Cómo perseguir la verdad (20) Parte 4
Algunas personas nunca han aceptado realmente las palabras de Dios en el fondo de su corazón; no aceptan ni una sola palabra de Dios. Cuando la casa de Dios no las asciende ni las usa, se quejan: “¿Cómo es que no le gusto a Dios? ¿Por qué la casa de Dios nunca me asciende ni me asigna un puesto importante? Entiendo algunas verdades, tengo aspiraciones y determinación, ¡estoy dispuesto a entregarme para Dios! Tengo educación y tengo fuerza y puedo sufrir y pagar un precio, entonces, ¿por qué la casa de Dios no me da una oportunidad? ¡Es injusto tratarme de esta manera! Otros obtienen oportunidades, así que ¿por qué yo no? ¡Dios no es justo!”. Entonces, ¿por qué no miras si te ajustas a los principios de la casa de Dios para ascender y usar a las personas? Tu corazón está cerrado a Dios y te resistes a las palabras que Él dice; ¿has asimilado lo que dice Dios? ¿Has buscado alguna vez las palabras de Dios cuando haces cosas? No escuchas lo que dicen las palabras de Dios y nunca buscas Sus intenciones ni los principios-verdad, entonces, ¿cómo iba a usarte la casa de Dios? Aunque Dios disponga un entorno para ti y la casa de Dios te dé la ocasión de ser ascendido y usado, ¿en qué trabajo podrías ser competente? ¿De qué trabajo podrías encargarte? Si se usara a tal persona para el trabajo de iglesia, ciertamente seguiría su propia voluntad para cometer fechorías de manera imprudente y causaría trastornos y perturbaciones, lo que solo podría llevar a una cosa: a ser descartada. Hay dos razones por las que se descarta a alguien: una es por ser un falso líder que no puede hacer trabajo real y la otra por ser un anticristo que comete fechorías imprudentes y hace las cosas a su manera, con lo cual no solo no defiende los intereses de la casa de Dios, sino que además comete maldad para perturbar y destruir el trabajo de la casa de Dios. En última instancia, en ambos casos debe ser descartado. Nunca aceptas la verdad, sientes aversión por leer las palabras de Dios, tu corazón está cerrado a Él y no buscas los principios-verdad al hacer las cosas. Aunque Dios fuera a tratarte con gracia y a darte una oportunidad, e incluso si la casa de Dios fuera a ascenderte y usarte, no serías competente en el trabajo ni podrías emprender ningún trabajo de manera independiente. Al final, se te tendría que descartar igualmente. Esperas que la casa de Dios te ascienda y te use, ¿pero es positiva tu mentalidad? Si tu objetivo no es cumplir con tu deber, obtener la verdad y corresponder el amor de Dios, entonces tu mentalidad no consiste en nada más que ambiciones y deseos; esto se debe a que sale a relucir tu carácter arrogante y Dios no lo acepta. Dime, con manifestaciones como las tuyas, ¿se atrevería a usarte la casa de Dios? Si se te usara, solo acarrearía problemas y pérdidas al trabajo de la iglesia. No sabes hacer nada bien y, después de que haces algo, varias personas tienen que remediar la situación y arreglar el desastre. Por tanto, la casa de Dios no se atreve a usarte. Todos los aspectos del trabajo de la iglesia son bastante importantes, ¿puedes encargarte de ellos? Si algo va mal, ¿puedes responsabilizarte? No eres competente en el trabajo y no puedes encargarte de él, pese a ello todavía quieres que la casa de Dios te asigne un puesto importante, ¡eso es ser bastante ambicioso! Si realmente quieres que se te ascienda para estar al cargo del trabajo de la iglesia, entonces, ¿por qué no piensas en dotarte de más verdad y entender más de ella? No seas enemigo de las palabras de Dios. Despréndete de tus supuestos pensamientos y puntos de vista correctos y lee con seriedad las palabras de Dios. Incluso solo con tener una actitud de sumisión hacia Sus palabras ya estaría bien. No tienes siquiera una actitud de sumisión hacia las palabras de Dios y menos aún las aceptas. Si no aceptas Sus palabras, pero todavía quieres que te asciendan en la casa de Dios y hacer trabajo de iglesia, entonces apenas vas a durar unos pocos días antes de ser descartado. Todas las personas de este tipo parecen tener sus propias aspiraciones en el fondo de su corazón, pero estas aspiraciones jamás pueden hacerse realidad y su corazón no puede quedar satisfecho. Aunque han creído en Dios y han hecho sus deberes en la casa de Dios durante muchos años y pueden renunciar a cosas y entregarse, como su corazón siempre está cerrado a Dios y tienen una actitud de resistencia hacia la verdad, sienten que no han obtenido nada después de creer en Dios durante tantos años. Yo digo: “Lo que dices es bastante cierto; en realidad no has obtenido nada”. Si de veras hubieras obtenido un poco de la verdad después de creer en Dios durante tantos años, eso sería en efecto precioso. Si realmente hubiera tesoros dentro de ti, entonces a la casa de Dios de veras le gustaría una persona así y la atesoraría. Por desgracia, no eres esa clase de persona. Lo que has obtenido no es la verdad ni son tesoros; en su lugar, lo que has obtenido es una cabeza llena de agravios, rebeldía, descontento y quejas. Dices que no has obtenido nada y es correcto; en realidad es así. Si realmente entendieras algo de la verdad y hubieras obtenido algo de ella, entonces no tendrías en tu corazón agravios, rebeldía, quejas y otras cosas negativas semejantes. En su lugar, tendrías fe en Dios, entendimiento de Dios, consideración hacia Él, sumisión a Dios y temor a Dios; todas estas cosas positivas. Es una pena que lo que hay dentro de ti no sean cosas positivas, sino cosas negativas en su totalidad. Sin embargo, te aferras a ellas con fuerza, piensas que estas cosas son las más preciadas; mientras te aferras a ellas, piensas que estás en lo cierto y tienes una excusa. Esta es una idea estúpida. Esa rabia, odio, juicio, rebeldía y resentimiento tuyos no son la verdad. Todo esto proviene de Satanás; son tumores malignos generados por las actitudes corruptas de Satanás. Debes pensar en una manera de resolverlos. Estas cosas no pueden permitirte lograr la salvación ni pueden permitirte aceptar la verdad y presentarte ante Dios abiertamente y al descubierto para convertirte en un verdadero ser creado y aceptar la soberanía y arreglos del Creador. Por el contrario, si siempre atesoras estas cosas y no te desprendes de ellas, eso solo causará que te alejes cada vez más de Dios, te vuelvas cada vez más oscuro y te hundas incluso más por dentro. Finalmente, llevará a que tengas cada vez menos fe en Dios y que aumente cada vez más tu repulsión hacia las palabras, la obra, los requerimientos y la esencia-carácter de Dios. Crees en Dios, pero poco a poco te alejas cada vez más de Él; esto no es una buena señal. Para ti, esto es una calamidad que provocará una ruina absoluta. Deberías darle la vuelta y no aferrarte a estas cosas. Si te aferras a tales cosas negativas, eso solo te llevará a la destrucción. Te iría mejor si sacaras estas cosas a la luz para diseccionarlas, te desprendieras de ellas y aceptaras la verdad. Algunas personas dicen: “¿No dijiste que las personas de nuestro tipo no tienen la facultad de aceptar la verdad?”. No tienes la facultad de aceptar la verdad, pero ahora te digo: los agravios, el descontento, la rebeldía, el resentimiento, el odio y el juicio dentro de ti son todos cosas que se resisten a Dios. Si lo entiendes y puedes discernir los problemas en tu interior, deberías desprenderte de estas cosas. Hay quien dice: “No entiendo la verdad, así que no sé cómo desprenderme”. ¿Sabes entonces cómo atenerte a los preceptos? Simplemente, haz lo que te digan las palabras de Dios, sea lo que sea. Por ejemplo, ¿puedes refrenarte de hacer el mal? ¿Puedes refrenarte de juzgar a Dios? ¿Puedes hacer más cosas buenas? ¿Puedes refrenarte de seguir a los malhechores? ¿Puedes abrirle el corazón a Dios? ¿Puedes informar de los problemas a la casa de Dios cuando los descubres? ¿Puedes hablar desde el corazón cuando oras a Dios? ¿Puedes refrenarte de ser superficial al hacer tu deber? Si puedes hacer estas cosas, entonces todavía hay esperanza para ti. Si no puedes hacer siquiera estas cosas, entonces te diré la verdad: estás perdido. Lo que te espera no es la luz, sino la oscuridad. Sigues siendo una persona que pertenece a Satanás y no puedes salvarte.
Aunque una persona no entienda la verdad, si posee conciencia y razón, entonces puede discernir en cierta medida lo que es correcto e incorrecto, sea lo que sea que se encuentre. Sin embargo, las personas sin conciencia ni razón no saben qué es correcto e incorrecto en muchos asuntos, lo que hace que otros piensen que son muy extrañas. Cuando la gente interactúa o lidia con los asuntos con ellas, muchas cosas no funcionan para ellas y muchas palabras no les llegan. Además, sus pensamientos y puntos de vista son muy poco convencionales, son extremos y a la gente le resultan inconcebibles, como si no hubieran vivido en el mundo humano. No entienden muchas cosas que son reconocidas universalmente como correctas; no solo no pueden aprobarlas ni aceptarlas, sino que incluso pueden expresar una serie de razonamientos retorcidos y herejías. En particular, es frecuente que algunas personas realicen artimañas turbias dentro de un grupo, siembren la discordia, tergiversen los hechos y suelten falsedades. Es como si cada día no tuvieran nada adecuado de lo que ocuparse; se pasan el tiempo juzgando a tal persona o cual asunto y disfrutan haciéndolo. Aunque nadie preste atención a las cosas que dicen y nadie esté interesado en estas cosas, siguen sin cansarse nunca de decirlas y hacerlas. Siempre siembran la discordia en las relaciones de las personas, juzgan a los demás, tergiversan los hechos y sueltan falsedades en privado. Cuando las cosas no van como ellas quieren, gruñen, se quejan e incluso emiten juicios a espaldas de la gente. Su vida está llena por completo de estas cosas. Nunca las ves compartir su propio entendimiento, ya sea compartir el esclarecimiento y la luz que han obtenido de las palabras de Dios o comunicar y compartir a todo el mundo su experiencia sobre cierto asunto. Mientras más se debaten esos asuntos adecuados, más guardan silencio; carecen de una actitud proactiva y se muestran indolentes e incapaces de armarse de energía. Lo que les apasiona es sembrar la discordia y tergiversar los hechos y soltar falsedades. Incluso al discutir algún asunto, actúan como no creyentes al observarlo desde la perspectiva de lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, sin discutir nunca ningún asunto en lo que se refiere a la conciencia y la razón de la humanidad normal. Entre los grupos de personas, siempre desempeñan el papel de los mosquitos, las moscas, las ratas y similares, de modo que perturban y fastidian la vida normal de la gente. Una vez que hablan y expresan sus puntos de vista, o que evalúan y juzgan algo, las personas sienten aversión y perturbación en el corazón; e incluso se desorienta y constriñe a algunas que son de poca estatura y no entienden la verdad. Estas personas nunca desempeñan un papel positivo en el grupo; siempre están con cotilleos y tergiversando los hechos y soltando falsedades, hablando sobre los defectos de tal y luego de lo que hizo cual. Sin embargo, nunca sienten que haya nada de malo en hacer esto; en su lugar, creen que las personas deberían vivir de esta manera y que solo se puede ser feliz y libre al vivir así. Consideran correctos este estilo de vida equivocado y esta manera de manejar las cosas, lo consideran el estilo de vida que deberían tener las personas con humanidad normal y no aceptan que otros las poden y las dejen en evidencia. Si su enfoque no funciona en cierto grupo, van a otro para encontrar a personas de su calaña —otras que compartan su mentalidad infame— con las que juzgar lo que está bien y lo que está mal. Una vez que encuentran a un espíritu afín, todos los días de su vida les resultan sumamente felices y alegres. En cualquier escenario, el papel que desempeñan estas personas es el de alguien que tergiversa los hechos y suelta falsedades, siembra la discordia, intenta atraer a la gente y la perturba y la ataca. Si les preguntas qué motivos ocultos albergan al hacer esto y qué objetivo quieren lograr, ellas mismas no pueden explicar con claridad por qué lo hacen. Podría ser que no tuvieran un objetivo claro, sin embargo, el estado en el que suelen vivir rebosa de estas manifestaciones y prácticas. Dime, ¿cuáles son los atributos de tales personas? Si dices que tienen motivos ocultos al hacer esto, se llenan de excusas: “No pretendía afectar la realización del deber por parte de nadie, no pretendía perturbar a nadie ni perturbar el trabajo de la casa de Dios. ¿Es que no puedo decir lo que se me pasa por la mente?”. Cuando las dejas en evidencia, se muestran desafiantes; insisten en hacerlo así, en salirse con la suya y en vivir así entre los demás. Con independencia de a quién juzgan o qué hechos tergiversan y qué falsedades sueltan, ¿es correcta su manera de vivir y comportarse? (No). Sin embargo, disfrutan de ello. ¿Dirías que el problema con tales personas es muy serio? (Sí). Son adultos y, sin embargo, no saben qué palabras y acciones son correctas, valiosas, significativas y suponen hacer el trabajo que les corresponde, así como tampoco saben qué acciones suponen desatender el trabajo que les corresponde; las personas de este tipo son unos gamberros en todos los sentidos, no son personas normales. Con independencia de si causan perturbaciones a otros, dado que viven todos los días en un estado de cometer fechorías imprudentes sin saber si lo que están haciendo es correcto o incorrecto y consideran tergiversar los hechos y soltar falsedades y sembrar la discordia como un trabajo apropiado, al tiempo que no tienen ningún sentido de la conciencia, ¿dirías que tienen humanidad? Si de veras tuvieran humanidad normal, deberían saber cuáles son los principios que rigen el habla y el comportamiento y, más aún, deberían saber que uno debe entender la verdad al comportarse y que esta es la mayor necesidad de las personas. Sin embargo, no saben lo que necesitan las personas ni lo que deberían hacer. No tienen humanidad normal; son bestias. Algunas son incluso peores que bestias. Fíjate en los gatos: de día duermen y a veces juegan; cuando oscurece, se ponen a atrapar ratones. Los ratones son dañinos para los humanos, así que, al cazarlos, los gatos están haciendo algo beneficioso para estos. O fíjate en cómo viven los perros; aparte de jugar con sus amos, los perros guardan la casa. En cuanto ven a un extraño, empiezan a ladrar para alertar a su amo y guardar la casa. Cuando su amo los saca a pasear, se quedan a su lado y, si se acerca un extraño, lo protegen. Cumplen el papel de guardar, el papel de proteger la casa. Ya sean gatos o perros, todos se ocupan del trabajo que les corresponde. Por supuesto, los animales no hacen esto movidos por la fuerza rectora de la conciencia, sino por instinto. Cuando Dios los creó, Él creó este instinto y les dio esa misión y se ciñen a ella y nadie puede cambiar esto. Los animales pueden incluso cumplir sus responsabilidades y ocuparse del trabajo que les corresponde. Si eres humano, al menos debes estar regido por la conciencia y la razón. Deberías tener estándares y un límite mínimo en el corazón en lo que respecta a lo que deberías hacer todos los días y lo que no, qué acciones están relacionadas con la verdad y qué acciones suponen descuidar el trabajo que te corresponde. Estos estándares y este límite mínimo se pueden evaluar enseguida usando la conciencia y razón de la humanidad. Por ejemplo, ser disoluto y desenfrenado, el gusto por tergiversar los hechos, soltar falsedades y demás: ¿qué clase de personas hacen esto? Las personas normales pueden darse cuenta: “Esas son cosas que hacen los holgazanes y los gamberros que descuidan el trabajo que les corresponde. Las personas normales están demasiado ocupadas con los asuntos que les corresponden; ¿quién haría esas cosas? ¡No tienen sentido! Aparte de esto, tergiversar los hechos y soltar falsedades y sembrar la discordia son todas cosas negativas, son cosas incorrectas. Si las personas tienen conciencia y razón, no deberían hacerlas en absoluto. En ocasiones, puede que haya una circunstancia especial de alguna clase —alguien que te ofenda— y puede que gruñas unas pocas palabras de manera impulsiva, pero no puedes convertirlo en la norma para tu vida diaria; ¡no puedes considerarlo como el trabajo que te corresponde!”. Esto es algo que se puede evaluar usando la conciencia y la razón de las personas normales, por tanto, estas son capaces de refrenarse a la hora de hacer estas cosas. Pero las que no poseen conciencia y razón tratan estas cuestiones como el trabajo que les corresponde. No se ponen ansiosas ni se preocupan al demorar su deber. Cuando no han terminado su trabajo y otros les urgen a continuar, no se lo toman en serio. Los demás están todos ocupados haciendo su deber, pero ellas fingen no darse cuenta. Cada vez que les apetece, charlan ociosas, ya sea tergiversando los hechos y soltando falsedades o sembrando la discordia. Estas manifestaciones no son manifestaciones de humanidad normal, sino de ser no humanos. Como miembros de la raza humana, tras llegar a la edad adulta, todo el mundo debería sopesar algunos asuntos adecuados, como qué perspectiva sobre la vida deberías adoptar, qué aspiraciones y búsquedas deberías tener, en qué deberías creer, qué senda deberías tomar, cómo vivir de modo que esta vida tenga valor y sentido y demás; hay demasiadas cosas que deberías sopesar y entender. Esto es especialmente así después de creer en Dios y hacer un deber en la casa de Dios, donde el volumen de cada aspecto del trabajo es grande y requiere progreso y eficiencia para llevarse a cabo. Todo el mundo está muy ocupado, ¿quién tiene tiempo libre para tergiversar los hechos y soltar falsedades y sembrar la discordia? La mayoría de las personas no dedicarían su tiempo a estas cosas. Además, la mayoría de las personas no tienen esta afición; cualquiera que lo haga parece muy peculiar y extraño. Aquellos que tienen como afición tergiversar los hechos y soltar falsedades y sembrar la discordia son no humanos, porque su comportamiento es completamente diferente al de las personas normales y va en contra de los principios que estas deberían tener para hacer las cosas. Por tanto, las personas como ellas son unas miserables que descuidan el trabajo que les corresponde. Las cosas que hacen no son las que deberían hacer las personas normales; el papel que desempeñan es el de no humanos. Sin embargo, piensan que está bastante bien y que es bastante correcto. ¿Acaso no es esto desconocer qué es correcto e incorrecto? (Sí).
Algunas personas siempre muestran una conducta furtiva e intrusiva a espaldas del resto. Por ejemplo, a algunas les gusta examinar la información privada de los demás, como sus diarios personales y sus notas de devoción espiritual. A otras les gusta escuchar a escondidas las oraciones ajenas o espiar las conversaciones de los demás para ver si las mencionan y qué piensan de ellas. Algunas miran a hurtadillas los ordenadores ajenos para ver los mensajes, con quién contactan, qué canciones escuchan y qué vídeos ven; siempre se entrometen en la vida privada de los demás. También hay personas de manos largas que hurgan sin permiso en las pertenencias personales, los paquetes e incluso las sábanas de los demás. Inspeccionan cualquier cosa que otros comen, visten o usan. Si encuentran algo bueno, lo cogen y lo usan y, si les gusta, lo consideran suyo. Cuando otros compran aperitivos o dulces, miran a hurtadillas y, si ven algo sabroso, le dan un mordisco o cogen un pedazo. Como son glotonas, su propósito no es solo mirar, sino también comer. Si quieren comer, podrían pedir un poco y nadie se reiría de ellas. Pero ¿para qué robar la comida de los demás a sus espaldas? ¿Es eso lo correcto? (No). Saben que está mal, pero aun así lo hacen a menudo; hurgan en las cosas de otros como si fueran suyas. Si son descubiertas, se justifican diciendo que solo estaban mirando y no se avergüenzan de ello. Cuando no hay nadie cerca, siguen hurgando y robando. No tienen sentido de la vergüenza; ni siquiera saben si es correcto o no. ¿Qué clase de persona hace tales cosas? En general, ni siquiera un niño sensato de seis o siete años las hace. Si un adulto las sigue haciendo, es porque se acostumbró a hacerlas desde pequeño. Es igual que un ladrón que se ha acostumbrado a robar y hurta allá donde va. Aunque no le falte de nada, igual roba; le sale de forma natural y no puede parar de hacerlo. No podría aunque quisiera. Son ladrones natos. ¿Acaso no son no humanos? (Sí). Tienes curiosidad e insistes en echar un vistazo a las pertenencias personales de los demás, pero ¿qué bien podría hacer mirar? Aunque las mires, no son tuyas y no puedes quedártelas. Si alguna vez quieres pedir algo prestado, pídeselo a esa persona y, cuando acepte, solo entonces podrás utilizarlo. Haz las cosas de manera abierta y con transparencia, no furtivamente. Si quieres ponerte la ropa de alguien, pídele sin tapujos que te la preste. Solo puedes ponértela si acepta prestártela. Si está dispuesto a prestarte de mala gana algo que valora, esto se considera afecto entre hermanos y hermanas. Si no te lo presta, no te lo pongas a escondidas. Los creyentes en Dios son todos adultos, pero algunos de ellos siguen comportándose de manera indecente y hay unos pocos que incluso tienen las manos largas. Hurgan en secreto en las cosas de los demás sin ser conscientes de que está mal. Cuando son descubiertos y los demás hablan de ellos, no se avergüenzan e incluso piensan: “¿Qué pasa porque hurgue en tus cosas? ¡No se te ha perdido nada! Y tus cosas no se distinguen del resto por ser consideradas santas, así que ¿por qué no puedo echarles un vistazo?”. Como ves, incluso usan un razonamiento retorcido. Este problema es grave; no se trata solo de una cuestión de conducta, sino que es un problema con su esencia-humanidad. ¿Y qué problema hay con su esencia? Tales personas no tienen conciencia de ningún tipo cuando se comportan mal. Una vez que alguien descubre lo que han hecho y las corrige, no solo no lo aceptan, sino que también se justifican con un razonamiento retorcido e insisten en actuar de esa manera. Esto demuestra que son no humanos. Una característica de los no humanos es que nunca admiten que se equivocan cuando hacen mal, no tienen remordimiento alguno, insisten en creer que llevan razón y están llenos de justificaciones. Es decir, hablan de cosas erróneas, distorsionadas, retorcidas y perversas como si fueran correctas. Esto es considerar el razonamiento falaz como correcto. Lo que les falta a tales personas es precisamente conciencia y razón. Las personas que carecen de conciencia y razón son no humanos. Estas son precisamente las clases de manifestaciones que tienen los no humanos. Cuando hurgan en secreto en las cosas de los demás, por mucho que las dejes en evidencia o compartas la verdad con ellas, no lo aceptan. No solo no sienten remordimiento, sino que también usan un razonamiento retorcido, dicen: “Lo único que hice fue hurgar en las cosas de alguien, ¿qué tiene eso de malo? Comparado con aquellos que se entregan a la promiscuidad, el asesinato o la piromanía y han cometido todo acto malvado imaginable, ¡yo soy la mejor persona que existe! ¿Dónde si no podrías encontrar a una persona tan buena como yo?”. ¿Acaso no es completamente irracional? (Sí). Si alguien hace algo malo y se niega con terquedad a admitirlo, está perdido. Algunas personas cometen faltas tan graves que son inaceptables incluso si se las evalúa desde la moral humana, ya no hablemos desde la verdad; su calibre hace que no sean idóneas para darse cuenta de ello. En términos de humanidad, una vez que alguien carece de conciencia y razón, es un no humano. No importa lo bueno, amable, grande o noble que pienses que eres, si no posees las manifestaciones de la conciencia y la razón, sino que vives muchas manifestaciones de no humano e incluso tienes muchas prácticas específicas y pensamientos y puntos de vista erróneos, entonces eres un no humano. Las principales características de los no humanos son que no aceptan la verdad ni las cosas positivas, sino que aceptan las cosas erróneas como puntos de vista correctos y pueden incluso llegar a confundir el bien y el mal y convertir lo negro en blanco para desorientar a la gente.