Cómo perseguir la verdad (21) Parte 1
Hemos compartido recientemente algunas manifestaciones relacionadas con la conciencia y la razón que indican ausencia de humanidad, ¿verdad? (Sí). Al enumerar algunos ejemplos negativos, dejamos en evidencia algunas manifestaciones de las personas que no tienen conciencia ni razón en su humanidad. Por tanto, por medio de la charla sobre estos ejemplos negativos, ¿habéis aprendido qué manifestaciones deberían poseer en su vida las personas con conciencia y razón? (Por medio de la charla de Dios sobre algunas manifestaciones de las personas que no tienen conciencia y razón, he llegado a entender que las personas con humanidad normal deberían tener sentido de la vergüenza y que, cuando les ocurren cosas, deberían ser capaces de pensar en ellas y abordarlas racionalmente). ¿Quién más tiene algo que añadir? (Por medio de la charla de Dios, he llegado a entender que los no humanos tienen manifestaciones de intransigencia y obstinación, mientras que las personas con humanidad normal pueden discernir el bien del mal y saber lo que es correcto y lo que es incorrecto; pueden aceptar las cosas positivas y contemplan a las personas, los acontecimientos y las cosas de una manera relativamente objetiva y racional. Además, tienen sentido de la vergüenza; cuando hacen algo malo, pueden admitir sus errores, corregirlos enseguida y arrepentirse). En pocas palabras, se reduce básicamente a estas cosas. Por un lado, aquellos con conciencia y razón son capaces de tratar a las personas, los acontecimientos y las cosas correctamente, así como también de evaluarlos y contemplarlos con objetividad. Por otro lado, también tienen sentido de la vergüenza y hacen las cosas en función de su conciencia y razón. Ya que estamos hablando sobre conciencia y razón, hablemos sobre la calidad humana específica que las personas deberían poseer en su conciencia y que deberían manifestar. Hemos dicho antes que las personas con conciencia poseen dos rasgos: uno es la honradez y el otro la bondad. Es decir, aparte de ser capaz de discernir el bien del mal y saber lo que es correcto y lo que es incorrecto, alguien que posee el atributo y la característica de la conciencia y la razón es, como poco, una persona honrada y bondadosa. Existen detalles relativos a esta honradez y bondad. No se refiere a parecer externamente bastante directo, ni a aparentar no ser malvado o no incurrir en comportamientos obvios de cometer el mal o hacer cosas malas; no se refiere a estas manifestaciones externas que las personas tienen en sus nociones. Más bien, significa tener algunas manifestaciones que concuerdan con la esencia de la honradez y la bondad en situaciones específicas.
Hablemos primero sobre la honradez y la bondad. Las principales manifestaciones contenidas en la conciencia son la honradez y la bondad. Fijémonos primero en esto en términos de conducta propia. ¿Cómo se puede distinguir si una persona es honrada y bondadosa a partir de cómo se comporta? Normalmente, las personas con conciencia tienen un límite para su conducta propia; lo que esto significa es que en su corazón tienen un estándar para cómo comportarse. Por ejemplo, al interactuar con otros, no se aprovechan de ellos. ¿Es este un estándar para la conducta propia? (Sí). No aprovecharse de los demás al interactuar con ellos es un estándar básico para la conducta propia. Las personas con conciencia y razón tienen un límite en lo que respecta a cómo comportarse, manejar los asuntos e interactuar con los demás, que es el de no aprovecharse de la gente. Ya estén interactuando con alguien rico o alguien pobre, no se aprovechan de tal persona. Piensan: “El dinero de los demás les pertenece a ellos. Por muy pobre que sea yo, no puedo aprovecharme de ellos”. Si están justas de dinero o necesitan ayuda, aunque vean que alguien es rico, no se aprovecharán de ninguna manera. Si alguien las ayuda, encontrarán una manera de retribuirle y de ninguna manera dejarán que quede así. Por ejemplo, si alguien las invita a una comida, buscarán la oportunidad de invitarlo en otro momento o se esforzarán al máximo para ayudar a la otra persona cuando esta lo necesite. Creen que solo al comportarse de esta manera pueden sentir tranquilidad en el corazón. Ya ves, ¿acaso no es esto tener un límite para tu conducta propia? (Sí). Este es también un estándar para la conducta propia. Las personas con conciencia pueden lograr esto. Si le deben a alguien dinero o un favor, siempre sienten una punzada en el corazón y buscarán constantemente la oportunidad de devolvérselo a esa persona. Puede que bien se lo paguen con dinero o cosas materiales, o bien ayudando en la medida de sus posibilidades cuando esa persona se encuentre en alguna dificultad. Solo de esta manera pueden sentirse en paz y no estar en deuda en su corazón. Si no tienen la oportunidad de compensar a esa persona o no tienen la capacidad para devolverle el favor, se sentirán siempre en deuda con ella. Cuando la vean, siempre sentirán que no pueden mirarla a los ojos y no podrán comer ni dormir con paz mental. Hasta que no terminen de compensar a esa persona, no se les quitará el peso de los hombros ni tendrán tranquilidad en el corazón. Solo las personas como esta poseen conciencia, razón y sentido de la vergüenza. Si interactúas con este tipo de persona, de ninguna manera seguirá estando en deuda contigo y no serás su acreedor por mucho tiempo. Este tipo de persona no se aprovecha de los demás al interactuar con ellos. ¿Acaso no es esto una manifestación de tener conciencia? (Sí). No aprovecharse de los demás es el límite que las personas de esta clase tienen para su conducta propia y también se puede decir que es un principio para esta. Simplemente deben actuar de esta manera: si no lo hacen, sentirán el corazón intranquilo y siempre tendrán un sentimiento de culpa. ¿Es esta una manifestación de honradez o bondad de la conciencia? (Es honradez). La honradez es un poco más prominente aquí. ¿Hay en ello también bondad? (También hay bondad en ello; no desear aprovecharse de los demás ni desear que otros sufran daño o pérdida). Hay un elemento de bondad en no desear que otros sufran una pérdida. Por tanto, ¿tiene este principio de su conducta propia algo que ver con su personalidad? (No). ¿Tiene algo que ver con lo que les ha enseñado su familia o la sociedad? (No). ¿Tiene algo que ver con que sean pobres o ricas? (No). ¿Tiene algo que ver con su percepción? (No). Solo hay una cosa que es importante y es que tiene que ver con su conciencia y razón, así como con sus atributos. Se comportan de esta manera solo porque poseen los rasgos de honradez y bondad en su humanidad, así como la conciencia y razón de humanidad. No es como resultado de la educación humana. Aunque los padres enseñen a sus hijos, solo pueden enseñarles algunas doctrinas para la conducta propia; los padres no pueden cambiar la esencia-naturaleza de los hijos y son absolutamente incapaces de lograr que estos hagan las cosas según la conciencia y la razón. Por tanto, este principio de conducta propia viene básicamente de su humanidad. Que tengan esta clase de principio y límite para su conducta propia no es el resultado de la influencia de otra persona; proviene totalmente de su propia esencia-naturaleza y de la conciencia y razón. Por tanto, si una persona posee los rasgos de honradez y bondad, entonces, en su vida diaria y en el trascurso de comportarse y manejar los asuntos, ya sea rica o pobre, tenga percepción o no, ya sea su personalidad rápida y eficiente o lenta y pausada, irritable o amable, ninguna de estas cosas es importante. ¿Qué es importante? El hecho de que tenga un límite para su conducta propia; tiene un límite o un principio básico para su conducta propia, que es el de no aprovecharse de los demás. Esto de “no aprovecharse de los demás” significa no desear hacerlo y no hacerlo nunca. Este límite y principio de conducta propia proviene de su humanidad: surge debido a los rasgos de su humanidad. Por tanto, el hecho de que tenga tal principio de conducta propia está ligado inextricablemente a su conciencia y a la honradez y bondad de su humanidad. Es decir, solo si una persona posee los rasgos de honradez y bondad en su humanidad tendrá el principio de no aprovecharse de los demás en su conducta propia; este principio surge de los rasgos de honradez y bondad en su humanidad. Decidme, aparte de ser honradas y bondadosas, ¿tienen las personas con rasgos de humanidad sentimientos de vergüenza y sentido de la vergüenza? (Sí). Preferirían sufrir una pérdida ellas mismas que aprovecharse de los demás. Si se aprovechan de alguien, siempre sienten que le deben algo. Cada vez que vean a esa persona, se sentirán como seres humanos inferiores; sentirán intranquilidad e inestabilidad en su corazón y siempre querrán buscar oportunidades para enmendarse. Si alguien les presta dinero y no lo han devuelto del todo, sentirán intranquilidad en su corazón. Incluso si alguien saca el tema sin ninguna intención, se sonrojarán y se sentirán avergonzadas e incluso inquietas. Si alguien habla con un poco más de dureza sobre este asunto, desearán que se las trague la tierra, pues se sentirán de verdad demasiado avergonzadas para enfrentarse a nadie. ¿Son estas manifestaciones de tener sentimientos de vergüenza? (Sí). Todas estas son manifestaciones que exhiben las personas con rasgos de humanidad, incitadas por su conciencia. Si este tipo de persona tiene una deuda o debe un favor, su corazón está intranquilo, como si hubiera hecho algo vergonzoso. Se siente a menudo condenada por su conciencia e intenta retribuir a la otra parte usando cualquier medio posible. Algunas personas tienen varios trabajos; otras venden su posesión más valiosa; otras venden los bienes de su familia; y otras más incluso se ponen enfermas, pero no están dispuestas a gastar dinero para ver a un médico: prefieren padecer la pobreza y el agotamiento para ahorrar dinero y devolver rápidamente sus deudas. Hay quien no entiende esto y dice: “Si otra persona ganara el dinero que ganas tú, hace mucho que habría comprado un coche y una casa. Todo tu dinero es para pagar deudas y la vida que llevas es dura, ¿acaso no es una necedad demasiado grande? Si no tienes la capacidad de devolver el dinero, entonces no lo devuelvas y ya está”. Pero piensan: “¿Cómo podría comportarme así? Comportarme de esa manera supondría ser muy carente de conciencia, ¿seguiría siendo entonces un ser humano? Gastar el dinero de los demás para vivir una buena vida; ¿hay diferencia entre eso y gastar dinero sucio? ¿Podría tener la conciencia tranquila? ¡Quedarte lo que pertenece a los demás es muy despreciable e inmundo! A ellos no les fue fácil ganar ese dinero. Ya me hicieron un favor enorme al prestármelo en aquel momento y les estoy eternamente agradecido; debo devolvérselo rápido. A la hora de comportarte, debes actuar con conciencia y ser digno de confianza; solo puedes sentirte tranquilo al gastar el dinero que has ganado por tu cuenta. No aprovecharse de los demás y no deberle a la gente; este es el límite más básico para tu conducta propia”. Mira, las personas con conciencia poseen el principio más básico y correcto para hacer las cosas. Aunque todavía hay una gran distancia entre los objetivos que se fijan para su conducta propia y los principios-verdad, en lo que respecta a la conducta propia, el principio de conducta propia de este tipo de persona de no aprovecharse de los demás es suficiente para mostrar que poseen los rasgos de honradez y bondad en su humanidad. En lo que respecta al asunto de aprovecharse de los demás o tener deudas, se puede ver a partir del principio de conducta propia del que hablan estas personas que son relativamente honradas y bondadosas. No usan razonamientos retorcidos ni actúan de manera irrazonable. Dicen: “Esa persona me echó una mano al prestarme dinero cuando estaba pasando por una época de lo más difícil; esto ya fue un enorme favor. Si puedo devolverle ese dinero, debería hacerlo enseguida”. ¿No es esta una manifestación de comportarse con honradez? (Sí). Como mínimo, tienen un espíritu de justicia y su humanidad no es malvada. Entretanto, ¿cómo piensan las personas malvadas? “¿Quién te dijo que me dejaras dinero entonces? ¿No podrías no habérmelo prestado y ya está? Estabas dispuesto a hacerlo. Si no quiero devolvértelo, no lo haré. Usaré tu dinero para hacer negocios y obtener grandes beneficios; de todos modos, tienes dinero de sobra. Además, cuando el dinero está en mis manos, es mío y puedo gastarlo como yo quiera. En cuanto a si lo voy a devolver, eso depende de mi estado de ánimo. Cuando tenga dinero, te lo devolveré si estoy de buen humor; puedes considerarlo una ganancia inesperada. Si no te lo devuelvo, no hay nada que puedas hacer al respecto; no te hice un pagaré, así que, aunque me demandes, no ganarás”. Esta es la mentalidad de las personas malvadas. ¿Acaso no es irrazonable? (Sí). La manera en la que piensan las personas malvadas es justo la contraria a la de las personas honradas. El pensamiento de las personas honradas es muy íntegro. En palabras de los no creyentes, son comprensivas y razonables, son consideradas con los demás en todos los aspectos y les dan especial importancia al afecto y la justicia, así como a la razón y la humanidad. No actúan irrazonablemente ni usan razonamientos retorcidos. Esto es honradez. ¿Y cómo piensan las personas honradas? “No han ganado ese dinero fácilmente. Aunque tengan mucho, es suyo, no es para que lo utilices tú. Te hicieron un favor al dejártelo; una vez que le debes algo a una persona, estás en deuda con ella y tienes entonces la responsabilidad y la obligación de devolvérselo”. Mira, ¿acaso no es íntegra su manera de pensar? ¿No son sensatas? ¿No son comprensivas y razonables? (Sí). Esta es una manifestación de honradez. Si una persona tiene el rasgo de honradez en su humanidad, así es como pensará. Será comprensiva y razonable, así como sensata; esta es una manifestación de tener humanidad. Una manifestación de no tener humanidad es actuar como una persona malvada: actuar de manera irrazonable, negarse a ver la razón, correr desbocado, ser mandón y dominante, usar siempre razonamientos retorcidos, no actuar siquiera conforme a la conciencia y la razón y no lograr para nada ser comprensivo y razonable y así, más aún, no lograr alcanzar el nivel de practicar la verdad. Las personas que poseen los rasgos de honradez y bondad en su humanidad son comprensivas y razonables; las cosas que dicen son muy justas y razonables, tienen calidez humana y se sostienen. Solo tales personas poseen las condiciones para aceptar la verdad. Al oír las palabras de Dios, solo las personas con tales rasgos de humanidad sienten: “Las palabras de Dios son muy correctas, ¡esta es ciertamente la verdad! Así es como las personas deberían comportarse. Deberían disponer de un límite para su conducta propia. Las personas con conciencia y razón deberían tratar así a los demás y deberían comportarse y manejar los asuntos de esta manera. ¡Las palabras de Dios son tan correctas!”. Mira, los rasgos de honradez y bondad en su humanidad le dan a estas personas las condiciones básicas para aceptar la verdad, les permiten decir amén y aceptar la verdad después de oírla, sin sentirse reacias, sentir repulsión hacia ella ni rechazarla. Sienten que las palabras de Dios son correctas, que concuerdan por completo con las necesidades de la humanidad normal, que pueden satisfacer las necesidades del corazón de las personas y son lo que alguien con humanidad normal debería poseer, así como que solo la verdad puede satisfacerlas y permitir que mejore su humanidad. Por tanto, solo la persona que posee los rasgos de honradez y bondad en su humanidad puede tener sed de la verdad, puede saber que las palabras de Dios son la verdad cuando las oye, puede entonces aceptar la verdad en su corazón y puede practicarla una vez que la entiende.
En el principio de conducta propia de no aprovecharse de los demás, los rasgos de humanidad que una persona manifiesta claramente son la honradez, la bondad y un sentido de la vergüenza. Por supuesto, aparte de no deber favores o dinero, las personas con conciencia y razón exhiben otra manifestación de no aprovecharse de los demás, que es la de que cuando otras se aprovechan de ellas y sufren una pérdida, no se lo tienen en cuenta y, a veces, pueden incluso darles cosas a los demás sin que estos se las pidan. Si alguien les pide prestado dinero y luego no para de sacar el tema de devolverlo, se sienten avergonzadas: “No paras de sacar esto, como si te estuviera presionando para que pagues tu deuda. En realidad, nunca fue mi intención hacerlo. Puedes pagarme cuando tengas el dinero; si no lo tienes y me lo debes para siempre, eso también vale. Si insistes en no pagarme, no te voy a exigir que me lo devuelvas. Si puedes devolverlo, hazlo; si no puedes, lo trataré como una donación caritativa”. Mira, también tienen esta clase de manifestación y este límite para la conducta propia. Supón que alguien les pide prestado algo que es muy importante para ellas y que atesoran mucho. Aunque no sean muy ricas, cuando la otra persona dice que quiere que se lo preste, piensan: “Debe hallarse en una situación difícil para estar pidiéndome algo prestado, así que debería prestárselo”. Por ejemplo, digamos que durante la ajetreada temporada agrícola alguien les pide prestado su vehículo. Ellas mismas lo necesitan y, si se lo dejan a esa persona, se demorarán en su propio trabajo. Sin embargo, como su humanidad es bondadosa, lo prestan igualmente y se limitan a decirle a la persona que lo devuelva rápidamente cuando termine de usarlo. Un par de días después, la persona devuelve el vehículo, pero está dañado y no ha sido reparado, así que ellas mismas tienen que arreglarlo. Se sienten un poco irritadas, pero no se enfadan demasiado, piensan: “No pasa nada, somos vecinos y nos vemos todo el tiempo; no se lo tendré en cuenta”. Así de magnánimas son al tratar a las personas; incluso cuando sufren una pérdida, no le dan demasiada importancia. Aunque todo el mundo es igualmente humano, los principios y límites de las personas para su conducta propia son diferentes. Algunas personas pueden dar caritativamente, mientras que otras no solo no pueden hacer esto, sino que también quieren aprovecharse de los demás. Aunque este tipo de persona relativamente honrada y bondadosa se irrita un poco después de sufrir una pérdida, no va y se pone a discutir con la otra parte, no se pelea con ella ni exige una compensación; simplemente ejerce así la indulgencia. Si tienen que salir para atender algún asunto y piden prestado el vehículo de alguien, después de usarlo lo lavan y rellenan el depósito. Cuando se lo devuelven al propietario, el vehículo no tiene el menor daño y además compensan al propietario con la tarifa de alquiler diario más alta para este tipo de vehículo. No hacen que la otra persona sienta que se están aprovechando de ella. Piensan que esto es lo que les corresponde hacer. Hay personas que dicen: “¿Este tipo de persona solo se preocupa por su orgullo?”. En cuanto a los miembros de la especie humana corrupta, ¿cuántos pueden hacer esto en aras de su orgullo? Los no creyentes dicen a menudo: “¿Cuánto vale tu propio orgullo?” y “¿Cuánto vale la conciencia?”. Nadie sacaría su cartera solo para guardar las apariencias o para hacer pensar a los demás que tiene conciencia y humanidad. Para todo el mundo, las cosas materiales y el dinero son más importantes que la vida misma. La gente es capaz de decir algo agradable, respetable o insincero y halagador por guardar las apariencias, pero no es fácil desprenderte de verdad de tu propio dinero para ayudar a los demás; muy pocas personas son capaces de hacer eso. Solo aquellos que poseen los rasgos de honradez y bondad en su humanidad pueden lograrlo. Tales personas hacen las cosas según el principio de: “Prefiero sufrir yo una pequeña pérdida antes que aprovecharme de ti”. Si no actúan de esta manera, se sienten mal de corazón. Con frecuencia, cuando este tipo de gente pide algo prestado, no solo no se aprovecha del que se lo presta, sino que a veces acaba incluso pagando un extra de su propio bolsillo. Por ejemplo, cuando estas personas toman prestado el vehículo de alguien, llenan el depósito y lo lavan y acaban compensando al propietario con la tarifa de alquiler diario más alta para esa clase de vehículo. Al calcularlo de esa manera, ¿acaso no resulta más caro que si simplemente hubieran alquilado un vehículo? (Sí). Cuando lo devuelve, si el propietario le echa un par de buenos vistazos al vehículo y lo inspecciona un par de veces, la persona que lo tomó prestado se siente intranquila en su interior, preocupada de que el propietario pueda detectar algunas zonas donde el vehículo esté dañado y le exija una compensación. Finalmente, después de comprobarlo, el propietario dice que no hay ningún problema, que está bastante satisfecho; también menciona que puede volver a tomarlo prestado cuando quiera. Solo entonces sienten estas personas tranquilidad en su corazón, piensan: “Ah, confía en mí; ¡es lo único que me hace falta oír!”. Mira, ¿qué buscan en su manera de comportarse? No buscan aprovecharse de los demás; solo buscan comportarse con credibilidad y que otros no los menosprecien. Decidme, ¿alguien puede actuar de esta manera porque le importa su orgullo, porque es cobarde, porque es pobre y carece de ambición o porque tiene miedo de que lo menosprecien? No es por ninguna de estas cosas. El principio más básico para las interacciones con los demás que posee una persona con conciencia es el de no aprovecharse de otras personas. Lo que busca es paz mental. Aunque sufra una pérdida o tenga una vida dura por ello, no culpa a los demás ni busca ajustar cuentas con nadie. Solo busca actuar bien conforme a su propia conciencia y no seguir endeudado con nadie. Haga lo que haga, le parece que debe actuar de una manera tal que no se sienta culpable, que no tenga cargo de conciencia y sin aprovecharse de nadie; no hace nada que la deje en deuda con los demás ni que provoque que la gente la critique a sus espaldas. No actúa de esta manera porque sea pobre ni porque tenga una personalidad débil, ni mucho menos por vanidad; más bien, son sus rasgos de humanidad —la honradez y la bondad— los que la impulsan a hacer estas cosas. Sobre todo, cuando se trata del asunto de no aprovecharse de los demás al interactuar con ellos, se comporta de una manera especialmente bondadosa y honrada.
Supongamos que alguien está en dificultades económicas y que, cuando se pone en contacto con una persona en situación acomodada, esta le da algunas cosas que ya no usa en casa como un acto de caridad. El destinatario piensa: “El hecho de que me diera estas cosas significa que no me menosprecia; me ha hecho un favor. Así que ¿cómo debería devolvérselo? No me puedo permitir regalos de lujo, lo único que tengo son verduras frescas del campo y huevos que han puesto nuestras gallinas de corral en casa. Puede que no le interesen mucho estas cosas, pero son las mejores que tenemos nosotros, la gente humilde; es lo más presentable que podemos ofrecer. Le daré algo de esto para que pruebe algo fresco; esto también es una muestra de mi aprecio”. En realidad, la persona acomodada le estaba dando cosas que no usaba, pero el destinatario fue capaz de comprender la cuestión correctamente. No diría: “Me has dado cosas que no usas ni te importan, ¿acaso no es eso despacharme como a un mendigo? ¿Me las hubieras dado igualmente si las usaras? ¿Por qué no me has dado las cosas buenas que posees?”. Una persona que realmente tiene conciencia y razón no pensaría así. Solo pensaría: “El hecho de que me diera estas cosas significa que no me menosprecia”. Aunque otras personas hagan comentarios desagradables y por dentro se sienta un poco incómoda, esta persona se sigue tomando el asunto de la manera correcta y no intenta justificarse; además, puede compensar a su benefactor con lo que considera que son las mejores cosas que posee, conforme a su propia situación familiar y sus condiciones financieras. Fíjate, su principio para interactuar y lidiar con los demás es el de no aprovecharse de ellos. Aunque este principio no parece destacable y es una verdad de sentido común a la que la mayoría de la gente se ha acostumbrado, no todo el mundo puede cumplirlo ni lo contempla como el principio más básico de conducta propia, y ni mucho menos es algo que todo el mundo valora. Las personas que son realmente honradas y bondadosas valoran mucho no deberle nada a la gente ni aprovecharse de ella cuando se relacionan e interactúan con ella. Con independencia de si están disfrutando de una vida cómoda o están sumidas en la pobreza, lo que buscan en su conducta propia y al manejar los asuntos es paz mental, así como librarse de las acusaciones de su conciencia. Solo las personas de esta clase buscan comportarse de esta manera. Da igual en qué era o en qué clase de entorno social se hallen y en qué grupo de personas se encuentren, aquellas que pueden comportarse de esta manera lo hacen porque poseen en su humanidad los rasgos de honradez, bondad y sentido de la vergüenza. Por el contrario, si alguien no posee estos rasgos en su humanidad, no tendrá un límite para su conducta propia y, aunque lo tenga, no será capaz de mantenerlo. ¿Cuál es la razón de que no pueda mantener un límite para su conducta propia? Se debe principalmente a que no posee los rasgos de honradez y bondad ni sentimientos de vergüenza en su humanidad. Hay quien dice: “¿No pueden las personas como estas mantener un límite para su conducta propia parte del tiempo?”. En circunstancias especiales, pueden hacerlo. A veces sí parece que son capaces de mantener un límite; se trata de circunstancias especiales. A veces se las arreglan para no aprovecharse de los demás o no estar en deuda con ellos porque las circunstancias no son las correctas o porque no pueden dar con una oportunidad adecuada. Por ejemplo, si toman prestados cosas o dinero y no los devuelven, habrá consecuencias: cargarán con la condena de la opinión pública o tendrán responsabilidad legal, la gente las criticará a sus espaldas o incluso es posible que no puedan quedarse en su aldea, poblado o comunidad. Se abstienen de hacer esto solo porque se ven obligadas a ello y no les queda otra opción; por impotencia y a regañadientes, devuelven lo debido a su benefactor o se abstienen de aprovecharse de él durante un tiempo. Sin embargo, este tipo de persona que no puede mantener un límite para su conducta propia nunca actúa así de forma proactiva, ya que simplemente no posee rasgos tales como la honradez, la bondad y el sentido de la vergüenza en su humanidad. A modo de contraste, el tipo de persona que puede realmente abstenerse de aprovecharse de los demás lo hace de manera proactiva —y es algo que revela naturalmente— o ella misma ha establecido esta clase de principio y límite para su conducta propia. Obviamente, el hecho de que tenga esta clase de principio para su conducta propia es una revelación natural que proviene de su conciencia y razón, y esta revelación natural está basada por entero en que posea los rasgos de honradez y bondad; no está influenciada por los demás ni se ve obligada por su entorno. Solo es algo que revela naturalmente, que su humanidad necesita y que su mundo interior necesita. Esta es una base adecuada para decir que este tipo de persona posee de manera innata los rasgos de honradez y bondad en su humanidad. Si no actúa de esta manera, no podrá estar en paz con su conciencia y sentirá inquietud en su interior; se sentirá demasiado avergonzada para vivir y demasiado humillada para que la vean. En consecuencia, se comporta de esta manera con mucha naturalidad. Decidme, ¿pensáis que es importante este principio de conducta propia de no aprovecharse de los demás? (Sí). No aprovecharse de los demás parece un principio básico de la conducta propia que no es nada destacable, pero es un indicativo importante que refleja qué clase de rasgos tiene alguien en su humanidad. ¿No es así? (Sí).