Cómo perseguir la verdad (20) Parte 5
Existe un tipo de persona que, dado que su hija es atractiva, quiere usarla para hacer mucho dinero. Por tanto, la prometen con un hombre rico y exigen muchos regalos de compromiso. En cuanto tienen en su mano los regalos, empiezan a comer, beber y disfrutar. Pasado un tiempo, cuando han gastado casi todo el dinero, vuelven a pedirle más a la familia del hombre. Cuando la familia dice que ya ha entregado todo el dinero del compromiso y no puede dar más, los padres prometen a la chica con otra familia y vuelven a exigir muchísimos regalos de compromiso. La primera familia se da cuenta de que no van a dejar que la chica se case con su hijo, así que exige la devolución de los regalos de compromiso. ¿Y qué dice esta gente?: “Mi hija no puede casarse con tu hijo porque no aportaste suficiente dinero para el compromiso. No deberíamos tener que devolverte el dinero. ¿Quién te dijo que no dieras suficiente? ¿No diste suficiente dinero y aun así quieres casarte con mi hija? ¡Ni hablar!”. Tras obtener el dinero con argucias, empiezan a utilizar un razonamiento retorcido. La primera familia se da cuenta de que se ha topado con un estafador, con un bribón, así que simplemente los ignoran. La segunda familia pasa por la misma situación. Prometen a la chica a varias familias con mucho tira y afloja y, después de tanto vaivén, ella acaba por no casarse, pero su familia gana mucho dinero. ¿Es buena esta familia? (No). ¿Por qué no? (Estafan dinero a hombres usando el matrimonio de su hija. Cuando estos piden la devolución del dinero, se niegan y usan razonamientos retorcidos. Carecen por completo de razón. Las personas como esta no saben qué es correcto y qué es incorrecto ni tienen sentido de la vergüenza, así que son malas). Exhiben todos estos comportamientos. No saben qué es correcto y qué es incorrecto y no tienen sentido de la vergüenza. Gastan el dinero estafado sin sentir reproche alguno hacia sí mismas e incluso comen y beben bien y viven todos los días con la conciencia tranquila. Decidme, ¿hay personas así entre aquellos que creen en Dios? (Es probable que sí). Las hay. Estas personas se sirven de todo tipo de tácticas para estafar, lo que hace imposible protegerse contra ellas. El caótico mundo del vicio de los no creyentes es así, pero si alguien que cree en Dios puede estafar a la gente de esta manera, desde luego no es una buena persona. Su naturaleza es demasiado mala; aunque crea en Dios, es un incrédulo. ¿Acaso esto no lo determina su naturaleza? (Sí). Ni siquiera cree en la retribución, pero cree en Dios; ¿qué clase de miserable es? Estafa a la gente con los regalos de compromiso y no deja que su hija se case. Esto es engañar. Además, no solo estafa a una familia, sino a varias, sin dejar de vivir con la conciencia tranquila. E incluso asegura que cree en Dios. ¿Reconoce Dios a una persona así? (No). Dios no reconoce su fe. Si hay tales personas en la casa de Dios, se las debe depurar. La casa de Dios no las quiere. A los estafadores no se les puede cambiar; Dios no salva a las personas malvadas. El que es estafador estafará a la gente vaya donde vaya. Cuando venga a la casa de Dios, ¿engañará a los hermanos y hermanas? ¿Engañará a la casa de Dios? Desde luego que lo hará. ¿Salvará Dios a una persona así? Dios no la salvará. ¿A qué clase de persona pertenecen los estafadores? Para ser precisos, son no humanos. Los no humanos son personas sin conciencia ni razón. Por tanto, ¿irá esta persona de un lado a otro estafando a la gente mientras cree en Dios? No cabe duda de ello. Si asegura que cree en Dios, algunos hermanos y hermanas la tratarán con amor, la ayudarán en sus dificultades y le darán lo que necesite. Pero, con el tiempo, acabarán descubriendo que esta persona no persigue la verdad en absoluto y es una estafadora. ¿Acaso no les ha tomado el pelo? Por tanto, debes saber cómo discernir a los estafadores para evitar que te tomen el pelo. Esto es para proteger a los hermanos y hermanas y que no les tomen el pelo. Si se descubre a alguien así, habría que echarlo, ya que tiene mala reputación y es capaz de hacer cualquier maldad; es un bribón en la sociedad. ¿Cómo puede lograr la salvación un bribón? A los bribones no se les permite existir dentro de la iglesia. No son aptos para vivir entre el pueblo escogido de Dios. Hay que echarlos; no son dignos de permanecer en la casa de Dios.
Hay también algunas personas a las que les gusta especialmente pedir cosas prestadas a los demás. Piden prestado de todo, ya sea comida, ropa, herramientas, ordenadores o muebles; incluso dinero, joyas y coches. Algunas tienen su propio dinero, pero aun así no compran nada; simplemente les gusta pedir prestadas las cosas de los demás, se aprovechan adrede del resto. Por ejemplo, piden prestado un coche para salir y no rellenan el depósito cuando gastan toda la gasolina. Algunas incluso piden prestado un coche y no lo devuelven, esperan a que el dueño vaya a reclamarlo antes de devolverlo. Algunas personas piden prestadas herramientas y no se las arreglan al dueño cuando las rompen; ni siquiera dicen una palabra de disculpa. Otras personas piden prestado dinero a los demás y se lo gastan todo, sin intención de devolverlo, como si fuera suyo. Solo esperan que quien se lo prestó se olvide, que es justo lo que quieren: aprovecharse de la situación intencionadamente. Usan el dinero de otros para los negocios, para comida, bebida y entretenimiento, mientras ahorran el suyo para generar intereses o invertirlo en acciones. Cuando se les pregunta cuándo devolverán el dinero, dicen: “Devolveré el dinero cuando lo tenga. ¡Cómo voy a devolverlo si ahora no tengo nada!”. ¿Veis? Se deja en evidencia su verdadera naturaleza, ¿verdad? Nunca tuvieron la intención de devolver el dinero. ¿Qué clase de persona es esta? Es un bribón. Otras, al ver que alguien tiene un buen reloj, lo piden prestado varios días y acaban dejándolo hecho un asco. Se molestan cuando el dueño del reloj viene a recogerlo y le dicen: “¡Eres muy tacaño! ¡Solo lo he tenido unos pocos días y ya lo estás pidiendo de vuelta!”. ¿Qué clase de mentalidad es esta? Siempre quieren apropiarse de las cosas buenas de los demás para quedárselas ellos. ¿No es ser avaricioso? Les parece que pedir cosas prestadas es perfectamente legítimo, así que siempre están buscando oportunidades para pedir prestado a los demás. Sea lo que sea lo que pidan prestado, nunca quieren devolverlo, tienen la esperanza de apropiarse de las cosas para quedárselas. ¿Qué clase de persona es esta? (Es un rufián y un bribón: es un no humano). Hay demasiados bribones y bestias así entre los no creyentes; son todas personas con las que no se puede razonar, así que no hablaremos de ellas. Pero ¿hay personas como esta entre aquellos que creen en Dios? Si gente como esta entra en la iglesia, ¿no significa eso que han entrado rufianes y bribones? (Sí). Los bribones como este creen en Dios solo para obtener bendiciones. Cuando interactúan con los hermanos y hermanas siempre tienen la mentalidad de aprovecharse de ellos. Siempre están atentos a quién entre los hermanos y hermanas tiene dinero, quién tiene influencia o la familia de quién tiene cosas bonitas; es en esos en los que ponen su punto de mira. Usan a quienquiera que pueden e interactúan con quienquiera del que sea fácil aprovecharse. Siempre están pidiendo cosas prestadas a los hermanos y hermanas y diciéndoles qué tienen que hacer con la premisa de que “los hermanos y hermanas son una familia”; incluso les exigen que los acojan. Algunos que acaban de empezar a creer en Dios no entienden la verdad ni tienen discernimiento, así que tratan a esa persona como a un hermano o hermana, sienten que sería incómodo rechazarla. Pero a medida que pasa el tiempo, se dan cuenta de que esa persona está gorroneando en su casa y no se va, que come sin parar cada vez que ve buena comida y que coge sin preguntar cosas bonitas cuando le apetece. Además, esta persona no persigue la verdad ni hace su deber en absoluto, solo piensa todo el día en aprovecharse. Por tanto, los otros sienten repulsión hacia ella. Al ver que hay una persona así en la casa de Dios, algunos incluso desarrollan nociones sobre Dios, piensan: “¿Cómo podría escoger Dios a una persona así?”. De hecho, Dios no la escogió; más bien, se coló en la iglesia. Las personas que le predicaron el evangelio desconocían su verdadero trasfondo y la iglesia la aceptó. Ocurren situaciones como esta. Dios no escoge en ningún caso a tales bribones y no humanos. Si se descubre a tales personas malvadas y bribones, se los debería evitar y rechazar. No los trates como hermanos y hermanas, pues no son más que unos gorrones. Si tratas a un bribón semejante como a un hermano o hermana y piensas que es alguien escogido por Dios, entonces tu comprensión está distorsionada. Las personas que Dios escoge son, como poco, aquellas con buena humanidad que son capaces de aceptar la verdad. Dios nunca elegiría de ninguna manera a bribones y personas malvadas porque no los salva; Dios no quiere a tales personas. Aunque tales personas empiecen a creer en Dios, Él las revelará y las descartará igualmente. ¿Lo entiendes ahora? (Sí). La gente siente una profunda repulsión después de lidiar con tales individuos, los detesta y le repugnan. Por tanto, si se relacionan con Dios, ¿le podrían gustar a Él tales personas? La respuesta es obvia: a Dios no le gustan en absoluto tales personas ni las escogería nunca. La casa de Dios no necesita que tales personas hagan deberes y no son competentes para ningún trabajo. Solo son unas gamberras, van a la deriva y sin rumbo. Vienen a la casa de Dios solo para gorronear. Piensan que aquellos que creen en Dios son todos unos ingenuos, que son especialmente auténticos y amorosos y están dispuestos a ayudar a los demás. Piensan que, si los creyentes les prestan dinero, les dará demasiado apuro reclamárselo y no los denunciarán aunque no se lo devuelvan. Estas personas piensan que es de estos creyentes de quienes es más fácil aprovecharse. Y dado que no quieren buscarse un empleo, simplemente piden prestado dinero a los hermanos y hermanas. Pueden arreglárselas sin un empleo y los hermanos y hermanas pueden asistirlas si se topan con dificultades. No solo se les cubre el alquiler, sino también el dinero para sus gastos, así que pasan sus días sin preocupaciones. Algunos hermanos y hermanas no tienen discernimiento y realmente acaban manteniendo a tales personas; en verdad les permiten aprovecharse y explotar las lagunas. ¿Acaso no es esto porque no tienen discernimiento? (Sí). La gente es demasiado necia y no tiene discernimiento de los demás, así que a veces hace algunas cosas necias. ¿Sabes ahora cómo discernir a tales personas? (Sí). Ya que puedes discernirlas, deberías depurarlas. No son el pueblo escogido de Dios, así que no hay necesidad de mostrarles amor alguno. Siempre quieren obtener algo a cambio de nada y cosechar lo que no han sembrado, ¡son unas gamberras! ¿En qué se basan para gastar el dinero que has ganado con esfuerzo? ¿En qué se basan para usar tus cosas a su antojo? Tolerar y consentir a una persona así e incluso mantenerla no es un deber que te ha dado Dios ni la comisión ni la misión que Él te ha encomendado. No tienes responsabilidad ni obligación de ningún tipo de mostrarles amor. Mostrarles amor a los verdaderos hermanos y hermanas se conforma a los principios y a los requerimientos de Dios; es tu responsabilidad y obligación. Proveer, ayudar y apoyar a los verdaderos hermanos y hermanas, incluso con asistencia financiera y material, se conforma todo a las intenciones de Dios. Son buenas obras y Dios las recuerda. Pero en cuanto a estos no humanos, no hace falta ser educado ni hay necesidad de actuar con amor hacia ellos. El amor, la tolerancia y la paciencia se reservan para los verdaderos hermanos y hermanas. En cuanto a los no humanos, los rufianes, los bribones y los gamberros, no hay necesidad de mostrar amor, tolerancia ni paciencia. Este es el principio. Respecto a un gamberro, un gorrón que no tiene sentido de la vergüenza ni sabe qué es correcto y qué es incorrecto, si le muestras paciencia y amor a ciegas, eso es una necedad y no tiene principios; Dios no tiene el menor recuerdo de esto. El hecho de que hagas estas cosas no tiene nada que ver con la verdad: Dios no lo acepta y se hace en vano.
Algunas personas atacan con frecuencia a los hermanos y hermanas, atacan a los líderes y obreros y atacan a la casa de Dios, e incluso atacan a Dios y emiten juicios sobre Él y sobre los arreglos del trabajo de la casa de Dios. ¿Y cuál es su pretexto para hacer esto?: “Soy ecuánime en lo que hago. No tengo otras intenciones. ¡Estoy diciendo estas cosas y haciendo esto con una actitud de buscar la verdad y ser serio!”. Suenan bastante razonables y hablan con aires de justicia. De hecho, cuanto dicen y hacen no concuerda con la verdad y es el resultado de sus pensamientos y puntos de vista erróneos; además, todo causa trastornos y perturbaciones al trabajo de la iglesia, pese a lo cual piensan: “Lo que estoy haciendo es acertado. Estoy actuando correctamente. ¡No puedes condenarme!”. Creen en Dios, pero aun así lo atacan. Su corazón está lleno de rebeldía y resentimiento hacia Dios e incluso lo ningunean y menosprecian; no obstante, no se dan cuenta de que esto está mal y en su lugar lo hacen como si fuera correcto, como si fuera su deber y obligación. Entre la especie humana corrupta, se puede decir que tales personas tienen los problemas más graves. Sus manifestaciones y revelaciones no son los típicos pensamientos y puntos de vista erróneos o las maneras de manejar las cosas vistos comúnmente en las personas normales ni son defectos de humanidad. Más bien, ¿a qué atañen? (Atañen a Dios y a la obra de la casa de Dios). Atañen a la actitud de uno hacia las cosas positivas y atañen a la actitud de uno hacia Dios. Estas manifestaciones suyas no atañen simplemente a las relaciones entre las personas o a sus formas y métodos de manejar las cosas; atañen a la relación entre el hombre y Dios y atañen a cómo tratan las personas a Dios y a su actitud hacia Él. Estas personas no solo no tienen la menor sumisión en su actitud hacia Dios, sino que, con frecuencia, en su corazón también atacan, emiten juicios y condenan toda la obra y las palabras de Dios que no se conforman a las nociones humanas. Incluso niegan que todas las palabras de Dios sean la verdad y pueden dar de lado todos los arreglos del trabajo de la casa de Dios. De cara al exterior, no difunden ningún argumento ni declaración de manera abierta y descarada ni incitan a la gente de manera abierta y descarada, pero en el fondo de su corazón albergan a menudo pensamientos y puntos de vista en los que emiten juicios sobre Dios, lo condenan y lo atacan. Así pues, de vez en cuando, difunden algunos pensamientos y puntos de vista erróneos que emiten juicios sobre Dios, propagan negatividad y muerte para perturbar el corazón de las personas y alejarlas de Él. La esencia de estas personas es la de los anticristos. Los anticristos tienen muchísimos pensamientos y puntos de vista falaces en su corazón. Aunque no se atrevan a expresarlos descaradamente en público, estas cosas se revelan de forma natural cuando se relacionan con las personas en privado. Decidme, ¿tienen problemas tales personas? (Sí). ¿Qué clase de problema? (Tales personas tienen la esencia de los diablos, porque no hay enemistad entre Dios y ellas y Él expresa muchísimas verdades para salvar a las personas, pese a lo cual, ellas lo atacan y lo juzgan constantemente. Odian la verdad y odian a Dios en su corazón: su esencia es la de los diablos). Como ves, estoy predicando aquí y, mientras todos escuchan, algunas personas reflexionan en su interior sobre cómo pueden entenderlo y aceptarlo de la manera adecuada: “¿Cuál es el tema del sermón de hoy? ¿Cómo debería identificarme a mí mismo en estas manifestaciones de corrupción dejadas en evidencia y llegar a conocerme a mí mismo?”. La suya es una actitud de aceptación. Estas personas con una actitud de aceptación, que viven dentro de la conciencia y razón de la humanidad normal, obtienen a menudo algo de esclarecimiento y luz. En el fondo de su corazón, no hacen a un lado la obra de Dios ni las cosas positivas. Es solo que, debido a su pobre calibre, son un poco lentas a la hora de comprender la verdad y, a veces, su estado es el equivocado porque están controladas por sus actitudes corruptas. Sin embargo, su corazón se esfuerza por alcanzar la verdad y casi todo el tiempo su relación con Dios es normal. Lo que sucede es que, en ocasiones, cuando están perturbadas por sus actitudes corruptas, desarrollan un estado negativo y no están tan cerca de Dios. Pero en su corazón, no escrutan ni cuestionan a Dios, tampoco se resisten a Él ni lo excluyen, mucho menos tienen una actitud de ningunear a Dios, burlarse de Él o regodearse a Su costa. Pero hay otro grupo de personas que son diferentes. Sea cual sea el tema del que Yo hable, no escuchan el sermón con una mentalidad de tener sed de la verdad ni de someterse a ella y aceptarla. En su lugar, escuchan con una mentalidad de escrutar y cuestionar: “¿Por qué dices esto? ¿Con qué propósito dices tales cosas? ¿A quién tratas de dejar en evidencia y de revelar? ¿O a quién intentas atacar y condenar? ¿Qué tiene esto que ver conmigo?”. Se sienten molestas si otros son capaces de aceptarlo y aplicárselo a sí mismos. Si descubren que alguien se da cuenta de que estas verdades quedan fuera de su alcance y no puede aplicárselas a sí mismo, estas personas se sienten muy complacidas y tienen una enorme sensación de triunfo: “¡Por fin puedo regodearme a costa de Dios! ¡Por fin tengo algo contra Él!”. A menudo escuchan los sermones con esta clase de mentalidad. En especial cuando algún contenido del que se habla apunta a sus estados y manifestaciones, su actitud no es de aceptación; no pueden humillarse y abordarlo correctamente. En su lugar, sienten resistencia, repulsión y repugnancia en su corazón. Les parece que lo que estoy diciendo no es más que sermonear y soltar palabras altisonantes. No quieren escuchar y no pueden asimilarlo. En especial, cuando afecta a sus puntos sensibles y debilidades, sienten incluso más repulsión y repugnancia y por dentro están extremadamente incómodas. Su incomodidad no proviene del remordimiento ni de la tristeza por el hecho de tener actitudes corruptas, sino más bien de su resistencia y rechazo al método y al lenguaje usados para dejarlas en evidencia, así como al contenido de lo que ha salido a la luz y a su propia esencia que ha quedado al descubierto. En circunstancias corrientes, cuando una persona normal asume un punto del trabajo de la iglesia, mientras acepte los arreglos del trabajo o la provisión y la guía de lo Alto con una actitud de humildad y sumisión, hará algo de progreso después de un tiempo. Acabará por aprender, entenderá algunos métodos y encontrará algunos principios y sendas de práctica. En otras palabras, hará continuamente algo de progreso, cambiará y obtendrá algo. Pero aquellos que albergan resistencia en su corazón son diferentes. Como su corazón está lleno de escrutinio, resistencia, burla y cautela hacia Dios, para ellos, Dios y la verdad son los objetos de su escrutinio. No tienen sed de la verdad. Cuando hacen sus deberes, confían en sus dones o en su mezquina astucia para hacer las cosas. En cuanto se encuentran con problemas o dificultades, no buscan la verdad para resolverlos. En lo que respecta a asuntos que atañen a los principios-verdad, simplemente no tienen ni idea. Sean cuales sean los problemas que afronten, mientras involucren los principios-verdad, les parecen agotadores y exigentes, fuera de su alcance, como pedirle peras al olmo o querer que un cerdo eche a volar. Da igual lo mucho que lo intenten tales personas, no pueden alcanzar la verdad. Digan lo que digan, suenan como legos; te hacen dudar de si siquiera han leído las palabras de Dios o compartido la verdad en todos sus años de fe y de si de veras han vivido alguna vez la vida de iglesia. Es sencillamente desconcertante. ¿Acaso tales personas no son muy problemáticas? Tengo un término para describir a la gente así: “no tienen aura espiritual”, lo que significa que, hasta en lo más sencillo, no aciertan a entender cómo actuar ni logran dar con la tecla por mucho que se esfuercen. No tener aura espiritual no significa necesariamente que una persona parezca torpe y lenta. Más bien, significa que hace las cosas sin pensar. Es incapaz de encontrar los principios y el rumbo en cualquier cosa que hace; por mucho tiempo que le dedique, no puede captar las reglas que implica. Esto es especialmente cierto para los diversos puntos del trabajo en la casa de Dios. Aunque tales personas puede que sean cultas, relativamente jóvenes y parezcan inteligentes, se muestran particularmente torpes al realizar deberes y hacer trabajo en la casa de Dios. Solo observarlas ya hace enfadar a la gente; resulta desconcertante: “Aquí tenemos a una persona viva, que respira, culta y dotada; ¿cómo puede ser tan incompetente en todos los puntos del trabajo? ¿Cómo puede ser así de torpe? Resulta que el trabajo que hacía en el mundo no era malo, entonces, ¿por qué es tan torpe e inepta cuando hace el trabajo de la casa de Dios?”. Aquí hay un problema. Cuando tales personas han creído en Dios entre tres y cinco años, lo único que entienden son esas cuantas palabras y doctrinas. Solo gritan consignas cuando hablan y no tienen en absoluto principios en sus acciones. Después de haber creído siete u ocho años, lo que dicen sigue siendo lo mismo de siempre, sin el menor avance. Son como flores de plástico que no han cambiado para nada. No tienen autoconocimiento ni entrada en las palabras de Dios y no han obtenido nada. Cuando comparten la verdad, es como si contaran historias o hablaran sobre asuntos domésticos, ¿por qué suena tan raro? Otras dicen: “Debemos hacer nuestro deber con devoción, ofrendar nuestra sinceridad y hacer bien nuestro deber y entregarnos para Dios”. ¿Pero qué dicen ellas? “¡Simplemente trabajemos duro, démoslo todo y hagamos un buen trabajo!”. Después de creer en Dios durante una década, no pueden siquiera decir las palabras “hacer el deber de uno con devoción”. Lo único que saben decir es: “Dedicar más esfuerzo, hacer más trabajo, hacer cosas para la casa de Dios, dedicar nuestras vidas a trabajar para la casa de Dios. ¡No tenemos mucho, pero tenemos nuestra fuerza!”. Todas estas son cosas que dicen los legos; no pueden siquiera usar por completo términos espirituales. Tales personas han creído en Dios bastantes años, al menos siete u ocho o más de diez. Han estado haciendo deberes en la casa de Dios todo el tiempo y han escuchado bastantes sermones. Entonces, ¿por qué no pueden usar adecuadamente los términos espirituales cuando hablan? ¿En qué piensan tales personas, qué les preocupa, qué meditan y qué consideran en su corazón todos los días? ¡Es un completo misterio! Si las observas durante un tiempo, encontrarás que aquello en lo que piensan, lo que meditan y lo que les preocupa todos los días son realmente todos esos asuntos carnales. Son estrechas de miras, mezquinas y excesivamente exigentes, se pasan todo el día ocupadas en quién es bueno y quién es malo, en rencores personales y otras cosas triviales e insignificantes que no tienen nada que ver con la verdad. Sus pensamientos, ideas y puntos de vista son todos erróneos, ridículos y absurdos. Desde fuera, tales personas parecen instruidas y tienen calibre; algunas incluso han tenido negocios en la sociedad. ¿Por qué después de empezar a creer en Dios no parecen tener ni la menor aura espiritual? Las mires como las mires, solo parecen figuras de madera o robots. ¿Por qué son tan torpes sea cual sea el deber que hagan? ¿Por qué suenan tan raros los términos espirituales al salir de su boca? No hablan siquiera igual de bien que un loro que puede imitar el habla. Si no paras de decir: “¡Amén! ¡Gracias a Dios!” delante de un loro, este puede aprender a decirlo con mucha fluidez. Pero estas personas no pueden siquiera decir “gracias a Dios”; dicen “gracias, Dios”. Y si te fijas en sus principios para lidiar con las cosas, en lo que piensan, calculan y planean en su corazón cada día y en lo que aman y persiguen con pasión en su interior, nada de ello tiene en absoluto que ver con las cosas positivas; todas son cosas propias de las tendencias malvadas, cosas negativas. Por tanto, todo lo que piensan estas personas en su corazón es malvado; esta afirmación no es para nada incorrecta. Incluso cuando comparten en las reuniones, el contenido de su charla y los pensamientos y puntos de vista que revelan están todos distorsionados. No buscan la verdad en lo más mínimo y son incapaces de obtener ningún esclarecimiento o iluminación. Cuando otros comunican y comparten su esclarecimiento, iluminación y entendimiento personales de las palabras de Dios, parecen muy incómodas, fuera de lugar y sin ninguna idea en absoluto respecto a qué hacer. En lo que respecta a esforzarse y trabajar, tienen algo de fuerza y están dispuestas a trabajar duro, pero si les pides que compartan la verdad, no pueden decir nada. No importa cuántos años crean en Dios tales personas, nunca se dan cuenta de qué senda la gente debería tomar en la vida o lo que es más valioso buscar. Una persona con un poco de conciencia y razón, aunque no crea en Dios, puede reconocer algo del sentido común y percepción que la gente debería poseer en la vida una vez que alcanza los cincuenta o sesenta años; a un nivel más profundo, también puede reconocer algunas filosofías de vida. Y respecto a los creyentes en Dios, no hace falta ni decirlo; después de creer durante diez o veinte años, pueden entender algunas verdades y desarrollan auténtica fe y un corazón temeroso de Dios. Pero aquellos que no aman la verdad, por muchos años que crean en Dios, no se dan cuenta de nada ni tienen sentimiento alguno respecto a los asuntos de su vida, a qué senda tomar o a las cuestiones espirituales de la vida. Aunque vivan hasta los cien años, solo podrán decir esas pocas doctrinas y aferrarse tercamente a esos pocos puntos de vista. ¿Acaso esas personas no son muy problemáticas? ¿Qué clase de personas son? Si tienen una humanidad malvada, son diablos y satanases. Si no son personas malvadas, sino solo atolondradas, insensibles y torpes, ¿qué son? (Son animales). Eso significa que se han reencarnado de animales; es absolutamente cierto. Tanto aquellas reencarnadas de diablos como las reencarnadas de animales comparten un rasgo común: no aceptan la verdad y sienten aversión por ella. Mientras compartes la verdad, aquellos reencarnados de diablos muestran una obvia aversión y resistencia; tienen ideas, pensamientos y puntos de vista claros dirigidos contra cada verdad. Aquellos reencarnados de animales, sin embargo, no tienen pensamientos y puntos de vista claros; están atolondrados. Simplemente sienten repulsión en su corazón y no aceptan la verdad. Además, tienen algunos pensamientos y puntos de vista distorsionados que son completamente insostenibles. Son puntos de vista que no pueden sacarse a la luz y que ninguna persona normal diría jamás; sin embargo, ellos los atesoran con cariño. En resumen, las manifestaciones tanto de aquellos reencarnados de diablos como de aquellos reencarnados de animales consisten en tener una actitud de extrema repulsión y aborrecimiento hacia la verdad: los primeros poseen repulsión, aborrecimiento y condena extremadamente subjetivas; los segundos poseen una repulsión, un aborrecimiento y un distanciamiento distraídos; aunque no es tan radical, la naturaleza de su actitud hacia la verdad es la misma que la de aquellos reencarnados de los diablos. Por tanto, por muchos sermones que oigan estos dos tipos de personas, no pueden sacarles sentido ni entenderlos porque, sencillamente, son incapaces de asimilarlos. Si alguien ha creído en Dios desde hace tres o cuatro años y no puede usar los términos espirituales por completo ni hacerlo bien, esto es excusable, porque los términos espirituales les son poco familiares a todo el mundo; son un nuevo tipo de lenguaje. Cuando la gente empieza a creer en Dios, no entiende muy bien los términos espirituales que oye y a muchos les resultan ajenos. Pero después de creer en Dios más de cinco años, como oyen sermones a menudo, comparten a menudo la verdad y entran en contacto con este lenguaje, poco a poco se familiarizan con él. Podrán hablarlo con facilidad, fluidez, naturalidad y libertad. Serán capaces de usarlo y se convertirá en su propio lenguaje y en una parte de su vida. Estas son las manifestaciones de las personas normales. Aquellas que no tienen las manifestaciones de las personas normales no pueden lograr estas cosas. Incluso cuando dicen algunos términos espirituales básicos, suena muy extraño y es difícil que los demás las entiendan. Cuando interactúas con tales personas, es poco probable que las oigas decir ni una sola cosa que sea edificante para la gente o que sea racional o completa. Cualquier cosa que digan está incompleta —tiene un principio, pero no un final; o un final, pero no un principio— o no hay lógica en su pensamiento, solo una serie de tonterías. Al haber vivido tanto, siguen sin saber cómo hablar. No pueden expresar, describir ni explicar claramente lo que están pensando o lo que han experimentado. Siempre hablan a medias, siempre irradian necedad o bien expresan pensamientos y puntos de vista distorsionados. Lo mires como lo mires —su actitud hacia Dios, las revelaciones y manifestaciones de su humanidad en la vida diaria o el hecho de que no hayan obtenido nada después de vivir durante muchísimos años—, tales personas son no humanos. ¿Es fácil para los no humanos llegar a entender la verdad? (No). Ahora está quedando cada vez más claro que no es fácil para tales personas entender la verdad.
En cuanto a saber qué es correcto y qué es incorrecto, después de discutir estos ejemplos, ¿no deberíais saber ahora discernir qué es correcto y qué es incorrecto? La mayoría de los ejemplos que hemos discutido son negativos. Por medio de la comparación con estos ejemplos negativos, las personas deberían saber básicamente qué cosas son positivas. Cualquiera que posea los rasgos de humanidad tiene conciencia de tales cosas negativas. Por tanto, una persona normal solo haría tales cosas en circunstancias especiales y, después de hacerlas, se sentiría triste y dolida y tendría una actitud de arrepentimiento. Pero los no humanos son diferentes. Incluso si hacen estas cosas durante cien años, no sabrán que están equivocados; seguirán pensando que tienen razón e insistirán hasta el final. Si dejas en evidencia que lo que están haciendo está mal, replicarán: “¿En qué te basas para decir que lo que estoy haciendo está mal? ¡Lo llevo haciendo muchísimos años y nadie ha dicho nunca que esté mal!”. ¿Cómo te sientes al oírlos decir esto? (Me parece que esta persona es irracional). Es muy irracional. Le dices que hacer esto está mal, pero no lo acepta, sigue sin darse cuenta de qué es correcto y qué es incorrecto. Entonces, solo puedes quedarte sin palabras: “Es imposible razonar contigo; ¡doy por terminada esta conversación!”. ¿Tienes ahora claras las manifestaciones de los no humanos? (Sí). Los no humanos no entienden las cuestiones de la vida ni las de los sentimientos, cómo comportarse y manejar las cosas o las cuestiones que implican integridad y dignidad; también podría decirse que estas cosas los superan. Con una conciencia tranquila, eligen esos pensamientos, puntos de vista y métodos erróneos para tratar a las personas y las cosas, así como para comportarse y actuar. Además, persisten ciegamente y creen que lo adecuado es hacerlo así. Esto revela que no hay en absoluto conciencia ni razón en su humanidad. Por tanto, es obvio que estas personas no poseen los rasgos de humanidad; solo se puede decir que son no humanos. No poseen ni un ápice de conciencia ni razón y viven por completo según las filosofías de Satanás, pensando que son lo más y sin capitular ante nadie. Después de empezar a creer en Dios, si estas personas se entregan un poco para Dios, piensan que son gente que ama a Dios y se somete a Él. Tales personas pueden afirmar que aman a Dios, pero en su corazón todavía albergan nociones respecto a Él y, cuando lo ven hacer cosas que no concuerdan con sus nociones, siguen emitiendo juicios sobre Dios y resistiéndose a Él. En tales circunstancias tienen incluso las agallas de declarar con desvergüenza que son los que más aman a Dios. ¿Acaso no son irracionales? Hay muchas personas como estas en la religión. Hablan sobre la Biblia y desde fuera parecen entender todas las doctrinas, sin embargo, no pueden reconocer la verdad expresada por Dios. Al mismo tiempo que creen en el Señor Jesús, condenan al Dios encarnado. Las personas creen en Dios, pese a lo cual se resisten a Él y pueden incluso tratar de hacerlo caer en un error y atacarlo. Siempre están intentando maquinar contra Dios, siempre quieren emitir juicios sobre Él, siempre quieren evaluar si Sus palabras son acertadas o equivocadas, si Sus acciones son acertadas o equivocadas y escrutar si Dios acierta o se equivoca. ¿Tienen tales personas algo de conciencia o razón? Crees en Dios, comes y bebes Sus palabras y disfrutas muchísimo de Su gracia y de Sus bendiciones, pero en cuanto descubres que Él hace algo que no concuerda con tus nociones, te atreves a emitir juicios sobre Dios, resistirte a Él y condenarlo. Esto es ser irracional. Las personas irracionales son no humanas; no son aptas para creer en Dios ni para presentarse ante Él.
Bueno, eso es todo en nuestra charla de hoy. ¡Adiós!
27 de abril de 2024