Cómo perseguir la verdad (20) Parte 2

Al ver que los hijos de los demás son especialmente traviesos, hay quienes dicen: “Qué niño más travieso, se ve de un solo vistazo que no es bueno. Seguro que cuando sea mayor no hará el trabajo que le corresponda. ¿Cómo va a llegar a nada?”. Pero si alguien dice que el hijo de cierto hombre es travieso, este contesta: “¿Y qué si es travieso? El hecho de que lo sea es una manifestación de su futuro prometedor. Cuando crezca, podrá destacar entre la multitud; ¡puede que incluso se convierta en un alto funcionario!”. Cuando los hijos de los demás son traviesos, dice que no van a llegar a nada cuando sean mayores, pero cuando es su hijo el travieso, dice que va a destacar entre la multitud cuando crezca. ¿Cuál de sus afirmaciones es correcta? (Ninguna). Entonces, ¿por qué lo dice? ¿Habla con ecuanimidad? (No). El hecho de que pueda decir tales cosas muestra que no tiene sentido de la conciencia. Los hijos de otras personas ni siquiera son adultos aún, entonces, ¿cómo puede saber que no van a llegar a nada? Si alguien va a llegar a algo cuando sea mayor es algo que depende de la ordenación de Dios y de la senda que emprenda, ¡cómo va a depender de una única frase que él diga! Decir esto es una demostración de que no tiene sentido de la conciencia. El problema de ser travieso es el mismo, pero cuando habla de su propio hijo le da un giro positivo, mientras que cuando habla de los hijos de otros, le da un giro negativo. ¿Son ecuánimes sus palabras? (No). Entonces, ¿qué clase de persona es ecuánime? (La que tiene conciencia). ¿Cuáles son los rasgos de una persona con conciencia? Una persona con conciencia posee dos rasgos: la honradez y la amabilidad. Ser honrado significa, al menos, que el corazón de uno debe ser recto cuando habla y actúa. Las palabras que uno dice deben ser ecuánimes, objetivas y basarse en los hechos; no deben ser parciales, servir para ocultar defectos ni estar basadas en sentimientos. Cuando los hijos de otros son traviesos, dice que cuando crezcan serán malos, pero cuando se trata de su propio hijo, dice que tendrá un futuro prometedor cuando sea mayor. Describe la misma manifestación, la de ser travieso, de dos maneras diferentes. ¿Dirías que esta persona es un individuo honrado? (No). No es un individuo honrado; al hablar solo se basa en los sentimientos. Entonces, ¿tiene conciencia y razón una persona que al hablar solo se basa en los sentimientos? (No). Este solo punto es suficiente para probar que no tiene ni conciencia ni razón. Solo dice cosas agradables sobre su propio hijo, con bendiciones y buenos deseos, pero maldice a los hijos de otros cuando habla sobre ellos. Esto es carecer de amabilidad y no ser honrado. Es capaz de decir palabras así de malévolas porque no tiene conciencia. Una persona así no habla con ecuanimidad y solo expresa razonamientos retorcidos. Por un lado, esto demuestra que no es honrada; por otro, demuestra que no es amable. Con independencia de cómo sea la situación de los demás, las personas que no son amables la describen como mala. Hablan con intenciones ocultas, deseando desesperadamente que las cosas les salgan mal a los demás. En lo que dicen hay malicia y la intención de maldecir a otros. Siempre hablan de esta manera y nunca les remuerde la conciencia. Hablan así de los asuntos de otras personas y también tratan así a los demás. Un ejemplo: una mujer cuyo marido tiene una aventura. Por miedo a lo que opinarán los demás, ella le dice a la gente: “Mi marido está teniendo una aventura porque es que es demasiado excepcional. Es bien parecido y es competente. En esta malvada sociedad de hoy en día, esas mujeres son tan descaradas que simplemente se arrojan a sus brazos. Eso solo sucede porque es demasiado excepcional. También demuestra que acerté en mi juicio; ¡tengo muy buen gusto!”. Pero si el marido de otra tiene una aventura, dice: “Se nota que no es un hombre decente. No tiene dinero ni es atractivo y anda por ahí persiguiendo amantes. ¡Cualquier mujer que se quede con él está ciega!”. Incluso le aconseja a esa mujer que abandone enseguida a su marido y se busque otro. Esta le pregunta: “Tu marido también está teniendo una aventura, ¿por qué no te buscas tú a otro?”. Ella responde: “Mi marido es diferente al tuyo. Tu marido es un bribón. El mío es que es demasiado excepcional y otras se le echan encima. Mi marido no pudo evitarlo, mientras que el tuyo salió a buscar una amante”. Ya ves, lo que dice sobre cualquier tema cambia cuando tiene que ver con ella. Cualquier cosa relacionada con ella es excusable y un caso especial; lo presenta todo bajo una luz positiva. Pero es diferente cuando atañe a otros; entonces todo es malo. Por tanto, si los padres de una persona así no creen en Dios, ¿qué dirá? “Aunque mis padres no creen en Dios, son buenas personas en el mundo. No se meten en peleas ni maldicen a los demás, ayudan a cualquiera que esté pasando por dificultades. Se les conoce en todas partes como personas eminentemente buenas y amables. Si creyeran en Dios, ¡serían sin duda mejores que nosotros!”. Sin embargo, cuando los padres de algunos hermanos y hermanas no creen en Dios, dice: “¡Tus padres son todos unos diablos!”. Cuando los padres de algunos hermanos y hermanas creen en Dios, dice: “Aunque crean en Dios, solo son creyentes nominales y no son buenas personas. Dado que creen en Dios, ¿por qué no apoyan que hagas un deber?”. Cada vez que ella está implicada, lo que dice cambia. Nunca habla de acuerdo con hechos objetivos y sus palabras nunca son ecuánimes. Tiene un estándar para sus propios asuntos y otro para los de otras personas. En el fondo de su corazón, no hay un estándar ecuánime para evaluar a toda clase de personas, acontecimientos y cosas. Cualquier cosa en la que ella esté involucrada es buena y positiva y tiene varias razones justificables; cualquier cosa que implique a los demás debería ser condenada, maldecida y rechazada y es propia de los diablos y de Satanás. En cuanto a su familia, parientes y amigos, todos son buenas personas; si creen en Dios, son todos auténticos creyentes y son todos hermanos y hermanas. Pero en lo que respecta a los hermanos y hermanas en la iglesia, los juzga arbitrariamente, dice que uno es un incrédulo, que otro no es devoto al hacer su deber y que habría que echarlos a todos. Si un hermano o una hermana comete un pequeño error o tiene un problema menor, esta persona se aprovecha de ello inmediatamente, lo hace público y luego le da un sermón y lo menosprecia con una mirada severa. Sin embargo, cuando sus propios familiares hacen algo mal, se limita a intentar suavizar las cosas y hace todo lo posible por defenderlos con argumentos engañosos. ¿Acaso hay alguna ecuanimidad en alguien así? (No). No es nada ecuánime. Cuando lidia con los hermanos y hermanas y con otras personas, “se atiene a los principios” con una mirada severa, se siente en posesión de la realidad-verdad. A menudo se jacta ante los demás, dice: “Mira cómo me atengo a los principios. Mira qué firme es mi postura. Puedo practicar muy bien la verdad”. Pero en lo que respecta a sus propios asuntos familiares —a su esposo o esposa, a sus hijos, parientes e incluso a su perro—, su actitud cambia. Por ejemplo, si su perro ladra cada vez que ve a un extraño y muerde indiscriminadamente cuando viene visita, dice: “Mira, este perro es un guardián realmente bueno y fiel. Me es absolutamente fiel a mí, su amo; ¡nunca cambia!”. Pero si el perro de otra persona muerde indiscriminadamente cuando ve a un conocido, dice: “Este perro está ciego. Ni siquiera mira a ver quién es. No tiene principios al cuidar la casa. ¿Por qué muerde a diestro y siniestro?”. No es ecuánime ni con los perros. ¿Qué clase de persona es esta? (No es un ser humano). Piensa que todo lo que hace es correcto y razonable y que concuerda con las cosas positivas; piensa incluso que se está ateniendo a los principios-verdad. Pero en lo que respecta a cualquier cosa que haga que no sea ecuánime o a cualquier razonamiento retorcido que exprese, nunca piensa que estén mal ni los corrige. Si se lo reprochas o la dejas en evidencia, no lo acepta. ¿Cuál es el resultado final? Se aferra con terquedad a sus propias afirmaciones y a sus supuestos principios e incluso actúa como si fuera la encarnación de la rectitud y evaluara todos los asuntos. De hecho, la perspectiva y la posición desde la que evalúa la corrección de las cosas son completamente antagónicas y contrarias a los principios-verdad, pero esta persona nunca se da cuenta de ello. Escupe muchas herejías y argumentos falaces y se aferra con terquedad a estas palabras, e incluso se opone a la verdad e intenta discutir con aquellos que pueden discernir el bien del mal, intenta discutir con quienes entienden la verdad. ¿Qué clase de personas son estas? No son nada razonables. Aunque a ojos de la gente lo que hacen estas personas y aquello en lo que insisten no se considere algo malo, a juzgar por sus muchas manifestaciones y revelaciones, no poseen en absoluto honradez, amabilidad ni razón, que son rasgos propios de humanidad. Solo con cómo tratan a diversas personas, acontecimientos y cosas en su vida diaria, vemos que hasta su evaluación de un niño o un perro es retorcida; da igual lo malo que sea su perro, para ellas sigue siendo el mejor del mundo y, por bueno que sea el perro de alguien, es imposible que digan ni una cosa buena sobre ese animal. Nunca jamás evalúan a una persona o un asunto con ecuanimidad y menos aún los tratan de esa manera. En su humanidad, no hay más que sentimientos y sesgos. Solo protegen sus propios intereses y a cualquier persona, acontecimiento y cosa relacionados con ellas. Aparte de esto, sienten que no hay nada en la vida digno de hacerse. Entre cualquier grupo de personas y en cualquier asunto, el rasgo de su naturaleza que manifiestan es el de trastocar lo relativo a todas las personas, acontecimientos y cosas objetivos y no presentarlos tal como son. Los evalúan y los tratan ajustándose por completo a sus propios pensamientos y puntos de vista o en función de si son beneficiosos para ellas o no.

Las personas de este tipo que no tienen los rasgos de humanidad no poseen la honradez, amabilidad y razón de la humanidad. A juzgar por estas manifestaciones, ¿acaso no es difícil lidiar con ellas? (Sí). Es difícil lidiar y llevarse bien con ellas. Nunca puedes hacerles aceptar pensamientos y puntos de vista correctos, pues no poseen la facultad de aceptar las cosas positivas. Esto significa que no poseen las condiciones para aceptar ningún pensamiento ni punto de vista correctos. Por tanto, malinterpretan y tergiversan muchos puntos de vista correctos y cosas positivas, que al tergiversarse se convierten en los diversos pensamientos, puntos de vista y afirmaciones peculiares de este tipo de personas. Aunque crean en Dios, por muchas palabras de Dios que hayan leído o muchos sermones y enseñanzas que hayan escuchado, siempre se aferran a sus propios pensamientos y puntos de vista falaces en su corazón, nunca se desprenden de ellos. Aunque Dios las provea de la verdad, no pueden aceptar de ninguna manera los pensamientos y puntos de vista correctos de Dios ni es posible que traten o evalúen a una persona o un asunto con descripciones correctas y de una manera correcta. Con base en los rasgos de su humanidad, solo tratarán a toda clase de personas, acontecimientos y cosas usando sus peculiares pensamientos y puntos de vista falaces e insistirán en hacerlo así. Por tanto, en tales personas puedes ver que, aparte de tener actitudes arrogantes y falsas, tienen otro carácter claramente destacado, que es el de ser especialmente intransigentes. La manifestación específica de esto es que son especialmente obstinadas, necias, tercas e incluso rígidas. Cuando te relacionas con una persona así y discutes algunos temas u os enfrentáis a algunos asuntos juntos mientras te asocias con ella, ves que sus posturas y actitudes a la hora de afrontar los asuntos son particularmente intransigentes, obstinadas, necias y tercas. Un asunto correcto o un pensamiento y punto de vista correctos, que obviamente son muy fáciles de aceptar para una persona normal, a ella le resultan muy difíciles de aceptar; hay muchos obstáculos de por medio. Te deja sin saber si reír o llorar y sientes que es particularmente problemática: “¿Por qué un asunto tan sencillo se convierte en un problema tan difícil para ella? ¿Es siquiera humano?”. Hacerles aceptar un asunto o un punto de vista correctos es tan laborioso como lograr que un lobo renuncie a la carne y coma verduras en su lugar. Es el equivalente a pedirles que cambien sus atributos; así de difícil es. Puede que pases mucho tiempo explicándoles un asunto menor y te esfuerces una barbaridad solo para apenas persuadirlas de aceptarlo, pero cuando surge otro asunto, se vuelve a poner de manifiesto su carácter intransigente y lo hace de una manera especialmente obvia: la de mostrar su comprensión distorsionada y su obstinación, además de ser necias, tercas y rígidas. A medida que tengas más contacto con estas personas y obtengas mayor percepción sobre ellas, descubrirás que su esencia es diferente. En lo que respecta a la esencia de tales personas, puede que tengas que emplear una tremenda cantidad de esfuerzo para llegar hasta ellas y explicarles las cosas con claridad en lo que se refiere a algunos asuntos insignificantes, hasta que acabes logrando algunos resultados con gran dificultad. Sin embargo, en lo que respecta a asuntos de punto de vista y posición o a asuntos importantes, nunca puedes comunicarte con ellas. Llegados a ese punto, sabrás que existen atributos para las personas y que los atributos de cada una son diferentes. Si dos personas no pueden comunicarse con fluidez ni cooperar juntas en armonía, así como tampoco pueden alcanzar rápidamente la armonía ni un consenso en sus puntos de vista cuando discuten cualquier asunto, entonces tienen atributos diferentes. Dado que las personas del tipo que no saben qué es correcto y qué es incorrecto no tienen capacidad en su humanidad para discernir lo correcto de lo incorrecto, nunca se darán cuenta de por qué son correctos los pensamientos, puntos de vista, palabras y asuntos obviamente correctos o dónde radica su corrección. Dirán: “¿Por qué lo que tú dices es correcto? ¿Por qué lo que yo digo no lo es? ¿En qué es correcto lo que dices tú?”. A veces, para probar que lo que dices es correcto, debes presentar los hechos y razonar las cosas, dar muchos ejemplos y hacer muchas analogías, tomarte muchas molestias y pensar bastante antes de poder explicarles claramente un asunto. Después de lograrlo por fin, aún tendrás que pensar bastante y tomarte muchas molestias para explicarles con claridad el siguiente asunto que surja. Si siempre haces esto, con el tiempo descubrirás que en última instancia esto no puede cambiar los atributos de una persona y que has estado perdiendo el tiempo. Aunque dediques mucho esfuerzo y pongas grandes esperanzas en ella, los resultados que obtendrás serán minúsculos, porque nadie puede cambiar los atributos de una persona. Si alguien ni siquiera sabe qué es correcto y qué es incorrecto, solo hay una manera de cambiar sus atributos: volver a su forma original para reencarnarse de nuevo. Si tiene suerte, se reencarnará como un ser humano; si no tiene suerte y se vuelve a reencarnar como otra cosa que no sea un ser humano, entonces sigue sin haber esperanzas de lograr que esa persona sepa qué es correcto y qué es incorrecto. Simplemente es así.

Las personas de este tipo, las que no tienen los rasgos de humanidad, cuentan con otra característica en su relación con los demás: pueden señalar fallos de diversa índole en otros, pero cuando ellas tienen esos mismos fallos, nunca admiten que se trate de fallos. Simplemente no son capaces de ver ningún punto fuerte o mérito en los demás; solo señalan sus fallos y dejan en evidencia sus defectos, usando esto como excusa para decir que los demás no pueden cooperar con ellas en armonía y que esa incapacidad para cooperar en armonía es totalmente culpa del resto, mientras que ellas no tienen ninguna responsabilidad y los demás son los que necesitan conocerse a sí mismos. ¿Cuál es aquí el problema? Al comportarse y lidiar con las cosas, estas personas nunca pueden tratar a los demás con racionalidad ni sus propios problemas de manera racional, correcta y ecuánime. ¿Diríais que su actitud a la hora de manejar los asuntos y tratar a la gente es correcta o incorrecta? (Incorrecta). ¿Pero ellas lo saben? (No). Siempre evalúan y ven a los demás desde una superioridad moral. Su manera de contemplar a los otros y la perspectiva desde la que lo hacen implican usar su propio y supuesto “correcto e incorrecto” para discernir a los demás. Ven todo lo que los otros hacen como malo e inferior a lo que hacen ellas mismas. Si surge una disputa y no pueden cooperar en armonía, creen que todo es problema del resto y lo causan los demás, que son otros los que tienen actitudes corruptas y quienes deberían hacer cambios y transformarse. Ven a los demás llenos de fallos y problemas, sin mérito alguno, mientras que se ven a sí mismas rebosantes de méritos y libres de cualquier fallo. ¿Dirías que tales personas poseen razón? (No). ¿Acaso sirven de algo los ojos de las personas sin razón? (No). Sencillamente no son capaces de ver los puntos fuertes y los méritos en toda clase de personas. Por el contrario, se aprovechan de los defectos de los demás, que puede que ni siquiera sean defectos en realidad, y los exageran de manera desproporcionada. Si no surgen problemas, la cosa va bien, pero en cuanto surge alguno, se aprovechan de los defectos de la otra parte y no los sueltan, dicen: “¿En qué eres tú mejor que yo? Si eres mejor que yo, ¿por qué igualmente se produjo este problema?”. Su actitud desafiante profundamente arraigada estalla y todos los puntos de vista auténticos que tienen en su interior quedan al descubierto. Nunca contemplan a las personas, los acontecimientos y las cosas de una manera racional. A sus ojos, cualquier manifestación de los demás es un problema, un fallo. Según sus pensamientos y puntos de vista, nada da la talla; todo está mal, todas son cosas negativas y todo es una baza para juzgar a otros. Lidiar con tales personas es difícil. No poseen la conciencia ni la razón de la humanidad normal, por lo que, en el fondo de su corazón, su supuesto “correcto e incorrecto” simplemente significa que cualquier cosa que crean que es correcta, lo es, y cualquier cosa que piensen que no es correcta, no lo es. Evalúan la corrección de las personas, los acontecimientos y las cosas según su propia valoración, según sus propias preferencias, así como también según sus propios intereses. No contemplarán a las personas ni a las cosas con ecuanimidad. Respecto a todo lo que no les gusta, con lo que son incompatibles, de lo que no obtienen beneficio o a lo que desprecian, hacen la generalización de que es erróneo y malo, sin lugar a discusión. No solo es difícil lidiar con tales personas, sino que también dan miedo. Si hay una persona así en tu entorno, una vez que ha expresado todos sus pensamientos y puntos de vista, su calidad humana queda al descubierto por completo. Puedes ver qué hay exactamente en el fondo de su alma, qué ama exactamente, cuáles son exactamente sus necesidades y qué busca en concreto. Al ver estas cosas en ella, puedes sentir asco hacia ella para toda la vida. Por supuesto, cuando todos estos problemas suyos queden al descubierto, tendrás la respuesta relativa a sus manifestaciones, como su comprensión distorsionada y la obstinación, necedad, terquedad y la tendencia a las distorsiones que revela debido a su carácter intransigente. ¿Qué respuesta es esta? La respuesta es que tales personas no poseen humanidad normal; es decir, no poseen la conciencia y razón de un ser humano; son no humanas. Si tuvieran un poco de conciencia y razón, no se aprovecharían de razonamientos retorcidos ni hablarían de ellos como si fueran correctos. Al haber escuchado muchos sermones en su fe en Dios, deberían haber entendido al menos algo de la verdad y sus puntos de vista sobre las cosas deberían haber cambiado un poco. Por tanto, ¿por qué todavía contemplan las cosas usando los puntos de vista de los no creyentes y tratan los puntos de vista erróneos y los razonamientos retorcidos como correctos y como la verdad e incluso condenan la verdad, las cosas positivas y las correctas como si fueran negativas? Obtienes la respuesta a esto cuando sus pensamientos y puntos de vista erróneos quedan al descubierto. No es de extrañar que digan tantas cosas en la vida que convierten lo blanco en negro y tergiversan los hechos; esto se debe a su total rechazo a aceptar la verdad. Dado que tienen el atributo de sentir aversión por la verdad, lo lógico es que revelen tales cosas. Esto no se debe a la educación que les dieron sus padres ni a la influencia del entorno ni mucho menos a lo que aprendieron en la sociedad; este es el rasgo de su humanidad. Sienten aversión por la verdad, tienen este atributo. Lo que uno ama, qué clase de humanidad revela, qué revela naturalmente en la vida diaria y cuál es su estado habitual en la vida; todo esto depende de los atributos de uno. Nadie puede cambiar los atributos de una persona. Igual que una serpiente: al tener el atributo de ser torcida, nunca repta en línea recta. Igual que un cangrejo, que camina de lado, e incluso si lo colocas en un espacio estrecho, seguirá caminando lateralmente. Estos son sus atributos y son inmutables. Si una persona no puede discernir el bien del mal ni saber lo que es correcto e incorrecto, se puede decir que esta característica es un atributo que tiene. Como posee este atributo, revela naturalmente muchas cosas relacionadas con él en su vida diaria: esto es muy normal.