Cómo perseguir la verdad (21) Parte 2
Las personas que no se aprovechan de los demás exhiben otra clase de manifestación. Por ejemplo, digamos que alguien relativamente acomodado les ofrece algo que le sobra o tiene tirado por ahí. Al sentir que no pueden aprovecharse de los demás sin dar algo a cambio y no querer deberle un favor a nadie, dicen: “En realidad no lo necesito ahora mismo, pero gracias por tu bondad”. ¿Crees que la gente es avariciosa? Cuando ven cosas bonitas, ¿les gustan y quieren disfrutar de ellas? A todo el mundo le gustan y quiere disfrutarlas, pero existen diferencias entre las personas. Por ejemplo, a la mayoría les gustan los ordenadores de marca que son de buena calidad, rápidos y con una imagen definida. Hay quienes no tienen dinero ni pueden permitirse tener uno, así que siempre quieren aprovecharse de los demás. Cuando ven que alguien usa un ordenador de marca, se lo piden prestado a menudo e incluso lo usan sin el permiso de su dueño o cuando este no está presente. Cuando el dueño necesita usarlo, incluso ponen excusas y hacen al dueño usar el que tienen ellos. Al dueño, al ver que simplemente van a seguir usándolo y no se lo van a devolver, no le queda más elección que comprar otro. Tal que así, se apoderan del ordenador del dueño original, sin sentir el menor cargo de conciencia. ¿Tiene humanidad una persona así? ¿Tiene conciencia? (No). ¿Es una persona honrada y bondadosa? (No). Una persona honrada y bondadosa jamás haría tal cosa. Supongamos que alguien más compra un nuevo ordenador y, al ver que esta persona honrada y bondadosa utiliza un ordenador lento, le ofrece usar el suyo antiguo. La persona honrada y bondadosa siente que aceptarlo sería aprovecharse y se niega. La otra persona dice que simplemente pague unas pocas decenas de yuanes por él, pero la honrada sabe que esto es claramente un acto de caridad y siente que no puede aprovecharse de ello. Por tanto, busca maneras de ahorrar dinero, pues llega a la conclusión de que, si logra ahorrar aunque sea unos pocos cientos de yuanes para comprarlo, entonces eso puede considerarse comprarlo a precio de segunda mano. Si la otra persona rechaza el dinero, él no está de acuerdo con la oferta; no aceptará en ningún caso que le regalen nada. Decidme, ¿está siendo testaruda? Los no creyentes dicen que esta clase de persona es testaruda e intransigente, pero hay un mérito relativo a los rasgos de humanidad que se refleja en su falta de voluntad para transigir. ¿Qué mérito? Sean cuales sean las circunstancias, cree que debe mantener sus principios y límites para su conducta propia; solo entonces puede tener paz mental y sentirse sosegado. Piensa que si se aprovechara de los demás, eso sería injusto, que no sería capaz de mirarlos a los ojos, así como que, de usar las cosas de los demás, se sentiría intranquila, le arderían las mejillas y se sentiría incómoda por dentro. Algunos dicen: “Pero la otra persona está dispuesta a dejar que lo use”. ¿Que la otra persona esté dispuesta significa que no se estaría aprovechando de ella? Aunque la otra persona esté dispuesta, seguiría siendo aprovecharse de ella. Aprovecharse siempre es aprovecharse; la naturaleza de esto no cambia por la voluntad de la otra persona; la esencia sigue siendo la misma. Piensa: “Comprar un ordenador tan bueno por unas pocas decenas de yuanes sería claramente aprovecharse de ella. No puedo aceptarlo de ninguna manera. Si ahorro suficiente dinero, lo compraré. Si no puedo, me limitaré a usar mi ordenador antiguo, solo por la paz mental”. Fíjate, ¿acaso no es este un límite para su conducta propia? (Sí). Puede mantener este límite bajo cualquier circunstancia. Alguien quiere darle algo tan genial, tiene la oportunidad de quedarse con algo así de bueno; la manera que tienen de verlo los no creyentes es esta: “Eres tonto si no lo aceptas. ¡Sería un desperdicio no aprovecharse!”. Pero esta persona no lo cree así. Cree que eso no es ser tonta y que no puede engañarse a sí misma; aprovecharse es aprovecharse. Piensa que, si se aprovechara, entonces no tendría el corazón tranquilo, sería incapaz de vivir con comodidad, se sentiría intranquila al usar el ordenador; piensa que no puede comportarse de esa manera. Fíjate, no cruzará este límite en su conducta propia; ¿acaso no es eso fruto de que la conciencia funciona en ella? (Sí). Posee los rasgos de honradez y bondad en su humanidad y su conciencia cumple su función, de modo que es capaz de mantener este límite. Es decir, la razón de que pueda mantener este límite es que su conciencia cumple constantemente su función, le da discernimiento y le hace sentir: “Hacer eso no es correcto, hacer eso es inapropiado. No puedo hacerlo”. Su conciencia constantemente le avisa, le restringe y le regula, lo que le permite mantener un límite para su propia conducta. Al final, tal vez pueda permitirse comprar lo que le ofrecieron y entonces lo use o, tal vez, nunca pueda permitírselo y lo use otra persona, en cuyo caso no se siente mal. Como mínimo, en este asunto, ha mantenido este límite y principio para su conducta propia. Una persona con los rasgos de humanidad establece principios y límites para su conducta propia y los mantiene todo el tiempo. Aunque encuentre una situación que involucre sus intereses y se sienta tentada en ese momento, su conciencia la avisará constantemente y la refrenará. Al final, aunque otros piensen que se dañaron los intereses de esta persona o que otro se aprovechó y esta persona podría sentirse un poco incómoda o descontenta durante un momento, debido a la función de su conciencia, su corazón se calmará rápidamente. Meditará: “Siempre es mejor no aprovecharse de los demás. Al menos tengo paz mental y no tengo cargo de conciencia”. Esto es lo que busca. Esta es la función que cumple la conciencia en las personas: las regula y restringe constantemente, lo que les permite tomar las decisiones correctas. Ante tus propios intereses, moralidad o incluso ante algunas tentaciones, tu conciencia restringirá, regulará y corregirá tu comportamiento constantemente. Al final, en la gran mayoría de los casos, las personas con rasgos de humanidad elegirán renunciar a sus propios intereses para obtener paz y tranquilidad para su conciencia. En circunstancias especiales, algunas de estas personas también tienen momentos en los que sobrepasan el límite de su conciencia, pero lo que sigue es la acusación y la intranquilidad en su conciencia; algunos incluso cargan con esta intranquilidad y culpa el resto de su vida. Esta es la función de la conciencia. Es decir, es posible que las personas con los rasgos de honradez y bondad en su humanidad a veces cometan errores, se aprovechen de los demás y, en circunstancias especiales, sobrepasen el límite de su humanidad y vulneren sus propios principios de conducta propia. Pero la consecuencia de esto es que sufrirán la condena de su conciencia. Si no pueden encontrar una oportunidad para enmendar esto, o sus circunstancias no lo permiten, vivirán con acusación interior, intranquilidad, autorreproche y culpa. Estas son manifestaciones normales que posee en todas las circunstancias una persona con conciencia y razón, además de con los rasgos de honradez y bondad en su humanidad.
Estas manifestaciones de las personas que poseen los rasgos de honradez y bondad —las manifestaciones de las que acabamos de hablar— son, desde la perspectiva de la humanidad, relativamente normales y corrientes, no elevadas o sobrenaturales ni exactamente nobles y, a ojos del hombre, solo significan que alguien tiene un poco de integridad y vive con algo de dignidad. Sin embargo, a ojos de Dios, los rasgos de honradez y bondad dentro de la humanidad vivida por tales personas son preciosos. Como esta especie humana adora la perversidad y a nadie le importa la conciencia o la razón, las personas que son honradas y bondadosas son marginadas en la sociedad. Los principios básicos de la conducta propia a los que se atienen y que viven son objeto de burla, despreciados y condenados por la masa de la sociedad. ¿Cómo las ridiculiza la gente? (La gente dice que son tontas, inflexibles y torpes). Exacto, así es. En esta sociedad, las personas con humanidad normal son objeto de burla, son ridiculizadas, despreciadas y condenadas por los demás; no pueden obtener el reconocimiento de otras personas ni su aprobación. Si siempre te atienes a tus principios de conducta propia dentro de un grupo de personas, vives una vida muy agotadora. Te encuentres lo que te encuentres, cada día te sientes sofocado y furioso y reflexionas: “¿Qué tiene de malo comportarme así? ¿Por qué los demás se burlan de mí? La gente siempre dice: ‘¿Cuánto vale la conciencia?’. La conciencia es lo más preciado. ¿Es alguien sin conciencia siquiera humano?”. Las personas como tú son objetos de burla y ostracismo en cualquier grupo de no creyentes; nadie te da su aprobación y nadie se pone de tu parte. Eres honrado y te atienes a los principios en tu conducta propia y la gente dice: “¿Atenerse a los principios da dinero? ¿Atenerte a los principios te hará ganarte el aprecio de los superiores? ¿Te dará todo el mundo su aprobación si te atienes a los principios? Si te atienes a los principios en esta sociedad, eres el más tonto que hay; ¡te oprimirán y acabarás sin recursos para sobrevivir!”. Así que reflexionas: “¿Qué tiene de malo que me atenga a los principios? ¿Por qué ser honrado y bondadoso provoca que se burlen de mí, me aíslen y me opriman?”. Al final, concluyes que los humanos están podridos hasta la médula, ¡que no hay ni uno bueno entre ellos, que todos son diablos y satanases! Dices que te comportas con la conciencia tranquila, que quieres comportarte de manera digna y honrada, quieres manejarlo todo según las normas y confiar en tus propias habilidades para ganarte la vida sin recurrir a hacer nada torcido, pero al comportarte de esta manera eres propenso a que te intimiden en la sociedad; la gente puede despacharte con solo unas pocas artimañas. Tengas las habilidades que tengas, eres marginado y reprimido. Sientes que en este mundo humano no hay lugar para hacer valer tu postura y que vivir así es demasiado asfixiante. Vivir entre esta gente no es como estar en una cloaca gigante, sino en una picadora de carne; serás triturado vivo hasta morir. Aunque no seas triturado hasta morir, morirás de agotamiento, irás en contra de tu voluntad cada día de tu vida en un estado de fatiga física y mental, siendo cada palabra que digas y todo lo que hagas una traición a tu propia voluntad. Al caminar siempre en la cuerda floja de esta manera, se siguen burlando de ti por ser un tonto y alguien inflexible, que no sabe hacerles regalos a sus superiores o construir conexiones con sus colegas. Te comportas con base en el principio de no aprovecharte de los demás, sin embargo, otras personas intentan por todos los medios aprovecharse de ti y ni siquiera puedes evitarlo. Acabas trabajando mucho, pero los superiores no reparan en ti y todo el crédito te es arrebatado por los demás. Después de empezar a creer en Dios, ves que la casa de Dios es ecuánime, que Dios es justo y que, aunque algunas personas actúen injustamente, hay verdad en las palabras de Dios, hay justicia en Sus palabras, Él tiene un carácter justo y la verdad y la justicia son las que tienen poder en la casa de Dios. Dices: “Por tanto, las buenas personas pueden prosperar en la casa de Dios. Puedo abrir mi corazón y pronunciar todas las palabras que he estado conteniendo. Puedo darles uso a cualesquiera puntos fuertes y talentos que tenga. Vivir en la casa de Dios es realmente pacífico y alegre; nunca más seré reprimido ni aislado por otras personas. ¡Es tan maravilloso creer en Dios y venir a Su casa! Si no creyera en Él, estaría viviendo como un cadáver andante y, mientras más viviera, más agotado y angustiado me sentiría; no sería capaz de encontrar una dirección en la vida; se me oscurecería el corazón y no sería capaz de ver la luz ni el futuro. ¡Sería realmente doloroso!”. Antes de empezar a creer en Dios y obtener la verdad, las personas como esta sienten que no tienen una senda en la vida y que su futuro es sombrío y carente de luz. Después de sufrir algunos reveses y fracasos, además de experimentar muchas dificultades, no solo dudan de su vida, sino que tienen incluso una mayor sensación de que no tiene sentido vivir. ¡Incluso les parece que la muerte sería preferible a vivir entre tales personas y en un mundo semejante! Las personas no viven siquiera tan felices como los pájaros en el cielo ni tan libres como los peces en el mar; al menos, los pájaros pueden piar cuando quieren, volar por el cielo sin obstáculos y tener su propio pedazo de tierra prístina. Las personas que viven en este mundo no tienen siquiera el derecho ni la libertad de hablar con sinceridad; viven cada día llevando una máscara y solo pueden decir cosas que no quieren decir, yendo en contra de lo que de veras sienten en su interior; no les queda otra elección que decir tales cosas, pero se sienten asqueadas cuando lo hacen. ¿Por qué vivir tiene que ser tan difícil? Las personas de esta clase se sienten asqueadas al mirar los rostros de aquellos a su alrededor, con una sensación de repulsión y aborrecimiento en su corazón, pero no pueden evitarlos ni apartarse de ellos y tienen que seguir mezclándose con ellos. A veces juegan con la idea de limitarse a salir del paso de esta manera para sostenerse a sí mismas y mantener a sus familias, pero siguen sin poder resignarse a hacerlo. Sienten que las personas tienen que buscar algo significativo en la vida, que tienen que vivir con semejanza humana, contar la verdad y mantener un límite para su conducta propia, así como que esto es lo mínimo que las personas deberían lograr. Sienten que, si una persona no puede siquiera lograr esto, entonces no es humana. Pero sin una senda que recorrer, está sin opciones y solo puede salir del paso en la vida de manera confusa y aturdida, sobreviviendo a duras penas. En especial, cuando se topa con algunas dificultades y está entre la espada y la pared, se siente intensamente atormentada en su interior: “¿Por qué vivimos? ¿Es solo para contar mentiras todos los días y mezclarnos con estas personas que ni siquiera se parecen a los humanos y solo salimos del paso esperando a la muerte? Ya que de todas formas voy a morir tarde o temprano, en lugar de salir del paso esperando a la muerte, mejor simplemente muero ahora y me libero antes de todo ello”. Aunque las personas quieran liberarse de todo, es muy raro que alguien se atreva a hacerlo; les preocupa que, de morir así, no tengan manera de responder ante sus padres y seres queridos y además también albergan inquietudes en su corazón: “¿Realmente me liberará morir así? Si realmente me libera, eso sería bueno, pero si no, sería incluso peor”. Así pues, las personas se debaten en el dolor de esta manera. Así de dignos de lástima son quienes no han obtenido la verdad. La gente siente que siempre hay esperanza y algo que anhelar en la vida, pero en lo más hondo de su corazón les parece que estas cosas se vuelven cada vez más elusivas y distantes. Cuanto más elusivas y distantes les parecen, más luchan y sufren en su interior. Todas estas personas esperan mantener el límite de su conciencia y sus principios de conducta propia, así como no vivir de una manera que contradiga su voluntad. No se hacen altas exigencias a sí mismas ni se fijan metas muy altas para su vida: no buscan una gran fortuna ni un rango elevado, solo vivir con paz mental. Sin embargo, ni siquiera pueden atenerse a unos principios tan sencillos y a un límite tan simple para su conducta propia, de modo que viven cada día como cadáveres andantes y se sienten sumamente agotadas. Este agotamiento no es fatiga física ni un dolor provocado por la enfermedad, sino un agotamiento tanto de cuerpo como de mente. Se trata de una sensación de pesadez provocada por el hundimiento de su corazón; pesa sobre su corazón como una losa y hace que se sientan oprimidas y dolidas en su interior. Sin embargo, después tienen que seguir enfrentándose a la vida y a todo tipo de personas, acontecimientos y cosas, así que sencillamente aprietan los dientes y siguen adelante día tras día, pasan sus días entre dificultades y viven una vida sumamente dolorosa. Algunas personas quieren ir a ver ópera pekinesa. Se dan cuenta de que las tramas tratan siempre sobre lo complicada que es la vida del protagonista, llena de reveses y contratiempos, y que al final el cantante acaba gritando: “¡Qué sufrimiento…!”, algo que resuena en aquellos con dolor en el corazón. ¿Por qué les resuena? Porque el intérprete le ha dado voz a lo que ellos llevan en el corazón y esto resuena en ellos. Si vives según tu conciencia, no es fácil vivir en este mundo y no te conduce a ninguna parte; te toparás contra un muro, sufrirás contratiempos y serás atormentado a cada paso. Si intentas ser una mala persona, alguien malvado o perverso, te irá bien vayas donde vayas, sin encontrarte con ningún obstáculo. Si eres una persona honrada y bondadosa y posees los rasgos de honradez y bondad en tu humanidad, aunque tu honradez y bondad se contaminen o incluso se manchen y tengan algunas adulteraciones después de que hayas experimentado diversas cosas en la sociedad, los rasgos de honradez y bondad en tu humanidad nunca cambiarán y nadie podrá cambiarlos. Aunque ya no te atrevas a decir la verdad ni a aferrarte a los principios y límites para tu conducta propia, en lo más profundo de tu corazón anhelarás decir la verdad, aferrarte a tus principios para la conducta propia, mantener el límite de tu conciencia y obtener una sensación de paz y tranquilidad internas.
Después de que este tipo de persona honrada y bondadosa empieza a creer en Dios, la casa de Dios —la iglesia— es un lugar de pureza y calma para ella, además de un lugar donde su corazón puede encontrar paz y liberación. Por supuesto, también se puede decir que es un lugar donde puede buscar la materialización de sus aspiraciones vitales y un lugar que le permite ver la luz en su vida y no seguir sintiéndose perdida en cuanto a cómo debería orientar su conducta propia. Por tanto, para alguien con conciencia y razón la casa de Dios es su verdadero hogar. No es un hogar en el sentido carnal o material; más bien, es un lugar seguro donde puede creer en Dios y someterse a Él con un corazón que es simple, está al descubierto y abierto. También se le puede llamar un refugio seguro. ¿Cómo dice el dicho? La casa de Dios es un puerto donde pueden fondear las personas honradas y bondadosas que poseen rasgos de humanidad. Es decir, pueden echar el ancla aquí; ya no tienen que ir a toda prisa de un lado a otro y pueden aceptar la verdad y encontrar su dirección y la senda en la vida, de modo que su corazón esté satisfecho. Así pues, un verdadero ser humano solo se siente realmente pleno en su corazón cuando viene a la casa de Dios; una persona con conciencia y razón solo siente que ha encontrado su verdadero hogar, un lugar que permite que su corazón obtenga paz y tranquilidad, cuando regresa a la casa de Dios y regresa ante el Creador. Aunque sus aspiraciones para su conducta propia y los principios según los que se comporta distan mucho de la práctica de la verdad, como mínimo, siente que en la casa de Dios y en la iglesia su corazón ha obtenido paz y consuelo. Esta es la diferencia que siente este tipo de persona entre estar en la casa de Dios y estar en el mundo; es una diferencia en su corazón. Por tanto, cuando este tipo de persona viene a la casa de Dios, su corazón obtiene consuelo y paz; siente que la casa de Dios es el único lugar donde puede buscar su dirección en la vida y es también el entorno que más necesita y, por supuesto, el lugar que anhela. Le encanta estar aquí y está dispuesta a vivir y comportarse en esta clase de entorno; desde luego, es su deseo personal hacerlo. En cuanto a este deseo personal suyo, el entorno de la casa de Dios, la manera en la que Él obra, Sus requerimientos a las personas y todos los demás aspectos ya son suficientes para satisfacer las necesidades de su humanidad, de modo que persigue la verdad con paz mental y practica de acuerdo con los requerimientos de Dios. Por tanto, que una persona pueda perseguir la verdad depende enteramente de su humanidad. Solo si su humanidad posee los rasgos de bondad y honradez, si le encanta la ecuanimidad y la justicia, si le encanta venir a la casa de Dios y obtener paz y tranquilidad interior o si su corazón ha obtenido completo consuelo después de venir a la casa de Dios y venir ante Él, se puede sosegar para escuchar las palabras de Dios, aceptarlas y someterse a ellas; solo entonces se puede sosegar para perseguir la verdad y ser un ser creado apropiado. Es decir, solo cuando una persona viene al entorno de la casa de Dios y obtiene consuelo en su corazón, y por dentro se siente plena a consecuencia de entender la verdad, así como logra las aspiraciones y objetivos vitales que persigue: solo bajo estas condiciones básicas tiene la oportunidad de perseguir la verdad. Esta es una manifestación específica de aquellos que poseen rasgos de humanidad. Por supuesto, en lo que respecta a perseguir la verdad, que alguien posea o no rasgos de humanidad es muy importante. Si no posees rasgos de humanidad, básicamente no satisfaces las condiciones para perseguir la verdad.