Cómo perseguir la verdad (26) Parte 1
Recientemente, hemos hablado sobre el tema del Dios encarnado. Este tema guarda relación con la práctica de “desprenderse” en el marco de “Cómo perseguir la verdad”, y hemos hablado sobre el hecho de “desprenderse de las nociones e imaginaciones de uno respecto a Dios” como parte del tema de “desprenderse de las barreras entre uno mismo y Dios y de la propia hostilidad hacia Él”. Hemos hablado varias veces sobre este aspecto, en el que hemos discutido principalmente cómo tratar al Dios encarnado. Dividimos este contenido en dos temas. ¿Podéis decirme cuáles son esos dos temas? (Respecto al Dios encarnado, Dios nos ha dado dos principios de práctica correctos: el primero es no comparar al Dios encarnado con el Dios del cielo, y el segundo es no equipararlo a la humanidad corrupta). Hemos compartido algunos detalles de estos dos temas que están relacionados con algunas manifestaciones de la normalidad y practicidad del Dios encarnado. Entre los detalles que compartimos se incluyó qué principios específicos observa el Dios encarnado y a cuáles se atiene al vivir, existir, comportarse y obrar entre los hombres. La enseñanza sobre estos temas tiene como fin que la gente entienda y conozca qué manifestaciones exhibe el Dios encarnado, esta persona con una identidad especial, mientras vive entre los hombres. Principalmente hablamos sobre el tema de la normalidad y practicidad del Dios encarnado y compartimos muchos detalles específicos. ¿Qué efecto tuvo en vosotros después de escucharlo? ¿Tenéis menos nociones y figuraciones sobre el Dios encarnado o se os han ocurrido algunas nociones nuevas? (Tenemos menos nociones y figuraciones sobre el Dios encarnado). Entonces, ¿es útil hablar sobre este tema para que la gente llegue a conocer al Dios encarnado? (Sí). Eso está bastante bien.
Nuestra enseñanza sobre el tema del Dios encarnado gira principalmente en torno a las revelaciones y prácticas específicas relativas a la normalidad y practicidad del Dios encarnado, con el fin de proporcionar a la gente un entendimiento más concreto del Dios encarnado, esta persona con una identidad especial. Entonces, ¿os parece que, cuanto más entendéis la normalidad y practicidad del Dios encarnado, más sentís que Él es solo una persona normal, nada destacable, y que, cuanto más entendéis Su normalidad y practicidad, menos percibís Su aura divina? ¿Tenéis esos pensamientos? (No. Al escuchar algunos de los ejemplos que Dios dio sobre ciertos aspectos prácticos del vivir y revelaciones del Dios encarnado, siento que simplemente la imagen externa de Dios es ordinaria y normal, pero que las revelaciones de Su humanidad normal superan con creces las de nosotros, los humanos; son cosas que no podemos alcanzar. La humanidad normal de Dios no contiene actitudes corruptas, arrogancia o falsedad, ni orgullo o indulgencia humanos. Aunque el Dios encarnado parece ordinario y normal por fuera, se puede ver Su grandeza en Su humildad. Esta es mi sensación). Por lo general, cuando las personas famosas, las grandes personalidades o las figuras importantes y consumadas de la humanidad se presentan a sí mismas en relación con diversos aspectos, ¿hablan de su normalidad y practicidad y de lo ordinario y común de sí mismas? (No). Si un miembro de la humanidad corrupta se presenta para que otros lo conozcan, de ningún modo describirá lo ordinario, común y normal que es. Al contrario, a través de su presentación y sus descripciones, intentará hacer que la gente sienta que es distinto de los demás, extraordinario, grande y que posee capacidades sobrehumanas. Si alguien pudiera incluso percibirlo como una persona excepcional, sería más feliz. Fíjate en cómo se presentan a sí mismos los humanos corruptos. Primero, describirán lo perfectos que son, sin ningún defecto ni fallo. También alardearán de lo ilustre que es su trasfondo familiar, de lo noble que es su posición, de qué títulos académicos tienen y de lo excepcional de su apariencia. Incluso si tienen un lunar en la cara, tienen que encontrar una forma única de describirlo, diciendo: “Mira, hasta la ubicación de este lunar es inusual; se dice que las personas con lunares en este sitio están destinadas a la riqueza o la nobleza”. En lo que respecta a su apariencia, proclamarán ostentosamente cuán único es cada rasgo de su rostro y qué interpretaciones positivas existen en la fisonomía para cada una de sus facciones, como estar destinado a la riqueza o la nobleza, o poder alcanzar la prominencia y que, entre la gente, son un pez demasiado grande para el estanque donde residen. Además, disfrutan especialmente de alardear de sus dones y puntos fuertes en ciertas áreas, de lo extraordinarios y distintos que son su pensamiento y sus ideas, y de presumir de los logros que han conseguido en tal grupo, de cómo las figuras eminentes los elogian, los tienen en alta estima, los envidian y los admiran, o de las grandes contribuciones que han hecho en tal industria y de cuánto los aprecian sus jefes. Independientemente de si lo que dicen es verdad, en cada aspecto de su autopresentación, intentan hacer que la gente sienta que son distintos de los demás, que entre las personas son únicos, sin par, que superan a toda la gente ordinaria. Miran a todo el mundo con condescendencia; ven a todos los demás como gente inferior y plebeyos insignificantes, mientras que solo ellos mismos son los más grandes, los más nobles y los más singulares. Si les preguntas por sus títulos académicos, dirán que se graduaron en una universidad de prestigio, que tienen un posgrado o un doctorado, cuando en realidad solo asistieron a una universidad corriente. Nunca hablan de sus propios defectos, fallos, actitudes corruptas, de los aspectos de su baja calidad humana ni de las cosas incorrectas que han hecho. Siempre que se trate de presentarse para que otros los conozcan, intentarán por todos los medios alardear, elogiarse y adornarse, describiéndose a sí mismos como muy grandes, extraordinarios e inusuales. Incluso si se enferman, dirán que es una “enfermedad de ricos”, lo que hace que la gente sienta que son delicados, mimados y distintos de los demás. Pase lo que pase, de ningún modo permitirán que la gente sienta que son solo una persona ordinaria y común. En lugar de eso, intentan por todos los medios que la gente los admire, los tenga en alta estima y los respete. Si la gente puede seguirlos y guardarles un lugar en su corazón, se sienten aún más complacidos consigo mismos. Si dices que son ordinarios y normales, un miembro de la masa común, sienten que han perdido por completo la dignidad y que realmente has herido su orgullo; es incluso como si eso pudiera llegar a matarlos. Durante toda su vida, buscan ser únicos y extraordinarios. Debido a sus actitudes corruptas y a tales deseos, muchas personas a menudo cultivan una imagen externa para parecer muy elevadas, con clase y nobles, y el comportamiento externo que adoptan, sus palabras y sus acciones muestran en gran medida el aire de una gran figura. En cualquier grupo, si alguien les dice: “Te distinguí a primera vista entre esta multitud; por tu mirada, tus rasgos faciales y tu presencia, puedo decir que no eres una persona ordinaria”, se ponen muy contentas. Exagerarán este asunto hasta el infinito y, por el resto de sus vidas, repetirán esas palabras hasta la saciedad, presumiendo por todas partes: “¡Entre una multitud, la gente puede reconocerme a primera vista y ver que soy un líder, un pez demasiado grande para el estanque donde reside, no una persona ordinaria!”. Les gusta especialmente ser este tipo de persona y posicionarse como un individuo extraordinario, inusual, distinto de los demás e incluso único en su especie. Muchos otros se interesan de manera especial en las personas famosas, las grandes personalidades y aquellos con estatus y posición en la sociedad, prestando atención a cualquier noticia sobre ellos, a sus palabras y acciones y a su vida cotidiana. El propósito de esta atención no es el entretenimiento, sino imitarlos y seguirlos. Imitan todo lo que estas personas comen y visten, todo lo que es popular entre ellas. Cualesquiera que sean los temas que estas personas discutan, ellos también los discuten. Los siguen muy de cerca, con miedo a quedar fuera de la tendencia general, temerosos de quedarse atrás y que los menosprecien. Solo quieren ser alguien destacado y una persona extraordinaria entre la multitud, y en absoluto están dispuestos a ser una persona normal y ordinaria. Algunas personas, a pesar de tener un calibre promedio, carecer de puntos fuertes y dones y poseer unas condiciones innatas que son muy ordinarias y comunes en todos los aspectos, no están dispuestas a ser una persona ordinaria, a ser un don nadie. En lugar de eso, se visten para parecer muy elevadas y con clase o se describen a sí mismas como muy inusuales, no como un don nadie. Algunos incluso se esfuerzan por imitar a grandes figuras, a personas capaces y competentes y a aquellos con habilidades soberbias. Observan lo que estas personas hacen, dicen y discuten, y las imitan, esforzándose por convertirse en grandes figuras extraordinarias como ellas, para no ser ya personas ordinarias y comunes. Por tanto, cuando hablamos sobre la normalidad y practicidad del Dios encarnado, algunas personas inevitablemente piensan: “Enérgicamente, los humanos se elogian y se adornan a sí mismos y se jactan de ser muy distintos de los demás, muy extraordinarios y grandes, y sin embargo, Tú siempre te describes a Ti mismo como muy normal y práctico. ¿No es esto un poco irrazonable? ¿No es un poco necio? Tú eres el Cristo encarnado, con una identidad tan noble, con un halo tan grande y una corona tan inmensa sobre Tu cabeza. ¿Cómo puedes describirte a Ti mismo como una persona ordinaria, normal y práctica? Y, por temor a que la gente no lo crea, incluso das muchísimos ejemplos para demostrar lo normal, práctico y ordinario que eres. Esto es, como es natural, un tanto desconcertante”. Aunque no se conformen a las nociones humanas, los hechos son ciertamente así. Las revelaciones específicas de la normalidad, la practicidad y lo ordinario del Dios encarnado son justo así; esto es un hecho, no puedo inventármelo. Algunos dicen: “¿No deberías al menos mencionar algunos ejemplos que hagan que la gente sienta que eres distinto de los demás y extraordinario, y que Tu identidad e imagen son particularmente elevadas e imponentes?”. Pues bien, lamento decepcionaros, pero realmente no existen tales ejemplos. De hecho, Mis descripciones de las maneras en que me comporto y actúo en la vida y en el trabajo son las verdaderas revelaciones del Dios encarnado; es así de objetivo. Todo es tal como es en realidad; no hay ejemplos que hagan que la gente me vea como distinto de los demás, extraordinario, grande o como si poseyera una imagen elevada e imponente. Algunos dicen: “¿No puedes inventarte algo? Eso dejaría una mejor impresión en el corazón de la gente y no la decepcionaría. Te describes a Ti mismo como muy normal y práctico, solo una persona ordinaria; ¡Tu imagen no es para nada elevada! ¿Quién va a seguir idolatrándote y teniéndote en alta estima? Si la gente no te tiene en alta estima ni te idolatra, ¿pueden aún tener un lugar para Ti en su corazón?”. Yo digo que, en verdad, no busco eso. Está bastante bien si no me tienes en alta estima ni me idolatras; estoy bastante a gusto con eso. Algunos dicen: “Si la gente no te tiene en alta estima ni te idolatra, ¿a eso se le sigue llamando seguir a Dios?”. El hecho de que me tengas en alta estima o me idolatres no es importante; en verdad no me importa. Si no me tienes en alta estima ni me idolatras, pero puedes meditar con el corazón cada palabra que digo, cada aspecto de la verdad que comparto, aceptarlas como palabras de Dios y comportarte, actuar y contemplar a las personas y las cosas basándote en estas palabras, con eso es suficiente; Mis palabras no habrán sido pronunciadas en vano. Digamos que no me tienes en alta estima ni me idolatras, pero las palabras que pronuncio y los sermones que predico te llevan ante Dios, lo que te permite saber cómo perseguir la verdad y actuar de acuerdo con los principios-verdad al enfrentarte a cada asunto, aprender a comportarte y actuar, a hacer el deber de un ser creado, ser leal a Dios y hacer tu deber de una manera que cumpla con el estándar, someterte a Dios, temerlo y evitar el mal y, en última instancia, despojarte de tus actitudes corruptas y ser ganado por Dios. Entonces, Mis palabras no habrán sido pronunciadas en vano y su propósito se habrá alcanzado. En cuanto a Mí, es suficiente con que puedas tratarme correctamente, de manera justa y razonable, conforme a los principios. Mis requisitos para vosotros no son altos. He mencionado anteriormente los tres principios para nuestras interacciones: ser franco con Cristo, respetarlo y obedecer Sus palabras. Basta con que podáis practicar de acuerdo con estos tres principios. No necesito que la gente me idolatre, ni necesito la admiración ni la alta estima de las personas. No necesito que la gente tenga una imagen de Mí en su corazón. No estoy interesado en estas cosas. Muchas personas idolatran en especial a figuras de imagen elevada, distintas de los demás, extraordinariamente capaces y sobresalientes, creyendo que el Dios encarnado no puede ser un Hijo del hombre normal, práctico y ordinario. Aquellos que nunca se han encontrado conmigo asumen de manera natural que Mi imagen es más elevada que la de la gente ordinaria, particularmente imponente. De ninguna manera debes pensar así. No soy imponente en absoluto; soy de talla bastante pequeña y de poca altura. En la vida diaria, Mis palabras y acciones son particularmente normales y prácticas. Todos los aspectos de Mi vida cotidiana —cómo visto, Mi ropa, comida, alojamiento y transporte— son especialmente ordinarios. Nunca busco ser único ni pretendo jamás ser singular. Solo busco hacer las cosas de una manera que se atenga a las reglas, comportarme según la posición que me corresponde, hacer bien Mi trabajo, cumplir con Mi ministerio y decir con claridad y a fondo lo que se necesita decir. Estos son Mis principios para comportarme y actuar. No tengo la búsqueda humana de ser distinto, de ser extraordinario y grande, ni busco jamás ser reconocido a primera vista entre una multitud. Incluso si no me reconoces entre una multitud, no estaré triste ni molesto en absoluto, ni sentiré jamás que he perdido la dignidad y, por supuesto, ciertamente no diré que me estás ofendiendo.
Cuando hablo, obro y tengo contacto con vosotros, ya hable sobre cualquier aspecto de la verdad, comparta para resolver problemas relacionados con cualquier aspecto o simplemente charle de cosas cotidianas o converse sobre algo, siempre me esfuerzo por hacerme entender por vosotros y, no importa de qué hable, lo hago para beneficiar a la gente. Por supuesto, si la enseñanza trata sobre cuestiones que involucran la verdad, entonces es aún más esencial que la charla permita a la gente obtener principios para practicar la verdad y encontrar sendas para resolver esas cuestiones. Si consiste solo en charlar de cosas cotidianas, eso es aún más normal, porque es una necesidad de la humanidad normal. ¿A qué se refiere esta necesidad de la humanidad normal? Significa que a veces la gente necesita comunicar y compartir lo que ve y oye en su vida diaria. Hablar de cosas cotidianas, charlar y compartir con otros son todas necesidades de la conciencia y la racionalidad de la humanidad normal. Para Mí, la finalidad de compartir cosas suele ser ayudarte a entender más sobre este mundo, esta sociedad y esta humanidad, y también decirte cómo deberías contemplar algunas de las cosas que suceden en esta sociedad y entre esta humanidad y cómo entender las tendencias malvadas, las diversas cosas y a los diversos tipos de personas. Incluso al charlar o hablar de asuntos cotidianos, de vez en cuando, o brevemente, discutiré algunas cuestiones esenciales relativas a personas, acontecimientos y cosas. Por tanto, sin importar la ocasión, cuando la gente tiene contacto conmigo, lo que ve, oye y comprende de Mí es que no soy para nada extraordinario, sino del todo normal, práctico y ordinario. Viviendo con tal apariencia humana, me siento particularmente libre y a gusto cuando vivo con la gente. Si piensas que tengo alguna acción que sea extraordinaria y distinta de las de los demás, o que alguna parte de Mis rasgos faciales externos o algún otro aspecto de Mí es distinto de los de los demás o particularmente extraordinario, si piensas de esa manera, entonces me sentiré muy inquieto e incómodo. Realmente me disgusta que la gente diga tales cosas y también me desagrada mucho que la gente me mire de esa manera. Especialmente algunas personas, cuando me conocen por primera vez, me observan, escudriñando Mi mirada, Mis rasgos faciales, escuchando atentamente cada palabra que uso y el tono de Mi voz, para ver si soy tan extraordinario y distinto de los demás como imaginaban. Yo digo que no hay necesidad de eso; no hay necesidad de observarme ni de escrutarme. Soy una persona muy ordinaria y normal. Cuando interactúes conmigo, deberías estar relajado, libre y a gusto. Si siempre observas y escrutas, cuanto más escrutes, más cansado estarás y más confundido te quedarás. Si me escrutas y observas, sentiré cada vez más disgusto y repulsión hacia ti. No importa cómo me escrutes, si no entiendes lo que digo y no sabes a qué se refieren realmente Mis palabras ni sabes cuáles son los principios-verdad que deberían entenderse en este caso, entonces, ¿de qué sirve tu escrutinio? Tu escrutinio es aún más repugnante. Una vez, alguien —no sé si había estado observando durante mucho tiempo o lo vio sin querer— dijo que Mis ojos tenían un punto brillante y que una sola mirada bastaba para demostrar que Yo era Dios. Le dije: “¿Qué más has visto? ¿Has visto al Espíritu de Dios descender sobre Mí como una paloma? ¿Has visto una espada de dos filos salir de Mi boca? ¿Has visto todo Mi cuerpo como una columna de luz? ¿Has visto una vara de hierro en Mi mano? Dices que has visto un punto brillante en Mis ojos, pero lo que dices es incorrecto. La Biblia dice: ‘Sus ojos eran como llama de fuego’. Según tu entendimiento, deberías haber visto Mis dos ojos como llamas para percibir algo del aura divina de Dios, pero solo has visto un punto brillante, así que eso significa que estás denigrando a Dios”. Dime, ¿no hizo el ridículo esta persona? ¿No es esto una manifestación de escasa estatura? (Sí). Te digo que no necesitas observar ni escrutar estas cosas. Solo con escuchar estas palabras que expreso es suficiente para permitirte entrar en la realidad-verdad y embarcarte en la senda de la salvación. Si insistes en observar, ¿qué problemas surgirán? No solo no habrá resultados, sino que tampoco serás capaz de conocer a Dios en lo más mínimo y tus nociones sobre Él serán cada vez más fuertes. El Dios encarnado no está en absoluto relacionado con la persona de Dios ni con la forma verdadera de Dios de las que Él habla, con la imagen de Dios que Dios profetizó en el Apocalipsis ni con la imagen de Dios que la humanidad ha visto a través de los relatos de tiempos pasados. Por tanto, no importa cómo observes al Dios encarnado, Él es siempre normal y práctico, una persona ordinaria; no te mostrará un lado que sea extraordinario o distinto de los demás. Entonces, ¿qué quiero decir con estas palabras? Simplemente te estoy diciendo que no debes observar ni escrutar al Dios encarnado. Cuanto más lo escrutes, más lejos estará Dios de ti. Si no lo escrutas, sino que te sometes puramente y eres capaz de aceptar la verdad, el Espíritu Santo te esclarecerá e iluminará, guiándote para que entiendas la verdad. Si siempre lo observas y lo escrutas, el Espíritu Santo te abandonará. Una vez que el Espíritu Santo te abandone, será como si toda tu visión se volviera negra y no pudieras distinguir nada. No entenderás las palabras de Dios cuando las leas; cuando te suceda algo, no serás capaz de desentrañarlo ni sabrás qué hacer, y cuando compartas con otros, no sabrás por dónde empezar. Te sentirás muy incómodo y perdido incluso al hacer la cosa más simple que antes podías hacer. Ahí es cuando las cosas van completamente mal. ¿Son estas buenas señales? (No). Por tanto, cuando aparezcan estas señales, debes dar marcha atrás rápidamente y dejar de observar y escrutar a Dios. Y tampoco lo hagas cuando estas señales no aparezcan. ¿Por qué no deberías hacerlo? Esa senda no lleva a ninguna parte; esa no es la senda que deberías tomar. La senda que deberías tomar al seguir a Dios es aceptar la verdad y someterte a Él, no observarlo, escrutarlo ni someterlo a examen. Especialmente en el caso del Dios encarnado, si nunca lo has visto y no sabes qué aspecto tiene, es normal observarlo cuidadosamente cuando lo conoces por primera vez. Después de observarlo, tienes una cierta impresión de Él y puedes asociar Su voz con la voz que habla en las grabaciones de los sermones: “Así que este es el aspecto del Dios encarnado, esta es Su altura, así es como viste. Es verdaderamente normal, práctico y ordinario; todo es cierto, tal como se describe en las palabras de Dios”. Con esto es suficiente; detente ahí. No sigas esforzándote en escrutar este asunto en tu corazón. A continuación, debes escuchar atentamente lo que Dios está compartiendo, meditar sobre qué aspecto de la verdad implica el asunto del que Él está hablando, anotarlo rápidamente, luego usar tu corazón para contemplarlo y, después de entenderlo, ponerlo en práctica. Esta es la manera correcta de tratar a Cristo, el Dios encarnado. No importa cómo comparta Yo ni qué contenido comparta, cuando se trata del Dios encarnado, siempre intento que conozcáis la normalidad, la practicidad y lo ordinario de Dios, en lugar de que lo asociéis con ser extraordinario, grande, único o distinto de los demás o lo conozcáis como alguien así. Cada asunto del que hablo, cada ejemplo que doy, está relacionado con este tema de la normalidad, la practicidad y lo ordinario del Dios encarnado. De ningún modo inventaré nada para hacerte pensar erróneamente que soy distinto de los demás, extraordinario o grande, que tengo el porte de un líder, la magnanimidad de un gran hombre o la amplitud de mente y el nivel propios de este. Déjame decirte que nunca entiendo lo que significan “nivel” o “amplitud de mente”, ni medito sobre esos aspectos ni pongo Mi corazón en ellos. ¿Sobre qué medito? Medito sobre qué temas compartir con vosotros que puedan llevaros a la realidad-verdad, qué temas os pueden instar, dirigir, ayudar y guiar, para que tengáis la voluntad y la determinación de sufrir y pagar un precio, y seáis capaces de perseguir la verdad, hacer bien vuestro deber y alcanzar la salvación. Siempre medito sobre qué temas hablar y qué sermones predicar para que la gente pueda embarcarse en la senda de la salvación, cumplir con su deber de una manera que cumpla con el estándar y convertirse en verdaderos seres creados. No importa de qué tema hable, siempre me esfuerzo por ayudaros a convertiros en seres creados que cumplan con el estándar, a aprender a someteros a Dios y a desarrollar un corazón temeroso de Dios. Nunca medito sobre qué palabras decir que os hagan tenerme en alta estima o qué cosas hacer para que me admiréis, de modo que en vuestro corazón sintáis que soy tan insondable como una persona famosa o un gran hombre; no tengo ninguna de estas cosas en Mi corazón. Nunca he pensado en cómo debería hablar, en Mi manera de expresarme o en cómo debería arreglarme para haceros sentir que soy muy elevado, para hacer que seáis incapaces de comprenderme o alcanzarme y para haceros parecer muy insignificantes e ignorantes. Nunca pienso en estas cosas en Mi corazón y nunca hablo ni actúo para proteger Mi propio estatus, imagen o identidad; solo cumplo de todo corazón con Mi ministerio.
A veces, cuando estoy cansado, voy adonde viven los hermanos y hermanas para dar una vuelta y echar un vistazo. A veces también paseo por la granja, miro los huertos, los cerdos y las ovejas. Cuando veo un gatito, también lo acaricio, lo abrazo y hablo con él. Cuando veo un perrito adorable, también lo abrazo. Había una perra que dio a luz a más de diez cachorros. Estaba muy contenta delante de la gente, como si se hubiera apuntado un gran logro. La elogié, diciendo: “Ahora estás satisfecha contigo misma, ¿verdad? Mira, has dado a luz a tantos cachorros, realmente has hecho un gran trabajo. ¡Muy bien, te felicito!”. La acaricié y la abracé por el cuello. También visito las perreras, las tierras de cultivo y los huertos, miro por todas partes; es muy agradable. Dime, ¿van esas grandes figuras a estos lugares sucios, malolientes y desordenados? No van. Especialmente a lugares como las perreras y las pocilgas, con olores desagradables; la mayoría de la gente no está dispuesta a ir allí. A Mí tampoco me gustan los malos olores ni los olores desagradables, pero el ligero olor de un cachorro es tolerable. A veces, los cachorros se frotan contra Mí, me besan y me lamen la cara, y Yo los abrazo. Los animales son muy simples; confían en sus amos y no necesitan estar en guardia, así que pueden jugar e interactuar con ellos a placer. Su vida es así de sencilla. Algunas personas siempre dicen que les gustan los perros, los animales pequeños, y que cuidan de estos, pero cuando les pides que abracen a un cachorro, no están dispuestas a ello. Dicen: “¡Los perros son sucios y malolientes, y hasta podrían tener virus!”. Yo digo: “Eres muy tiquismiquis. ¿No te gustan los animales pequeños? Eso no significa que te gusten de verdad”. ¿No son esas personas bastante hipócritas? (Sí). No se consideran a sí mismas gente corriente; creen que son nobles, que tienen una posición y que son grandes figuras, así que ¿cómo podrían interactuar con estos pequeños animales que la gente considera insignificantes? Incluso si los tocan con las manos, tienen que lavárselas y desinfectárselas rápidamente, e incluso se cambian de ropa y, al llegar a casa, se bañan de inmediato. Llevan la limpieza hasta ese extremo. Dime, ¿no son extrañas esas personas? Si de verdad no te gustan los animales pequeños, no finjas. Cuando la gente ve que finges, sabe que eres demasiado hipócrita e insincero, siente náuseas con solo verte y se lleva una mala impresión de ti. Si no te gustan los animales, no finjas en absoluto ni intentes quedar bien. Cuanto más intentes quedar bien, más feo e inferior pensará la gente que eres. ¡Es mucho mejor ser honesto y auténtico! Si no puedes ser honesto y auténtico, eso demuestra que hay un problema con tu humanidad. En cualquier caso, la normalidad y practicidad del Dios encarnado es un hecho, y Su condición ordinaria también lo es. Mucha gente ha visto estas cosas al estar en contacto con Él y sabe que son hechos. Estos son los hechos que vosotros más deberíais entender y conocer. Una persona tan corriente y normal es el Dios encarnado, y esto va en contra de las nociones de la gente. Si Él actuara como la humanidad corrupta, presumiendo de lo distinto que es de los demás, independientemente de si hiciera algo importante o insignificante, e intentando distinguirse, eso podría ser conforme a las nociones de la gente. Por un lado, están las diversas manifestaciones de la humanidad corrupta y, por otro, el Dios encarnado que, a pesar de expresar tanta verdad, sigue mostrando manifestaciones tan normales como las de una persona corriente. ¿Cuál de estas clases de manifestaciones es algo positivo que beneficia a la gente? ¿Cuál es algo negativo que la gente detesta y rechaza? ¿Sois capaces de discernirlo hasta cierto punto ahora? (Sí). Entonces no necesitamos entrar en más detalles; continuemos con el tema de la vez anterior.