Cómo perseguir la verdad (21) Parte 3
Hablemos ahora sobre las otras manifestaciones de honradez y bondad en la humanidad de las personas. Acabo de hablar de que aquellos que poseen los rasgos de honradez y bondad en su humanidad establecen un principio básico para sus relaciones e interacciones con los demás y en cómo se comportan y manejan los asuntos: no aprovecharse de otras personas. Por supuesto, este es también el límite para su conducta propia. Además de no aprovecharse de los demás, esta clase de persona tiene otra manifestación: está dispuesta a empatizar con otros y a ayudarlos, así como dispuesta a dar. A ojos de los demás, las personas como esta son un poco necias; son demasiado amables, fácilmente confían en los demás y sienten pena por ellos y, a pesar de no estar en una situación acomodada, les gusta dar a otras personas. Les gusta levantarse ante la injusticia; cuando ven a alguien afrontar dificultades, no se quedan quietas ni fingen no verlo, sino que intentan ayudar de manera proactiva. Aunque no tengan la capacidad de ayudar, tienen buenas intenciones igualmente. Cuando ven que alguien se enfrenta a dificultades, les parece que no podrían justificarlo ante su conciencia si no le echaran una mano. Aunque la otra persona no pida ayuda, a ellas les sigue pareciendo que deberían ayudarla. Después de que la otra persona recibe su ayuda, simplemente les da las gracias sin más, pero eso no les importa a las personas honradas y bondadosas; más adelante, cuando otra persona se encuentre realmente en dificultades, la ayudarán igualmente. Esto les parece un poco ignorante o necio a otros; otros les aconsejan que dejen de hacer actos de bondad, les dicen que al menos deberían hacer que la gente contraiga una deuda de gratitud con ellas cuando la ayudan. Al oír esto, reflexionan: “¿Deberíamos crear deudas de gratitud por ayudar a la gente? ¿Cuánto esfuerzo requiere echar una mano? ¿Por qué complicar tanto las cosas?”. Así de poco complicadas son; simplemente están dispuestas a ayudar a los demás. Dime, ¿piensas que ayudar a los demás tiene algo que ver con la humanidad de la persona? (Sí). En realidad, no buscan ningún tipo de recompensa. ¿Hay en este mundo alguien que esté libre de deseos y anhelos? (No). Entonces, ¿cómo puede esta clase de persona ayudar a los demás sin pedir nada a cambio? Para la mayoría de la gente, ¿cuáles son las circunstancias especiales que tienen que darse o cómo debe ser la relación con una persona para que le preste su ayuda? Uno es el tipo más cercano de relación: el parentesco de sangre. Además, aquel al que ayudan estas personas debe ser competente o deben obtener alguna ventaja al ayudarlo, donde solo haya beneficios y ninguna desventaja para ellas mismas. Estos son los únicos escenarios. Aparte de estos escenarios, ¿quién ayudaría a los demás sin motivo? Para ser precisos, no ayudan a los demás gratuitamente; debe haber algún beneficio que obtener. Aunque no haya un beneficio inmediato, todavía debe haber alguno a largo plazo. En cualquier caso, solo ayudan cuando pueden sacar algo de ello. Ahora bien, las personas de esta clase, cuya humanidad es honrada y bondadosa, están dispuestas a ayudar a los demás. Dejando a un lado cuánta ayuda dan o si aquello en lo que ayudan tiene algún valor —ya se trate de algo importante o de algo trivial—, ¿de dónde proviene su voluntad de ayudar a los demás? ¿Tiene que ver con su humanidad? (Sí). ¿Con qué aspecto de humanidad está relacionado? (Con la bondad). Tiene que ver con la bondad; cuando las personas poseen el rasgo de bondad en su humanidad, están dispuestas a ayudar a los demás. Por ejemplo, digamos que ven que un hermano o hermana se vuelve negativo y débil. En realidad, no son líderes de la iglesia y solo tienen una relación normal con este hermano o hermana, pero cuando ven que está negativo y débil, se ponen mal y tienen una carga en su corazón. Se sentirán culpables por no ayudar y piensan: “Aunque mi propia estatura no sea muy grande y no entienda muchas verdades, para mí sigue siendo algo bueno intentar cumplir con mis obligaciones. Tal vez después de oír lo que digo sea capaz de reflexionar sobre sí mismo y deje de ser negativo, ¿no sería bueno eso?”. Por tanto, si alguien se vuelve negativo y débil —a menos que no reparen en ello—, una vez que se dan cuenta, buscan la oportunidad de hablar con esa persona. Si no pueden hablar con claridad por sí mismas, encuentran un pasaje de las palabras de Dios para compartirlo con ella. En resumen, exhortan y guían a la persona, y también le leen las palabras de Dios; al final, esa persona entiende las intenciones de Dios, deja de estar negativa y puede hacer su deber con normalidad, y la persona que la ayudó se siente satisfecha en su interior. Simplemente, es incapaz de soportar ver a los demás siendo negativos y trabajando con desgana, así como tampoco sumidos en el dolor y el sufrimiento; solo quiere consolarlos y apoyarlos. Si la otra persona sigue siendo negativa, le parece que debe cumplir con su responsabilidad. Cuando esa persona deja de ser negativa gracias a sus consejos y su guía, a la persona bondadosa le invade una gran felicidad por dentro y le parece que está bastante bien comportarse de esta manera. No busca ningún beneficio; lo único que sucede es que le inquietaría y le remordería la conciencia tener la posibilidad de ayudar a alguien y no hacerlo. Decidme, ¿pensáis que este remordimiento de conciencia y este sentimiento de inquietud son manifestaciones y revelaciones de rasgos de humanidad? (Sí).
Hay gente que tiende a empatizar con los demás. Por supuesto, visto desde cierta perspectiva de humanidad, esto también podría ser una debilidad humana, ya que a veces pueden empatizar con personas malvadas y ayudarlas, pero esta es una debilidad que no pueden cambiar. Por ejemplo, cuando una persona malvada está en dificultades y le pide ayuda a uno de ellos, después de que este la ayuda, la persona malvada supera la dificultad y prospera, luego lo menosprecia y no quiere hacerle caso. Este se siente molesto en su interior y dice: “¿Por qué es así? Cuando estaba sumido en la pobreza y me pidió ayuda, empaticé con él y lo ayudé; pero ahora que está prosperando y vive bien, me ignora”. No le ven sentido a esto en su corazón; no pueden desentrañar la esencia de las personas malvadas. Pasado un tiempo, si otra persona malvada les pide ayuda, puede que sigan empatizando con ella, pero primero comprobarán si es malvada. Si tal persona no es tan detestable y da bastante lástima, seguirán sintiendo empatía hacia ella. Al ver a algunos hermanos y hermanas que hacen su deber a tiempo completo pero cuyas familias son pobres y están pasando por dificultades en la vida, piensan: “Todavía siguen haciendo su deber a pesar de ser tan pobres, ¡eso sí que es ser buena persona! Yo mismo tengo una vida de riqueza; si no los ayudo, sentiré que no he hecho lo correcto respecto a ellos. Debería darles cosas y echarles una mano para que puedan comprar algo de ropa o artículos de primera necesidad”. Fíjate, tienen buen corazón; cuando ven que otros experimentan dificultades, no pueden evitar empatizar con ellos y ayudarlos. En cualquier grupo hay personas buenas, personas malvadas y también personas ignorantes. Las personas buenas pueden dar y ayudar a los demás, las malvadas son capaces de hacer todo tipo de cosas malvadas y las diversas personas ignorantes siempre son utilizadas y mangoneadas por los demás y serían capaces de hacer todo tipo de estupideces; son ignorantes a todos los niveles posibles. En resumen, existen todo tipo de personas. Las que poseen rasgos de humanidad tienden a empatizar con los demás. Siempre consideran a los demás merecedores de lástima, siempre son capaces de ver lo que da lástima en la gente y en qué sentido es digna de empatía; su conciencia tiene un elemento de ternura. Es decir, cuando ven a alguien pasando por dificultades, enfrentándose a situaciones dolorosas o al que las personas malvadas avasallan o tratan injustamente, se indignan en su interior y empatizan con tales personas; su corazón siempre es empático. De hecho, puede que sus propias circunstancias no sean mucho mejores que las de los demás y que no necesariamente las intimiden menos que a ellos, pero como en su humanidad poseen bondad, nunca pueden evitar empatizar con los demás. Cuando los ven afrontar dificultades o sufrir dolor, no se quedan de brazos cruzados ni los ignoran. A veces, influenciadas por el entorno social —al ver que la gente solo se preocupa de sí misma e ignora al prójimo—, querrán abstenerse de ayudar a los demás, pero nunca lo consiguen; cuando ven a una persona pobre que no tiene nada para comer, aunque ellas mismas no sean adineradas, después de darle muchas vueltas en la cabeza, de todos modos la ayudan. Por ejemplo, supongamos que alguien pilla un fuerte resfriado con tos, estornudos y fiebre alta. Hay quienes tienen miedo de contagiarse, así que guardan las distancias. Por el contrario, las personas de buen corazón no pueden evitar preocuparse por ese alguien: “Estás resfriado, ¿has tomado algún medicamento?”. Si no tiene dinero para medicamentos, se los compran ellas con su propio dinero. Fíjate, cuando las personas de buen corazón ven que alguien está enfermo y sufre, no se quedan de brazos cruzados. Es decir, cuando alguien experimenta dificultades, sufre o se halla en situaciones difíciles, las personas con rasgos de humanidad siempre lo perciben y se dan cuenta de que otros necesitan ayuda. Se encuentran en el mismo entorno que el resto, pero son particularmente sensibles respecto a cosas que otros no son capaces de percibir. ¿Esto a qué se debe? Simplemente, los corazones de las personas no son iguales. Por mucho dolor que sientan los demás, las que carecen de calidez humana no indagan sobre ellos, como si no pudieran percibirlo. Las que sí tienen calidez humana, dado que hay un elemento de bondad en sus rasgos de humanidad, es inevitable que siempre empaticen con aquellos que las rodean y experimentan dolor y dificultades y, después, gobernadas por su conciencia, les echan una mano; no podrías detenerlas ni aunque lo intentaras. No hacen esto esperando que los demás recuerden su bondad ni con la esperanza de que elogien mucho su humanidad y su calidad humana; solo les mueve la voluntad de hacerlo y eso las hace sentir con los pies en la tierra por dentro. Son pensamientos y comportamientos que surgen de los rasgos de humanidad; nadie puede cambiarlos ni restringirlos. Las cosas que hacen, o su manera de comportarse y los principios según los cuales lo hacen, son revelaciones de humanidad normal puramente naturales. Estas revelaciones naturales de humanidad provienen por entero de su corazón. Actúan de esta manera voluntariamente; nadie les ordena que lo hagan y no persiguen ningún beneficio. Simplemente están dispuestas a hacerlo y solo tienen paz mental al hacer tales cosas; si no las hacen, se sienten inquietas. Incluso cuando se topan con una persona malvada que se está enfrentando a dificultades, saben que no deberían ayudar a las personas malvadas, pero también piensan: “¿Me estaré volviendo cruel?”. Aunque no ayuden a esa persona malvada, su empatía permanece inalterable y se revelará de nuevo de forma natural en un entorno apropiado y con las personas adecuadas. Este es un rasgo de humanidad. Los rasgos de humanidad son innatos y, por supuesto, también pueden revelarse en cualquier momento y lugar; son muy naturales, muy puros y muy simples. Por tanto, cuando alguien posee los rasgos de honradez y bondad en su humanidad, esto no proviene de lo que le enseñaron sus padres o la sociedad, ni está influenciado por ningún entorno; estos son los rasgos inherentes de su humanidad.
A algunas personas les gusta dar. ¿Crees que las personas a las que les gusta dar deben también ser ricas? ¿Deben ser personas que hayan experimentado los muchos duros embates de la vida y a las que haya desilusionado el mundo mortal? ¿Deben ser personas que hayan disfrutado de toda la riqueza y el esplendor del mundo —y que lo hayan desentrañado todo— y hayan llegado a considerar el disfrute de las cosas materiales con indiferencia? ¿Debe tratarse de personas cuya personalidad sea relativamente despreocupada y magnánima? No es necesario. Entre las personas que poseen los rasgos de honradez y bondad en su humanidad, existe un tipo que lleva una vida particularmente frugal. Si se le cae un grano de arroz mientras come, tiene que recogerlo y comérselo, pues no soporta la idea de desperdiciarlo. Apenas usa un poco de agua al cepillarse los dientes y lavarse la cara. Cuando la ropa se le queda vieja, no soporta la idea de tirarla, así que la lava y se la sigue poniendo. A la hora de comprar cosas, lo planifica y presupuesta con cautela y, siempre que la calidad sea aceptable, compra artículos baratos. Al ser este tipo de persona tan frugal, ¿significa que es tacaña? (No). Este tipo de persona es particularmente frugal en lo que respecta a sí misma, pero no es tacaña con los demás. Por ejemplo, cuando ve a alguien que tiene una vida difícil, le da algunas cosas suyas, como ropa o electrodomésticos. Hay quien dice: “¿Es que es un pobre que va de caritativo?”. No es eso; simplemente siente que los demás dan bastante lástima, por lo que siempre quiere ayudarlos. De hecho, estas personas no son acomodadas ni ricas y no tienen intenciones ocultas al socorrer a los demás. Simplemente tienen esta clase de humanidad; les encanta ayudar y este es también el principio de su conducta propia. ¿Es esto también un rasgo de humanidad? (Sí). Su principio básico al tratar a los demás es ayudarlos cuando hay que ayudarlos y empatizar cuando hay que hacerlo. Cuando los demás afrontan dificultades, estas personas les ofrecen su amor y llevan a cabo acciones prácticas para ayudarlos; cuando les faltan cosas a los demás, ellas les dan las suyas. Siempre existe tal voluntad en sus rasgos de humanidad; estos pensamientos siempre pueden surgir en ellas o que sientan el dolor de aquellos que las rodean y necesitan ayuda y empatía. ¿Esto se debe a que la conciencia funciona en ellas? (Sí). Tal rasgo de humanidad no viene determinado por la personalidad, sino que se debe a la función de la conciencia. Por tanto, tienen esta mentalidad —o este rasgo de humanidad— de estar dispuestas a ayudar a los demás. Cuando los demás necesitan ayuda y se la piden, no solo sienten empatía, sino que además ayudan con sinceridad; están dispuestas a hacerlo aunque les quite parte de su tiempo y tengan que darles algunas cosas. Como poco, esta voluntad se basa en la bondad de tu propia humanidad. Si alguien no tiene bondad en su humanidad, por una parte, no tendrá la voluntad subjetiva de ayudar a los demás y, por otra, no sentirá empatía cuando se le pida ayuda ni ayudará a la gente con sinceridad. Si alguien no tiene esta sinceridad, se limitará a actuar por inercia y será superficial contigo. Tal vez haga un poco por ti de mala gana por guardar las apariencias o por cortesía, o porque lo mueve el interés propio, por si acaso un día cae bajo tu mando o necesita usarte. Por diversas razones, lo hará a regañadientes y en contra de su voluntad. Sin embargo, alguien cuya humanidad posee realmente el rasgo de la bondad no es pasivo en su forma de ayudar a la gente y, mucho menos, por supuesto, está poco dispuesto ni es reacio; más bien, esta voluntad existe de manera inherente en los rasgos de su humanidad. Ayuda a los demás voluntaria, sincera y proactivamente. Por ejemplo, supongamos que necesitas su ayuda para algo. Cuando se la pidas, sentirá una gran empatía hacia ti y te ayudará con gran entusiasmo, sinceridad y voluntad. Puede ser que le encargues que se ocupe de algo para ti o que transmita un mensaje de tu parte, o puede que necesites algún artículo; sea cual sea el tipo de ayuda que necesites, en resumen, tratará este asunto con sinceridad, honestidad, seriedad y responsabilidad.
Las personas que poseen los rasgos de honradez y bondad en su humanidad son muy serias y responsables cuando otros les encargan que se ocupen de algo. Por ejemplo, si una persona así va a la ciudad para ocuparse de un asunto y otra le pide ayuda para comprar algo de medicina, mientras la adquiere reflexiona: “¿Debería comprar medicina occidental o medicina china? La medicina occidental funciona rápido, pero irrita el estómago. ¿Tal vez tenga efectos secundarios si la toma? En ese caso, preguntaré si hay alguna medicina china que sea relativamente eficaz y no irrite el estómago”. Fíjate, considera las cosas con mucho cuidado. Cuando alguien que es responsable y posee el rasgo de bondad accede a ayudar a otra persona a ocuparse de algo, la ayudará a elegir lo que necesita de una manera sincera, seria y responsable. Puede que no sea tan seria al ocuparse de sus propios asuntos y que, al comprarse algo para sí simplemente adquiera cualquier cosa que parezca estar bien, pero al encargarse de los asuntos de los demás, es particularmente atenta y responsable. Piensa: “Dado que me ha confiado este asunto, eso significa que me tiene en alta estima; tengo que ocuparme de sus cosas adecuadamente. Además, esto no supone ninguna dificultad. No cuesta ningún esfuerzo. Tengo que asegurarme de que se quede satisfecho con lo que haga. Sin embargo, no sé qué tipo de medicina le conviene y le corre prisa comprarla para tratar su enfermedad, así que le compraré un poco de medicina china y un poco de occidental y ya está”. Después de comprar la medicina y traerla de vuelta, la otra persona elige la medicina que resulta ser, casualmente, justo la que necesita. Fíjate, lo hace de corazón y con seriedad, así que el asunto se maneja de manera bastante impecable. Pero cuando se trata de alguien irresponsable y que no posee el rasgo de bondad, si le pides ayuda para comprar medicina, también accederá, pero tras ir a la farmacia, simplemente comprará al azar alguna medicina adecuada para la enfermedad y luego regresará. Le preguntas cuánta medicina se toma al día y si tiene alguna contraindicación y te dirá: “No lo sé. Lee tú el prospecto. Yo ya he ido a buscarte la medicina”. Al final la medicina occidental que ha comprado no la pueden tomar los propensos a las alergias, que resulta ser tu caso. Así que compró la medicina para nada e igualmente tienes que desplazarte tú mismo para comprar otra distinta. No se encargó bien del asunto y ahora incluso le debes un favor. ¿Estás contento por dentro? (No). ¿Qué tal se gestionó este asunto? No se ha manejado bien. Le confiaste el asunto a la persona equivocada; no encontraste a la persona adecuada. Tienes que encontrar a alguien que posea los rasgos de humanidad. Si una persona así es difícil de encontrar, entonces cuando le encargues a alguien que te ayude a comprar medicina, tienes que darle instrucciones adicionales y explicar las cosas con claridad. Si no le diste instrucciones y la persona a la que se lo encargaste es alguien sin humanidad, entonces, desde luego, no se va a manejar bien este asunto; no es solo el dinero malgastado, es que también le deberás un favor. Si encuentras a alguien que posee humanidad, hará todo lo que esté en su mano para encargarse del asunto para ti. Dado que tiene un corazón sincero, puede asumir responsabilidades y posee el rasgo de bondad en su humanidad, cuando se encarga de algo tuyo puede mirar por ti y considerar las cosas por tu bien, así como comprar lo que te haga falta a un precio razonable. Por el contrario, alguien sin rasgos de humanidad simplemente actuará por inercia y será superficial al encargarse de tus asuntos. Dirá buenas palabras, pero a la hora de encargarse del asunto no preguntará ni comparará precios en ningún caso; simplemente te comprará cualquier cosa al azar. Si no comparas a estas dos clases de personas, parece que ambas pueden encargarse de las cosas. Sin embargo, las personas con rasgos de humanidad pueden dejarte satisfecho al encargarse de un asunto para ti. Tienen las manifestaciones de la humanidad; pueden satisfacer tus necesidades y considerar las cosas por tu bien. Tienen esta clase de sinceridad. Esto demuestra que son bondadosas, son verdaderos seres humanos y son dignas de tu confianza. Por otro lado, cuando le confías a alguien sin rasgos de humanidad que se encargue de algo, no lo hará bien. Aunque a veces se ocupe de las cosas de manera aceptable, no lo hace con sinceridad; es casualidad. Dices: “Esa medicina era buena. Me sentí mejor al poco de tomarla”. Habría estado bien no haber dicho tal cosa, pero ahora que la has dicho, tu deuda de gratitud hacia esa persona es aún mayor. Resulta obvio que fue a ocuparse de algo para sí misma, pero igualmente te dice: “¿Ves? Me desplacé hasta allí especialmente para ti”. Te pedirá un favor y no le podrás pagar esta minúscula deuda de gratitud durante el resto de tu vida; estás básicamente atrapado por un demonio malvado. Sin embargo, alguien con humanidad no te pedirá favores por muy bien que se haya encargado de algún asunto tuyo. Cuando le expresas tu agradecimiento, te dice: “No tuvo nada de especial. Me pillaba de paso”. Fíjate, solo dice la verdad. En realidad, hizo un gran trabajo y te ayudó mucho. Puede que ni siquiera las personas más cercanas a ti te traten así, pero una persona con rasgos de humanidad puede hacer lo que ni siquiera tus seres queridos pueden. Se encarga del asunto bastante bien y no busca nada a cambio. Siempre sientes que le debes un favor, así que le das algo de fruta o alguna otra cosa de vez en cuando y siempre la tienes presente cuando surge algo bueno. Pero en la cabeza de la persona no es algo importante, pues siente que ayudarte a terminar algo no le requirió prácticamente ningún esfuerzo por su parte y que hacerlo fue algo muy normal. También te dice que, si necesitas ayuda en el futuro para otra cosa, te seguirá ayudando. Fíjate, ¿acaso no existen diferencias entre las personas? (Sí que existen). Mira lo que te digo, las personas con humanidad poseen los rasgos de honradez y bondad y, en todo momento, esta clase de personas son las más fiables. Solo las personas así son dignas de confianza, ya que tienen un límite en lo que respecta a sus acciones. La razón por la que tienen un límite para sus acciones es que poseen rasgos de humanidad tales como la honradez y la bondad.
En lo que respecta a personas que no tienen rasgos de humanidad, aunque se trate de alguien al que nunca has ofendido, mientras hagas algo relacionado con sus intereses, buscarán una oportunidad para vengarse de ti. A modo de contraste, cuando se trata de alguien que sí tiene rasgos de humanidad, aunque le hayas hecho daño antes o incluso hayas perjudicado sus intereses, en ningún caso te odiará ni se vengará de ti. Aunque su actitud cuando te habla sea un tanto mala, sus palabras suenen un poco bruscas o te sermonee un poco, estas son manifestaciones normales que surgen de la humanidad; de ninguna manera intentará vengarse de ti sin descanso ni te odiará para siempre, como lo haría una persona malvada. ¿En qué se basa esto? Se basa en el límite que tiene para su conducta propia. Precisamente porque tiene conciencia y razón, así como posee los rasgos de honradez y bondad en su humanidad, nunca sobrepasará su límite para su conducta propia. Si alguien lo ofende, aunque quiera vengarse, su conciencia no lo permitirá en ningún caso. Si se enfada, simplemente soltará algunas palabras furiosas para desahogarse un poco y eso es todo; no hará nada en absoluto para vengarse. Este es el rasgo de una persona con humanidad. Fíjate, algunas personas siguen queriendo atormentar a otras, aunque nadie las haya ofendido; quieren competir y luchar con ellas, siempre se preguntan cómo intrigar contra ellas a sus espaldas. Esto es también un rasgo de humanidad; es el rasgo que los malvados demonios y los malvados diablos tienen en su humanidad. Por el contrario, alguien que posee los rasgos de honradez y bondad en su humanidad es incapaz de atormentar a los demás. Si quisiera hacer tales cosas, su conciencia se lo reprocharía y lo disciplinaría. Aunque Dios no lo discipline, el Espíritu Santo no se lo reproche y los hermanos y hermanas no se lo reprochen, su conciencia lo mantiene a raya. Cuando una persona está restringida por su conciencia, no se extralimita en sus acciones y tiene un límite en lo que hace. Aunque la ofendas, le hagas daño o incluso hagas algo que vaya demasiado lejos, no querrá enfrentarse a ti. En el peor de los casos, solo te evitará e ignorará y no se relacionará contigo ni interactuará ni trabajará contigo. Pero en absoluto te hará daño ni te engañará; no intrigará contra ti a tus espaldas ni usará tácticas para atraparte; no hará para nada esas cosas. Mirad y fijaos en qué personas a vuestro alrededor son gente de este tipo; estas son buenas personas de la más alta calidad. Puedes sentirte completamente tranquilo al interactuar con ellas. Aunque les hagas daño hasta el punto de que queden completamente devastadas, como mucho te odiarán en su interior, ya no querrán prestarte atención ni ser nunca tus amigas, pero no intrigarán contra ti ni buscarán la oportunidad de vengarse de ti, ni mucho menos dirán: “La venganza siempre se sirve en plato frío”. Esto es verdadera honradez y bondad. Ser capaz de lograr esto es algo que de ninguna manera se puede falsear; es un verdadero rasgo de humanidad. Solo una persona que posee rasgos de humanidad tendrá los principios y los límites correctos para su conducta propia. A medida que interactúes y te relaciones con ella, serás capaz de ver estos comportamientos y manifestaciones en ella, así como estas revelaciones naturales de su humanidad.