, ¿es esta la manera correcta de buscar? ¿Buscar de esta manera puede llevar a una verdadera transformación? (No). No es posible que haya una transformación. Por ejemplo, algunas personas creen que para cantar bien tienen que practicar de la mañana a la noche, robar técnicas de los demás y escuchar toda clase de canciones de las que aprender de los méritos de otros y que solo de esta manera pueden conseguir logros. A modo de contraste, algunas personas creen que cantar depende del talento; creen que, si una persona tiene un don para cantar y le gusta hacerlo, entonces podrá cantar bien y que, si alguien no tiene un don para cantar ni le gusta, entonces tendrá que confiar en que el Espíritu Santo lo mueva para así cantar bien, con emoción, hasta tal punto que oírlo cantar cause placer a los demás. En consecuencia, la mayoría de las personas siempre alberga esta clase de ilusión; confía en que el Espíritu Santo las conmueva, de otra manera no abrirá la boca para cantar. Esta es una noción y una figuración, ¿verdad? Hay quienes creen que no hay necesidad de poner tanto esfuerzo en el aprendizaje del conocimiento profesional y que, mientras que las personas persigan la verdad, Dios obrará, y que es inútil e inservible para las personas hacer estos sacrificios sin sentido. Creen que, una vez que obra Dios, eso es más útil que cualquier esfuerzo que las personas dediquen, así que, en tanto que hagan sus deberes con sinceridad y estén dispuestas a dedicar su corazón a Dios, el Espíritu Santo obrará en ellas y su calibre y capacidad se elevarán al instante, más allá del ámbito de la humanidad normal; serán capaces de entender cosas que antes no les encajaban y, a pesar de que antes ni siquiera lograban leer dos líneas seguidas de un texto, podrán leer diez de un tirón y aprendérselas de memoria después de empezar a creer en Dios. Sin embargo, por mucho que se formen, siguen sin poder lograr esto, así que se preguntan: “¿Dios no me está dando gracia? ¿Acaso no estoy trabajando con empeño y sinceridad suficiente al hacer mi deber?”. ¿Es esto así? (No). Piensas que, cuanto más capaz seas de lograr lo sobrenatural, superando el alcance de tu propio calibre y capacidades, más demuestra esto que se trata de la obra de Dios; que, si tu sinceridad y voluntad para cooperar se vuelven cada vez más grandes, entonces Dios obrará cada vez más en ti y tu calibre y capacidades se volverán cada vez mayores. ¿No es esto una noción y figuración que tiene la gente? (Sí). ¿Sois especialmente propensos a pensar de este modo? (Sí). ¿Cuál es el resultado de pensar de este modo? ¿Acaso no es siempre el fracaso y la ausencia de materialización? Algunos incluso se vuelven negativos, afirman: “Le he entregado a Dios mi total sinceridad; ¿por qué Él no me concede buen calibre? ¿Por qué no me otorga capacidades sobrenaturales? ¿Por qué aún soy siempre débil? Mi calibre no ha mejorado, no puedo ver nada con claridad y me entra confusión cuando me enfrento a asuntos complejos. Antes era así, ¿por qué sigue siendo igual ahora? Además, en el cumplimiento de mi deber y mi manejo de los problemas, ¿por qué nunca puedo trascender a mi carne? Entiendo algunas doctrinas, pero sin embargo no puedo ver las cosas con claridad y, en lo que respecta a encargarse de los asuntos, sigo indeciso y todavía no estoy a la altura de aquellos de buen calibre. Mi capacidad de trabajo también es escasa y mi cumplimiento del deber no es eficiente. ¡Mi calibre no ha mejorado en absoluto! ¿Qué está ocurriendo? ¿Podría ser que mi sinceridad hacia Dios fuera insuficiente? ¿O es que no le gusto a Dios? ¿Qué me falta?”. Algunas personas buscan diversas razones y han intentado muchos enfoques para cambiar este hecho, como escuchar más sermones, memorizar más palabras de Dios, escribir más notas de devoción espiritual, así como escuchar a las personas compartir más la verdad y buscar más, pero el resultado final sigue siendo decepcionante. Su calibre y su capacidad de trabajo siguen siendo los de antes, sin ninguna mejora a pesar de llevar creyendo en Dios entre tres y cinco años. Entonces se fijan en su propia personalidad y descubren que siguen siendo igual de cobardes que antes, tan lentos como una vaca vieja, o que todavía tienen una personalidad impaciente, lo manejan todo de manera desenfrenada, ¡no ha habido ninguna transformación! Los hay que observan que, últimamente sus intereses y aficiones parecen no haber cambiado y algunos de sus defectos, hábitos y fallos tampoco. Otros a los que les gusta irse a la cama tarde y levantarse tarde siguen notando que estos hábitos de vida siguen sin cambiar. Así que todos se preguntan: “¿Qué está ocurriendo? ¿Podría ser que el Espíritu Santo no esté obrando en mí? ¿Me ha abandonado Dios? ¿No está complacido conmigo? ¿Estoy tomando la senda incorrecta? ¿Estoy buscando de la manera equivocada? ¿No he dedicado mi corazón lo suficiente a cumplir mi deber? ¿No he pagado precio suficiente?”. Buscan toda clase de razones, pero aun así siguen sin lograr resultados. ¿Cuál es la razón de su falta de resultados? (Se debe a que siempre han vivido en sus propias nociones y figuraciones. Piensan que, después de creer en Dios, mientras sean sinceros con Él, entonces, en cuanto obre Dios, mejorará su calibre y capacidad de trabajo; tales ideas suyas provienen de sus nociones y figuraciones). Las nociones y figuraciones de las personas determinan los objetivos y métodos de su búsqueda, las sendas que toman y, finalmente, tanto lo que obtienen como su desenlace. ¿Qué obtendrán las personas si tienen tales nociones y figuraciones? ¿Obtendrán la verdad? ¿Obtendrán auténtica fe en Dios y auténtico amor hacia Él? ¿Obtendrán auténtica sumisión a Dios? (No). No obtendrán ninguna de estas cosas.