Cómo perseguir la verdad (2) Parte 2

Al creer en Dios, uno debería entender qué pretende cambiar exactamente la obra de Dios respecto a las personas, cómo resuelve Él el problema de la corrupción de estas y qué pretende lograr en ellas; estos son problemas que se deberían compartir con claridad, ¿no? En resumen, uno debería entender exactamente qué efectos pretende lograr Dios en las personas con Su obra. Para empezar, en esta etapa de la obra de Dios, está expresando la verdad y proveyendo vida. La obra de proporcionar la verdad a las personas es claramente la de compartir los principios-verdad a los que deben atenerse cuando se encuentran con toda clase de personas, acontecimientos y cosas en la vida real, de modo que después de haberlos entendido, puedan contemplar a las personas y las cosas, así como comportarse y actuar conforme a estos principios-verdad. Sobre esta base, se resuelven sus actitudes corruptas, lo que les permite desecharlas y someterse a Dios de manera auténtica y completa. Por supuesto, esta es también una señal de salvarse y una auténtica manifestación de ello que se acaba viendo al final en las personas. Durante todo el proceso mediante el cual Dios provee a las personas de la verdad, ¿cuáles son los problemas principales que se han de resolver? Principalmente, hay dos clases de problemas a resolver. La primera clase son las nociones de las personas. A las diversas clases de pensamientos y opiniones falaces, distorsionadas y prejuiciosas de la gente provenientes de Satanás se las denomina colectivamente nociones de las personas. Estos pensamientos y opiniones erróneos controlan los pensamientos y conductas de las personas y ya se han convertido en una teoría básica de pensamiento según la cual contemplan a las personas y las cosas y se comportan y actúan, así que deben resolverse por completo. Este es un problema relacionado con los pensamientos de la gente que se ha de resolver. La otra clase de problema a resolver son sus actitudes corruptas. Las actitudes corruptas son un tema que a menudo se comparte, debate y disecciona en la vida de iglesia. Algunas vienen causadas por los pensamientos y opiniones falaces de las personas, mientras que otras son puramente actitudes satánicas. Las dos cosas que Dios pretende resolver en las personas por medio de Su obra y Sus palabras son sus nociones y actitudes corruptas. Las nociones se refieren a cómo uno contempla a las personas y las cosas, mientras que las actitudes corruptas guardan relación con cómo se comporta y actúa uno. Cuando estas dos cosas se resuelven y las personas han obtenido la verdad y son capaces de someterse a Dios y ser compatibles con Él, entonces Su obra habrá logrado su efecto y llegado a su fin. Sin embargo, mediante todo el proceso de la obra de Dios —ya sea la manera en la que Él obra, los pasos específicos de Su obra o cada una de las verdades que expresa—, nada de esto va dirigido a aspectos como la personalidad, el calibre, las capacidades, los instintos, los hábitos y los patrones de vida o sus intereses y aficiones. En otras palabras, el objetivo, propósito y significado de la obra de Dios no es cambiar, el calibre, las capacidades, los instintos y la personalidad inherentes de las personas, entre otras cosas. Da igual qué calibre y capacidad de trabajo poseas o cómo sea tu personalidad innata, tus hábitos de vida, instintos y otros diversos aspectos, Dios no se fija en ninguna de estas cosas. Solo se fija en si eres una persona con humanidad normal y luego, sobre esta base, te proporciona la verdad y obra sobre ti. Da igual con qué aspectos de la verdad te provea Dios o qué clase de obra haga en ti, en última instancia no es para cambiar tu calibre e instintos inherentes, no es para elevar tu calibre o instintos y hacerlos mejores ni para volverlos particularmente sobrenaturales; ninguno de estos aspectos es el tipo de objetivos que Dios quiere cambiar con Su obra. Por tanto, por muchos años que lleves creyendo en Dios o muchos sermones que hayas escuchado o cuánto esfuerzo hayas puesto en Sus palabras, tu calibre inherente seguirá siendo el mismo y no cambiará. No cambiará porque has creído en Dios durante muchos años, has escuchado sermones y has corrido de un lado a otro y te has esforzado durante muchos años. Por supuesto, lo mismo pasa con tu personalidad, instintos, hábitos de vida, intereses, aficiones y demás; no cambiarán porque hayas creído en Dios y hecho tu deber durante muchos años. En las nociones de las personas, este cambio ciertamente no significa descender, sino más bien elevarse; hacer estas cosas de manera superior y mejor que antes. Es decir, con independencia de en qué etapa se encuentre la obra de Dios o de qué método use para hacerlo, lo que Su obra cambia no son, entre otros, el calibre, la capacidad de trabajo, los instintos y la personalidad inherentes de las personas. Por tanto, si tu calibre es pobre y en la actualidad no posees el suficiente para ser líder u obrero ni para ser supervisor de cierto aspecto del trabajo, entonces tampoco lo vas a poseer de aquí a 20 o 30 años y, aunque acabes por salvarte debido a tu búsqueda de la verdad, seguirás sin poseerlo. Tu calibre no va a cambiar. ¿Cambiarán entonces tus instintos? Todo el mundo experimenta el nacimiento, el envejecimiento, la enfermedad y la muerte, y cuando se enfrenta a acontecimientos importantes, se pone nervioso, se asusta, se siente aterrado y demás; estos instintos tampoco van a cambiar. Por ejemplo, cuando oyen un ruido particularmente alto, todos se cubren la cabeza y se esconden en un lugar seguro; esto es instinto. Cuando tocas con la mano una llama o algo caliente, la retiras instintivamente, o cuando oyes alguna noticia desgraciada, tu instinto te hace estremecerte por dentro y sentirte aterrado. Cuando te enfrentas al peligro, tu primer pensamiento instintivo es: “¿Estoy a salvo? ¿Se dirige hacia mí este peligro?”. Esto es instinto. Además, cuando alguien te intenta golpear, lo esquivas por instinto para protegerte; cuando se te mete polvo o agua en los ojos, los cierras por instinto y, cuando te duele un diente, te lo tocas con la mano a menudo. Tendrás un reflejo natural por instinto, te manifestarás de cierta manera o desempeñarás una acción instintiva. Las personas nacieron con estas reacciones instintivas. Nadie puede arrebatárselas y Dios tampoco las va a cambiar. Estas reacciones instintivas se configuraron para las personas cuando Él las creó y tienen como objetivo protegerlas. Son algo que un ser humano creado debe poseer. Dios no te va a arrebatar estos instintos y tú tampoco los vas a perder debido a tu búsqueda de la verdad. ¿Qué quiero decir con esto? Que no es que no vayas a tener miedo cuando haya un incendio o no vayas a sentir que te quemas si pones la mano en una sartén de aceite hirviendo porque persigas la verdad, hayas entendido muchas verdades y tengas auténtica sumisión a Dios; esto es imposible. ¿Qué pensarías si alguien diera tal testimonio? ¿Lo envidiarías y admirarías? ¿Qué clase de evaluación y calificación harías de ello? Como poco, este es un fenómeno sobrenatural y Dios no lo llevaría a cabo. En cuanto a los instintos que Él ha creado para la especie humana, Dios no te quitará estos instintos porque persigas la verdad ni los transformará en poderes sobrenaturales. Por ejemplo, digamos que estás en un espacio oscuro y no se ve nada; alargarás la mano de manera instintiva para palpar el entorno y escucharás con atención para distinguir los sonidos a tu alrededor, con lo que tantearás por instinto el camino para avanzar. No trascenderás la carne porque persigas la verdad; lo que no va a suceder es que, mientras más oscuro esté, más luz perciban tus ojos, con mayor claridad veas las cosas y más fácil te orientes; eso es sobrenatural y no es algo que haga Dios. Aunque hayas entendido muchas verdades y seas capaz de someterte a la verdad y de ponerla en práctica, si tus instintos a este respecto pueden seguir igual y no retroceder, entonces eso ya es genial, pero tú quieres que sean sobrenaturales, ¡eso es imposible! Además, la capacidad de una persona para contemplar las cosas y lidiar con ellas, así como su capacidad de resolver problemas tampoco es lo que Dios pretende cambiar con Su obra. La capacidad de una persona para lidiar con las cosas depende por una parte de su calibre y, por otra de su coeficiente intelectual innato, y en este se incluyen sus dones. Algunas personas poseen al nacer ciertas capacidades y dones particulares para lidiar con cuestiones externas, es decir, se les da bien pensar y socializar, nacen con una capacidad social especial y saben cómo interactuar con las personas, contemplar las cosas y lidiar con ciertos asuntos. En su mente, tienen una línea de pensamiento especialmente clara en lo que respecta a toda clase de cosas, que es además muy lógica. Cuando contemplan algo, pueden captar el quid de la cuestión, sin ninguna desviación o absurdez, así como lidiar con los problemas de manera relativamente precisa. Este tipo de persona posee la capacidad de lidiar con las cuestiones. Algunas personas no nacen con esta capacidad y solo les gusta leer libros, cultivar flores, plantar hierba, criar pájaros y cosas así. ¿Cómo se le llama a esto? Es tener un modo de vida refinado y sosegado. Son personas que buscan la elegancia y el refinamiento. No se les da bien socializar ni manejar asuntos externos, no tienen esta capacidad. Cuando hace falta que salgan y se ocupen de asuntos, que consulten con un abogado o interactúen con algún personaje, se sienten muy cohibidas y temerosas, no se atreven a mirar a esa persona a los ojos y, cuando les hacen preguntas, balbucean y no saben qué decir. Son unas inútiles, ¿verdad? Cuando esta clase de persona no se enfrenta a ningún problema, se le da realmente bien presumir, dice: “Hice tal o cual cosa, tuve tal o cual pasado ilustre, una vez me relacioné con tal o cual y he conocido a este o aquel famoso…”. Sin embargo, cuando en realidad se las manda a lidiar con algo, desaparecen sin rastro. Resulta que lo único de lo que son capaces es de presumir y no tienen talento real ni conocimiento y tampoco capacidad para lidiar con las cuestiones. ¿El hecho de que a alguien se le dé mal lidiar con los asuntos puede cambiar a partir de que persiga la verdad? Por desgracia, no. Fíjate en esos individuos de personalidad introvertida y que han temido desde pequeños enfrentarse a otras personas. A los veinte o treinta años, se siguen poniendo muy nerviosos cuando hablan con los demás o se encargan de asuntos que impliquen relacionarse con alguien. Al alcanzar la mediana edad, siguen siendo tímidos y se ruborizan cuando hablan delante de un grupo. Tales personas, mientras vivan, nunca podrán enfrentarse a diversos aspectos de la sociedad. Otras son diferentes, en el sentido de que les ha gustado charlar e interactuar con la gente desde que eran adolescentes. Sea quien sea el personaje con el que interactúen, no sienten miedo y, sea lo que sea lo que estén haciendo, no se angustian ni les entra pánico. Tienen ingenio, así que no sufren miedo escénico. Mientras más gente haya, más felices y enérgicas se vuelven y más quieren actuar. ¿Puede cambiar la personalidad y la capacidad de alguien para lidiar con las cuestiones el hecho de experimentar la obra de Dios? (No). Dios no cambia estos aspectos de las personas. Algunas saben que su poca capacidad para manejar los asuntos es un defecto en su humanidad, así que trabajan con empeño para superarlo. Puede ser que, cuando alcanzan la mediana edad o la vejez, después de experimentar décadas de temple y de haber acumulado amplia experiencia, apenas se las arreglan para hacer frente a algunas cuestiones inmediatas, pero siguen sin tener capacidad para lidiar con cuestiones fundamentales, de vida o muerte. En particular, hay quienes no se pueden ocupar de nada por sí mismas cuando llegan a la vejez. Intenten lo que intenten, acaba resultando en desastre, simplemente no pueden encargarse de ello, ni siquiera se ocupan de la carga de atender sus propios asuntos familiares. ¿Y qué hacen? En algunos casos, sus hijos cuentan con capacidad para ocuparse de los asuntos, de modo que dejan que los ayuden, al tiempo que disfrutan de las cosas que sus hijos ya han hecho por ellos. Piensan: “He realizado una contribución, tengo la capacidad de encargarme de los asuntos”, pero, en realidad, no tienen esta capacidad. Fueron sus hijos, ahora ya crecidos y capaces de encargarse, los que se ocuparon de estos asuntos. Puede que ahora estas personas ya no se pongan tan nerviosas ni tengan tanto miedo de encargarse de las cosas como cuando eran jóvenes, pero eso no significa que su capacidad para lidiar con los asuntos haya cambiado o mejorado. ¿Qué significa esto? Significa que son mayores, han ganado experiencia y ya no les asustan las cosas. ¿A qué se refiere que “ya no les asustan las cosas”? A que son capaces de fijarse en los asuntos con la mente más abierta porque han experimentado muchas cosas y han descubierto patrones y, por tanto, si de veras se topan con un poco de peligro, no se asustan y piensan: “Bueno, aquí estoy. Si quieres dinero, no tengo; si quieres mi vida, aquí la tienes, ¡haz lo que quieras!”. ¿Han realizado algún progreso? Ninguno en absoluto, siguen siendo bastante descuidadas y atolondradas en lo que respecta a ocuparse de las cosas. Son igual de imprudentes e impacientes que antes. No lograban llevar las cosas a término antes y ahora no han cambiado ni un ápice. Es su manera de ser, simplemente. Decidme, ¿acaso no son así las cosas en realidad? (Sí).

Hay personas de todas las edades entre vosotros. Hasta ahora, ¿habéis experimentado algo especial? Durante el proceso de perseguir la verdad, ¿ha cambiado por completo tu calibre y se ha vuelto mucho mejor que antes o han cambiado tus instintos? ¿Has tenido alguna vez tal experiencia? (No). Entonces, ¿alguna vez ha dicho alguien lo siguiente?: “Solía ser bastante inútil, no era elocuente, no tenía capacidad o habilidad ni tampoco ninguna habilidad social. Ahora que he aceptado la obra de Dios, puedo hablar con elocuencia, tengo habilidades sociales y, en lo que respecta a lidiar con las cosas, soy inteligente y tengo madera para ello, sé cómo lidiar con las cosas”. ¿Ha tenido alguien alguna vez esta clase de experiencia? (No). Algunos dicen: “Aunque esas cosas no me han ocurrido a mí, durante el proceso de experimentar la obra de Dios después de llegar a creer en Él, siento que mi personalidad ha cambiado. Solía hablar despacio y todo el mundo me llamaba ‘Tortuga’. También tenía otro apodo, ‘Caracol’. Desde que empecé a creer en Dios, mis reacciones se han vuelto más rápidas que antes y hablo y actúo más deprisa. Además, lidio con las cosas con mayor rapidez y eficiencia”. ¿Ocurren estas cosas? (No). Hay un caso en el que podría ser posible. Por ejemplo, cuando algunas personas aprenden una lengua extranjera y la hablan por primera vez, lo hacen muy despacio, palabra por palabra. Otros piensan que puede que hablen tan despacio porque nacieron con un temperamento pausado. Después de cuatro o cinco años, como estas personas han estado en contacto frecuente con los hablantes de esta lengua extranjera, acaban hablándola con mucha fluidez, tan rápido como su idioma nativo, así que los que no están enterados del asunto piensan: “La personalidad de esa persona ha cambiado. Solía hablar despacio y la gente se impacientaba al escucharla, pero ahora habla con mucha fluidez, se ha convertido en alguien impetuoso. A partir de la manera directa y clara en la que habla, se puede decir que lidia con los asuntos con celeridad y tiene una buena personalidad”. En este caso, ¿se ha producido un cambio en su personalidad? (No). De hecho, este es un patrón normal. Es el proceso de progreso normal a la hora de aprender un tipo de profesión; no es un proceso de cambiar de personalidad. Ya se trate de calibre, capacidad e instintos o de personalidad, hábitos, intereses y aficiones, ninguno de estos aspectos son cosas que Dios quiera cambiar por medio de Su obra. Si siempre crees que el propósito de que Dios obre y hable para proveer a las personas de la verdad es cambiar todas estas cualidades innatas de los seres humanos y piensas que solo entonces puede uno considerarse una persona completamente renacida, realmente nueva como la que ha descrito Dios, entonces estás gravemente equivocado. Esta es una noción y figuración humana. Después de entender esto, deberías desprenderte de tales nociones, figuraciones, conjeturas o sentimientos. Es decir, en el proceso de perseguir la verdad, no deberías confiar siempre en sentimientos o suposiciones para resumir estas cosas. “¿Ha mejorado mi calibre? ¿Han cambiado mis instintos? ¿Es mi personalidad tan mala como antes? ¿Han cambiado mis patrones de vida?”. No reflexionéis sobre ello, esa reflexión es inútil porque estos no son los aspectos que Dios pretende cambiar y las palabras y la obra de Dios nunca han ido dirigidas a estos temas. La obra de Dios nunca ha apuntado a cambiar el calibre de las personas, sus instintos, su personalidad y demás, ni tampoco Dios ha hablado jamás del propósito de cambiar estos aspectos de las personas. Esto implica que la obra de Dios provee a la gente de la verdad sobre la base de sus condiciones innatas, con el objetivo de hacer que la gente entienda la verdad y luego la acepte y se someta a ella. En otras palabras, al margen de qué clase de calibre tengas y de cuáles sean tu personalidad y tus instintos, lo que Dios quiere es obrar la verdad en ti, cambiar tus viejas nociones y actitudes corruptas, en lugar de cambiar tu calibre, tus instintos y personalidad inherentes. Ahora lo entiendes, ¿verdad? ¿Qué es lo que la obra de Dios pretende cambiar? (La obra de Dios apunta a cambiar las viejas nociones y actitudes corruptas en la gente). Ahora que entiendes esta verdad, deberías desprenderte de estas figuraciones y nociones que no son realistas y tratan sobre cosas sobrenaturales, no deberías usarlas para medirte a ti mismo ni hacerte exigencias. En su lugar, deberías buscar y aceptar la verdad en función de las diversas condiciones inherentes que te da Dios. ¿Cuál es el objetivo final de esto? Que entiendas los principios-verdad sobre la base de tus condiciones inherentes, así como todos y cada uno de los principios-verdad que se deberían practicar ante las distintas situaciones que te encuentres, y que puedas contemplar a las personas y las cosas, así como comportarte y actuar de acuerdo con estos principios-verdad. Hacer esto satisface los requerimientos de Dios. Esto se debe a que el propósito de las palabras y la obra de Dios es obrar verdades en las personas, de modo que estas se conviertan en sus principios y criterios de práctica y en la base según la que contemplan a las personas y las cosas, se comportan y actúan, y de modo que se conviertan en su vida, en lugar de servir para volver a las personas sobrehumanas o gente con poderes sobrenaturales. ¿Qué quiero decir con “sobrehumanas” y con “gente con poderes sobrenaturales”? Ser capaz de trascender los propios instintos, trascender el ámbito de la propia capacidad, el propio calibre e incluso el propio género y poder vivir más allá del propio género; ¿acaso no son estos poderes sobrenaturales? (Sí). Por ejemplo, algunas personas pueden hablar varios idiomas, incluso más de diez, sin cursar estudios especializados. ¿Es esto sobrenatural? (Sí). Esta sobrenaturalidad va más allá del calibre, la capacidad y el instinto humanos, ¿verdad? (Sí). Es más, cuando hablan diversas lenguas, pueden incluso adoptar de manera flexible diferentes voces masculinas y femeninas. ¿Acaso esto no es más sobrenatural? (Sí). No importa cuántos idiomas hablen, no los mezclan ni se cansan por mucho que hablen y, aunque no beban agua, no tienen sed. Asimismo, mientras más hablan, más brillo tienen en sus ojos, más les reluce su rostro y todo su ser irradia luz. ¿No es esto sobrenatural? (Sí). Aunque les disparen mientras hablan, están bien y siguen hablando sin más. Eso es incluso más sobrenatural, ¿verdad? (Sí). Cuando ven la bala, ni siquiera tratan de esquivarla, sino que la afrontan directamente. La bala atraviesa su pecho, pero se mantienen firmes y no flaquean. No se ven afectadas de ninguna manera y no sufren daño siquiera en un pelo de su cabeza. Esto es trascender al instinto, ¿no? (Sí). Todos estos fenómenos trascienden al instinto humano. Lo más grave de todo esto es que se ha convertido en una persona inusual, es decir, en alguien diferente a las personas corrientes, que trasciende al calibre y la capacidad de las personas normales, así como a sus instintos. Sus manifestaciones son diferentes en todos los aspectos a las de las personas corrientes y son particularmente sobrenaturales. Esto conlleva problemas. ¿Sigue tratándose de una persona normal? (No). Entonces, ¿qué es? (Un espíritu malvado). Es un espíritu malvado. ¿Queréis ir en busca de esto? (No). Ninguno de vosotros quiere, así que, ¿crees que la obra de Dios cambiaría a las personas hasta este punto? ¿Es el propósito de la obra de Dios transformar a los individuos en personas inusuales? (No). Te permite aceptar la verdad y experimentar los entornos que Él ha dispuesto para ti dentro del ámbito de la humanidad normal, de modo que, a partir de esto puedas entender las meticulosas intenciones con las que Dios hace Su obra o tus propias carencias y deficiencias o tus propias actitudes corruptas y, entonces, sobre la base de este entendimiento, buscar la verdad y ponerla en práctica y llegar a entrar de manera progresiva en ella; este proceso es lento y no es en absoluto sobrenatural. Cuando algunas personas están siendo negativas, les gusta decir: “¿Qué he obtenido de creer en Dios durante tantos años?”. Dices que no has obtenido nada, pero deberías considerar con cuidado lo siguiente: al haber creído en Dios durante tantos años, ¿tienes ahora una opinión clara de muchas cosas? ¿Es cierto que, mientras más tiempo crees, más en paz y asentado te sientes y más te parece que esta es la senda correcta en la vida? Si de veras te sientes de esta manera, significa que, en efecto, has logrado algo. Aunque no has obtenido ninguna cosa material, aunque no has ganado dinero, estatus, fama, provecho —cosas que puedas agarrar con la mano o ver con los ojos—, sin embargo, has entendido algunas verdades en tu corazón. Has obtenido algún entendimiento de la existencia real de Dios y de Su soberanía sobre todo. Además, también has entendido las intenciones de Dios y Sus requerimientos para las personas y sabes qué es un ser creado y qué deber tendrías que hacer. Y si ahora mismo no se te permite hacer un deber, sentirías angustia y que tu vida está vacía. ¿Acaso no muestra todo esto que ya has ganado por creer en Dios? Lo que has obtenido vale más que ninguna otra cosa material. Estos son los efectos que la obra de Dios logra en las personas. No pretende provocar en ellas cambios sobrenaturales nada realistas que trasciendan a la humanidad, los instintos humanos o las necesidades y manifestaciones normales de la carne. En cambio, pretende permitir a las personas experimentar toda clase de entornos dentro del ámbito de humanidad normal y, en este proceso, ganar de manera progresiva y lenta toda clase de entendimientos y experiencias. En resumen, a lo largo de este lento y progresivo proceso, los pensamientos y nociones de las personas cambian poco a poco, las perspectivas desde las que contemplan a las personas y las cosas varían, sus puntos de vista sobre toda clase de personas, acontecimientos y cosas han cambiado, así como las maneras de lidiar con ellos, algunas de sus actitudes corruptas ya no son tan obvias como antes y su conciencia y razón se recuperan hasta cierto punto. Obtienen estas ganancias reales, en lugar de esas cosas nada realistas, ilusorias, vacías, huecas o incluso sobrenaturales.

Dios lleva a cabo la obra de salvar a la especie humana de manera gradual y, por supuesto, hay otro principio más primordial, el de que, al hacer Su obra, Dios permite que las cosas sigan su propio curso. Este principio de “dejar que las cosas sigan su propio curso” puede ser un poco difícil de entender. ¿Qué significa? Significa que, ya esté Dios obrando en las personas o hablando con ellas, Él nunca fuerza a nadie a hacer nada. Dios dispone para ti entornos y te suministra la verdad igual que hace con otras personas. En cuanto a cómo deberías contemplar y entender los entornos que Él dispone y con qué punto de vista y actitud deberías abordarlos, Dios lo dice con palabras explícitas y te ha expresado principios-verdad claros. En cuanto a cómo lo abordas, es tu propia libre elección. Puedes elegir aceptar la verdad y conocerte a ti mismo, o bien puedes elegir rechazar la verdad; puedes elegir aceptar tu revelación por parte de los entornos que instrumenta Dios o bien puedes elegir ignorar Su obra; tienes libertad de elección, eres libre de elegir. Por ejemplo, en lo que respecta al deber que te corresponde hacer, puedes elegir hacerlo de todo corazón y con todas tus fuerzas o bien desde una actitud superficial. Esto se basa por completo en tu elección personal y, por supuesto, en tu propio calibre, capacidades, instintos y demás. Dios no hace obra adicional, es decir, en circunstancias normales, Dios no desempeña una obra adicional de incitar ni apremiar. ¿Qué significa esto? Significa que Dios dispone entornos para ti; es como si te hubiera organizado un banquete con platos calientes y fríos, arroz y sopa, frutas, bebidas, de todo, y en lo que respecta a lo que eliges, Dios te concede libertad; elijas lo que elijas, tienes la libertad de hacerlo y Dios no interfiere, solo se centra en expresar la verdad para proveer a las personas. Algunas solo echan un vistazo superficial al banquete, sin probar por sí mismas cómo son en realidad los deliciosos platos. Solo comentan sobre el banquete, dicen algunas doctrinas y luego se van. Otros solo eligen mirar el banquete, ignoran su deliciosa comida y se marchan sin mostrar actitud u opinión alguna. Hay otros que han probado en primera persona sus deliciosos platos, los han experimentado y también han aprendido a preparar alguna de las sabrosas comidas. Da igual cuál sea tu actitud en el entorno dispuesto por Dios, ya sea recibirlo o rechazarlo y negarlo, despreciarlo o serle hostil o lo que sea; en lo que respecta a Dios, todas estas son actitudes. ¿Cómo aborda Él las diversas actitudes de las personas y cómo lidia con ellas? Al haber provisto a las personas de un gran número de verdades, la única actitud de Dios hacia ellas es la de observar y mantener un registro. En cuanto a qué eligen las personas o cuál es su actitud, Dios no interviene; este asunto no tiene nada que ver con Él. Entonces, ¿con qué tiene que ver este asunto? Con la senda que eliges, con lo que ganas en última instancia y con tu propio desenlace final. En este asunto, Dios no hace ninguna obra adicional, facilitadora, solo cumple las responsabilidades y obligaciones que le corresponden. Después de que Él te haya provisto de la verdad y te haya contado los principios para lidiar con toda clase de personas, acontecimientos y cosas, puede incluso que te disponga entornos. Sin embargo, Dios no interviene en qué elecciones finales haces exactamente ni en qué clase de senda tomas; te deja escoger por tu cuenta. Por ejemplo, si eres elegido líder u obrero, puedes optar por actuar de acuerdo con los principios-verdad y los arreglos del trabajo de la casa de Dios o por actuar de manera arbitraria e imprudente conforme a tus propias preferencias. Si eliges lidiar con todo de acuerdo con los principios-verdad y hacer tu deber conforme a los arreglos del trabajo, Dios observará y mantendrá un registro de esto y, tarde o temprano habrás obtenido la verdad y te habrás sometido a Él; este es un desenlace. Si haces las cosas de acuerdo con tu propia voluntad y te comportas de manera arbitraria e imprudente, vulneras los arreglos del trabajo de la casa de Dios y los principios-verdad, esta es también una elección y representa la senda que estás tomando y, de igual modo, Dios observará y mantendrá un registro de ello y, por supuesto, no hace falta decir cuál será tu desenlace. Si has obtenido la verdad y la vida, esto también te permitirá obtener la aprobación de Dios y asegurarte un buen destino.