Cómo perseguir la verdad (24) Parte 5
No solo Dios encarnado se atiene estrictamente a los credos y principios de comportarse de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber en Su vida humana, sino que Él también se atiene estrictamente a estos credos y principios en el ministerio que realiza. He obrado y predicado durante muchos años y siempre habéis estado leyendo las palabras que comparto. A lo largo de diversos temas, deberíais haber sido capaces de entender Mis puntos de vista, posturas y actitudes relativos a diversas cuestiones. En teoría sabéis esto, pero ¿sabéis cómo me comporto y hago las cosas en el ministerio que realizo? Tal vez algunos de vosotros solo sepáis que he hecho cosas y qué manifestaciones he exhibido, pero en lo que se refiere a asuntos específicos, podríais no saber todavía lo que pienso en Mi corazón o cuáles son Mis planes y designios. Por tanto, haré una breve introducción. En lo que respecta al asunto de realizar Mi ministerio, básicamente, con la obra que puedo y debería hacer —y que atañe a Mi ministerio— no ahorro ningún esfuerzo y no me someto a ninguna limitación. No exijo nada de vosotros ni me atribuyo el mérito. Me limito a intentar por todos los medios posibles explicar claramente lo que puedo hacer, lo que entiendo y lo que sé. Para explicar las cosas claramente, aunque resulte prolijo o problemático, me esfuerzo al máximo por aclarar las cosas. Me esfuerzo por alcanzar un punto donde siento en Mi corazón que me habéis entendido y que he explicado las cosas con claridad, momento en el cual dejo de hablar y el tema termina ahí. Si siento que he dicho demasiado poco y podríais no haberlo entendido, entonces entraré en detalles, hablaré más e incluso lo diré una y otra vez, intentando por todos los medios posibles explicar claramente el tema. No me da miedo que os riais de Mí; no tengo miedo de que algunos intelectuales se rían y digan: “¡Eres realmente prolijo al hablar!”. Yo solo cumplo con Mi responsabilidad según los principios de comportarme de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber, explicando clara y llanamente las palabras que pretendo decir. Si la gente no puede captar algunas de las palabras que comparto sobre la verdad y todavía no siente claridad después de oírlas, entonces daré un ejemplo y hablaré más específicamente. Aunque tenga que decir muchas palabras de esta manera, me sienta agotado, mentalmente exhausto y tenga la boca reseca, he de seguir intentando de todas las maneras posibles explicar las cosas con claridad. Si no entendéis después de que termine de hablar en ese momento, celebraré otra reunión. ¿Y qué conlleva eso? Celebrar otra reunión y hablar hasta que se me reseque la boca conlleva que esté muy exhausto; conlleva sufrir de nuevo el agotamiento. Pero no puedo holgazanear. No puedo abstenerme de hablar sobre este tema sin considerar si lo habéis entendido o no, solo porque hablé de ello la vez anterior y temo cansarme. Debo intentar por todos los medios explicar claramente este tema. En cuanto a si podéis entender, aceptar y practicar la verdad después de oír estas palabras, eso depende de vuestra búsqueda personal; eso no me concierne. Sin embargo, en cuanto a los temas de los que quiero hablar y de los que todavía no he hablado, así como a las responsabilidades que no he cumplido aún o las cargas de las que todavía no me he liberado, sin duda debo llevarlos a cabo y lidiar bien con ellos, hasta que sienta en Mi interior: “Ahora se ha explicado claramente. He abarcado todo lo que se incluye en este tema. Como mínimo, sabéis sobre ello y lo entendéis”. Entonces siento calma en Mi interior. Puede ser que celebrar un par de reuniones adicionales para vosotros me deje tan exhausto que no sea capaz de dormir durante varios días, pero la próxima vez que esto ocurra, seguiré adoptando este enfoque. No voy a holgazanear, diciendo: “Para evitar estar exhausto, no diré tanto y haré una reunión menos. Acabemos aquí con este tema; la mayoría de las personas no persiguen la verdad de todas formas”. No seré negligente con vosotros ni seré negligente con el ministerio que realizo. Cuando hago esto, nunca digo que deba actuar según Mi conciencia ni que deba actuar correctamente ante los hermanos y hermanas que llevan varias horas aquí sentados escuchando Mi sermón. Más bien, de manera natural y en la medida de Mis capacidades, vuelco en vosotros todo lo que debería hacer, lo que quiero hacer y lo que quiero decir, permitiendo que lo oigáis y lo obtengáis. No holgazaneo y no me comporto con negligencia. Si no explico algo claramente la primera vez, lo repetiré dos o tres veces de maneras diferentes. Incluso si tenéis ciertas opiniones sobre Mí en vuestro corazón o decís que soy prolijo, no me importa. Mientras pueda explicarlo todo con claridad y logre el resultado, con eso es suficiente. Cuando hablo, actúo según el principio de “hacer las cosas bien y con meticulosidad, cumpliendo con Mi responsabilidad y volcando todo lo que hay dentro de Mí en vosotros”. No holgazaneo ni actúo de manera negligente. Esta es la actitud de Dios encarnado al realizar Su ministerio.
En cuanto a las cosas que no atañen a Mi ministerio, como guiaros a veces en cuestiones dentro del ámbito de vuestro deber, esto recae fuera de Mi ministerio. Podríais no ser conscientes de ello. En realidad, aparte de compartir la verdad y guiaros a entender los principios-verdad y a entrar en la realidad-verdad, nada más tiene nada que ver conmigo; no es lo que me corresponde hacer. Dejadme aclararos esto. Guiar vuestro trabajo no está dentro del ámbito de Mi ministerio y no tiene nada que ver conmigo. Ya haga este trabajo o no lo haga, está bien igualmente; es asunto vuestro, de los humanos. Esta es la primera vez que menciono esto; es asunto vuestro, de los humanos. Es decir, vuestros asuntos, los de los humanos, no tienen nada que ver conmigo. ¿Por qué digo esto? Lo que hacéis vosotros es vuestro deber y lo que hago Yo es Mi ministerio. Yo hago obra, mientras vosotros hacéis deber; hay una diferencia. En lo que respecta a guiaros en asuntos dentro del ámbito de vuestros deberes, aparte de compartir los principios-verdad, si me preguntáis a Mí sobre las habilidades profesionales o las tareas diversas, me esforzaré al máximo por expresar claramente lo que entiendo, aquello de lo que tengo perspicacia y los principios que he captado, de modo que los conozcáis y entendáis. Me esforzaré al máximo para enseñaros y ayudaros a aprender. En cuanto a lo que no sé, os haré buscar recursos o, si hay alguien entre vosotros que sepa sobre ello, se lo consultaré: “Has estudiado esta profesión, por tanto, ¿qué dicen los materiales educativos en la industria sobre este asunto? ¿Cuáles son las reglas en este campo de conocimiento? Busquemos aquí los principios, de modo que nuestra obra pueda ajustarse mejor a los gustos y al ojo exigente de los profesionales, de modo que no se nos ridiculice o se nos convierta en el hazmerreír, para que no hagamos el ridículo ni hagamos quedar mal a la casa de Dios”. Fíjate, los himnos corales, los musicales, la producción de películas, los guiones, el arte, así como el baile, los trajes y todo eso que Yo guío: sea cual sea el aspecto del trabajo profesional o no profesional del que se trate, no se trata de trabajo que esté dentro del ámbito del ministerio que realizo. Es vuestro deber. Llamarlo “vuestro deber” significa que es asunto vuestro y que deberíais ocuparos por vuestra cuenta, dado que estos asuntos implican ciertas materias de conocimiento, así como cuestiones técnicas y profesionales de determinados sectores, y estas son cosas que tenéis que aprender. Lo que deberíais estudiar es cosa vuestra, sobre lo que deberíais indagar es cosa vuestra y lo que deberíais practicar es cosa vuestra. De hecho, eso no tiene nada que ver conmigo. La obra que hago es representar a la encarnación de Dios al expresar palabras y representar a Dios al hablaros y al obrar en vosotros. En cuanto a la obra que no tiene nada que ver con Mi ministerio, esa es asunto vuestro, de los humanos. En cuanto a esta obra, Dios ha dispuesto a un líder y pastor para que os guíe, y la casa de Dios también ha establecido diversos arreglos del trabajo y diversos decretos administrativos y preceptos. Deberíais ateneros estrictamente a los arreglos del líder que Dios ha dispuesto para vosotros —el hombre usado por el Espíritu Santo— y someteros a su liderazgo. Y en cuanto a cualquier trabajo que hago fuera de Mi ministerio, ¿de qué manera se cuenta eso? Todo esto se cuenta como obra adicional. No me hace falta hacer un deber. Yo hago obra y realizo Mi ministerio y vosotros realizáis vuestro deber. Por tanto, puedo guiar vuestro trabajo, pero esto no es algo que me corresponda hacer. Si pensáis: “Debes hacer este trabajo; este es Tu trabajo. ¿Cómo va a estar bien que no lo hagas? Si no lo haces, te endosaré a Ti la responsabilidad y me negaré a dejar que te salgas con la tuya”, entonces digo que os equivocáis. No podéis hacerme responsable de esto a Mí. Este es vuestro deber, el de los humanos. Cuando no entendáis algo relativo a vuestro deber, deberíais compartirlo, discutirlo y buscarlo entre vosotros mismos. Si me lo pides y Mis condiciones en ese momento lo permiten, puedo ayudarte. Si no tengo tiempo y no puedo ayudarte, no es Mi culpa. Si algunos de vosotros empleáis un razonamiento retorcido, diciendo que esto es lo que me corresponde hacer, entonces te equivocas. Este es el deber que deberíais hacer y no tiene nada que ver conmigo. Si no haces bien tu deber, eso es que estás siendo irresponsable y desleal. Si no cumples con tu deber e intentas endosarme a Mí la responsabilidad, esta es una manifestación de no tener razón y esto a Dios le parece increíblemente detestable. Sin embargo, si veo que realmente no podéis hacer algo, que está fuera de vuestro alcance y que no conocéis los principios para hacer este trabajo, entonces tengo que echar una mano, aportaros uno o dos ejemplos y poneros en el camino correcto. Si todavía sois incapaces de hacerlo y Mis condiciones no me permiten hacerlo o Yo también soy incapaz de hacerlo, entonces lo único que podemos hacer es detener este punto del trabajo. Es lo único que podemos hacer; ¿a quién se le echa la culpa de que vuestras capacidades sean tan limitadas y vuestro calibre sea tan pobre? Pero si realizo algún punto del trabajo, lo hago lo mejor que puedo. Si sé cómo hacer algo, os digo que es así y, lo que no sé hacer también os lo hago saber. Respecto a las partes que no sé, os las consultaré. Si vosotros tampoco sabéis, meditaré sobre ellas, pensaré y buscaré por Mi cuenta. Una vez que dé con una senda, con algunas ideas y algunos hilos que seguir, compartiré con vosotros, me esforzaré por hacer lo máximo posible para realizar este trabajo bien y meticulosamente. Por un lado, se trata de asumir la responsabilidad del trabajo. Por otro, esto os permite aprender algo en el transcurso de Mi guía. Lográis aprender los principios que se necesitan captar y las verdades que se necesitan entender para este aspecto del trabajo profesional. Hay algunas personas que, a pesar de entender algunos conocimientos profesionales, no pueden elaborar un producto terminado, así que Yo las guío. Una vez hecho esto, sigo teniendo dudas al respecto, así que les pido que consulten a un experto del sector y que este lo compruebe. Si el experto afirma que hacerlo de esta manera se ajusta a las normas del sector y no nos convierte en el hazmerreír de nadie, entonces seguiremos adelante con este plan de acción. Si el experto dice que parece que lo ha hecho un aficionado, que da vergüenza, no está bien y no se ajusta a los estándares, entonces le diremos al experto que haga algunos cambios inmediatamente. No podemos ser sentenciosos, no podemos fingir entender algo que no entendemos y debemos tener autoconciencia. No deberíamos engañarnos a nosotros mismos; debemos tomarnos las cosas en serio, esforzarnos por obtener algo en lo relativo a las habilidades profesionales después de terminar un trabajo. Por tanto, al hacer algo de este tipo, aunque sea un aficionado en lo referente a las habilidades profesionales y no entienda mucho, de todos modos haré lo máximo que pueda. Algunas personas dicen: “¿Por qué los sigues guiando, incluso cuando no entiendes?”. Porque estas personas tienen unas habilidades profesionales limitadas; realmente no tienen creatividad ni buenas ideas en lo que respecta a las producciones artísticas que involucran habilidades profesionales. Tengo cierta facilidad en este campo y tengo algunas ideas, así que se las proveo a esas personas que tienen algo de base o de sentido común en cierta profesión y a todas ellas les parece que estas ideas Mías son bastante buenas. Al ver que piensan que Mis ideas son bastante buenas, sigo adelante, las guío “sin pudor” y algunas de las obras que guío de esta manera son pasables. No estoy siendo desvergonzado al decir eso; lo de “pasable” tiene una base: solo lo digo porque los expertos de la industria las han visto y dicen que son pasables. Lo de “pasable” no significa que sean muy buenas o hayan alcanzado un estándar profesional, solo que los expertos han verificado que, como poco, se sostienen y, por tanto, me quedo tranquilo. De momento, la mayoría de las personas piensan que las pocas obras que he guiado son pasables y aparentemente algunas de ellas incluso han ganado premios en ciertas competencias, ¿no es así? (Sí). No importa qué aspecto de la obra o qué tipo de cosa esté haciendo, mientras tenga algunos pensamientos e ideas o sienta que tengo un buen concepto creativo, lo diré sin dudarlo. Intentaré por todos los medios que los hermanos y hermanas me ayuden a aplicar estas ideas a la producción, de modo que haya más personas dispuestas a fijarse en ella. El resultado es que la obra de Dios y Sus palabras se propagan más, mejor y más ampliamente; así, nuestro objetivo se cumple. En cuanto a las maneras y métodos con los que hago las cosas, estos todavía se basan en los principios de comportarme de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber. Cuando estoy haciendo cosas, actúo en silencio y me esfuerzo todo lo necesario para terminar la tarea y hacerla bien. Una vez que el trabajo se completa y se sube a internet, esa fase concluye.
Las cosas que hace Dios encarnado dentro del ámbito del ministerio que realiza se basan en Sus principios de comportarse de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber. Cuando hace cosas fuera de este ámbito, de igual modo no se separa de estos principios; también se comporta de una manera que se atiene a las reglas y hace las cosas con sentido del deber. En cuanto a los problemas que puedo ver y descubrir, bien hago que alguien los transmita o me implico Yo personalmente para aportar guía y corrección y para ayudar a resolverlos. En resumen, en cuanto a las cosas con las que os podéis poner en contacto o que hayáis oído en vuestra vida real, básicamente me encargo de todo, sea lo que sea, según tal principio. Asimismo, no distingo entre cuestiones grandes y pequeñas. Ya se trate de criar gatos, criar perros, construir pocilgas, construir rediles de ovejas o cocinar, hacer ropa o incluso limpiar, Yo me implico en cualquier cosa que veo. Cuando veo que lo hacéis mal, os dirijo y os corrijo. Aquellos que tienen corazón escucharán y lo asimilarán, mientras que aquellos que no lo tienen, no lo harán. Después, veo quién escucha y puede seguir Mis instrucciones y lo uso. Así es como he hecho cosas a lo largo de los años de interactuar con vosotros. Después de deciros qué hacer, mantengo un seguimiento hasta que el asunto está terminado y bien hecho. Aunque hay muchas cosas que no hago con Mis propias manos, Mi corazón siempre está enfocado en aquello a lo que estoy haciendo seguimiento; Mi corazón nunca se aleja de esas cosas. Si hay que encargarse de algo con urgencia y rapidez, trabajo desde el amanecer hasta el anochecer y hasta bien entrada la noche para hacerlo, haciendo un constante seguimiento, supervisión y dirección. Sin embargo, dada Mi condición física, como podéis imaginar, hacer este trabajo es bastante cansado. Una vez que concluye, dejo de ir allí. En algún momento, alguien acaba por reparar en ello y dice: “Dios nos ha organizado muy bien las cosas aquí, pero no llega a disfrutarlo; somos nosotros los que lo disfrutamos todo”. Yo digo que mientras podáis llegar a disfrutarlo vosotros, con eso es suficiente. Una vez que tengáis las cosas arregladas y para vosotros todo sea adecuado en cuanto a vuestra vida y a hacer vuestro deber, Yo ya no necesito ocuparme de estas cuestiones. En realidad, el trabajo de Dios encarnado es compartir la verdad y proveer de la verdad; otra obra no tiene nada que ver conmigo. Pero a lo largo de estos años, aparte de hacer Mi trabajo, también he estado ocupado ayudándoos a resolver los problemas que tenéis al hacer vuestro deber, lo cual también me ha llevado a tomarme considerables molestias. Aunque hay mucha obra que no me corresponde a Mí y hay muchas cosas que nunca he hecho antes —al no haber nunca aprendido sistemáticamente cierta clase de conocimientos o habilidades ni haber lidiado con estas cosas en la vida—, no he estado ocioso mientras la iglesia y la casa de Dios se han topado con diversas cuestiones. En su lugar, hago lo máximo posible para guiaros y ayudaros a todos y, en lo que respecta a los asuntos de la vida diaria, Yo también hago todo lo que puedo para que las cosas os vayan bien. Actuando desde la perspectiva de la humanidad, hago lo que puedo. Si veo algo que hace falta hacer y no lo hago, me siento intranquilo en Mi interior. Si descubro un problema y no lo corrijo, siento intranquilidad en Mi interior. Si hay un trabajo que nadie sabe hacer y Yo tengo ideas y puedo hacerlo, me siento intranquilo en Mi interior si no lo hago. Por tanto, simplemente tengo que actuar. Así pues, de cara al exterior parece que no he hecho nada más aparte de hablar y dar sermones. Sin embargo, me he tomado muchísimas molestias por vuestra vida diaria y por las necesidades básicas que tenéis para realizar vuestro deber. El calibre de la mayoría de la gente es tan bajo que ni siquiera puede hacer bien estas cosas, por lo que tengo que dedicar esfuerzo a guiaros. Aunque tengo un aspecto corriente, no soy ninguna figura importante ni he recibido ningún tipo de formación en la sociedad, en lo que respecta a las necesidades básicas del personal que realiza su deber en la casa de Dios, desde que entré en contacto con vosotros por primera vez hasta ahora no ha habido ni un solo aspecto de vuestro entorno vital básico, condiciones de vida y necesidades cotidianas con el que no me haya tomado molestias. Pongamos como ejemplo el cultivo de verduras en la granja. Al principio, al ver que la mayoría de las personas de la granja había vivido en el campo y había realizado tareas de cultivo durante algunos años, seleccioné a algunas personas que sabían cultivar para que se encargaran de este trabajo. Les dije qué verduras cultivar en qué estación y cómo hacerlo, pensando que luego no tendría que preocuparme de ello. Sin embargo, pasado un tiempo fui a la granja y vi que todo era un caos absoluto. El supervisor no podía lidiar con la responsabilidad y los obreros tampoco podían hacer un buen trabajo. Al final, no me quedó más remedio que intervenir, hacer un seguimiento y dirigirlos poco a poco. Desde seleccionar y comprar semillas hasta decidir cuánto cultivar y cómo elegir el terreno, así como qué cultivar en cada estación, cuánto cultivar, cómo cultivarlo, quién debía responsabilizarse del cultivo, cómo aplicar el fertilizante y qué aspectos tener en cuenta, les expliqué todo claramente. Los dirigí personalmente de esta manera; menos cocinar para ellos y darles de comer, hice de todo. Hay quienes dicen: “¿Acaso no los tratabas como a niños de tres años?”. De hecho, realmente era así. Todas estas personas eran aparentemente adultas, pero en realidad no podían asumir estas responsabilidades. Simplemente tuve que llevarlas de la mano, dirigirlas y enseñarles personalmente de esta manera antes de que las cosas empezaran por fin a encauzarse. Más tarde, todos aquellos que realizaron su deber pudieron comer los cereales y las verduras que ellos mismos habían cultivado. Además, en verano podían comer algo de fruta y en invierno las verduras que habían almacenado. Si lo Alto no hubiera intervenido y supervisado este trabajo y se hubiera limitado a dejar a los de abajo hacerlo, se habría echado todo a perder. En cualquier caso, ¿cuál es el hecho que os estoy contando? He hecho muchas cosas sin hablar de ellas, pero las cosas que digo son estrictamente las que he hecho.
No comparto esto para contaros cuántas cosas he hecho, cuánto agotamiento he sufrido o cuántas molestias me he tomado por vosotros. No hay necesidad de hablar sobre estas cosas. Por tanto, ¿qué os estoy diciendo? Dios encarnado viene a este mundo humano para representar a Dios al hacer obra. Su trabajo es el ministerio que Él realiza. En esta etapa de los últimos días, Su trabajo es proveer a las personas de todas las verdades que necesitan para alcanzar la salvación. En el ministerio que Él realiza, se atiene estrictamente a los credos y principios de comportarse de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber. Aparte de esto, en Su vida humana y en lo que respecta a Sus manifestaciones de humanidad, de igual modo no ha traspasado los límites de estos principios y credos. Ya sea guiaros al hacer vuestros deberes o ayudaros a lidiar con diversos asuntos relativos a las necesidades básicas en la vida, actúo según los principios de comportarme de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber. Nunca grito consignas ni hablo con grandilocuencia y nunca doy órdenes a ciegas; solo hago las cosas de manera práctica. ¿Hasta qué punto hago esto? Por ejemplo, cuando dirigí el cultivo de la granja, les hice hacer un listado de todas las variedades de verduras que conocían: cuáles eran los nombres de esas verduras, qué aspecto tenían, cuál era su período de crecimiento y qué variedad era la mejor y la más apropiada para el cultivo local. Con lo que sabía, seleccioné una o dos variedades de cada verdura, decidí quién sería responsable de plantarlas y, al final, logré que todo el mundo pudiera comer verduras frescas en cada estación. Yo nunca grito consignas y digo: “Esta verdura es muy nutritiva. Las personas obtienen muchos beneficios al comerla. Esta o aquella es una manera científica de cultivarla”. Nunca he estudiado nutrición ni entiendo de agricultura. ¿Qué es lo que sé? Sé cómo seleccionar la variedad de verdura que es apropiada para plantar en cierta localización, de modo que una vez que crezca sepa bien, todo el mundo esté dispuesto a comerla y no se cultive en vano; Mi enfoque es así de práctico. Todo esto es comportarme de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber. Estos son los principios y los credos a los que me atengo; así es como me he comportado a lo largo de los años. Nunca grito consignas y no necesito que me deis las gracias. Mientras vuestra comida y vuestro alojamiento sean adecuados y las cosas no estén completamente fuera de control, Yo me siento tranquilo. Cuando no hay nadie causando perturbaciones ni creando problemas, se ve bastante limpio por todas partes, los cereales y las verduras se han plantado adecuadamente, los cerdos, las ovejas y otros animales se crían de manera apropiada y el resto de aspectos van bastante bien, cuando las necesidades básicas de la mayoría de las personas que hacen su deber están adecuadamente organizadas, entonces puedo dejar de preocuparme. Mis requisitos respecto a esto no son estrictos. Fijaos, ¿alguna vez he gritado consignas cuando os guío en cualquier trabajo o en las cuestiones que atañen a vuestras necesidades básicas? Nunca he gritado consignas. Después de dejaros las cosas organizadas, busco a las personas apropiadas para poner en marcha el trabajo. Si las que encuentro no son aptas y el trabajo no se puede poner en marcha, son reemplazadas. Cuando se acaba poniendo en marcha el trabajo, la mayoría de las cosas se han manejado adecuadamente y las necesidades básicas del personal que hace su deber se han arreglado adecuadamente: solo entonces puedo detener Mi trabajo humano y ya no he de tomarme molestias a este respecto. Algunas personas aún me preguntan siempre sobre asuntos triviales. Alguien dice: “¿Qué deberíamos hacer si el cordero recién nacido no consigue leche?”. Otro dice: “¿Qué deberíamos hacer si siempre encoge la ropa que hacemos?”. Debéis averiguar cómo resolver estas cosas vosotros mismos; es asunto vuestro y no tiene nada que ver conmigo. Incluso cuando comparto la verdad, solo lo hago una vez. Existen grabaciones de audio de los sermones y enseñanzas. Si no entendéis, podéis escucharlas varias veces más y tomaros tiempo para reflexionar, buscar y compartir. Si, con esta base, seguís un poco confusos respecto a unas cuantas cuestiones y no sabéis cómo lidiar con ellas, podemos hablar sobre ellas cuando nos encontremos. Pero en lo que respecta a qué pueden lograr las personas, lo mejor para vosotros es lidiar con tales cosas por vuestra cuenta. Dios creó los cielos y la tierra y todas las cosas para las personas: el sol, la luna, las estrellas, el agua, el aire, la luz solar, la comida, así como los diversos entornos y seres vivos que las personas necesitan, después de lo cual Él colocó a las personas en la tierra. Dios mantiene las leyes del crecimiento y funcionamiento de todas las cosas para las personas y mantiene los entornos vitales de las personas; depende de ellas vivir realmente la vida. En cuanto a qué cosas cultivar en qué estación, cuándo recogerlas, cómo almacenarlas después de la cosecha, qué métodos usar para convertirlas en comida, qué comer más, qué comer menos, qué comer en cada estación, cuánto comer cada día: eso es asunto vuestro. Ahora que la verdad se ha compartido con tal claridad y todos los asuntos relativos a la vida se han resuelto apropiadamente para vosotros, si todavía me pedís ayuda para hacer esto y aquello, así como todavía me buscáis para compartir con vosotros sobre esto y aquello, entonces hay muchas carencias en vuestra razón. En cuanto a lo que ya he compartido, os digo que os ocupéis de estas cosas y las resolváis vosotros mismos. La iglesia tiene líderes de todos los niveles, así como al hombre usado por el Espíritu Santo para guiaros. Deberíais buscar y resolver las cosas vosotros mismos; no acudáis a Mí para todo. La razón es que ya he dicho todo lo que debería decirse, incluso he organizado vuestras necesidades básicas y, en lo que respecta a esos asuntos triviales, no son lo que Yo debería resolver, sino vuestros propios asuntos; deberíais lidiar con ellos por vuestra cuenta.
Da igual cuántas palabras diga Dios encarnado o cuántas cosas haga, la gente debe saber que este es el punto más importante relativo a la normalidad y la practicidad, así como a la humildad y la ocultación de Dios encarnado: ya sea que Dios encarnado viva entre las personas o realice Su ministerio, los credos y principios de Su humanidad más básicos, los cuales vive Su carne, consisten en comportarse de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber. Esto se refleja en la encarnación de Dios y, desde luego, también se refleja en el Dios que posee la identidad y esencia de Dios, Dios en Su identidad inherente. Por supuesto, en el caso de Dios, no se le llama “comportarse de una manera que se atenga a las reglas”, pero al menos, en la manera en la que Dios hace las cosas y en la manera en la que trata a las personas y las cosas, sin duda Él también se atiene estrictamente a estos principios. Esto es tanto lo que la humanidad de Dios encarnado tiene y es como lo que la divinidad de Dios en Su identidad inherente tiene y es. Lo que Su humanidad tiene y es conlleva comportarse de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber, mientras que la esencia de Dios en Su identidad inherente conlleva que Dios trate a las personas de una manera que se atenga a las reglas y haga las cosas con sentido del deber. No hablaremos mucho más sobre esto. Sea cual sea la perspectiva que adoptes —en cuanto a todas las cosas creadas por Dios, Su soberanía sobre la especie humana y Su guía de esta, desde las cuestiones mayores hasta las menores y desde las macroscópicas a las microscópicas—, Dios lo hace todo de una manera que se atiene a las reglas y con sentido del deber. Cuando Dios no estaba encarnado, permanecía oculto entre todas las cosas. Aunque la especie humana no veía la figura de Dios ni Su verdadero rostro, Dios siempre ha estado guiando a toda la especie humana. Él también ha estado siempre haciendo cada cosa, gestionando cada cosa y teniendo soberanía sobre cada cosa en el universo de manera práctica; nada de lo que Él hace es vacío. Por supuesto, ni una sola cosa hecha por la mano de Dios permanece al nivel de las teorías o consignas. En su lugar, cada cosa que Él hace —ya puedas apreciarla o no, ya puedas verla o no—, la está haciendo de una manera que se atiene a las reglas y con sentido del deber. Él hace la obra que pretende hacer de una manera sensata. Nunca hace manifestaciones ni se justifica a Sí mismo ante las personas, como tampoco grita ninguna consigna. En cambio, siempre ha estado haciendo declaraciones y hablando, guiando con practicidad y proveyendo para toda la especie humana. Esto es también lo que Dios tiene y es. Sin duda, lo que Dios encarnado tiene y es no estará desconectado de lo que Dios mismo tiene y es ni entrará en conflicto con ello. Por tanto, después de que las personas sepan lo que Dios encarnado tiene y es o conozcan los credos y principios de conducta propia a los que se atiene Dios encarnado, llegarán en gran medida a conocer la esencia de Dios en Su identidad inherente y lo que Él tiene y es. Por consiguiente, las nociones e imaginaciones de las personas sobre el Dios en el cielo decrecerán hasta cierto punto y su conocimiento, entendimiento o puntos de vista sobre Dios se volverán más prácticos. En términos relativos, también serán capaces de tratar a Dios encarnado con más precisión, objetividad y racionalidad, en lugar de condenar lo que Su humanidad tiene y es, o desdeñar o restar importancia a lo que Su humanidad tiene y es. En su lugar, por un lado, serán capaces de tratarlo correctamente y, por otro, serán incluso más capaces —por medio de lo que Su humanidad tiene y es— de ver lo que Su divinidad tiene y es, pudiendo así conocer tanto al Dios en el cielo como al Dios en la tierra con más precisión.
Muy bien, hoy vamos a terminar aquí nuestra enseñanza sobre este tema. ¡Adiós!
10 de agosto de 2024